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Ganadores del 68 Festival Internacional de Cine de Cannes

mayo 27, 2015
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Con la emotiva entrega de la Palma de Oro Honoraria a la artista y realizadora artista belga Agnes Varda, se realizó la ceremonia de clausura del sexagésimo Festival Internacional de Cine de Cannes, la tarde del domingo 24 de mayo de 2015, en la que hubo una abundante premiación para la producción latinoamericana, cuando en el primer anuncio de la Selección Oficial no apareció ninguna cinta de la región. El director mexicano Michel Franco obtuvo el premio a Mejor Guión, en tanto que el colombiano César Augusto Acevedo fue reconocido con la Cámara de Oro a Mejor Primera Película por La tierra y la sombra, y el recién creado galardón El Ojo de Oro, a Mejor Documental, recayó en la producción chileno-mexicana Allende, mi abuelo Allende, de Marcia Tambutti. Otro filme chileno, Locas perdidas, de Ignacio Juricic Merillán, fue reconocido con el Segundo Premio, y el catalán Ian Garrido López, con Victor XX, el Tercer Premio de la Cinéfondation.
Selección Oficial en Competencia (Largometraje)
Palma de Oro
Dheepan, de Jacques Audiard.
Gran Premio
Saul Fia, de László Nemes.
Premio a la Mejor Dirección
Hou Hsiao-Hsien por Nie Yinniang.
Premio al Mejor Guión
Michel Franco por Chronic.
Premio a la Interpretación Femenina
Emmanuelle Bercot por Mon Roi de Maïwenn
ex aequo con
Rooney Mara en Carol de Todd Haynes.
Premio a la interpretación masculina
Vincent Lindon por La loi du marché, de Stéphane Brizé.
Premio del Jurado
The Lobster, de Yorgos Lanthimos.
Palma de Or en Cortometraje
Waves’98, de Ely Dagher.

UNA CIERTA MIRADA

Premio Un Certain Regard

Hrútar, de Grímur Hajonarson.

Premio del Jurado

Zvizdan, de Dalibor Matanic.

Premio a la Mejor Dirección

Kishibe No Tabi, de Kurosawa Kiyoshi.

Premio Un Certain Talent

Comoara, de Corneliu Porumboiu.

Premio Avenir

Nahid, de Ida Panahande.

Ex aequo con

Masaan, de Neeraj Ghaywan.

CINÉFONDATION

Primer Premio de la Cinéfondation

Share, de Pippa Bianco.

Segundo Premio de la Cinéfondation

Locas perdidas, de Ignacio Juricic Merillán.

Tercer Premio de la Cinéfondation

Victor XX, de Ian Garrido López

Ex aequo con

The Return of Erkin, de Maria Guskova.

CÁMARA DE ORO

La tierra y la sombra, de César Augusto Acevedo.

OJO DE ORO

(a Mejor Documental de todas las secciones)

Allende, mi abuelo Allende (Chile-México), de Marcia Tambutti.

Michel

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Ganadores del cuarto FICUNAM

marzo 11, 2014

Lois Patiño-FICUNAM

Lois Patiño, Puma de Plata a Mejor Película. Foto: Sergio Raúl López.

La noche del jueves 6 de marzo de 2014, en la Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario se realizó la ceremonia de cierre del cuarto Festival Internacional de Cine UNAM (FICUNAM), previo a la proyección de la película de clausura, Nuestra Sunhi (U ri Sunhi, Corea del Sur, 2013), de Hong Sang Soo, ganadora en agosto de 2013, del premio a Mejor Director en el sexagésimo sexto Festival Internacional de Cine de Locarno.

Esta es la lista de ganadores:

COMPETENCIA INTERNACIONAL

Puma de Plata a Mejor Película

Costa da Morte (España, 2013), de Lois Patiño.

Puma de Plata a Mejor Director

Albert Serra, por la película Historia de mi muerte (Història de la meva mortEspaña-Francia, 2013). 

Menciones especiales (otorgadas por el jurado)

Detén el corazón palpitante (Stop the Pounding Heart, Estados Unidos-Italia-Bélgica, 2013), de Roberto Minervini,

Nepal por siempre (Rusia, 2013), de Aliona Polunina y

Que tu alegría perdure (Que ta joie demeure, Canadá, 2014), de Denis Côté.

COMPETENCIA MEXICANA

Premio Puma México

El palacio (México-Canadá, 2013), de Nicolás Pereda.

Premio LCI Seguros, Simplemente y CTT Exp & Rentals

Navajazo (México-Francia, 2014), de Ricardo Silva.

 

ACIERTOS (Encuentro Internacional de Escuelas de Cine)

Premio Aciertos a Mejor Cortometraje

¡Bello, bello, bello! (Cuba, 2013), de Pilar Álvarez, de la Escuela de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, en Cuba.

Mención especial del jurado

Ojos de gitana (Rhoma Acans, Portugal, 2012), de Leonor Teles, de la Escola Superior de Teatro e Cinema, Departamento de Cinema Portugal.
Sangiorgi-Clausura IV FICUNAM

Eva Sangiorgi, directora de FICUNAM, en la clausura de su IV edición.
Foto: Sergio Raúl López.


FICUNAM

Diana Garay relata el encierro de “Mi amiga Bety”

diciembre 11, 2013

Esta inercia tan obscura e inconsciente me salvó

Por Sergio Raúl López

Del grueso de la producción documental mexicana abundan particularmente los filmes que se adentran en el complejo mundo de la vida en las prisiones y los dilemas en torno a la injusta impartición de la ley. Pero en el caso de Mi amiga Bety, en lugar de predicar la inocencia de los detenidos, denunciar los maltratos que reciben o incluso enaltecer las prácticas criminales, se relata la imposibilidad de realizar juicios morales absolutos y la frágil línea entre la libertad y el encierro, en la infortunada historia de una compañera de secundaria en desgracia.

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Pareciera que el documental mexicano filmado en una cárcel y mostrando la precariedad e inhumanidad del encierro, así sea en criminales confesos, prácticamente se ha convertido en un género en sí mismo, que podríamos llamar carcelario. Y para probarlo ahí están los múltiples éxitos tanto en festivales internacionales como en la taquilla de filmes tan diversos como el fundacional Lecumberri (México, 1977), de Arturo Ripstein; y más recientemente la cauda de denuncias que significan Relatos desde el encierro (México, 2004), de Guadalupe Miranda; Mi vida dentro (México, 2007), de Lucía Gajá; Ladrones viejos (México, 2007), de Everardo González; Presunto culpable (México, 2008), de Roberto Hernández y Geoffrey Smith; Interno (México, 2010), de Andrea Borbolla; Bajo tortura (México, 2013), de Cristina Juárez, entre muchos otros.

Lo cierto es que un trabajo como Mi amiga Bety (México, 2012), de Diana Garay se desmarca de esta tendencia al incorporarse a una nebulosa tragedia irresuelta pues, si bien, buena parte de su contenido se filmó en torno al reclusorio femenil en el que la protagonista purga una condena de treinta años por el asesinato de su propia madre, ofrece además un acercamiento despojado de toda certeza o redención. Es el espectador quien debe armarse su propio juicio en torno a este caso, sin que el relato tome alguna tendencia respecto a la culpabilidad o inocencia de esta joven adoptada y despojada, al mismo tiempo, de los lazos y la herencia familiar.

La amistad durante la escuela secundaria con la convicta llevó a la cineasta a explorar los frágiles equilibrios que pueden llevar a cualquier persona tras las rejas o mantenerlo en libertad. Pero el dilema ético que representaba filmar un caso tan cercano y familiar, también le forzó a convertirse en coprotagonista, en la amiga sorprendida que decide reconstruir el caso y explicar –más bien explicarse− cómo es que alguien tan cercano vive circunstancias tan trágicas.

Egresada del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) –institución que produjo este largometraje como trabajo de tesis−, en la especialidad de fotografía de cine, Diana Garay dedicó los cuatro años que duraron sus estudios a ir construyendo esta película para la que reunió fragmentos dispersos, entre los legajos del juicio, los testimonios de los compañeros de escuela, viejas filmaciones familiares y, sobre todo, largos interlocutorios con su amiga. El documental que cuenta con fotografía de Jimena Montemayor y Mariana Ochoa, edición de Javier Campos, música de Carlo Ayhllón y producción de Alejandro Durán, fue reconocido como Mejor Documental Estudiantil del Premio José Rovirosa a finales de septiembre de 2012, y en noviembre ganó el premio al Mejor Largometraje Mexicano del séptimo Festival Internacional de Cine Documental de la Ciudad de México (DocsDF).

¿Qué tanto influyó el método de enseñanza del propio CCC, que pide a sus estudiantes relatar, en sus primeros ejercicios, historias de su entorno cercano? ¿O es que esta historia ya resultaba muy cinematográfica como para considerar filmarla?

Pertenezco a la generación del ccc en la que los documentales dejaron de hacerse por inercia, con incertidumbre, en los que se iba aprendiendo en el camino, y empezamos a tener maestros que filmaban y tenían una carrera, que eran una generación de recambio en el documental, como Everardo González, Martha Orozco, Paulina del Paso, Guadalupe Miranda, y tenías por lo menos la posibilidad de hablarle a quien sea y pedirle una asesoría. Pero en realidad fue una historia que a mí se me quedó marcada desde que entré a la escuela, en el 2004, que fue cuando ella entró en la cárcel y la duda siempre me quedó rondando: ¿qué le pasó?

Cuando comencé a hacer el documental me acababan de romper el corazón en mil pedazos y todos me cuestionaban que cómo se me ocurría, con un estado de ánimo tan bajo, abordar un documental tan denso. Esta inercia tan obscura e inconsciente, al final, creo que fue lo que a mí me salvó. Pero no fue una historia que hubiera decidido contar porque fuera mía y resultara perfecta para filmarse, ni por la intimidad y la cercanía. En realidad fue un asunto que me rondó la cabeza por años, desde 2004 hasta el 2008.

Me gradué con la especialidad de fotografía, trabajo de eso, pero yo afirmaba que si un día volvía a filmar no quería hacer una película bonita en el que lo visual tuviera mayor peso, sino algo que realmente me conmoviera y que tuviera un significado mucho más allá para mí, algo que me cambiara la vida. Y si vuelvo a dirigir otro filme quiero justamente eso, que me cambie la vida.

Me parece que separaste tu profesión de fotógrafa de tu personalidad como directora y documentalista. El retrato del caso no responde al preciosismo fotográfico sino a algo más funcional cinematográficamente.

En principio decidí no hacer la fotografía porque no creo que pueda preguntarle a alguien cómo mataron a su madre con cámara en mano. No creo ser capaz de hacerlo. Además, en principio, no tengo formación de directora, en teoría, entonces significó ir aprendiendo sobre la marcha, ir haciendo escaletas y filmando muchas cosas que quedaron fuera, desde el principio. En mucho me ayudó que mis asesoras fueran Lucía Gajá y Lupita Miranda, quien tiene mucho rigor, me encerraba en su oficina durante horas para interrogarme, obligarme a hacer la escaleta o hacerme pensar las opciones por si Bety se negaba a ser entrevistada. E igual de riguroso fue Luis Lupone, otro de mis asesores. Es por eso que tenía un estrés emocional, para empezar, por encontrarla, que aceptara participar, en fin, todo un proceso ético y moral que viví durante cuatro años en el que me cuestionaba si la estaba usando o hasta qué punto podía llegar con la historia. Yo no podría quedar en paz conmigo misma afirmando que era inocente y tampoco diciendo que era culpable. Por eso la idea de si es culpable o no, el juicio final, está totalmente en el espectador.

¿Cómo intentaste separar tu documental del resto de filmes que denuncian los asuntos carcelarios casi con la intención de absolver o de imprimir un tono moral a estas historias?

Cuando empecé a hacer este documental parecía que empezaba una moda de películas de cárcel y justo mis dos asesoras habían tocado ese tema, y las tenía a la mano, además me tocó hacer la cámara en un juicio de Presunto culpable. Entonces eran tres direcciones muy difíciles, primero una película coral, como es Lupita Miranda con Relatos desde el encierro, luego otra muy íntima de un personaje que nos dicen que es inocente, en la película de Lucía Gajá con Mi vida dentro, y Presunto culpable que era una película que siento que manipula el tiempo y se resuelve muy rápido, además de ser muy triunfalista. Yo sentía que mi personaje era tan complejo que nunca iba a saber si era inocente o culpable porque la única persona que estuvo ahí y que lo sabía era la propia Bety. Una vez que ya encontré a Bety y luego de mis conflictos morales, Lucía me planteaba que la diferencia es que mi personaje no sabe si es inocente o es culpable y eso me parecía muy interesante, el problema era cómo lo tratábamos, cómo se dice, cómo se cuenta. Y Lupita me decía que era imposible no tener una tendencia y, al final, me da gusto que no la haya y eso me parece que fue resultado de años de trabajo, que fue muy difícil. Además me previno que era un tema muy difícil porque, además de ser edípico es tabú, en este país nadie se mete ni con la madre, ni con la virgen de Guadalupe ni con el futbol. Sobre todo una mujer que mate a su madre es todavía más fuerte. Yo no quería hablar solamente del crimen, ni del morbo, de las fotos y de este proceso jurídico. A la segunda vez que fui a ver a Bety ya no podía, se me salía el corazón, porque tuve que advertirle que no iba a ser una película que tratara exclusivamente sobre su inocencia, tenía que ser muy clara. Por eso tuve que tomar la decisión, terrible, de salir en la película, soy muy tímida y estoy acostumbrada a estar atrás de la cámara y estar del otro lado me ponía muy mal. Pero la decisión final es que era lo más justo, si ella se estaba exponiendo y me estaba dando parte de su vida con los testimonios, creo que también era justo que yo me expusiera ante la cámara.

Pero además de ustedes dos, aparecen varios compañeros más que fueron juntos a la escuela, dando rostro y testimonio a ese pasado mutuo.

Tengo la teoría de que todos, en cualquier clase social, vamos a la escuela pero sólo conocemos a los cuates. Puedes estar seis años sentado junto a alguien y sólo te queda la idea caricaturizada de él: es el que se saca los mocos o el que usa lentes o el que camina ratito. La función de los compañeros era muy simple, hacer la imagen de cómo la veían a ella, relatar su caricatura y mostrar cómo eso la determinó como persona en el resto de su vida. Y funcionó, creo.

Es, en efecto, una película muy tensa, oscura, nebulosa.

Primero estudié historia y mis padres son abogados, pero jamás pensé que terminaría haciendo una película de leyes, pero creo que inconscientemente acabé metida ahí, y aunque nunca me dediqué a eso tengo un poco de formación académica, de cómo formular un marco teórico, de hacer investigación documental y tener una perspectiva filosófica, que está implícita. Me parece curioso que con mi formación de historiadora al final haya llegado a una especie de objetividad.

Este artículo forma parte de los contenidos del número 31 de la revista cine TOMAde septiembre-octubre de 2013. Consulta AQUÍ dónde conseguirla.

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Cine-debate en homenaje a Gustavo García‏ en la UNAM

noviembre 25, 2013

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El  martes 26 de noviembre se realizará un cine-debate en homenaje al crítico e investigador cinematográfico Gustavo García, fallecido el 7 de noviembre  pasado, por su labor como formador y docente de innumerables generaciones de estudiantes de la UNAM y de la UAM. La película Mi universo en minúsculas (México, 2011), de Hatuey Viveros sera proyectada y contaremos con los comentarios tanto del director de la cinta, como de los investigadores fílmicos y profesores universitarios Guillermo Rivera y de Federico Dávalos Orozco, quien hablará de Gustavo García, el cine y la ciudad. La cita es a las 13:00 horas, en la sala Lucio Mendieta y Núñez de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, (Circuito Mario de la Cueva S/N, frente a TV UNAM), en Ciudad Universitaria.

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