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Taquillero primer semestre del 2016

julio 17, 2016

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El director del Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine), Jorge Sánchez, ofreció el martes 16 de julio, un reporte parcial de las actividades y las cifras logradas por las producciones nacionales y por la dependencia, en el primer semestre del año. Algo necesario luego que en diciembre ni en enero se diera un informe sobre las cifras totales o parciales del 2015 –si bien emitieron un par de comunicados de prensa–, como suele acostumbrarse.

De todas ellas destaca el hecho que en estos seis meses –de enero a junio de 2016–, la cifra de asistentes a ver cine mexicano fue inusual, al reportarse 12.5 millones de espectadores, que rebasa con mucho las de años anteriores, incluso la del exitoso 2013, cuando gracias a los 15 millones de No se aceptan devoluciones (México, 2013, de Eugenio Derbez) y los 7 millones de Nosotros los Nobles (México, 2013, de Gary Alazraki), se alcanzaron 30 millones durante el año. En el primer semestre del 2015, la cifra llegó a 9.5 millones, la misma que en 2014, mientras que en 2013 fue de 10.2, muy por encima de los años 2012, 5.7 millones; 2011, con 5.9, y 2010, con 2.4. Durante esos meses, se estrenaron 37 títulos mexicanos, 21 de las cuales contaron con algún tipo de apoyo, estímulo fiscal o financiamiento público –y convocaron a 6.3 millones–, mayor al de 2015, que registró en el primer semestre 28 estrenos –17 con ayuda estatal. Si bien, este aumento se explica porque el 12 de mayo se estrenó ¿Qué culpa tiene el niño? (México, 2016, de Gustavo Loza), que superó 5.8 millones de espectadores y siendo la tercera cinta nacional más taquillera del nuevo siglo y a que, previamente, Compadres (México, 2016, de Enrique Begné), estrenada el 31 de marzo, lograra casi 2 millones. Dos terceras partes del total, entre ambas.

Respecto a las plataformas digitales, informó que Cinema México llevó a cabo 3 mil 692 proyecciones que reportaron 74 mil 686 asistentes, con un catálogo de 146 filmes; en tanto que FilminLatino logró 33 mil 630 usuarios a mediados de 2016, cuando a finales del 2015 contaba con 18 mil 893, con un catálogo de mil 716 películas y series, 48% mexicanos, y la Pantalla CACI se lanzó, previo acuerdo con 22 países de la región, en febrero, durante la Berlinale y que será recibido en instalaciones educativas como universidades y tecnológicos, y recintos culturales.

También se puso en marcha la segunda edición de la Semana de Cine Mexicano en tu Ciudad en los 32 estados, arrancando en junio con Zacatecas (3 mil 169 asistentes), Tuxtla Gutiérrez (mil 494) y Xalapa (3 mil 406).

Hasta junio, películas mexicanas habían participado en 26 festivales de cine nacionales y 118 internacionales, con 86 premios locales y 53 en el extranjero.

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Gustavo Moheno y los sueños roqueros extraviados de “Eddie Reynolds y los Ángeles de Acero”

septiembre 2, 2015

Era hacer una película con personajes reales, creíbles

Sergio Raúl López

Relato surgido de la melancolía, por una época de prohibición en que la imposibilidad de tener ya no digamos una industria de la música rock en México, sino que sus principales figuras emergieran de la marginalidad y el encapsulamiento, la segunda cinta de ficción de Gustavo Moheno, rememora a personajes de un momento de país que ya no existe frente a la posibilidad de alcanzar el éxito que consideraron cancelado por tres largas y deprimentes décadas.

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La aspiración de encarnar la figura del rockstar que domina a buena parte de los adolescentes –e incluso de algunos vejetes– en buena parte del globo occidentalizado, no pasa, ni por distracción, por el anhelo de los virtuosismos en la guitarra eléctrica ni por trabajar una voz que hipnotice a las masas de fans, sino en la vida obsequiosa y regalada, plagada de lujos y riqueza, de excentricidades y caprichos cumplidos, y de voluntariado sexual de seguidores y besos públicos entre pares. Un sueño absolutamente lejano del que tenían los viejos roqueros mexicanos, esos que sabían que únicamente podían envidiar de lejos y en lo privado, la industria musical anglosajona, aspiración vedada para los electrificados rapsodas en castellano.

Las horas de práctica junto a discos larga duración de acetato rayados de tanto repetirse, las cervezas compartidas con otros especímenes extraños de cabellos alargados y jeans de mezclilla ajada y los cuadernos repletos de estrofas y líneas alimentadas de rebeldías, rabia y la urgencia de ser escuchado, se diluyeron casi por completo en varias generaciones de músicos que sufrieron la prohibición –ejecutada en forma de razzias y cancelación de permisos– de realizar conciertos públicos de rock, tras la campaña negra promovida tras el festival Rock y Ruedas en Avándaro, en abril de 1971 –extendida hasta inicios de la década del noventa–, provocó que infinidad de jóvenes ilusionados se dieran de cara contra la realidad mexicana, en permanente crisis, para acabar por dejar guitarras y chamarras de cuero a un lado, para buscarse un trabajo cualquiera, que les provea lo suficiente para sobrevivir.

Así sea para convertirse, en este caso, en aburrido farmacéutico dominado por la esposa, en un cantante versátil para bodas, en un huesero –músico de sesión a la renta– o en un alcohólico que no lo abandonó todo, como lo propone la comedia nostálgica y de segundas oportunidades, quizás ya tardías, sobre el rock mexicano perdido de aquellas épocas que es Eddie Reynolds y los Ángeles de Acero (México, 2014), segundo largometraje del crítico fílmico devenido en realizador Gustavo Moheno, en la que los derechos del único éxito de un oscuro cuarteto de heavy metal de mediados de los ochenta inopinadamente intenta ser adquirido por Bono (Pavel Sfera), el cantante de la banda irlandesa U2.

La serie de enredos que seguirá a la anécdota inicial, provocará un reencuentro del cantante Eduardo Reynoso (Damián Alcázar), de nombre artístico Eddie Reynolds, con el bajista y huesero Fernando (Jorge Zárate); el baterista-farmacéutico Ulises (Álvaro Guerrero), y el autodestructivo y destroyer guitarrista de virtuosismo escasamente reconocido, Santos (Arturo Ríos en caracterización igualmente virtuosa); pero un re-encontronazo con las rencillas, envidias, competencias e infidelidades que los hicieron separarse.

Esta nostálgica reconstrucción de la no escena y de la no industria del rock en el censor país priísta que fuimos tres décadas atrás –y que, en realidad, nunca abandonamos–, se presta para una casi fábula eufórica sobre el onanista e inalcanzable éxito roqueril –dinero, mujeres y alcohol– en la que unos viejos –ruqueros, en buen argot local– descubren que alguien, alguna vez, los apreció –cual Sugar Man a medias–, y van reencontrándose con los extintos sueños de juventud que han de adaptar a actualidad tanto tecnológica como de sus provectas edades –cual satánicas majestades sin reino ni disco ni condición física–, de Abracadabra Producciones, estrenó en cartelera el viernes 28 de agosto, con distribución de Nueva Era Films, en 220 salas.

Con 17 años de edad y sin haber estudiado una carrera, a inicios de los años noventa, Gustavo Moheno fue reportero de espectáculos, entre 1990 y 1993, tras cruzarse, por una feliz coincidencia, con Mario Riaño, entonces editor de espectáculos de El Sol de México, y muy pronto se encontró realizando coberturas lo mismo de telenovelas y festivales de Acapulco organizados por Televisa, que presentaciones de discos y conciertos masivos de rock, que reiniciaron en el Palacio de los Deportes justo en esa época.

Ahí, conoció y escuchó a muchos de sus ídolos: “era andar en la peda y en el Rock and Roll, eres joven y crees que la muerte no te va a llegar nunca y vives todo a tope y todo a full. La recuerdo, en verdad, como algunos de los días más felices de mi vida”. Una época que ya acabó y un mundo que ya no existe. El periodismo de espectáculos ya es el mismo y la industria musical ya no existe como tal, por lo que la historia que le propuso el guionista Carlos Enderle le llamó muchísimo la atención y se identificó plenamente, aunque los personajes sean mucho mayores que él. Con el guionista Ángel Pulido retrabajó la historia y aportaron elementos nuevos, frescos. Siempre con una sensación: “Años después te estás volviendo viejo, ya no cumpliste con tus sueños, tienes deudas con tus amigos del pasado, con los que compartiste alguna vez la vida”.

Luego de Avándaro y a la prohibición, muchos roqueros se adaptaron al género tropical y le adaptaron la dotación básica del rock. En el inicio de la película se ejemplifica y se muestra la vida de la sobrevivencia del músico.

Me acuerdo haber ido, de niño, a un concierto de Rigo Tovar y, para mí, era una experiencia similar a la de ver un rockstar: el cabello, los lentes y el trato de la gente, aunque no tocara rock, en 1981 o 1982. Debido a la represión, estas figuras encontraron una manera de sobrevivir y su nicho en otros géneros musicales, concretamente en la onda tropical. Es algo que me gusta de la historia, pues al igual que los directores de cine, al no haber una industria de la que uno viva, tienen que hacer muchas otras cosas para vivir y me identificaba laboralmente con alguien que pudo ser un rockstar pero que finalmente tiene que chambearle de cantante de bodas. El cantante que dobla a Damián en las rolas de rock es un cuate de Monterrey, Chester Draven, tuvo un grupo de rock en los noventa llamado Crazy Lazy y hoy en día es un cantante de bodas como Eddie, de hecho él es el verdadero Eddie Reynolds, un roquero de los ochenta que hoy en día es cantante de bodas. Fue un detalle, pero que nos hace ver que la historia no estaba tan errada, la realidad copiando a la ficción, ¿no?

Y los cruces con el sueño guajiro de todo roquero mexicano: que una figura internacional, como Bono, descubra a su banda y le gusten sus rolas.

En la idea primigenia de Carlos Enderle estaba esta apertura de Bono descubriendo a un oscuro grupo mexicano de los ochenta con corte a el cantante, treinta años después, que está cantando “El venado” en una boda.

Tus protagonistas tienen una gran línea de constancia y calidad en el cine y el teatro mexicano, pero a lo largo de la película aparecen muchos buenos actores en papeles incidentales. Hay mucho cuidado en el elenco y presencias concuerden.

El concepto era hacer una película con personajes reales, creíbles. Lo que yo quería con Eddie Reynolds no era hacer una película de festival, pero tampoco una de Videocine, de caras bonitas en la Condesa o en Santa Fe. Por eso era muy importante el reparto, siempre tuve en la mira a Damián para Eddie y me clavé en que si no era él, no haría la película porque realmente no veía a otro actor que pudiera interpretarlo sin convertirlo en una caricatura. Una vez teniéndolo, los demás que quería fueron cayendo muy fácil, reunirlos fue relativamente sencillo, pero también reunimos a los actores indicados para los bits –hay como 35–, y esa es una bronca, luego veo que las películas mexicanas descuidan a los bits. Puedes tener un muy buen reparto de tus tres o cuatro principales pero si descuidas los bits , esos detallitos le dan en la madre. Ahí tuvo mucho que ver Natalia Beristain que fue una gran directora de casting y trajo a mucho de los actores que eran los adecuados para cada personajito y eso añade realismo a la trama.

¿Qué tan cara resulta una película como esta porque eso se nota en el vestuario, en las locaciones, en la producción musical, en la fotografía?

Se hizo con 20 millones de pesos, que era lo que teníamos del estímulo fiscal, no teníamos el combo usual que es combinarlo con el apoyo del Fondo de Inversión y Estímulos al Cine (Fidecine), para volverla una película de 30 millones, más o menos. Y era una película muy ambiciosa, con alrededor de 25 locaciones, demasiados bits, escenas de conciertos con muchos extras, fue una locura que nos la aventáramos con esa lana, pero la importante fue la productora, Sandrine Molto, aunque es su primera película en México, venía con una gran experiencia como contadora en Francia, hizo Adiós a los niños (Francia-Alemania Occidental, 1987), de Louis Malle y muchas otras. Tiene dos cualidades: es francesa y como europea es muy derecha y muy cuadrada, si a eso le añades que es contadora, es una persona que cuida hasta el último centavo y verdaderamente todo el dinero se fue a la película y se ve en pantalla. Le doy el crédito porque fue la que administró y logró que los 20 millones alcanzaran para todo, hasta para la postproducción. En las películas mexicanas se acaban el dinero en el rodaje y luego andan buscando para la post y se vuelve un relajo. Ella tuvo muy bien medidas las tres etapas de la película y tuvimos desencuentros porque había cosas que yo quería y ella no me podía dar, pero al final hicimos buena mancuerna porque ajustarte al presupuesto significa sacrificar ciertas cositas y trabajar con determinado ritmo, adquirí muchísima disciplina y me sorprendí de todo lo que puedes hacer en un buen día de rodaje si no pierdes el tiempo, tiene que ver mucho que llegues bien preparado y tener actores que no son divas y lo hacen bien a la primera toma, es trabajar con verdaderos profesionales y eso ayuda mucho a que un rodaje fluya bien. Fueron una serie de elementos afortunados que se conjuntaron para que la película saliera con el presupuesto que tenía.

¿Qué tan complejo fue crear el ambiente musical de la película?

Era parte del toque de la película. Al momento de planearla reflexioné y dije: “¡En la madre! ¡En qué pedote me metí! ¿Cómo encuentro una rola que te la creas que es pegajosa?”. Aunque tenía mis ideas, el santo remedio fue Annette Fradera, que conoce a medio mundo y sabe muchísimo de música, y buscó el tipo de rola que iba a ser. Hizo un mini concurso entre sus amigos músicos, algunos de ellos muy famosos, para que compusieran la rola y de ahí surgió “Chela en la fiesta”, que no la hizo nadie famoso, sino Sara Herrera Maldonado, una compositora muy joven de Monterrey que ella descubrió.

Muy temprano en el proceso, una directora de casting cuyo nombre no diré, insistía en que usara músicos de verdad y no actores, porque jamás lograría que pareciera que están tocando. Pero trabajar con músicos me parece como trabajar con niños, está de la chingada (risas), a mí me vale madre si no parece que están tocando, yo necesito que expresen las emociones de mis personajes. Y teniendo a Damián, Álvaro, Arturo y Jorge, que son muy clavados.

Al tener ya la canción y una segunda, “Larga vida al rock”, necesitábamos muy buenos músicos, que aparte de que tocaran y grabaran la música, enseñaran a los actores a tocar estas dos rolas que se hicieron para la película. Annette creó a los Ángeles de Acero que están detrás de los actores, Chester Draven en la voz; el baterista de Paté de Fuá, Rodrigo Barbosa, que coucheó a Álvaro Guerrero; el bajista Carlos Maldonado, y el guitarrista que también es muy fregón, Gino Galán, que fue el que coucheó a Arturo Ríos. La verdad es que hicieron un gran trabajo porque grabaron las rolas y trabajaron casi dos meses con los actores, no a enseñarles a tocar, sino sólo estas dos canciones, porque no les puedes enseñar realmente a ser virtuosos en ocho semanas, sino a que parezca que tocan la rola y dónde deben ir los dedos, más o menos. Fue una gran disciplina de los actores al ponerse a chingarle todo los días para que pareciera que estaban tocando estas canciones y el efecto se logra. Por ahí si eres muy clavado en la música verás que le faltó un platillazo a Álvaro o que esta mano no está a la altura del bajo en que debería estar, pero parece que realmente están tocando, por eso a Álvaro Guerrero lo nominaron al Ariel, porque parece que sí le está pegando a la batería con la rola que estás poniendo.

Este artículo forma parte de los contenidos del número 42 de la revista cine TOMAde julio-agosto de 2015. Consulta AQUÍ dónde conseguirla.

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“Las búsquedas”, de José Luis Valle, en portada de la revista cine TOMA 40, mayo-junio de 2015

mayo 2, 2015

LEJOS DEL LUJO Y EL DISPENDIO

Relatos desde filmaciones de bajo presupuesto

• Métodos, vías de acción, planeación y ética económica y fílmica de realizadores como Roger Corman y en el sexploitation estadounidense; las opciones de producción fílmica de José Luis Valle, Yulene Olaizola, Ricardo Silva, Inti Cordera, Joshua Gil, Flavio Florencio, Rafael Rangel y Rubén Gámez; además del videohome en Christian González y el mercado de la piratería.

• Industria: El exterminio de la diversidad en México y Argentina; la producción de Spectre en la Ciudad de México. Académicas: Nominados a la lvii entrega del Ariel y ensayo sobre la revista Nuevo Cine, de Eduardo de la Vega. Desde la Filmoteca de la unam: Centenario de Orson Welles. Curso de actuación para cine: Escuchar al director de la película. Libros: El cine actual, confines temáticos, de Jorge Ayala Blanco.

• Festivales: 8º Foro de Animación Contemporánea Animasivo; 7º Festival de Cine Mexicano de Durango, y 7º Festival de Cine en Fresnillo. Estrenos: El gran pequeño, de Alejandro Gómez Monteverde; Eco de la montaña, de Nicolás Echevarría.

• La versión electrónica de la revista puede adquirirse en la página de Internet Revistas Digitales Sanborns.

Portada Toma 40-ChEn el 2014, según datos del Anuario Estadístico de Cine Mexicano 2014 —editado por el Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine)—, el precio promedio por película producida en el país fue de 20 millones de pesos —1.5 millones de dólares—, el más bajo de los últimos cinco años —en 2013, por ejemplo, fue de 23 millones de pesos—, para las 130 películas producidas en ese periodo, 35% de las cuales fueron documentales. ¿Es saludable este costo promedio, sobre todo tomando en cuenta la escasa cantidad de cintas rentables comercialmente que, supuestamente, son apoyadas por los fondos mayores; la abundancia de primeras y segundas películas, pero, sobre todo, que somos un país mayoritariamente habitado por personas de bajo nivel adquisitivo y con altos índices de miseria?

El modelo de producción que impera en el cine internacional actual —el de aquellas naciones que no son potencias productoras como India, Estados Unidos o China— de reunir fondos, premios y becas, ha sido replicado en México con una extraordinaria permisividad respecto al encarecimiento de costos y de sueldos, gracias a que se encuentra subsidiado por fondos públicos o estímulos fiscales —que sumados, anualmente superan los mil millones de pesos— y no depende de sus resultados en cartelera pero tampoco de que esa inversión a fondo perdido permita que el público nacional —que es el que cubre esa producción con sus impuestos— tenga un acceso fácil y barato o incuso gratuito a dichas obras.

Llama poderosamente la atención que no exista una diferenciación clara entre el dinero que se invierte para una película con intenciones comerciales y que pretenda la recuperación económica en taquilla, de aquellas otras que se realizan con intenciones autorales, artísticas o de experimentación, cuando en la industria internacional regularmente implican costos distintos. En Estados Unidos, por ejemplo, no es lo mismo invertir 150 millones de dólares en un blockbuster como Mundo jurásico (Jurassic Word, Estados Unidos, 2015, de Colin Trevorrow), que en una película con sello de autor, así sea protagonizada por estrellas como James Franco, Selena Gomez o Vanessa Hudgens, como Spring Breakers: Viviendo al límite (Spring Breakers, Estados Unidos, 2012), de Harmony Korine, que requirió 5 millones. Incluso los fondos europeos de fomento aportan cantidades moderadas de decenas de miles de euros, pese a provenir de países con monedas más fuertes y economías más caras. El programa The Microwave de Film London, por ejemplo, apoya primeros largometrajes con un presupuesto de 150 mil libras —equivalentes a dos millones 825 mil 345 pesos. Esto contrasta contra los criterios locales que dictan que las óperas primas escolares han de contar con un mínimo de 8 o 10 millones de pesos. ¿Por qué pensar que sólo con presupuestos elevados se hace buen cine? ¿Por qué no ofrecer en los fondos y los estímulos fiscales distintas gradaciones presupuestales, flexibles y elásticas, para que los productores y realizadores que requieran presupuestos moderados también puedan tener acceso a las ayudas y apoyos oficiales?

A profundizar en estas discusiones se dedica el dossier principal Lejos del lujo y el dispendio. Relatos desde filmaciones de bajo presupuesto, del cuadragésimo número de la revista cine TOMA, que circulará por toda la República Mexicana en locales cerrados —así como en su versión electrónica en las tiendas Sanborns en Internet—, durante mayo y junio de 2015, al reunir distintos testimonios que dan fe de que las vías presupuestales modestas también permiten hacer buen cine y que los modelos alternativos al imperante pueden dar buenos resultados. Es cuestión de una ética económica además de la fílmica porque al final, de lo que hablamos no es de dinero, sino de cine, de buen cine, de gran cine.

Las páginas inician con algunas reflexiones del Rey del Cine B, el productor y director estadounidense Roger Corman, quien durante su visita al decimonoveno Festival Internacional de Cine Guanajuato (giff) explicó sus métodos para filmar en sólo cinco y hasta en dos días, con muy pocos recursos pero con gran diversión. Complemento del anterior es el ensayo de Pedro Paunero en torno al género barato, comercial y tremendista del sexploitation. Y es el propio José Luis Valle quien nos ofrece sus reflexiones luego de haber filmado el largometraje Las búsquedas con sólo 1 500 dólares, como un experimento de austeridad conceptual, económica y de energía. Espejeando lo anterior, se publica una entrevista de Jorge Luis Tercero con el mismo Valle, en torno a los cruces entre lo onírico y la vigilia en su cinematografía. Autora ya de cuatro largometrajes, Yulene Olaizola explica la operación de los fondos de subsidio al cine en México desde un punto de vista crítico y con ejemplos puntuales, así como su manera de filmar. Más adelante, se encuentra una entrevista con Ricardo Silva y Adrián Durazo, respectivamente director y fotógrafo de Navajazo (México, 2014), una película fronteriza, no sólo por ocurrir en Tijuana sino por lo difuso de los géneros y tipo de narrativas que emplea. En seguida, Inti Cordera, productor de La Maroma Producciones, explica cómo logró distribuir el documental Purgatorio. Un viaje al corazón de la frontera (México-Estados Unidos, 2013), de Rodrigo Reyes, en 107 sedes, con 240 proyecciones y 10 mil espectadores contando solamente con 200 mil pesos. En entrevista con Christian Sida-Valenzuela, se discute qué significa hacer cine independiente en un país como México, mediante los ejemplos de La maldad (México, 2015), de Joshua Gil, producida por Fabiola de la Rosa, y de Made in Bangkok (México-Alemania, 2015), de Flavio Florencio. El documental realizado con equipo barato, recursos mínimos y la urgencia de un viaje presuroso, acorde con el entorno de sus personajes, es explicado por Rafael Rangel, realizador de Un día en Ayotzinapa 43 (México, 2015). Uno de los más prolíficos realizadores de videohome en México, con casi un centenar de cintas, Cristian González, es entrevistado por Fabián de la Cruz. Y la piratería como un fenómeno sí ilegal pero también como una prolífica y diversa forma de distribución es estudiada por Irving Torres Yllán.

En otros contenidos, la sección Fotofijas ofrece un vistazo al trigésimo Festival Internacional de Cine en Guadalajara (ficg), incluyendo la lista ganadores de su Sección Oficial. Más adelante, Ensayo incluye el texto de Jesse Lerner incluido en el libro Rubén Gámez. La fórmula secreta, recién publicado por Alias Editorial como parte de su colección “Antítesis”, en coedición con la Filmoteca de la unam y el Imcine. Luego, en Industria, Víctor Ugalde analiza con cifras y ejemplos precisos, el apabullamiento de la cartelera por parte de los blockbusters de la gran industria estadounidense, que llegan a ocupar hasta el 70% de las pantallas del país —y con dos títulos el 90% o su totalidad—, después Roque González analiza tanto la normativa argentina de cobro para los estrenos extranjeros, el “canon”, así como la medida del dólar importado por dólar exportado; y Octavio Maya analiza la filmación en la Ciudad de México de la película Spectre (Estados Unidos-Reino Unido, 2015), de Sam Mendes, vigesimocuarta entrega de la serie de James Bond.

Académicas reproduce el ensayo de Eduardo de la Vega sobre la revista Nuevo cine, editada a mediados de la década de los sesenta, a propósito de la edición facsimilar del libro publicada por dge Equilibrista y la amacc; además de la lista completa de candidatos a la quincuagésima séptima entrega de los premios Ariel. La sección desde la Filmoteca de la unam aborda el ciclo retrospectivo en torno a la conmemoración del centenario del director, guionista y actor Orson Welles, que se realizará en sus salas. La novena entrega del Curso de Actuación para Cine, de José Sefami, ofrece algunos consejos sobre cómo interactuar con el director ya en el set.

En Libros se presenta un adelanto del libro El cine actual, confines temáticos, de Jorge Ayala Blanco, el más reciente título de su serie sobre cine internacional y con el que conmemora 50 años como profesor del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (cuec) de la unam.

Más adelante, Festivales, ofrece un adelanto del octavo Foro de Animación Contemporánea Animasivo, por parte de su directora Lucía Cavalchini; del séptimo Festival de Cine Mexicano de Durango, por parte de su coordinador adjunto Christian Sida-Valenzuela, y del séptimo Festival de Cine en Fresnillo, por parte de su directora y fundadora Gabriela Marcial Reyes. Finalmente, Estrenos presenta una entrevista de José Juan Reyes con Alejandro Gómez Monteverde, director de El gran pequeño, y otra con Nicolás Echevarría, realizador del documental Eco de la montaña.

Les recordamos que la versión electrónica de Cine Toma se encuentra a la venta en la sección de Revistas Digitales de la tienda electrónica Sólo Sanborns (www.sanborns.com.mx), lo mismo para computadoras que dispositivos digitales.

El cuadragésimo número de cine TOMA. Revista Mexicana de Cinematografíapublicación editada por PasodeGato, Ediciones y Producciones Escénicas, circulará durante mayo y junio de 2015  por todo el país, en locales cerrados: Sanborns, Caffé Caffé, Cineteca Nacional Filmoteca de la UNAM; así como en librerías: Educal, Sótano, FCE, Gandhi, Julio Torri de la UNAM, El Foco, Ceuvoz y Foro Shakespeare. Su edición electrónica se encuentra disponible en Revistas Digitales Sanborns.

Para entrevistas o mayor información, comuníquese a los teléfonos: 56 88 92 32 y 56 88 87 56; al correo electrónico cinetoma@gmail.com, o acuda a las oficinas, ubicadas en el callejón Eleuterio Méndez 11, colonia Churubusco-Coyoacán, C. P. 04120, en la Ciudad de México.

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Así como la página Internet de Paso de Gato.

Noveno Festival Internacional de Cine Acapulco

enero 30, 2014

Sol, arena y mucho cine

Por Judith Bonfil Sánchez y Fabián de la Cruz Polanco

La novena edición del Festival Internacional de Cine de Acapulco hubo de mudar sus fechas tradicionales –en noviembre– a enero de 2014, tras los desastres ambientales que asolaron Guerrero el año pasado, pero también para demostrar la recuperación y vialidad de la bahía más famosa del país, con homenajes a Silvia Pinal y a Gustavo Rojo, talleres, conferencias magistrales, presentaciones de libros y una gran cantidad de películas, en once secciones.

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Silvester Stallone con el Jaguar de Plata del noveno FICA.
Fotografía: Pedro González.

Mostrándose como una plataforma de impulso a la promoción, difusión y realización de cine mexicano, la novena edición del Festival Internacional de Cine Acapulco (FICA), está lista para realizarse del 24 al 31 de enero de 2014, teniendo como sede principal la zona conocida como el Triángulo del Sol, conformada por Taxco, Ixtapa-Zihuatanejo y Acapulco, además de realizar actividades en las Grutas de Cacahuamilpa, Chilpancingo, Iguala y en pequeñas localidades de la entidad, que contarán con funciones al aire libre en plazas públicas.

Para esta novena edición, FICA tiene contemplado la realización de un homenaje a la actriz Silvia Pinal, máxima estrella y diva de la época dorada del cine mexicano, quien recibirá la presea más importante del festival, el Jaguar de Plata, al tiempo que se recordarán algunos momentos más brillantes de su carrera en cine, televisión y teatro de cámara y musical.

Para complementar su homenaje, como ya es tradición se realizará una retrospectiva en la que se exhibirán algunas de sus cintas: La mujer que yo perdí (México, 1949, de Roberto Rodríguez), El Inocente (México, 1955, de Rogelio A. González), María Isabel (México, 1968, de Federico Curiel), Cómo hay gente sinvergüenza (México, 1972, de René Cardona Jr.) y Modelo Antiguo (México, 1992, de Raúl Araiza), entre otras.

Además, reconociendo la trayectoria de 70 años de carrera del primer actor Gustavo Rojo, se le rendirá un tributo a este destacado actor, quien ha trascendido lo mismo en cine, teatro, televisión y radio en México y en el extranjero.

En sus ediciones anteriores, FICA rindió homenaje a reconocidas figuras del cine nacional, como el cómico y cantante Germán Valdés “Tin Tan”; el productor de cine Alfredo Ripstein; el documentalista y director de fotografía Demetrio Bilbatúa; la actriz Arcelia Ramírez; el violinista y compositor Ángel Tavira Maldonado; el entrañable ídolo del pueblo Pedro Infante; los actores Germán Robles, Luis Felipe Tovar, Ignacio López Tarso, Lorena Velázquez, Fernando Luján, el cómico Mario Moreno “Cantinflas” y el luchador El Hijo del Santo. Además, ha contado con la presencia de invitados internacionales, grandes figuras cinematográficas como Salma Hayek, Antonio Banderas, Melanie Griffith, Paz Vega, Alain Delon, y Sophia Loren, entre muchas otras.

En su programación, FICA mantiene una amplia oferta de cine nacional e internacional con temas y géneros diversos, aunque su lado más fuerte sigue siendo el buen cine comercial. Así, en el festival se podrán ver distintos programas para todo tipo de público: Película Inaugural; Película Clausura; Retrospectiva a Silvia Pinal; Retrospectiva Homenajeado Internacional; Programa de Cine Infantil; Programa Cinema Pool Party; Programa Reseña; Programa Estrenos Internacionales; Programa Estrenos Nacionales; Programa de Cortometrajes Imcine, CCC, CUEC e independientes, y Programa de Documentales.

Además, celebrando los 400 años de amistad entre México y Japón, se llevará a cabo una retrospectiva del realizador y productor nipón Hayao Miyazaki, creador de los Estudios Ghibli, con la proyección de sus cintas animadas: El secreto de la sirenita (Gake no ue no Ponyo, Japón, 2008); El increíble castillo vagabundo (Hauru no Ugoku Shiro, Japón, 2004), y La princesa Mononoke (Mononoke Hime, Japón, 1997).

El área académica estará conformada por talleres y charlas magistrales. Realizados a puerta cerrada, previa inscripción de los interesados, se ofrece un primer taller en el que los jóvenes guionistas participantes se adentrarán en las técnicas de actuación de Lee Strasberg, Stella Adler, Sanford Meisner y Anton Chejov, y estará impartido por Natalia Lazaus, del Promenade Conservatory de Los Ángeles, Estados Unidos, y su reto será  sensibilizar a sus alumnos en la forma de escribir escenas para potencializar el talento de los actores que interpretarán sus guiones. El segundo será un taller a cargo de profesores del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC), en el que los alumnos trabajarán en torno a cómo hacer un corto con un dispositivo móvil.

Por su parte las charlas magistrales se impartirán en universidades públicas y privadas de Acapulco y abarcarán temas diversos como el manejo de las redes sociales para promocionar los proyectos culturales, mostrando dos casos de éxito, uno de ellos, vinculado al cine. Otra de estas charlas versará sobre el marketing de películas y la tercera se enfocará en el significado de la comida en el cine nacional.

Para esta edición se abrió una importante sección para la presentación de libros, comenzando con el libro Cine México, 1970-2011, coordinado por José Rodríguez López “Rolo”; también se presentará el libro Durango, Filmes de la Tierra del Cine, proyecto encabezado por Sol Levín Rojo y coeditado Gran Numeronce Producciones y el Conaculta,  en el que se hace un recuento de las películas filmadas en Durango, desde 1954 y hasta finales de 2013, y se  detallan las 180 películas rodadas en la entidad.  Este libro será el primero de una serie de publicaciones sobre filmaciones que Gran Númeroonce editará sobre la producción fílmica en cada estado de la República Mexicana, y que continuará con la filmografía de Guerrero y Jalisco. La tercera de las presentaciones de libros será la del Catálogo de locaciones de Guerrero, a cargo de José “Pepe” Moreno.

No menos importante resulta el espacio que FICA dedica al Foro de Industria, con sesiones de trabajo de los representantes de la industria cinematográfica mexicana, un foro incluyente para que los sectores de la formación, producción, distribución, exhibición y preservación del cine nacional se sienten a dialogar sobre los problemas por los que pasa esta industria en nuestros días.

A partir de la novena edición del FICA, se han desarrollado diversas estrategias de comunicación multimedia, por eso, se abrirán canales de comunicación propios, como: FICA-TV, FICA Radio, FICA Redes Sociales –en Facebook, Twitter, YouTube, Instagram y la Web–, así como FICA News, una revista impresa de promoción cinematográfica, turística, cultural y de fomento a la inversión en el estado de Guerrero, especialmente en proyectos de la industria cinematográfica y audiovisual.

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El homenaje a Elvis Presley en Acapulco.
Fotografía: Pedro González.
Este artículo forma parte de los contenidos del número 32 de la revista cine TOMAde enero-febrero de 2014. Consulta AQUÍ dónde conseguirla.

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El invitado de honor para la ceremonia de inauguración del noveno FICA, realizada el viernes 24 de enero de 2014, en el Forum de Mundo Imperial en la zona Diamante de Acapulco, fue el actor hollywoodense Sylvester Stallone, quien reiteró en varias ocasiones su amor por México y en especial por Acapulco donde, recordó, hace más de tres décadas filmó Rambo Acorralado: Parte II (Rambo: First Blood Part II, Estados Unidos, 1985). En reconocimiento a su trayectoria le fue otorgado  el Jaguar de Plata, para después iniciar la gala con la película Ajuste de cuentas (Grudge Match, Estados Unidos, 2013), que coestelariza junto con Robert De Niro, en una comedia repleta de gags cómicos sobre dos de sus personajes boxísticos emblemáticos: el boxeador de Filadelfia Rocky Balboa, de la serie Rocky (que consta de seis películas, estrenadas entre 1976 y 2006), y el personaje histórico Jake LaMotta, del clásico Toro Salvaje (Raging Bull, Estados Unidos, 1980), de Martin Scorsese.
En su novena edición el Festival Internacional de Cine Acapulco ofrecerá más de 100 películas, entre documentales, largometrajes de ficción y cortometrajes, donde el cine mexicano tiene el reflector central.

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Cine-debate en homenaje a Gustavo García‏ en la UNAM

noviembre 25, 2013

homenaje Gustavo Garciěa

El  martes 26 de noviembre se realizará un cine-debate en homenaje al crítico e investigador cinematográfico Gustavo García, fallecido el 7 de noviembre  pasado, por su labor como formador y docente de innumerables generaciones de estudiantes de la UNAM y de la UAM. La película Mi universo en minúsculas (México, 2011), de Hatuey Viveros sera proyectada y contaremos con los comentarios tanto del director de la cinta, como de los investigadores fílmicos y profesores universitarios Guillermo Rivera y de Federico Dávalos Orozco, quien hablará de Gustavo García, el cine y la ciudad. La cita es a las 13:00 horas, en la sala Lucio Mendieta y Núñez de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, (Circuito Mario de la Cueva S/N, frente a TV UNAM), en Ciudad Universitaria.

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Muere el crítico cinematográfico Gustavo García

noviembre 7, 2013

La mañana de este jueves, 7 de noviembre, falleció el crítico e investigador cinematográfico Gustavo García, tras una larga estadía en terapia intensiva en el Hospital Ángeles del Pedregal y luego en el Hospital de Alta Especialidad “Adolfo López Mateos” del ISSSTE,  por un paro respiratorio, luego de una operación gástrica urgente en junio pasado. Esta mañana, su esposa, Claudia Ojesto, confirmó el fallecimiento de quien fuera una de las figuras preponderantes tanto de la crítica cinematográfica desde sus espacios semanales en los micrófonos de la sección Butaca Red de Radio Red y semanalmente los jueves en Noticias 22 de Canal 22.

La redacción de cine TOMA se une a la pena que embarga a su familia y amigos, así como la comunidad cinéfila. Que descanse en paz.

En cine TOMA, Gustavo García apareció publicado en el número 16, El OJO ESCRUTADOR. La crítica incomoda, de mayo-junio de 2011; así como en el número 19, Y SE HIZO SONORO. Ochenta años de cine sincrónico en México, de noviembre-diciembre de 2011.

Reproducimos a continuación la entrevista que le realizó el periodista José Juan Reyes para el número 16 de cine TOMA, pues nos ofrece un perfil bastante completo sobre este maestro tanto por su ejercicio escritural y como comentarista, tanto cuanto porque fue profesor tanto en la Universidad Nacional Autónoma de México y en la Universidad Autónoma Metropolitana.

García Ariel

Gustavo García durante la transmisión especial de la 
55 ceremonia de entrega del Ariel para Canal 22, 
el 28 de mayo pasado. Fotografía: Pedro Arroyave.

Gustavo García frente a un panorama desolador para la crítica

El crítico ha sido desplazado por el taquillero

Por José Juan Reyes

Formado como periodista en la UNAM, Gustavo García bien pudo haberse dedicado a la crítica literaria o a la de de alguna otra arte, pero el entorno propicio de los años setenta le condujo a ejercer la de cine, tanto como investigador, profesor y crítico. Empero, el deterioro que esta actividad ha experimentado en décadas recientes le lleva a proponer que las escuelas de cine abran la especialidad de crítico.

Toda obra creativa que se expone al público requiere de la existencia de una voz que comente, que desmenuce su contenido y propuesta, para así nutrir tanto el disfrute de su contemplación como la relación del autor con su entorno. Y en el caso del cine, el crítico es el enlace entre los realizadores y los espectadores.

En México, este oficio se había ejercido en completa libertad y con propuestas reflexivas, abarcando prácticamente todas las vertientes fílmicas que se han desarrollado a lo largo de nuestra historia, por más crisis que se atraviese o por más falta de producciones que las acompañe.

Quién así opina es Gustavo García, periodista, profesor universitario, crítico de cine e historiador, cuya trayectoria más que amplia, le permite ofrecer un interesante panorama del desarrollo de este oficio en las décadas recientes.

Licenciado en Periodismo y Comunicación Colectiva por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, donde fue profesor durante 15 años, García fue fundador y director de la revista Intolerancia, ha colaborado en los principales periódicos y revistas culturales del país y condujo el programa Cartelera en Canal Once. Actualmente es profesor en la carrera de Comunicación Social en la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco y conductor del programa Cinema Red de Grupo Radio Centro desde 1997 y es columnista del diario Record.

Es autor de los libros El cine mudo mexicano (1983), La década perdida /El cine mexicano de los cincuenta (1985), No me parezco a nadie. La vida de Pedro Infante (1995), Pedro Armendáriz (1996), La época de oro (1997, con Rafael Aviña) y Nuevo cine mexicano (1997).

Los siguientes son fragmentos de la entrevista en la que relata cómo se dio su incorporación al medio y la manera en que se desarrolló durante sus primeros años, de los más favorables para el cine en nuestro país.

“Hay que considerar que una crítica cultural, en este caso de cine, no necesariamente depende de una producción local. Por ejemplo, Uruguay tuvo una excelente crítica de cine en los años sesenta sin tener una producción local; por ello, uno de los beneficios de este trabajo es que se puede desarrollar a partir de lo que se hace en otras partes del mundo.

“En México ocurre lo mismo. Por ejemplo, en los años 80 la producción era muy baja en calidad y cantidad, entonces lo que se evaluaba eran propuestas absolutamente básicas y poco propositivas, y aunque suene pretencioso, la critica estaba muy por encima de las producciones nacionales”.

Es por ello que considera que no tiene por qué haber una relación directa entre la producción fílmica y el ejercicio de la crítica sobre ella. Y es que en la actualidad, mientras  el cine mexicano tiene una serie de diversas propuestas, que son incluso inesperadas, pues no hay corrientes precisas, todo es experimental, su industria no se ha consolidado.

“Lo bueno es que acaba siendo un terreno muy estimulante para el análisis cinematográfico. En los años setenta era muy fácil ser cinéfilo, en ese momento, con Luis Echeverría como presidente, se puso de moda el cine, estaba por nacer la Cineteca Nacional, había desaparecido la reseña de Acapulco, pero aparecieron las muestras, se abrieron cines de arte, como los de Alatriste y el Regis”.

La investigación sobre cine también comenzó a dar sus primeros frutos en esa época, pues Emilio García Riera había publicado el primer tomo de su Historia documental del cine mexicano; en ese entonces se consideraba al cine como material de estudio.

“Era un lugar común decir que el cine es un arte, al mismo tiempo se hablaba de que era un arma de la Revolución, que era una manera de difundir mensaje subversivos, en fin, el cine era la neta. En esos años, cuando empecé a estudiar periodismo en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM, me cayó una chamba como crítico de cine; es decir, me pude haber dedicado a la crítica literaria o de cualquier otro tipo, pero me ofrecieron ese trabajo y lo acepté; además era cinéfilo desde mi infancia, conocía a los críticos que eran dogma a seguir, como García Riera o Jorge Ayala Blanco, y en ellos me basaba para desarrollar mis propias consideraciones”.

Las décadas de gloria

Al ubicarnos en un interesante flashback, García se refiere a una década promisoria para el país, en la que se habla de crisis, pero se refería casi en exclusiva a la paridad del peso frente al dólar. Fueron los años setenta, cuando la sociedad aún podía dividirse claramente en clase alta, media y baja; no existía la pobreza extrema y la inseguridad era sólo un tema conocido a través del cine.

El ejercicio de la crítica encontró entonces tanto el asiduo interés del público como las condiciones económicas para desarrollarse, lo mismo en periódicos como en revistas. En ese contexto fue Gustavo García comenzó a desarrollar su carrera.

“Tener una generación anterior con esas características, ayudaba mucho a que surgieran nuevos críticos de cine y también porque había muchos lugares donde publicar. En mi caso, comencé a escribir a los 19 años y la generación anterior también había empezado muy joven; eso provocó que a los críticos se les exigiera mucho, al menos un cierto grado de erudición, manejar filmografía y ciertos términos técnicos.

“Por aquellos años, no se podía andar en el medio sin tener bajo el brazo una bibliografía básica; entonces una vez que te cae trabajo como crítico, comienzas a darte cuenta que para ejercer una profesión consistente, debes leer cosas sobre cine y aprender a verlo de otra manera, más crítica, reflexiva, analítica y al mismo tiempo descubres que todo lo que leas y descubras, va acabar por darle forma a un corpus que te va a ayudar a ejercer un trabajo periodístico analítico. Al menos eso fue lo que me pasó”.

En cuanto a la relación de los críticos con los cineastas y el público, García comenta que los realizadores, en general, rechazan de manera visceral el ejercicio de la crítica, cuando puede ser algo sano.

“Lo que me parece grave es que haya hostilidad por ambos lados. No sirve de nada ser un crítico virulentamente hostil, porque eso vicia la lectura de su análisis y tampoco se vale que el cineasta este buscando inmediatamente el aplauso. Se entiende que el crítico ocupa el lugar del espectador, es decir, no está para decirle al realizador en qué falló.

“Entonces, por oficio y por una serie de factores que lo favorecen, el critico tiene la oportunidad de colocarse en el lugar del público y responderle al cineasta un comentario sobre lo que ha visto en la pantalla, decirle qué sintió y pensó al ver su película, que suele ser algo muy distinto a lo que el realizador se proponía”.

Ocurre con frecuencia, ejemplifica, que el cineasta hace una propuesta con una cierta idea y lo que le queda en la pantalla es algo que se aleja por completo de sus ideas. Lo que el crítico hace es una evaluación de percepción, algo que a los realizadores y a los productores no les gusta.

“Incluso llegan a decir que la crítica no les sirve para nada, pero eso deja ver que hace falta que se tome en cuenta al público; los productores en particular suelen ser personas autosuficientes en su percepción respecto a las películas que hacen.

“También hay que decir que el trabajo del crítico de cine ha deteriorado mucho su oficio, desparecieron las revistas de cine, cuando en décadas anteriores eran fáciles de hacer. Yo mismo tuve una y mucha gente también lo hizo. En un contexto así, fue muy sencillo desarrollar nuestro trabajo como ensayistas, entregarnos al texto largo, a las entrevistas de fondo, documentar de manera amplia lo que le ocurría al cine.

“Todo eso desapareció, en su momento nos refugiamos en los suplementos culturales de los periódicos y revistas, pero estos también se acabaron y el crítico de cine de convirtió en un recomendador para los tiempos de ocio del fin de semana, porque el lector ya no nos busca por nuestras capacidades analíticas o grado de erudición, sino para simplemente decidir si la película de estreno vale la pena el viaje, para no desperdiciar su dinero”.

Entre la ignominia y la improvisación

Tan deteriorado se encuentra el medio en la actualidad, que los críticos han sido desplazados por los taquilleros, pues la gente les hace más caso a su opinión para decidir qué película ver, observa García.

“Eso si es verdaderamente humillante. En los años setenta ya parece que alguien iba a llegar al cine Regis a preguntarle a la que vende los boletos qué película ver, en ese entonces la gente leía a los críticos y formaba criterio a partir de sus consideraciones. El deterioro es enorme, en todos los terrenos.

“El medio de la crítica se ha renovado, pero no se nota. Se pueden detectar algunos opinadores interesantes, pero hasta el momento, no he encontrado alguno con las características de antaño; hay algunos, sobre todo en Internet, que dan opiniones interesantes, pero que no dejan de ser recomendaciones, el problema con ellos es que están demasiado de rodillas ante los distribuidores, porque les preocupa que ya no los inviten a la siguiente función de prensa”.

Además, apunta, es evidente que muchos de estos críticos de las nuevas generaciones no se han formado, ni se han preocupado por estudiar de verdad al cine como manifestación cultural, ni de acercarse a los grandes teóricos, como Sergéi Eisenstein, André Bazin, o Ayala Blanco, cuyos primeros textos le parecen iluminadores a García.

“Es decir, lo mínimo para darle forma a ese corpus de conocimiento que permita ejercer una crítica fundamentada. Y hay otro punto, la bibliografía de cine también ha desaparecido, ahora se reduce a algunos textos en Internet y eso me parece muy, muy lamentable; es una enorme paradoja que en tiempos como los nuestros, en los que prácticamente puedes tener tu propia filmoteca en casa, gracias al DVD, los nuevos críticos tengan conocimientos inmensamente reducidos.

“Creo que de todos modos hay gente que vale la pena, podemos mencionar a Erick Estrada, a Lucero Solórzano, a Fernanda Solórzano, en televisión está Silvestre López Portillo, un fenómeno bastante insólito por el medio en que ejerce su trabajo, es decir, él no escribe pero comenta y lo hace bastante bien”.

Además, en opinión de este crítico, las nuevas generaciones aún están en formación, “y aunque suene a frase de película de Alejandro Galindo, en ellos están puestas las esperanzas de muchos chicos como nosotros.

“El panorama no es nada favorable, pues los espacios se han reducido; en el Distrito Federal hay unos cuantos o prácticamente no existen, las estaciones de radio son sólo algunas opciones pues ofrecen secciones dentro de otros programas para hablar de cine, pero no pasan seguramente de seis; en provincia es casi un milagro que un crítico pueda desarrollarse”.

Es por ello que le parece que la opción está en la Internet, aunque es un medio aún caótico y desordenado como para que pueda decir la última palabra.

“Estamos frente a una situación complicada. Me parece que una opción sería volver a la academia, que la crítica de cine se incluya en las asignaturas de las escuelas de cine, que las universidades ofrezcan diplomados. Es decir, darle un formato que permita desarrollarla pero sobre todo formar verdaderamente a los futuros críticos de cine.

“La iniciativa debería estar en las escuelas de cine, porque es muy importante no sólo formar cineastas, sino a personas que les den la réplica a sus trabajos, o en las escuelas de comunicación, y por qué no, en la Cineteca Nacional o en la Filmoteca de la UNAM”.

Función de “En el camino”, en beneficio de Gustavo García en la Cineteca

julio 1, 2013

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El crítico de cine Gustavo Garcia, (Cinema Red, Noticias 22), se encuentra hospitalizado desde hace varios días en el Hospital Ángeles del Pedregal, en terapia intensiva, tras una operación gástrica urgente presentó un problema respiratorio grave y se encuentra en espera de que reaccione a los medicamentos y a la terapia.
Para recolectar fondos para su tratamiento, la Cineteca Nacional ha organizado una función de beneficio de la película En el camino (On the Road, Estados Unidos, 2012) de Walter Salles, con Sam Riley y Kristen Stewart.

Lunes primero de julio de 2013 en la sala 1 de la Cineteca Nacional a las 19:30 horas. Costo del boleto: 100 pesos (se podrán adquirir antes de la función y serán vendidos por los organizadores afuera de la sala).

En el camino

 

 

“Fogonero del delirio. Alejandro Colunga”, en el Cine Lido

septiembre 27, 2012

 

La película El Fogonero del Deliriode Gustavo Domínguez, producida por la Universidad de Guadalajara con al apoyo de Eficine, plasma a manera de documental el trabajo del artista plástico Alejandro Colunga, mediante un recorrido visual, exploratorio y curatorial por su vida y obra, uno de los artistas más emblemáticos, contradictorios y sorpresivos de las últimas décadas del arte mexicano.

El filme se exhibirá desde el viernes 28 de septiembre y hasta el 4 de octubre en The Movie Company, el Centro Cultural de España, el Cine Lido y la Estela de Luz, salas externas de la Cineteca Nacional.

Fallece el cineasta Gustavo Montiel Pagés

agosto 21, 2012

Ayer lunes, 20 de agosto de 2012, falleció el productor cinematográfico Gustavo Montiel Pagés, en la ciudad de México, tras padecer cáncer.

Nacido el 26 de abril de 1954 en Jiquilpán, Michoacán de Ocampo, trabajó en cintas como La Mujer de Benjamín (1991, de Carlos Carrera), Lolo (1992, de Francisco Athié), Un hilito de sangre (1995, de Erwin Neumayer) y Por si no te vuelvo a ver (1997, de Juan Pablo Villaseñor). En el ámbito académico, fue profesor y luego director general del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), en cuya etapa produjo varias de las cintas del programa de Óperas Primas.

Como director, realizó los cortometrajes Segunda muerte, Sopa de gato, Malvina, Historia de traiciones y A Renato Leduc, además dirigió los largometrajes Entre paréntesis (1981) y Marea de arena (México-Argentina-España, 2008), protagonizada por Damián Alcázar.

Los mundialistas “Días de gracia”, de Everardo Gout

abril 16, 2012

La relación entre personas de uno

y del otro lado de una pistola

Por Sergio Raúl López

Es tan vasta la alienación que puede provocar el futbol durante un encuentro mundialista que incluso coadyuva a la disminución de las acciones delictivas. Así de definitiva puede ser la influencia de un deporte transformado en espectáculo de consumo masivo. Elegido como motivo, la Copa del Mundo permite entretejer tres historias paralelas de secuestro.

Las desventuras y sufrimientos de la selección mexicana en las sucesivas Copas del Mundo de Corea- Japón en 2002, Alemania en 2006 y Sudáfrica en 2012, frente a las representaciones nacionales de distintas potencias del balompié, no sólo paralizan al país y enriquecen a las televisoras que las transmitieron, sino también provocan que los índices de criminalidad decrezcan.

El fenómeno, por supuesto, debe incluir a la boyante industria del secuestro, cuyas víctimas y victimarios acaban irremisiblemente atrapados por el melodrama ocurrido durante 90 minutos de frustraciones y desgracias sobre el pas- to, en la compleja y ambiciosa primera película del director mexicano Everardo Gout, Días de gracia (México-Francia, 2011).

Entrelazando de manera oscura tres casos paralelos de secuestro, ocurridos en momentos y Mundiales distintos, con diferentes víctimas y victimarios, casas de seguridad, circunstancias y temporalidades, pero que de entrada parecen el mismo caso, igual crimen e idénticas circunstancias, en un ejercicio de pretendido virtuosismo que acaba provocando confusión. Y es que detalles sólo visibles en el trazado argumental, revelado hasta el final, distancian los capítulos y consiguen despertar más interrogantes e interpretaciones sueltas que suspenso y misterio.

Aunque el gran protagonista sea el actor Tenoch Huerta, es acompañado por un amplio elenco coral: Carlos Bardem, Dolores Heredia, Kristyan Ferrer, Eileen Yáñez, Mario Zaragoza, José Sefami, Dagoberto Gama, Harold Torres y Gustavo Sánchez Parra, entre otros, para lograr integrar una compleja trama en la que se suturan y se imbrican personajes, tiempos y lugares de una similitud tal que juegan con la confusión del espectador.

Con estudios en el CUEC de la UNAM, en la Academia de Cine de Nueva York y el Instituto Cinematográfico de Hollywood, el director mexicano -sobrino del guionista y director Alberto Gout- ha producido cortometrajes, documentales, comerciales y videos musicales. Estrenada fuera de competencia en la Sección Oficial del 64 Festival de Cannes, Días de gracia, que le llevó cuatro años de trabajo, ganó el Mayahuel a Mejor Director y una Mención Especial por Música Original en el pasado Festival de Guadalajara.

La cinta se estrenó en cartelera el viernes 13 de abril.

-¿Cómo concibió y estructuró estas tres historias en torno a las Copas del Mundo del 2002 al 2010?

-Por lo mismo que afirmamos al inicio de la película: el Mundial de Futbol es un “tiempo santo donde todo vale”. Son 30 días en los que, según las estadísticas, la criminalidad baja 30 por ciento. Al final de cuentas, pasa un Mundial y luego otro y al final casi puedes brincar en el tiempo, pero siempre le irás a México y se va a enfrentar a los mismos equipos, te vas a apasionar y vas a estar inmerso en ese mundo. Entonces puedes jugar con la idea de que estás suspendido en el tiempo y subirte a esta idea universal de que estamos en tiempo de Mundial para luego aterrizar en la duda qué Mundial es, y otra vez para arriba y para abajo. Es una herramienta narrativa que a mí me funcionó mucho para contar esta historia.

-Se representan etapas distintas de un mismo personaje, pero el resto son historias en espejo de los otros personajes, lo cual es muy complejo a nivel narrativo y muy riesgoso…

-El riesgo era mayúsculo, pero teníamos el compromiso de meterle honestidad, dedicación y entrega. En ese sentido, todo se vale mientras te la tomes en serio y hagas tu investigación. Días de gracia no es una película que me encontré viendo un periódico, sino es un compromiso más profundo. Y de eso se trata. El crimen es como una hidra: le cortas una cabeza y salen cuatro. Así está pasando en México y en el mundo entero. Por otro lado están los ecos de las sensaciones, porque a final es una historia de sentimientos, de la textura, de la materia humana, del amor, de lo que ocurre cuando ese amor se ve confrontado a una situación extrema. De eso va la película, de la condición humana, más que de la violencia, y entonces encuentras ecos y espejos que al mismo tiempo son atemporales y luego son antagónicos. Me gusta que sea como un truco de magia, porque entras a la película viendo ciertas características en un género muy identificable, con protagonista y antagonista, y terminas viendo una película con otro género donde los personajes cambian de rol por las situaciones de la vida. Eso es riquísimo, porque puedes replantear las decisiones que tuvieron de una manera abstracta y filosófica.

-¿Qué tan amplia fue la investigación, qué tanto abarcó?

-Tengo más de cien horas de entrevista con todo tipo de personas que conforman este thriller y esta trama, además de mucha investigación escrita. De todo, figuras públicas y vecinos. Todo empezó cuando secuestraron a una persona que conozco y se logró autoliberar a fuerza de hablar con sus captores, los convenció de que la única manera de solucionar el asunto era dejándolo salir a él. Y eso me intrigó muchísimo: cómo es la relación humana entre personas que están de un lado y del otro de una pistola. De qué hablas y cómo le haces. Vimos a su esposa en esos días, y no se le notaba su angustia; me enteré varios días después de que su marido estaba secuestrado en el momento en que la vi. Me hizo reflexionar cuáles son los mecanismos morales y de protección que necesitas para salir adelante y buscar quiénes son las personas que logran sobrepasar eso. Piensas que tú estarías llorando en un cuarto, destrozado, durante 48 horas aunque el día tenga 24, una hora por cada ojo. Me di cuenta que es una lucha a tan largo tiempo que a fuerza necesitas lograr los mecanismos para salir. Es muy interesante.

Diferencias intuitivas y emocionales

Un velo de incertidumbre impide diferenciar por completo los tiempos cruzados en los que se relatan los sucesivos secuestros que comprende el argumento de Días de gracia. Tanto las familias como las bandas de secuestradores, la servidumbre, los corruptos cuerpos policiales y el transformado personaje principal se difuminan en un todo y solamente son detalles técnicos los que diferencian cada historia.

Cada una fue filmada por el cinefotógrafo Luis Sansans con tres formatos distintos: 16mm apaisado con lentes ana- mórficos rusos -de relación 4:16-; otro más con cámara de súper 8, con mucho movimiento y tomas fragmentarias, y el tercero en súper 35mm, con telefotos y profundidad de campo comprimida.

Además, se encargó música incidental para cada segmento a destacados compositores: Nick Cave y Warren Ellis -colaboradores de Wim Wenders y de cintas como The Proposition-; Atticus Ross, Leopold Ross y Claudia Sarne -Atticus ganó el Oscar en 2011 por La red social, junto con Trent Reznor-, y Shigeru Umebayashi -compositor japonés y colaborador regular de los cineastas de Yang Ximou y Wong Kar Wai-; además, el tema principal es un arreglo al “Summertime”, de la ópera Porgy & Bess, de George Gershwin, de Robert de Naja y Tim Goldsworth -integrantes de Massive Attack-, cantado por la estrella australiana Scarlett Johansson.

Y la edición final -que contiene escenas originales autorizadas por la FIFA y las televisoras- fue confiada al francés Hervé Schneid, quien ha sido responsable del montaje de filmes como Delicatessen, Amelie, La Ciudad de los Niños Perdidos y Alien, resurrección, para Jean Pierre Jeunet, con quien el director mexicano compartió largas jornadas de trabajo en París.

-La película fue creciendo sola y nos fue dictando lo que necesitaba -explica Gout-. Es raro pero muy bonito atestiguar cómo el proyecto va cobrando vida y señalando sus propias necesidades. Yo tenía claro que eran tres historias con tres estéticas y tres formatos de filmación, eso lo tenía muy planchado. En mi ideal quería tener tres músicas distintas, porque quería que se sintiera ese cambio temporal más en lo intuitivo y en lo emocional que en lo intelectual. No teníamos claro qué músicos, lo que sí sabía es que estos tres, en específico, me habían ayudado a la inspiración de la película y los compartía con el equipo. Más tarde todos se subieron en este barco ambicioso y me decían lo mismo, que nunca habían hecho una película con tres compositores en la que cada uno tiene las herramientas y la responsabilidad de llevar una parte de la película.

Este artículo se publicó originalmente en la sección de cultura del diario El Financiero (16/IV/2012).