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Marco Julio Linares, nuevo director del CCC

enero 20, 2017

Nota bene: El profesor Marco Julio Linares fue electo director general del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), por acuerdo de la Secretaria de Cultura federal, María Cristina García Cepeda, el pasado jueves 19 de enero. La ceremonia de nombramiento fue presidida por el Subsecretario de Desarrollo Cultural, Saúl Juárez Hernandez en las instalaciones de la escuela, en el  Centro Nacional de las Artes. De esta manera, Linares, quien ha sido docente del Centro durante más de dos décadas sustituye al cinefotógrafo Henner Hoffman, quien ocupara la dirección desde el primero de diciembre de 2008 hasta noviembre de 2016. A propósito de este hecho, es que reproducimos la entrevista que Luis Carrasco sostuvo con el cineasta en octubre pasado, cuando aún era candidato al cargo, misma que se encuentra publicada en el número 49 de la revista Cine Toma,  que circula desde noviembre pasado.

Dedicación, constancia, rigor y preparación permanenteMarco Julio Linares, nuevo director del CCC

Por Luis Carrasco García

Egresado de la Facultad de Ingeniería de la UNAM, con estudios en Medios de Comunicación y Cine por la Universidad de Chapel Hill en Carolina del Norte, Estados Unidos, Marco Julio Linares fue director general de los estudios Churubusco-Azteca, de 1985 a 1993, ha producido y dirigido un sinnúmero de documentales para cine y televisión y, actualmente, es coordinador ejecutivo del Eficine 189, en el Imcine; sin embargo, en su profesión, la docencia ha sido una constante que, además, lo ha llenado de múltiples satisfacciones, entre ellas: haber sido uno de los fundadores de la UAM Xochimilco, recibir el CILECT Teacher Award 2014 como Mejor Maestro de la Asociación mundial de escuelas de cine y Televisión, fundado en Cannes en 1955 y, más recientemente, ser candidato a la Dirección de una de las mejores escuelas de cine en México y América Latina, el CCC.

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Foto: Pedro González Castillo.

¿En tu experiencia de tantos años como docente, cuál es la importancia que puede tener la educación, dentro del cine, sobre todo en un país donde tenemos tanta tradición audiovisual, pero que no se ha traducido en que vayamos ver nuestras películas, el cine que hace en nuestro país?

Hoy, con las nuevas plataformas, más personas tienen acceso al cine mexicano, pero ¿cuál es la razón fundamental? En lo personal, el cine, al ser el último arte inventado por la humanidad y al ser un trabajo colectivo, es lo que más me emociona, lo que más pasión me da. El cine se tiene que hacer con pasión, va más allá de una profesión.

Y eso lo he traducido en compartir mi conocimiento. Lo que más requerimos en nuestro país es educación, formación, capacitación, estar siempre preparados para hacer mejor nuestro trabajo. En ese sentido, pienso que el cine necesita más que una gran formación técnica. El buen cineasta es un gran narrador de las imágenes y, hoy, de las imágenes audiovisuales.

Si el narrador no tiene ni la capacidad ni la formación de contar historias, no se va a ver lo que sucede en México y en el mundo. A lo largo de estos años aprendí que todos los países tienen una gran cinematografía en volumen, pero sólo el 10% es de altísima calidad; si México producía y ha producido en los dos últimos dos o tres años 100 películas, 10 son de alta calidad, y está demostrado.

En la Época de Oro era distinto, era el único cine producido con el afán de entretener a un mundo en guerra, de ahí que las comedias mexicanas trascendieron en todos lados. Yo pienso que la Época de Oro es la que vivimos, porque ahorita estamos planteando y haciendo historias nuevas, actualizadas. Hay muchos más jóvenes participando en la producción, la dirección, los guiones, y la fotografía.

Tenemos dos grandes fortunas: las dos escuelas más sólidas de América Latina en la enseñanza del cine, el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (cuec) y el Centro de Capacitación Cinematográfica (ccc). Debemos preparamos a contar historias. Mi abuela materna nos contaba historias y nos las creíamos, tal vez fueron reales, tal vez no, pero es eso lo que debe hacer el narrador, lo que es un cineasta, y ésa ha sido la razón de ser de estos 40 años que me he dedicado a la enseñanza del cine: contar historias, que los guiones sean sólidos.

 

En la enseñanza del cine te has especializado en guión, ¿crees que ha habido una evolución en la manera de contar historias? Mucho se ha dicho sobre que, en el cine mexicano, el talón de Aquiles son los guiones. ¿Estás de acuerdo en ello?

El cine mexicano requiere más rigor en los guiones que prepara, definitivamente, es una situación universal. La cinematografía más prolífica es la India, que produce 1 500 películas al año, ¿cuántas nos llegan a México?, tal vez una o dos, porque sus historias están pensadas para su mercado; los chinos, de manera semejante, son la segunda; los japoneses, la tercera; los norteamericanos, la cuarta; los franceses, la quinta.

En este sentido, cada uno tiene su mercado. ¿Qué sucede con el mercado mexicano? La mexicana es la cuarta población que ve más cine en el mundo, pero tenemos el impacto de todas las majors que se asocian con los exhibidores y captan la exhibición; no digo que sea bueno o malo, simplemente es un mercado.

Tenemos que contar nuestras historias a nuestro modo, porque México fue la quinta cinematografía emergente en el mundo; nació en Francia, pasó a Inglaterra, Alemania, Estados Unidos y México fue la quinta nación que tuvo una cinematografía. Tenemos más de 100 años de cine, tradición, formación, había que narrar historias.

Al principio, el cine mexicano fue fundamentalmente documental, de ahí que ahora las historias se tengan que documentar. Se puede tener una imaginación creativa en torno a un hecho de la realidad, y mientras más distancia tomes de esa realidad, más ficción le vas a poder dar. Eso hay que hacerlo con rigor, con metodología.

Los que queremos hacer cine tenemos que aprender la metodología y ésa es la razón de ser de la enseñanza; académicamente, tenemos que ser cada vez mejores. La técnica la aprendes, la tecnología hay que usarla en beneficio de lo que uno quiere decir o comunicar. De qué sirve que la película tenga unos efectos maravillosos, si no me dice nada, si no hay nada que contar; siempre hay que tener algo que decir. Si es profunda, se vuelve universal.

 

Hablando en términos de guión, hay muy buenas historias, como Norteado, Fecha de caducidad o La delgada línea amarilla, que son propuestas muy bien elaboradas, pero no funcionan en la pantalla, por alguna razón la gente no va a verlas.

Aquí hay que ver quién va al cine. Unos, los que tenemos la fijación de ir al cine, de conocer el mundo, la vamos a buscar. En términos generales, por la situación que vive el país, los recursos para divertirse son mínimos. Una familia con dos o tres hijos tiene que racionalizar su gasto, ésa es una de las razones por las que nuestra población, que es cinéfila natural, ve más cine mexicano en promedio en la televisión que en las salas, lo cual se puede revisar en las estadísticas de los Anuarios que publica el Imcine.

Hoy ir a las salas es mucho más caro. La preocupación del Imcine ha ido siempre generar audiencias complementarias a las que están en (el cine) comercial, se está haciendo, pero no hay los recursos suficientes. En este sentido, tenemos que seguir contando historias, la gente debe tener el convencimiento de que para contar historias se necesita saber contarlas, tener rigor, prepararse, meterse a todos los talleres posibles para poder tener laa capacidad, que no todos tienen, de visualizar.

Cualquier cinematografía del mundo tiene un basamento de literatura narrativa fundamental y se apoya en ella, ya no digamos la norteamericana, que es semejante a la inglesa. Si se revisa una buena película de esas nacionalidades, lo más seguro es que esté apoyada por un libro o alguna historia de literatura o de algún reportaje, pero además necesita de la investigación, de ir a todas las fuentes posibles que abreven nuestras historias.

El buen cine requiere dedicación, constancia, rigor y preparación permanente.

 

En el tiempo que llevas dando clase, ¿has notado diferencias o cambios en la manera de escribir guiones?

El cineasta tiene que ser antropófago, no en el sentido físico, sino metafórico; uno se nutre de los demás, cada vez hay más cambios. Desgraciadamente, algunos toman la vía rápida de “ahí escribo” y se van generando proyectos fallidos; hay que darle a la historia estructuras dramáticas sólidas, puede no gustar lo que sucede, pero se reconoce que está bien contada. Hay unos cineastas que lo traen genéticamente, como es el caso de Jonas Cuarón con Desierto.

En esta universalidad de la globalización comercial que vive la humanidad, lo profundo nacional, lo profundo local, lo profundo personal se vuelve universal si es realmente de raíces profundas; los seres humanos son uno en todo el mundo.

 

En términos de contar historias, ¿qué hemos ganado y qué hemos perdido?

Con respecto al guión, el cine mexicano ha ganado siempre, esto no quiere decir que no haya baches, aunque también ha habido buenas etapas como el cine que se producía antes, en las décadas de los setenta y ochenta, con los nuevos directores como los Fons, los Cazals, los Ripstein. Hoy, más que nunca, con escuelas de cine como el CUEC y el CCC, que ya tienen 40 y 50 años, es determinante para que nuestros cineastas estén siendo preparados.

Para mí, el guión es una herramienta, pero adentro de ella hay carnita, ¿cuál es la esencia, el corazón?, contar historias, que la narración fluya; tal es el caso de Sopladora de hojas, una historia que se le ocurrió a un joven que piensa en los más jóvenes. En la actualidad se siguen contando historias nuevas, relativamente, porque no hay nada nuevo en la humanidad, simplemente la forma de contar es distinta; por ejemplo, ahora se utilizan los innovadores.

Si se quiere experimentar, primero hay que conocer las estructuras de los diferentes géneros —terror, comedia, del drama moderno, del melodrama grave, etc.—, para saber dónde se van a modificar, eso es determinante. En el cine todo es posible, pero en lo que se refiere al guión, hay que hacerlo con rigor; de entrada, debe tener el lenguaje correcto y sin faltas de ortografía. Un buen guionista debe tener la vocación.

Desde que estaba como director de los Estudios Churubusco he tenido un sueño: la conformación de un banco de guionistas como en Estados Unidos, conformado por miles de guionistas que viven de escribir guiones. En México tenemos que escribir guiones por necesidad, cuando lo idóneo es dedicarle de seis a 12 meses; aunque hay que reconocer que son sociedades distintas y no tenemos que copiarlos o compararnos con ellos.

Si uno revisa las comedias de la Época de Oro del cine mexicano de Pardavé, Tin Tan o del mismo Cantinflas, de la primera época, son comedias a la mexicana, porque están adecuadas a nuestra realidad, están cuidados los tres actos que definió Aristóteles.

 

¿No tendrá mucho que ver que los jóvenes no leen tanto o no tienen muchas referencias?

Sí, me ha sucedido, quizá no tanto con los guionistas como con los realizadores; en el caso del guionista, su nutriente son las palabras y para nutrirte, tienes que leer, aunque sea noticias, pues si no lees lo que sucede a diario, no sabes qué sucede en el universo. Estoy de acuerdo contigo, al pulverizarse el conocimiento a través del internet, no puedes integrarte, pero también por medio del internet la gente ha podido leer obras completas y encuentran el goce de la lectura.

Es una transición que debemos reconocer, los guionistas son cada vez mejores y yo, como compartidor del conocimiento a través de la docencia, aprendo mucho de ellos. Los jóvenes tienen mucho que decir, que no sepan cómo es una cuestión de la metodología, mas no de la técnica, que tienen que adquirir. Es muy común ver que los documentalistas quieren hacer ficción y los ficcionistas, documental; no toman distancia de la realidad.

El documentalista tiene que incursionar en la realidad, lo más profundo que puedan y el ficcionista tiene que impregnarse de la realidad y distanciarse para ver qué es lo que van a contar de la realidad, son dos enfoques distintos de una misma situación. Actualmente se hace mixturas, mezclamos documental y ficción y decimos que es un falso documental o falsa ficción. Todo se vale, hay que darle un sentido, una razón de ser a la historia.

 

En tu trabajo como profesor has tenido momentos importantes, claves. ¿Podrías compartir algunos de ellos que te hayan marcado?

Sí, hay muchos momentos que me han marcado como profesor, entre ellos, haber sido fundador de una universidad como la uam Xochimilco; me marcó porque tuve la libertad de aportar todo lo que podía imaginar de mi experiencia, el rector me dio toda su confianza y logramos arrancar los talleres de Comunicación Social de una universidad nueva, con una metodología nueva, con una visión distinta de formación.

Posterior a ello, he formado parte del Taller de Óperas Primas del ccc, donde participó Carlos Carrera con La mujer de Benjamín; me han invitado de universidades en Hidalgo y Tabasco para proponer cursos donde se vincule el guión y la dirección, el guión y la producción, el guión y la actuación, para profesionales que están vinculados al quehacer cinematográfico, lo que me ha satisfecho mucho. Parto de la premisa de que la educación es poder transmitir lo que uno ha aprendido para que los demás la utilicen y me superen, que sean mejores que yo.

Por otra parte, tengo satisfacciones muy grandes, como el Premio a la Docencia por la Excelencia Pedagógica que me dio la Asociación Internacional de Escuelas de Cine y Televisión (Centre International de Liaison des Escoles de Cinéma et de Television, cilect), el cual responde a todo esto. Las personas reconocieron, de alguna manera, que compartir conmigo el conocimiento fue importante para ellos, y aportaron cartas, entre ellas la de Alfonso Cuarón, que el cilect tomó mucho en cuenta.

El premio vine a consolidar tantos años dedicados a la docencia. El hecho de que el cilect reconozca mi trayectoria y me nombre el mejor maestro de la enseñanza del cine y la televisión en el mundo en el 2014 es una gran satisfacción. La educación, la formación y la capacitación tienen que ser casi una postura, digo casi una postura, porque yo no he vivido, salvo una cierta etapa de mi vida, de dar clases. Yo doy clases y sigo de actividad profesional, ésa ha sido una premisa que siempre he planteado.

Tenemos que incentivar a los estudiantes a que avancen en su proceso y una vez que aprendan algo, que regresen para que compartan el conocimiento. La educación es lo único que aporta elementos para ser mejor, crecer en el sentido del conocimiento y de la actitud ante la vida. Otra satisfacción ha sido reunirme en clases con los grandes cineastas del país, compartir visiones del cine con los alumnos es un goce increíble.

 

Hemos hablado de la importancia que tiene la educación. ¿Por qué en México no se reconoce la labor del profesor, por qué se le trata mal y no se le da el reconocimiento que debe tener?

Yo pienso que sí se le reconoce, aunque la circunstancia no es generada por razones formativas y educativas, sino por razones políticas y prefiero no opinar, porque son justificaciones a lo largo de la historia. Si tú consolidas este sindicalismo institucionalizado y, de pronto, ya no lo necesitas y lo pateas, me parece un equívoco.

La razón por la que no se le da el reconocimiento es la capacitación permanente de los maestros, la cual ha estado ausente a lo largo de muchos años. Ésa es una de las premisas fundamentales que estoy planteando si llego a ser director del ccc, y no me refiero a los exámenes, que son un juego político-laboral al que no me quiero meter. El maestro es un ser vivo que tiene que prepararse al máximo, actualizarse y capacitarse; la norma formativa de los maestros no es nada más que estudien en una normal o en la Universidad Pedagógica —que deben seguir existiendo—, sino que se capaciten en su formación, es decir, la premisa que yo aplico de compartir con mis alumnos es la misma que los maestros deben compartir con otros maestros, entre pares. La capacitación es lo que debemos priorizar.

 

¿Y apropósito de ello, en que momento llega tu nominación como parte de los candidatos para dirigir el CCC?

El que esté en la terna, ahora ya son cuatro, para dirigir el CCC, a petición del Consejo de la propia escuela llega en un momento de revitalización de mi vida. Cuando alguien reconoce que tu trayectoria puede ser útil para los demás, qué más puedo pedir. Yo tengo un Ariel, una Diosa de Plata, hacer una película, eso uno lo busca.

La nominación se da como un colofón, como un reconocimiento a mi trabajo como parte del cine mexicano. Estoy consciente de que es una selección de cuatro personas, pero creo que si uno no pone su máximo esfuerzo en la acción del día, no vale la pena nada.

 

En caso de que quedes en la dirección del CCC, ¿cuáles serían tus prioridades en tu plan de trabajo? ¿Qué te gustaría apuntalar en una escuela tan prestigiosa?

Lo primero que hay que hacer es inmersionar en la profundidad de lo que es el CCC para retomar lo que ha sido acertado en los últimos años. La última administración, la de Henner, ha tenido resultados maravillosos. Le ha dado una fuerza increíble a la fotografía, lo que me parece muy bien; sin embargo, hay que reforzar de la misma manera el guión, la dirección; darle mayor peso específico a la narración cinematográfica tanto en el guión y la dirección como en la producción y la consolidación de la metodología.

 

¿Existe alguna carencia en la que haya que trabajar?

La carencia es la misma que se genera por ser una dependencia del Gobierno Federal: los recursos; pero si hay pocos, con eso hay que hacer cine. Ésa es una de las primeras enseñanzas que uno aprende del ccc, “cuánto tienes y con eso, hacer la película que quieres”, de ahí que ha crecido tanto el número de egresados que han logrado, con imaginación, creatividad y solidaridad, desarrollar sus proyectos.

 

¿Nunca has pensado dejado la docencia y dedicarte sólo al cine o a escribir guiones?

Nunca pasó por mi mente, porque mi razón para hacer cine no es nada más el guión; tiene años que escribí mi libro, porque me di cuenta, después de viajar por Estados Unidos, de que nosotros no tenemos un libro que nos diga cómo debemos escribir un guión y que haya historias que contar.

Ahora que estoy en el Eficine, cuando veo un guión, digo: “ésta es la historia que me gustaría filmar”. El guión es el embrión de la historia, si el guión está bien, el embrión va a vivir y va a tener vida cuando esté en la pantalla. Doy clases de guión porque quiero encontrar el guión que quiero dirigir.

 

¿Cómo llegaste a la docencia?

Formé parte de una generación que nos educó con una historia educativa fundamental que se llamaba Somer Hill, quien fue una experiencia que, cuando teníamos 25 0 30 años, nos marcó para siempre. Era la educación perfecta en Inglaterra y después fue un fracaso terrible, porque la gente se suicidaba; era una escuela aislada, donde los estudiantes hacían lo que querían.

Cuando se crea la Universidad Autónoma Metropolitana, me invitan, acepté y le dediqué horas, días enteros a preparar los talleres de Comunicación (Diseño para la Comunicación, Foto Fija, Cine, Televisión, Sonido), donde estuve cinco años. Los siguientes cinco años los dediqué a mi libro, luego me invitaron de la escuela de la Sogem y de distintas universidades a dar pláticas sobre guión; entonces, fui caminando en ese sentido, porque hay que tener el soporte para contar una historia. Pero ¿por qué me dedique a enseñar?, por eso, por la necesidad de tener guiones que leer, porque es lo que le hace falta a este país.

No tenemos suficientes guionistas para una cinematografía como la nuestra. Para tener cien proyectos se necesitan por lo menos 150, entonces, se recurre a esta mexicanización de multichambas, donde los directores hacen el guión que da la esencia a lo que se va a contar.

Por otro lado, adecuar historias ya existentes significa investigar, no copiar. No hay fórmula.

Mi trabajo como profesor me ha llenado de satisfacciones por todos los egresados que han estado en los cursos que he impartido, porque, como dice el dicho popular, las historias se pueden contar con rigor, con disciplina y, lo más importante, con goce, pero si no es así, el consejo es que mejor no se haga.

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Foto: Pedro González Castillo.

XII Festival Internacional de Cine de Morelia

octubre 20, 2016

Proyección internacional de filmes mexicanos

Por Andrea Stavenhagen, Pablo Baksht, Paula Amor y Rodrigo Toledo

En 2003 se efectuó la primera edición del naciente Festival Internacional de Cine de Morelia, un encuentro cinematográfico internacional de gran calado, con poderosos estrenos en México o en el Continente, además de distinguidos invitados de renombre mundial que, sin embargo, mantiene el foco en la producción joven, independiente y de lenguaje renovado a través de sus secciones competitivas, como ocurrirá en su edición del 2016.

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El Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) mantiene, desde su fundación, en 2003, un vínculo muy cercano con la Semana de la Crítica del Festival de Cannes, la cual se ha especializado en presentar primeras y segundas películas. A partir del año 2005, una selección de películas de la Semana de la Crítica se presenta, año con año, en Morelia, con la presencia de algunos de sus realizadores o protagonistas. A su vez, la Semana de la Crítica proyecta algunos de los trabajos ganadores del festival. Este año, presentamos cuatro cortometrajes del xiii, con la presencia de todos los realizadores: El buzo, de Esteban Arrangoiz (Mejor Cortometraje Documental); Rebote, de Nuria Menchaca (Mejor Cortometraje de Animación); Mil capas, de Tess Anastasia Fernández (Selección Oficial), e Isabel Im Winter, de Laura Baumeister y Teresa Kuhn (Selección Oficial).

Para todos los realizadores que participan en el ficm, también es una oportunidad única presentar sus trabajos en Cannes, pero además de esta función especial, en conjunto con la Semana de la Crítica se ofrece la fiesta “La última noche”, una celebración que se ha convertido en un punto de reunión importante para invitados, actores, cineastas y personalidades de la comunidad cinematográfica internacional en Cannes.

La relación ha ido fortaleciéndose año con año, incluyendo la participación de la directora fundadora del FICM, Daniela Michel, como jurado en el Festival de Cannes en dos ocasiones –en 2011 en la sección Una Cierta Mirada y en 2014 de la Semana de la Crítica.

Presencia alemana

Con motivo de la celebración del Año Dual Alemania-México, como parte se dedicará un programa entero al Festival Internacional de Cine de Berlín, que en febrero pasado efectuó su sexagésima edición en una curaduría conjunta. La selección resultante, ofrece una decena de títulos del programa oficial de la Berlinale, la sección paralelaRetrospective: Germany 1966-Redefining Cinema (Alemania 1966-Redefiniendo el Cine), y otra más de cine clásico alemán. También se presentarán iniciativas del festival comoWorld Cinema Fund y Berlinale Talents, y visitarán Morelia tanto su director, Dieter Kosslick, como otros representantes para presentar el Berlinale Spotlight, cuyo programa se dará a conocer en septiembre de 2016.

Ventas y marketing

Además, en conjunto con el Festival del film Locarno, el ficm organiza, del 23 al 27 de octubre, el Industry Academy International, cuyo objetivo es profesionalizar jóvenes interesados en desarrollarse laboralmente en las áreas de ventas internacionales, marketing, distribución, programación, exhibición y curaduría, mediante un programa de cinco días intensivos de trabajo, con participación de expertos y profesionales del medio, y un taller hecho a la medida de cada uno de los diez participantes, tanto nacionales como extranjeros.

El Industry Academy International en Morelia es resultado de la relación de muchos años entre el Festival del film Locarno y sus socios internacionales. El proyecto pone de manifiesto la dedicación permanente de involucrar a una nueva generación de profesionales clave en la industria cinematográfica independiente, ayudarles a adquirir mayor comprensión de los retos de la industria y brindarles la oportunidad de ampliar su red de contactos, así como construir puentes a través de diversos mercado.

Desarrollo de proyectos

Como parte de la contribución del ficm a la proyección internacional del cine mexicano, se realiza por segundo año Impulso Morelia, iniciativa surgida en 2015, que ofrece un nuevo espacio de visibilidad internacional, de intercambio de ideas y de reflexión entre realizadores mexicanos y profesionales de la escena cinematográfica mundial.

Es importante precisar que Impulso Morelia no es un espacio académico ni constituye un mercado de coproducción. Es una sección para impulsar el desarrollo y la terminación de proyectos fílmicos a partir del diálogo constructivo, respetuoso y directo con actores de la escena cinematográfica internacional. Un programa de películas en post-producción y, desde este año –al ampliar la convocatoria– de proyectos en desarrollo que será presentado por los respectivos equipos de cada proyecto ante programadores de festivales nacionales e internacionales, productores, distribuidores y agentes de ventas. Este año Impulso Morelia se consolida como una oportunidad única dirigida a la reflexión conjunta y al desarrollo, la conclusión, la promoción y la circulación de las propuestas que serán seleccionadas para participar. Los seis títulos en etapa de post-producción y los seis proyectos en desarrollo que la sección reúne tendrán también la oportunidad de ser seleccionados por el jurado internacional designado para el efecto para recibir alguno de los importantes reconocimientos que se ofrecen.

Homenajes nacionales

En esta edición, además de los invitados internacionales que serán homenajeados, el homenaje michoacano se dedicará a la actriz Consuelo Frank, quien es oriunda de Arteaga, Michoacán, donde nació en 1912, y participó en los primeros filmes silentes y en producciones de la Época de Oro del cine mexicano, así como en obras de teatro y programas de televisión nacional.

Por otra parte, se realizará una retrospectiva en honor al realizador duranguense Julio Bracho, quien, tras dirigir teatro, tuvo una prolífica carrera como realizador de una treintena de filmes, que inició con la comedia ¡Ay qué tiempos, señor don Simón! México, 1941), un éxito en taquilla que recaudó la cifra récord de 137 mil pesos y que sufriera una larga censura cinematográfica con su adaptación cinematográfica de La sombra del caudillo (México, 1960), sobre la novela homónima de Martín Luis Guzmán. La retrospectiva se compone de los siguientes títulos: ¡Ay, qué tiempos señor don Simón!, Historia de un gran amor (México, 1942); Distinto amanecer (México, 1943); La corte de Faraón (México, 1944); Crepúsculo (México, 1945); Rosenda (México. 1948), y La sombra del caudillo. Además, se realizará la exposición fotográfica Julio Bracho, el misterio de la luz crepuscular, con imágenes del archivo de Fundación Televisa, entre el 21 de octubre y el 18 de noviembre, en la Plaza Benito Juárez.

Imagen y competencia

La imagen oficial del decimocuarto ficm, creada por el diseñador Rodrigo Toledo, es una cámara de cantera, que el propio autor explica: “Esto no es una idea particularmente original, pero no se trata simplemente de una cámara de cine. Es, primero que nada, una cámara de cine hecha de cantera, de cantera rosada –roca ígnea, es decir, de origen volcánico, del tipo de las riolitas y las ignimbritas–, material sobre el cual está asentada y del cual está hecha la hermosa ciudad de Morelia. Bueno, también lo están Zacatecas, San Luis Potosí, San Miguel, pero Morelia es la auténtica “Ciudad de la cantera rosa”. Hay otros motivos por los cuales no es simplemente una cámara de cine, y, aunque parece recurrente, el proceso gráfico va cambiando, tomando peso y carácter.

“La idea surgió hace un par de años queriendo rendir tributo al arte nacionalista revolucionario mexicano, lamentando la reforma energética promulgada el 20 de diciembre de 2013, entre otros motivos, pero también por simple admiración y fascinación por esta corriente artística. La fuente de inspiración es, principalmente, el arte escultórico monumental que va de los años 20 a los años 50. Pero, el resultado final tiene tintes, incluso, del arte constructivista soviético, movimiento que, a su vez, influyó significativamente al arte mexicano de la época.”

“Lo que en un principio pretendía ser la representación de todo un equipo de rodaje: el crew, con director, fotógrafo, sonidista… a la manera de, por ejemplo, el Monumento al Caminero, terminó resumiéndose simplemente en una cámara de cine. Quizás lo más sensato hubiera sido representar una actual, una cámara de cine digital. Pero no, una cámara digital no tiene mucho chiste, a diferencia de lo icónica que puede resultar una tradicional cámara de película. El resultado fue un aparato ecléctico. Una mezcla de elementos que resulta en una cámara de cine de 35 mm, pero armada con partes sueltas de cámaras de los años 30.”

La Selección Oficial en Competencia del xiv ficm, se conforma por 104 títulos en total,

15 de los cuales conforman la Sección de Largometraje Mexicano, ocho de los cuales son óperas primas. La convocatoria de este 2016 atrajo el registro de más de 800 trabajos, provenientes de toda la República Mexicana, de los cuales se seleccionaron 60 cortometrajes: 16 michoacanos, nueve de animación, 13 documentales y 38 de ficción, además de 13 documentales y 15 de ficción.

La decimocuarta edición del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), se llevará a cabo del 21 al 30 de octubre de 2016 en la capital michoacana.

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Undécimo y renovado DocsMX

octubre 12, 2016

Necesitamos entender nuestra realidad

Por Pau Montagud

Superando una década de historia, el Festival Internacional de Cine Documental de la Ciudad de México, DocsMX –previamente llamado DocsDF–, alcanza su undécima edición con una estructura muy clara en la que se ofrecen distintas plataformas para la producción y coproducción nacional e internacional de cine documental; espacios educativos para la formación continua de los interesados; un abundante circuito de salas alternativas para mostrar sus selecciones anteriores; casi 300 proyecciones, y proyecciones al aire libre en la colonia Condesa y en las Islas de Ciudad Universitaria.

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En coordinación con el Dok.Fest de Múnich y el Instituto Goethe, lanzamos el proyecto Docunexión Mx-De, que es de vital importancia para la undécima edición del Festival Internacional de Cine Documental de la Ciudad de México (DocsDF). Creemos en la idea de que un festival de cine, que proyecta películas, debe generar películas nuevas. De otra manera se complica mucho el compromiso de aportar, aunque sea un pequeño grano de arena, a la industria y a la comunidad cinematográfica nacional. En el caso específico de Docunexion, es la cuarta edición en la que se realiza. Se trata de un seguimiento de proyectos documentales entre dos países, en específico, buscando y preparando el terreno para la coproducción, que es la salida más viable y confiable para los nuevos documentales, ya se ha realizado con Quebec y con el Reino Unido, y este año con Alemania, en ocasión de la celebración del Año Dual México-Alemania. Con este proyecto se crea una selección de proyectos provenientes de ambos países, se contratan a asesores de ambos países y se presentan ante productores locales en festival análogos, en esta ocasión cada uno en una parte del charco. Creemos que es una fórmula que funciona.

El Reto Docsdf nació en 2007 ante la inexistencia de convocatorias públicas, y mucho menos privadas, de apoyo a la producción de cortometraje documental. El corto es un género de un valor cinematográfico incuestionable, con el que nació el cine en sí, por definición técnica. Pero, además, normalmente se trata de los comienzos de prometedoras carreras cinematográficas y, por lo tanto, debería ser casi una obligación apoyarlo. Aunque seamos el Festival Internacional de Cine Documental de la Ciudad de México, intentamos descentralizar esta forma de apoyo a otros puntos de la República. Ya lo hemos hecho en Tepoztlán, Zacatecas, Tijuana, Mexicali, Colima y, en esta ocasión, Puebla. No se trata de eventos aislados, ya que el proyecto es que se quede permanentemente en estas localidades de manera anual y lleguemos a ser una potencia en el cortometrajismo internacional, como lo son Polonia o Brasil. En esta edición vamos a superar los 80 cortos producidos, con una buena carga de premios nacionales e internacionales y un Ariel. No nos importa que sean previos o posteriores a la realización de estos Retos a la del mismo festival. Las fechas simplemente se adecuan y acuerdan con las instituciones locales que nos apoyan.

Al final, lo más importante para un documentalista es encontrar buenas historias. Si no hay una buena historia, y no se cuenta bien, no hay buena película. Es una regla de tres inquebrantable que no puede ser suplida con ningún alarde de efectos especiales ni con secuelas que intenten arreglar el desaguisado de una mala película, como suele ocurrir en la ficción demasiado a menudo. La Plataforma Mx se trata de eso, de una convocatoria abierta para ideas de documental, para proyectos que aún no están en un proceso de desarrollo avanzado. El objetivo es apoyar buenas ideas para que se conviertan en buenos proyectos, en carpetas bien desarrolladas que puedan tener éxito en cualquier convocatoria o mercado de coproducción al que se presenten. Esos tres apoyos por hasta 65 mil pesos que otorga el Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine) son un buen motor de arranque para que esas ideas maduren y se desarrollen además mediante un taller que llevamos a cabo específicamente para los seleccionados. Es otro componente que sirve para apoyar a los realizadores que son los que dan vida al festival y a los que sólo solemos ver en las fotos recurrentes de los estrenos de sus películas en los festivales. Cuanto más puedan sacar del festival, mejor para todos.

Doctubre es ya un proyecto totalmente establecido entre los seguidores del festival. Al igual que nos debemos al público ofreciendo la mejor programación de cine documental y que apoyamos a los cineastas con nuestros componentes de industria y formación, del DocuLab, queremos apoyar a otra contraparte, la de los exhibidores independientes, y con ese espíritu nació Doctubre. No queremos seguir en ese debate viciado de que los grandes corporativos no nos prestan la atención que merecemos en sus pantallas, no es nuestra guerra. Tenemos que crear nuestras propias redes de exhibición, nuestras propias dinámicas y Doctubre es una de ellas. Dada la repercusión dada en la República Mexicana, con más de 150 sedes y ante peticiones foráneas, hace un par de años decidimos abrirlo a otros países de Iberoamérica. Cineclubes, centros comunitarios, casas de cultura, universidades e incluso penitenciarías se convierten en sedes de Docsdf, y estamos bien orgullosos de ello.

El documental de investigación, periodístico ha sido medular en la historia del cine documental contemporáneo. Gracias a la eclosión de las nuevas tecnologías, tanto en el ámbito de la producción como el de la exhibición, del consumo, lo está siendo cada día más. Crecientemente, cada vez más medios de comunicación nacen o se reconstituyen hacia el documental periodístico o de investigación –que es lo mismo– dado que la demanda crece también exponencialmente. Aquí en México se da además la circunstancia de que el género tiene más urgencia dada la situación del país. La necesidad del periodismo audiovisual hace que nos tengamos que centrar mucho en él y más en las condiciones de seguridad de los que lo ejercen. No es posible vivir en un país en el que no puedes caminar tranquilo con una cámara en la mano. Debemos luchar por nuestra necesidad de informarnos, pero de informarnos bien. Estamos muy contentos de ver reflejadas las realidades de otros países en las pantallas de Docsdf pero es insostenible no poder ver, con normalidad y naturalidad, nuestra realidad propia. Es una situación absurda, alarmante y bastante, bastante patética.

El género documental siempre se ha caracterizado por su subjetividad, de la que hace gala. Es necesario, y además es un requisito irrenunciable, partiendo del hecho de que trabajamos con el cine de lo real. El documental desligado de lo real será otro género, respetable, pero es otro género que no queremos. Amamos la realidad y queremos verla, nos guste o no, y por ello trabajamos. Además, es un reto apasionante ya que lo que caracteriza a lo real es que está vivo, que es cambiante y año con año los panoramas y las circunstancias pueden haber cambiado radicalmente. No nos atenemos solamente a las mejores películas que se han hecho en el año, sino a qué es lo que ha pasado en el año, qué es lo que está pasando o qué es lo que puede pasar. Necesitamos entender nuestra realidad. Tenemos los medios, ahora debemos poner nuestro esfuerzo en hacérselos llegar al público.

Desde el año pasado la programación de Docsdf sufrió una ruptura muy importante, y lo hizo para bien, dada la opinión tanto del público asistente como de los jurados como de los propios realizadores participantes. Ya que esa realidad de la que hablábamos es cambiante nuestra programación y nuestras secciones también. Dejamos los criterios meramente geográficos –Mejor Documental Internacional, Iberoamericano, Mexicano, etcétera– para que sean los criterios temáticos y narrativos los que guíen al espectador atendiendo a sus gustos e intereses. Así, este año tenemos programada una sección, Breaking docs –que ya estuvo el año pasado– acerca de la actualidad en cualquier parte del planeta; Docuthriller, que es exactamente eso: thrillers reales muchos de los cuales se convierten después en ficciones; Around the cities, una sección en la que la ciudad, ese microcosmos que mueve al mundo, o al menos en la que habita la gente que domina al mundo, es la protagonista; habrá de igual manera una sección deportiva, una sección en la que presentaremos el mundo del deporte no desde su punto de vista mediático, sino desde su trasfondo social e incluso activista, además de otra sección de documental poético-sensorial.

Estamos trabajando en los invitados y en las actividades especiales justo en estos momentos. El grueso de nuestros invitados se nutre, obviamente, de los realizadores, y de los protagonistas de nuestras películas seleccionadas. Intentamos tener entre 100 y 150 proyecciones presentadas directamente por estos invitados, son el alma del festival ya que son el nexo de unión último entre la historia que han contado y el público que la ha visto. Además contaremos con personalidades del mundo documental que viene de instituciones como el Massachusetts Institute of Technology (mit) o de la Universidad de Harvard, que nutrirán con acreditada calidad nuestro DocsForum. En cuanto a las actividades, creo que han quedado bien resumidas: programación con casi 300 proyecciones, Reto Docsdf, DocsForum y además dos programaciones estables y permanentes durante el festival, al aire libre y de manera gratuita: en la colonia Condesa y en las Islas de Ciudad Universitaria, entre el 13 y el 22 de octubre.

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La diferencia de clases y de emociones en “Desde allá”, de Lorenzo Vigas

octubre 8, 2016

Generar diálogo mediante la controversia

Por Gonzalo “Sayo” Hurtado

Retrato de la Caracas actual, a través de la homosexualidad no asumida de un cincuentón que goza sólo con mirar desnudos a jóvenes pobres, la película Desde allá, es tan profundamente venezolana como muestra fehaciente de la colaboración latinoamericana posible, con un equipo integrado por mexicanos, chilenos y brasileños. La recompensa no pudo ser más halagüeña: el León de Oro a la Mejor Película en la pasada Mostra de Venecia.

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“Hay una situación, a nivel país, que obliga a los artistas a levantar su voz”, así de contundente se expresa el realizador venezolano Lorenzo Vigas. Su presente no puede ser más satisfactorio: su ópera prima Desde allá (Venezuela-México, 2015), se alzó con el León de Oro a Mejor Película en el septuagésimo segundo Festival Internacional de Cine de Venecia –la Mostra−, primer filme latinoamericano en alzarse con el galardón, y a su paso por el sexagésimo tercer Festival de San Sebastián, obtuvo una Mención Especial en la sección Horizontes Latinos.

Desde allá no es una película fácil de seguir, pero quien se toma el trabajo de apreciarla encontrará más de un motivo de satisfacción. Desde el inicio, la opera prima de Lorenzo Vigas está envuelta de un halo de misterio. El protagónico, a cargo del chileno Alfredo Castro –actor fetiche en prácticamente toda la obra del director Pablo Larraín (Tony Manero, 2008; Post Mortem, 2010; No, 2012; El club, 2015)–, suponía todo un reto para un actor de su fuste.

La historia empieza con el mapochino referido interpretando a Armando, un tipo de clase media baja que sale adelante en Caracas gracias a un taller de prótesis dentales, pero al intentar hurgar en la vida de este personaje, es poco lo que sabemos de él a ciencia cierta, salvo que mantiene una relación distante con su padre por problemas irresueltos de un pasado oculto. Aquí sale a relucir el tema de la incomunicación, ya que Armando la arrastra como un lastre que no le permite conectarse no solo con su progenitor, sino con el resto de la sociedad, a la que parece haber renunciado por un tácito acto de protesta consigo mismo.

Pero Armando mantiene un ritual que no deja de practicar: le paga a jóvenes marginales para que se desnuden ante él, y es que su siguiente acto fallido es el no haber asumido por completo su condición homosexual, la que satisface solo por retazos. Es en esa dinámica que conoce a Elder (Luis Silva), un violento delincuente de poca monta a quien se irá ganando poco a poco con generosos regalos, hasta prácticamente ejercer sobre él una extraña seducción.

Hasta aquí, la historia se desenvuelve entre el hermetismo del departamento de Armando y la realidad del retrato marginal de Caracas. A pesar que la historia no se compromete con el tema político de la Venezuela actual, es evidente que el tejido social más vapuleado de la sociedad se exhibe en la puesta en escena que mantiene este contexto más como telón de fondo que como una directriz de la película. El ritmo por el que opta el director es sosegado, pero conforme avanza el relato, la intriga se incrementa a medida que Armando consigue poner a su salvaje amigo de su lado, aunque sin esperar claramente nada de él.

Así, Desde allá se revela como una suma de frustraciones, deseos ocultos y pasiones irresueltas, pero que Vigas encausa con fina habilidad al sugerir sus intenciones a través del choque de estratos sociales opuestos, esbozando una historia de amor en tono bizarro no a partir del hecho mismo de la homosexualidad, sino por el choque de caracteres entre dos sujetos fracturados emocionalmente y que utilizan su condición de clase como un sistema de defensa frente a la realidad.

Nacido en Mérida, Venezuela, en 1967, Lorenzo Vigas Castes primero estudió biología molecular en la Universidad de Tampa y luego cine en la Universidad de Nueva York, en Estados Unidos. A su regreso, dirigió la serie televisiva Expedición, para Radio Caracas Televisión Experimental. Durante varios años radicó en México, país donde dirigió su primer cortometraje, Los elefantes nunca olvidan (México, 2004), que él mismo produjo junto con el escritor Guillermo Arriaga. Ahora, basado en una idea del propio Arriaga −quien fungió también como productor, junto con los mexicanos Michel Franco y Gabriel Ripstein, así como tres venezolanos, el actor Édgar Ramírez, el productor Rodolfo Cova y el propio Vigas−, Desde allá, producida por la empresa mexicana Lucía Films junto con las locales Factor rh Producciones y Malandro Films, tuvo su estreno mexicano durante el décimo tercer Festival Internacional de Cine de Morelia. Unas semanas antes, se realizó el siguiente diálogo con el director Lorenzo Vigas, tras la presentación de su primer largometraje en el Cine Trueba de San Sebastián.

 

¿Esperabas un triunfo cómo el que lograste en Venecia?

Mira, cuando la película fue proyectada en el festival, hubo una reacción muy fuerte hacia ella y todos comenzaron a comentarla mucho. Estaba en boca de todo mundo y sentimos que tuvo un gran impacto durante la proyección. En ese momento, al darme cuenta de la reacción de la gente, yo me dije: “Bueno, quizás obtengamos algún premio”, pero de ninguna manera pensábamos en el León (de Oro). Cualquier otro reconocimiento hubiera sido bien recibido, pero estamos muy felices de haber conseguido el principal. Es un premio para todo el equipo que trabajó tan duro y yo se lo dediqué a Venezuela, porque mi país está pasando por momentos muy difíciles.

¿Tenías idea del rebote que la película podía tener a partir de temas como la homosexualidad?

Pienso que esta es una película honesta que va a causar muchas reacciones porque toca temas polémicos. Creo que la responsabilidad de los artistas es crear diálogos entre opiniones encontradas. No es una película que le va a gustar a todos, pero está hecha honestamente y va a crear controversia, pero la idea es esa: generar a través de ella el diálogo, que es algo que en mi país se ha perdido.

El año pasado, Pelo Malo (Venezuela-Perú-Argentina-Alemania, 2013, de Mariana Rondón) ganó aquí en San Sebastián. Ahora le tocó el turno a Desde allá, en Venecia. ¿A qué atribuyes estos logros del cine venezolano?

Esto es producto de todo. Primero, hay una situación a nivel país que obliga a los artistas a levantar la voz, a dar su opinión, a expresarse. Después, hay que destacar el trabajo del Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (cnac), que se mantiene independiente, ha apoyado proyectos y ha permitido que esta voz que se quiere expresar en Venezuela pueda tomar forma. Es bueno que en el exterior se hable del arte en mi país y no tanto del tema político, que ya nos cansa un poco. Por ejemplo: ahí tienes el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Infantiles y Juveniles de Venezuela, que es muy importante y ahí tienes el cine. Es bueno que la gente se fije en nosotros por nuestra condición artística.

Aun así… ¿quieres compartir algún punto de vista sobre la situación política actual de Venezuela?

Yo estoy aquí para hablar de cine, no de política. Creo que la mejor forma que tienen los artistas de dar un punto de vista es haciendo una obra honesta y yo creo que al menos traté que fuera así. En Desde allá hay un reflejo de país y una mirada que está implícita en ella.

¿Tu intención al reunir a un personaje de clase media con un chico marginal era reflejar la diferencia social en tu país?

No escribí la historia buscando generar un punto de vista particularmente ligado a lo social o a lo económico, pero la película ocurre en el Caracas de hoy en día y sí: hay una separación muy fuerte y cada vez más grande de clases. Además, lo más preocupante es que cada vez está más cortada la comunicación. Me parece muy interesante ubicar a un personaje como Armando, que está incapacitado de relacionarse emocionalmente con la gente, en el contexto de la Venezuela actual.

Los mexicanos Michel Franco y Guillermo Arriaga son grandes referentes del cine de su país. ¿Cómo se animaron a producir tu película?

Yo vengo trabajando con ellos hace mucho: son mis amigos desde hace unos 10 años. Los he ayudado en sus proyectos y ahora ellos lo están haciendo en el mío. Es una colaboración que no es reciente y que no es sólo eso. Quise hacer lo mismo que con mi cortometraje Los elefantes nunca olvidan: trabajar con un equipo latinoamericano. Me parece que en este momento estamos tan incomunicados que en Venezuela no se ve el cine peruano ni en Perú el de Venezuela. Tampoco vemos el cine colombiano, que es nuestro vecino. Por eso hice este esfuerzo y están no sólo los amigos mexicanos: tenemos como editora a la brasileña Isabela Monteiro de Castro y en dirección de fotografía al chileno Sergio Armstrong, además del también chileno Alfredo Castro como protagonista y el maravilloso equipo de Venezuela. Es interesante trabajar de esta manera porque permite conectarte con otros países y conseguir que tu película se vea en ellos.

La Villa del Cine es un gran logro en Venezuela. ¿Atribuyes esto a una lucha de todo el gremio de tu país o una política gubernamental?

Yo conseguí el financiamiento a través del cnac, que es otro instituto y que, afortunadamente, ha conseguido mantenerse autónomo. En el caso de la Villa del Cine, yo le atribuyo el mérito de su creación a ambas iniciativas: al gremio cinematográfico –que es muy fuerte en Venezuela– y a la Ley de Cinematografía Nacional que ha permitido financiar muchas películas. Felizmente, ambas fuerzas han coincido para hacer esto realidad.

La ley también les asegura la exhibición obligatoria…

Tenemos una ley que protege a las películas venezolanas y que permite que se exhiban por un tiempo determinado, eso me parece muy sano y necesario, pero también me parece que es responsabilidad de los cineastas hacer una obra competitiva. Estamos en un mercado, competimos y eso nos obliga a fijarnos estándares altos en nuestras obras. Tenemos que pensar en el espectador y si no somos capaces de mantener a la gente en las salas, entonces la película no vale la pena.

Édgar Ramírez es el actor venezolano más internacional del momento. ¿Te gustaría trabajar con él o prefieres actores menos mediáticos?

Édgar es el productor ejecutivo de este proyecto y claro que me encantaría dirigirlo. De hecho, me gustaría hacer con él lo mismo que hice en esta película: utilizar un actor tan importante como Alfredo Castro al lado de un elenco no compuesto por actores. Me gusta hacer esas combinaciones. Por eso me parecería interesante juntar a Édgar en algún momento con intérpretes amateurs.

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Este artículo forma parte de los contenidos del número 48 de la revista cine TOMA, de julio-agosto de 2015. Consulta AQUÍ dónde conseguirla.

El infierno de dos hombres atrapados en “7:19. La Hora del Temblor”, de Jorge Michel Grau

septiembre 27, 2016

El verdadero horror de estar enterrados

Por Irving Torres Yllán

Pese a que los terremotos que destruyeron extensas porciones de la Ciudad de México en 1985 fueron, indudablemente, la gran tragedia del siglo xx en la capital del país, la cinematografía mexicana se ha ocupado muy poco de retratar el horror y la destrucción que provocaron. Ahora, treinta y un años luego de los sismos, el realizador Jorge Michel Grau, afecto al género de terror, narra el claustrofóbico encierro de dos sobrevivientes atrapados por los escombros en 7:19. La Hora del Temblor.

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La fecha del 19 de septiembre de 1985 difícilmente se olvidará en el Distrito Federal. Ese día, la urbe se vio sacudida por uno de los fenómenos naturales más intensos que la hayan asolado: un sismo de tipo trepidatorio, a la vez que oscilatorio, que sacudió al país, alcanzando su punto de mayor destrucción en la capital de México, con una duración de casi dos minutos y una magnitud de 8.1 grados en escala de Richter. La cantidad de muertos aun es desconocida así como la de desaparecidos, aunque oficialmente se habla de 10 mil.

El tema ha sido tocado en diversas ocasiones por el cine mexicano, aunque el único largometraje de ficción dedicado enteramente a ello ha sido Trágico terremoto en México (México, 1987), de Francisco Guerrero y guión de Reyes Bercini, que aprovechaba los estragos que aún se veían en la ciudad unos meses después. Fuera de ello se le ha aludido en diversas películas como Mariana, Mariana (México, 1987, de Alberto Isaac), El día de los albañiles 3 (Y dónde te agarró el temblor) (México, 1987, de Gilberto Martínez Solares) o en Ciudad de ciegos (México, 1989, de Alberto Cortés).

Ahora, en 2016, se produjo una película que se adentra completamente en la situación al instalarnos al interior de un edificio que se derrumba durante el sismo, 7:19. La Hora del Temblor (México, 2016), dirigida por Jorge Michel Grau, quien en el 2010 sorprendiera con su debut cinematográfico Somos lo que hay (México, 2010) y ahora muestra un gran crecimiento y madurez como realizador.

Luego de estudiar Comunicación en la unam y realización por el Centro de Capacitación Cinematográfica (ccc), Grau se graduó en España, en la Escola Superior de Cinema I Audivisuals de Cataluya (escad) en la especialización de dirección cinematográfica. De regreso a México estudió en la escuela de teatro de la Universidad Nacional (cut), con Raúl Quintanilla, y dirección de arte en el ccc, con Alejandro Luna.

Destaca, en la cinta un extraordinario plano secuencia inicial que nos permite seguir a los personajes no sólo para presentarlos sino para que, de alguna forma, podamos ubicarles en el espacio físico y saber dónde están cuando la oscuridad les cubra. Luego de que ocurre el sismo y se desploma el edificio, es una genialidad la forma en que el director nos va abriendo el mundo, sacándonos de lo claustrofóbico del momento para dejarnos respirar cada vez un poco más. Pocas veces los directores mexicanos se atreven a jugar con los diferentes formatos en pantalla para crear sensaciones y, en esta ocasión, el resultado es impactante.

Producida por Alameda Films, Alebrije Cine y Video y Velarium Arts, 7:19 fue la película inaugural del xix Festival Internacional de Cine Guanajuato (giff). Rodada en los Estudios Churubusco y protagonizada por Damián Bichir y Héctor Bonilla, estrenará en la cartelera nacional el 23 de septiembre, con 250 copias de Cinépolis Distribución.

Por este motivo, les presentamos una entrevista con Jorge Michel Grau.

Podría parecer una película atípica respecto del cine de género que venías haciendo, pero que en realidad se inscribe muy bien dentro en tu trabajo, al abordar un tema social que roza el horror de muchas formas y que es sumamente actual, con ecos que nos alcanzan hasta este 2016.

Justo la urgencia de escribir un guión así fue lo que me movió a buscar un tema que pudiera, de alguna manera, mostrarnos lo que está sucediendo hoy en día en México. De lo que 7:19 va, a grosso modo, es sobre dos personas atrapadas en un edificio que se colapsa en el terremoto. Haciendo el símil con lo que está pasando ahora, un poco es esta tragedia que nos está aplastando, en este desorden de país que tenemos ahora, en este tiradero, es una tragedia que tiene a todos los mexicanos atrapados. Un poco por ahí fue por donde comenzamos a escribir esta historia. La primera motivación era recuperar este hecho de 1985 que tiene un largo aliento con lo que está pasando hoy en día y creo que funciona muy bien porque tiene unos símiles muy exactos con lo que estamos viviendo.

La cinta empieza con un largo travelling que muestra la interacción de todos los personajes y acabamos con dos protagonistas sin sentir nunca que sea teatral, ¿cómo llegaste a esto?

La apuesta era tratar de explorar lo que sucedía debajo de los escombros. Se ha visto mucho documental sobre el terremoto de 1985, hay muchos expertos –tanto cronistas, como historiadores, como gente que participó directamente en el rescate o en la posterior planificación de la ciudad–, pero todo eso sucedía afuera, en todo lo visible, y yo quería irme a este espacio invisible del que casi nadie habla, del que casi nadie sabe, el que era adentro de los escombros, el universo de las víctimas. ¿Qué pasaba con las personas adentro de los edificios mientras esperaba el rescate? En buena medida la gente podía creer que el gobierno estaba increíblemente movilizado para rescatarlos y conforme fue avanzando el tiempo nos dimos cuenta de que no era así, lo que sucedió fue que la sociedad civil tuvo que responder y reaccionar ante la tragedia, organizarse y rescatar a la gente. La apuesta era partir de las preguntas: ¿Qué pasa adentro de la tragedia? ¿Cómo la vive la gente?

Otro de los pretextos que buscábamos era esta exploración de las clases sociales: ¿qué pasa si uno de ellos es un político de alta alcurnia, que está en un puesto muy importante, del cual se beneficia, y el otro es un velador, una persona a pie, del pueblo, un trabajador que necesita largas jornadas de trabajo para poder sobrevivir? ¿Qué pasa cuando estos dos universos se enfrentan en un mismo espacio?

El reto, como lo planteamos desde el inicio, era hacer que estos dos personajes nos guíen por esta exploración. Ver esta situación a través de estos dos personajes completamente inmóviles, que no tienen espacio porque el edificio que los aplasta no sólo los confina a un sitio reducido, sino que los atrapa. Era simplemente ver una interpretación actoral que a través de los ojos, de una intimidad de ese tamaño, nos pudiera transportar a estos dos universos. El riesgo se tomó pensando en dos grandes actores que pudieran hacernos viajar a través de su interpretación y, la puesta en cámara trataba de romper con los planos convencionales, tratar de hacer una puesta en cámara que satisficiera al público y que no se aburriera, y que al final estuviera viendo una puesta en escena con dos personajes hablando toda la película.

En las tomas del edificio colapsado sorprendes con algo inusual en el cine mexicano: jugar con diferentes formatos de la cámara y la vas abriendo poco a poco conforme los personajes van descubriendo más de su entorno. ¿Por qué llegaste a esta decisión técnica?

Decidimos que esa era la mejor manera de hacer entrar al público al espacio. Primero, yo no quería mostrar todo de un jalón, quería mostrar este choque sorpresivo para todos, porque en 1985 nadie le tenía miedo a los temblores, por lo menos no a que se derrumbara la ciudad. La gente no salía de los edificios, se quedaba en el marco de la puerta, esperando a que pasara y ya. Toda la gente que se queda atrapada en este edificio en el filme es sorprendida por el terremoto. Ese era nuestro punto de partida, ¿cómo vamos a hacer que el público se sienta también encerrado y vaya conociendo el espacio? Jugamos con la imagen del iris del ojo, el cual, conforme se va acostumbrando a la oscuridad, tiene una mejor percepción del espacio, puede ver un poco más. Al principio cuando abres el ojo en la obscuridad absoluta no ves nada y conforme pasa el tiempo puedes ver un poco más y más hasta que tu ojo se acostumbra a la obscuridad y tienes una clara visión de lo que está sucediendo en el espacio en el que estas encerrado y por ahí nos fuimos, en generar esta claustrofobia, esta sensación de angustia de que al abrir el ojo no ves absolutamente nada y, conforme avanza el tiempo, vas descubriendo más cosas.

El segundo arranque era ir introduciendo ciertos elementos dentro de la narración que a lo largo de la película van a ir cobrando mucha importancia. No sólo el descubrimiento de Martín Soriano (Héctor Bonilla), el velador, que está a un lado del licenciado Fernando Pellicer (Demián Bichir), sino de los otros personajes que hablan durante la película y otros elementos como la radio, que son los que provocan que el aspecto de la película se abra, dándole al espectador la posibilidad de ver más allá de lo que está sucediendo, aunque estén en ese espacio tan confinado y tan pequeño. La percepción se va ampliando porque van entrando elementos narrativos importantes.

Creí esa era la mejor manera de plantearle al público la apertura de percepción.

En el cine mexicano no se le da tanta importancia al diseño sonoro pero en tu película es muy interesante y nos lleva a distintas profundidades, a diferentes capas del edificio.

Es un punto muy importante. Nosotros estábamos haciendo la apuesta del diseño sonoro, pues era el 50 por ciento de la narración. Nosotros estamos viendo a dos personas encerradas pero no sabemos lo que está sucediendo afuera. El camino que seguimos fue que al momento que Alberto Chimal y yo escribimos el guión, hicimos la línea de tiempo de la ficción que sucedía dentro de los escombros, pero estaba sujeta a la línea de tiempo del suceso real, a lo que estaba sucediendo afuera del cuadro, entonces el diseño sonoro atendía a esa necesidad. ¿Cómo vamos a hacer para que el hecho de ficción se ligue al hecho histórico? A través del diseño sonoro. Las cosas que van sucediendo en sonido, como la llegada de los primeros voluntarios, la llegada de los rescatistas, los perros que ladran justo antes del temblor, nos iban marcando esta veracidad de la historia y todo eso sucede en el diseño sonoro.

Por otro lado tenemos al otro gran personaje que es el edificio. El edificio tiene sometidos a estos personajes y está activo en la película, todo el tiempo se sigue comprimiendo y reacomodando, y conforme los personajes hablan o están dialogando ciertos temas, el edificio contesta, hay acentos dramáticos que da el mismo edificio. La película no tiene nada de música, nada de score, la apuesta era que fueran los sonidos del edificio: los rechinidos, el reacomodo, las piedras cayendo. El edificio está vivo junto con ellos. Christian Giraud, el diseñador sonoro, se fue a meter a cuevas para poder grabar esos silencios que tienen una característica muy especial… dejaba caer piedras para poder repetir esos sonidos en el edificio y tratar de inventar que pasa adentro porque hay poca documentación de momentos dentro de los edificios, hay mucha del exterior pero poca de adentro, nosotros sólo pudimos ver dos videos y son muy cortos, entonces tuvimos que inventar todos estos sonidos dentro de los escombros.

La gente podría pensar que 7:19 es uno de estos grandes dramas del cine mexicano, pero es una película con un humor negro demasiado fino, por momentos, una apuesta muy arriesgada. ¿Cómo fue la creación de este guión con Alberto Chimal, para llegar a los puntos dramáticos bien estructurados y, a la vez, tener humor para que el espectador se relaje y siga viendo el horror en pantalla?

Yo creo que es sintomático, está en nuestro gen, por eso Alberto y yo lo platicamos tanto. ¿Qué pasaría si una persona está en esa situación después de tantas horas? Y los dos llegamos a la conclusión de que seguramente haría un chiste sobre su propia situación. Los mexicanos nos reímos de la muerte, de nuestra situación, cuando no entendemos algo que está cerca de nosotros le inventamos un chiste, somos los reyes del meme, entonces era como adentrarnos en este universo real del mexicano. Estas contestaciones que salen del alma, que salen de la piel, cuando hay una situación incómoda y la única manera de relajarnos o perder un poco la ansiedad o el estrés es contando un pequeño chiste.

Era un riesgo. Recuerdo perfectamente las primeras lecturas con Demián Bichir, él me decía que le preocupaba un poco estos como cierres de comedia, esta comicidad negra, ácida, dolorosa, de esos chistes dolorosos de los que te ríes y luego dices “¡ouch!”. Buscamos estos momentos adecuados para que la gente se enganchara con esta sensación de la necesidad de contar un chiste, porque estas en una situación extrema que te está lastimando y jugar luego un poco con eso, dejarlos reír e ir por un área más ligera donde están sucediendo un par de chistes muy oscuros y después viene un cachetadón que te hace abrir los ojos y recibir esa realidad de una manera mucho más profunda y dolorosa. Era jugar un poco con ambas situaciones.

El riesgo siempre está en cualquier película cuando uno toma una decisión dramática, siempre se corre el riesgo de que se desbalague un poco el discurso o la puesta en escena, pero aquí se asumió y creo hay momentos donde esta comicidad negra funciona muy bien.

Uno de los grandes méritos de la película es la escenografía, afortunadamente no es el cachirulazo al que estamos acostumbrados a ver en este tipo de cine mexicano, pues es muy real. ¿Cuáles fueron los riesgos de tener siempre la misma escenografía en los Estudios Churubusco?

El riesgo era altísimo, hasta cierto punto pecamos en el reto, era poner muy elevado el listón, no conformarnos con lo fácil. Para ejemplificar, estuvimos viendo una película española, Enterrado (Buried, España-Estados Unidos-Francia, 2010), de Rodrigo Cortés, que cuenta la historia de un secuestrado que está dentro de un ataúd. La puesta en cámara era muy pegadita al personaje pero de pronto rompía la pared del ataúd y veíamos planos muy abiertos, donde quedaba en el centro y había un limbo oscuro alrededor y yo sentía que eso rompía mucho con la película.

Entonces, cuando hablaba con el diseñador de producción, Alejandro García, yo le hacía mucho hincapié en eso: nunca vamos a romper la pared del set. La cámara siempre va a estar en el mismo espacio donde ellos estén, no quiero que las paredes se muevan para poder poner cámara. Quiero que se muevan para seguridad de los actores, que estén protegidos y que no haya ningún atentado contra el actor, someterlos a una tortura física con tal de llegar a un resultado me parecía totalmente absurdo teniendo dos grandes intérpretes. Mi apuesta era protegerlos, pero la cámara tiene que estar en un espacio donde nos sintamos enterrados.

Además, yo sufro un poco de claustrofobia. No me subo a elevadores, Metro o Metrobús, y quería sentir miedo del encierro, por lo que era un trabajo constante con Alex y su equipo de estar metiéndome en ese espacio y decirles que necesitaba más opresión, más gris, más estilos. Quería que los fierros retorcidos me hicieran sentir vulnerable y con riesgo de picarme, de cortarme. Yo no quería una escenografía de una película de Capulina, sino que la gente se sintiera aterrada con el verdadero horror de estar encerrados, aunque nunca lo hubieran estado y la única manera era conseguir algo increíblemente verídico que te hiciera aceptar la convención y decir que así se ven los escombros, aunque nunca hayas estado adentro.

Fue un trabajo muy minucioso de cuatro semanas de construcción, primero hicimos pequeñas maquetas, definimos las posiciones de los personajes y, a partir de ahí, se empezaron a hacer maquetas tamaño natural. Luego el equipo de Alex entró a la construcción y los carpinteros medio se volvían locos porque están acostumbrados a hacer escenografías rectas, con ángulos, con piezas de madera bien cortadas y aquí era todo lo contrario, había que meter desastre, caos, nada podía ser geométrico, tenía que ser muy espontáneo y espantoso. Fue un reto que fueron resolviendo conforme avanzábamos.

Al final, pocos días antes de filmar, le pedimos asesoría a un topo que estuvo involucrado en los rescates del 85 y lo metimos al espacio y dijo: “¡Así, así es como se ve!” y eso nos dio la garantía de empezar a rodar.

Otro elemento del que se ha hablado poco es la iluminación, el ejercicio que hace Juan Pablo Ramírez (director de fotografía) con la luz ahí adentro, también ayuda y aporta mucho para dar la sensación de claustrofobia extrema.

¿Qué tal fue trabajar con Héctor Bonilla, nos regresas al gran actor que hacía mucho no veíamos así en cine?

Estoy muy contento con lo que pudimos hacer juntos. Yo tenía una lista de opciones para ese personaje y él estaba ahí pero yo tenía cierta inclinación por otro actor. Pero cuando Demián se suma al proyecto y empezamos a dialogar, puso el dedo y me dijo que volviera a pensar en Héctor, que los viera juntos. Hice el ejercicio de ver a la pareja, tratar de imaginar que pasaría con Héctor como el velador bonachón que se lleva bien con la gente y al repasar un poco su trabajo actoral encontré grandes momentos actorales y eso era lo que me gustaría ver. Le mande el guión y, al día siguiente, el señor viene con una cantidad de propuestas, sugerencias, alternativas en diálogos, que hace que el trabajo se comience a construir desde la primer lectura. Es un tipo con una experiencia increíble y además es amable, elegante, es un tipo que nunca se quejó a pesar de estar en una posición terrible, muy incómoda. Mi madre, Mayra Grau, que es terapeuta, estuvo todo el rodaje en el set para la recuperación muscular y ante cualquier tipo de presión ella de inmediato los atendía porque las condiciones eran complicadas. Héctor Bonilla tenía 76 años y salió mejor librado que todos. Era impresionante verlo trabajar, además, es un tipo tan amable, tan cortés, que hace que el trabajo sea fácil en esas condiciones terribles: teníamos obscuridad absoluta en el foro, trabajamos nada más con la lámpara de mano. Y llegaba un momento tras dos semanas, que la gente se sentía agobiada y Héctor hacía que la vibra, la energía, cambiara. En el ámbito de la interpretación era llegar de inmediato al personaje y a tocar las fibras y la piel como lo habíamos estado platicando, dio muy bien el personaje y por donde había que llevarlo.

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Este artículo forma parte de los contenidos del número 48 de la revista cine TOMA, de julio-agosto de 2015. Consulta AQUÍ dónde conseguirla.7_19-695458593-large

Primera Fiesta Internacional del Cine en San Luis Potosí

septiembre 21, 2016

Tenemos que salir a buscar al público

Por Carlos Sosa

Ante lo competitivo e incluso celoso que llega a ser el ambiente de buena parte del centenar de festivales fílmicos que se realizan anualmente en México, en San Luis Potosí se proyecta hacer, en su lugar, un gran festejo que no programe películas en exclusiva, realice actividades de industria ni glamorosos encuentros para pocos invitados. En la segunda quincena de septiembre, la Fiesta Internacional del Cine ofrecerá proyecciones gratuitas, charlas de cultura cinematográfica, talleres y residencias para ampliar el público posible para la producción nacional.

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Hacer un festival más resulta ilógico. México es un país de grandes festivales como el de Morelia, Los Cabos o Guadalajara, que resuelven muy bien el tema de industria. Nosotros lo que intentamos con la Fiesta Internacional del Cine en San Luis Potosí no es necesariamente hacer un festival con todo lo que conlleva, con las partes vip, las alfombras rojas etcétera. Lo que para nosotros es muy importante es acercar el cine al público, es decir, muchas veces se dice que la gente no quiere ir al cine o que la gente no ve el cine nacional, pero tenemos el firme convencimiento de que, más bien, a la gente no le alcanza para ir al cine. Entonces, partiendo del hecho de que la mayoría de las películas en éste país se producen a partir de incentivos fiscales y de fondos públicos, nos parecía una excelente idea regresar a devolver a la gente lo que le ha dado, mediante recursos públicos, es decir con sus impuestos, al cine. Si la gente no puede ir a las salas entonces las salas deben salir a la gente.

Así es como nace la Fiesta del Cine, un espacio para festejar a la cinematografía y también a diversas disciplinas que van alrededor de la cinematografía, como la música y la poesía. Vamos a llevar a muchos talentos, creadores y público espectador para que juntos podamos por fin crear un entendimiento directo, además de que la gente se acerque y vea qué es lo que se está haciendo en el cine nacional. A pesar de que México sea el cuarto país que más boletos de cine vende en el mundo, dicha cantidad de espectadores sigue representando solamente al 12% de la población, que es la que en realidad asiste al cine, mientras que el otro 88% no tiene las posibilidades económicas.

Lo que tenemos claro es que nosotros tenemos que salir a buscar al público, no esperar a que venga a buscarnos. Mostrar qué es lo que estamos haciendo y así empezar a generar esta formación de audiencias que tanto hemos esperado para que desde jóvenes y niños vean que a través de la cultura se puede llegar a un ser un país mejor. Ese es el espíritu de la Fiesta del Cine y así es como nace la primera edición.

Estamos programando películas de diversos géneros sin que, necesariamente, esperemos que sean sólo los más recientes estrenos. Repito, es una fiesta donde vamos a festejar a la cinematografía y en la que queremos que la gente festeje las películas, es por eso que estamos programando películas que han pasado por numerosos festivales y ese hecho no nos limita para seleccionarlas. En su mayoría son mexicanas, con diversos contenidos y diversos géneros. Hay documentales, ficciones y comedia. Tenemos también películas españolas.

Nuestra oferta es diversa, queremos darle una probadita del cine de todo tipo a todo el público para que se empiecen a familiarizar y encantar con todo esto, esa es la línea de la Fiesta: ofrecer un panorama abierto de lo que se está haciendo en el país. Para ser universales es urgente conocer lo particular de las historias.

Todos los días, en el Centro de las Artes, ofreceremos conferencias para todos los estudiantes que quieran venir. Todas las actividades serán gratis, el programa se definirá en estos días, pero básicamente se puede adelantar que habrá conversaciones formativas que retroalimenten a todo aquel que traiga inquietudes acerca del cine. Seis guionistas trascendentes y directores mexicanos hablarán sobre la importancia de pensar y construir al personaje desde la estructura del guión.

Por otro lado, Matt Dillon, nos hablará acerca de su experiencia en el cine y en las series de televisión.

Finalmente haremos una conversación con Pablo Hernando, uno de los directores de la película Esa sensación (España, 2016), quien nos visita desde la península ibérica.

Trataremos de que todos los directores, productores y algunos actores que participaron en las cintas seleccionadas, vengan durante los cuatro días que dura la Fiesta para poder convivir con el público. Además habrá algunos invitados extras que, aunque no vengan a presentar una película, vale la pena que convivan con el público potosino. También haremos dos residencias como parte de la Fiesta Internacional del Cine.

Es en este punto donde buscamos especial trascendencia. Serán dos residencias, una de actuación coordinada por Úrsula Pruneda, en Xilitla, que tendrá varios mentores, todo enfocado a la actuación en cine. Alejandro Gerber dará un taller de dirección para actores; Marc Bellver tratará de mostrar cómo funciona la relación entre la cámara y el actor; Axel Muñoz hablará del sonido y la voz, la modulación y entonación de la voz en cine; en tanto que Úrsula Pruneda, Cecilia Suarez, Luis Gerardo Méndez e Irene Azuela darán un taller con técnicas de actuación para cine.

Esta primera edición está destinada a los artistas potosinos. Pensamos que para las siguientes ediciones tendríamos que ampliar el espectro hacia el resto del país.

Por otro lado, en Real de Catorce tendremos una residencia dedicada a la escritura de guión, este año tendremos como mentores a tres escritores imperdibles: Ana Katz nos visita desde Argentina, ella es directora y escritora de cine; Ray Lóriga, prestigiado guionista y escritor de cine, que ha trabajado para Carlos Saura y Pedro Almodóvar; por último, Gibrán Portela es uno de los mayores talentos que tenemos en México.

Los seleccionados para la residencia de guión van a ser seis, entre ellos directores, escritores profesionales del cine que al menos hayan hecho un largometraje, puesto que ésta residencia sí tiene un carácter especialmente profesional.

Durante nuestra primera edición de la Fiesta pretendemos que esta residencia tome un valor muy importante y se convierta en un referente en México. Que la Residencia Catorce gane prestigio y sea única en su naturaleza, peculiar del lugar, queremos hacerla un símbolo de la Fiesta.

Esta es una fiesta, no es un festival, lo hemos dicho muchas veces y se integrará al talento potosino. No solamente servirá para proyectar películas y ver algunos otros proyectos, sino para festejar también a los talentos potosinos, a los gestores culturales y a la gente que, con mucho esfuerzo, ha realizado otros festivales en la localidad que sin duda tienen un valor importantísimo para la comunidad y la cultura. Nos estamos aliando y los estamos invitando a participar con nosotros para que justo podamos ayudar y dejar un grano de arena en San Luis Potosí para todos estos festivales y todos estos esfuerzos en conjunto. Cabe mencionar que la idea es que tenga una trascendencia mayor y que se convierta en un evento anual que suceda año con año en el mes de septiembre.

Con respecto a la gran diversidad de festivales que hay en el país, creo que es un crisol interesante de intenciones y carácter que se complementan unos con otros, es un fenómeno inclusivo y no excluyente. La diversidad es esencial en un país tan extenso y multicultural como lo es México, mientras más festivales haya y más películas pasen en los festivales, mayor es la repercusión que va a tener el cine. Cada festival tiene su identidad y público.

Los festivales sirven para acercar al público a la cinematografía y para acercar nuestras películas al público. Toda película tiene un público y hay que salir a buscarlo. Yo pienso que no tiene gran sentido la discusión de las identidades y, mucho menos, evitar repetir filmes en un festival. Lo mejor es que las películas puedan tener la mayor exhibición posible y dejar la competencia a un lado.

Esperamos que al público potosino les guste lo que estamos haciendo: un trabajo con mucho cariño y muchísimo corazón. Trataremos de que este evento se disfrute gradualmente más año con año y que se difunda con el boca a boca, así, nuestras películas tendrán mayor trascendencia.

Ya tenemos títulos programados. Hemos creado una sección mexicana llamada Liga Nacional. Entre ellos se encuentran Sopladora de Hojas (México, 2015), de Alejandro Iglesias Mendizabal; Los herederos (México, 2015), de Jorge Hernández Aldana; Semana Santa (México, 2015), de Alejandra Márquez; Tempestad (México, 2016), de Tatiana Huezo; Maquinaria Panamericana (México, 2016), de Joaquín del Paso; Un monstruo de mil cabezas (México, 2015), de Rodrigo Plá, que son películas que han tenido éxito durante todo el año y que han pasado por diversos festivales. Inauguraremos con la película 7:19. La hora del temblor (México, 2016), de Jorge Michel Grau, justo antes de su estreno en salas comerciales y la clausura será con la película Desde allá (Venezuela-México, 2015), de Lorenzo Vigas, que ganó el León de Oro en el Festival de Venecia el año pasado, y tendremos algún otro par de películas extranjeras con presencia de los directores. Así como una función especial de El Puño de Hierro (México, 1927), de Gabriel García Moreno, así como un concierto de Presidente, la banda de Quique Rangel, bajista de Café Tacvba, que ha elegido una película sorpresa para presentar antes del concierto.

Esta primera edición se llevará a cabo del 21 al 25 de septiembre y durante esos cinco días habrá proyecciones, conciertos, lecturas y cine nacional e internacional de la más alta calidad, en plazas y calles, en los barrios de San Miguelito y San Sebastián, la plaza Aranzazú y en su sede, el Centro de las Artes de San Luis Potosí.

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“Matria”, los archivos sui generis del abuelo Antolín

septiembre 19, 2016

Charros contra Nazis

Por Fernando Llanos

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Siempre percibí llena de magia la casa de mi abuela Alicia. Sí, magia, esa palabra tan menospreciada en la edad adulta, pero la cual era sagrada durante la infancia porque se construía en complicidad con los primos y se veneraba con fe ciega mientras se nutría de historietas y de películas domingueras de temporada. Esa magia fue la que nos ayudó a explicar nuestros primeros anhelos metafísicos décadas antes de que existiera el Dios Google –que todo lo sabe y también todo lo confunde–. Esa que podías disfrutar de la mano de un don, precariamente trajeado, en un circo entre leones hambrientos y maltratados que deambulaban en un terreno baldío, o la que una vez a la semana podías ver desde la comodidad de tu hogar con el maguito Rody en el programa televisivo Chiquilladas, o con Beto “el Boticario” en ese otro show llamado La carabina de Ambrosio. En ese contexto, bajo la sombra de lo inusual e inverosímil, mis primos y yo creímos que era posible viajar al Polo Norte en el trineo de Santa Claus sin que él se diera cuenta, que el tío simpático de cachetes frondosos era capaz de desvanecer su propio dedo y que objetos como un piano podían desaparecer de la sala de un día para otro –todavía no conocíamos el viejo truco de empeñar objetos para pagar deudas–. Y quizás, por todos estos mágicos recuerdos, no me sorprendió cuando, varias décadas después, descubrí ahí el extenso archivo de mi abuelo Antolín Jiménez. Una serie de álbumes forrados con cuero y letras doradas, por cada uno de los temas que recopilaba.

En esos documentos se mencionaban varias historias: su paso por la Revolución Mexicana como teniente coronel de Pancho Villa; su periplo dentro de la hermética masonería, al lado de personajes como José Vasconcelos; su incursión en la política mexicana como diputado, en cuatro ocasiones y por cuatro diferentes partidos –los chapulines siempre han existido–, pero la que más me fascinó era la que cerraba el archivo, una muy peculiar historia que se vinculaba a la Segunda Guerra Mundial. En 1942, cuando México le declaró la guerra a los países del Eje, 100 mil charros se prepararon durante todo un año para combatir a los nazis y fue mi abuelo el que organizó la iniciativa y los bautizó como “La Legión de Guerrilleros Mexicanos”. Obvio, sonaba poco factible que ganaran y, de hecho, hasta la fecha me pregunto si creyeron que era realmente una buena idea. La iniciativa era deliciosamente absurda, como cualquier trama de película patriótica que termina en muchos muertos, donde al final el protagonista ostenta una mirada en alto mientras se hondea la bandera. Así que cuando conocí dicha iniciativa decidí que debía hacer una película sobre las historias del padre de mi madre. ¿Quién más puede tener, aparte de mis primos, un abuelo con tan bizarra anécdota? “Encontré una mina de oro”, pensé mientras hojeaba los tomos de cuero empolvados.

La mayoría de las historia épicas de la humanidad tratan del bien contra el mal, de la luz contra la oscuridad, del perseverante héroe que se atreve a desafiar a los villanos con tal de hacer lo correcto. Y me pregunto, históricamente, ¿qué ha representado mejor el mal que el ejercito de Hitler? Porque, seamos sinceros, las bestias más destructivas y oscuras que han habitado este planeta son, sin duda alguna, los nazis; las historias de estas insaciables criaturas han fascinado tanto como aterrorizado a millones de personas. En términos de derramamiento de sangre, quizá solo los tiranosaurios son percibidos al mismo nivel de ferocidad y fatalidad, claro que esos animales del Jurásico no asesinaron con tanto dolo ni vestían elegantes trajes diseñados por Hugo Boss. Pero bueno, podemos todos afirmar que son “los malos de la película”, sin duda alguna. Y pensando en el polo opuesto, para todos los mexicanos que hemos mamado el cine de oro nacional, la mejor manera de representar al héroe es un charro a caballo, con sombrero de ala ancha y que suelta tiros al aire. Lugar común, ciertamente, pero de esos elegantes que, a blanco y negro y entre magueyes, todavía nos hacen suspirar.

Ahora bien, ¿qué pasa en nuestras mentes cuando dos ideas tan antagonistas, la del máximo villano extranjero y el gran paladín mexicano, chocan en el terreno de la ficción pero se respalda de un hecho real? ¡Dinamita pura! Múltiples horas de sana diversión especulativa tratando de responder la pregunta madre de toda ciencia ficción: “¿Que hubiera pasado si…?”. Y pese al centenar de posibilidades que me vienen a la mente sobre dicha situación, lo que más me duele es no haber conocido a mi abuelo para poderle preguntar sobre esta y todas sus demás historias. ¿Cómo era Pancho Villa? ¿Qué sintió al dinamitar un tren a los veintiséis años en Chihuahua? ¿Por qué los masones dirigieron desde las sombras al país durante tantos años?, ¿Porqué creyeron que tenían el derecho de servirse con la cuchara gorda los políticos que establecieron el sistema de este país? ¿Cómo eran los entrenamientos de la Legión de Guerrilleros Mexicanos cada domingo? ¿Qué tanto se esforzaban y qué tanto era un convivio entre tequilas y barbacoa? Me hubiera encantado poder charlar estas y otras dudas más con don Antolín en una comida dominical. Pero como no puedo porque ya no nos acompaña, recurro al acto mágico de estimular mi imaginación con los recortes de periódicos y fotografías que nos heredó, y con mucho gusto les comparto estas reflexiones en un formato cinematográfico. Y les garantizo que nuestra película, Matria (México, 2015), esta llena de esa excepcional magia.

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Matria (México, 2015). Dirección, guión y producción: Fernando Llanos. Fotografía: Marcelo Castillo, Carlos Hidalgo, Manuel Huitrón, Fernando Llanos, Emiliano Rocha Minter. Edición: Roberto Bolado, Jorge García, Jessica Herreman y Fernando Llanos. Sonido: Gerson Hernández y Raúl Locatelli. Música: Rey oh Baby, Osiris Ramsés Caballero, Adriana Cao Romero, Lila Downs, Jessica Herreman, Omar Landa, Benjamín Shwartz y Valentina. Compañía productora: Videofilmaciones Suadero. Premios: Mejor Documental Mexicano del undécimo Festival Internacional de Cine de Morelia y Premio del Centro Buñuel de Calanda del séptimo Festival de Cine Mexicano de Durango.

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Con distribución de Amateur Films, el largometraje documental Matria, de Fernando Llanos, estrenará el 16 de septiembre en la cartelera mexicana.

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Este artículo forma parte de los contenidos del número 48 de la revista cine TOMA, de julio-agosto de 2015. Consulta AQUÍ dónde conseguirla.

El ascenso introspectivo de “Epitafio”, de Yulene Olaizola y Rubén Imaz

agosto 21, 2016

Un paréntesis en medio de la guerra y la violencia

Por Gonzalo “Sayo” Hurtado

Un párrafo aislado dentro de los más de doscientos capítulos de los que consta la profusa relatoría de Bernal Díaz del Castillo, la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, dio pie a los cineastas mexicanos Yulene Olaizola y Rubén Imaz para producir una película en torno a la ascensión al volcán Popocatépetl que realizaron tres conquistadores por instrucciones de Hernán Cortés, en lo que devino en una escalada introspectiva y alejada de la tensión constante de la invasión ibérica.

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Tres conquistadores españoles: Diego de Ordaz (Xabier Coronado), Gonzalo de Monóvar (Martín Román) y Pedrito (Carlos Triviño), son enviados por Hernán Cortés a subir las cumbres del volcán Popocatépetl para avistar la ciudad de Tenochtitlán y conseguir información estratégica para su ejército. Pero en su intento, el ascenso comenzará a menoscabar el ánimo y cordura del trío, evidentemente afectados por la inclemente naturaleza, la escasez de oxígeno y el deseo exacerbado de gloria con el que han llegado al nuevo mundo. Esta nueva aventura del binomio de realizadores conformado por Yulene Olaizola y Rubén Imaz supone un paso positivo en sus carreras. Ya desde las óperas primas de ambos, respectivamente: Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo (México, 2008), el muy premiado debut de Olaizola en el género documental, tanto como en Familia Tortuga (México, 2006), el largometraje de ficción de Imaz, sus caminos se volcaron a un cinema en búsqueda permanente de expresiones acordes con el bajo presupuesto y los recursos mínimos. Así, tras sus siguientes trabajos: Cefalópodo (México, 2010) de Imaz y Paraísos artificiales (México, 2011) de Olaizola, quedaba en claro que eran obras de transición en medio de la definición de ese camino, lo que quedó aún más en evidencia con el siguiente trabajo de Yulene, Fogo (México-Canadá, 2012), trabajo de honda introspección en una empobrecida y abandonada comunidad de una remota isla de Canadá, cuyo drama encontraba incluso una suerte de correspondencia en las texturas rugosas y maltratadas de los suelos. Ahora, en el primer trabajo de la pareja dirigiendo esta vez conjuntamente–ambos han participado en las películas del otro, desde la producción hasta la edición, el guión o el diseño de arte, con la excepción de Cefalópodo–, en Epitafio (México, 2015), su búsqueda se ha topado con una historia que exuda pasión y locura, esa misma que acompaña al trío de conquistadores ibéricos en su desbocado propósito. Pero no se trata esto de una exacerbación del lado más cruel e inhumano de la conquista de América, sino del ingreso a un sueño de gloria empujado por el deber y la necesidad de hallar un paraíso prometido. Y esa dimensión en la que la mente afiebrada de los conquistadores toma cuerpo es lo que parece fascinar a Olaizola e Imaz, quienes parecen empatar sus búsquedas personales en el perfil de sus personajes, entregándonos una pieza de austera producción pero honda en significantes que terminó por conmover a la crítica peruana, luego que la cinta formara parte de la Competencia Oficial Ficción del vigésimo Festival de Cine de Lima. Luego de su estreno mundial ocurrido en el Tallinn Black Nights Film Festival, en 2015, Epitafio se alzó con el Premio Selección TV UNAM en el sexto Festival Internacional de Cine UNAM (FICUNAM), el de Mejor Largometraje Ficción de la Selección Mexicana en el segundo Festival Internacional de Cine Mérida y Yucarán, y con una Mención Especial del Premio Kukulkán del quinto Festival de Cine de la Riviera Maya, además de participar en los festivales de Praga, Vilnius de Lituania, Cinelatino Recontres de Tolouse y de Guanajuato, además de formar parte de la programación del trigésimo sexto Foro Internacional de la Cineteca Nacional. Producida por las compañías Malacosa Cine, Varios Lobos, Una Comunión, Pimienta Films, Zoología Fantástica y Zamora Films, Epitafio estrena en la cartelera mexicana el 19 de agosto, con distribución de Piano, motivo por el que reproducimos la siguiente conversación con Imaz, quien no ocultó su entusiasmo por presentar su última obra en el festival limeño. Es inevitable ver Epitafio y sentir que está emparentada con Aguirre la ira de Dios (Aguirre der Zorn Gottes, Alemania Occidental, 1972), de Werner Herzog… Él no tiene una relación con Yulene ni conmigo, pero nosotros sí tenemos una con él. Todo esto nació por escuchar a Herzog decir que entre las lecturas obligadas para ser un buen cineasta se encuentra la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España (1632), de Bernal Díaz del Castillo, un soldado del ejército de Cortés que escribió de primera mano diversos sucesos sobre la conquista de México. Es un libro grande, con mil y un historias, que inspira muchas ideas cinematográficas. Entonces lo leímos como un ejercicio, no por un hecho de reconciliación con la historia mexicana, aunque ahora que lo conozco me parece que debería ser una lectura obligatoria en los bachilleratos. Al leerlo, descubrimos un párrafo que se refería al ascenso de estos españoles al volcán. Evidentemente, Yulene y yo somos fans de corazón de Herzog y de todo su cine. Es inevitable tenerlo todo el tiempo como una referencia en la cabeza. Aguirre, la ira de Dios ya es parte de nuestro imaginario mental, lo queramos o no, así como también lo está la película mexicana Cabeza de Vaca (México-España-Estados Unidos-Reino Unido, 1991), de Nicolás Echevarría. ¿El diseño de la historia con pocos actores se debió a un tema presupuestal o responde a una intención minimalista? El cine que nos gusta hacer a Yulene y a mí es un cine con un control creativo, lo que nos lleva a trabajar con un presupuesto limitado y un esquema de producción más controlado que no se salga de las manos. Hemos desarrollado un amor por hacer cine de esa manera, sin tener compromisos con grandes capitales ni otras personas que no están involucradas necesariamente en el proceso creativo. Había partes del libro que, presupuestalmente, escapaban a nuestras posibilidades, pero encontramos este pasaje en específico que nos ayudaba a hablar de la conquista de manera épica, histórica y casi de aventuras dentro de nuestro esquema de producción. Entonces, de repente, tenemos a estos tres españoles subiendo al volcán, que simbolizaban la gran conquista de México, o incluso la de América, un proyecto en el que ahora se va a embarcar Steven Spielberg –se anunció que proyecta filmar el guión de Dalton Trumbo, Montezuma. El encontrar esta gesta de Diego de Ordaz es una manera de abordar la conquista desde nuestro cine e interés. ¿Trabajar con un presupuesto reducido influyó en el método de trabajo? Nosotros filmamos de una manera horizontal, ya que todos los miembros de la película cumplieron distintos roles dentro del equipo de trabajo. No solo se es actor o director, también se es script o maquillista. El hecho de trabajar con un presupuesto menor crea un compromiso por vivir esa aventura más que por pensar donde se verá después la película. Todo eso fue un goce y creo que ya Herzog propuso en mucho esa manera de filmar. Hace tiempo que vienes trabajando con Yulene Olaizola, pero esta es la primera vez que dirigen al alimón… En todas las películas de Yulene estoy en los créditos en distintos puestos y en las mías aparece ella también. Siempre hemos trabajado juntos porque hemos ido descubriendo la necesidad de ser productores. El cine independiente, autoral o de arte se mueve en un engranaje no comercial más dinámico al querer forzosamente hacer el tipo de películas que queremos hacer. Creo que a partir de ahí se ha dado este nuevo maridaje en el que hemos terminado codirigiendo. Nosotros queremos tener el control de nuestras cosas y que nadie nos indique o nos fuerce a algún camino o a un tipo de decisiones. En ese sentido fue que encontramos la posibilidad de trabajar juntos, obviamente sumando fuerzas los dos nos volvemos más poderosos como productores. Como directores también hemos crecido y espero que esta película tenga el sabor del trabajo de los dos, pero también tiene que ver con que entramos al mundo de la producción y no solamente de escribir, de fotografiar, de editar y todo este lado creativo más directamente relacionado con la parte bonita de la cinematografía, sino con este lado más oscuro y duro de financiar un proyecto y de llevarlo desde cero hasta buen puerto. En Epitafio resulta evidente que la intención no es tanto histórica sino la de explorar la psicología de los personajes… Algo que nos encantó de haber encontrado esta historia sobre Diego de Ordaz y su ascenso del Popocatépetl, es que al leer los textos de Bernal Díaz del Castillo descubres que estos conquistadores tenían un stress muy profundo. Cortés mantenía a su ejército permanentemente armado y les aconsejaba a los soldados dormir junto con el arcabuz. La guerra estaba latente y podían encontrarse de repente con 20 mil indígenas ya que padecieron guerras con los mayas, los tlaxcaltecas y los totonacas. Fueron 11 meses de una campaña muy estresante y, de repente, tienes a estos tres personajes sin ejército y con la sensación de una guerra próxima, metidos en una caminata muy introspectiva. En ese proceso la cabeza te comienza a dar vueltas y comienzas a cuestionarte todo. Entonces, nos dimos cuenta muy temprano que esta película no era una pausa, sino más bien un paréntesis en medio de esta guerra y esta violencia, y por eso los personajes entran en un estado cuasi reflexivo. Ahí tuvimos la chance de entrar en su psique y comenzamos a utilizar tres distintas ideas de personajes. El mismo Diego de Ordaz tiene estas similitudes con el Lope de Aguirre de Herzog y con toda esta imagen que solemos tener generalmente de un conquistador: un tipo loco y absolutamente convencido de lo que está haciendo y que no va a dar marchas atrás hasta llegar a las últimas consecuencias. El personaje de Gonzalo (Martín Román) no existió realmente y está inspirado en un soldado llamado Gonzalo Guerrero, quien naufragó en las costas de Yucatán y terminó volviéndose maya. Cuando Cortés lo quiso rescatar, él les dijo que ya no quería volver con ellos porque se había tatuado el rostro y tenía las orejas perforadas. Ahí comenzamos a pensar en otro conquistador que empezara a dudar de lo que está haciendo en nombre de la corona y, finalmente, el tercer personaje que es este joven que estaba saliendo a buscar el mundo (Carlos Triviño) y al que le venden la idea de encontrar la fuente de la eterna juventud o la ciudad de El Dorado, y que de repente su pequeñez mental y su inexperiencia chocan con la realidad que eso no existe y que lo que hay son montañas y hielo. Ahora que has llegado a este punto, ¿cómo miras tu opera prima, Familia tortuga? Hace poco la volví a ver y creo que cada vez va cuajando más deliciosamente y va adquiriendo esa cualidad de los vinos de añejar. En su momento, cuando lanzamos la película, la gente como que esperaba algo más dinámico, más directo y más claro, o un director que establezca un proceso de comunicación más rápida con ese espectador. Familia tortuga no tenía eso y en un primer momento había gente que la miraba con mucha reticencia, pero también había gente que se apasionaba desde un principio. No es del tipo de película con la que un nuevo cineasta espera conquistar a todo el mundo, pero creo que con el paso del tiempo se ve que es una obra que tiene muchas cualidades. Creo que algo a lo que me he aferrado y siempre he sido fiel, desde aquella película es la necesidad de mantener cierto misterio. A Yulene y a mí nos parece clave, en el cine actual, la necesidad de que un diálogo no sea explicativo. De hecho, Hollywood no puede hacer nada sin explicarlo todo en el diálogo, por más que tengan toda una descripción narrativa. Cada vez soy más reacio a eso. ¿Cómo te has sentido de estar nuevamente en Lima? Soy un gran fan de los cinéfilos limeños, que son muy activos y entusiastas. Estamos muy ilusionados de saber lo que van a pensar de esta película, independientemente de la conexión histórica entre México y Perú, creo que por ahí podemos darnos la mano y entendernos.

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Este artículo forma parte de los contenidos del número 44 de la revista cine TOMA, de julio-agosto de 2015. Consulta AQUÍ dónde conseguirla.

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XXI Festival Internacional de Cine para Niños (…y no tan Niños)

agosto 8, 2016

Es una Alma Mater

Desde 1995, la asociación civil La Matatena organiza Festival Internacional de Cine para Niños (…y no tan Niños), siempre durante el verano, en el que oponen una serie de títulos internacionales –siempre con doblaje en vivo– y nacionales, además de talleres infantiles, conferencias y una gran cantidad de actividades formativas de una noción crítica para los asistentes, sean adultos o infantes, en oposición a la cascada de estrenos comerciales que, principalmente Hollywood, prácticamente monopoliza la totalidad de las pantallas instaladas en el país. Para ejemplificar la labor en la construcción de un aparato crítico, de enseñanza y de pluralidad cultural que ha implicado, reunimos testimonios de cineastas que alguna vez, cuando niños, asistieron tanto al Festival como a los talleres.

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Por Liset Cotera

A 21 años de existencia, hoy por hoy nos toca escuchar las experiencias de los espectadores, de los usuarios que han asistido al Festival Internacional de Cine para Niños (…y no tan Niños), a lo largo de este par de décadas y cachito que nos permitan conocer las experiencias, emociones encontradas, sorpresas otorgadas por el cine, viajes a otras latitudes, además de reconocernos en pantalla con las historias que nos narran otros niños en otros países. También se ha realizado una gran labor en materia de formación de públicos, de inculcar una cultura cinematográfica desde la temprana edad, de generar procesos y espacios de creación que nos permiten constatar y compartir los discursos que los infantes quieren expresar a través de las imágenes en movimiento de una manera muy creativa, lúdica, espontánea y con mensajes muy directos y de gran calidad a través de la animación.

Este es el festival de cine más longevo en México después de Guadalajara que atiende a una población muy importante la niñez de México, promueve la participación de niñas y niños, y es el foro por excelencia del reencuentro entre los niños y el cine cada año en la ciudad.

En este artículo la voz es la de sus espectadores, la de sus hacedores que comparten experiencia de vida y las experiencias que les ha otorgado el festival y, por ende, La Matatena, Asociación de Cine para Niñas y Niños, A.C. Nos toca escuchar a los más importantes de todos: espectadores y realizadores que han dejado un acervo muy valioso que expresan el sentir de varias generaciones de niñas y niños en nuestro país.

Este proyecto ha otorgado muchos insumos para las nuevas generaciones, a lo largo de estos años, por eso estamos convencidos de que la importancia que encierra un proyecto de esta magnitud tendría que estar considerado en la agenda cultural, en las políticas públicas diseñadas en materia de cine para niños en nuestro país, dadas las bondades que encierra y los beneficios que otorga.

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El XXI Festival en cifras

En la vigésima primera edición del Festival Internacional de Cine para Niños (…y no tan Niños), se ofrecerán 90 materiales de 25 países en 54 funciones a lo largo de seis días, del 9 al 14 de agosto, en sedes como la Cineteca Nacional, la Filmoteca de unam, los Faro de Oriente y Aragón, y Universidad Autónoma Chapingo, además de la Sala Carlos Monsiváis del Centro Cultural Tijuana (Cecut).

El Jurado Infantil otorgará los siguientes premios: Mejor Largometraje, Mejor Cortometraje de Ficción, Mejor Cortometraje de Animación, Mejor Documental y Mejor Producción Nacional.

Habrá doblaje en sala en cada una de las proyecciones. Durante el Festival se montará una exposición de las siluetas con las que hacía películas de animación la alemana Lotte Reiniger (1899-1988). Habrá presencia de realizadoras y talleres de cine para niños.

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V edición de MICGenero

agosto 4, 2016

Desacelerar la catástrofe

Por Adán Salinas Alverdi

Teniendo como tema principal el debate en torno a los medios masivos, la democracia y el feminismo, la Muestra Internacional de Cine con Perspectiva de Género llega a su quinta edición con una selección de 87 películas que podrán verse, a lo largo de tres meses, en once entidades de la República y la Ciudad de México, con un cine comprometido con la realidad social y las discusiones más pertinentes en torno a la época actual, que está pasado de los valores tradicionales a los valores sobre y para el individuo, pero que no se reflejan en la cartelera comercial.

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La situación en México es compleja. Hoy, más que nunca, vivimos una de las peores crisis en nuestra historia como estado nación en materia de derechos humanos, libertad de expresión, seguridad humana y corrupción. Desde nuestro nicho, como agentes culturales, nos dimos a la tarea de crear un espacio, la Muestra Internacional de Cine con Perspectiva de Género (MICGenero), en el que se observan ejemplos internacionales, se discute y se proponen soluciones ante esta crisis. La cultura debe sensibilizar y difundir una cultura por la paz, por la igualdad de género y por los derechos humanos. Debemos de evitar, a toda costa, una transición democrática manchada por la violencia y la barbarie. Éste es nuestro esfuerzo y nuestra lucha.

MICGenero, es un festival de cine que tiene como misión acercar el feminismo, los estudios de género y los derechos humanos a la sociedad en general. Este 2016 arribamos a la quinta edición, titulada vs Media: Democracia, Medios & Feminismo. Del 4 de agosto al 30 de octubre, a través de 12 ciudades de la República Mexicana: Ciudad de México, Puebla, Toluca, Xalapa, Oaxaca, San Cristóbal de las Casas, Playa del Carmen, Tijuana, Monterrey, San Luis Potosí, Cuernavaca y Acapulco.

Sensibilizar en el cine

Vivimos tiempos de cambio de paradigmas. Pasamos de los valores tradicionales a los valores sobre y para el individuo. Nuestro país es un mosaico cultural y debemos tener una política cultural, social y económica a la altura de esta situación. Actualmente, hay pocos espacios de convivencia en donde se fomente y aterrice una cultura por la paz, el respeto al otro, la tolerancia, la crítica a la economía política y el respecto al medio ambiente.

Nos gusta pensar que somos un agente que sensibiliza a través del arte, que afecta emocionalmente a nuestro público a través de las películas y que, a través de un debate, precisamos conceptos, visiones e ideologías al respecto de los derechos humanos. Es decir, pasamos de lo afectivo-estético al concepto, teoría y práctica.

Para lograr esta parte del festival, creamos una plataforma llamada 100 Horas de Activismo, la cual convoca a funcionarios públicos, organizaciones no gubernamentales, activistas y estudiantes de posgrado o de maestrías, a donar una hora de su tiempo para comentar la selección oficial de micgenero 2016. La meta es lograr 100 funciones-debate de las 500 funciones que organizaremos a lo largo y ancho del país. A cambio de esta donación, el festival ofrece acceso libre a estos participantes para asistir a todos los eventos del festival en la región en donde se esté presentando.

Plataformas de profesionalización

micgenero también cuenta con actividades de formación para profesionalizar y fortalecer la industria cinematográfica. Contamos con dos proyectos, a saber: GenderLab y Focus Camp. El primero de ellos es una plataforma de apoyo a la producción y postproducción de proyectos cinematográficos con perspectiva de género que este año celebra su tercera edición, dedicado a proyectos que están en etapa de corte final compitan por un premio de 500 mil pesos en servicios de postproducción otorgado por los Estudios Churubusco para finalizar la película. También contamos con actividades tanto teóricas como prácticas a través de talleres con expertos de la industria y la academia, para reforzar los trabajos que están en desarrollo de carpetas de producción.

Por otro lado, Focus Camp es un Foro de Distribución Independiente que se realiza con la firme intención de convertirse en un mercado de cine sobre derechos humanos. México es el cuarto país que más cine consume en el mundo, contamos con alrededor de seis mil pantallas, de las cuales 5 mil 500 pertenecen a Cinemex y Cinépolis, lo que deja quinientas pantallas disponibles para el cine independiente, distinto y contrario a los intereses comerciales con los que se rige la exhibición en nuestro país. Por otro lado, las 10 películas que más taquilla hicieron el año pasado son estadunidenses, es decir, ninguna nos refleja como pueblo y sociedad. Vemos y pensamos otra realidad social y política. Además, de las cinco películas mexicanas con más asistentes el año pasado en la cartelera nacional, ninguna retrata los problemas sociales que atraviesan al país. Es decir que, de ningún modo, la exhibición de cine abona a la transformación social y al cambio cultural que nos resulta tan urgente en este momento. Recordemos que países como Estados Unidos, Alemania, Francia, Rusia y, recientemente, Suecia, han transformado la realidad social y política a través de este dispositivo. También que una política cultural debe velar por la conservación del patrimonio y una guerra frontal del estado y sus políticas contra sus ciudadanos puede desencadenar aún más violencia, acción que frena la vida cultural, pacífica y de concordia para poder crear y desarrollarnos artísticamente.

Intentamos generar, a través del Focus Camp, redes de comunicación entre productoras y cineastas con distribuidores independientes: plataformas digitales (vod), canales locales de televisión en el país, festivales de cine, cines alternativos, periódicos y medios de comunicación para poder exhibir esas otras películas que sí dan cuenta de nuestra realidad social y desde donde es urgente pensarnos.

Tanto GenderLab como Focus Camp son proyectos de formación profesional en el ámbito de la industria cinematográfica. El primero sucede en la Ciudad de México del 8 al 12 de agosto, en el Centro Cultural de España en México y el Goethe Institut Mexiko. Mientras que Focus Camp, tendrá lugar en Tijuana, Baja California, en las instalaciones del Centro Cultural Tijuana (Cecut), del 28 de septiembre al primero de octubre.

El anónimo Banksy

Respecto a la imagen de micgenero, de este año, al ser el tema vs Media: Democracia, Medios & Feminismo, decidimos que la mejor manera de darle identidad sería a través de la obra de un artista conceptual como el inglés Banksy. La obra de este artista ha tenido como escenario muchas de las ciudades más importantes del mundo. Su obra se compone de grafitti, murales, intervenciones de obras artísticas y de espacios públicos, en su mayoría bajo la técnica de stencil, y cuya temática se concentra en la crítica a la posmodernidad, al consumismo, al hiperindividualismo, a la cultura de masas, a los mass media, al ocio, a lo efímero, fruto de la ideología y valores de la política mundial y las sociedades actuales. Banksy trabaja en el anonimato y presenta sus obras de manera clandestina pues, en más de una vez, ha burlado los sistemas de seguridad de algunos de los museos más importantes del Reino Unido y Estados Unidos, para introducir varias de sus piezas.

Banksy llega a micgenero para denunciar las injusticias que se comenten en nombre del progreso y la globalización, y cuyo sufrimiento se vende como entretenimiento en los medios de comunicación masiva para mantener a las sociedades adormecidas, bajo el yugo de la opresión.

Es urgente la transformación social. Hay una verdadera voluntad por parte del gobierno de callar al pueblo. El gobierno ha implementado la violencia por vía de la fuerza pública –ejército, policía–. Se ha vuelto un peligro mortal contestar, protestar y manifestarse. Aunada a esta situación, es claro que no existe voluntad por parte de la mayoría de las instituciones por implementar sistemas de anticorrupción, elevar las reformas e iniciativas a cambios sustanciales en materia de salud, educación, trabajo, energía y economía. Nuestro futuro es desolador y cada vez se sale más de control. Las situaciones se vuelven día a día más de confrontación y peligra la paz.

Ojalá MICGenero abone a la reflexión y podamos desacelerar la catástrofe.

Bernardette Lafont

Selección Oficial 2016

La quinta edición del festival micgenero tendrá como tema principal VS. MEDIA. Democracia, medios & feminismo y se llevará a cabo del 4 de agosto al 30 de octubre en Ciudad de México y 11 estados de la República. En total, a su convocatoria respondieron más de 400 películas de medio centenar de países de todos los continentes. Al final, la selección oficial consta de 87 películas (51 largometrajes y 36 cortometrajes provenientes de 30 países representados), veinte de ellas de producción mexicana, entre los que se ubican 55 documentales, 27 ficciones, tres experimentales y dos animaciones, realizados por 42 directoras y 45 directores. Habrá un ciclo realizado en colaboración con la asociación neoyorquina Women Makes Movies.

Las secciones que conforman esta edición son vs Media. Democracia, Medios & Feminismo; Movilidad Humana y Migración; Derechos Sexuales y Reproductivos; Queer y Postporno; Minoridades en foco; Encierros y reclusión; Resiliencia; Ecofeminismo; Etarismo y relaciones intergeneracionales, y Disonancias.

Las películas que conforman vs Media. Democracia, Medios & Feminismo son:

She s beautiful when she’s angry (Estados Unidos, 2014), de Mary Dore y Nancy Kennedy.

Guido Models (Argentina, 2016), de Julieta Sans.

Federica Montseny, l’indomptable (Francia-España, 2016), de Jean-Michel Rodrigo.

The Free Voice of Egypt-Nawal El Saadawi (Alemania, 2015), de. Konstanze Burkard.

Bernadette Lafont, et Dieu créa la femme libre (Francia, 2016), de Esther Hoffenberg.

Callas Reloaded (Francia, 2015), de Fred Morin (cortometraje).

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Cartel 2