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El ascenso introspectivo de “Epitafio”, de Yulene Olaizola y Rubén Imaz

agosto 21, 2016

Un paréntesis en medio de la guerra y la violencia

Por Gonzalo “Sayo” Hurtado

Un párrafo aislado dentro de los más de doscientos capítulos de los que consta la profusa relatoría de Bernal Díaz del Castillo, la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, dio pie a los cineastas mexicanos Yulene Olaizola y Rubén Imaz para producir una película en torno a la ascensión al volcán Popocatépetl que realizaron tres conquistadores por instrucciones de Hernán Cortés, en lo que devino en una escalada introspectiva y alejada de la tensión constante de la invasión ibérica.

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Tres conquistadores españoles: Diego de Ordaz (Xabier Coronado), Gonzalo de Monóvar (Martín Román) y Pedrito (Carlos Triviño), son enviados por Hernán Cortés a subir las cumbres del volcán Popocatépetl para avistar la ciudad de Tenochtitlán y conseguir información estratégica para su ejército. Pero en su intento, el ascenso comenzará a menoscabar el ánimo y cordura del trío, evidentemente afectados por la inclemente naturaleza, la escasez de oxígeno y el deseo exacerbado de gloria con el que han llegado al nuevo mundo. Esta nueva aventura del binomio de realizadores conformado por Yulene Olaizola y Rubén Imaz supone un paso positivo en sus carreras. Ya desde las óperas primas de ambos, respectivamente: Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo (México, 2008), el muy premiado debut de Olaizola en el género documental, tanto como en Familia Tortuga (México, 2006), el largometraje de ficción de Imaz, sus caminos se volcaron a un cinema en búsqueda permanente de expresiones acordes con el bajo presupuesto y los recursos mínimos. Así, tras sus siguientes trabajos: Cefalópodo (México, 2010) de Imaz y Paraísos artificiales (México, 2011) de Olaizola, quedaba en claro que eran obras de transición en medio de la definición de ese camino, lo que quedó aún más en evidencia con el siguiente trabajo de Yulene, Fogo (México-Canadá, 2012), trabajo de honda introspección en una empobrecida y abandonada comunidad de una remota isla de Canadá, cuyo drama encontraba incluso una suerte de correspondencia en las texturas rugosas y maltratadas de los suelos. Ahora, en el primer trabajo de la pareja dirigiendo esta vez conjuntamente–ambos han participado en las películas del otro, desde la producción hasta la edición, el guión o el diseño de arte, con la excepción de Cefalópodo–, en Epitafio (México, 2015), su búsqueda se ha topado con una historia que exuda pasión y locura, esa misma que acompaña al trío de conquistadores ibéricos en su desbocado propósito. Pero no se trata esto de una exacerbación del lado más cruel e inhumano de la conquista de América, sino del ingreso a un sueño de gloria empujado por el deber y la necesidad de hallar un paraíso prometido. Y esa dimensión en la que la mente afiebrada de los conquistadores toma cuerpo es lo que parece fascinar a Olaizola e Imaz, quienes parecen empatar sus búsquedas personales en el perfil de sus personajes, entregándonos una pieza de austera producción pero honda en significantes que terminó por conmover a la crítica peruana, luego que la cinta formara parte de la Competencia Oficial Ficción del vigésimo Festival de Cine de Lima. Luego de su estreno mundial ocurrido en el Tallinn Black Nights Film Festival, en 2015, Epitafio se alzó con el Premio Selección TV UNAM en el sexto Festival Internacional de Cine UNAM (FICUNAM), el de Mejor Largometraje Ficción de la Selección Mexicana en el segundo Festival Internacional de Cine Mérida y Yucarán, y con una Mención Especial del Premio Kukulkán del quinto Festival de Cine de la Riviera Maya, además de participar en los festivales de Praga, Vilnius de Lituania, Cinelatino Recontres de Tolouse y de Guanajuato, además de formar parte de la programación del trigésimo sexto Foro Internacional de la Cineteca Nacional. Producida por las compañías Malacosa Cine, Varios Lobos, Una Comunión, Pimienta Films, Zoología Fantástica y Zamora Films, Epitafio estrena en la cartelera mexicana el 19 de agosto, con distribución de Piano, motivo por el que reproducimos la siguiente conversación con Imaz, quien no ocultó su entusiasmo por presentar su última obra en el festival limeño. Es inevitable ver Epitafio y sentir que está emparentada con Aguirre la ira de Dios (Aguirre der Zorn Gottes, Alemania Occidental, 1972), de Werner Herzog… Él no tiene una relación con Yulene ni conmigo, pero nosotros sí tenemos una con él. Todo esto nació por escuchar a Herzog decir que entre las lecturas obligadas para ser un buen cineasta se encuentra la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España (1632), de Bernal Díaz del Castillo, un soldado del ejército de Cortés que escribió de primera mano diversos sucesos sobre la conquista de México. Es un libro grande, con mil y un historias, que inspira muchas ideas cinematográficas. Entonces lo leímos como un ejercicio, no por un hecho de reconciliación con la historia mexicana, aunque ahora que lo conozco me parece que debería ser una lectura obligatoria en los bachilleratos. Al leerlo, descubrimos un párrafo que se refería al ascenso de estos españoles al volcán. Evidentemente, Yulene y yo somos fans de corazón de Herzog y de todo su cine. Es inevitable tenerlo todo el tiempo como una referencia en la cabeza. Aguirre, la ira de Dios ya es parte de nuestro imaginario mental, lo queramos o no, así como también lo está la película mexicana Cabeza de Vaca (México-España-Estados Unidos-Reino Unido, 1991), de Nicolás Echevarría. ¿El diseño de la historia con pocos actores se debió a un tema presupuestal o responde a una intención minimalista? El cine que nos gusta hacer a Yulene y a mí es un cine con un control creativo, lo que nos lleva a trabajar con un presupuesto limitado y un esquema de producción más controlado que no se salga de las manos. Hemos desarrollado un amor por hacer cine de esa manera, sin tener compromisos con grandes capitales ni otras personas que no están involucradas necesariamente en el proceso creativo. Había partes del libro que, presupuestalmente, escapaban a nuestras posibilidades, pero encontramos este pasaje en específico que nos ayudaba a hablar de la conquista de manera épica, histórica y casi de aventuras dentro de nuestro esquema de producción. Entonces, de repente, tenemos a estos tres españoles subiendo al volcán, que simbolizaban la gran conquista de México, o incluso la de América, un proyecto en el que ahora se va a embarcar Steven Spielberg –se anunció que proyecta filmar el guión de Dalton Trumbo, Montezuma. El encontrar esta gesta de Diego de Ordaz es una manera de abordar la conquista desde nuestro cine e interés. ¿Trabajar con un presupuesto reducido influyó en el método de trabajo? Nosotros filmamos de una manera horizontal, ya que todos los miembros de la película cumplieron distintos roles dentro del equipo de trabajo. No solo se es actor o director, también se es script o maquillista. El hecho de trabajar con un presupuesto menor crea un compromiso por vivir esa aventura más que por pensar donde se verá después la película. Todo eso fue un goce y creo que ya Herzog propuso en mucho esa manera de filmar. Hace tiempo que vienes trabajando con Yulene Olaizola, pero esta es la primera vez que dirigen al alimón… En todas las películas de Yulene estoy en los créditos en distintos puestos y en las mías aparece ella también. Siempre hemos trabajado juntos porque hemos ido descubriendo la necesidad de ser productores. El cine independiente, autoral o de arte se mueve en un engranaje no comercial más dinámico al querer forzosamente hacer el tipo de películas que queremos hacer. Creo que a partir de ahí se ha dado este nuevo maridaje en el que hemos terminado codirigiendo. Nosotros queremos tener el control de nuestras cosas y que nadie nos indique o nos fuerce a algún camino o a un tipo de decisiones. En ese sentido fue que encontramos la posibilidad de trabajar juntos, obviamente sumando fuerzas los dos nos volvemos más poderosos como productores. Como directores también hemos crecido y espero que esta película tenga el sabor del trabajo de los dos, pero también tiene que ver con que entramos al mundo de la producción y no solamente de escribir, de fotografiar, de editar y todo este lado creativo más directamente relacionado con la parte bonita de la cinematografía, sino con este lado más oscuro y duro de financiar un proyecto y de llevarlo desde cero hasta buen puerto. En Epitafio resulta evidente que la intención no es tanto histórica sino la de explorar la psicología de los personajes… Algo que nos encantó de haber encontrado esta historia sobre Diego de Ordaz y su ascenso del Popocatépetl, es que al leer los textos de Bernal Díaz del Castillo descubres que estos conquistadores tenían un stress muy profundo. Cortés mantenía a su ejército permanentemente armado y les aconsejaba a los soldados dormir junto con el arcabuz. La guerra estaba latente y podían encontrarse de repente con 20 mil indígenas ya que padecieron guerras con los mayas, los tlaxcaltecas y los totonacas. Fueron 11 meses de una campaña muy estresante y, de repente, tienes a estos tres personajes sin ejército y con la sensación de una guerra próxima, metidos en una caminata muy introspectiva. En ese proceso la cabeza te comienza a dar vueltas y comienzas a cuestionarte todo. Entonces, nos dimos cuenta muy temprano que esta película no era una pausa, sino más bien un paréntesis en medio de esta guerra y esta violencia, y por eso los personajes entran en un estado cuasi reflexivo. Ahí tuvimos la chance de entrar en su psique y comenzamos a utilizar tres distintas ideas de personajes. El mismo Diego de Ordaz tiene estas similitudes con el Lope de Aguirre de Herzog y con toda esta imagen que solemos tener generalmente de un conquistador: un tipo loco y absolutamente convencido de lo que está haciendo y que no va a dar marchas atrás hasta llegar a las últimas consecuencias. El personaje de Gonzalo (Martín Román) no existió realmente y está inspirado en un soldado llamado Gonzalo Guerrero, quien naufragó en las costas de Yucatán y terminó volviéndose maya. Cuando Cortés lo quiso rescatar, él les dijo que ya no quería volver con ellos porque se había tatuado el rostro y tenía las orejas perforadas. Ahí comenzamos a pensar en otro conquistador que empezara a dudar de lo que está haciendo en nombre de la corona y, finalmente, el tercer personaje que es este joven que estaba saliendo a buscar el mundo (Carlos Triviño) y al que le venden la idea de encontrar la fuente de la eterna juventud o la ciudad de El Dorado, y que de repente su pequeñez mental y su inexperiencia chocan con la realidad que eso no existe y que lo que hay son montañas y hielo. Ahora que has llegado a este punto, ¿cómo miras tu opera prima, Familia tortuga? Hace poco la volví a ver y creo que cada vez va cuajando más deliciosamente y va adquiriendo esa cualidad de los vinos de añejar. En su momento, cuando lanzamos la película, la gente como que esperaba algo más dinámico, más directo y más claro, o un director que establezca un proceso de comunicación más rápida con ese espectador. Familia tortuga no tenía eso y en un primer momento había gente que la miraba con mucha reticencia, pero también había gente que se apasionaba desde un principio. No es del tipo de película con la que un nuevo cineasta espera conquistar a todo el mundo, pero creo que con el paso del tiempo se ve que es una obra que tiene muchas cualidades. Creo que algo a lo que me he aferrado y siempre he sido fiel, desde aquella película es la necesidad de mantener cierto misterio. A Yulene y a mí nos parece clave, en el cine actual, la necesidad de que un diálogo no sea explicativo. De hecho, Hollywood no puede hacer nada sin explicarlo todo en el diálogo, por más que tengan toda una descripción narrativa. Cada vez soy más reacio a eso. ¿Cómo te has sentido de estar nuevamente en Lima? Soy un gran fan de los cinéfilos limeños, que son muy activos y entusiastas. Estamos muy ilusionados de saber lo que van a pensar de esta película, independientemente de la conexión histórica entre México y Perú, creo que por ahí podemos darnos la mano y entendernos.

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Este artículo forma parte de los contenidos del número 44 de la revista cine TOMA, de julio-agosto de 2015. Consulta AQUÍ dónde conseguirla.

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XXI Festival Internacional de Cine para Niños (…y no tan Niños)

agosto 8, 2016

Es una Alma Mater

Desde 1995, la asociación civil La Matatena organiza Festival Internacional de Cine para Niños (…y no tan Niños), siempre durante el verano, en el que oponen una serie de títulos internacionales –siempre con doblaje en vivo– y nacionales, además de talleres infantiles, conferencias y una gran cantidad de actividades formativas de una noción crítica para los asistentes, sean adultos o infantes, en oposición a la cascada de estrenos comerciales que, principalmente Hollywood, prácticamente monopoliza la totalidad de las pantallas instaladas en el país. Para ejemplificar la labor en la construcción de un aparato crítico, de enseñanza y de pluralidad cultural que ha implicado, reunimos testimonios de cineastas que alguna vez, cuando niños, asistieron tanto al Festival como a los talleres.

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Por Liset Cotera

A 21 años de existencia, hoy por hoy nos toca escuchar las experiencias de los espectadores, de los usuarios que han asistido al Festival Internacional de Cine para Niños (…y no tan Niños), a lo largo de este par de décadas y cachito que nos permitan conocer las experiencias, emociones encontradas, sorpresas otorgadas por el cine, viajes a otras latitudes, además de reconocernos en pantalla con las historias que nos narran otros niños en otros países. También se ha realizado una gran labor en materia de formación de públicos, de inculcar una cultura cinematográfica desde la temprana edad, de generar procesos y espacios de creación que nos permiten constatar y compartir los discursos que los infantes quieren expresar a través de las imágenes en movimiento de una manera muy creativa, lúdica, espontánea y con mensajes muy directos y de gran calidad a través de la animación.

Este es el festival de cine más longevo en México después de Guadalajara que atiende a una población muy importante la niñez de México, promueve la participación de niñas y niños, y es el foro por excelencia del reencuentro entre los niños y el cine cada año en la ciudad.

En este artículo la voz es la de sus espectadores, la de sus hacedores que comparten experiencia de vida y las experiencias que les ha otorgado el festival y, por ende, La Matatena, Asociación de Cine para Niñas y Niños, A.C. Nos toca escuchar a los más importantes de todos: espectadores y realizadores que han dejado un acervo muy valioso que expresan el sentir de varias generaciones de niñas y niños en nuestro país.

Este proyecto ha otorgado muchos insumos para las nuevas generaciones, a lo largo de estos años, por eso estamos convencidos de que la importancia que encierra un proyecto de esta magnitud tendría que estar considerado en la agenda cultural, en las políticas públicas diseñadas en materia de cine para niños en nuestro país, dadas las bondades que encierra y los beneficios que otorga.

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El XXI Festival en cifras

En la vigésima primera edición del Festival Internacional de Cine para Niños (…y no tan Niños), se ofrecerán 90 materiales de 25 países en 54 funciones a lo largo de seis días, del 9 al 14 de agosto, en sedes como la Cineteca Nacional, la Filmoteca de unam, los Faro de Oriente y Aragón, y Universidad Autónoma Chapingo, además de la Sala Carlos Monsiváis del Centro Cultural Tijuana (Cecut).

El Jurado Infantil otorgará los siguientes premios: Mejor Largometraje, Mejor Cortometraje de Ficción, Mejor Cortometraje de Animación, Mejor Documental y Mejor Producción Nacional.

Habrá doblaje en sala en cada una de las proyecciones. Durante el Festival se montará una exposición de las siluetas con las que hacía películas de animación la alemana Lotte Reiniger (1899-1988). Habrá presencia de realizadoras y talleres de cine para niños.

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V edición de MICGenero

agosto 4, 2016

Desacelerar la catástrofe

Por Adán Salinas Alverdi

Teniendo como tema principal el debate en torno a los medios masivos, la democracia y el feminismo, la Muestra Internacional de Cine con Perspectiva de Género llega a su quinta edición con una selección de 87 películas que podrán verse, a lo largo de tres meses, en once entidades de la República y la Ciudad de México, con un cine comprometido con la realidad social y las discusiones más pertinentes en torno a la época actual, que está pasado de los valores tradicionales a los valores sobre y para el individuo, pero que no se reflejan en la cartelera comercial.

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La situación en México es compleja. Hoy, más que nunca, vivimos una de las peores crisis en nuestra historia como estado nación en materia de derechos humanos, libertad de expresión, seguridad humana y corrupción. Desde nuestro nicho, como agentes culturales, nos dimos a la tarea de crear un espacio, la Muestra Internacional de Cine con Perspectiva de Género (MICGenero), en el que se observan ejemplos internacionales, se discute y se proponen soluciones ante esta crisis. La cultura debe sensibilizar y difundir una cultura por la paz, por la igualdad de género y por los derechos humanos. Debemos de evitar, a toda costa, una transición democrática manchada por la violencia y la barbarie. Éste es nuestro esfuerzo y nuestra lucha.

MICGenero, es un festival de cine que tiene como misión acercar el feminismo, los estudios de género y los derechos humanos a la sociedad en general. Este 2016 arribamos a la quinta edición, titulada vs Media: Democracia, Medios & Feminismo. Del 4 de agosto al 30 de octubre, a través de 12 ciudades de la República Mexicana: Ciudad de México, Puebla, Toluca, Xalapa, Oaxaca, San Cristóbal de las Casas, Playa del Carmen, Tijuana, Monterrey, San Luis Potosí, Cuernavaca y Acapulco.

Sensibilizar en el cine

Vivimos tiempos de cambio de paradigmas. Pasamos de los valores tradicionales a los valores sobre y para el individuo. Nuestro país es un mosaico cultural y debemos tener una política cultural, social y económica a la altura de esta situación. Actualmente, hay pocos espacios de convivencia en donde se fomente y aterrice una cultura por la paz, el respeto al otro, la tolerancia, la crítica a la economía política y el respecto al medio ambiente.

Nos gusta pensar que somos un agente que sensibiliza a través del arte, que afecta emocionalmente a nuestro público a través de las películas y que, a través de un debate, precisamos conceptos, visiones e ideologías al respecto de los derechos humanos. Es decir, pasamos de lo afectivo-estético al concepto, teoría y práctica.

Para lograr esta parte del festival, creamos una plataforma llamada 100 Horas de Activismo, la cual convoca a funcionarios públicos, organizaciones no gubernamentales, activistas y estudiantes de posgrado o de maestrías, a donar una hora de su tiempo para comentar la selección oficial de micgenero 2016. La meta es lograr 100 funciones-debate de las 500 funciones que organizaremos a lo largo y ancho del país. A cambio de esta donación, el festival ofrece acceso libre a estos participantes para asistir a todos los eventos del festival en la región en donde se esté presentando.

Plataformas de profesionalización

micgenero también cuenta con actividades de formación para profesionalizar y fortalecer la industria cinematográfica. Contamos con dos proyectos, a saber: GenderLab y Focus Camp. El primero de ellos es una plataforma de apoyo a la producción y postproducción de proyectos cinematográficos con perspectiva de género que este año celebra su tercera edición, dedicado a proyectos que están en etapa de corte final compitan por un premio de 500 mil pesos en servicios de postproducción otorgado por los Estudios Churubusco para finalizar la película. También contamos con actividades tanto teóricas como prácticas a través de talleres con expertos de la industria y la academia, para reforzar los trabajos que están en desarrollo de carpetas de producción.

Por otro lado, Focus Camp es un Foro de Distribución Independiente que se realiza con la firme intención de convertirse en un mercado de cine sobre derechos humanos. México es el cuarto país que más cine consume en el mundo, contamos con alrededor de seis mil pantallas, de las cuales 5 mil 500 pertenecen a Cinemex y Cinépolis, lo que deja quinientas pantallas disponibles para el cine independiente, distinto y contrario a los intereses comerciales con los que se rige la exhibición en nuestro país. Por otro lado, las 10 películas que más taquilla hicieron el año pasado son estadunidenses, es decir, ninguna nos refleja como pueblo y sociedad. Vemos y pensamos otra realidad social y política. Además, de las cinco películas mexicanas con más asistentes el año pasado en la cartelera nacional, ninguna retrata los problemas sociales que atraviesan al país. Es decir que, de ningún modo, la exhibición de cine abona a la transformación social y al cambio cultural que nos resulta tan urgente en este momento. Recordemos que países como Estados Unidos, Alemania, Francia, Rusia y, recientemente, Suecia, han transformado la realidad social y política a través de este dispositivo. También que una política cultural debe velar por la conservación del patrimonio y una guerra frontal del estado y sus políticas contra sus ciudadanos puede desencadenar aún más violencia, acción que frena la vida cultural, pacífica y de concordia para poder crear y desarrollarnos artísticamente.

Intentamos generar, a través del Focus Camp, redes de comunicación entre productoras y cineastas con distribuidores independientes: plataformas digitales (vod), canales locales de televisión en el país, festivales de cine, cines alternativos, periódicos y medios de comunicación para poder exhibir esas otras películas que sí dan cuenta de nuestra realidad social y desde donde es urgente pensarnos.

Tanto GenderLab como Focus Camp son proyectos de formación profesional en el ámbito de la industria cinematográfica. El primero sucede en la Ciudad de México del 8 al 12 de agosto, en el Centro Cultural de España en México y el Goethe Institut Mexiko. Mientras que Focus Camp, tendrá lugar en Tijuana, Baja California, en las instalaciones del Centro Cultural Tijuana (Cecut), del 28 de septiembre al primero de octubre.

El anónimo Banksy

Respecto a la imagen de micgenero, de este año, al ser el tema vs Media: Democracia, Medios & Feminismo, decidimos que la mejor manera de darle identidad sería a través de la obra de un artista conceptual como el inglés Banksy. La obra de este artista ha tenido como escenario muchas de las ciudades más importantes del mundo. Su obra se compone de grafitti, murales, intervenciones de obras artísticas y de espacios públicos, en su mayoría bajo la técnica de stencil, y cuya temática se concentra en la crítica a la posmodernidad, al consumismo, al hiperindividualismo, a la cultura de masas, a los mass media, al ocio, a lo efímero, fruto de la ideología y valores de la política mundial y las sociedades actuales. Banksy trabaja en el anonimato y presenta sus obras de manera clandestina pues, en más de una vez, ha burlado los sistemas de seguridad de algunos de los museos más importantes del Reino Unido y Estados Unidos, para introducir varias de sus piezas.

Banksy llega a micgenero para denunciar las injusticias que se comenten en nombre del progreso y la globalización, y cuyo sufrimiento se vende como entretenimiento en los medios de comunicación masiva para mantener a las sociedades adormecidas, bajo el yugo de la opresión.

Es urgente la transformación social. Hay una verdadera voluntad por parte del gobierno de callar al pueblo. El gobierno ha implementado la violencia por vía de la fuerza pública –ejército, policía–. Se ha vuelto un peligro mortal contestar, protestar y manifestarse. Aunada a esta situación, es claro que no existe voluntad por parte de la mayoría de las instituciones por implementar sistemas de anticorrupción, elevar las reformas e iniciativas a cambios sustanciales en materia de salud, educación, trabajo, energía y economía. Nuestro futuro es desolador y cada vez se sale más de control. Las situaciones se vuelven día a día más de confrontación y peligra la paz.

Ojalá MICGenero abone a la reflexión y podamos desacelerar la catástrofe.

Bernardette Lafont

Selección Oficial 2016

La quinta edición del festival micgenero tendrá como tema principal VS. MEDIA. Democracia, medios & feminismo y se llevará a cabo del 4 de agosto al 30 de octubre en Ciudad de México y 11 estados de la República. En total, a su convocatoria respondieron más de 400 películas de medio centenar de países de todos los continentes. Al final, la selección oficial consta de 87 películas (51 largometrajes y 36 cortometrajes provenientes de 30 países representados), veinte de ellas de producción mexicana, entre los que se ubican 55 documentales, 27 ficciones, tres experimentales y dos animaciones, realizados por 42 directoras y 45 directores. Habrá un ciclo realizado en colaboración con la asociación neoyorquina Women Makes Movies.

Las secciones que conforman esta edición son vs Media. Democracia, Medios & Feminismo; Movilidad Humana y Migración; Derechos Sexuales y Reproductivos; Queer y Postporno; Minoridades en foco; Encierros y reclusión; Resiliencia; Ecofeminismo; Etarismo y relaciones intergeneracionales, y Disonancias.

Las películas que conforman vs Media. Democracia, Medios & Feminismo son:

She s beautiful when she’s angry (Estados Unidos, 2014), de Mary Dore y Nancy Kennedy.

Guido Models (Argentina, 2016), de Julieta Sans.

Federica Montseny, l’indomptable (Francia-España, 2016), de Jean-Michel Rodrigo.

The Free Voice of Egypt-Nawal El Saadawi (Alemania, 2015), de. Konstanze Burkard.

Bernadette Lafont, et Dieu créa la femme libre (Francia, 2016), de Esther Hoffenberg.

Callas Reloaded (Francia, 2015), de Fred Morin (cortometraje).

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XIX Festival Internacional de Cine Guanajuato

julio 22, 2016

Habrá que esperar mucho amor

Por Nina Rodríguez y Misha MacLaird

La decimonovena edición del Festival Internacional de Cine Guanajuato, a realizarse entre el 22 y el 31 de julio en San Miguel de Allende y en Guanajuato capital, tendrá como País Invitado al Japón, del que se presentarán varias retrospectivas de cine vanguardista de distintas épocas, además de tener como homenajeada a la directora Naomi Kawase. Además, se dará un acento muy importante a la música, con conciertos en vivo y varios grupos musicalizando el Rally Universitario, teniendo como tema central la Utopía.

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El ojo en Japón

Resultó imposible pretender ofrecer un panorama completo de la increíblemente rica cultura cinematográfica japonesa para esta décimo novena edición del Festival Internacional de Cine Guanajuato (giff). Hubiéramos podido enfocarnos sólo en una época o un sólo genero y tenido más que suficientes títulos de donde elegir… o bien un sólo cineasta: pongamos por ejemplo al director y poeta Sion Sono, quien realizo seis películas increíbles tan sólo en el 2015… pero quedamos muy contentos e ilusionados con el programa que pudimos armar y que, sin duda, dejará ganas de ver más.

En particular, nos emocionan las películas que representan a tres épocas del cine independiente en Japón. En colaboración la Fundación Japón, hemos organizado un programa de películas enfocadas en el año 1968, un año tan importante en términos políticos en Japón como aquí en México, y también un momento de ruptura y experimentación en cuanto al cine. Tendremos el gusto de exhibir las películas en formatos de 16mm y 35mm, y contaremos con la presencia del curador Go Hirasawa, investigador de la Universidad Meiji-Gakuin.

Por otro lado, estamos también emocionadísimos de poder traer una selección de Hachimiri Madness-Japanese Indies from the Punk Years, un programa de películas filmadas en 8mm durante los años 80 y 90 recién. En una colaboración entre el pia Film Festival de Tokio, el Festival Internacional de Cine de Berlín y en el Hong Kong International Film Festival, las películas han sido restauradas para proyección digital y el programa se estrenó en el Berlinale Forum en febrero 2016.

Y, finalmente, traemos un programa del cine independiente a partir del año 2000, inspirado en el programa presentado en la sexagésima tercera edición del Festival de San Sebastián, en España –titulada Nuevo cine independiente japonés 2000-2015– y coordinado con la ayuda del productor y dirección de programación Festival Internacional de Cine de Tokio Filmex, Shozo Ichiyama, quien también estará presente durante el giff.

Un aspecto siempre importante para el giff es el cortometraje. Contamos con un programa histórico del National Film Center del Museo de Arte Moderno Tokio, una muestra de la historia de la animación japonesa de las décadas de los años 20 a 40 del siglo xx. Además, tenemos dos programas de cortos de los mejores festivales en Japón, Media Arts Festival y Short Shorts & Asia.

Uno de los logros indiscutibles del giff, en años anteriores, ha sido el de crear una particular convivencia con los cineastas invitados especiales, misma que todos han compartido y vivido el mismo entusiasmo conjuntamente. Pensamos que la personalidad y generosidad de la directora japonesa Naomi Kawase, invitada especial de esta edición, van muy a la mano con esta idea de compartir y convivir la magia de ver, hablar y crear mas cine. Esto, obviamente a la par de su particular mirada, intima y poética, que distingue a su estilo único que admiramos tanto y que te hace sentir que la conoces desde hace mucho tiempo. Nos emociona muchísimo poder compartir este espacio con ella y, al igual, sabemos que ella esta muy emocionada de venir y encontrarse con las audiencias y nuevos talentos del cine mexicano.

Además, Naomi es productora de la película Inori (Japón, 2012), de Pedro González Rubio, que resulta una película simbólicamente importante en cuanto al tipo de intercambio que el giff desea extender y continuar. En 2010, el Nara International Film Festival presentó su anterior película, Alamar (México, 2009), y ganó un premio muy particular: ser invitado a participar el programa narative, que a apoya a directores jóvenes en rodar una película en la prefectura Nara, bajo la asesoría del equipo del festival, que por supuesto incluye a Naomi Kawase como productora, pues fundó el festival en su ciudad natal. Las conversaciones con Naomi, en torno a su visita, nos han permitido descubrir las muchas paralelas que existen estos dos festivales –por ejemplo, que la próxima película que se está produciendo en narative, es del director cubano Carlos Quintela, quien fue invitado tras presentar La obra del siglo (Argentina-Cuba-Suiza-Alemania), cinta que compitió en la edición 2015 del giff. La proyección de Inori, en esta xix edición del giff, inaugura una nueva colaboración entre ambos festivales para fomentar los intercambios culturales entre público y cineastas en los dos países.

Nuevas tendencias y talentos

La programación del giff siempre se ha distinguido por enfocarse en los nuevos talentos y las nuevas tendencias, teniendo como meta brindar espacios para nuevas voces.

Desde nuestros inicios, nos hemos enfocado en realizadores jóvenes y seguimos teniendo un fuerte compromiso con los cortometrajistas los que, en muchos casos regresan unos años después, con largometrajes que van ganando premios en los principales festivales del mundo. Seguimos con este enfoque que, más que una línea recta, pretende abrir puertas a muchas otras líneas y tendencias variadas, invitar a ver cine que normalmente no llegan a ver en otros lados, que esto es el punto de partida y la razón de ser del festival.

Las alianzas que hemos ido creando y fortaleciendo con estos festivales no consisten tanto en simplemente replicar parte de su programación, aunque obviamente de manera natural siempre hemos tenido algunos títulos en común. Más bien, las colaboraciones mencionadas están enfocadas de manera mas concreta en fortalecer los lazos e intercambios entre cineastas e industrias de nuestros países. Nosotros llevamos los mejores proyectos y cineastas del giff a participar en el Lab de productores de Rotterdam, al Mercado de Cannes o los mandamos a desarrollar sus proyectos en la Residencia de Berlín y, a cambio, recibimos los cineastas mas talentosos de distintos lugares del mundo. Avalado por estos festivales, aquí en Guanajuato, donde los cineastas se enamoran de México, hacen amigos en la industria Mexicana y ya hemos visto varios casos en los que regresan a filmar, siguen colaborando etcétera. Este año, recibiremos además de los residentes de la Cinéfondation de Cannes, también a una delegación de Sundance, que presentara sus trabajos y participara en actividades con nuestros invitados especiales, conjuntamente con dos becados mexicanos, y tendrán mucha interacción entre los asistentes del evento.

 

Concursos entrañables

Los concursos impulsados por el Festival, tanto el Rally Universitario giff, como el Concurso de Documental Universitario Identidad & Pertenencia, realmente han sido de los proyectos mas gratificantes que hemos tenido. La emoción que se vive en el Rally y, en particular, el proyecto Identidad & Pertenencia, que prácticamente se dirige a estudiantes del Bajío sin ninguna experiencia previa en el ámbito cinematográfico y quienes dentro de tan solo unos meses crecen de una manera inesperada, cada vez más sorprendente, al contarte una historia de su entorno inmediato, a las que comúnmente hacen llamar “historias chicas”. Lo que significa para estos jóvenes, para sus protagonistas y sus comunidades, tanto como para nosotros y, al final, para las audiencias en el festival, y de ahí al público en todos los lugares donde las llevan, es algo innombrable, mucho mas grande que cualquier pantalla. Lo he dicho de broma pero en serio, es el evento del festival donde todos lloramos varias veces y estamos con la piel china continua. Y, bueno, obviamente es un inmenso gusto seguir el camino de estas historias regionales por todo el mundo. Imaginen la emoción cuando supimos que Bajo las brasas (México, 2015), de Verónica Jessamyn López Sainz y Reyna Isabel Chía Chía, llegaría a estar en competencia de cortometraje en el Festival de Cine de Sundance y que la historia de Isabel, una joven de la Sierra Guanajuatense que logró ser la primer mujer en su comunidad en acudir a la universidad, sería compartida con los públicos de allá. Nos recuerda muy bien del poder del cine y el porqué hacemos esto. A partir de este año, una selección de los cortos de Identidad & Pertenencia estarán disponibles en línea para universidades en todo el mundo, como parte de un nuevo proyecto de distribución para fines educativos. Son cortometrajes con mucha riqueza en cuanto a que observan los pequeños detalles tanto de la continuación como de la ruptura de tradiciones y valores en esta región, y la manera en como se manifiestan en lo personal y lo cotidiano. En ese sentido, son valiosos herramientas de enseñanza en una variedad de disciplinas, incluso la antropología, la sociología, estudios de género y más.

Música y mucho amor

Desde sus primeras ediciones, la música siempre ha tenido un espacio importante en el giff, hemos tenido conciertos de Zoe, Julieta Venegas, Café Tacuba todos en los primeros años de Expresión en Corto y hemos estrenado en México documentales como Buscando a Sugar Man (Searching for Sugarman, Suecia-Reino Unido, 2012, de Malik Bendjelloul), Pulp: Una película sobre la vida, la muerte y los supermercados (Pulp. A Film About Life, Death and Supermarkets, Reino Unido, 2014, de Florian Habicht). En el año que tuvimos al Reino Unido como País Invitado, presentamos todo un programa de la Brit Invasion; el año pasado contamos con la presencia de Luis Eduardo Aute. Así que, más que ser algo nuevo, resultó de manera muy natural pero sin duda merece ser un foco de atención, pues los grupos que participan y documentales que exhibiremos en este marco son de lo mejor.

Para esta edición del giff, sobre todo, habrá que esperar mucho amor. Entre los largos internacionales tendremos tres en particular que exploran el tema con bastante profundidad. Y cuando revisamos la selección de largometrajes documentales nos dimos cuenta que en lugar de las grandes guerras y desastres naturales, muchos retratan relaciones intimas, como el lazo entre madres y hijos, temáticas que también han sido favoritos en las ficciones desde siempre simplemente porque parecen las cuestiones mas complicadas y bonitas que hay en la vida y en el cine.

La temática central del festival es la Utopía y, mas concretamente, la confianza en la tecnología como camino hacia la felicidad, que obviamente acaba en desilusión, la mayoría de las veces, así que al final sí contaremos también con películas sobre desastre y guerras.

Y aun enfocándonos en esta desconfianza hacia la tecnología como vía de salvación, otro enfoque de este año será en la realidad virtual, ya que por primera vez contaremos, además de las actividades ya conocidas de nuestra área Epicentro, con una selección real, toda un área de programación de experiencias y una sala de proyección de lentes Occulus Rift.

Además de presentar estos trabajos, habrá un laboratorio donde los cineastas podrán aprender las particularidades de estas plataformas y experimentar con las nuevas formas de contar sus historias.

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VII Rodando Film Festival

junio 20, 2016

Punto de encuentro entre realizadores locales y nacionales

Por Zaire Alejandro García

Fundado como un festival cinematográfico para celebrar el centenario de la Revolución Mexicana en Cerro de San Pedro, el Rodando Film Festival alcanza siete ediciones convertido no sólo en un escaparate para mostrar la oferta fílmica que de otra manera no llegaría a San Luis Potosí sino en un sitio de encuentro entre los realizadores invitados y los de la propia localidad, además de las tres convocatorias estatales.

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Rodando Film Festival es el nombre que recibe el evento cinematográfico creado en el 2010 en el municipio cerro de san Pedro, aledaño a San Luis Potosí, que fue la principal actividad conmemorativa del centenario de la Revolución Mexicana en esta localidad. Para esa primera edición se convocó a realizadores nacionales para un Concurso de Cortometrajes en las categorías de ficción y documental, así como a universitarios potosinos para la participación en el taller 60 segundos, el cual tuvo por objeto la creación de cine minutos por parte de los concursantes. El evento tuvo por nombre primer Festival de Cortometrajes Cerro de San Pedro, gestándose así como el primer festival de cine en San Luis Potosí.

El enfoque tomado por el evento fue el difundir un cine que no tenía cabida en las salas comerciales ni en los diversos foros de la ciudad; un cine, que de no ser traído a San Luis seguiría sin existir ni verse, hasta ese tiempo. Desde el establecimiento del festival en la capital y hasta ahora, no existe una gran diferencia entre la programación de la Cineteca Alameda y el Rodando Film Festival, sino lo que ha existido hasta ahora es un complemento en la programación anual del recinto, nosotros, por nuestra parte, ofrecemos lo más reciente del cine mexicano que, año con año, va creando un nuevo público.

Lograr hacer del festival un espacio en el que conviviera la producción reciente del cine nacional con los cineastas potosinos interesados no fue una decisión como tal, sino que él mismo evento propició la interacción de ambas partes, puesto que al invitar a los directores, productores, fotógrafos, reparto, etcétera, a presentar sus películas, la audiencia interesada comenzó abordarlos con el fin de cuestionarlos y buscar un medio de comunicación directa con ellos. Haciendo que año con año Rodando se convierta en un punto de encuentro entre los realizadores locales y los nacionales.

A través de sus ediciones el evento se ha ido modificando con el objetivo de acercar el cine mexicano a más público, teniendo como resultado un mayor número de películas y sedes dentro de la programación. Se han originado funciones y muestras temáticas, aunado a ello han existido cambios externos a la logística, como movimiento de fechas de presentación e incremento y decremento de días.

De acuerdo a la detallada programación de cada edición, generamos una gran expectativa en un público tanto en el ya cautivo como en el potencial, con producciones exhibidas por primera vez en San Luis Potosí y que, además, en su mayoría tienen una destacada critica nacional e internacional. Asimismo, el uso de espacios alternativos como sedes, propicia el acercamiento de un público diverso.

Nuestra sede principal, el Cine Alameda, sigue manteniendo las mismas condiciones como Cineteca, ofreciendo su diversa programación.

El festival ha impulsado a los cineastas potosinos a filmar a través de tres convocatorias: Una, el taller de cine minuto; otra, el concurso de cortometrajes potosinos, y por último, un taller dirigido a niños. De esta manera propiciamos la creación del acervo local.

Para este verano algunos de los invitados a la séptima edición del Rodando Film Festival son el director de cine Fernando Urdapilleta, el actor Luis Arrieta, el cinefotógrafo Toni Kuhn, el sonidista Guillermo Mena y el productor Arturo Tay. Y en programación tenemos ya confirmadas las películas A los ojos (México, 2013), de Victoria y Michel Franco; Los herederos (México, 2015), de Jorge Hernández Aldana; Epitafio (México, 2015), de Yulene Olaizola y Rubén Imaz; Estrellas solitarias (México, 2015), de Fernando Urdapilleta; Pies ligeros (México, 2016), de Juan Carlos Núñez Chavarría; la muestra de cortometrajes del Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine) 2016 y la muestra del Centro de Capacitación Cinematográfica (ccc) 2016 entre otras.

Para la séptima edición del Rodando Film Festival, a realizarse del 22 al 26 de junio, hemos reducido la duración de nueve a cinco días, a causa de la logística propia del evento, no como consecuencia de la crisis cultural.

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Este artículo forma parte de los contenidos del número 46 de la revista cine TOMAde julio-agosto de 2015. Consulta AQUÍ dónde conseguirla.

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XX Mix México: Festival de Diversidad Sexual en Cine y Video

mayo 27, 2016

Intacta, el ansia del escándalo

Por Arturo Castelán

Imperceptible pero imparablemente, aquella cartelera mexicana que mostraba cada vez mayor apertura en los años setenta y ochenta, fue clarificando una necesidad en el espectador fílmico mexicano: las películas de nicho, es decir, aquellas que pertenecen, a veces involuntariamente, a géneros como el New Queer Cinema o el cine gay, un cine sobre sexualidad que se rebela, se atreve, incomoda y se enorgullece de su diferencia. El mixxx Aniversario alcanza dos décadas de existencia apuntalando ese cine de escasa o nula presencia en la cartelera mexicana.

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A finales de los años setenta, el que aquí les narra su historia apenas estaba aprendiendo a escribir y compraba cuadernos de hoja blanca donde dibujaba entradas de cine con marquesinas a las que le cambiaba títulos todos los jueves para anunciar las películas que quería ver, pero a las que, por su edad, aún le impedían la entrada –sobre todo su padre y su tía, quienes eran los que le llevaban más. Recuerda, lejanamente, haber jugado a programar algunas joyas del sexploitation: Verano Salvaje (México, 1980), del cineasta gay Enrique Gómez Vadillo; Dulces navajas (o Navajeros, España, 1980), de otro cineasta gay ibérico Eloy De la Iglesia; Él sabe que estás sola (He Knows you are Alone, Estados Unidos, 1980, de Armand Mastroianni), y Nacidos para perder (Estados Unidos, 1967, de Tom Laughlin).

Y apenas aprendiendo a leer, unas cuantas idas con su madre al recién construido Cine Piscis –a unas cuatro cuadras de su casa en la colonia Romero Rubio– le revelarían una nueva fijación: el cuerpo masculino desnudo. En la película juvenil Roller Boogie (Estados Unidos, 1979, de Mark L. Lester), Linda Blair enamorada de Jim Allen y sus jeans entallados, encueraba a su novio para escapar con el patinador. Otro hombre desnudo corría aterrado en medio del violento desierto en Mad Max (Australia, 1979), de George Miller. En El legado (The Legacy, Reino Unido-Estados Unidos, 1978, de Richard Marquand), de, Sam Elliot aparecía espectacular saliendo de la regadera y lastimado con vidrios embrujados frente a Katherine Ross. Y luego, en La chica del adiós (The Goodbye Girl, Estados Unidos, 1977, de Herbert Ross), Richard Dreyfuss interpretaba a un actor que mostraba la homosexualidad de un personaje de Shakespeare, lo que provocaba el fracaso de su obra.

La gradual apertura

Y así, este chamaco fan del Cine Guía –la revista de Carlos Amador que duró apenas un par de años y en la que se publicaban entrevistas y carteleras con los filmes que exhibían Organización Ramírez, la Compañía Operadora de Teatros (cotsa), los cines de Gustavo Alatriste y su propia compañía, Telecines casa), quedaba atónito ante un periódico que se llamaba Cine Mundial –que publicaba muchas noticias de cine para el apetito voraz de este cinéfilo en formación– y amante de los anuncios de cine que aparecían en los periódicos Excélsior y El Heraldo –a los que estaban suscritas su abuela y su tía respectivamente– que le parecían cada vez más atrevidos y audaces… Si bien ya estaba acostumbrado a ver de manera natural las sinuosidades de Christie Brinkley, Rene Russo y Gia Carangi –impresionado aún– en las portadas de Francesco Scavullo para Cosmopolitan –“Cuñada, estas modelos están mejores que las de las revistas que compro” le decía un tío–, las carteleras cinematográficas le resultaban aún más atrevidas porque las estrellas del cine nacional aparecían desnudas mostrando los senos cuyo pezón era más o menos escondido por una estrellita –para filmes como Bellas de noche (México, 1975, de Miguel M. Delgado) o Emmanuelle (Francia, 1974), de Just Jaeckin–, haciendo un striptease de manera repetida en un par de filmes –Alma Muriel en las fotos de Cuando tejen las arañas (México, 1977, de Roberto Gavaldón) y Burlesque (México, 1980, de René Cardona)– o restregándose encima de otros hombres desnudos –Isela Vega encima de Gonzalo Vega en Las apariencias engañan (México, 1978), del director gay Jaime Humberto Hermosillo.

El caldo de cultivo para fundar Mix México: Festival de Diversidad Sexual en Cine y Video se fue engrosando en la mente de este chamaco, quien años después lograría armarlo… La Jaula de las Locas (La cage aux folles, Francia, 1978, de Édouard Molinaro) y luego Víctor Victoria (Victor Victoria, Reino Unido-Estados Unidos, 1982), de Blake Edwards, se eternizaron en el cine María Isabel del Hotel Sheraton. Una historia diferente (A Different Story, Estados Unidos, 1978), de Paul Aaron, y Maurice (Reino Unido, 1987), de James Ivory, logran algo similar en el Cine Paseo y el Cine París. Jóvenes corazones gay (Torch Song Trilogy, Estados Unidos, 1978), de Paul Bogart, se estrena en una sala en plena y conservadora Plaza Satélite, donde ahora este chamaco pasaba su adolescencia. Esa fue la primera película gay a la que asistió en su recién adquirida mayoría de edad. Después vería Atracción Fatal (Fatal Attraction, Estados Unidos, 1987), de Adrian Lyne, y Coctel (Coktail, Estados Unidos, 1988, de Roger Donaldson).

Cuando la Muestra Internacional de Cine llegó al Apolo Satélite, a este niño se le abrió otra caja de dulces: en esa primera edición a la que asistí apareció Reacción en cadena (Kopytem Sem, Kopytem Tam, Checoslovaquia, 1988, de Vera Chytilová), era una historia soviética sobre el sida, mientras que Rudolf Tome, María Novaro y Eliseo Subiela exploraban el desnudo masculino en El filósofo (Der Philosoph, Alemania Occidental, 1989), Lola (México-España, 1989) y Hombre mirando al sudeste (Argentina, 1986). Ya después lo gay será tema frecuente –Gerardo Salcedo, ex programador de la Cineteca Nacional me contó que el año en que se presentó Henry y June (Henry & June, Estados Unidos, 1990), de Phillipe Kauffman, en la Muestra, fue uno en el que casi todos los filmes presentaron un subtema gay.

Pero la Semana Cultural Lésbica Gay, con su revisión de materiales ya estrenados –¡cuántas veces no habrá visto ahí, repetidas anualmente, Las noches salvajes (Le nuits fauves, Francia-Italia, 1992), de Cyril Collard; Mi camino de sueños (My Own Private Idaho, Estados Unidos, 1991), de Gus Van Sant; La ley del deseo (España, 1987), de Pedro Almodóvar; Maurice!–, y la apertura del Cinemanía Loreto con Desmayo (Swoon, Estados Unidos, 1992), de Tom Kalin; Arde París (Paris is Burning, Estados Unidos, 1990), de Jennie Livingstone, y Las horas y los tiempos (The Hours and Times, Estados Unidos, 1991), de Christopher Munch, que nos hicieron voltear a un género que apenas conocíamos algunos en México: el New Queer Cinema –un movimiento así bautizado por la crítica estadounidense B. Ruby Rich para referirse al cine con personajes gays nacido para rescatar las estéticas de la diversidad sexual ante la epidemia del sida y en cuyo libro, Chick Flicks: Theories and Memories of the Feminist Film Movement (Duke University Press Books, 1998), se publicaría justo en el nacimiento de Mix México–; no hicieron más que subrayar, de manera obvia e inminente, la necesidad de un evento fílmico que mostrara de manera digna y en una sala de cine, tanto estrenos como materiales que no podíamos ver con facilidad en el país.

La entrada del Elektra

Todavía recuerdo la mini entrada del Cine Elektra (Hoy Cinemex Reforma) en donde una audiencia de empleados y burócratas formaban parte de la audiencia que acudía, de manera asidua, a ver las joyas del cine mundial. En la década de los ochenta aún programaban de manera diaria un filme distinto y, más o menos, buscaban coincidir con las efemérides para lograr un gran efecto de taquilla –como los llenos totales para ver el Jesús de Nazaret (Jesus of Nazareth, Italia-Reino Unido, 1977), del cineasta gay Franco Zefirelli en plena Semana Santa–. Pero igual se lograban ver filmes de conciencia política-ecológica como El Síndrome de China (The China Syndrome, Estados Unidos, 1979, de James Bridges), producida por su protagonista, el actor Michael Douglas, a la par que filmes que, entonces, se entendían como familiares, como el musical La Novicia Rebelde (The Sound of Music, Estados Unidos, 1965) de Robert Wise; documentales de conciertos como los que registraban los espectáculos de The Beatles o The Rolling Stones, e incluso películas atrevidas como las exploraciones nazi-sadomasoquistas-eróticas de El portero de noche (Il portiere di notte, Italia-Estados Unidos, 1974), de Liliana Cavanni, o cintas de culto bautizadas estimulantemente como Orgía de horror y locura (que tal fue el nombre con que llegó a México The Rocky Horror Picture Show, Estados Unidos-Reino Unido, 1975, de Jim Sharman), lograban ver la luz en tan deliciosa programación. Pero fue ahí, en esa pequeña sala de Río Guadalquivir, a media cuadra de Reforma, que hace veinte años nació el Festival Mix, poniendo en jaque la definición –o la falta de definición– sexual de las películas.

El festival se fundó en una época en la que, planteándose la necesidad de producir cine mexicano que lograra recuperar su inversión –como ocurría en la Época de Oro o en nuestra época de Cine de Ficheras–, apareció el término de nicho, que empezó a aplicarse a los filmes que estaban por producirse. Y el nicho del cine gay empezó a utilizarse de manera renuente por parte de los distribuidores y muchas veces en contra de directores acostumbrados a decir que su trabajo es universal, enfrentados de manera sorpresiva a la realidad de un negocio que se llama cine.

El ligue en el Cine Elektra desapareció una vez que cambió de dueño; el de los cines sobre Reforma desapareció ante la quiebra de cotsa y el subsecuente cierre de sus salas, pero la organización formada por los grupos Lésbicos Gay Bisexual y Transgénero (lgbt), ante la tibia respuesta del gobierno para combatir el sida y los avances de la derecha contra la cultura, generó un renacimiento en el tejido social de la comunidad gay y el nacimiento del Festival Mix, junto a la resistencia de la Semana Cultural Gay, que se convirtieron en bastiones imposibles de negar y cuya presencia inspiraría réplicas en toda la República Mexicana.

En nuestro país aún hay que recuperarse de filmes y visiones no sólo negativas, sino incluso difamatorias, que infaman a grupos gays ya despiertos al cine que reciben, quienes para defenderse piensan en todo: desde tácticas de boicot mercantil hasta censura abierta y aberrante.

El espíritu del Mix

Pero el niño cinéfilo, ahora cuarentón, flipa cuando el Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine) apoya al Mix produciendo los guiones que ganan en su concurso; cuando Levi’s le imprime publicaciones para celebrar el arte del festival construido en imágenes por el fotógrafo Celadón y el actor del momento, quien modela reinterpretaciones fílmicas; cuando el Instituto de la Juventud (Injuve) de la Ciudad de México premia a menores de 30 años que buscan reinterpretar la realidad gay con sus cámaras; cuando llegan los invitados internacionales; cuando se exhiben películas en más y nuevos foros de la Ciudad de México, y más aún cuando escucha títulos de nuevos filmes, que le estremecen a la locura, aún sin conocer sus contenidos. Pero es que apenas nos enteramos de filmes sobre sexualidad llamados Te prometo anarquía (México-Alemania, 2015, de Julio Hernández Cordón); Me quedo contigo (México, 2014, de Artemio Narro); El placer es mío (México, 2015, de Elisa Miller); Bellas de noche (México, 2016, de María José Cuevas), –previo shock imaginativo estimulado por la belleza de sus títulos y premisas–, va, los anota en la compu y se pone a perseguir en los catálogos de los festivales en que han participado, sus cambios de teléfonos de contacto para poder invitarlos al festival anual que dirige.

Y también cuando ve que el filme de inauguración, el de clausura y los cortometrajes que presentó en la edición anterior están nominados a algún premio, va y comparte la noticia con otros niños cinéfilos sensualistas –gays o no gays– que conforman su comunidad en las redes sociales. Qué digo comparte la noticia. Comparte el impacto: la Academia que otorga el Ariel este año ha nominado a Made in Bangkok (México-Alemania, 2015, de Flavio Florencio), documental sobre una bellísima transexual y el milagro de su vida; el registro de vida de un prostituto respetuoso de Muchacho en la barra se masturba con rabia y osadía (México, 2015), de Julián Hernández, y el cuento de hadas Trémulo (México, 2015), de Roberto Fiesco, estos dos últimos presentados por primera vez en la Ciudad de México en Mix México: Festival de Diversidad Sexual en Cine y Video, y ahora nominados a Mejor Cortometraje Documental y Mejor Cortometraje de Ficción, respectivamente.

A 20 años de inaugurar el primero, Arturo Castelán, director de Mix México: Festival de Diversidad Sexual en Cine y Video, le cuenta en la noche a un actor, que está harto del cine mercantilista, hipócrita y retrógrado, y que aún se siente con el deseo firme de celebrar el trabajo de los protagonistas de un cine que se rebela, se atreve, incomoda y se enorgullece de su diferencia. “Ese es el espíritu de Mix”, le explica. Siempre insatisfecho, pero con el ansia intacta del escándalo.

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MIXXX Aniversario, Festival de Diversidad Sexual en Cine y Video, se celebrará, a partir del 28 de mayo, en la Ciudad de México, en las siguientes sedes: Universidad Autónoma de la Ciudad de México, Centro Cultural José Martí, Cinematógrafo del Chopo, Cinépolis Diana, Cineteca Nacional y el Centro de Cultura Digital. Mayor información en la página electrónica: http://www.elfestivalmix.com.

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VIII Festival de Cine Mexicano de Durango

mayo 18, 2016

Un proyecto más que consolidado

Por Iván Delhumeau

Ocho ediciones luego de haber sido fundado por el cineasta Juan Antonio de la Riva, el Festival de Cine Mexicano de Durango ha consolidado una manera peculiar de programarse y realizarse, al hacer competir largometrajes nacionales de ficción con los de documental, lo mismo en su competencia tanto nacional como local de cortometrajes. Erigiéndose como una ventana para que el público de la entidad pueda ver la producción de cine nacional que, de otra manera, difícilmente llega a los tres grandes complejos cinematográficos instalados en la ciudad capital.

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Fundado en 2009 por el realizador Juan Antonio de la Riva, cuando fungía como Director del Instituto de Cultura de la entidad, el Festival de Cine Mexicano de Durango es hoy, en vísperas de su octava edición, es un proyecto más que consolidado. La inclusión de nuevas convocatorias lo han refrescado y el interés del público duranguense ha ido en aumento.

El estado de Durango tiene, desde hace 62 años, una innegable vocación cinematográfica, antaño en la producción, al facilitar sus sets y sus escenarios naturales a las compañías productoras tanto nacionales como extranjeras y, hoy en día, al albergar un festival exclusivo para el cine mexicano. En cada edición se han agotado las localidades para presenciar las sección de Largometraje Mexicano en competencia y, en especial, la Competencia de Cortometrajes Hecho en Durango, que ha despertado el interés de muchísimos jóvenes.

Estudiantes, principalmente de dos universidades privadas y que cursan la carrera de comunicación –que dentro de su matrícula incluyen alguna materia relacionada con el cine–, participan con sus cortos, en los cuales, si bien se evidencian carencias tanto técnicas como de estructura narrativa, también demuestran el entusiasmo por hacer cine.

Herederos, creo que inconscientemente, de una brillante generación de jóvenes que, en la década de los setenta hicieron cine en el desaparecido formato de Súper 8, pretenden tomar la estafeta en la actualidad y encuentran en el festival la ventana más importante para ser vistos, pues su trabajo puede ser observado y juzgado por los miembros del jurado, siempre personajes de reconocido prestigio.

Los llamados Superocheros, en la década de los setenta, encabezados en Durango por el mismo Juan Antonio de la Riva y Alberto Tejada Andrade (qued), trataban simplemente de expresarse y mostraban sus cortometrajes de forma silente –debido a que el formato carecía de sonido–, principalmente ante el público universitario. Hacían cine-debates para tratar de explicar lo que quisieron expresar en la película y lograron incluso hacer cortometrajes con contenido social y crítica política.

Los jóvenes que hoy participan en la sección Hecho en Durango tienen otra manera de expresarse, por un lado muy apegada al tipo de cine que consumen, pero también a la sociedad contemporánea, cada día menos crítica y reflexiva, en la que viven. Pero el entusiasmo por participar va en ascenso, cada año se inscriben más cortometrajes y, lo más importante, hay directores que participan cada año aunque no siempre resulten seleccionados. A ellos se les agradece su constancia y persistencia.

Uno de los aciertos del festival ha sido el evitar hacer distingos entre el género documental y el de ficción, pues de esta manera el público que asiste a las funciones ha aprendido a valorar el cine, independientemente de las historias que se cuentan en la pantalla. Eso, sin duda, sembrará la semilla en espectadores que están aprendiendo a ver documentales, para que en un futuro no muy lejano demanden un boleto en la taquilla de complejos cinematográficos comerciales, para entrar a ver una película de éste género tan poco valorado antaño por las masas.

Incluso, el público de Durango ha aprendido a ver películas de ficción muy diferentes a las que normalmente veía. Una prueba de ello fue la aceptación que tuvo la película Me quedo contigo (México, 2015), de Artemio Narro, en la anterior edición del festival. En un recinto abarrotado, nadie abandonó su butaca, pese a lo denso de la trama y lo conservadora que algunos consideran todavía a la sociedad duranguense. Finalmente, dicha cinta fue la ganadora de la sección de Largometraje en Competencia –aunque eso fue cosa de los miembros del jurado, que son los expertos–, pero también fue la ganadora del Premio de la Crítica, que en un ejercicio de deliberación pública ̶ otra de las novedades del festival ̶ , los críticos Fernanda Solórzano, Ernesto Diezmartinez Guzmán y Erick Estrada, después de un largo debate y no de manera unánime, eligieron como ganadora de esa categoría.

En fin, los festivales de cine fueron creados para ser una plataforma de exhibición previa al estreno comercial de las películas. En ese caso el Festival de Cine Mexicano de Durango ha cumplido porque, edición tras edición, ha dejado al público con ganas de ir a ver las películas que en él concursan, a una sala de cine comercial. En el caso concreto de Durango, la mayoría de las películas mexicanas no llegan a los tres grandes complejos cinematográficos que existen en la ciudad, sin embargo, cuando las películas que han participado en el festival se exhiben en la Cineteca Municipal –también fundada por Juan Antonio de la Riva en 1996, por cierto–, el público acude con gusto y vuelve a verlas, además de convencer a nuevos espectadores a través de la vox populi.

Este tipo de festivales, sobre todo los de cine mexicano, resultan fundamentales para crear en el público una cultura de ver la producción nacional. De las 23 películas que se beneficiaron con el estímulo fiscal Eficine-distribución en el 2014 y que se han ido estrenando entre ese año y el actual, sólo ocho lograron superar el importe otorgado por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y el contribuyente aportante. Es decir, se les dio cierta cantidad de dinero para que tuvieran mayor promoción y difusión, y lograron exhibirse comercialmente, algo que sin ese apoyo nunca hubieran logrado, y el público, en términos generales, fue incapaz de demandar un boleto en taquilla para verlas. Todas esas películas tienen un público cautivo en los festivales y el siguiente paso que deberán dar todos los involucrados, es seguir haciendo sinergia con la finalidad de que en el país se vea más cine mexicano.

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La edición 2016

La octava edición del Festival de Cine Mexicano de Durango se realizará entre el 18 y el 22 de mayo de 2016, teniendo como sede principal el Teatro Victoria de la ciudad de Durango, bajo la coordinación adjunta de Christian Sida Valenzuela –director ejecutivo del Festival de Cine Latinoamericano de Vancouver, y de Víctor Hugo Galván. Este año, el realizador Rodrigo Plá impartirá el taller Del guión al trazo escénico y la asociación cultural Voces Culturales En Breve impartirá el taller Cine Infantil En Breve. También se continuará con la tradición de tener un Jurado Joven, así como una deliberación pública del Jurado de la Crítica. También se convocó al concurso de cineminutos con tabletas electrónicas y teléfonos inteligentes ¡Durango en Minuto!

El concurso de Cortometraje Nacional se integrará por los trabajos El ocaso de Juan, de Omar Deneb Juárez; Los aeronautas, de León Fernández; La hija prometida, de Fernando Rangel; Los gatos, de Alejandro Ríos; Mila, de Óscar Enríquez; El buzo, de Esteban Arrangoiz, y Aurelia y pedro, de Omar Robles y José Permar. En tanto, los cortometrajes de la sección Hecho en Durango que competirán son: Di algo, Ana, de Lluvia Angélica Herrera Argandoña;

Appamor, de Jorge Sandoval Ruiz; Elefantes de papel, de Juan José Hinojosa Trancoso; Clemencia, de Jesús Emmanuel Vázquez Amador; El principe charro, de Johnatan Juárez Sariñana; Entre líneas, de Iván Valentín Santillán Torres, y Olvidadas, de Pamela Velázquez.

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“¿Qué culpa tiene el niño?”, ironía clasista estilo chilango de Gustavo Loza

mayo 14, 2016

Mi interés es entretener al público

Por José Juan Reyes

Si para una comedia negra sobre el choque de clases luego de un fugaz encuentro amoroso que deviene en embarazo entre una niña bien, hija de un poderoso diputado, y un guapetón repartidor de pizzas, se contrata a conocidos personajes de películas y series emblemáticas, el director no pone objeciones a teñir su historia con ciertas referencias que los relacionen con sus trabajos anteriores. Todo con el afán de provocar la risa.

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Frente al hecho de que son muy pocas cosas las que nos sorprenden, es comprensible que una comedia de humor chilango nos muestre una historia en la que lo de menos es el origen social de los personajes, ni el asunto de si tienen dinero o no, porque lo relevante en este caso es preguntarnos justo la frase que da título al largometraje: ¿Qué culpa tiene el niño? (México, 2016).

Se trata de la más reciente película del director Gustavo Loza –Atlético San Pancho (México, 2001), Al otro lado (México, 2004), Paradas continuas (México, 2009) y La otra familia (México, 2011)–, en la cual tiene como protagonistas a Karla Souza, Ricardo Abarca, Chucho Ochoa y Mara Escalante.

La película narra la historia de Maru (Souza), mujer independiente, hija de un encumbrado político, quien después de una divertida y tremenda borrachera, descubre que está embarazada de Renato (Ricardo Abarca, protagonista de las serie televisiva colombiana Cumbia ninja), un muchacho guapetón vive con su madre, trabaja y estudia de vez en cuando, y consigue dinero como repartidor de pizzas. A las pocas semanas de su inesperado encuentro, ambos descubrirán la situación en que se encuentran y que, desde luego, es algo que no estaba dentro de sus planes de ninguno. Pero las circunstancias los obligan a lidiar juntos con este pequeñito asunto…

Jesús Ochoa interpreta al diputado Zamacona, padre de Maru, quien es parte esencial para la trama del filme, mientras que Mara Escalante es Rosie, quien da un toque cómico y se suma a la historia como la mamá de Renato. A la cinta se suman además otros actores más como Fabiola Guajardo, Gerardo Taracena, Biassini Segura, Erick Elias y Sofía Sisniega, entre otros.

Producida por la reconocida Mónica Lozano –Amores Perros (México, 2000), de Alejandro González Iñárritu; Nicotina (México-Argentina-España, 2003), de Hugo Rodríguez; No se aceptan devoluciones (México, 2013), de Eugenio Derbez, entre otros 35 títulos–, y las compañías Adicta Films y Alebrije Cine y Video,¿Qué Culpa Tiene el Niño?, con distribución de Diamond Films estrenará en la cartelera mexicana desde el jueves 12 de mayo.

Gustavo Loza ofrece una serie de personajes icónicos de cada uno de los estratos sociales mexicanos: la niña rica es hiper-fresa y sus amigas son superfluas; el político es corrupto, tiene esposa y amante; el joven es pobre pero honrado, dispuesto a salir adelante con su gorda y su hijo; el chofer nacón, fiel y enamoradizo, y para cerrar con broche oro, la suegra paterna es todo un personaje que combina la típica belleza urbana exacerbada con una franca actitud nacota.

Desde Amsterdam, Holanda, es la charla con Gustavo Loza. “Me parece que, desde el principio, plantemos esta historia como un divertimento a través de la presencia de estos personajes, que son fáciles de encontrar en nuestra sociedad y al mismo tiempo darle cierta profundidad a la anécdota, es decir, al provenir de estratos sociales tan distantes, los personajes centrales reflejan el clasismo, la doble moral y la manera cómo los prejuicios dominan las acciones cotidianas… pero desde luego nada de esto aparece una forma densa o muy formal, sino que las cosas sucede una tras de otra, de tal forma que cada detalle se vuelve muy divertido o bien las consecuencias de los actos de todos los personajes dan como resultado bromas e ironía. Esa es la combinación que me interesa tener en esta película”.

En su ya abundante carrera como director, que combina la direccion de cine con la de series televisivas como El Pantera (2007-2008), Los Héroes del Norte (2010-2011), El albergue (2012) y Cloroformo (2012), y dan forma a la profusa trayectoria de Gustavo Loza, en la que se abordan temas distintos entre sí, pero contienen como constante la agilidad narrativa y la insistencia de que los actores desarrollen un trabajo lo más realista posible, para lograr así que el público se identifique con ellos. A esta filmografía debemos agregar, en el caso de ¿Qué culpa tiene niño?, la decisión de dejar que referencias externas de los actores principales aparezcan como parte de la trama.

Así lo explica: “Nunca he intentado colgarme del trabajo de otro. Esto no es una segunda parte de laguna película previa de Karla Souza, por ejemplo, pero al mismo tiempo, desde que cerramos el cast sabíamos que su rostro está inevitablemente ligado a Nosotros los Nobles (México, 2013, de Gary Alazraki) o que Mara Escalante es ‘Doña Lucha’ (de la serie televisiva María de todos los Ángeles), en cualquier escenario donde se presente. O bien, que Gerardo Taracena, a quien nunca hemos visto en un papel como el que interpreta en esta ocasión, pues su trabajo ha sido mucho más serio –Hombre en llamas (Man on Fire, Estados Unidos-Reino Unido, 2004, de Tony Scott), El violín (México, 2005, de Francisco Vargas), Apocalypto (Estados Unidos, 2006, de Mel Gybson), Atrapen al gringo (Get the Gringo, Estados Unidos, 2012, de Mel Gibson). Mientras que Ricardo Abarca ha hecho su carrera en Colombia, donde actualmente graba la serie Cumbia ninja (Colombia, 2013-a la fecha, de Andrés Gelós). Mi interés al hacer cine es entretener al público, de pasada si logro hacer que reflexione sobre algún tema, entonces todo ha valido la pena, pero no estoy interesado en filmar para mis amigos, de ahí que esta historia cuente con la colaboración de estos actores, cuyos perfiles ayudan a que el público se interese en una anécdota que tiene aspectos originales y muy divertidos. Es cierto que también hay referencias al cine de comedia mexicano, lo cual es inevitable y considero que hasta es sano que ocurra de esa manera. Lo que les pasa a estos personajes están siempre en el rango de lo posible, no me interesa la comedia de pastelazos o de chistes fáciles, sino que sean las acciones y las características de cada uno de ellos lo que provoque la risa. En este caso la intención es clara en ese sentido. Espero el público la comparte y se divierta”.

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Este artículo forma parte de los contenidos del número 46 de la revista cine TOMAde julio-agosto de 2015. Consulta AQUÍ dónde conseguirla.

VI Festival Internacional de Cine en el Desierto

mayo 11, 2016

Una ventana hacia adentro

Por Oliver Rendón y Fernando Álvarez Rebeil

El aislamiento geográfico, convertido a menudo en uno de índole cultural, ha convertido a Sonora, en un territorio lejano de las principales urbes y de los principales rasgos de identidad del resto del país. Y el asunto se agrava en materia cinematográfica, por lo que el Festival Internacional de Cine en el Desierto se erige como una opción para conocer, en la primera quincena de mayo, películas y realizadores que difícilmente llegarían a la ciudad de Hermosillo de otra manera. Y sin glamour ni alfombras rojas.

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Sonora ha sido, siempre, una región aislada del resto de la República Mexicana. Durante mucho tiempo, el acceso a sus poblaciones fue complicado y la relación con los principales centros urbanos del país era casi imposible. La geografía jugó un papel preponderante para que lo sonorenses dirigieran su mirada hacia el norte y forjaran una identidad cultural muy aparte de la del resto de México y, más aún, de la de otros países al sur del territorio nacional. Sin embargo, esta región comparte muchos rasgos –políticos, económicos, sociales, lingüísticos– con el resto de America Latina. Y prácticamente nada de eso se ve reflejado en las películas que se ofrecen en las salas de cine del estado.

Fue por estas razones que hace seis años, un grupo de cinéfilos y cineastas sonorenses tuvo la inquietud de organizar una serie de actividades que contrarrestaran esta situación y que condensaran los intentos por llenar distintas carencias, principalmente con la conformación de una cartelera –libre de Hollywood y sus imitaciones– en la que nuestra realidad se viera reflejada, junto con la organización de espacios de formación cinematográfica y otros foros en los que se pudieran entablar discusiones con cineastas de otras partes. Estando en la última frontera latinoamericana se decidió abrir una ventana hacia el sur, pero también hacia adentro, hacia uno mismo, hacia el cine que se quería hacer en casa. Por ello la metáfora no fue accidental: había      que titularlo Festival Internacional de Cine en el Desierto (FICD). Pues en esta zona, la del desierto sonorense, resultaba urgente saciar su sed de ver, de conocer y de sentir diferente, al menos en términos fílmicos.

Nuestra programación se conforma por alrededor de 20 largometrajes, divididos en cuatro secciones: Muestra Mexicana, Muestra Latinoamericana, Muestra del País Invitado y Muestra para Niños y Jóvenes. Además, tenemos cuatro secciones en competencia: Cortometraje Latinoamericano de Ficción, Cortometraje Latinoamericano Documental, Cortometraje Sonorense y Guión de Cortometraje. Todas las proyecciones son gratuitas y se ofrecen en espacios públicos.

Para nuestra sexta edición, a realizarse del 11 al 15 de mayo, contaremos nuevamente con cineastas de México y de otras latitudes que vienen a dialogar sobre sus películas con los sonorenses y a formar parte de foros y talleres en los que se reflexiona acerca del cine latinoamericano contemporáneo, se discuta sobre un cine sin fórmulas y se planteen propuestas para realizar un cine cuya posibilidad de materialización se adecue más a nuestra realidad.

El FICD no contempla al cine desde una perspectiva industrial. Nos interesa enfocarnos en el cine como manifestación artística a escala humana, en obras autorales y producciones independientes. Nuestro contexto no nos presiona a conseguir estrenos mundiales ni nacionales. Tampoco nos hemos propuesto organizar desfiles sobre alfombras rojas. No consideramos que un festival de cine deba tener una correlación directa con el glamour, pues estamos en desacuerdo en que esos gestos puedan acercar el cine a la gente y viceversa. No creemos que esas costumbres sean acordes a nuestra realidad. Al menos no en Sonora.

Gracias a esta apertura, estudiantes de distintos rincones del país y de Latinoamérica se han acercado a nuestros espacios de formación. También ha provocado que, el año pasado, en respuesta a nuestras convocatorias se recibieran más de 280 cortometrajes de diez diferentes países de la región para nuestra área de competencia. Y lo más importante es que cada año crece exponencialmente el número de personas que se sienten convocadas a formar parte de este evento, tomándolo como un motivo para el encuentro corpóreo y rompiendo la lógica de fragmentación social que tanto se vive actualmente en muchas entidades de este país.

Con cada edición del festival se confirma la avidez de los sonorenses por ver más un tipo de cine –tanto mexicano como latinoamericano– cuyas formas y contenidos cuestionan el estado de las cosas y demuestra la necesidad que ese tipo de cine tiene por exhibirse en nuevos rincones geográficos, diferentes a los habituales. De tal manera, hemos hecho posible el encuentro entre el público de este estado y los filmes de directores como Alejo Moguillansky, Camila José Donoso, Alejandro Fernández Almendras, Matías Piñeiro, Gustavo Gamou, Matías Piñeiro, Everardo González, Tatiana Huezo, Fernando Guzzoni, Paula Markovitch, Ricardo Silva y Nicolás Pereda, entre otros.

Esta sexta edición tendremos como país invitado a Argentina. Además de poseer una cinematografía rica, plural y de relevancia mundial, este año se cumple el cuarenta aniversario del exilio argentino ante el cual México abrió sus puertas a miles de personas originarias de ese país que huían de la dictadura y mucho aportaron a nuestra sociedad. Aprovechando la conmemoración de este suceso, pensamos que era importante vincularnos como pueblo con esta memoria que tiene tanto eco en el presente nacional. La programación de esta edición versa sobre el exilio, el desplazamiento y la marginación. De la patria, de la casa, de lo que es de uno. De periodistas, de mujeres, de hombres, de jóvenes, de niñas y niños, de ancianos, de familias enteras, de pueblos enteros. Con historias de Sonora, de la Ciudad de México, de Tijuana, de Chiapas, de Ciudad Juárez, de Sinaloa y de Michoacán. También de Argentina, Perú, Cuba, Chile y Venezuela.

Recibiremos estudiantes de distintos lugares de América Latina que se han inscrito en el ii Laboratorio para un Cine Posible que impartirán conjuntamente, a manera de asesorías para proyectos en etapa de desarrollo, el guatemalteco Julio Hernández Cordón y el argentino Martín Rejtman –la primera edición de este Laboratorio se realizó el año pasado bajo el mismo esquema y fue dirigido por el mexicano Nicolás Pereda y por el argentino Matías Piñeiro. Tendremos cinco foros de discusión –titulados Conversaciones en el desierto– en varios recintos académicos en los que se vinculará al cine con profesionales de otras disciplinas y áreas de estudio. A su vez, el Instituto de Tratamiento y Aplicación de Medidas para Adolescentes (ITAMA), nos abrirá sus puertas para que uno de nuestros cineastas invitados presente su película ante los internos. Por primera vez, en Sonora, proyectaremos en pantalla grande el largometraje ganador del primer Concurso de Cine Experimental del Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica, La fórmula secreta (México, 1965), de Rubén Gámez (Cananea, 1928), oriundo de este estado.

Nos gusta pensar que preparamos, durante todo el año, un festival con películas excepcionales que encontrarán funciones llenas de espectadores dispuestos a verse confrontados e identificados. Que sentirán la confianza de compartir sus impresiones y cuestionamientos. Estamos trabajando con universidades, embajadas, instituciones públicas y privadas, así como con organizaciones ciudadanas, para que nos ayuden a formar una comunidad cada vez más grande y más sólida. Hasta ahora, este festival no ha tenido una etiqueta presupuestal ni ha dependido de un fondo destinado para el mismo. Por lo tanto, nuestro trabajo implica, cada año, dar pruebas a nuestros colaboradores del valor que tiene este evento cultural. El comité organizador es verdaderamente reducido y no cabe duda de que falta mucho por mejorar, pero el crecimiento obtenido nos alienta a seguir trabajando con mucho ánimo.

Los invitamos a que nos acompañen en el sexto Festival Internacional de Cine en el Desierto, que se llevará a cabo del 11 al 15 de mayo de 2016 en Hermosillo, Sonora, un lugar para encontrar miradas frescas del cine latinoamericano contemporáneo. Un lugar para encontrar a otros con una insaciable sed de cine. Como dijo un querido artista argentino, Luis Alberto Spinetta: “Esto es un desierto, asociémonos”.

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Este artículo forma parte de los contenidos del número 46 de la revista cine TOMAde julio-agosto de 2015. Consulta AQUÍ dónde conseguirla.

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El terror y la angustia de cruzar el “Desierto” de Jonás Cuarón

abril 15, 2016

Ya es un muro lo suficientemente duro

Por Sergio Raúl López

No hay muro que alcance ni zona árida que detenga la férrea voluntad de los migrantes por encontrar mejores condiciones de vida y lograr ahorros yendo a trabajar a los Estados Unidos. Sin embargo, a la proeza de cruzar el territorio mexicano hay que sobrevivir el paso del desierto, árido, interminable e implacable, al igual que las persecuciones de la patrulla fronteriza y también la locura asesina de los habitantes de las poblaciones de la zona que, armados no sólo de rifles y escopetas, sino de un odio incontrolable contra los mexicanos, por lo que cazarlos se les ha vuelto un deporte.

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La frontera no es una línea divisoria, sino un limbo. No es una verja, una malla de alambre o un muro de altura excepcional que haya de cruzarse, sino la zona que lo rodea y lo circunscribe y que ha de recorrerse en un fatigante y agotador traslado. La frontera es el extenso erial tanto previo como posterior que existe en ambos territorios limítrofes. La frontera es la migración ilegal de trabajadores mexicanos y su tortuoso peregrinar como seres humanos fragilizados y en riesgo perpetuo, presas de una real angustia y en permanente amenaza, frecuentemente concluida en tragedia, sólo para transitar hacia el territorio vecino que les está vedado por leyes y regulaciones inhumanas e injustas.

Y en el caso del territorio en el que se dividen México y los Estados Unidos, es una árida región de calores y fríos extremos, poblada de cactáceas, de serpientes, de agentes de la Border Patrol. La frontera misma es algo similar al infierno mismo no una simple línea divisoria sino un desierto tan mortal como terrible, franca barrera para lograr emigrar, el mayor de los muros, peligrosa y forzosa vía de paso, interminable extensión de la nada, cruel y desgarrador, implacable, inhóspito.

Un desesperanzador desamparo es lo que vive un nutrido grupo de migrantes latinoamericanos en su intento por cruzar ilegalmente la frontera en el segundo largometraje de ficción, Desierto (México-Francia, 2015), del cineasta Jonás Cuarón (Ciudad de México, 1981), que ha decidido retratarlo de manera ampliada. Y los mexicanos y centroamericanos, asustados y desesperados, sin vuelta ni escapatoria posible, habrán de intentar cruzar esas planicies polvosas, esas arenas infinitas, como única vía para solventar su deseo por hallar mejores condiciones económicas cuando la camioneta de redilas que habría de atravesarlos se avería sin reparación posible, tal y como dictamina el mecánico-migrante Moisés (Gael García Bernal con sui generis acento norteño que recuerda al Cursi portero de hermano Rudo), que intenta volver por su hijo tras haber sido deportado.

Abandonados a medio camino, el grupo de viajeros ha de internarse en el desierto del título –en realidad filmado en locaciones bajacalifornianas: Mexicali, Tecate y San Ignacio–, bajo la ineficaz guía de los inseguros y poco comprometidos coyotes Lobo (un cruel Marco Pérez apresurándolos cual ganado al grito de “¡Arre!”, frase recurrente de Aurelio Casillas, en la teleserie El Señor de los Cielos, inspirado en el narco Amado Carrillo) y Mechas (un nervioso y acelerado Diego Cataño, con insólito corte de futbolista y no de pollero), solamente para descubrir que la insolación, la deshidratación y los animales ponzoñosos serán el menor de sus males.

En esa zona árida, donde ni la policía fronteriza desea realizar la menor vigilancia, aparece un solitario cuanto antisocial cazador de conejos, Sam (un Jeffrey Dean Morgan iracundo, tan envejecido como correoso), armado de una botella de bourbon, de un rifle de mira telescópica, de un cuchillo para desollar presas y de un perro pastor alemán entrenado para matar, que recorre la zona en su camioneta, oyendo música blue grass y country, quien decide cazar a los mexicanos indocumentados, por un añejo trauma que no queda claro.

De esta manera, Desierto pone distancia de las incontables producciones tanto mexicanas como estadounidenses que relatan el peregrinar de los mojados y que regularmente los retratan únicamente como víctimas de la pobreza, de la injusticia, de la xenofobia, para convertirse en un dinámico ejercicio de género de terror clásico, en tono de thriller, con un grupo de viajeros que debe escapar de la muerte a manos de un monstruo que amenaza las vidas de todos, un muy real y tangible minute men, empecinado con impedir que los mexicanos invadan la “tierra de los libres” –“The Land of the Free”, como reza su himno nacional.

Así, comienza una angustiante huida a través de planicies descubiertas, perfectas para el tiro al blanco en el que el propio desierto resulta el personaje principal de este drama de gran acción y suspense, con fotografía de gran esfuerzo físico de Damián García, música nerviosa y machacona de Woodkid –el francés Yoann Lemoine, encargado de la banda sonora–, en un filme de acción repleto de emociones, cuyo mayor mérito es justamente el mantener al espectador en una ruleta rusa emocional con criterios del cine de gran industria, algo inusual para una producción totalmente hecha en México.

Tras entregar un primer largometraje independiente, Año uña (México, 2007), del cortometraje documental La doctrina del shock (Canadá-Reino Unido, 2007), al lado de la ensayista Naomi Klein, y el cortometraje Domingo (México, 2014), Cuarón coescribió con su padre la multipremiada cinta Gravedad (Gravity. Estados Unidos, 2013, de Alfonso Cuarón) –ganador del premio Oscar–, y el cortometraje Aningaaq (Estados Unidos, 2013), como espejo a dicha historia no en el espacio sino desde Alaska.

Luego de estrenarse mundialmente en el cuadragésimo Festival Internacional de Cine de Toronto (tiff), donde fue reconocida con el Premio de la Federación Internacional de Críticos de Cine (fipresci), Desierto luego compitió en la Selección Oficial del Festival de Cine de Londres y tuvo su estreno en México en el décimo tercer Festival Internacional de Cine de Morelia (ficm). Producida por Esperanto Kino y el estímulo fiscal Eficine 189, en coproducción con Orange Studio, cg Cinema y ag Films, y en asociación con im Global, el filme estrenará en la cartelera mexicana el 15 de abril en 400 pantallas con la empresa Cinépolis Distribución.

Tu concepto de frontera no es el de una línea, sino todo lo que hay alrededor de ella. No es, en realidad, el límite entre dos países, sino un territorio ampliado en términos geográficos.

Es que eso es muy impresionante. Cuando empecé a viajar y a conocer distintos desiertos para conocer más a fondo el tema, lo que me impresionaba mucho de los desiertos fronterizos es que de repente ni te das cuenta que ya cruzaste. La frontera es una línea muy imaginaria y de ambos lados el desierto es el mismo. Al fin y al cabo los gringos están invirtiendo grandes cantidades para crear un gran muro cuando, al fin y al cabo, el desierto es ya un muro lo suficientemente duro. Cuando te enteras de todas estas historias, cruzar el muro es lo más fácil, lo difícil es cruzar el desierto y llegar a Phoenix o a Tucson.

Los migrantes son gente muy fuerte, son sobrevivientes.

Totalmente y eso a mí me interesaba mucho. Con Gael siempre platiqué de estas imágenes finales de él cargando a la chava en medio de la nada. Ya para llegar al desierto cruzaron uno aún más duro que es México, entonces sí es gente con mucha fuerza, por eso me interesaba hacerlos héroes como personajes, porque estamos acostumbrados a ver al Marine o al espía gringo como héroes y estos personajes que la gente nunca voltea a ver son mucho más fuertes y mucho más rudos que cualquier James Bond.

Además, es tan árido el clima que ni la Border Patrol tiene la voluntad de perseguir migrantes. Sólo un loco como un Minute Man, un vigilante, el que lo hace. Y el personaje de Jeffrey Dean Morgan es una contraparte terrorífica pero a la vez de una muy humana fragilidad enloquecida.

Desde que empezamos a escribir el guión, me impresionaba mucho del personaje de Jeffrey y de los mismos Minute Man, era que los vigilantes siempre me interesaron porque es gente que está loca: tomaron las armas y van a vigilar la frontera, pero llegaron a ese estado porque la situación económica en el sur de Estados Unidos está muy jodida y si además tienes a todos estos políticos que justifican esa crisis usando a los migrantes como chivo expiatorio, es cuando se les voltea. A mí me interesaba crear un asesino, porque sus acciones son las de uno, pero que sus emociones fueran humanas, no caer en un Freddy Krueger. Quizás de mis momentos favoritos es cuando Gael le grita y Jeffrey se rompe aterrado. Yo en la secundaria sufrí de mucho bullying, pero cuando por fin te volteas y reaccionas con tu bully, resulta que es igual de frágil que uno mismo.

El vigilante tiene una mascota, un perro entrenado para matar, al que aprecia más que la vida de cualquier migrante. Además, en una película filmada con luz natural, el animal protagoniza el único efecto especial de la cinta.

El fuego en el perro fue quizás nuestra preocupación más grande en el rodaje y volvimos a esa locación varias veces porque fue muy difícil de filmar. Después del rodaje fue muy difícil con los efectos prácticos que habíamos hecho fue muy complicado meterle efectos de postproducción para que quedara realista y, muchas veces, el de efectos me dijo que cortara a Gael. Pero para mí era importante enseñar la muerte del perro de la misma manera que mostré las de los migrantes porque había una cuestión en la que, al abordar esta temática en una película, quizás era hasta más peligroso ocultar la violencia porque es entonces cuando empiezas a romantizar las cosas en vez de mostrar que sí está rudo. Y la muerte del perro era muy interesante porque quizás es el único rasgo humano que tiene el personaje de Jeffrey. Era el momento donde lo pierde todo y tenía que ser muy cruel.

Con Gael tienes una gran relación de amistad, pero ¿cómo fue que Jeffrey Dean llegó a la película?

Cuando empecé a hacer el casting para el personaje de Sam ya me interesaba conocer a Jeffrey. Lo había visto en Watchmen: Los vigilantes (Watchmen, Estados Unidos, 2009, de Zack Sneider), pero más que eso me impresionaba la cuestión que tiene de que es muy rudo pero, a la vez, tiene un torbellino emocional adentro y eso me interesaba porque cuando gritaba en el set ya en personaje sí da miedito, es grande, fuerte, pero a la vez es una persona muy frágil. Cuando lo conocí, llegó a la junta en su pick up truck, tiene tatuajes de todos sus perros –es fan de ellos– y me di cuenta que ya era el personaje, pero a su vez cuando hablamos del tema migratorio, por más que parece gringo y asesino, entiende mucho de la temática y mi postura política. Aparte de ser perfecto para el personaje iba a ser uno de los pocos gringos que iba a entenderlo. Y empezamos a desarrollar su personaje porque filmamos muchas escenas que no estaban en la película, me interesaba que Jeffrey tuviera conocimiento de la vida personal de Sam, de todo lo que le condujo a ese momento, aunque el público no lo sepa. Como Jeffrey ya había actuado esas escenas, para cuando llegáramos a la escena, tras matar a los migrantes, para que tuviera su arranque emocional me servía que conociera a su personaje lo más posible.

Pese a que hay muchas películas sobre la migración, esta se diferencia por abordar el relato a partir de un género cinematográfico: es un thriller, es una película de acción e, incluso, podría ser de terror. ¿Qué pensaste primero, el género o el tema de la migración?

Lo primero fue el tema, a mí me interesó hablar del tema migratorio desde hace como nueve o diez años, cuando viaje por Arizona con mi hermano, el actor Diego Cataño, él estaba promoviendo Temporada de patos (México-Estados Unidos, 2004, de Fernando Eimbcke) y gracias al Festival de Cine Mexicano en Tucson, al que acudimos, nos llevaron al Consulado mexicano, ahí nos empezaron a contar muchas historias que me marcaron mucho y empecé a leer mucho sobre el tema. También se dio que en esa época en Arizona estaban empezando a intentar pasar leyes antimigratorias. El tema me interesó mucho pero no supe cómo abordarlo porque ya se había tocado mucho y no quería hacer una película que nada más diera cátedra a un público reducido.

Además, por mi parte, me clavé a ver mucho cine gringo setentero y me impresionó esta capacidad de lograr hablar de muchas otras cosas dentro de una máscara de género. Así se me ocurrió la idea de quizá hablar del tema migratorio a través de una película de género podía ser más interesante porque le llegas a un público más grande. Al fin y al cabo Desierto es una película de acción, que el público puede disfruta como una cinta de terror, pero a la vez generas una temática por el simple contexto de la historia y pues también me interesaba porque volteaba un poco las reglas del género: estamos acostumbrados a ver que el gringo es el que siempre está huyendo de los extranjeros. Me interesaba voltear esto. Por eso también me interesaba trabajar con Gael, porque más allá de ser un gran actor y de conocer perfecto el tema migratorio, me interesaba darle al migrante una cara reconocible que ayudara a generar empatía más rápido de lo que el público está acostumbrado.

La fotografía de la película es muy destacada, se inicia con planos panorámicos y con poco movimiento, pero de pronto hay se transforma: hay emplazamientos arriesgados de la cámara y una edición muy dinámica que aparece entre las rocas o retrata una persecución en los acantilados o en la planicie. Filmar en el desierto es muy complicado, ¿cómo lo planteaste?

Desde un principio, cuando me junté con Damián García que es un fotógrafo que admiro mucho y platicamos cómo íbamos a hacer para lograr traducir a la imagen lo dinámico que era el guión, con mucho ritmo y que no paras de leer pues te mantiene en una tensión constante, a la vez me interesaba lograr hacer una foto que estuviera con los personajes durante el viaje, especialmente el desierto, que sería un personaje importante. Entonces necesitaba estar lograr el balance entre estar muy cerca de los personajes pero también muy abierto para entender el contexto. A su vez, teníamos las limitaciones de que debíamos grabar con luz natural porque estábamos en el desierto a dos horas en terracería y de ahí había que cargar el equipo otra media hora, entonces había que ir con lo mínimo indispensable. Se volvió muy difícil en el sentido de que tienes pocas horas de luz natural que son buenas para la foto y en ese poco tiempo teníamos que filmar mucho porque yo sabía que para lograr el dinamismo que quería en la edición íbamos a necesitar desde planos muy cerrados en Gael hasta muy abiertos. Damián cuidó mucho su luz y estuvimos corriendo como locos.

Se nota que es una película muy fatigante, de mucha exigencia física, no sólo para los actores sino para todo el crew.

Y para el fotógrafo. Aunque lo conocía a él y a su trabajo, Damián me sorprendió en el set cuando lo vi agarrar la cámara y correr con los actores. Aunque no lo parezca pero sí es muy físico el muchacho.

La música es otro elemento que resulta muy apropiado para reforzar el tratamiento de género en el filme.

Desde que escribí el guión sabía que íbamos a necesitar mucha música. En este tipo de películas la música ayuda mucho a llevar el ritmo del género y, durante el rodaje, como nos transportábamos dos horas en terracería al set, escuchaba música para ir pensando lo que iba a ser y fue cuando localicé a este artista, Woodkid –nombre artístico del francés Yoann Lemoine– y su música me empezó a gustar mucho porque era como la mezcla perfecta entre la percusión fuerte pero con su voz, que es muy melódica, este contraste entre algo rudo pero también bello, que necesitaba para la película, y fue cuando me interesó trabajar con él. Le mandé el guión y empezamos a trabajar juntos, junto con el diseñador de sonido Sergio Díaz, para intentar crear una atmósfera en la que la música estuviera presente todo el tiempo pero que no fuera un score obvio sino más una sensación atmosférica.

¿Cómo piensas el tema migratorio siendo un mexicano que ha vivido en Canadá y en Estados Unidos mismo?

Me interesa el estreno en México y en Estados Unidos, pero también en todo el mundo, por eso la hice muy minimalista y sin diálogos, porque el tema es bastante universal. Creo que esta historia podía haber ocurrido en la frontera con Guatemala. Este año ha habido más deportaciones de centroamericanos en México que de mexicanos en Estados Unidos y, en ese sentido, el tema migratorio en la película es muy específico de México a Estados Unidos, aunque hay migrantes centroamericanos, pero me interesa por todos lados la reacción al tema.

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Este artículo forma parte de los contenidos del número 45 de la revista cine TOMAde julio-agosto de 2015. Consulta AQUÍ dónde conseguirla.

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