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XIX Festival Internacional de Cine Guanajuato

julio 22, 2016

Habrá que esperar mucho amor

Por Nina Rodríguez y Misha MacLaird

La decimonovena edición del Festival Internacional de Cine Guanajuato, a realizarse entre el 22 y el 31 de julio en San Miguel de Allende y en Guanajuato capital, tendrá como País Invitado al Japón, del que se presentarán varias retrospectivas de cine vanguardista de distintas épocas, además de tener como homenajeada a la directora Naomi Kawase. Además, se dará un acento muy importante a la música, con conciertos en vivo y varios grupos musicalizando el Rally Universitario, teniendo como tema central la Utopía.

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El ojo en Japón

Resultó imposible pretender ofrecer un panorama completo de la increíblemente rica cultura cinematográfica japonesa para esta décimo novena edición del Festival Internacional de Cine Guanajuato (giff). Hubiéramos podido enfocarnos sólo en una época o un sólo genero y tenido más que suficientes títulos de donde elegir… o bien un sólo cineasta: pongamos por ejemplo al director y poeta Sion Sono, quien realizo seis películas increíbles tan sólo en el 2015… pero quedamos muy contentos e ilusionados con el programa que pudimos armar y que, sin duda, dejará ganas de ver más.

En particular, nos emocionan las películas que representan a tres épocas del cine independiente en Japón. En colaboración la Fundación Japón, hemos organizado un programa de películas enfocadas en el año 1968, un año tan importante en términos políticos en Japón como aquí en México, y también un momento de ruptura y experimentación en cuanto al cine. Tendremos el gusto de exhibir las películas en formatos de 16mm y 35mm, y contaremos con la presencia del curador Go Hirasawa, investigador de la Universidad Meiji-Gakuin.

Por otro lado, estamos también emocionadísimos de poder traer una selección de Hachimiri Madness-Japanese Indies from the Punk Years, un programa de películas filmadas en 8mm durante los años 80 y 90 recién. En una colaboración entre el pia Film Festival de Tokio, el Festival Internacional de Cine de Berlín y en el Hong Kong International Film Festival, las películas han sido restauradas para proyección digital y el programa se estrenó en el Berlinale Forum en febrero 2016.

Y, finalmente, traemos un programa del cine independiente a partir del año 2000, inspirado en el programa presentado en la sexagésima tercera edición del Festival de San Sebastián, en España –titulada Nuevo cine independiente japonés 2000-2015– y coordinado con la ayuda del productor y dirección de programación Festival Internacional de Cine de Tokio Filmex, Shozo Ichiyama, quien también estará presente durante el giff.

Un aspecto siempre importante para el giff es el cortometraje. Contamos con un programa histórico del National Film Center del Museo de Arte Moderno Tokio, una muestra de la historia de la animación japonesa de las décadas de los años 20 a 40 del siglo xx. Además, tenemos dos programas de cortos de los mejores festivales en Japón, Media Arts Festival y Short Shorts & Asia.

Uno de los logros indiscutibles del giff, en años anteriores, ha sido el de crear una particular convivencia con los cineastas invitados especiales, misma que todos han compartido y vivido el mismo entusiasmo conjuntamente. Pensamos que la personalidad y generosidad de la directora japonesa Naomi Kawase, invitada especial de esta edición, van muy a la mano con esta idea de compartir y convivir la magia de ver, hablar y crear mas cine. Esto, obviamente a la par de su particular mirada, intima y poética, que distingue a su estilo único que admiramos tanto y que te hace sentir que la conoces desde hace mucho tiempo. Nos emociona muchísimo poder compartir este espacio con ella y, al igual, sabemos que ella esta muy emocionada de venir y encontrarse con las audiencias y nuevos talentos del cine mexicano.

Además, Naomi es productora de la película Inori (Japón, 2012), de Pedro González Rubio, que resulta una película simbólicamente importante en cuanto al tipo de intercambio que el giff desea extender y continuar. En 2010, el Nara International Film Festival presentó su anterior película, Alamar (México, 2009), y ganó un premio muy particular: ser invitado a participar el programa narative, que a apoya a directores jóvenes en rodar una película en la prefectura Nara, bajo la asesoría del equipo del festival, que por supuesto incluye a Naomi Kawase como productora, pues fundó el festival en su ciudad natal. Las conversaciones con Naomi, en torno a su visita, nos han permitido descubrir las muchas paralelas que existen estos dos festivales –por ejemplo, que la próxima película que se está produciendo en narative, es del director cubano Carlos Quintela, quien fue invitado tras presentar La obra del siglo (Argentina-Cuba-Suiza-Alemania), cinta que compitió en la edición 2015 del giff. La proyección de Inori, en esta xix edición del giff, inaugura una nueva colaboración entre ambos festivales para fomentar los intercambios culturales entre público y cineastas en los dos países.

Nuevas tendencias y talentos

La programación del giff siempre se ha distinguido por enfocarse en los nuevos talentos y las nuevas tendencias, teniendo como meta brindar espacios para nuevas voces.

Desde nuestros inicios, nos hemos enfocado en realizadores jóvenes y seguimos teniendo un fuerte compromiso con los cortometrajistas los que, en muchos casos regresan unos años después, con largometrajes que van ganando premios en los principales festivales del mundo. Seguimos con este enfoque que, más que una línea recta, pretende abrir puertas a muchas otras líneas y tendencias variadas, invitar a ver cine que normalmente no llegan a ver en otros lados, que esto es el punto de partida y la razón de ser del festival.

Las alianzas que hemos ido creando y fortaleciendo con estos festivales no consisten tanto en simplemente replicar parte de su programación, aunque obviamente de manera natural siempre hemos tenido algunos títulos en común. Más bien, las colaboraciones mencionadas están enfocadas de manera mas concreta en fortalecer los lazos e intercambios entre cineastas e industrias de nuestros países. Nosotros llevamos los mejores proyectos y cineastas del giff a participar en el Lab de productores de Rotterdam, al Mercado de Cannes o los mandamos a desarrollar sus proyectos en la Residencia de Berlín y, a cambio, recibimos los cineastas mas talentosos de distintos lugares del mundo. Avalado por estos festivales, aquí en Guanajuato, donde los cineastas se enamoran de México, hacen amigos en la industria Mexicana y ya hemos visto varios casos en los que regresan a filmar, siguen colaborando etcétera. Este año, recibiremos además de los residentes de la Cinéfondation de Cannes, también a una delegación de Sundance, que presentara sus trabajos y participara en actividades con nuestros invitados especiales, conjuntamente con dos becados mexicanos, y tendrán mucha interacción entre los asistentes del evento.

 

Concursos entrañables

Los concursos impulsados por el Festival, tanto el Rally Universitario giff, como el Concurso de Documental Universitario Identidad & Pertenencia, realmente han sido de los proyectos mas gratificantes que hemos tenido. La emoción que se vive en el Rally y, en particular, el proyecto Identidad & Pertenencia, que prácticamente se dirige a estudiantes del Bajío sin ninguna experiencia previa en el ámbito cinematográfico y quienes dentro de tan solo unos meses crecen de una manera inesperada, cada vez más sorprendente, al contarte una historia de su entorno inmediato, a las que comúnmente hacen llamar “historias chicas”. Lo que significa para estos jóvenes, para sus protagonistas y sus comunidades, tanto como para nosotros y, al final, para las audiencias en el festival, y de ahí al público en todos los lugares donde las llevan, es algo innombrable, mucho mas grande que cualquier pantalla. Lo he dicho de broma pero en serio, es el evento del festival donde todos lloramos varias veces y estamos con la piel china continua. Y, bueno, obviamente es un inmenso gusto seguir el camino de estas historias regionales por todo el mundo. Imaginen la emoción cuando supimos que Bajo las brasas (México, 2015), de Verónica Jessamyn López Sainz y Reyna Isabel Chía Chía, llegaría a estar en competencia de cortometraje en el Festival de Cine de Sundance y que la historia de Isabel, una joven de la Sierra Guanajuatense que logró ser la primer mujer en su comunidad en acudir a la universidad, sería compartida con los públicos de allá. Nos recuerda muy bien del poder del cine y el porqué hacemos esto. A partir de este año, una selección de los cortos de Identidad & Pertenencia estarán disponibles en línea para universidades en todo el mundo, como parte de un nuevo proyecto de distribución para fines educativos. Son cortometrajes con mucha riqueza en cuanto a que observan los pequeños detalles tanto de la continuación como de la ruptura de tradiciones y valores en esta región, y la manera en como se manifiestan en lo personal y lo cotidiano. En ese sentido, son valiosos herramientas de enseñanza en una variedad de disciplinas, incluso la antropología, la sociología, estudios de género y más.

Música y mucho amor

Desde sus primeras ediciones, la música siempre ha tenido un espacio importante en el giff, hemos tenido conciertos de Zoe, Julieta Venegas, Café Tacuba todos en los primeros años de Expresión en Corto y hemos estrenado en México documentales como Buscando a Sugar Man (Searching for Sugarman, Suecia-Reino Unido, 2012, de Malik Bendjelloul), Pulp: Una película sobre la vida, la muerte y los supermercados (Pulp. A Film About Life, Death and Supermarkets, Reino Unido, 2014, de Florian Habicht). En el año que tuvimos al Reino Unido como País Invitado, presentamos todo un programa de la Brit Invasion; el año pasado contamos con la presencia de Luis Eduardo Aute. Así que, más que ser algo nuevo, resultó de manera muy natural pero sin duda merece ser un foco de atención, pues los grupos que participan y documentales que exhibiremos en este marco son de lo mejor.

Para esta edición del giff, sobre todo, habrá que esperar mucho amor. Entre los largos internacionales tendremos tres en particular que exploran el tema con bastante profundidad. Y cuando revisamos la selección de largometrajes documentales nos dimos cuenta que en lugar de las grandes guerras y desastres naturales, muchos retratan relaciones intimas, como el lazo entre madres y hijos, temáticas que también han sido favoritos en las ficciones desde siempre simplemente porque parecen las cuestiones mas complicadas y bonitas que hay en la vida y en el cine.

La temática central del festival es la Utopía y, mas concretamente, la confianza en la tecnología como camino hacia la felicidad, que obviamente acaba en desilusión, la mayoría de las veces, así que al final sí contaremos también con películas sobre desastre y guerras.

Y aun enfocándonos en esta desconfianza hacia la tecnología como vía de salvación, otro enfoque de este año será en la realidad virtual, ya que por primera vez contaremos, además de las actividades ya conocidas de nuestra área Epicentro, con una selección real, toda un área de programación de experiencias y una sala de proyección de lentes Occulus Rift.

Además de presentar estos trabajos, habrá un laboratorio donde los cineastas podrán aprender las particularidades de estas plataformas y experimentar con las nuevas formas de contar sus historias.

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VII Rodando Film Festival

junio 20, 2016

Punto de encuentro entre realizadores locales y nacionales

Por Zaire Alejandro García

Fundado como un festival cinematográfico para celebrar el centenario de la Revolución Mexicana en Cerro de San Pedro, el Rodando Film Festival alcanza siete ediciones convertido no sólo en un escaparate para mostrar la oferta fílmica que de otra manera no llegaría a San Luis Potosí sino en un sitio de encuentro entre los realizadores invitados y los de la propia localidad, además de las tres convocatorias estatales.

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Rodando Film Festival es el nombre que recibe el evento cinematográfico creado en el 2010 en el municipio cerro de san Pedro, aledaño a San Luis Potosí, que fue la principal actividad conmemorativa del centenario de la Revolución Mexicana en esta localidad. Para esa primera edición se convocó a realizadores nacionales para un Concurso de Cortometrajes en las categorías de ficción y documental, así como a universitarios potosinos para la participación en el taller 60 segundos, el cual tuvo por objeto la creación de cine minutos por parte de los concursantes. El evento tuvo por nombre primer Festival de Cortometrajes Cerro de San Pedro, gestándose así como el primer festival de cine en San Luis Potosí.

El enfoque tomado por el evento fue el difundir un cine que no tenía cabida en las salas comerciales ni en los diversos foros de la ciudad; un cine, que de no ser traído a San Luis seguiría sin existir ni verse, hasta ese tiempo. Desde el establecimiento del festival en la capital y hasta ahora, no existe una gran diferencia entre la programación de la Cineteca Alameda y el Rodando Film Festival, sino lo que ha existido hasta ahora es un complemento en la programación anual del recinto, nosotros, por nuestra parte, ofrecemos lo más reciente del cine mexicano que, año con año, va creando un nuevo público.

Lograr hacer del festival un espacio en el que conviviera la producción reciente del cine nacional con los cineastas potosinos interesados no fue una decisión como tal, sino que él mismo evento propició la interacción de ambas partes, puesto que al invitar a los directores, productores, fotógrafos, reparto, etcétera, a presentar sus películas, la audiencia interesada comenzó abordarlos con el fin de cuestionarlos y buscar un medio de comunicación directa con ellos. Haciendo que año con año Rodando se convierta en un punto de encuentro entre los realizadores locales y los nacionales.

A través de sus ediciones el evento se ha ido modificando con el objetivo de acercar el cine mexicano a más público, teniendo como resultado un mayor número de películas y sedes dentro de la programación. Se han originado funciones y muestras temáticas, aunado a ello han existido cambios externos a la logística, como movimiento de fechas de presentación e incremento y decremento de días.

De acuerdo a la detallada programación de cada edición, generamos una gran expectativa en un público tanto en el ya cautivo como en el potencial, con producciones exhibidas por primera vez en San Luis Potosí y que, además, en su mayoría tienen una destacada critica nacional e internacional. Asimismo, el uso de espacios alternativos como sedes, propicia el acercamiento de un público diverso.

Nuestra sede principal, el Cine Alameda, sigue manteniendo las mismas condiciones como Cineteca, ofreciendo su diversa programación.

El festival ha impulsado a los cineastas potosinos a filmar a través de tres convocatorias: Una, el taller de cine minuto; otra, el concurso de cortometrajes potosinos, y por último, un taller dirigido a niños. De esta manera propiciamos la creación del acervo local.

Para este verano algunos de los invitados a la séptima edición del Rodando Film Festival son el director de cine Fernando Urdapilleta, el actor Luis Arrieta, el cinefotógrafo Toni Kuhn, el sonidista Guillermo Mena y el productor Arturo Tay. Y en programación tenemos ya confirmadas las películas A los ojos (México, 2013), de Victoria y Michel Franco; Los herederos (México, 2015), de Jorge Hernández Aldana; Epitafio (México, 2015), de Yulene Olaizola y Rubén Imaz; Estrellas solitarias (México, 2015), de Fernando Urdapilleta; Pies ligeros (México, 2016), de Juan Carlos Núñez Chavarría; la muestra de cortometrajes del Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine) 2016 y la muestra del Centro de Capacitación Cinematográfica (ccc) 2016 entre otras.

Para la séptima edición del Rodando Film Festival, a realizarse del 22 al 26 de junio, hemos reducido la duración de nueve a cinco días, a causa de la logística propia del evento, no como consecuencia de la crisis cultural.

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Este artículo forma parte de los contenidos del número 46 de la revista cine TOMAde julio-agosto de 2015. Consulta AQUÍ dónde conseguirla.

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XX Mix México: Festival de Diversidad Sexual en Cine y Video

mayo 27, 2016

Intacta, el ansia del escándalo

Por Arturo Castelán

Imperceptible pero imparablemente, aquella cartelera mexicana que mostraba cada vez mayor apertura en los años setenta y ochenta, fue clarificando una necesidad en el espectador fílmico mexicano: las películas de nicho, es decir, aquellas que pertenecen, a veces involuntariamente, a géneros como el New Queer Cinema o el cine gay, un cine sobre sexualidad que se rebela, se atreve, incomoda y se enorgullece de su diferencia. El mixxx Aniversario alcanza dos décadas de existencia apuntalando ese cine de escasa o nula presencia en la cartelera mexicana.

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A finales de los años setenta, el que aquí les narra su historia apenas estaba aprendiendo a escribir y compraba cuadernos de hoja blanca donde dibujaba entradas de cine con marquesinas a las que le cambiaba títulos todos los jueves para anunciar las películas que quería ver, pero a las que, por su edad, aún le impedían la entrada –sobre todo su padre y su tía, quienes eran los que le llevaban más. Recuerda, lejanamente, haber jugado a programar algunas joyas del sexploitation: Verano Salvaje (México, 1980), del cineasta gay Enrique Gómez Vadillo; Dulces navajas (o Navajeros, España, 1980), de otro cineasta gay ibérico Eloy De la Iglesia; Él sabe que estás sola (He Knows you are Alone, Estados Unidos, 1980, de Armand Mastroianni), y Nacidos para perder (Estados Unidos, 1967, de Tom Laughlin).

Y apenas aprendiendo a leer, unas cuantas idas con su madre al recién construido Cine Piscis –a unas cuatro cuadras de su casa en la colonia Romero Rubio– le revelarían una nueva fijación: el cuerpo masculino desnudo. En la película juvenil Roller Boogie (Estados Unidos, 1979, de Mark L. Lester), Linda Blair enamorada de Jim Allen y sus jeans entallados, encueraba a su novio para escapar con el patinador. Otro hombre desnudo corría aterrado en medio del violento desierto en Mad Max (Australia, 1979), de George Miller. En El legado (The Legacy, Reino Unido-Estados Unidos, 1978, de Richard Marquand), de, Sam Elliot aparecía espectacular saliendo de la regadera y lastimado con vidrios embrujados frente a Katherine Ross. Y luego, en La chica del adiós (The Goodbye Girl, Estados Unidos, 1977, de Herbert Ross), Richard Dreyfuss interpretaba a un actor que mostraba la homosexualidad de un personaje de Shakespeare, lo que provocaba el fracaso de su obra.

La gradual apertura

Y así, este chamaco fan del Cine Guía –la revista de Carlos Amador que duró apenas un par de años y en la que se publicaban entrevistas y carteleras con los filmes que exhibían Organización Ramírez, la Compañía Operadora de Teatros (cotsa), los cines de Gustavo Alatriste y su propia compañía, Telecines casa), quedaba atónito ante un periódico que se llamaba Cine Mundial –que publicaba muchas noticias de cine para el apetito voraz de este cinéfilo en formación– y amante de los anuncios de cine que aparecían en los periódicos Excélsior y El Heraldo –a los que estaban suscritas su abuela y su tía respectivamente– que le parecían cada vez más atrevidos y audaces… Si bien ya estaba acostumbrado a ver de manera natural las sinuosidades de Christie Brinkley, Rene Russo y Gia Carangi –impresionado aún– en las portadas de Francesco Scavullo para Cosmopolitan –“Cuñada, estas modelos están mejores que las de las revistas que compro” le decía un tío–, las carteleras cinematográficas le resultaban aún más atrevidas porque las estrellas del cine nacional aparecían desnudas mostrando los senos cuyo pezón era más o menos escondido por una estrellita –para filmes como Bellas de noche (México, 1975, de Miguel M. Delgado) o Emmanuelle (Francia, 1974), de Just Jaeckin–, haciendo un striptease de manera repetida en un par de filmes –Alma Muriel en las fotos de Cuando tejen las arañas (México, 1977, de Roberto Gavaldón) y Burlesque (México, 1980, de René Cardona)– o restregándose encima de otros hombres desnudos –Isela Vega encima de Gonzalo Vega en Las apariencias engañan (México, 1978), del director gay Jaime Humberto Hermosillo.

El caldo de cultivo para fundar Mix México: Festival de Diversidad Sexual en Cine y Video se fue engrosando en la mente de este chamaco, quien años después lograría armarlo… La Jaula de las Locas (La cage aux folles, Francia, 1978, de Édouard Molinaro) y luego Víctor Victoria (Victor Victoria, Reino Unido-Estados Unidos, 1982), de Blake Edwards, se eternizaron en el cine María Isabel del Hotel Sheraton. Una historia diferente (A Different Story, Estados Unidos, 1978), de Paul Aaron, y Maurice (Reino Unido, 1987), de James Ivory, logran algo similar en el Cine Paseo y el Cine París. Jóvenes corazones gay (Torch Song Trilogy, Estados Unidos, 1978), de Paul Bogart, se estrena en una sala en plena y conservadora Plaza Satélite, donde ahora este chamaco pasaba su adolescencia. Esa fue la primera película gay a la que asistió en su recién adquirida mayoría de edad. Después vería Atracción Fatal (Fatal Attraction, Estados Unidos, 1987), de Adrian Lyne, y Coctel (Coktail, Estados Unidos, 1988, de Roger Donaldson).

Cuando la Muestra Internacional de Cine llegó al Apolo Satélite, a este niño se le abrió otra caja de dulces: en esa primera edición a la que asistí apareció Reacción en cadena (Kopytem Sem, Kopytem Tam, Checoslovaquia, 1988, de Vera Chytilová), era una historia soviética sobre el sida, mientras que Rudolf Tome, María Novaro y Eliseo Subiela exploraban el desnudo masculino en El filósofo (Der Philosoph, Alemania Occidental, 1989), Lola (México-España, 1989) y Hombre mirando al sudeste (Argentina, 1986). Ya después lo gay será tema frecuente –Gerardo Salcedo, ex programador de la Cineteca Nacional me contó que el año en que se presentó Henry y June (Henry & June, Estados Unidos, 1990), de Phillipe Kauffman, en la Muestra, fue uno en el que casi todos los filmes presentaron un subtema gay.

Pero la Semana Cultural Lésbica Gay, con su revisión de materiales ya estrenados –¡cuántas veces no habrá visto ahí, repetidas anualmente, Las noches salvajes (Le nuits fauves, Francia-Italia, 1992), de Cyril Collard; Mi camino de sueños (My Own Private Idaho, Estados Unidos, 1991), de Gus Van Sant; La ley del deseo (España, 1987), de Pedro Almodóvar; Maurice!–, y la apertura del Cinemanía Loreto con Desmayo (Swoon, Estados Unidos, 1992), de Tom Kalin; Arde París (Paris is Burning, Estados Unidos, 1990), de Jennie Livingstone, y Las horas y los tiempos (The Hours and Times, Estados Unidos, 1991), de Christopher Munch, que nos hicieron voltear a un género que apenas conocíamos algunos en México: el New Queer Cinema –un movimiento así bautizado por la crítica estadounidense B. Ruby Rich para referirse al cine con personajes gays nacido para rescatar las estéticas de la diversidad sexual ante la epidemia del sida y en cuyo libro, Chick Flicks: Theories and Memories of the Feminist Film Movement (Duke University Press Books, 1998), se publicaría justo en el nacimiento de Mix México–; no hicieron más que subrayar, de manera obvia e inminente, la necesidad de un evento fílmico que mostrara de manera digna y en una sala de cine, tanto estrenos como materiales que no podíamos ver con facilidad en el país.

La entrada del Elektra

Todavía recuerdo la mini entrada del Cine Elektra (Hoy Cinemex Reforma) en donde una audiencia de empleados y burócratas formaban parte de la audiencia que acudía, de manera asidua, a ver las joyas del cine mundial. En la década de los ochenta aún programaban de manera diaria un filme distinto y, más o menos, buscaban coincidir con las efemérides para lograr un gran efecto de taquilla –como los llenos totales para ver el Jesús de Nazaret (Jesus of Nazareth, Italia-Reino Unido, 1977), del cineasta gay Franco Zefirelli en plena Semana Santa–. Pero igual se lograban ver filmes de conciencia política-ecológica como El Síndrome de China (The China Syndrome, Estados Unidos, 1979, de James Bridges), producida por su protagonista, el actor Michael Douglas, a la par que filmes que, entonces, se entendían como familiares, como el musical La Novicia Rebelde (The Sound of Music, Estados Unidos, 1965) de Robert Wise; documentales de conciertos como los que registraban los espectáculos de The Beatles o The Rolling Stones, e incluso películas atrevidas como las exploraciones nazi-sadomasoquistas-eróticas de El portero de noche (Il portiere di notte, Italia-Estados Unidos, 1974), de Liliana Cavanni, o cintas de culto bautizadas estimulantemente como Orgía de horror y locura (que tal fue el nombre con que llegó a México The Rocky Horror Picture Show, Estados Unidos-Reino Unido, 1975, de Jim Sharman), lograban ver la luz en tan deliciosa programación. Pero fue ahí, en esa pequeña sala de Río Guadalquivir, a media cuadra de Reforma, que hace veinte años nació el Festival Mix, poniendo en jaque la definición –o la falta de definición– sexual de las películas.

El festival se fundó en una época en la que, planteándose la necesidad de producir cine mexicano que lograra recuperar su inversión –como ocurría en la Época de Oro o en nuestra época de Cine de Ficheras–, apareció el término de nicho, que empezó a aplicarse a los filmes que estaban por producirse. Y el nicho del cine gay empezó a utilizarse de manera renuente por parte de los distribuidores y muchas veces en contra de directores acostumbrados a decir que su trabajo es universal, enfrentados de manera sorpresiva a la realidad de un negocio que se llama cine.

El ligue en el Cine Elektra desapareció una vez que cambió de dueño; el de los cines sobre Reforma desapareció ante la quiebra de cotsa y el subsecuente cierre de sus salas, pero la organización formada por los grupos Lésbicos Gay Bisexual y Transgénero (lgbt), ante la tibia respuesta del gobierno para combatir el sida y los avances de la derecha contra la cultura, generó un renacimiento en el tejido social de la comunidad gay y el nacimiento del Festival Mix, junto a la resistencia de la Semana Cultural Gay, que se convirtieron en bastiones imposibles de negar y cuya presencia inspiraría réplicas en toda la República Mexicana.

En nuestro país aún hay que recuperarse de filmes y visiones no sólo negativas, sino incluso difamatorias, que infaman a grupos gays ya despiertos al cine que reciben, quienes para defenderse piensan en todo: desde tácticas de boicot mercantil hasta censura abierta y aberrante.

El espíritu del Mix

Pero el niño cinéfilo, ahora cuarentón, flipa cuando el Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine) apoya al Mix produciendo los guiones que ganan en su concurso; cuando Levi’s le imprime publicaciones para celebrar el arte del festival construido en imágenes por el fotógrafo Celadón y el actor del momento, quien modela reinterpretaciones fílmicas; cuando el Instituto de la Juventud (Injuve) de la Ciudad de México premia a menores de 30 años que buscan reinterpretar la realidad gay con sus cámaras; cuando llegan los invitados internacionales; cuando se exhiben películas en más y nuevos foros de la Ciudad de México, y más aún cuando escucha títulos de nuevos filmes, que le estremecen a la locura, aún sin conocer sus contenidos. Pero es que apenas nos enteramos de filmes sobre sexualidad llamados Te prometo anarquía (México-Alemania, 2015, de Julio Hernández Cordón); Me quedo contigo (México, 2014, de Artemio Narro); El placer es mío (México, 2015, de Elisa Miller); Bellas de noche (México, 2016, de María José Cuevas), –previo shock imaginativo estimulado por la belleza de sus títulos y premisas–, va, los anota en la compu y se pone a perseguir en los catálogos de los festivales en que han participado, sus cambios de teléfonos de contacto para poder invitarlos al festival anual que dirige.

Y también cuando ve que el filme de inauguración, el de clausura y los cortometrajes que presentó en la edición anterior están nominados a algún premio, va y comparte la noticia con otros niños cinéfilos sensualistas –gays o no gays– que conforman su comunidad en las redes sociales. Qué digo comparte la noticia. Comparte el impacto: la Academia que otorga el Ariel este año ha nominado a Made in Bangkok (México-Alemania, 2015, de Flavio Florencio), documental sobre una bellísima transexual y el milagro de su vida; el registro de vida de un prostituto respetuoso de Muchacho en la barra se masturba con rabia y osadía (México, 2015), de Julián Hernández, y el cuento de hadas Trémulo (México, 2015), de Roberto Fiesco, estos dos últimos presentados por primera vez en la Ciudad de México en Mix México: Festival de Diversidad Sexual en Cine y Video, y ahora nominados a Mejor Cortometraje Documental y Mejor Cortometraje de Ficción, respectivamente.

A 20 años de inaugurar el primero, Arturo Castelán, director de Mix México: Festival de Diversidad Sexual en Cine y Video, le cuenta en la noche a un actor, que está harto del cine mercantilista, hipócrita y retrógrado, y que aún se siente con el deseo firme de celebrar el trabajo de los protagonistas de un cine que se rebela, se atreve, incomoda y se enorgullece de su diferencia. “Ese es el espíritu de Mix”, le explica. Siempre insatisfecho, pero con el ansia intacta del escándalo.

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MIXXX Aniversario, Festival de Diversidad Sexual en Cine y Video, se celebrará, a partir del 28 de mayo, en la Ciudad de México, en las siguientes sedes: Universidad Autónoma de la Ciudad de México, Centro Cultural José Martí, Cinematógrafo del Chopo, Cinépolis Diana, Cineteca Nacional y el Centro de Cultura Digital. Mayor información en la página electrónica: http://www.elfestivalmix.com.

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VIII Festival de Cine Mexicano de Durango

mayo 18, 2016

Un proyecto más que consolidado

Por Iván Delhumeau

Ocho ediciones luego de haber sido fundado por el cineasta Juan Antonio de la Riva, el Festival de Cine Mexicano de Durango ha consolidado una manera peculiar de programarse y realizarse, al hacer competir largometrajes nacionales de ficción con los de documental, lo mismo en su competencia tanto nacional como local de cortometrajes. Erigiéndose como una ventana para que el público de la entidad pueda ver la producción de cine nacional que, de otra manera, difícilmente llega a los tres grandes complejos cinematográficos instalados en la ciudad capital.

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Fundado en 2009 por el realizador Juan Antonio de la Riva, cuando fungía como Director del Instituto de Cultura de la entidad, el Festival de Cine Mexicano de Durango es hoy, en vísperas de su octava edición, es un proyecto más que consolidado. La inclusión de nuevas convocatorias lo han refrescado y el interés del público duranguense ha ido en aumento.

El estado de Durango tiene, desde hace 62 años, una innegable vocación cinematográfica, antaño en la producción, al facilitar sus sets y sus escenarios naturales a las compañías productoras tanto nacionales como extranjeras y, hoy en día, al albergar un festival exclusivo para el cine mexicano. En cada edición se han agotado las localidades para presenciar las sección de Largometraje Mexicano en competencia y, en especial, la Competencia de Cortometrajes Hecho en Durango, que ha despertado el interés de muchísimos jóvenes.

Estudiantes, principalmente de dos universidades privadas y que cursan la carrera de comunicación –que dentro de su matrícula incluyen alguna materia relacionada con el cine–, participan con sus cortos, en los cuales, si bien se evidencian carencias tanto técnicas como de estructura narrativa, también demuestran el entusiasmo por hacer cine.

Herederos, creo que inconscientemente, de una brillante generación de jóvenes que, en la década de los setenta hicieron cine en el desaparecido formato de Súper 8, pretenden tomar la estafeta en la actualidad y encuentran en el festival la ventana más importante para ser vistos, pues su trabajo puede ser observado y juzgado por los miembros del jurado, siempre personajes de reconocido prestigio.

Los llamados Superocheros, en la década de los setenta, encabezados en Durango por el mismo Juan Antonio de la Riva y Alberto Tejada Andrade (qued), trataban simplemente de expresarse y mostraban sus cortometrajes de forma silente –debido a que el formato carecía de sonido–, principalmente ante el público universitario. Hacían cine-debates para tratar de explicar lo que quisieron expresar en la película y lograron incluso hacer cortometrajes con contenido social y crítica política.

Los jóvenes que hoy participan en la sección Hecho en Durango tienen otra manera de expresarse, por un lado muy apegada al tipo de cine que consumen, pero también a la sociedad contemporánea, cada día menos crítica y reflexiva, en la que viven. Pero el entusiasmo por participar va en ascenso, cada año se inscriben más cortometrajes y, lo más importante, hay directores que participan cada año aunque no siempre resulten seleccionados. A ellos se les agradece su constancia y persistencia.

Uno de los aciertos del festival ha sido el evitar hacer distingos entre el género documental y el de ficción, pues de esta manera el público que asiste a las funciones ha aprendido a valorar el cine, independientemente de las historias que se cuentan en la pantalla. Eso, sin duda, sembrará la semilla en espectadores que están aprendiendo a ver documentales, para que en un futuro no muy lejano demanden un boleto en la taquilla de complejos cinematográficos comerciales, para entrar a ver una película de éste género tan poco valorado antaño por las masas.

Incluso, el público de Durango ha aprendido a ver películas de ficción muy diferentes a las que normalmente veía. Una prueba de ello fue la aceptación que tuvo la película Me quedo contigo (México, 2015), de Artemio Narro, en la anterior edición del festival. En un recinto abarrotado, nadie abandonó su butaca, pese a lo denso de la trama y lo conservadora que algunos consideran todavía a la sociedad duranguense. Finalmente, dicha cinta fue la ganadora de la sección de Largometraje en Competencia –aunque eso fue cosa de los miembros del jurado, que son los expertos–, pero también fue la ganadora del Premio de la Crítica, que en un ejercicio de deliberación pública ̶ otra de las novedades del festival ̶ , los críticos Fernanda Solórzano, Ernesto Diezmartinez Guzmán y Erick Estrada, después de un largo debate y no de manera unánime, eligieron como ganadora de esa categoría.

En fin, los festivales de cine fueron creados para ser una plataforma de exhibición previa al estreno comercial de las películas. En ese caso el Festival de Cine Mexicano de Durango ha cumplido porque, edición tras edición, ha dejado al público con ganas de ir a ver las películas que en él concursan, a una sala de cine comercial. En el caso concreto de Durango, la mayoría de las películas mexicanas no llegan a los tres grandes complejos cinematográficos que existen en la ciudad, sin embargo, cuando las películas que han participado en el festival se exhiben en la Cineteca Municipal –también fundada por Juan Antonio de la Riva en 1996, por cierto–, el público acude con gusto y vuelve a verlas, además de convencer a nuevos espectadores a través de la vox populi.

Este tipo de festivales, sobre todo los de cine mexicano, resultan fundamentales para crear en el público una cultura de ver la producción nacional. De las 23 películas que se beneficiaron con el estímulo fiscal Eficine-distribución en el 2014 y que se han ido estrenando entre ese año y el actual, sólo ocho lograron superar el importe otorgado por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y el contribuyente aportante. Es decir, se les dio cierta cantidad de dinero para que tuvieran mayor promoción y difusión, y lograron exhibirse comercialmente, algo que sin ese apoyo nunca hubieran logrado, y el público, en términos generales, fue incapaz de demandar un boleto en taquilla para verlas. Todas esas películas tienen un público cautivo en los festivales y el siguiente paso que deberán dar todos los involucrados, es seguir haciendo sinergia con la finalidad de que en el país se vea más cine mexicano.

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La edición 2016

La octava edición del Festival de Cine Mexicano de Durango se realizará entre el 18 y el 22 de mayo de 2016, teniendo como sede principal el Teatro Victoria de la ciudad de Durango, bajo la coordinación adjunta de Christian Sida Valenzuela –director ejecutivo del Festival de Cine Latinoamericano de Vancouver, y de Víctor Hugo Galván. Este año, el realizador Rodrigo Plá impartirá el taller Del guión al trazo escénico y la asociación cultural Voces Culturales En Breve impartirá el taller Cine Infantil En Breve. También se continuará con la tradición de tener un Jurado Joven, así como una deliberación pública del Jurado de la Crítica. También se convocó al concurso de cineminutos con tabletas electrónicas y teléfonos inteligentes ¡Durango en Minuto!

El concurso de Cortometraje Nacional se integrará por los trabajos El ocaso de Juan, de Omar Deneb Juárez; Los aeronautas, de León Fernández; La hija prometida, de Fernando Rangel; Los gatos, de Alejandro Ríos; Mila, de Óscar Enríquez; El buzo, de Esteban Arrangoiz, y Aurelia y pedro, de Omar Robles y José Permar. En tanto, los cortometrajes de la sección Hecho en Durango que competirán son: Di algo, Ana, de Lluvia Angélica Herrera Argandoña;

Appamor, de Jorge Sandoval Ruiz; Elefantes de papel, de Juan José Hinojosa Trancoso; Clemencia, de Jesús Emmanuel Vázquez Amador; El principe charro, de Johnatan Juárez Sariñana; Entre líneas, de Iván Valentín Santillán Torres, y Olvidadas, de Pamela Velázquez.

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“¿Qué culpa tiene el niño?”, ironía clasista estilo chilango de Gustavo Loza

mayo 14, 2016

Mi interés es entretener al público

Por José Juan Reyes

Si para una comedia negra sobre el choque de clases luego de un fugaz encuentro amoroso que deviene en embarazo entre una niña bien, hija de un poderoso diputado, y un guapetón repartidor de pizzas, se contrata a conocidos personajes de películas y series emblemáticas, el director no pone objeciones a teñir su historia con ciertas referencias que los relacionen con sus trabajos anteriores. Todo con el afán de provocar la risa.

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Frente al hecho de que son muy pocas cosas las que nos sorprenden, es comprensible que una comedia de humor chilango nos muestre una historia en la que lo de menos es el origen social de los personajes, ni el asunto de si tienen dinero o no, porque lo relevante en este caso es preguntarnos justo la frase que da título al largometraje: ¿Qué culpa tiene el niño? (México, 2016).

Se trata de la más reciente película del director Gustavo Loza –Atlético San Pancho (México, 2001), Al otro lado (México, 2004), Paradas continuas (México, 2009) y La otra familia (México, 2011)–, en la cual tiene como protagonistas a Karla Souza, Ricardo Abarca, Chucho Ochoa y Mara Escalante.

La película narra la historia de Maru (Souza), mujer independiente, hija de un encumbrado político, quien después de una divertida y tremenda borrachera, descubre que está embarazada de Renato (Ricardo Abarca, protagonista de las serie televisiva colombiana Cumbia ninja), un muchacho guapetón vive con su madre, trabaja y estudia de vez en cuando, y consigue dinero como repartidor de pizzas. A las pocas semanas de su inesperado encuentro, ambos descubrirán la situación en que se encuentran y que, desde luego, es algo que no estaba dentro de sus planes de ninguno. Pero las circunstancias los obligan a lidiar juntos con este pequeñito asunto…

Jesús Ochoa interpreta al diputado Zamacona, padre de Maru, quien es parte esencial para la trama del filme, mientras que Mara Escalante es Rosie, quien da un toque cómico y se suma a la historia como la mamá de Renato. A la cinta se suman además otros actores más como Fabiola Guajardo, Gerardo Taracena, Biassini Segura, Erick Elias y Sofía Sisniega, entre otros.

Producida por la reconocida Mónica Lozano –Amores Perros (México, 2000), de Alejandro González Iñárritu; Nicotina (México-Argentina-España, 2003), de Hugo Rodríguez; No se aceptan devoluciones (México, 2013), de Eugenio Derbez, entre otros 35 títulos–, y las compañías Adicta Films y Alebrije Cine y Video,¿Qué Culpa Tiene el Niño?, con distribución de Diamond Films estrenará en la cartelera mexicana desde el jueves 12 de mayo.

Gustavo Loza ofrece una serie de personajes icónicos de cada uno de los estratos sociales mexicanos: la niña rica es hiper-fresa y sus amigas son superfluas; el político es corrupto, tiene esposa y amante; el joven es pobre pero honrado, dispuesto a salir adelante con su gorda y su hijo; el chofer nacón, fiel y enamoradizo, y para cerrar con broche oro, la suegra paterna es todo un personaje que combina la típica belleza urbana exacerbada con una franca actitud nacota.

Desde Amsterdam, Holanda, es la charla con Gustavo Loza. “Me parece que, desde el principio, plantemos esta historia como un divertimento a través de la presencia de estos personajes, que son fáciles de encontrar en nuestra sociedad y al mismo tiempo darle cierta profundidad a la anécdota, es decir, al provenir de estratos sociales tan distantes, los personajes centrales reflejan el clasismo, la doble moral y la manera cómo los prejuicios dominan las acciones cotidianas… pero desde luego nada de esto aparece una forma densa o muy formal, sino que las cosas sucede una tras de otra, de tal forma que cada detalle se vuelve muy divertido o bien las consecuencias de los actos de todos los personajes dan como resultado bromas e ironía. Esa es la combinación que me interesa tener en esta película”.

En su ya abundante carrera como director, que combina la direccion de cine con la de series televisivas como El Pantera (2007-2008), Los Héroes del Norte (2010-2011), El albergue (2012) y Cloroformo (2012), y dan forma a la profusa trayectoria de Gustavo Loza, en la que se abordan temas distintos entre sí, pero contienen como constante la agilidad narrativa y la insistencia de que los actores desarrollen un trabajo lo más realista posible, para lograr así que el público se identifique con ellos. A esta filmografía debemos agregar, en el caso de ¿Qué culpa tiene niño?, la decisión de dejar que referencias externas de los actores principales aparezcan como parte de la trama.

Así lo explica: “Nunca he intentado colgarme del trabajo de otro. Esto no es una segunda parte de laguna película previa de Karla Souza, por ejemplo, pero al mismo tiempo, desde que cerramos el cast sabíamos que su rostro está inevitablemente ligado a Nosotros los Nobles (México, 2013, de Gary Alazraki) o que Mara Escalante es ‘Doña Lucha’ (de la serie televisiva María de todos los Ángeles), en cualquier escenario donde se presente. O bien, que Gerardo Taracena, a quien nunca hemos visto en un papel como el que interpreta en esta ocasión, pues su trabajo ha sido mucho más serio –Hombre en llamas (Man on Fire, Estados Unidos-Reino Unido, 2004, de Tony Scott), El violín (México, 2005, de Francisco Vargas), Apocalypto (Estados Unidos, 2006, de Mel Gybson), Atrapen al gringo (Get the Gringo, Estados Unidos, 2012, de Mel Gibson). Mientras que Ricardo Abarca ha hecho su carrera en Colombia, donde actualmente graba la serie Cumbia ninja (Colombia, 2013-a la fecha, de Andrés Gelós). Mi interés al hacer cine es entretener al público, de pasada si logro hacer que reflexione sobre algún tema, entonces todo ha valido la pena, pero no estoy interesado en filmar para mis amigos, de ahí que esta historia cuente con la colaboración de estos actores, cuyos perfiles ayudan a que el público se interese en una anécdota que tiene aspectos originales y muy divertidos. Es cierto que también hay referencias al cine de comedia mexicano, lo cual es inevitable y considero que hasta es sano que ocurra de esa manera. Lo que les pasa a estos personajes están siempre en el rango de lo posible, no me interesa la comedia de pastelazos o de chistes fáciles, sino que sean las acciones y las características de cada uno de ellos lo que provoque la risa. En este caso la intención es clara en ese sentido. Espero el público la comparte y se divierta”.

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Este artículo forma parte de los contenidos del número 46 de la revista cine TOMAde julio-agosto de 2015. Consulta AQUÍ dónde conseguirla.

VI Festival Internacional de Cine en el Desierto

mayo 11, 2016

Una ventana hacia adentro

Por Oliver Rendón y Fernando Álvarez Rebeil

El aislamiento geográfico, convertido a menudo en uno de índole cultural, ha convertido a Sonora, en un territorio lejano de las principales urbes y de los principales rasgos de identidad del resto del país. Y el asunto se agrava en materia cinematográfica, por lo que el Festival Internacional de Cine en el Desierto se erige como una opción para conocer, en la primera quincena de mayo, películas y realizadores que difícilmente llegarían a la ciudad de Hermosillo de otra manera. Y sin glamour ni alfombras rojas.

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Sonora ha sido, siempre, una región aislada del resto de la República Mexicana. Durante mucho tiempo, el acceso a sus poblaciones fue complicado y la relación con los principales centros urbanos del país era casi imposible. La geografía jugó un papel preponderante para que lo sonorenses dirigieran su mirada hacia el norte y forjaran una identidad cultural muy aparte de la del resto de México y, más aún, de la de otros países al sur del territorio nacional. Sin embargo, esta región comparte muchos rasgos –políticos, económicos, sociales, lingüísticos– con el resto de America Latina. Y prácticamente nada de eso se ve reflejado en las películas que se ofrecen en las salas de cine del estado.

Fue por estas razones que hace seis años, un grupo de cinéfilos y cineastas sonorenses tuvo la inquietud de organizar una serie de actividades que contrarrestaran esta situación y que condensaran los intentos por llenar distintas carencias, principalmente con la conformación de una cartelera –libre de Hollywood y sus imitaciones– en la que nuestra realidad se viera reflejada, junto con la organización de espacios de formación cinematográfica y otros foros en los que se pudieran entablar discusiones con cineastas de otras partes. Estando en la última frontera latinoamericana se decidió abrir una ventana hacia el sur, pero también hacia adentro, hacia uno mismo, hacia el cine que se quería hacer en casa. Por ello la metáfora no fue accidental: había      que titularlo Festival Internacional de Cine en el Desierto (FICD). Pues en esta zona, la del desierto sonorense, resultaba urgente saciar su sed de ver, de conocer y de sentir diferente, al menos en términos fílmicos.

Nuestra programación se conforma por alrededor de 20 largometrajes, divididos en cuatro secciones: Muestra Mexicana, Muestra Latinoamericana, Muestra del País Invitado y Muestra para Niños y Jóvenes. Además, tenemos cuatro secciones en competencia: Cortometraje Latinoamericano de Ficción, Cortometraje Latinoamericano Documental, Cortometraje Sonorense y Guión de Cortometraje. Todas las proyecciones son gratuitas y se ofrecen en espacios públicos.

Para nuestra sexta edición, a realizarse del 11 al 15 de mayo, contaremos nuevamente con cineastas de México y de otras latitudes que vienen a dialogar sobre sus películas con los sonorenses y a formar parte de foros y talleres en los que se reflexiona acerca del cine latinoamericano contemporáneo, se discuta sobre un cine sin fórmulas y se planteen propuestas para realizar un cine cuya posibilidad de materialización se adecue más a nuestra realidad.

El FICD no contempla al cine desde una perspectiva industrial. Nos interesa enfocarnos en el cine como manifestación artística a escala humana, en obras autorales y producciones independientes. Nuestro contexto no nos presiona a conseguir estrenos mundiales ni nacionales. Tampoco nos hemos propuesto organizar desfiles sobre alfombras rojas. No consideramos que un festival de cine deba tener una correlación directa con el glamour, pues estamos en desacuerdo en que esos gestos puedan acercar el cine a la gente y viceversa. No creemos que esas costumbres sean acordes a nuestra realidad. Al menos no en Sonora.

Gracias a esta apertura, estudiantes de distintos rincones del país y de Latinoamérica se han acercado a nuestros espacios de formación. También ha provocado que, el año pasado, en respuesta a nuestras convocatorias se recibieran más de 280 cortometrajes de diez diferentes países de la región para nuestra área de competencia. Y lo más importante es que cada año crece exponencialmente el número de personas que se sienten convocadas a formar parte de este evento, tomándolo como un motivo para el encuentro corpóreo y rompiendo la lógica de fragmentación social que tanto se vive actualmente en muchas entidades de este país.

Con cada edición del festival se confirma la avidez de los sonorenses por ver más un tipo de cine –tanto mexicano como latinoamericano– cuyas formas y contenidos cuestionan el estado de las cosas y demuestra la necesidad que ese tipo de cine tiene por exhibirse en nuevos rincones geográficos, diferentes a los habituales. De tal manera, hemos hecho posible el encuentro entre el público de este estado y los filmes de directores como Alejo Moguillansky, Camila José Donoso, Alejandro Fernández Almendras, Matías Piñeiro, Gustavo Gamou, Matías Piñeiro, Everardo González, Tatiana Huezo, Fernando Guzzoni, Paula Markovitch, Ricardo Silva y Nicolás Pereda, entre otros.

Esta sexta edición tendremos como país invitado a Argentina. Además de poseer una cinematografía rica, plural y de relevancia mundial, este año se cumple el cuarenta aniversario del exilio argentino ante el cual México abrió sus puertas a miles de personas originarias de ese país que huían de la dictadura y mucho aportaron a nuestra sociedad. Aprovechando la conmemoración de este suceso, pensamos que era importante vincularnos como pueblo con esta memoria que tiene tanto eco en el presente nacional. La programación de esta edición versa sobre el exilio, el desplazamiento y la marginación. De la patria, de la casa, de lo que es de uno. De periodistas, de mujeres, de hombres, de jóvenes, de niñas y niños, de ancianos, de familias enteras, de pueblos enteros. Con historias de Sonora, de la Ciudad de México, de Tijuana, de Chiapas, de Ciudad Juárez, de Sinaloa y de Michoacán. También de Argentina, Perú, Cuba, Chile y Venezuela.

Recibiremos estudiantes de distintos lugares de América Latina que se han inscrito en el ii Laboratorio para un Cine Posible que impartirán conjuntamente, a manera de asesorías para proyectos en etapa de desarrollo, el guatemalteco Julio Hernández Cordón y el argentino Martín Rejtman –la primera edición de este Laboratorio se realizó el año pasado bajo el mismo esquema y fue dirigido por el mexicano Nicolás Pereda y por el argentino Matías Piñeiro. Tendremos cinco foros de discusión –titulados Conversaciones en el desierto– en varios recintos académicos en los que se vinculará al cine con profesionales de otras disciplinas y áreas de estudio. A su vez, el Instituto de Tratamiento y Aplicación de Medidas para Adolescentes (ITAMA), nos abrirá sus puertas para que uno de nuestros cineastas invitados presente su película ante los internos. Por primera vez, en Sonora, proyectaremos en pantalla grande el largometraje ganador del primer Concurso de Cine Experimental del Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica, La fórmula secreta (México, 1965), de Rubén Gámez (Cananea, 1928), oriundo de este estado.

Nos gusta pensar que preparamos, durante todo el año, un festival con películas excepcionales que encontrarán funciones llenas de espectadores dispuestos a verse confrontados e identificados. Que sentirán la confianza de compartir sus impresiones y cuestionamientos. Estamos trabajando con universidades, embajadas, instituciones públicas y privadas, así como con organizaciones ciudadanas, para que nos ayuden a formar una comunidad cada vez más grande y más sólida. Hasta ahora, este festival no ha tenido una etiqueta presupuestal ni ha dependido de un fondo destinado para el mismo. Por lo tanto, nuestro trabajo implica, cada año, dar pruebas a nuestros colaboradores del valor que tiene este evento cultural. El comité organizador es verdaderamente reducido y no cabe duda de que falta mucho por mejorar, pero el crecimiento obtenido nos alienta a seguir trabajando con mucho ánimo.

Los invitamos a que nos acompañen en el sexto Festival Internacional de Cine en el Desierto, que se llevará a cabo del 11 al 15 de mayo de 2016 en Hermosillo, Sonora, un lugar para encontrar miradas frescas del cine latinoamericano contemporáneo. Un lugar para encontrar a otros con una insaciable sed de cine. Como dijo un querido artista argentino, Luis Alberto Spinetta: “Esto es un desierto, asociémonos”.

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Este artículo forma parte de los contenidos del número 46 de la revista cine TOMAde julio-agosto de 2015. Consulta AQUÍ dónde conseguirla.

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El terror y la angustia de cruzar el “Desierto” de Jonás Cuarón

abril 15, 2016

Ya es un muro lo suficientemente duro

Por Sergio Raúl López

No hay muro que alcance ni zona árida que detenga la férrea voluntad de los migrantes por encontrar mejores condiciones de vida y lograr ahorros yendo a trabajar a los Estados Unidos. Sin embargo, a la proeza de cruzar el territorio mexicano hay que sobrevivir el paso del desierto, árido, interminable e implacable, al igual que las persecuciones de la patrulla fronteriza y también la locura asesina de los habitantes de las poblaciones de la zona que, armados no sólo de rifles y escopetas, sino de un odio incontrolable contra los mexicanos, por lo que cazarlos se les ha vuelto un deporte.

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La frontera no es una línea divisoria, sino un limbo. No es una verja, una malla de alambre o un muro de altura excepcional que haya de cruzarse, sino la zona que lo rodea y lo circunscribe y que ha de recorrerse en un fatigante y agotador traslado. La frontera es el extenso erial tanto previo como posterior que existe en ambos territorios limítrofes. La frontera es la migración ilegal de trabajadores mexicanos y su tortuoso peregrinar como seres humanos fragilizados y en riesgo perpetuo, presas de una real angustia y en permanente amenaza, frecuentemente concluida en tragedia, sólo para transitar hacia el territorio vecino que les está vedado por leyes y regulaciones inhumanas e injustas.

Y en el caso del territorio en el que se dividen México y los Estados Unidos, es una árida región de calores y fríos extremos, poblada de cactáceas, de serpientes, de agentes de la Border Patrol. La frontera misma es algo similar al infierno mismo no una simple línea divisoria sino un desierto tan mortal como terrible, franca barrera para lograr emigrar, el mayor de los muros, peligrosa y forzosa vía de paso, interminable extensión de la nada, cruel y desgarrador, implacable, inhóspito.

Un desesperanzador desamparo es lo que vive un nutrido grupo de migrantes latinoamericanos en su intento por cruzar ilegalmente la frontera en el segundo largometraje de ficción, Desierto (México-Francia, 2015), del cineasta Jonás Cuarón (Ciudad de México, 1981), que ha decidido retratarlo de manera ampliada. Y los mexicanos y centroamericanos, asustados y desesperados, sin vuelta ni escapatoria posible, habrán de intentar cruzar esas planicies polvosas, esas arenas infinitas, como única vía para solventar su deseo por hallar mejores condiciones económicas cuando la camioneta de redilas que habría de atravesarlos se avería sin reparación posible, tal y como dictamina el mecánico-migrante Moisés (Gael García Bernal con sui generis acento norteño que recuerda al Cursi portero de hermano Rudo), que intenta volver por su hijo tras haber sido deportado.

Abandonados a medio camino, el grupo de viajeros ha de internarse en el desierto del título –en realidad filmado en locaciones bajacalifornianas: Mexicali, Tecate y San Ignacio–, bajo la ineficaz guía de los inseguros y poco comprometidos coyotes Lobo (un cruel Marco Pérez apresurándolos cual ganado al grito de “¡Arre!”, frase recurrente de Aurelio Casillas, en la teleserie El Señor de los Cielos, inspirado en el narco Amado Carrillo) y Mechas (un nervioso y acelerado Diego Cataño, con insólito corte de futbolista y no de pollero), solamente para descubrir que la insolación, la deshidratación y los animales ponzoñosos serán el menor de sus males.

En esa zona árida, donde ni la policía fronteriza desea realizar la menor vigilancia, aparece un solitario cuanto antisocial cazador de conejos, Sam (un Jeffrey Dean Morgan iracundo, tan envejecido como correoso), armado de una botella de bourbon, de un rifle de mira telescópica, de un cuchillo para desollar presas y de un perro pastor alemán entrenado para matar, que recorre la zona en su camioneta, oyendo música blue grass y country, quien decide cazar a los mexicanos indocumentados, por un añejo trauma que no queda claro.

De esta manera, Desierto pone distancia de las incontables producciones tanto mexicanas como estadounidenses que relatan el peregrinar de los mojados y que regularmente los retratan únicamente como víctimas de la pobreza, de la injusticia, de la xenofobia, para convertirse en un dinámico ejercicio de género de terror clásico, en tono de thriller, con un grupo de viajeros que debe escapar de la muerte a manos de un monstruo que amenaza las vidas de todos, un muy real y tangible minute men, empecinado con impedir que los mexicanos invadan la “tierra de los libres” –“The Land of the Free”, como reza su himno nacional.

Así, comienza una angustiante huida a través de planicies descubiertas, perfectas para el tiro al blanco en el que el propio desierto resulta el personaje principal de este drama de gran acción y suspense, con fotografía de gran esfuerzo físico de Damián García, música nerviosa y machacona de Woodkid –el francés Yoann Lemoine, encargado de la banda sonora–, en un filme de acción repleto de emociones, cuyo mayor mérito es justamente el mantener al espectador en una ruleta rusa emocional con criterios del cine de gran industria, algo inusual para una producción totalmente hecha en México.

Tras entregar un primer largometraje independiente, Año uña (México, 2007), del cortometraje documental La doctrina del shock (Canadá-Reino Unido, 2007), al lado de la ensayista Naomi Klein, y el cortometraje Domingo (México, 2014), Cuarón coescribió con su padre la multipremiada cinta Gravedad (Gravity. Estados Unidos, 2013, de Alfonso Cuarón) –ganador del premio Oscar–, y el cortometraje Aningaaq (Estados Unidos, 2013), como espejo a dicha historia no en el espacio sino desde Alaska.

Luego de estrenarse mundialmente en el cuadragésimo Festival Internacional de Cine de Toronto (tiff), donde fue reconocida con el Premio de la Federación Internacional de Críticos de Cine (fipresci), Desierto luego compitió en la Selección Oficial del Festival de Cine de Londres y tuvo su estreno en México en el décimo tercer Festival Internacional de Cine de Morelia (ficm). Producida por Esperanto Kino y el estímulo fiscal Eficine 189, en coproducción con Orange Studio, cg Cinema y ag Films, y en asociación con im Global, el filme estrenará en la cartelera mexicana el 15 de abril en 400 pantallas con la empresa Cinépolis Distribución.

Tu concepto de frontera no es el de una línea, sino todo lo que hay alrededor de ella. No es, en realidad, el límite entre dos países, sino un territorio ampliado en términos geográficos.

Es que eso es muy impresionante. Cuando empecé a viajar y a conocer distintos desiertos para conocer más a fondo el tema, lo que me impresionaba mucho de los desiertos fronterizos es que de repente ni te das cuenta que ya cruzaste. La frontera es una línea muy imaginaria y de ambos lados el desierto es el mismo. Al fin y al cabo los gringos están invirtiendo grandes cantidades para crear un gran muro cuando, al fin y al cabo, el desierto es ya un muro lo suficientemente duro. Cuando te enteras de todas estas historias, cruzar el muro es lo más fácil, lo difícil es cruzar el desierto y llegar a Phoenix o a Tucson.

Los migrantes son gente muy fuerte, son sobrevivientes.

Totalmente y eso a mí me interesaba mucho. Con Gael siempre platiqué de estas imágenes finales de él cargando a la chava en medio de la nada. Ya para llegar al desierto cruzaron uno aún más duro que es México, entonces sí es gente con mucha fuerza, por eso me interesaba hacerlos héroes como personajes, porque estamos acostumbrados a ver al Marine o al espía gringo como héroes y estos personajes que la gente nunca voltea a ver son mucho más fuertes y mucho más rudos que cualquier James Bond.

Además, es tan árido el clima que ni la Border Patrol tiene la voluntad de perseguir migrantes. Sólo un loco como un Minute Man, un vigilante, el que lo hace. Y el personaje de Jeffrey Dean Morgan es una contraparte terrorífica pero a la vez de una muy humana fragilidad enloquecida.

Desde que empezamos a escribir el guión, me impresionaba mucho del personaje de Jeffrey y de los mismos Minute Man, era que los vigilantes siempre me interesaron porque es gente que está loca: tomaron las armas y van a vigilar la frontera, pero llegaron a ese estado porque la situación económica en el sur de Estados Unidos está muy jodida y si además tienes a todos estos políticos que justifican esa crisis usando a los migrantes como chivo expiatorio, es cuando se les voltea. A mí me interesaba crear un asesino, porque sus acciones son las de uno, pero que sus emociones fueran humanas, no caer en un Freddy Krueger. Quizás de mis momentos favoritos es cuando Gael le grita y Jeffrey se rompe aterrado. Yo en la secundaria sufrí de mucho bullying, pero cuando por fin te volteas y reaccionas con tu bully, resulta que es igual de frágil que uno mismo.

El vigilante tiene una mascota, un perro entrenado para matar, al que aprecia más que la vida de cualquier migrante. Además, en una película filmada con luz natural, el animal protagoniza el único efecto especial de la cinta.

El fuego en el perro fue quizás nuestra preocupación más grande en el rodaje y volvimos a esa locación varias veces porque fue muy difícil de filmar. Después del rodaje fue muy difícil con los efectos prácticos que habíamos hecho fue muy complicado meterle efectos de postproducción para que quedara realista y, muchas veces, el de efectos me dijo que cortara a Gael. Pero para mí era importante enseñar la muerte del perro de la misma manera que mostré las de los migrantes porque había una cuestión en la que, al abordar esta temática en una película, quizás era hasta más peligroso ocultar la violencia porque es entonces cuando empiezas a romantizar las cosas en vez de mostrar que sí está rudo. Y la muerte del perro era muy interesante porque quizás es el único rasgo humano que tiene el personaje de Jeffrey. Era el momento donde lo pierde todo y tenía que ser muy cruel.

Con Gael tienes una gran relación de amistad, pero ¿cómo fue que Jeffrey Dean llegó a la película?

Cuando empecé a hacer el casting para el personaje de Sam ya me interesaba conocer a Jeffrey. Lo había visto en Watchmen: Los vigilantes (Watchmen, Estados Unidos, 2009, de Zack Sneider), pero más que eso me impresionaba la cuestión que tiene de que es muy rudo pero, a la vez, tiene un torbellino emocional adentro y eso me interesaba porque cuando gritaba en el set ya en personaje sí da miedito, es grande, fuerte, pero a la vez es una persona muy frágil. Cuando lo conocí, llegó a la junta en su pick up truck, tiene tatuajes de todos sus perros –es fan de ellos– y me di cuenta que ya era el personaje, pero a su vez cuando hablamos del tema migratorio, por más que parece gringo y asesino, entiende mucho de la temática y mi postura política. Aparte de ser perfecto para el personaje iba a ser uno de los pocos gringos que iba a entenderlo. Y empezamos a desarrollar su personaje porque filmamos muchas escenas que no estaban en la película, me interesaba que Jeffrey tuviera conocimiento de la vida personal de Sam, de todo lo que le condujo a ese momento, aunque el público no lo sepa. Como Jeffrey ya había actuado esas escenas, para cuando llegáramos a la escena, tras matar a los migrantes, para que tuviera su arranque emocional me servía que conociera a su personaje lo más posible.

Pese a que hay muchas películas sobre la migración, esta se diferencia por abordar el relato a partir de un género cinematográfico: es un thriller, es una película de acción e, incluso, podría ser de terror. ¿Qué pensaste primero, el género o el tema de la migración?

Lo primero fue el tema, a mí me interesó hablar del tema migratorio desde hace como nueve o diez años, cuando viaje por Arizona con mi hermano, el actor Diego Cataño, él estaba promoviendo Temporada de patos (México-Estados Unidos, 2004, de Fernando Eimbcke) y gracias al Festival de Cine Mexicano en Tucson, al que acudimos, nos llevaron al Consulado mexicano, ahí nos empezaron a contar muchas historias que me marcaron mucho y empecé a leer mucho sobre el tema. También se dio que en esa época en Arizona estaban empezando a intentar pasar leyes antimigratorias. El tema me interesó mucho pero no supe cómo abordarlo porque ya se había tocado mucho y no quería hacer una película que nada más diera cátedra a un público reducido.

Además, por mi parte, me clavé a ver mucho cine gringo setentero y me impresionó esta capacidad de lograr hablar de muchas otras cosas dentro de una máscara de género. Así se me ocurrió la idea de quizá hablar del tema migratorio a través de una película de género podía ser más interesante porque le llegas a un público más grande. Al fin y al cabo Desierto es una película de acción, que el público puede disfruta como una cinta de terror, pero a la vez generas una temática por el simple contexto de la historia y pues también me interesaba porque volteaba un poco las reglas del género: estamos acostumbrados a ver que el gringo es el que siempre está huyendo de los extranjeros. Me interesaba voltear esto. Por eso también me interesaba trabajar con Gael, porque más allá de ser un gran actor y de conocer perfecto el tema migratorio, me interesaba darle al migrante una cara reconocible que ayudara a generar empatía más rápido de lo que el público está acostumbrado.

La fotografía de la película es muy destacada, se inicia con planos panorámicos y con poco movimiento, pero de pronto hay se transforma: hay emplazamientos arriesgados de la cámara y una edición muy dinámica que aparece entre las rocas o retrata una persecución en los acantilados o en la planicie. Filmar en el desierto es muy complicado, ¿cómo lo planteaste?

Desde un principio, cuando me junté con Damián García que es un fotógrafo que admiro mucho y platicamos cómo íbamos a hacer para lograr traducir a la imagen lo dinámico que era el guión, con mucho ritmo y que no paras de leer pues te mantiene en una tensión constante, a la vez me interesaba lograr hacer una foto que estuviera con los personajes durante el viaje, especialmente el desierto, que sería un personaje importante. Entonces necesitaba estar lograr el balance entre estar muy cerca de los personajes pero también muy abierto para entender el contexto. A su vez, teníamos las limitaciones de que debíamos grabar con luz natural porque estábamos en el desierto a dos horas en terracería y de ahí había que cargar el equipo otra media hora, entonces había que ir con lo mínimo indispensable. Se volvió muy difícil en el sentido de que tienes pocas horas de luz natural que son buenas para la foto y en ese poco tiempo teníamos que filmar mucho porque yo sabía que para lograr el dinamismo que quería en la edición íbamos a necesitar desde planos muy cerrados en Gael hasta muy abiertos. Damián cuidó mucho su luz y estuvimos corriendo como locos.

Se nota que es una película muy fatigante, de mucha exigencia física, no sólo para los actores sino para todo el crew.

Y para el fotógrafo. Aunque lo conocía a él y a su trabajo, Damián me sorprendió en el set cuando lo vi agarrar la cámara y correr con los actores. Aunque no lo parezca pero sí es muy físico el muchacho.

La música es otro elemento que resulta muy apropiado para reforzar el tratamiento de género en el filme.

Desde que escribí el guión sabía que íbamos a necesitar mucha música. En este tipo de películas la música ayuda mucho a llevar el ritmo del género y, durante el rodaje, como nos transportábamos dos horas en terracería al set, escuchaba música para ir pensando lo que iba a ser y fue cuando localicé a este artista, Woodkid –nombre artístico del francés Yoann Lemoine– y su música me empezó a gustar mucho porque era como la mezcla perfecta entre la percusión fuerte pero con su voz, que es muy melódica, este contraste entre algo rudo pero también bello, que necesitaba para la película, y fue cuando me interesó trabajar con él. Le mandé el guión y empezamos a trabajar juntos, junto con el diseñador de sonido Sergio Díaz, para intentar crear una atmósfera en la que la música estuviera presente todo el tiempo pero que no fuera un score obvio sino más una sensación atmosférica.

¿Cómo piensas el tema migratorio siendo un mexicano que ha vivido en Canadá y en Estados Unidos mismo?

Me interesa el estreno en México y en Estados Unidos, pero también en todo el mundo, por eso la hice muy minimalista y sin diálogos, porque el tema es bastante universal. Creo que esta historia podía haber ocurrido en la frontera con Guatemala. Este año ha habido más deportaciones de centroamericanos en México que de mexicanos en Estados Unidos y, en ese sentido, el tema migratorio en la película es muy específico de México a Estados Unidos, aunque hay migrantes centroamericanos, pero me interesa por todos lados la reacción al tema.

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Este artículo forma parte de los contenidos del número 45 de la revista cine TOMAde julio-agosto de 2015. Consulta AQUÍ dónde conseguirla.

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La siniestra cercanía emocional en “El último paciente: Chronic”, de Michel Franco

abril 9, 2016

La enfermería para rescatarse a sí mismo

Por Gonzalo Hurtado

La profunda conexión emocional que los cuidadores de enfermos terminales desarrollan con sus pacientes puede llegar a extremos bastante obsesivos, como ocurre con el enfermero David, que desarrolla su oficio de manera pulcra, pero casi siempre problemática para los familiares, pues es su puerta de salida para la dolorosa muerte de su hijo, años atrás.

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Puede afirmarse que, recientemente, Michel Franco se ha erigió como un hijo dilecto del Festival Internacional de Cine de Cannes. Los tres largometrajes que ha dirigido hasta ahora han tenido presencia en la programación del evento así como un importante rebote mediático, sobre todo con Después de Lucía (México-Francia, 2012), que se hizo del León de Oro, el premio principal de la sección Una cierta mirada en su sexagésimo quinto Festival Internacional de Cine de Cannes. Este año, El último paciente: Chronic (México-Estados Unidos, 2015), mantuvo el buen paso al obtener el galardón a Mejor Guión en la Sección Oficial del certamen, lo que sitúa a este cineasta, nacido en la Ciudad de México, en 1982 en un lugar de privilegio, junto a otros compatriotas suyos que vienen dando la hora a nivel internacional como Alejandro González Iñárritu, Amat Escalante, Carlos Reygadas o Gabriel Ripstein. A pesar de que la película no consiguió galardones a su paso por la sexagésima tercera edición del Festival de Cine de San Sebastián, como parte de la sección Horizontes Latinos, su estreno de ninguna manera pasó desapercibido para el público y la crítica, y prueba de ello fue el lleno total en todas sus presentaciones.

Protagonizada por el actor inglés Tim Roth, la cinta está ambientada en Los Ángeles y nos presenta al hermético enfermero David, quien dentro de su extremo mutismo, suele conducirse mucho más allá de su deber, cuando está a cargo de enfermos terminales e intenta hacerlos sentir lo mejor posible antes de su inevitable partida. Sin embargo, su actuar será seriamente cuestionado cuando los hijos de un prestigiado arquitecto, encuentran en su tarjeta inteligente videos pornográficos con los que el hombre se entretiene y observan una erección cuando lo está bañando, por lo que amagan con demandarlo. Con un proceso judicial a cuestas, David persiste en dar atención y consuelo a otros, por lo que regresa a la localidad donde solía radicar y se acerca a su joven hija Nadia (Sarah Sutherland) y su ex esposa Laura (la mexicana Nailea Norvind), que lo hacen rememorar la dolorosa pérdida de su hijo, que le ha hecho perderse las sensaciones y los afectos familiares y sociales, a cambio de concentrarse e incluso perderse a sí mismo en su compromiso profesional.

La puesta en escena mantiene la continuidad estilística de las obras anteriores del director, privilegiando los planos medios y abiertos para graficar el punto de vista de un espectador distante, que se mantiene omnipresente en cada acto de su protagonista, de quien sabemos poco de su historia de vida y cuyo silencio es la clave que mejor lo refleja, ya que será en los actos más sutiles de su vida cotidiana donde obtendremos la certeza de su propia esencia. El último paciente: Chronic es una película contenida, cuyo ritmo más que percibirse en pantalla ocurre en el interior de sus personajes. Sus intenciones y manifiestos no están a flor de piel, se mantienen bajo la dermis de su protagonista para sugerir en vez de afirmar con vehemencia, mientras somos testigos de su comunión con la muerte. David ha aprendido a aceptar lo inevitable y a hacer que otros lo lleven con dignidad y le da fuerza para mantener su ética personal hasta el último momento.

En su ritmo interno y su propuesta visual con una cámara que se mantiene estática la mayor parte del tiempo, es que la cinta nos transmite con mayor fidelidad las incertidumbres y dudas de su protagonista. En esa economía de lenguaje, se construye la justificación visual para el sorprendente y casi inexplicable momento final con el que se resuelve la película, producida por Lucía Films que, con distribución de Videocine, estrenará en la cartelera mexicana el 8 de abril.

Tras la función de prensa de la cinta, en el teatro Kursaal, como parte de la sección Horizontes Latinos del sexagésimo tercero Festival de Cine en San Sebastián (Donostia Zinemaldia), es que ocurrió la siguiente conversación con Michel Franco.

¿Qué te motivó a cambiar la temática juvenil de Daniel & Ana (México-España, 2009) y de Después de Lucía, por los dilemas de un personaje adulto en Chronic?

Si bien mis dos primeras películas eran protagonizadas por personajes adolescentes, yo no las catalogaría en ese rango. Tal vez se debía a que yo era más joven y me sentía más cercano a esa generación, pero hago películas sobre temas que me llaman más la atención y en este caso la muerte y la enfermedad me parecieron ideales para llevarlos a la pantalla. Una película toma uno o dos años en hacerse y debe tener un tema lo suficientemente interesante para captar el interés del director durante ese tiempo para luego captar el interés y el tiempo del público.

 

¿Te intriga mucho el tema de la muerte? En Después de Lucía también aparecía ese componente.

Aprecio la pregunta porque mucha gente encasilla a esa película con el bullying, cuando la relación correcta es con la muerte. Podríamos decir que esa recurrencia me define mucho.

 

¿Qué tan personal ha resultado esta película para ti?

Todas mis películas tienen un tema personal. En este caso me inspiré en lo que le ocurrió a mi abuela, que estuvo enferma durante 2010 y tuvo una enfermera trabajando con ella por varios meses. Lo que me sorprendió es la relación de intimidad que nació entre esta persona y mi abuela. Entonces, me interesó mucho tratar el tema de cómo se inició ese vínculo, además de cómo es la vida de alguien que está muy cercano de la muerte.

 

¿Esa experiencia familiar no te decidió a contar la película desde un punto de vista femenino?

Al principio, había considerado tener de protagonista a una mujer, pero cuando conocí a Tim Roth, que tenía mucha curiosidad e interés por mi siguiente película, me propuso trabajar conmigo si cambiaba el papel principal de mujer a hombre para poder interpretarlo y así lo hice. Durante la etapa de investigación, Tim trabajó con varios pacientes de cáncer y constantemente me llamaba para contarme a quién había conocido y qué había vivido con esa persona. Al mismo tiempo yo comencé a conocer enfermeros en Estados Unidos y a entender un poco más de ese mundo.

¿Qué tan complicado resultó representar la parte más oscura del protagonista de Chronic?

Cuando decidí escribir el papel para Tim, opté por diseñar un personaje bastante complejo, porque él es un actor muy completo y no tendría problemas en darle forma a David, que si te fijas bien no es un papel nada fácil. No se trata solamente de un ángel que quiere ayudar a la gente, también tiene un lado siniestro que a mí me fascinaba explorar aún más. Además, alguien que está tan cerca de la vida y la muerte, de ninguna manera puede pretender ser un personaje sencillo. David ejerce la enfermería como un intento de rescatarse a sí mismo y quizás por eso miente y cambia constantemente de parecer.

¿Te sientes influido formalmente por una película reciente y muy exitosa Amor (Amour, Francia, 2010), de Michael Haneke?

Efectivamente, pero también siento que crecí influenciado por otros directores europeos como Krysztof Kieslowski, Ingmar Bergman o Luis Buñuel y siempre tengo la sensación que mis películas tienen alguna huella de ellos, pero tampoco puedo negar que me gusta mucho lo que hacen estadounidenses tan disímiles como Woody Allen o Paul Thomas Anderson.

Gabriel Ripstein comentó que siente una hermandad entre 600 millas y Chronic, por el hecho de compartir al protagonista y de que uno fue el productor del otro en sus respectivos filmes.

Con Gabriel somos amigos desde hace muchos años. El año pasado no solo produjimos su película y la mía, también trabajamos juntos con el venezolano Lorenzo Vigas, que ganó el León de Oro en el septuagésimo Festival Internacional de Cine de Venecia, la Mostra, por Desde allá. También hicimos Los Herederos, de Jorge Hernández Aldana, que compitió en el Festival de Morelia. Para mi resulta mejor hacer mucho y con la misma gente que trabajar de manera esporádica con distintas personas.

 

¿Cómo te ha sentado desempeñarte como productor?

Me gustó trabajar como productor aunque me gusta más dirigir. Mentiría si dijera lo contrario, pero aprendo bastante al entrar en otras facetas y al alternar con directores tan personales. Siempre asimilo mucho de ellos.

 

¿A qué atribuyes el hecho de que el cine mexicano tenga tan buena recepción tanto en festivales internacionales como en el Oscar?

Pues hay muchas voces en el cine mexicano que son fuertes y originales. Es un cine que viene de un país complejo y que está en una crisis constante, y creo que eso nos vuelve más interesantes al momento de concebir historias.

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Este artículo forma parte de los contenidos del número 45 de la revista cine TOMAde julio-agosto de 2015. Consulta AQUÍ dónde conseguirla.

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Max Zunino y Sofía Espinoza, director y protagonista de “Los bañistas”

abril 1, 2016

Uno se llena más ayudando

Por Salvador Perches Galván

Ambientada en uno de los corazones actuales de la protesta civil en la Ciudad de México, el Monumento a la Revolución –ya que el Zócalo ha sido cancelado como tal−, Los bañistas reúne a dos personajes por completo opuestos: una joven estudiante sin escuela y un viejo vendedor sin tienda, a los que la crisis obliga a relacionarse y a encontrar salidas para el vacío existencial y la angustia económica que enfrentan, para lo cual habrán de integrar a su mundo a los manifestantes que han tomado dicha plaza.

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La cancelación de toda opción de futuro en un país en el que no sólo el progreso en la escala económica o social no existe, sino que ni siquiera se cuenta con la certeza de mantener estables las cosas tal y como existen, ni en el trabajo, ni en los estudios. En este contexto de negaciones permanentes, es que la instalación del plantón del sindicato de maestros en plena Plaza de la República de la Ciudad de México, no hará sino agravar la angustia que viven los vecinos de la zona, en los alrededores del Movimiento a la Revolución.

Y hará que, inopinadamente, un par de personajes de lo más disímbolo, Flavia Rivera una joven a la que una huelga impedirá entrar a la Universidad Metropolitana, y Martín, un envejecido vendedor de una vetusta camisería que está por cerrar, descubran gradualmente que el mundo de cabeza en el que se encuentran, aparentemente imposible de habitar, puede tener salidas inesperadas, cuando sus mundos particulares confluyan en una forzada convivencia no sólo entre ellos, sino con los manifestantes que les rodean que, vistos de cerca, son mucho más afables y simpáticos de lo que se miraban, observados de lejos en su campamento. Todo, gracias al baño rentado del departamento.

La sinopsis oficial de la película reza lo siguiente: “En un entorno dominado por la crisis económica y las protestas políticas, Flavia, una adolescente mimada y con aspiraciones artísticas, frustrada porque no fue aceptada en la universidad, conoce a su vecino Martín, un hombre maduro pronto, una serie de sucesos abrirán las puertas a una posible amistad. A partir de una trama sencilla, Max Zunino y la coguionista y actriz protagónica Sofía Espinosa, construyen una historia donde la generosidad y la solidaridad adquieren dimensiones universales.”

El director de origen uruguayo, pero radicado en México desde su niñez, Max Zunino, es licenciado en Ciencias y Técnicas de la Información y cursó estudios complementarios en la Escuela Internacional de Cine y Televisión (eictv) de San Antonio de los Baños, en Cuba. Ha trabajado como publicista y director de comerciales para diferentes firmas y dirigió el cortometraje Recuerdo del mar (México, 2005), que participó en más de una veintena de festivales internacionales. Ha dirigido series televisivas como Bienvenida Realidad (2011 a la fecha), producida por Argos Televisión y Sony Entertainment.

Su ópera prima, Los bañistas (México, 2014), fue coescrita junto con la actriz protagonista y coproductora, Sofía Espinosa (Flavia), y cuenta con actuaciones de Juan Carlos Colombo (Martín), Harold Torres (Sebastián) y Susana Salazar (Elba) y cuenta con fotografía de Dariela Ludlow, música de Sebastián Zunino y edición de Yoame Escamilla. Ganadora en el 2013 del premio Guadalajara Construye, del Festival Internacional de Cine en Guadalajara (ficg), donde un año después ganaría el Premio Guerrero de la Prensa a Largometraje de Ficción y también el fipresci a Mejor Ópera Prima en el Festival del Cine del Mundo en Montreal, la cinta, producida por Cornamusa, Películas Avestruz y Phototaxia Pictures, la película de 83 minutos de duración, luego de formar parte del trigesimoquinto Foro Internacional de la Cineteca, en el verano de 2015, llegará a la cartelera mexicana con distribución de Alfhaville Cinema.

El telón de fondo es un acto reciente que resultaba muy molesto para los capitalinos: el desorden generado a raíz del plantón de los maestros opositores en la Plaza de la República, aunque la historia sea mucho más personal.

Sofía Espinosa: Sí, queríamos contar esta historia de dos personajes sencillos que se ven afectados por este contexto ficticio −y no tan ficticio−, que los hace cambiar su forma de ver el mundo, con esta teoría de que en una época tan individualista y tan egoísta en la que de pronto sólo pensamos en uno mismo, en uno, podemos pasar sin ver lo que está pasando afuera de nuestra casa y de nuestro pequeño mundo, de nuestra pequeña burbuja. Estos dos personajes, al verse afectados personalmente por esta crisis que hay en el mundo de sus pequeños universos ficticios, tienen que salir a la vida, y aprender a relacionarse con esa crisis y con ellos mismos, entre ellos y con ellos encontrar el sentido de sus vidas otra vez.

Si bien la situación que se plantea es real y reciente, puede darse en cualquier lado: ante una crisis económica severa, como hemos podido ver en muchos países del mundo recientemente, de desempleo severo, cierres de escuelas, etcétera.

Max Zunino: De hecho, la semilla del guión está basada en una noticia que vimos en el periódico El País, de España, cuando fueron las manifestaciones de la Plaza del Sol, y ahí se hablaba de que los principales manifestantes eran jóvenes estudiantes menores de 25 o mayores de 60 años, en ese caso. Y no sólo eso, ha habido manifestaciones en todo el mundo: la Primavera Árabe, que vimos cuántos gobiernos caer hace unos años; manifestaciones en Chile. ¿En qué país no las hay? En el mismo Estados Unidos, en Brasil, en todos lados estamos viviendo una especie de colapso de este sistema económico que cada vez nos perjudica más de lo que nos ayuda como individuos.

Además, una situación masiva que afecta a muchísima gente se focaliza a un microcosmos. Flavia es odiosa al principio, parece una mala persona, es berrinchuda, hace cosas malas, y con el cambio que opera en los dos personajes es muy alentador.

  1. Queríamos, con eso, hablar de lo individualistas que somos en este tipo de sociedades, donde lo que impera es el dinero, lo aspiracional, alcanzar el éxito sin importar a quien te llevas y a quién tienes al lado, volteando a ver a los demás sólo para rebasar en esta competencia que nos han inculcado de que tú vas a ser exitoso si eres mejor que los demás. Ser mejor que los demás significa pelearte con el de al lado para ponerte por encima de él y, en ese sentido, creemos que la solidaridad humana es algo que debemos recobrar para hacer frente a este tipo de crisis.

S: Y el sentido de comunidad, de equipo, esta necesidad de relacionarse con el otro. También hoy en día que todo es mi teléfono, mi computadora, mi red social, yo, yo, yo, hablo de mí, de cómo me va, que de pronto es como tan apabullante y tan agotador, es como volver a lo más básico, el ser humano necesita del otro, necesita relacionarse, necesita reflejarse para darse cuenta de sus propios vacíos. Por eso era para nosotros tan importante contar la historia de estos dos personajes tan distantes en edad, tan distantes en objetivos, en experiencias, pero finalmente dos personajes solos, con miedos, con vacíos.

Esto que dices de Flavia es verdad, el personaje le cae muy mal a mucha gente, al principio, aunque a otros no, hay a quienes curiosamente les simpatiza mucho, pero claro, es este personaje caprichoso, individualista, egoísta, que sólo piensa en cómo va a salir adelante ella, pero creo que, en el fondo, hay un miedo, un vacío, una soledad que, al encontrarse con este otro personaje, el de Juan Carlos Colombo, te das cuenta de que no es tan distinto ese vacío y ese miedo que uno tiene a los sesenta y tantos que a los veintitantos, finalmente concordamos con que los seres humanos, todos, tenemos necesidades emotivas y carencias, qué mejor que llenarlas con el otro, conviviendo, ayudando. Uno se llena más ayudando que pidiendo ayuda.

Flavia está pasando por una crisis, queda despojada de todo y entre ambos se dan un apoyo mutuo, aunque ninguno de los dos quiera o se dé cuenta de ello, por eso es muy efectiva esta transición, Flavia prácticamente le devuelve la vida, y ella también aprende. Se enseñan cosas mutuamente, sin proponérselo.

M: Los caminos y arcos dramáticos que recorren estos dos personajes son muy sencillos pero profundos.

Uno de los mayores méritos de la película es que invita a la reflexión pero no es una película pretenciosa. Sale uno pensando que la vida no es tan mala cuando estamos pasando por una etapa tan complicada.

M: Qué bueno. Si logramos eso es fantástico. El objetivo está cumplido, es más de lo que pretendíamos y es una gran cosa poder transmitir ese mensaje.

S: No queríamos hablar como si esta fuera la neta y así se solucionaran las cosas. Queríamos planteara a dos personajes que, finalmente, puede que a nadie le importe lo que les está pasando, ni a ellos mismos, pero que se encuentran y logran dar un pasito en sus vidas, que les hace ver un poco más de luz y tener un poco más de ilusión de seguir viviendo, nada más. No resuelven su vida, sino que buscan otras salidas, Flavia con su final y Martín con el suyo. Creo que moverse de donde uno está estancado a veces es más que suficiente para cambiarnos la vida.

Rompen la telaraña en la que estaban envueltos, que era lo más grave.

M: Sí, rompen su estancamiento, verse solamente en el espejo y empiezan a moverse y exponerse a la vida y a tener la esperanza de vivir, que es el instinto de sobrevivencia que tenemos como seres humanos. Desde el principio teníamos claro que no queríamos contar una historia de grandes proezas. Ellos no iban a resolver el conflicto social ni le darían una solución al país entero o a la humanidad. Un asesor de guión que tuvimos nos contaba que mientras el cine hollywoodense cuenta la historia de un paralítico, un hombre en silla de ruedas que acaba ganando las olimpiadas; el cine latinoamericano o iberoamericano acaba contando la historia de ese mismo hombre que acaba moviendo un dedo y esa es la proeza, ese es el arco que recorre dentro de la historia.

Hay muchos cameos, la película está llena de actores maravillosos haciendo breves apariciones, lo que apuntala totalmente la película.

M: Tuvimos la fortuna de contar con muchos amigos que se sumaron a nuestro esfuerzo también en el elenco, se me va a olvidar alguno pero estuvieron Carlos Corona, Raúl Briones, Alejandro Reza, Alaciel Molas, Arcelia Ramírez, Laura Almela…

S: …sí, montones de actores y gente que nos apoyó con todo y la verdad sin pensar para nada en la retribución económica, sino en el placer de contar esta historia. Entonces, eso fue muy bonito.

Desde ahí empieza la solidaridad que se cuenta en la pantalla.

M: Sí, la solidaridad se salió de la pantalla y del guión, y permeó en la producción.

Las tomas del plantón las filmaron durante el mismo o fueron recreadas.

M: Del plantón no hay ninguna, todo está recreado por nosotros. Lo que sí es real son las manifestaciones en el Monumento a la Revolución y Paseo de la Reforma donde se ven granaderos y policías, hay algunos vidrios rotos y todo esto, ahí sí aprovechamos lo que estaba sucediendo.

Sofía, ¿cómo te sientes con Flavia? ¿Cómo la definirías?

S: Yo la definiría como una joven que está un poco perdida, que no se halla respecto a lo que quiere y a quién es, que está en una etapa de definirse a ella misma y que está muy sola, tiene un gran vacío por parte de su familia y en cuanto a los afectos. Es un personaje que también es caprichoso y que necesita aprender una lección para empezar a relacionarse con los demás. Creo que es eso.

El título de la película es lo que resuelve la parte anecdótica.

M: La clave está en el título. Cuando nos preguntan por qué Los bañistas, la respuesta casi siempre es: vean la película, porque si les cuento la razón, les cuento la historia de la película, vendemos la trama.

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Decimoprimera Gira de Documentales Ambulante

marzo 31, 2016

Generar vínculos empáticos

Por Elena Fortes

Al superar sus primeras diez ediciones, la Gira de Documentales Ambulante replantea tanto sus secciones como sus contenidos, por lo que este 2016, para su undécima edición, si bien han disminuido el número de títulos que componen su programación y las plazas de la República que cubrirá, para que las películas puedan ser exhibidas más veces, además de recorrer sus fechas un mes, para poder incluir filmes contundentes que participaron en importantes festivales como Sundance o Berlín.

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En el 2006, cuando se celebró la primera edición de la Gira de Documentales Ambulante, la palabra documental se confundía constantemente con cortometraje. En el imaginario colectivo, el documental era algo que no pertenecía a la pantalla grande, que no era cine. Ahora me atrevería a decir que hay mucha gente que prefiere ver documentales, en lugar de ficciones. El incremento de más del 700% en la asistencia del festival, a lo largo de los últimos años, es prueba de ello. En cada estado nos esperan con mucha expectativa, conocen el proyecto y piden que nos quedemos más días. El público ha crecido mucho y es una satisfacción enorme recibir una acogida cada año más entusiasta en todas las ciudades que visitamos. Desde que fundamos Ambulante partimos de la hipótesis de que existía un público interesado en el cine documental y que el problema estaba en la falta de canales de exhibición. Las cifras de asistencia nos han dado la razón.

Es muy importante ofrecer esta ventana de exhibición a películas que, en muchas ocasiones, no tendrán distribución comercial ni otra manera de llegar a la pantalla grande. La producción de documental mexicano ha sido excepcional en los últimos años y estos trabajos merecen la oportunidad de estrenarse en salas y competir con los títulos de ficción y los filmes anglosajones. De hecho, uno de los principales objetivos de la organización es descubrir y apoyar a los cineastas mexicanos y promover su cine documental exhibiendo trabajos con voz y visión propia y producidos recientemente en México. Ambulante ha promovido, desde sus inicios, la creación documental por medio de becas y talleres de capacitación. Además, gracias a la relación que mantenemos con otros festivales y con profesionales de la industria, programamos y presentamos ciclos de cine que contribuyen a aumentar la visibilidad y la presencia de documentales mexicanos a nivel internacional.

Consideramos que es muy importante diversificar el contenido audiovisual y ofrecer las ventanas necesarias para dar a conocer nuevas visiones y voces, sobre todo en un contexto en el que algunos medios de comunicación se encuentran altamente monopolizados, y otros bajo amenaza. Nos interesa aportar en el cambio de narrativas en los medios, contribuir a enriquecer el diálogo público y el lenguaje cinematográfico, así como ofrecer diversas perspectivas sobre el acontecer nacional y global, además de fomentar un consumo más crítico de los contenidos audiovisuales. Queremos compartir historias pero también inspirar nuevas formas de contarlas.

Replanteamiento y eficiencia

Tras una primera década en la que la organización creció mucho y en la que se multiplicaron los proyectos que desarrollamos a lo largo del año −Gira de Documentales, Ambulante Presenta, Ambulante Más Allá, Ambulante Global, Ambulante Ediciones, Ambulante en el Senado− resultaba necesario replantear la estrategia y adecuarnos a los nuevas metas propuestas a mediano y a largo plazo, para asegurar que todas estas iniciativas sean sostenibles y que la diversificación resulte eficiente.

La Gira requiere de apoyos, tanto públicos como privados, por parte de los estados que la acogen para que sea viable. A la hora de seleccionar el recorrido, intentamos abarcar geográficamente norte, sur, este y oeste de la República. También consideramos aquellas ciudades que creemos tienen una audiencia potencial grande e impaciente por acoger un festival de estas características, o que han destacado en ediciones anteriores por sus altas cifras de asistencia. Asimismo, tratamos de establecer cierta rotación cada año para llegar a estados nuevos en la medida de lo posible. Pero, indudablemente, los apoyos que recibimos de las instituciones y gobiernos municipales resultan determinantes.

En cualquier caso, Ambulante Presenta −un circuito de exhibición continua que amplía la oferta de cine de no-ficción en México, con una programación constante que da continuidad a la exhibición de películas documentales, más allá de la ventana que ofrece la Gira por sí misma− nos permite llegar el resto del año a ciudades que no visitamos con la Gira. Este último año, Ambulante Presenta creció más del 400% en número de proyecciones programadas; por fin es posible consumir cine documental en las salas de cine de forma regular a lo largo de todo el año.

Por otro lado, estamos considerando una inminente inversión de recursos en una estrategia digital, que permita ofrecer una plataforma especializada desde la que puedan verse documentales en línea a través de nuestra página web.

Sundance y la Berlinale

Este año retrasamos nuestras fechas y la razón responde, sobre todo, a una estrategia de programación. Queríamos poder incluir títulos de importantes festivales que se estrenan en los grandes festivales internacionales de Sundance o Berlín, y sólo recorriendo las fechas a marzo nos daba tiempo de seleccionar y negociar dichos títulos.

Nuestra presencia internacional, por otro lado, continúa. En 2015 se celebró la quinta edición de Ambulante El Salvador, y las segundas ediciones de Ambulante Colombia y Ambulante California. A Ambulante Colombia, en concreto, les está yendo extraordinariamente. El 2015 representó la consolidación del proyecto, que celebró 35 días de gira por cinco ciudades, con más de 230 proyecciones en 105 localidades. Una de las funciones más significativas fue la que tuvo lugar en la comunidad arahuaca de Nabusimake. La vida cotidiana de este pequeño pueblo se vio interrumpida por el montaje de una gran pantalla, en la cual se proyectó la película Colombia, magia salvaje (Colombia, 2015, de Mike Slee). A la función asistieron todos, incluso aquellos que cumplían una condena de reflexión en la cárcel de la comunidad. Este incidente marcó un momento sumamente valioso en la vida de Ambulante. Por otro lado, se lanzó Ambulante Más Allá en San José del Guaviare, y 16 jóvenes participaron en talleres de realización de audiovisual.

También continuaremos teniendo la carpa Ambulante en el Vive Latino. Presentaremos alrededor de ocho títulos. Se incluirán documentales musicales y otras propuestas seleccionadas por el equipo de programación de la Gira de Documentales, y habrá pláticas con invitados especiales tras las proyecciones. Dentro del Foro Sol, estrenaremos nueva ubicación y esperamos recibir a más gente aún que en ediciones anteriores. La carpa siempre es un éxito y esta colaboración para nosotros es muy significativa, será nuestro sexto año consecutivo en el Vive. A través de este tipo de presentaciones especiales llevamos a cabo colaboraciones estratégicas que permiten que este género cinematográfico llegue al mayor número de personas en lugares a los que difícilmente se tiene acceso.

Seminario Flaherty

Planteamos para este año la colaboración con el Robert Flaherty Film Seminar con el fin de presentar una a selección de obras exhibidas durante su sexagésima edición, con siete programas que, en respuesta al contexto político y cultural del país, integran el trabajo de siete artistas mexicanos. La alianza se dio gracias al apoyo de Daniela Alatorre, asesora estratégica y programadora del Festival Internacional de Cine en Morelia y miembro del Consejo de Administración del Robert Flaherty Film Seminar.

Nuestra intención, a través de este programa, es generar un diálogo en torno al activismo y la práctica artística y también debatir acerca de cómo los aspectos formales de la obra audiovisual plantean nuevas vías de crítica y conciencia social, poniendo de manifiesto la diferencia entre hacer cine sobre temas políticos y hacer cine políticamente. También queremos replicar la manera de pensar el cine que caracteriza al Flaherty Seminar: al eliminar las barreras entre el artista, el experto y la audiencia, para generar una experiencia íntima e intensa, que permite experimentar el cine de una manera distinta, desde la colectividad y sin prejuicios.

Producción nacional excepcional

En mi opinión, la producción de documental mexicano ha sido excepcional en los últimos años y existe una mayor participación de documentales en festivales internacionales que hace cinco años. Plaza de la Soledad (México, 2016), de Maya Goded, con su participación en Sundance y el gran recibimiento que tuvo por parte de la crítica, es un ejemplo reciente de ello. También Tempestad (México, 2016), de Tatiana Huezo, que obtuvo la Mención Especial del Jurado del Premio Caligari a la innovación en el ámbito cinematográfico, que concede la revista Film Dienst en la Berlinale. En México el género ha crecido mucho, tanto en producción como en exhibición. De nuestro lado, hemos intentado aportar nuestro granito de arena tanto con la Gira, como con espacios permanentes de exhibición y con el proyecto Ambulante Presenta, becas de posproducción y talleres de capacitación. Las becas que hemos otorgado representan un apoyo adicional dirigido específicamente al cine documental, en un panorama en el que existen pocos apoyos −sobre todo a óperas primas− y mucha competencia.

Los documentales producidos en la tercera generación de Ambulante Presenta formarán parte de esta decimoprimera Gira, con programas divididos por región geográfica. Esta reciente generación de estudiantes tocó temas muy diversos, desde la construcción de identidad hasta el uso de agroquímicos en la reserva de la biosfera de Calakmul, la regeneración de identidad entre jóvenes mayas, la migración de mujeres en la frontera sur de México, la falta de condiciones de trabajo adecuadas para pescadores y los efectos de la violencia sobre las tradiciones culturales de la Costa Chica de Guerrero y los Altos de Chiapas, entre otros. Ambulante Más Allá es un programa educativo que otorga las herramientas de producción a poblaciones que no tienen acceso a oportunidades de formación profesional y ya ha capacitado a más de cien jóvenes de distintas regiones del país. La intención del proyecto es descubrir nuevas visiones, diversificar y descentralizar la producción en el país, dar voz a nuevos talentos, contar otras historias. Y los resultados están siendo sensacionales. El año pasado, uno de los documentales formó parte de la programación de la Berlinale y otros dos estuvieron en la competencia del Festival Internacional de Cine de Morelia (ficm).

Asimismo, ya estamos trabajando las historias de la cuarta generación de estudiantes, que reúne a estudiantes de la costa chica de Oaxaca y Guerrero.

Nuevas secciones

La estructura de la programación ha variado este año: se han reducido las secciones y el número de títulos, con el objetivo de que cada película se proyecte más veces por ciudad. También consideramos que algunos títulos tienen cabida en secciones distintas y que, en nuestro afán por clasificarlos, la comunicación podría acabar siendo un poco confusa. Mantenemos las secciones de Ambulantito, Cine Experimental −sección con un carácter más retrospectivo−, Imperdibles −para eventos especiales−, el Foro de Ideas, y el resto de películas se encuadran dentro de la programación general.

Sobre el eje curatorial, decidimos celebrar todo aquello que nos une a otros seres humanos y al mundo que habitamos. Queremos hablar de cómo generar vínculos empáticos con los demás y crear una sensación de interdependencia. Es por ello que a través de la programación de la Gira 2016, retomamos todas aquellas historias que nos refieren a esta colectividad y que extienden las fronteras de nuestro ser para combinarse con las de los demás. Además, abordaremos el tema de género y la partería, organizaremos proyecciones y pláticas acerca de la cultura y economía de la reproducción, la teoría queer y la representación de género en el cine, el arte y los medios.

Nuevas publicaciones

Además del catálogo, que reúne reseñas de todas las películas programadas y una separata literaria desarrollada en colaboración con Sexto Piso y que incluye textos de reconocidos autores, aún tenemos disponibles algunos ejemplares del libro Chris Marker Inmemoria, la colección de ensayos sobre la obra del cineasta francés publicada por Ambulante Ediciones en 2013. Por otro lado, en la segunda mitad del año publicaremos un segundo título, El cine como arte subversivo, la primera traducción al español del curador y crítico de cine Amos Vogel. Originalmente publicada en 1974, esta obra se trata de un libro imprescindible en la historia del cine de vanguardia, del arte de la curaduría, de la sociedad fílmica y del circuito alternativo de distribución Cinema 16 en Nueva York. Con Ambulante Ediciones queremos demostrar que la palabra impresa también es una herramienta poderosa para promover el cambio social y cultural, y expandir, a través de la palabra, el universo de temas que el festival ya genera.

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