Posts Tagged ‘general’

Marco Julio Linares, nuevo director del CCC

enero 20, 2017

Nota bene: El profesor Marco Julio Linares fue electo director general del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), por acuerdo de la Secretaria de Cultura federal, María Cristina García Cepeda, el pasado jueves 19 de enero. La ceremonia de nombramiento fue presidida por el Subsecretario de Desarrollo Cultural, Saúl Juárez Hernandez en las instalaciones de la escuela, en el  Centro Nacional de las Artes. De esta manera, Linares, quien ha sido docente del Centro durante más de dos décadas sustituye al cinefotógrafo Henner Hoffman, quien ocupara la dirección desde el primero de diciembre de 2008 hasta noviembre de 2016. A propósito de este hecho, es que reproducimos la entrevista que Luis Carrasco sostuvo con el cineasta en octubre pasado, cuando aún era candidato al cargo, misma que se encuentra publicada en el número 49 de la revista Cine Toma,  que circula desde noviembre pasado.

Dedicación, constancia, rigor y preparación permanenteMarco Julio Linares, nuevo director del CCC

Por Luis Carrasco García

Egresado de la Facultad de Ingeniería de la UNAM, con estudios en Medios de Comunicación y Cine por la Universidad de Chapel Hill en Carolina del Norte, Estados Unidos, Marco Julio Linares fue director general de los estudios Churubusco-Azteca, de 1985 a 1993, ha producido y dirigido un sinnúmero de documentales para cine y televisión y, actualmente, es coordinador ejecutivo del Eficine 189, en el Imcine; sin embargo, en su profesión, la docencia ha sido una constante que, además, lo ha llenado de múltiples satisfacciones, entre ellas: haber sido uno de los fundadores de la UAM Xochimilco, recibir el CILECT Teacher Award 2014 como Mejor Maestro de la Asociación mundial de escuelas de cine y Televisión, fundado en Cannes en 1955 y, más recientemente, ser candidato a la Dirección de una de las mejores escuelas de cine en México y América Latina, el CCC.

linares-2-pgc

Foto: Pedro González Castillo.

¿En tu experiencia de tantos años como docente, cuál es la importancia que puede tener la educación, dentro del cine, sobre todo en un país donde tenemos tanta tradición audiovisual, pero que no se ha traducido en que vayamos ver nuestras películas, el cine que hace en nuestro país?

Hoy, con las nuevas plataformas, más personas tienen acceso al cine mexicano, pero ¿cuál es la razón fundamental? En lo personal, el cine, al ser el último arte inventado por la humanidad y al ser un trabajo colectivo, es lo que más me emociona, lo que más pasión me da. El cine se tiene que hacer con pasión, va más allá de una profesión.

Y eso lo he traducido en compartir mi conocimiento. Lo que más requerimos en nuestro país es educación, formación, capacitación, estar siempre preparados para hacer mejor nuestro trabajo. En ese sentido, pienso que el cine necesita más que una gran formación técnica. El buen cineasta es un gran narrador de las imágenes y, hoy, de las imágenes audiovisuales.

Si el narrador no tiene ni la capacidad ni la formación de contar historias, no se va a ver lo que sucede en México y en el mundo. A lo largo de estos años aprendí que todos los países tienen una gran cinematografía en volumen, pero sólo el 10% es de altísima calidad; si México producía y ha producido en los dos últimos dos o tres años 100 películas, 10 son de alta calidad, y está demostrado.

En la Época de Oro era distinto, era el único cine producido con el afán de entretener a un mundo en guerra, de ahí que las comedias mexicanas trascendieron en todos lados. Yo pienso que la Época de Oro es la que vivimos, porque ahorita estamos planteando y haciendo historias nuevas, actualizadas. Hay muchos más jóvenes participando en la producción, la dirección, los guiones, y la fotografía.

Tenemos dos grandes fortunas: las dos escuelas más sólidas de América Latina en la enseñanza del cine, el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (cuec) y el Centro de Capacitación Cinematográfica (ccc). Debemos preparamos a contar historias. Mi abuela materna nos contaba historias y nos las creíamos, tal vez fueron reales, tal vez no, pero es eso lo que debe hacer el narrador, lo que es un cineasta, y ésa ha sido la razón de ser de estos 40 años que me he dedicado a la enseñanza del cine: contar historias, que los guiones sean sólidos.

 

En la enseñanza del cine te has especializado en guión, ¿crees que ha habido una evolución en la manera de contar historias? Mucho se ha dicho sobre que, en el cine mexicano, el talón de Aquiles son los guiones. ¿Estás de acuerdo en ello?

El cine mexicano requiere más rigor en los guiones que prepara, definitivamente, es una situación universal. La cinematografía más prolífica es la India, que produce 1 500 películas al año, ¿cuántas nos llegan a México?, tal vez una o dos, porque sus historias están pensadas para su mercado; los chinos, de manera semejante, son la segunda; los japoneses, la tercera; los norteamericanos, la cuarta; los franceses, la quinta.

En este sentido, cada uno tiene su mercado. ¿Qué sucede con el mercado mexicano? La mexicana es la cuarta población que ve más cine en el mundo, pero tenemos el impacto de todas las majors que se asocian con los exhibidores y captan la exhibición; no digo que sea bueno o malo, simplemente es un mercado.

Tenemos que contar nuestras historias a nuestro modo, porque México fue la quinta cinematografía emergente en el mundo; nació en Francia, pasó a Inglaterra, Alemania, Estados Unidos y México fue la quinta nación que tuvo una cinematografía. Tenemos más de 100 años de cine, tradición, formación, había que narrar historias.

Al principio, el cine mexicano fue fundamentalmente documental, de ahí que ahora las historias se tengan que documentar. Se puede tener una imaginación creativa en torno a un hecho de la realidad, y mientras más distancia tomes de esa realidad, más ficción le vas a poder dar. Eso hay que hacerlo con rigor, con metodología.

Los que queremos hacer cine tenemos que aprender la metodología y ésa es la razón de ser de la enseñanza; académicamente, tenemos que ser cada vez mejores. La técnica la aprendes, la tecnología hay que usarla en beneficio de lo que uno quiere decir o comunicar. De qué sirve que la película tenga unos efectos maravillosos, si no me dice nada, si no hay nada que contar; siempre hay que tener algo que decir. Si es profunda, se vuelve universal.

 

Hablando en términos de guión, hay muy buenas historias, como Norteado, Fecha de caducidad o La delgada línea amarilla, que son propuestas muy bien elaboradas, pero no funcionan en la pantalla, por alguna razón la gente no va a verlas.

Aquí hay que ver quién va al cine. Unos, los que tenemos la fijación de ir al cine, de conocer el mundo, la vamos a buscar. En términos generales, por la situación que vive el país, los recursos para divertirse son mínimos. Una familia con dos o tres hijos tiene que racionalizar su gasto, ésa es una de las razones por las que nuestra población, que es cinéfila natural, ve más cine mexicano en promedio en la televisión que en las salas, lo cual se puede revisar en las estadísticas de los Anuarios que publica el Imcine.

Hoy ir a las salas es mucho más caro. La preocupación del Imcine ha ido siempre generar audiencias complementarias a las que están en (el cine) comercial, se está haciendo, pero no hay los recursos suficientes. En este sentido, tenemos que seguir contando historias, la gente debe tener el convencimiento de que para contar historias se necesita saber contarlas, tener rigor, prepararse, meterse a todos los talleres posibles para poder tener laa capacidad, que no todos tienen, de visualizar.

Cualquier cinematografía del mundo tiene un basamento de literatura narrativa fundamental y se apoya en ella, ya no digamos la norteamericana, que es semejante a la inglesa. Si se revisa una buena película de esas nacionalidades, lo más seguro es que esté apoyada por un libro o alguna historia de literatura o de algún reportaje, pero además necesita de la investigación, de ir a todas las fuentes posibles que abreven nuestras historias.

El buen cine requiere dedicación, constancia, rigor y preparación permanente.

 

En el tiempo que llevas dando clase, ¿has notado diferencias o cambios en la manera de escribir guiones?

El cineasta tiene que ser antropófago, no en el sentido físico, sino metafórico; uno se nutre de los demás, cada vez hay más cambios. Desgraciadamente, algunos toman la vía rápida de “ahí escribo” y se van generando proyectos fallidos; hay que darle a la historia estructuras dramáticas sólidas, puede no gustar lo que sucede, pero se reconoce que está bien contada. Hay unos cineastas que lo traen genéticamente, como es el caso de Jonas Cuarón con Desierto.

En esta universalidad de la globalización comercial que vive la humanidad, lo profundo nacional, lo profundo local, lo profundo personal se vuelve universal si es realmente de raíces profundas; los seres humanos son uno en todo el mundo.

 

En términos de contar historias, ¿qué hemos ganado y qué hemos perdido?

Con respecto al guión, el cine mexicano ha ganado siempre, esto no quiere decir que no haya baches, aunque también ha habido buenas etapas como el cine que se producía antes, en las décadas de los setenta y ochenta, con los nuevos directores como los Fons, los Cazals, los Ripstein. Hoy, más que nunca, con escuelas de cine como el CUEC y el CCC, que ya tienen 40 y 50 años, es determinante para que nuestros cineastas estén siendo preparados.

Para mí, el guión es una herramienta, pero adentro de ella hay carnita, ¿cuál es la esencia, el corazón?, contar historias, que la narración fluya; tal es el caso de Sopladora de hojas, una historia que se le ocurrió a un joven que piensa en los más jóvenes. En la actualidad se siguen contando historias nuevas, relativamente, porque no hay nada nuevo en la humanidad, simplemente la forma de contar es distinta; por ejemplo, ahora se utilizan los innovadores.

Si se quiere experimentar, primero hay que conocer las estructuras de los diferentes géneros —terror, comedia, del drama moderno, del melodrama grave, etc.—, para saber dónde se van a modificar, eso es determinante. En el cine todo es posible, pero en lo que se refiere al guión, hay que hacerlo con rigor; de entrada, debe tener el lenguaje correcto y sin faltas de ortografía. Un buen guionista debe tener la vocación.

Desde que estaba como director de los Estudios Churubusco he tenido un sueño: la conformación de un banco de guionistas como en Estados Unidos, conformado por miles de guionistas que viven de escribir guiones. En México tenemos que escribir guiones por necesidad, cuando lo idóneo es dedicarle de seis a 12 meses; aunque hay que reconocer que son sociedades distintas y no tenemos que copiarlos o compararnos con ellos.

Si uno revisa las comedias de la Época de Oro del cine mexicano de Pardavé, Tin Tan o del mismo Cantinflas, de la primera época, son comedias a la mexicana, porque están adecuadas a nuestra realidad, están cuidados los tres actos que definió Aristóteles.

 

¿No tendrá mucho que ver que los jóvenes no leen tanto o no tienen muchas referencias?

Sí, me ha sucedido, quizá no tanto con los guionistas como con los realizadores; en el caso del guionista, su nutriente son las palabras y para nutrirte, tienes que leer, aunque sea noticias, pues si no lees lo que sucede a diario, no sabes qué sucede en el universo. Estoy de acuerdo contigo, al pulverizarse el conocimiento a través del internet, no puedes integrarte, pero también por medio del internet la gente ha podido leer obras completas y encuentran el goce de la lectura.

Es una transición que debemos reconocer, los guionistas son cada vez mejores y yo, como compartidor del conocimiento a través de la docencia, aprendo mucho de ellos. Los jóvenes tienen mucho que decir, que no sepan cómo es una cuestión de la metodología, mas no de la técnica, que tienen que adquirir. Es muy común ver que los documentalistas quieren hacer ficción y los ficcionistas, documental; no toman distancia de la realidad.

El documentalista tiene que incursionar en la realidad, lo más profundo que puedan y el ficcionista tiene que impregnarse de la realidad y distanciarse para ver qué es lo que van a contar de la realidad, son dos enfoques distintos de una misma situación. Actualmente se hace mixturas, mezclamos documental y ficción y decimos que es un falso documental o falsa ficción. Todo se vale, hay que darle un sentido, una razón de ser a la historia.

 

En tu trabajo como profesor has tenido momentos importantes, claves. ¿Podrías compartir algunos de ellos que te hayan marcado?

Sí, hay muchos momentos que me han marcado como profesor, entre ellos, haber sido fundador de una universidad como la uam Xochimilco; me marcó porque tuve la libertad de aportar todo lo que podía imaginar de mi experiencia, el rector me dio toda su confianza y logramos arrancar los talleres de Comunicación Social de una universidad nueva, con una metodología nueva, con una visión distinta de formación.

Posterior a ello, he formado parte del Taller de Óperas Primas del ccc, donde participó Carlos Carrera con La mujer de Benjamín; me han invitado de universidades en Hidalgo y Tabasco para proponer cursos donde se vincule el guión y la dirección, el guión y la producción, el guión y la actuación, para profesionales que están vinculados al quehacer cinematográfico, lo que me ha satisfecho mucho. Parto de la premisa de que la educación es poder transmitir lo que uno ha aprendido para que los demás la utilicen y me superen, que sean mejores que yo.

Por otra parte, tengo satisfacciones muy grandes, como el Premio a la Docencia por la Excelencia Pedagógica que me dio la Asociación Internacional de Escuelas de Cine y Televisión (Centre International de Liaison des Escoles de Cinéma et de Television, cilect), el cual responde a todo esto. Las personas reconocieron, de alguna manera, que compartir conmigo el conocimiento fue importante para ellos, y aportaron cartas, entre ellas la de Alfonso Cuarón, que el cilect tomó mucho en cuenta.

El premio vine a consolidar tantos años dedicados a la docencia. El hecho de que el cilect reconozca mi trayectoria y me nombre el mejor maestro de la enseñanza del cine y la televisión en el mundo en el 2014 es una gran satisfacción. La educación, la formación y la capacitación tienen que ser casi una postura, digo casi una postura, porque yo no he vivido, salvo una cierta etapa de mi vida, de dar clases. Yo doy clases y sigo de actividad profesional, ésa ha sido una premisa que siempre he planteado.

Tenemos que incentivar a los estudiantes a que avancen en su proceso y una vez que aprendan algo, que regresen para que compartan el conocimiento. La educación es lo único que aporta elementos para ser mejor, crecer en el sentido del conocimiento y de la actitud ante la vida. Otra satisfacción ha sido reunirme en clases con los grandes cineastas del país, compartir visiones del cine con los alumnos es un goce increíble.

 

Hemos hablado de la importancia que tiene la educación. ¿Por qué en México no se reconoce la labor del profesor, por qué se le trata mal y no se le da el reconocimiento que debe tener?

Yo pienso que sí se le reconoce, aunque la circunstancia no es generada por razones formativas y educativas, sino por razones políticas y prefiero no opinar, porque son justificaciones a lo largo de la historia. Si tú consolidas este sindicalismo institucionalizado y, de pronto, ya no lo necesitas y lo pateas, me parece un equívoco.

La razón por la que no se le da el reconocimiento es la capacitación permanente de los maestros, la cual ha estado ausente a lo largo de muchos años. Ésa es una de las premisas fundamentales que estoy planteando si llego a ser director del ccc, y no me refiero a los exámenes, que son un juego político-laboral al que no me quiero meter. El maestro es un ser vivo que tiene que prepararse al máximo, actualizarse y capacitarse; la norma formativa de los maestros no es nada más que estudien en una normal o en la Universidad Pedagógica —que deben seguir existiendo—, sino que se capaciten en su formación, es decir, la premisa que yo aplico de compartir con mis alumnos es la misma que los maestros deben compartir con otros maestros, entre pares. La capacitación es lo que debemos priorizar.

 

¿Y apropósito de ello, en que momento llega tu nominación como parte de los candidatos para dirigir el CCC?

El que esté en la terna, ahora ya son cuatro, para dirigir el CCC, a petición del Consejo de la propia escuela llega en un momento de revitalización de mi vida. Cuando alguien reconoce que tu trayectoria puede ser útil para los demás, qué más puedo pedir. Yo tengo un Ariel, una Diosa de Plata, hacer una película, eso uno lo busca.

La nominación se da como un colofón, como un reconocimiento a mi trabajo como parte del cine mexicano. Estoy consciente de que es una selección de cuatro personas, pero creo que si uno no pone su máximo esfuerzo en la acción del día, no vale la pena nada.

 

En caso de que quedes en la dirección del CCC, ¿cuáles serían tus prioridades en tu plan de trabajo? ¿Qué te gustaría apuntalar en una escuela tan prestigiosa?

Lo primero que hay que hacer es inmersionar en la profundidad de lo que es el CCC para retomar lo que ha sido acertado en los últimos años. La última administración, la de Henner, ha tenido resultados maravillosos. Le ha dado una fuerza increíble a la fotografía, lo que me parece muy bien; sin embargo, hay que reforzar de la misma manera el guión, la dirección; darle mayor peso específico a la narración cinematográfica tanto en el guión y la dirección como en la producción y la consolidación de la metodología.

 

¿Existe alguna carencia en la que haya que trabajar?

La carencia es la misma que se genera por ser una dependencia del Gobierno Federal: los recursos; pero si hay pocos, con eso hay que hacer cine. Ésa es una de las primeras enseñanzas que uno aprende del ccc, “cuánto tienes y con eso, hacer la película que quieres”, de ahí que ha crecido tanto el número de egresados que han logrado, con imaginación, creatividad y solidaridad, desarrollar sus proyectos.

 

¿Nunca has pensado dejado la docencia y dedicarte sólo al cine o a escribir guiones?

Nunca pasó por mi mente, porque mi razón para hacer cine no es nada más el guión; tiene años que escribí mi libro, porque me di cuenta, después de viajar por Estados Unidos, de que nosotros no tenemos un libro que nos diga cómo debemos escribir un guión y que haya historias que contar.

Ahora que estoy en el Eficine, cuando veo un guión, digo: “ésta es la historia que me gustaría filmar”. El guión es el embrión de la historia, si el guión está bien, el embrión va a vivir y va a tener vida cuando esté en la pantalla. Doy clases de guión porque quiero encontrar el guión que quiero dirigir.

 

¿Cómo llegaste a la docencia?

Formé parte de una generación que nos educó con una historia educativa fundamental que se llamaba Somer Hill, quien fue una experiencia que, cuando teníamos 25 0 30 años, nos marcó para siempre. Era la educación perfecta en Inglaterra y después fue un fracaso terrible, porque la gente se suicidaba; era una escuela aislada, donde los estudiantes hacían lo que querían.

Cuando se crea la Universidad Autónoma Metropolitana, me invitan, acepté y le dediqué horas, días enteros a preparar los talleres de Comunicación (Diseño para la Comunicación, Foto Fija, Cine, Televisión, Sonido), donde estuve cinco años. Los siguientes cinco años los dediqué a mi libro, luego me invitaron de la escuela de la Sogem y de distintas universidades a dar pláticas sobre guión; entonces, fui caminando en ese sentido, porque hay que tener el soporte para contar una historia. Pero ¿por qué me dedique a enseñar?, por eso, por la necesidad de tener guiones que leer, porque es lo que le hace falta a este país.

No tenemos suficientes guionistas para una cinematografía como la nuestra. Para tener cien proyectos se necesitan por lo menos 150, entonces, se recurre a esta mexicanización de multichambas, donde los directores hacen el guión que da la esencia a lo que se va a contar.

Por otro lado, adecuar historias ya existentes significa investigar, no copiar. No hay fórmula.

Mi trabajo como profesor me ha llenado de satisfacciones por todos los egresados que han estado en los cursos que he impartido, porque, como dice el dicho popular, las historias se pueden contar con rigor, con disciplina y, lo más importante, con goce, pero si no es así, el consejo es que mejor no se haga.

linares-pgc

Foto: Pedro González Castillo.

Anuncios

Jorge Sánchez Sosa es el nuevo director del Instituto Mexicano de Cinematografía

enero 18, 2013

lacasadelcine

El productor y promotor cinematográfico Jorge Sánchez Sosa es el nuevo director general del Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine), en sustitución de la cineasta Marina Stavenhagen. Nacido el31 de mayo de 1950 en Córdoba, Veracruz, Jorge Sánchez cursó estudios de Sociología en la UNAM y de Cine en el Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), y ya para 1972 lo encontramos como coordinador del Cine Club Trashumantede la Universidad Veracruzana, en Jalapa, donde inició una trayectoria que le ha llevado a ser lo mismo cácaro que cónsul diplomático –en Río de Janeiro, Brasil–, pues ha desempeñado múltiples oficios y actividades en el séptimo arte. Además de productor de películas de afamados directores como Arturo RipsteinJuan Carlos Tabío, Jorge Ali Triana, Guillermo del Toro, Alberto Cortés, María Novaro o Paul Leduc, fundó proyectos fundamentales para la cultura cinematográfica mexicana como Macondo, Zafra Video o el complejo de salas Cinemanía. Actualmente, se desempeñaba como presidente del Comité Coordinador de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC).

Este es el boletín emitido el jueves 17 de enero de 2013 por la Dirección General de Comunicación Social del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta):

“Con esta fecha, por acuerdo del Sr. Presidente de la República, Enrique Peña Nieto, Rafael Tovar y de Teresa, titular del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, dio posesión a Jorge Gerardo Sánchez Sosa como Director de Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine).

“Jorge Sánchez realizó estudios de Sociología en la UNAM, de cine en Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) y en el Film & Television Bussines, Fundação Getúlio Vargas, en Río de Janeiro, Brasil.

“Se ha desempeñado como presidente de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas, Director General de Lacasadelcine de la Ciudad de México, Director de Cinemanía, Director General del Festival de Cine de Guadalajara  y Cónsul General de México en Río de Janeiro. Ha sido productor de la serie televisiva Uruguay 52, y de las cintas La sirena y el buzoLa perdición de los hombresLista de esperaEl país de no pasa nadaA propósito de BuñuelEl evangelio de las maravillasEl coronel no tiene quien le escribaLa invención de cronosDanzónLola y ¿Cómo ves?, entre otras.”

academiamexicanadecine.org

Jorge Sánchez Sosa, nuevo Presidente de la AMACC

noviembre 3, 2012

Lo veo como un proceso de revitalización

Por Sergio Raúl López

Hace unas pocas semanas, la Asamblea General de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas eligió a Jorge Sánchez Sosa como nuevo presidente para un periodo de dos años. El sólo hecho llama la atención, pues rompe, de manera definitiva, el veto que había en el organismo hacia productores y funcionarios públicos, además de que ratifica la intención de abrir la institución que entrega el premio Ariel a la sociedad mexicana.

3

La existencia misma de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas A.C. (AMACC) se encuentra plagada de vaivenes, de mutaciones y de modificaciones en su estructura y miembros e incluso en los distintos criterios con los que se designan a los ganadores anuales del premio Ariel, sin duda el más valioso reconocimiento con el que se reconoce al cine mexicano, por encima del que otorgan los festivales, las cámaras industriales, las asociaciones de críticos y las revistas del corazón y espectáculos, pues es otorgado por los propios creadores fílmicos, por el gremio de los profesionales que hacen las películas.

Es en ese contexto que resulta trascendente el nombramiento del productor y promotor cultural cinematográfico Jorge Sánchez Sosa como el nuevo presidente del Comité Coordinador de la AMACC, tras la votación realizada en Asamblea General el pasado martes 14 de agosto de 2012. De esta manera, relevará en el cargo al cineasta Carlos Carrera –quien presidía el organismo desde septiembre de 2010–, que había concluido ya el periodo lectivo para el que había sido elegido.

El asunto interesante en torno al arribo del ex director general del Festival Internacional de Cine de Guadalajara –cargo que ocupó durante cinco años, durante las ediciones de 2006 al 2010–, y que desde enero de 2011 es el director de la Casa del Cine MX, es que por primera vez que un productor cinematográfico arriba al cargo desde su la reestructuración que sufrió la AMACC en 1998, pues durante catorce años ni siquiera pudieron formar parte de los miembros del organismo y mucho menos votar. Actores, directores, diseñadores de arte, fotógrafos, músicos, sonidistas, editores, vestuaristas, eléctricos, asistentes de cámara, peinadores, guionistas, laboratoristas y hasta tramoyistas integraban la Academia Mexicana de Cine. Los productores, en resumen, habían quedado fuera, igual que los funcionarios.

Fue en agosto de 1998 cuando un grupo de 14 creadores cinematográficos sustituyeron a las personas morales que constituían la Asamblea General de la AMACC –que conformaban, por ejemplo, un representante del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, otro del Instituto Politécnico Nacional y uno más de la Cámara Nacional de la Industria del Cine, por citar algunos ejemplos–, cuya trayectoria y obra les avalara.

De este modo, los presidentes de la AMACC fueron, sucesivamente el realizador Jorge Fons, la actriz Diana Bracho, el recientemente fallecido actor Pedro Armendáriz Jr., y el citado Carrera, quien impulsó, finalmente, una apertura en la institución mediante la cual logró modificar sus estatutos e invitar a algunos productores como Mónica Lozano –de la Asociación Mexicana de Productores Independientes–, Jaime Romandía –de Mantarraya Films– y el propio Sánchez Sosa, además de Víctor Ugalde –como presidente de la Sociedad de Directores de Cine y Medios Audiovisuales– y de los directores de las instituciones que han ganado el Ariel de Oro: la Filmoteca de la unam, la Cineteca Nacional, los Estudios Churubusco Azteca, el Centro de Capacitación Cinematográfica y el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos.

Nacido el31 de mayo de 1950 en Córdoba, Veracruz, Jorge Sánchez cursó estudios de Sociología en la unam y de Cine en el Centro de Capacitación Cinematográfica (ccc), y ya para 1972 lo encontramos como coordinador del Cine Club Trashumantede la Universidad Veracruzana, en Jalapa, donde inició una trayectoria que le ha llevado a ser lo mismo cácaro que cónsul diplomático –en Río de Janeiro, Brasil–, pues ha desempeñado múltiples oficios y actividades en el séptimo arte. Además de productor de películas de afamados directores como Arturo Ripstein, Juan Carlos Tabío, Jorge Ali Triana, Guillermo del Toro, Alberto Cortés, María Novaro o Paul Leduc, fundó proyectos fundamentales para la cultura cinematográfica mexicana como Macondo, Zafra Video o el complejo de salas Cinemanía.

Si bien su cargo se hará oficial hasta la tercera semana de septiembre, cuando la votación sea validada ante notario, Jorge Sánchez Sosa accedió a perfilar brevemente algunos de sus proyectos y de sus opiniones en torno a la AMACC.

¿Qué opina tras atestiguar esta apertura en la AMACC hacia los productores, en la que por fin, luego de casi tres lustros, tienen voz y voto, y luego su elección como Presidente del Comité Coordinador del organismo?

La historia de la academia, que va a llegar ahora a los 55 años, ha sido muy accidentada, y yo creo que eso tiene que ver con esa exclusión que hubo en los últimos años relativa a los productores cinematográficos en su seno. Pero creo que se tomaron decisiones muy acertadas, tanto la Asamblea General, como su Presidente y su Comité Coordinador, que fue la de incluir a nuevos miembros, no sólo de la producción, sino también de instituciones muy prestigiadas de este país y que están relacionadas con el ámbito cinematográfico, tanto aquellas relacionadas con la formación hasta las abocadas a la preservación de la de la memoria audiovisual de este país, así como miembros de gremios relacionados con el cine, de los actores, las actrices, guionistas.

Yo lo veo como un proceso de revitalización de la Academia. Lo que Carlos Carrera hizo, junto con su Comité Coordinador, fue heroico –claro, es el director de El héroe (México, 1993), que ganó la Palma de Oro en Cannes, no esperábamos menos–, y esa revitalización tendrá que ver también con una actualización de la Academia frente a una realidad nueva, no muy clara, que consiste en este modelo económico en torno al cine que no se expresa, pero que puedes dilucidar a partir de analizar los datos de lo que está sucediendo. De esta manera concluyes que sin duda el ámbito de la producción ha crecido de una manera muy favorable, no es así en la distribución, la exhibición y la difusión.

Un problema persistente es que al Ariel se le denigra, se le considera un hermano menor y pobre del Oscar que otorga Hollywood y no como un premio importante en la región iberoamericana.

También creo que debemos tener una relación más activa con las academias iberoamericanas e incluso también con la Academia de Hollywood, por qué no; son modelos diferentes, pero tenemos que aprender también de esos procesos. Por otro lado la Academia no puede descuidar un objetivo fundamental, que es el de reconocer la calidad en el cine mexicano. Debemos convocar nuevamente a la comunidad cinematográfica a que valoremos juntos la importancia de un premio como es el Ariel. Ha habido situaciones problemáticas que se miran desde diferentes ángulos e intereses, relativos a esta premiación, que han sido muy significativas, a veces no tanto, pero sin duda debemos trabajar en darle la significación adecuada.

Incluso llegaba a tenerse la sensación de que la Academia se conformaba por una capilla muy cerrada de cineastas.

Primero vamos a proponer a la Asamblea General un Comité Coordinador que refleje esa pluralidad, que es la mayor virtud de la AMACC, para elaborar un plan de trabajo que someteremos a votación. También trataremos de regularizar esta relación que tenemos con las instituciones culturales y el Congreso de la Unión, para lograr la estabilidad económica que merece la Academia, de tal forma que se puedan implementar planes de trabajo relativos al proceso de selección y premiación al Ariel y por supuesto también para enviar el representante mexicano al Goya y al Oscar, además de que podamos profundizar en un trabajo de investigación, de formación y de difusión de aspectos relevantes del cine mexicano.

¿Cómo se imaginas la organización interna de la Academia bajo su presidencia?

Yo me imagino una Academia que tenga la agilidad y la claridad de propósito suficiente que nos permita asociarnos con terceros. No tenemos que crear un ogro inmenso al interior, pues hay instituciones, individuos, empresas que hacen un trabajo muy loable, muy respetable, en el ámbito del cine mexicano y no pretendemos duplicarlo, lo que además sería imposible, sino aliarnos para reforzar y trabajar juntos en esas actividades.

El Ariel, como premio principal en el cine mexicano, bien pudiera tener una mayor repercusión mercadotécnica. Este año las dos ganadoras principales, Días de gracia y Pastorela, reestrenaron en la cartelera comercial tras la entrega.

El principio del premio es el reconocimiento de la calidad cinematográfica y, a partir de esa base, creo que sin vergüenza alguna debemos procurar que tenga un impacto en el ámbito del público. Por gracia o por desgracia, esa relación con el público se establece a través de vías comerciales, que creo que pueden ser modificadas y, por otra parte, que las instituciones abocadas a difundir los bienes y los acervos culturales de este país, según lo dice la misma Constitución, cumplan de la manera más eficiente ese trabajo y creo que, a la vez, el Ariel puede dinamizar estas relaciones con el público al cual va dirigido nuestro cine.

Aunque ahora hay ciertos problemas, por ejemplo algunos productores, principalmente de animación, no inscriben sus filmes, y algunos miembros poco interesados en participar y menos en votar.

Otro objetivo es lograr que los procesos de participación ocurran de una manera más eficiente para todos y también lograr acercar a esos miembros de la comunidad cinematográfica, que por una u otra razón se han alejado de la misma. También poder reflejar esas intenciones, ese pensamiento, ese análisis que debemos hacer sobre nuestro trabajo en el ámbito cinematográfico y sobre la incidencia que tiene en el público, en el ciudadano, que es el que finalmente paga, por vía indirecta, sea a través de sus impuestos o pagando una entrada a un cine o suscribiéndose a un canal de televisión, y devolverle aquello que ellos han hecho posible, es decir, el cine nacional.

Este artículo forma parte de los contenidos del número 24 de la revista cine TOMAde julio-agosto de 2012. Consulta AQUI dónde conseguirla.

 

José Felipe Coria es el nuevo director del CUEC de la UNAM

agosto 2, 2012

Esta mañana, en las instalaciones del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos, el académico, investigador y crítico cinematográfico José Felipe Coria tomo posesión como director general de la institución de estudios fílmicos de la Universidad Nacional Autónoma de México, sustituyendo al director y académico Armando Casas, quien permaneció en el cargo durante ocho años (dos periodos, entre 2004 y 2012). En los últimos meses, Coria fungía como Subdirector Académico de la institución.

 

Nacido en la Ciudad de México, José Felipe Coria estudió periodismo en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García y luego cinematografía en el propio CUEC (en la generación 81-86), donde es profesor de asignatura desde hace 24 años impartiendo las materias Cine Mexicano, Cine Mexicano II, Cine Club y otras.

Es autor de la biografía sobre Javier Solís, El Señor de Sombras (Clío, 1995); del volumen Nuevo cine mexicano (a cuatro manos con Gustavo García, 1997); Cae la luna. La invasión de Marte (Paidós, 2002, ganador del Premio Sizigias 2003 de la Asociación Mexicana de Ciencia Ficción y Fantasía); Iluminaciones del cine mexicano (Paidós, 2005); Taller de cinefilia (Paidós, 2006), y El vago de los cines (Cuadernos de El Financiero, 2007).

Ha colaborado en diversos diarios y revistas de México y el extranjero, destacando sus entregas en los suplementos Sábado, de unomásuno El ángel de Reforma; en la Revista de la Universidad de la UNAM; en el diario El País, de España; y en el diario El Financiero, en cuya sección de cultura colabora semanalmente desde 1991 en diversas columnas.

Participó también en Tiempo de Filmoteca de TV UNAM, y en distintas emisiones de Canal 11, Televisa, TV Azteca y RTVE y Antena 3 de España. Colaboró en el Diccionario del Cine Iberoamericano. España, Portugal y América (Sociedad General de Autores y Editores-Fundación Autor, 2010-2013) y en Mahler. The People’s Edition (Deutsche Grammophon, 2010), entre otras.