La diferencia de clases y de emociones en “Desde allá”, de Lorenzo Vigas

Generar diálogo mediante la controversia

Por Gonzalo “Sayo” Hurtado

Retrato de la Caracas actual, a través de la homosexualidad no asumida de un cincuentón que goza sólo con mirar desnudos a jóvenes pobres, la película Desde allá, es tan profundamente venezolana como muestra fehaciente de la colaboración latinoamericana posible, con un equipo integrado por mexicanos, chilenos y brasileños. La recompensa no pudo ser más halagüeña: el León de Oro a la Mejor Película en la pasada Mostra de Venecia.

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“Hay una situación, a nivel país, que obliga a los artistas a levantar su voz”, así de contundente se expresa el realizador venezolano Lorenzo Vigas. Su presente no puede ser más satisfactorio: su ópera prima Desde allá (Venezuela-México, 2015), se alzó con el León de Oro a Mejor Película en el septuagésimo segundo Festival Internacional de Cine de Venecia –la Mostra−, primer filme latinoamericano en alzarse con el galardón, y a su paso por el sexagésimo tercer Festival de San Sebastián, obtuvo una Mención Especial en la sección Horizontes Latinos.

Desde allá no es una película fácil de seguir, pero quien se toma el trabajo de apreciarla encontrará más de un motivo de satisfacción. Desde el inicio, la opera prima de Lorenzo Vigas está envuelta de un halo de misterio. El protagónico, a cargo del chileno Alfredo Castro –actor fetiche en prácticamente toda la obra del director Pablo Larraín (Tony Manero, 2008; Post Mortem, 2010; No, 2012; El club, 2015)–, suponía todo un reto para un actor de su fuste.

La historia empieza con el mapochino referido interpretando a Armando, un tipo de clase media baja que sale adelante en Caracas gracias a un taller de prótesis dentales, pero al intentar hurgar en la vida de este personaje, es poco lo que sabemos de él a ciencia cierta, salvo que mantiene una relación distante con su padre por problemas irresueltos de un pasado oculto. Aquí sale a relucir el tema de la incomunicación, ya que Armando la arrastra como un lastre que no le permite conectarse no solo con su progenitor, sino con el resto de la sociedad, a la que parece haber renunciado por un tácito acto de protesta consigo mismo.

Pero Armando mantiene un ritual que no deja de practicar: le paga a jóvenes marginales para que se desnuden ante él, y es que su siguiente acto fallido es el no haber asumido por completo su condición homosexual, la que satisface solo por retazos. Es en esa dinámica que conoce a Elder (Luis Silva), un violento delincuente de poca monta a quien se irá ganando poco a poco con generosos regalos, hasta prácticamente ejercer sobre él una extraña seducción.

Hasta aquí, la historia se desenvuelve entre el hermetismo del departamento de Armando y la realidad del retrato marginal de Caracas. A pesar que la historia no se compromete con el tema político de la Venezuela actual, es evidente que el tejido social más vapuleado de la sociedad se exhibe en la puesta en escena que mantiene este contexto más como telón de fondo que como una directriz de la película. El ritmo por el que opta el director es sosegado, pero conforme avanza el relato, la intriga se incrementa a medida que Armando consigue poner a su salvaje amigo de su lado, aunque sin esperar claramente nada de él.

Así, Desde allá se revela como una suma de frustraciones, deseos ocultos y pasiones irresueltas, pero que Vigas encausa con fina habilidad al sugerir sus intenciones a través del choque de estratos sociales opuestos, esbozando una historia de amor en tono bizarro no a partir del hecho mismo de la homosexualidad, sino por el choque de caracteres entre dos sujetos fracturados emocionalmente y que utilizan su condición de clase como un sistema de defensa frente a la realidad.

Nacido en Mérida, Venezuela, en 1967, Lorenzo Vigas Castes primero estudió biología molecular en la Universidad de Tampa y luego cine en la Universidad de Nueva York, en Estados Unidos. A su regreso, dirigió la serie televisiva Expedición, para Radio Caracas Televisión Experimental. Durante varios años radicó en México, país donde dirigió su primer cortometraje, Los elefantes nunca olvidan (México, 2004), que él mismo produjo junto con el escritor Guillermo Arriaga. Ahora, basado en una idea del propio Arriaga −quien fungió también como productor, junto con los mexicanos Michel Franco y Gabriel Ripstein, así como tres venezolanos, el actor Édgar Ramírez, el productor Rodolfo Cova y el propio Vigas−, Desde allá, producida por la empresa mexicana Lucía Films junto con las locales Factor rh Producciones y Malandro Films, tuvo su estreno mexicano durante el décimo tercer Festival Internacional de Cine de Morelia. Unas semanas antes, se realizó el siguiente diálogo con el director Lorenzo Vigas, tras la presentación de su primer largometraje en el Cine Trueba de San Sebastián.

 

¿Esperabas un triunfo cómo el que lograste en Venecia?

Mira, cuando la película fue proyectada en el festival, hubo una reacción muy fuerte hacia ella y todos comenzaron a comentarla mucho. Estaba en boca de todo mundo y sentimos que tuvo un gran impacto durante la proyección. En ese momento, al darme cuenta de la reacción de la gente, yo me dije: “Bueno, quizás obtengamos algún premio”, pero de ninguna manera pensábamos en el León (de Oro). Cualquier otro reconocimiento hubiera sido bien recibido, pero estamos muy felices de haber conseguido el principal. Es un premio para todo el equipo que trabajó tan duro y yo se lo dediqué a Venezuela, porque mi país está pasando por momentos muy difíciles.

¿Tenías idea del rebote que la película podía tener a partir de temas como la homosexualidad?

Pienso que esta es una película honesta que va a causar muchas reacciones porque toca temas polémicos. Creo que la responsabilidad de los artistas es crear diálogos entre opiniones encontradas. No es una película que le va a gustar a todos, pero está hecha honestamente y va a crear controversia, pero la idea es esa: generar a través de ella el diálogo, que es algo que en mi país se ha perdido.

El año pasado, Pelo Malo (Venezuela-Perú-Argentina-Alemania, 2013, de Mariana Rondón) ganó aquí en San Sebastián. Ahora le tocó el turno a Desde allá, en Venecia. ¿A qué atribuyes estos logros del cine venezolano?

Esto es producto de todo. Primero, hay una situación a nivel país que obliga a los artistas a levantar la voz, a dar su opinión, a expresarse. Después, hay que destacar el trabajo del Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (cnac), que se mantiene independiente, ha apoyado proyectos y ha permitido que esta voz que se quiere expresar en Venezuela pueda tomar forma. Es bueno que en el exterior se hable del arte en mi país y no tanto del tema político, que ya nos cansa un poco. Por ejemplo: ahí tienes el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Infantiles y Juveniles de Venezuela, que es muy importante y ahí tienes el cine. Es bueno que la gente se fije en nosotros por nuestra condición artística.

Aun así… ¿quieres compartir algún punto de vista sobre la situación política actual de Venezuela?

Yo estoy aquí para hablar de cine, no de política. Creo que la mejor forma que tienen los artistas de dar un punto de vista es haciendo una obra honesta y yo creo que al menos traté que fuera así. En Desde allá hay un reflejo de país y una mirada que está implícita en ella.

¿Tu intención al reunir a un personaje de clase media con un chico marginal era reflejar la diferencia social en tu país?

No escribí la historia buscando generar un punto de vista particularmente ligado a lo social o a lo económico, pero la película ocurre en el Caracas de hoy en día y sí: hay una separación muy fuerte y cada vez más grande de clases. Además, lo más preocupante es que cada vez está más cortada la comunicación. Me parece muy interesante ubicar a un personaje como Armando, que está incapacitado de relacionarse emocionalmente con la gente, en el contexto de la Venezuela actual.

Los mexicanos Michel Franco y Guillermo Arriaga son grandes referentes del cine de su país. ¿Cómo se animaron a producir tu película?

Yo vengo trabajando con ellos hace mucho: son mis amigos desde hace unos 10 años. Los he ayudado en sus proyectos y ahora ellos lo están haciendo en el mío. Es una colaboración que no es reciente y que no es sólo eso. Quise hacer lo mismo que con mi cortometraje Los elefantes nunca olvidan: trabajar con un equipo latinoamericano. Me parece que en este momento estamos tan incomunicados que en Venezuela no se ve el cine peruano ni en Perú el de Venezuela. Tampoco vemos el cine colombiano, que es nuestro vecino. Por eso hice este esfuerzo y están no sólo los amigos mexicanos: tenemos como editora a la brasileña Isabela Monteiro de Castro y en dirección de fotografía al chileno Sergio Armstrong, además del también chileno Alfredo Castro como protagonista y el maravilloso equipo de Venezuela. Es interesante trabajar de esta manera porque permite conectarte con otros países y conseguir que tu película se vea en ellos.

La Villa del Cine es un gran logro en Venezuela. ¿Atribuyes esto a una lucha de todo el gremio de tu país o una política gubernamental?

Yo conseguí el financiamiento a través del cnac, que es otro instituto y que, afortunadamente, ha conseguido mantenerse autónomo. En el caso de la Villa del Cine, yo le atribuyo el mérito de su creación a ambas iniciativas: al gremio cinematográfico –que es muy fuerte en Venezuela– y a la Ley de Cinematografía Nacional que ha permitido financiar muchas películas. Felizmente, ambas fuerzas han coincido para hacer esto realidad.

La ley también les asegura la exhibición obligatoria…

Tenemos una ley que protege a las películas venezolanas y que permite que se exhiban por un tiempo determinado, eso me parece muy sano y necesario, pero también me parece que es responsabilidad de los cineastas hacer una obra competitiva. Estamos en un mercado, competimos y eso nos obliga a fijarnos estándares altos en nuestras obras. Tenemos que pensar en el espectador y si no somos capaces de mantener a la gente en las salas, entonces la película no vale la pena.

Édgar Ramírez es el actor venezolano más internacional del momento. ¿Te gustaría trabajar con él o prefieres actores menos mediáticos?

Édgar es el productor ejecutivo de este proyecto y claro que me encantaría dirigirlo. De hecho, me gustaría hacer con él lo mismo que hice en esta película: utilizar un actor tan importante como Alfredo Castro al lado de un elenco no compuesto por actores. Me gusta hacer esas combinaciones. Por eso me parecería interesante juntar a Édgar en algún momento con intérpretes amateurs.

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Este artículo forma parte de los contenidos del número 48 de la revista cine TOMA, de julio-agosto de 2015. Consulta AQUÍ dónde conseguirla.

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