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Eugenio Polgovsky y un “Mitote” en el corazón de México

abril 1, 2014

Es un volcán en erupción

Por Sergio Raúl López

En el verano del 2010 confluyeron en la Plaza de la Constitución de la Ciudad de México las transmisiones, vía pantalla gigante, de la Copa Mundial de Futbol de Sudáfrica con la huelga de hambre de los trabajadores electricistas y los preparativos para los festejos seculares de la Independencia y la Revolución. Ante ese escenario complejo y multitudinario, Eugenio Polgovsky tomó la cámara de cine para producir Mitote, un documental sobre los múltiples rostros y máscaras de este complejo país en ebullición.

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La frase resulta común cuando alguien, de cualquier parte del territorio nacional, viaja hacia la capital del país. “Voy a México”, advierten. Nunca falta el purista, cuyas ínfulas de experto en la lengua española le llevan a corregir: “México, es todo el territorio de la nación, no sólo el centro”. Pero por más atlas, mapas, diccionarios y otras publicaciones que refuercen su admonición, no podrán contra la ancestral costumbre: México era aquella laguna con varios islotes sobre la que se aposentó una ciudad y un imperio. Y desde entonces ha sido asiento centralista del poder, sin importar quién lo detente.

Así, la Plaza de la Constitución, es decir la plancha del Zócalo, resulta el corazón de México, el ombligo visible de un país de poder piramidal, un vórtice desde donde se impone y se administra, donde inicia el circular de los dineros y las influencias. Ahí, ese sitio donde una bandera tricolor ha sido clavada en el medio de los edificios que representan el poder político –federal y urbano–, judicial, religioso y económico, funciona como un microcosmos que sintetiza el orden y la estructura que conforma a la República Mexicana.

Y en ese espejo humeante, refractario, Eugenio Polgovsky halló la contradicción pura de este país. En tanto las grandes empresas refresqueras como la Coca-Cola junto con las cadenas del duopolio televisivo y otros patrocinadores, instalaron pantallas gigantes para transmitir los encuentros de la Copa Mundial de Futbol de Sudáfrica, en el verano de 2010, a escasos metros se había instalado un plantón de trabajadores electricistas que protestaban por la decisión gubernamental de cerrar la centenaria compañía de Luz y Fuerza del Centro.

Y cosa curiosa, mientras los reporteros televisivos entrevistaban a los aficionados entusiastas que presenciaban los partidos, ignoraban por completo a los 80 trabajadores que protestaban con una huelga de hambre que sobrepasó el mes de duración. Otra figura llamativa, fue la de un chamán, de rostro cubierto de huesos y pieles de serpiente, que realiza limpias con incienso y hierbas para curar a quienes tiene fe en sus métodos.

Eso fue motivo más que suficiente para que, armado por una cámara de cine, el documentalista acudiera durante esos caóticos días, en los que además se preparaban las celebraciones del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución de ese México, al primer Cuadro de la Ciudad de México, que le resultó suficiente para realizar el abigarrado mosaico de actualidad que es el filme independiente Mitote (México, 2012), en el que además de director es fotógrafo y editor.

A qué problemas te has enfrentado a la hora de buscar tu propia forma narrativa en tu cine caracterizado por una cámara muy dinámica, más que la cámara al hombro.

Mi acercamiento a la imagen fue muy temprano con la cámara de fotografía fija de 35mm y desde ese momento tuve un encantamiento, una fascinación por el retrato de lo real y lo que deja para después procesarlo. Porque otra parte de la fascinación es el cuarto oscuro, todos los procesos del revelado. Además, desde un inicio fui fiel a no reencuadrar, sino respetar todos los elementos que están en el cuadro, dejando un poco el borde negro del negativo, como lo proponía Henri Cartier-Bresson en su teoría del momento decisivo, que es lo que decidiste en el momento. Empecé con eso desde los 16 años, primero en un taller básico del Colegio Madrid, otro de Sergio Yázbek, y después fue una carrera muy pragmática de revelar los negativos en el closet, impulsado por un par de viajes que hice a Polonia, a Nueva York y a Catemaco, en Veracruz, en los que retraté muchos personajes de las calles. A partir de ahí hice una exposición y una de esas fotografías ganó un premio internacional en Japón que la Secretaría de Educación Pública me entregó oficialmente y me impactó mucho. Es una imagen que me impresiona hasta la fecha, elocuente, poderosa, de dos migrantes yugoslavos de la guerra, uno mutilado de una pierna y tocando el violín, afuera de una tienda de fotografía, justamente, donde hay unos retratos de boda.

Como no había muchas escuelas de fotografía en la Ciudad de México en esa época, 1995 o 96, decidí acercarme al cine para volverme cinefotógrafo y aprender fotografía, pero no tenía ningún impulso de querer dirigir una película, quería aprender más sobre la luz y la imagen. En ese momento entré al Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC).

Hay una suerte de intimidad que se genera entre el fotógrafo y el retratado, incluso una especie de complicidad. ¿Ocurre esto en el mundo del cine documental?

Es muy interesante. Esa intimidad del ojo con el pensamiento, porque retratar, en esta transición de la fotografía fija en 35mm a la imagen en movimiento me causó un conflicto y ese paso fue difícil darlo e implicó el descubrimiento del cine desde mi punto de vista. Ver a la cámara de video o de cine como un nuevo ente y una nueva máquina con poderes propios. Creo que en la relación fotográfica y narrativa del tiempo cambiante y cronológico que el cine posee como característica propia, radica la naturaleza de la narración personal, del retrato de la realidad que también es una crítica. Al liberarte del cuadro fijo, como fotógrafo, los nuevos elementos de poder narrativo empiezan a llegar, la capacidad de empezar construir una historia, de narrar y de aumentar la capacidad de la imagen con su yuxtaposición. Siento que he permanecido en una misma actitud visual, desde el origen hasta este momento en que adapté la técnica para poder expresarme al final de todo, que es el objetivo de todo cineasta o artista que vive en un momento histórico en particular. Y al retratar a una sociedad como la mexicana, al ser su cronista de su suceder y de sus procesos instantáneos pero que evocan esa arqueología del instante. Creo que ahí, el trabajo de mi parte fotográfica está directamente relacionado con el director, porque empiezo a dirigir desde que estoy fotografiando. Y esa parte me resulta muy natural.

En un país centralista como este, el Zócalo curiosamente no es el centro, sino un vórtice, porque la plaza no está habitada por los poderosos, sino por la gente, indígenas, turistas. ¿Cómo llegaste ahí cuando tu cine siempre fue de periferias, de sitios extremadamente alejados?

Es un volcán en erupción. Es el corazón palpitante de una nación que está en un momento muy agitado, en una erupción volcánica –lo que también se manifiesta el Popocatépetl–, pero en ese momento histórico del 2010 coincidían las celebraciones del Bicentenario de la Independencia, el Centenario de la Revolución, la Copa del Mundo de Sudáfrica 2010 con pantallas gigantes instaladas en la Plaza de la Constitución y con México abriendo el partido inaugural, y con una huelga de hambre de trabajadores del Sindicato Mexicano de Electricistas, que tiene tomada la plaza. Todo estaba ahí en ebullición, palpitando, fui y me di cuenta que tenía que retratar ese momento, que era irrepetible y que en ese espacio estaba retratada la condición del país. Por un lado, arquitectónicamente, es como un coliseo que está franqueado por muchos monumentos que, en sí, manifiestan una cara de nuestra historia porque está el Templo Mayor, está la Catedral Metropolitana, está el Palacio Nacional, en fin, con todos los elementos simbólicos que esto implica. Entonces me di cuenta que a través de este microcosmos se podía evocar el rostro de México como una nación tan diversa y es ahí donde las máscaras empezaron a ser personajes, por un lado, del carácter del mexicano, que está lleno de máscaras, y por otro lado, en concreto, es la memoria histórica que nuestros antepasados sembraron y que están enterrados ahí.

Entonces me interesó al retratar a todos estos personajes vivos, como el chamán, que canalizan toda esta energía, con una actitud. Porque no se trata sólo de retratar, estamos haciendo una crítica y una crónica, pero también hay una parte activa del documental, de Mitote, que es una sanación. Yo pienso que estamos exorcizando estos demonios a la hora de retratarlos y encarnarlos en esta plaza.

Como la misma Coyolxauhqui, símbolo, de todas estas máscaras y presencias.

Exacto, y la muerte, que se está paseando. Pero además, el chamán se vuelve el sanador del pueblo, el maestro Un pueblo adolorido y agachado necesita de esta sabiduría y el chamán lo encarna automáticamente, y la gente está ahí, esperando ser limpiada, y le da la autoridad que él toma, con estos animales, con este inconsciente natural que tenemos de una patria colonizada, transformada, neo colonizada hoy por nuevos mecanismos, como lo explica muy bien el futbol frente a la catedral en el ensamblaje tecnológico de pantallas, encarnados en la frase mercadotécnica de Sony, “Haz creer” (Make believe), es la nueva colonización del pensamiento. Las marcas no sólo te están vendiendo un tenis o una playera, sino una forma de ver el mundo y un sentido de la vida. Y es ahí donde algo sano y grandioso como el deporte, como el futbol, se ve utilizado para meterte hasta la médula espinal un producto. Ahí es donde hablamos de una enajenación, de un sistema de información que yo retraté. De cómo las televisoras en la plancha del Zócalo, durante los partidos, retrataban a los fans del futbol y evitaban ver a los huelguistas de hambre del sme que estaban a un lado. Este absurdo cotidiano, del ocultamiento, de la máscara, está encarnado en Mitote de muchas formas.

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Este artículo forma parte de los contenidos del número 30 de la revista cine TOMAde septiembre-octubre de 2013. Consulta AQUÍ dónde conseguirla.

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Encuentra todos los ejemplares de cine TOMA en la XIII FIL del Zócalo

octubre 17, 2013

Aspectos de la XIII Feria Internacional del Libro

Tras ser pospuesta unos días, la décimo tercera edición de la Feria Internacional del Libro del Zócalo finalmente se realizará desde el miércoles 16 y hasta el domingo 27 de octubre de 2013 en la Plaza de la Constitución de la Ciudad de México, con la participación de 208 editoriales y la organización de presentaciones de libros, conferencias, homenajes y una nutrida programación infantil.

Avisamos a nuestros lectores que encontrarán a la venta los 30 ejemplares que han circulado durante los cinco años de existencia de la revista bimestral cine TOMA. Revista Mexicana de Cinematografía, en el stand de nuestra editorial Paso de Gato, que se ubica en la carpa 2, en el módulo número 214.

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Del 4 al 13 de febrero se realizará el primer FICCMéxico

enero 27, 2011
Natalie Portman en Black Swan, de Darren Aronofsky, inaugurará el festival.

El primer Festival Internacional de Cine en la Ciudad de México (FICCMÉXICO), se llevará a cabo del 4 al 13 de febrero y ha programado más de 130 películas de 45 países de América, Asia, Europa y Oceanía, divididas en lassecciones: Competencia internacional, Competencia mexicana, Semana de cine mexicano (Galas mexicanas: estrenos en la Capital y Presentaciones especiales), País invitado: Cuba, Cine contemporáneo del mundo, Directores consagrados, Panorama latinoamericano, Galas y Presentaciones especiales.

Se han programado los trabajos más recientes de autores como  Tom Tykwer, Carlos Carrera, Álex de la Iglesia, Francisco Athié, Takeshi Kitano, Rafael Corkidi, Suzana Amaral, Alfredo Gurrola, Christoffer Boe, Gustavo Loza, György Pálfi, Lu Chuan e Ignacio Ortiz.

Entre las sedes del Festival se encuentran el Zócalo capitalino, el Parque México, el Jardín Hidalgo (Coyoacán), las explanadas de las delegaciones Xochimilco, Azcapotzalco e Iztapalapa; la Red de Faros (Oriente, Indios Verdes, Tláhuac y Milpa Alta), el Centro Cultural José Martí, el Teatro Venustiano Carranza y el Museo Nacional de Arte (Munal), y todas las funciones serán gratuitas. Sólo se cobrará la entrada para las salas de Cinemark (Reforma 222, Polanco, Centro Nacional de las Artes y Lindavista).

Además Cuba es el país invitado y se exhibirá la retrospectiva más completa que se haya visto en nuestro país, con 30 largometrajes y cortometrajes de ficción, animación y documentales, producidos entre 1961 y 2009. Se incluyen clásicos como Lucía, de Humberto Solás; La muerte de un burócrata, de Tomás Gutiérrez Alea, y Elpidio Valdés, de Juan Padrón.

El cineasta polaco Jerzy Skolimowski, director del clásico Deep End y premiado por películas como La partida (Oso de Oro en el Festival de Berlín 1967), La barrera (premio especial del jurado en el Festival de Valladolid 1968), The Shout (Gran Premio del jurado en el Festival de Cannes 1978) y The Lightship (premio especial del jurado en el Festival de Venecia 1985), visitará por primera vez la Ciudad de México para presentar su película Essential Killing. También estarán en el Festival Elena Hill, coproductora de Together (de Pavel Kostomarov, Rusia-Suiza) y Manuel Alberto Claro, cinefotógarafo de Everything Will Be Fine (de Christoffer Boe, Dinamarca).

Las películas ganadoras de las competencias mexicana e internacional recibirán el premio Las Alas de la Ciudad, obra de Jorge Marín, y un premio de 200 mil pesos para el apartado nacional y 100 mil para el internacional.

La inauguración del FICCMÉXICO se llevará a cabo el viernes 4 de febrero en el Teatro de la Ciudad, con la proyección de El cisne negro, de Darren Aronofsky.  En el Zócalo habrá funciones del 1 al 13 de febrero con cintas como: Abel, de Diego Luna (martes 1); Chicogrande, de Felipe Cazals (miércoles 2); el estreno en Latinoamérica de Dudamel: Let the Children Play, de Alberto Arvelo (jueves 10), y la clausura del Festival con Seguir Siendo: Café Tacuba, de Ernesto Contreras y José Manuel Craviotto (domingo 13).

En el marco del Festival, la Secretaría de Cultura, el FICCMÉXICO y Panasonic México convocaron al Reto Panasonic, en el que los cuatro equipos seleccionados deberán realizar un cortometraje en 48 horas, del 8 al 10 de febrero en diversas locaciones de la ciudad. Y entre el 10 y el 11 de febrero se llevará a cabo en el Hotel Meliá Reforma la Expo Loccine y Televisión, que reúne representantes de la industria audiovisual, servicios de producción, tecnologías y las locaciones con las que cuenta nuestro país.

      Con guión de Rafael Aviña, Borrar de la memoria es un thriller ubicado en 1968 y dirigido por Alfredo Gurrola.

En febrero, el Festival Internacional de Cine de la Ciudad de México

noviembre 25, 2010

 

La primera edición del Festival Internacional de Cine en la Ciudad de México (FICCMÉXICO), será realizado del 4 al 13 de febrero de 2011 en el Zócalo capitalino y en diversas otras sedes en diversas sedes. En él se presentarán alrededor de 130 títulos, secciones competitivas (nacionales e internacionales) y estrenos en México, así como una retrospectiva del cine de Cuba, país invitado de honor.

Además de una pantalla gigante al aire libre, la Plaza de la Constitución albergará un foro interactivo que mostrará la evolución del cine mexicano. Habrá actividades en espacios como las Fábricas de Artes y Oficios (Faro) de la Secretaría de Cultura, el Parque México y las explanadas de la Delegación Azcapotzalco y del Centro de Coyoacán, además del Teatro de la Ciudad, el Centro Cultural José Martí, el Teatro Venustiano Carranza y el Lunario del Auditorio Nacional.

El FICCM es organizado por la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México y con participación de la Secretaría de Turismo local. Su productora general es Patricia Blasio, directora de la revista Locaciones en México.

Para mayor información sobre el Festival Internacional de Cine en la Ciudad de México consulte su sitio de Internet: www.ficcmexico.com.