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Barbara Sukowa, rostro histórico del cine alemán

septiembre 26, 2013

Nunca sueño con mis personajes

Por Sergio Raúl López

Es, probablemente, el rostro cinematográfico con el que se identifica al mayor número de personajes históricos femeninos de la cultura alemana. Los rasgos angulosos, duros y de gran carácter que caracterizan a la actriz Barbara Sukowa (Bremen, 1950), han dado vida cinematográfica a una extensa latitud de épocas e ideologías sobre todo bajo la dirección de Margarette von Trotta, lo mismo a la militante marxista Rosa Luxemburgo (1985), fundadora de la liga espartaquista a inicios del siglo XX; que a la compositora y monja visionaria Hildegard von Bingen, en el siglo xii, en Visión. De la vida de Hildegard de Bingen (2009). La lista continúa con Marianne, integrante del grupo Baader-Meinhoff encarcelada por terrorismo y muerta años después en Las dos hermanas (1981) y con la filósofa de origen judío Hannah Arendt (Alemania-Francia, 2012), estudiosa del totalitarismo.

SukowaBarbara Sukowa en la Cineteca Nacional. Foto: Sergio Raúl López

Sin embargo, la cara se le suaviza e incluso se enrojece casi imperceptiblemente cuando confiesa que posee una terrible memoria y suele olvidar muy pronto las montañas de datos que acumula sobre los personajes que encarna y que memoriza junto el guión, durante la creación fílmica. La compenetración llega a tal grado que, sin pensarlo, logró que su letra manuscrita fuera idéntica a la de Rosa Luxemburgo al redactar una carta para una escena. Este síndrome solía entristecerla, pero con el correr de su abundante y exitosa trayectoria ­­–ganó el Fénix Dorado en Venecia, en 1981, y en 1986 el premio a Mejor Actriz en Cannes– le hace muy feliz.

“Digo, tengo buena memoria para memorizar parlamentos y textos. Sabía tanto sobre Hannah Arendt y Rosa Luxemburgo, investigué mucho durante un año y ya lo había interiorizado, pero tan pronto como acaba el trabajo, todo eso se va, es increíble. Por eso me resulta tan difícil hablar un año más tarde, me resulta ya tan lejano que, en verdad, es frustrante. Soy muy buena soltando los papeles, no necesito recurrir al sicoanálisis, además nunca sueño con mis personajes, nunca”.

Objeto reciente de un homenaje en la Cineteca Nacional, en el que se presentó una retrospectiva de sus trabajos más destacados, entre los que se incluyen su colaboración con directores de la talla de Rainer Werner Fassbinder (Berlin Alexander Platz, 1980 y Lola, 1981), Volker Schlöndorff (El caminante, 1991), David Cronenberg (M. Butterfly, 1993) o Lars von Trier (Europa, 1991), Sukowa visitó la Ciudad de México y ofreció la siguiente entrevista. Actualmente se exhibe en cartelera la cinta Hanna Arendt, que aborda la controvertida crónica que la pensadora entregó a The New Yorker del juicio realizado en 1961 contra el nazi Adolf Eichmann en Israel.

–Ha sido una gran responsabilidad, como intérprete, encarnar figuras de episodios históricos no sólo alemanes sino centroeuropeos. ¿Cómo la encara?

–Ciertamente es una responsabilidad, es cierto. Ha ocurrido que encuentro muy difícil elucidar la verdad, lo que en realidad ocurrió, dado que existen tantas opiniones y escritos diferentes del mismo suceso, hay tanta información que es muy duro hacerte un juicio propio. El juicio personal era muy importante para Hannah Arendt, siempre le disgustaron quienes afirman que no son nadie para juzgar, pero cada vez más llego al punto de decirlo ante tan grande cantidad de datos. Era muy distinto en ese entonces y por supuesto hago mi juicio en las referencias que encuentro por escrito. En este caso basé la mayor de la información en lo que la propia Arendt dijo y en las cartas que escribió aunque, por supuesto, también intenté encontrar las posturas y opiniones de sus oponentes. Pero es difícil y sí, es una responsabilidad, porque una película o un escrito pone algo nuevo en el mundo y nos hace formar parte de los hacedores de juicio. Por eso pienso que debiéramos sentirnos responsables de lo que decimos.

–¿Es posible, como actriz, poseer un punto de vista político en la interpretación de estos personajes o debe tener un acercamiento más humanista y un punto de vista más amplio?

–Son dos cosas. Está el punto de vista del personaje que debo retratar fielmente como actor, incluso si no comparto su opinión. Pero también puedo decidir qué clase de película quiero hacer, así que si voy a interpretar, por ejemplo, a un nazi, puedo retratar sus opiniones pero no tengo que hacer una película con un director que comparte esas opiniones, que no pueda ser crítico o hacer una cinta crítica hacia el personaje. Así que debes averiguar con quién estás trabajando, cuál es la intención del filme, qué pretende decir. Eso es muy importante, pero como actriz debo defender a mi personaje, es muy escabroso.

–Implica una decisión ética.

–Sí, es una decisión ética, pero intento asegurarme de filmar con las personas con las que comparto la intención en torno a la película, sin importar el personaje que hago. Intento hacerlos humanos y no personajes icónicos. Y me asusta, por supuesto, cada ocasión que me lo proponen, me pregunto cómo voy a lograrlo. Al final siempre es agradable.

–¿Ha cambiado algo desde los años primeros del llamado Nuevo Cine Alemán –ahora negado por directores como Herzog o Wenders–, en la manera de filmar, en los presupuestos, en el entorno de la industria cinematográfica?

–En los años ochenta, estos directores realmente tenían algo contra lo que reaccionar, que eran las cintas de los años cincuenta regularmente sentimentales y de entretenimiento, con grandes estrellas, y realmente querían hacer algo distinto. Así es que reaccionaban en contra de algo y si tienes algo a lo que oponerte puede hallar un estilo en este camino, lo que es muy difícil hoy en día, pues no estoy segura contra qué reaccionan o qué es lo que buscan las nuevas generaciones.

Continué mayormente con ese tipo de directores, pero por lo regular eran filmes con presupuestos más bajos que siempre hallaban productores muy arriesgados como el de Lola, Horst Wendlandt. Era distinto, definitivamente. He hecho muy pocas películas alemanas independientes con jóvenes directores que son incompetentes en este renglón. Todo mundo lucha siempre por obtener el dinero lo que les lleva a trabajar en conjunto con la televisión e implica ciertos compromisos en los que deben ceder, como la reducción de tiempos.

–Existe alguna diferencia cuando el personaje a interpretar surge de una novela o de la literatura, como Profesor Unrath, de Mann para Lola u Homo Faber, de Frisch, para El caminante, respecto a cuando usted interpreta a un personaje histórico como Hildegard von Bingen o Rosa Luxemburgo o la propia Arendt.

­–Tengo que realizar mucho más investigación, por supuesto, en el caso de los personajes históricos, debo intentar ser tan fiel hacia el personaje como me sea posible, pero en los roles de ficción debo echar mucho más mano de mi imaginación, aunque asegurándome que tenga sentido social, que no sea absolutamente estúpido y me parece que en un porcentaje contribuyes a crear a ese personaje, claro, junto con lo escrito en el guión de la película, pero contribuyes con tu propia imaginación y creatividad .

–Las formas de trabajo actuales han sufrido una especie de aceleración.

–Creo que los jóvenes cineastas están más enterados de cómo promover una película de lo que se hacía antes. No creo que Fassbinder haya puesto nada de atención a la promoción de las películas, había gente que se ocupaba de eso, el productor, por ejemplo. Pero a los jóvenes les preocupa tanto sobresalir pronto, que en la industria de la música si tienes más de 25 años y no has triunfado, prácticamente vas de salida. El problema es que van a vivir mucho más tiempo que nosotros, mis hijos seguramente alcanzarán los cien años, pero quieren haber logrado todo apenas a los 25 años. ¿Qué harán con el resto de sus vidas? Probablemente tendrán que estarse reinventando. Es una época totalmente diferente y yo no puedo más que simplemente observarla, no puedo hacer ningún juicio.

–¿Siente que su rostro encarna este ideal de la mujer alemana en la actualidad?

No lo sé, siempre me eligen para estos personajes. Cuando interpreté a Mieze en Berlin Alexander Platz no era un personaje tan inteligente. Y en la película sobre La invención de la salsa de curry (Die Entdeckung der Currywurst, 2008, de Ulla Wagner), un poco más. Pero me encanta interpretar a gente que no tiene esa formación intelectual, pero me ha sido difícil encontrar otros papeles, siempre me los dan. Algunas veces me gustaría hacer papeles más tontos.

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Anticristo y Los herederos, esta semana en La casa del cine.mx

abril 3, 2011

La Casa del Cine , ubicada en Uruguay 52, entre Bolívar e Isabel la Católica, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, ofrece con proyecciones de cine (con un costo de entrada de 20 pesos), jueves de documental internacional en colaboración con DOCSDFtalleressobre imagen cinematográfica y otro práctico de animación, mesas redondas, videoclub con rentas a precios accesibles y videoteca con más de 120 títulos para cineclubes comunitarios e instituciones.

También invitan al taller:

Escribir el guión cinematográfico

6 Sesiones – Miércoles 4, 11, 18 y 25 de Mayo.
Horario de 16:00 a 19:30hrs.
Impartido por Beatriz Novaro
Curso de guión en seis sesiones cuyo objetivo es dar elementos de reflexión que acompañen la escritura de un guión de largometraje.
Cuota de recuperación: $2,000 (dos mil pesos)

Von Trier y su “Anticristo”, por fin en la cartelera mexicana

marzo 23, 2011

Una visión nihilista del mundo

Por José Luis Ortega Torres

La programación de la Muestra Internacional de Cine de la Cineteca, en su edición quincoagésima segunda, incluye una cinta que no había llegado a las pantallas mexicanas por incógnitas razones, la controvertida Anticristo, del impulsor del movimiento Dogma, Lars von Trier.

 

Convertida en un suceso polémico desde su estreno en el Festival de Cannes, en mayo del 2009, el decimosegundo filme como realizador de Lars von Trier se convirtió en el blanco preferido de los francotiradores de la crítica, esos seres sin mayor preocupación que vagar por los festivales para hacer escarnio de cuanto filme se les ponga enfrente, dejando de lado el análisis serio o el comentario prudente, según sea el caso. Para Anticristo (Antichrist, 2009), las críticas de bote-pronto hicieron eco de las voces que se alzaron acusando al cineasta danés de misógino y pornógrafo.

El tiempo, que siempre es el mejor amigo de la maestría fílmica, puso a cada quien en su sitio, y ahora, diecisiete meses después de la polémica, por fin llega a nuestras pantallas ese obscuro objeto del encono, que en palabras de su propio autor es un filme doloroso que brota de un momento de crisis personal y creativa que lo sumió en una profunda depresión y que ve la luz del proyector gracias simplemente a que fue realizado como un complejo proceso terapéutico.

Nada hay que reprochar si esa es la génesis de Anticristo, porque ello no debe tomarse como justificación a la esencia del filme –para cualquier lado que desee inclinarse la balanza de la crítica–, pues no se trata de un garbanzo de a libra, sino de una obra que se inserta perfectamente en el engranaje creativo del universo personal de una mente atormentadora, más que atormentada,  de uno de los pocos cineastas que ya tiene asegurada su inclusión obligatoria en los futuros recuentos del segundo centenario del cinematógrafo.

Pero von Trier no sólo es un provocador gratuito como tantos otros falsos profetas de la imagen en movimiento que predican sus nuevos evangelios en las citas festivaleras de cada año. Von Trier es un autor y, ante todo, un esteta. Un artista obsesionado no únicamente con las miles de posibilidades semióticas de la imagen, sino también con la estética que se compone de la yuxtaposición entre signo y significado al interior de un mismo plano y la posterior concatenación de cada uno de ellos. De ahí que desde su ocre visión en el decadente mundo europeo de El elemento del crimen (Forbrydelsens element, 1984),hasta su auto forzada austeridad del díptico sobre Estados Unidos Dogville (2003)/Manderlay (2005), se puedan contar momentos plenamente autorales en los que cada escena, por brutal que parezca, se convierte en una pincelada de matices delicados.

Siguiendo este planteamiento, nos damos cuenta que Anticristo nos ofrece, de inicio, un prólogo cuyos primeros minutos son de los más bellos que se han filmado en décadas. Un compilado de claroscuros, genitalidad, cámaras lentas, cuerpos, gemidos en silencio y muerte, que dan paso a una historia capitulada donde la culpa por una muerte accidental –si no provocada, quizás sí permitida­– se transforma en un miedo irracional al entorno, como una forma de hacer patente el síntoma que define el trauma y que encontrará una válvula de escape en la explotación de una sexualidad desenfrenada.

Pero en el cineasta danés nada es lineal, ni simple. Anticristo no es ese juego “pornográficamente misógino” que se ha hecho parecer. “El caos reina…”, es una frase con la que von Trier parece reprocharle al público, por voz de una figura animal que se pretende diabólica en su entidad natural y salvaje –que se extiende a Tres Mendigos igualmente bizarros e intimidantes–, se convierte, en el universo del danés, en una declaración de principios donde se hace patente su visión nihilista del mundo, no sólo cinematográfico, y le da el cariz de axioma de la decadencia social, donde el libre ejercicio del placer sexual se convierte en acto onanista, aun cuando se esté acompañado, porque el Ello desencadenado parece ser la nueva era de la psique humana, y enfrentarse a esto de una manera desprejuiciada resulta, cuando menos, embarazoso.

Lo que escandaliza no es el acto de mostrar un clítoris mutilado ni una eyaculación de sangre, sino esa desatada fuerza amoral –nada es bueno, ni malo, sino meramente placentero– de un discurso donde lo humano está ya muy lejos de nuestra propia humanidad.

Anticristo (Dinamarca-Alemania-Francia-Suecia-Italia-Polonia, 2009), de Lars von Trier, se exhibe en la Cineteca Nacional, Cinemex Mundo E, Cinemark Reforma 222, Cinépolis Cineplanet y Cinépolis Plaza Aragón, Cine Lido, Cinemanía Loreto y La Casa del Cine.

 

Este artículo forma parte de los contenidos del  número 13 de la revista cine TOMA, de noviembre-diciembre de 2010. Consulta AQUI dónde conseguirla.