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La consumista fe ciega del “González”, de Christian Díaz Pardo

marzo 2, 2015

Estamos rodeados de instituciones que nos engañan

Por Sergio Raúl López

Detrás de una muy directa crítica a las iglesias pentecostales exportadas desde Brasil con sus relucientes pastores de inmaculados peinados cortos y trajes cortados a la medida se esconde una cinta de acción y suspenso. En ella, un joven mexicano, igual a otros tantos millones, desesperado ante la inmovilidad laboral, económica y de ascenso social en el país, encuentra en el próspero y lucrativo negocio de la predicación una vía no para encontrar a dios sino a un ser mucho más mundano: el dinero.

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Una fe ciega, casi como el salto al vacío kierkegaardiano, es capaz de impulsar hasta lo indecible a un hombre. Pero no es la fe de los santos, aquella que los levanta del suelo y les hace levitar en tanto guardan un éxtasis místico, y tampoco aquella del perfecto hombre común en desesperada búsqueda por hallar a alguien más –sea divinidad o mundanidad– en quien recargar sus incesantes aflicciones. Es la fe contemporánea, aquella domina casi completamente las obsesiones y las patologías del presente ciudadano occidental, la que provoca peores injusticias y conduce a perdiciones más extremas, la del dinero, lo que tanto lo disloca de la realidad.

El dinero y, claro, las posesiones, la capacidad de adquirir, la imagen pública –tanto con su familia como con sus amigos y con su enamorada–, la que conduce al edificio de los vocingleros televangelistas y hace extraviar al estrafalario González: Falsos profetas (México, 2013), en la ópera prima Christian Díaz Pardo. Una película con la que el realizador chileno, recientemente graduado del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) ciertamente critica la alienación masiva y la explotación económica de los ejércitos de creyentes que ceden dócilmente cuantiosos diezmos e interminables limosnas ante estos enérgicos hombres de traje impecable y exótico acento portoñol –o ante los de cualquier otra procedencia y confesión–, pero en realidad parte de un claustrofóbico drama que deviene en sicótica cinta de suspenso y acción sobre las decisiones que un joven, con el futuro cancelado, tanto en lo profesional como en lo monetario, en un país sin progreso ni justicia social.

Y es que el demasiado joven y exageradamente anodino “González” (Harold Torres en doble rol, tanto protagonista como productor de la cinta junto con Laura Pardo), ha de mentir incansablemente tanto a una lejana madre –sólo presente con insistentes llamadas al teléfono celular–, como a los imberbes caseros con los que comparte un minúsculo espacio en una unidad habitacional –el Centro Urbano Presidente Alemán de la Ciudad de México–, pues su urgencia por convertirse en una persona solvente y respetable según sus conservadores estándares, le mantienen frustrado, tenso y agobiado, ya que el único trabajo que ha conseguido es el de telefonista de un boyante filial en un templo de alguno de los tantos movimientos pentecostales brasileños de exportación, aburrido y hastiado de escuchar los implorantes ruegos por un milagro de la feligresía, así como de atestiguar los desplantes de riqueza, poder y prosperidad de un prolijo “pastor Elías” (Carlos Bardem), que mantiene celosamente la secrecía en torno a su verdadero rostro.

La megalomanía con la que González va suplantando su insatisfacción, van conformando una creciente espiral de atrevidos movimientos, tanto como para imitar al pudiente ministro como para conseguir los favores de “Betsabé” (Olga Segura), encorvada y siembre dubitativa compañera de tiara telefónica, en una velada pero poderosa referencia al clásico scorsesiano Taxi Driver (Estados Unidos, 1976).

Ganadora del Premio Especial LCI en el Encuentro de Coproducción Iberoamericana en el XXVII Festival Internacional de Cine en Guadalajara y estrenada en el décimo primer Festival Internacional de Cine de Morelia, donde Torres y Bardem ganaron, como elenco, el premio a Mejor Actor de Largometraje Mexicano, y del Zenith de Oro a primera película en el xcvi Festival de Cines del Mundo de Montreal, González: Falsos profetas –tal es el nombre con el que estrena comercialmente–, producida por Chacal Filmes y distribuida por Cine Caníbal, se encuentra en la cartelera mexicana desde el 27 de febrero.

Y motivó la siguiente charla con su director:

¿Cómo fue el proceso para involucrarte en un tema tan complicado, que puede levantar tantas ámpulas –como lo que recientemente ocurrió en París – como es la religión, el dogma, la fe? ¿Cómo decidiste hacer una película sobre el tema?

Debo decir que en mi infancia quizás hubo un interés religioso en mí, no tanto en mi familia sino que lo empecé a buscar por fuera, pero al mismo tiempo vino un periodo de decepción de las instituciones religiosas. Recuerdo muy bien que, cuando era pequeño, el papa Juan Pablo ii visitó Chile y apareció en el balcón del Palacio de la Moneda para saludar a la gente con Augusto Pinochet a su lado y también que le tocó dar un enorme discurso en el Estadio Nacional, que fue un campo de detención y de tortura durante la dictadura, sin mencionar palabra alguna respecto a ese tema. Desde entonces tuve esta visión de que las instituciones religiosas a veces sirven a muchos otros intereses y no necesariamente para el asunto espiritual. También desde la infancia conocí a los televangelistas estadounidenses como los del The 700 Club o a Jimmy Swaggart, que también tuvo su escándalo –acusado de ocupar prostitutas. Una vez radicado en México me di cuenta, cambiando la televisión, de los canales donde alguien está predicando y, claro, le cambias y vas a lo que sigue, realmente no te detienes a pensar en qué institución regula y permite que esta gente tenga la oportunidad de estar en un canal de televisión abierta y tener acceso a un auditorio masivo. Ese tema siempre había estado dentro de mis intereses pero nunca había pensado, particularmente, en hacer una película.

Pero vino una mezcla de cosas, entre ellas una compañera del ccc que, de manera muy ingenua, se presentó en uno de estos lugares diciendo que era estudiante de cine y le parecía muy interesante como para hacer algunas entrevistas y grabar algo, un mini documental, e inmediatamente le contestaron que no, que por favor se fuera. Y cuando salió, unas personas la siguieron por la calle, seguramente para cerciorarse que no fuera a ser una periodista encubierta o que hubiera un equipo de filmación esperándola afuera. Ella se quedó muy asustada y decidió cambiar de tema. Pero cuando nos contó esa anécdota en clase, fue como un click para mí, supe que ahí hay un universo oscuro, algo que obviamente no quieren sacar a la luz. Y empezó toda una investigación por Internet, ver videos, revisar mucha prensa y estuve fantaseando mucho tiempo con la idea de hacer un documental al respecto, pero con el tiempo también tuve la sensación de que iba a ser más interesante escribir una historia de ficción en la que pudiera crear los personajes y las situaciones, en la que tuviera la oportunidad de hablar de otros temas que se relacionaban, me parece, con el asunto de estas iglesias.

En este caso específico y por el gran aparato de seguridad que mantienen, existía la posibilidad de tener mucho más control con una película de ficción que con un documental.

Exactamente. Por otro lado también venía con la sensación de haber terminado la escuela, el ccc, con tres cortometrajes de ficción un poco más ingenuos, básicamente historias de niños, de preadolescentes, historias más familiares y más íntimas –dirigió y editó Los esquimales y el cometa (México, 2005) y Antes del desierto (México, 2010). Cuando egresé tenía la sensación de que quería hacer una película ya con un tema adulto, algo más fuerte, no quería quedar encasillado como el “director de películas de niños”. Y ahí fue que empecé a pensar en cuáles son los temas que me interesan, un poco coincidieron las cosas y esa terminó siendo la idea que empecé a desarrollar.

Aunque se retrata una iglesia evangélica brasileña, en realidad la crítica de la película abarca muchos más temas. ¿Cómo planteaste un personaje con un acento de portoñol, en México, en un edificio tan parecido al Pare de Sufrir? Implicaba una producción más grande, pero jamás te iban a dejar filmar ahí.

Fue un proceso complejo también la perspectiva de cuando estás empezando a escribir el guión, pues como escritor y realizador empiezas siempre a tomar ciertas decisiones. Ya tenía esta idea, un poco inspirado en otras películas que me gustan, de un personaje que se va volviendo un poco loco, en el fondo es la construcción de un antihéroe, que es un tipo de personaje que me gusta mucho. Pero también está todo lo que había que construir alrededor de él, para que resultara más o menos creíble. Eso ya que tenía su grado de complejidad y de toma de decisiones, porque el hecho de escribir que tienes un teatro con no sé cuánta gente adentro levantando las manos, adorando, cantando y llorando, se vuelve complejo en términos de producción. Te das cuenta que escribes una película que no vas a poder hacer con tus cinco amigos ni con un presupuesto de unos pesitos que juntes en una fiesta, sino que era una película que iba a ir creciendo, en términos de producción y que necesitaría un presupuesto importante. Claro, es un momento complejo en el que, como realizador y escritor, tienes que tomar decisiones y apostarle, porque si decides que todo González ocurrirá en una habitación, está difícil, sería un desafío enorme, de todo tipo. Y una vez que se toma la decisión de que sea una película grande –no de millones de dólares pero que sí necesita dinero–, empiezas a construir y a tratar de no meterte tú mismo el pie, eran muchos los detalles que había que ir creando para que resultara verosímil.

La cinta no resulta sólo una crítica al negocio detrás de la religión sino que es, digamos, un manifiesto sobre la soledad de las personas, no únicamente de los propios feligreses, sino de la gente común que ve en esta organización piadosa una vía para escalar económicamente. Es un retrato de la evasión mediante las promesas de fe, que contrastan con la crisis económica del país y la imposibilidad de los jóvenes de desarrollarse como profesionistas y como ciudadanos regulares.

Obviamente me interesaba este mundo de las iglesias neoevangélicas, pero había toda una serie de subtemas adyacentes que lo rodean y que me parecía importante hablar. Estamos rodeados de instituciones que nos engañan, nos manipulan, en las cuales ya no creemos como ciudadanos ni como habitantes del mundo. Estamos viviendo una crisis muy importante de credibilidad en nuestras autoridades, en nuestros gobernantes, en nuestros políticos, en los medios de comunicación pues ya no creemos en las grandes cadenas de televisión ni en lo que nos dicen sus noticieros, tampoco le creemos al banco cuando nos descuenta porque sí. Me interesaba que todo eso quedara retratado y que la película finalmente se volviera una gran metáfora en la que, claro, el punto llamativo que resalta son estas iglesias, pero en realidad habla sobre a qué grado hemos llegado en cuanto a la mercantilización de todo y a las expectativas que debemos llenar. Es decir, mientras más grande sea tu televisión, mientras mejor sea tu teléfono celular, vistas más caro o tu esposa sea la más guapa, etcétera, eres más exitoso. Hay una serie de presiones que empiezan a orillar a la gente a hacer cosas muy locas y muchas veces nos preguntamos por qué hay sicarios o personas que entran a una oficina y matan gente, pero si lo piensas bien, el problema es que vivimos en una sociedad y en un sistema que es psicópata, y el hecho de tratar de ajustarnos a esa sociedad provoca que haya gente muy disfuncional.

Hay una presión familiar para que González se inserte en el terreno profesional y en la independencia económica, en un entorno en el que no existen posibilidades reales más que la de ser telefonista de una empresa religiosa –o cajero o mensajero. Ese choque con la realidad, entre lo que él quiere, lo que le exigen y lo que puede ser, termina por trastornarlo.

Claro, a lo mejor en una primera lectura de la película puedes pensar que González está súper loco y que es un tipo despreciable al cual debieran encerrar en la cárcel, pero en realidad, analizando todas las cosas que ocurren en la película, al final es una víctima que desde el principio está pidiendo una oportunidad a la sociedad. Él quiere tener un trabajo, ganar bien, tener lo que en la tele te dicen que debes poseer y hace lo que se supone que hay que hacer: ir y buscar trabajo, decir lo que hay que decir. Sin embargo, una a una, las puertas se le van cerrando a un nivel muy agobiante y claustrofóbico en el que la única salida que le queda es hacer una locura.

Esto nos conduce, de nuevo, al género cinematográfico. Es un retrato profundo sobre este desencanto de la realidad en la sociedad contemporánea, sobre todo en Latinoamérica, donde estamos golpeadísimos, pero además te inserta en un thriller, en las películas de acción, que te mantiene siempre en el filo. ¿Cómo fuiste soltando esta presión?

Desde que estaba escribiendo el guión con Fernando del Razo –coguionista de la cinta–, teníamos muy clara la idea de que estuviera compuesta de dos ingredientes principales: por un lado que tuviera elementos de una película para un público amplio donde entraba el género, el thriller, el suspense, el antihéroe, que es un tipo de película muy reconocible, pero por otro lado queríamos tener este cine un poco más contemporáneo, más contemplativo –si le quieres llamar así–, más antropológico, más pausado, en el que te da tiempo para pensar, para imaginar cosas y, en general, también una película en la que no todo estuviera explicado didácticamente, donde hubiera algo de información escondida para dejar la puerta abierta a la imaginación del espectador, que a mí me parece súper importante. Creo que lo que ocurrió, finalmente, teniendo estos conceptos claros, ya al final es que se siente en dos tiempos, su primera mitad parece ser algo pausada y que se toma su tiempo para describir situaciones, personajes y una atmósfera, y que en la segunda parte va en un in crescendo en este sentido del suspenso, del thriller, con este twist final en el que no sabes si el personaje va a lograr lo que quiere o no, un final abierto.

 

 

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Cine Toma 39: Una treintena de anualidades

febrero 28, 2015

Remembranzas, lecturas y reflexiones en torno a la historia de la FICG

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Les presentamos la portada del número 39 de Cine Toma, revista bimestral que circulará a nivel nacional, durante marzo y abril, en locales cerrados, que presenta una fotofija de los actores Carlos Bardem y Harold Torres, antagonistas en la película González: Falsos profetas (México, 2013)de Christian Díaz Pardo, una cinta en tono de thriller y suspense que aborda el desempleo y la falta de oportunidades a un ambicioso y frustrado joven que acaba trabajando en el call center de una iglesia pentecostal brasileña en la ciudad de México, y sus insensatos intentos por prosperar económicamente mediante la prédica.
Este número , la publicación ofrece como dossier central: “UNA TREINTENA DE ANUALIDADES. Remembranzas, lecturas y reflexiones en torno a la historia del FICG”, con el que nos unimos a la conmemarición por los treinta años del Festival Internacional de Cine en Guadalajara, cuya primera edición ocurrió del 10 al 15 de marzo de 1986 como Muestra de Cine Mexicano, procuró reunir las voces, recuerdos y vivencias de actores de la misma radicados en la capital jalisciense. El dossier abre con una entrevista con el actual Director General del FICG, el biólogo Iván Trujillo Bolio, quien cumple un quinquenio al frente del que considera festival más importante de Latinoamérica. Enseguida, Gerardo Salcedo, Director de Programación del FICG, brinda un vistazo panorámico a la secciones oficiales en competencia. El investigador Tonatiuh Lay realiza un estudio la evolución y crecimiento en cada edición. Y los académicos Rosario Vidal y Eduardo de la Vega analizan la interacción de este foro con el género documental.  Dos de las fundadoras tanto del cineclub Cine y Crítica como de la Muestra, Annemarie Mëier y Martha Vidrio, hablan al respecto. La cineasta Kenya Márquez, ex directora del FICG, relata los cambios y mutaciones que le tocó realizar. Otro cineasta jalisciense, Rodolfo Guzmán, nos comparte algunas anécdotas. Luis Carrasco realiza un análisis sobre la creación del festival. Se ofrece una oda al cine erótico de Bernardo Bertolucci, principal homenajeado de esta edicion. También se ofrece la lista completa de premios, directores y fechas en la historia de la Muestra, actual Festival.
En la sección Industria, Federico Urtaza, director de Promoción de la Comisión de Filmaciones de la Ciudad de México, aborda los planes de la dependencia para que la sociedad vea más cine nacional. Académicas reproduce el ensayo sobre Naufragio, de la Colección Ganadoras del Ariel y ofrece la lista completa de películas inscritas a la 57 entrega del Ariel. Desde la Filmoteca de la UNAM anuncia la publicación de Manuel Fontanals, escenógrafo del cine mexicano, de Elisa Lozano. Enseñanzas de la Cátedra Bergman.
La octava entrega del Curso de Actuación para Cine, de José Sefami, aborda la necesaria conciencia del tipo de toma que realiza la cámara y cómo incluye en la intensidad de la actuación. Libros presenta un fragmento de Gloria, de la dramaturga Sabina Berman. En Festivales, Paula Chaurand adelanta la cuarta edición del Riviera Maya Film Fest y Carlos Sánchez aborda la primera edición de Expo Rodaje. En Estrenos, se incluyen entrevistas con Christian Díaz Pardo, por González: Falsos profetas, con Alonso Ruizpalacios, por Güeros y con Catalina Aguilar Mastretta por Las horas contigo. 

Nuevo presidente de la Canacine y resumen de la industria mexicana durante 2014

diciembre 6, 2014

Canacine 2014

Alejandro Ramírez, José Leonardo Martí y Agustín Torres Ibarrola, durante 
la presentación del informe preeliminar del 2014, de la Canacine. 
Foto: Sergio Raúl López.

El miércoles 3 de diciembre de 2014, tras sostener su última reunión del año, los consejeros de los distintos sectores (producción, distribución, exhibición, proveedores, videograma, talleres y laboratorios) de la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica y del Videograma (Canacine), eligieron a José Leonardo Martí, director general de Cinemex, como nuevo presidente del organismo, en sustitución de Alejandro Ramírez Magaña, director general de Cinépolis, quien había ocupado el cargo durante tres periodos de dos años cada uno.

“Tomar esta cámara luego de los seis años de gestión de Alejandro (Ramírez), que hizo una excelente labor, que representó a la cámara como debía y representó los intereses de la industria, la hizo crecer. Eso convierte mi nombramiento en algo muy interesante, en un reto. Va a haber que trabajar mucho, es una industria pujante y realmente va a ser un orgullo representarla”, explicó José Leonardo Martí.

“Los retos son los mismos que hemos venido enfrentando por años pero el más importante, sin duda, sigue siendo la gran amenaza que representa la piratería, especialmente la digital, la lucha en su contra se ha basado en combatir la piratería en calle, pero la piratería digital cada vez más se vuelve la amenaza más importante que enfrenta esta industria y que nos afecta a todos, desde el guionista que concibe una historia hasta los que la comercializamos, pasando por talleres y laboratorios”, advirtió Alejandro Ramírez.

En seguida, el director general de la Canacine, Agustín Torres Ibarrola, dio a conocer los datos estimados de la Cámara en torno a la industria mexicana durante el 2014. Para empezar el número de asistentes totales a las salas cinematográficas mexicanas rondará los 253.1 millones, lo que significaría 1.64% menos respecto al 2013, cuando se registraron 253.7 millones de espectadores, un promedio de asistencia de 2.11 entradas por habitante. Los ingresos totales rondarán los 11 mil 821 millones de pesos, que implicaría una reducción de 0.75% respecto al año anterior, que reportó ingresos 11 mil 911 millones de pesos. De esas entradas, 9.5% correspondieron al público del cine mexicano, una caída no tan dramática respecto del 2013, en el que se reportó el 10.9%, pero lejano del 4.5% registrado en 2012. Además se añadieron 198 salas de cine al circuito de exhibición, por lo que el total de cines en México asciende ahora a 5 mil 733 y el precio promedio del boleto en México es de 46.7 pesos. En lo que respecta a la migración tecnológica, el 86% de las salas ya cuentan con proyectores digitales.

Estas son las películas más taquilleras del año:

1 Maléfica $596.73 Walt Disney
2 Transformers 4 La Era de la Extinción $435.60 Paramount
3 Río 2 $403.50 Fox
4 El Sorprendente Hombre Araña 2 $371.41 Sony
5 Capitán América 2 El Soldado de Invierno $335.64 Walt Disney
6 El Planeta de los Simios 2 Confrontación $320.99 Fox
7 X Men Dias del Futuro Pasado $316.58 Fox
8 Anabelle $259.57 Warner Bros
9 Guardianes de la Galaxia $259.15 Walt Disney
10 Cómo Entrenar a tu Dragón 2 $259.09 Fox

Y estas, las diez cintas mexicanas más taquilleras del 2014:

1 La Dictadura Perfecta $186.53 4,125,726 Alphaville
2 Cásese Quien Pueda $168.39 4,090,731 Videocine
3 Cantinflas $127.39 2,820,690 Videocine
4 La Leyenda de las Momias de Guanajuato $91.12 2,296,153 Videocine
5 ¿Qué le Dijiste a Dios? $68.88 1,689,381 Videocine
6 Más Negro que la Noche $68.51 1,434,712 Videocine
7 Guten Tag Ramón $63.81 1,254,447 Fox
8 El Crimen del Cácaro Gumaro $62.79 1,493,388 Fox
9 Amor de mis Amores $28.57 604,524 Latam Distribución
10 Obediencia Perfecta $28.14 597,570 Latam Distribución

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Agustín Torres Ibarrola, director general de Canacine, 
al presentar el Top 10 de películas mexicanas de 2014, 
encabezado por La dictadura perfecta, de Luis Estrada. 
Foto: Sergio Raúl López.O4n4NQo-

Los mundialistas “Días de gracia”, de Everardo Gout

abril 16, 2012

La relación entre personas de uno

y del otro lado de una pistola

Por Sergio Raúl López

Es tan vasta la alienación que puede provocar el futbol durante un encuentro mundialista que incluso coadyuva a la disminución de las acciones delictivas. Así de definitiva puede ser la influencia de un deporte transformado en espectáculo de consumo masivo. Elegido como motivo, la Copa del Mundo permite entretejer tres historias paralelas de secuestro.

Las desventuras y sufrimientos de la selección mexicana en las sucesivas Copas del Mundo de Corea- Japón en 2002, Alemania en 2006 y Sudáfrica en 2012, frente a las representaciones nacionales de distintas potencias del balompié, no sólo paralizan al país y enriquecen a las televisoras que las transmitieron, sino también provocan que los índices de criminalidad decrezcan.

El fenómeno, por supuesto, debe incluir a la boyante industria del secuestro, cuyas víctimas y victimarios acaban irremisiblemente atrapados por el melodrama ocurrido durante 90 minutos de frustraciones y desgracias sobre el pas- to, en la compleja y ambiciosa primera película del director mexicano Everardo Gout, Días de gracia (México-Francia, 2011).

Entrelazando de manera oscura tres casos paralelos de secuestro, ocurridos en momentos y Mundiales distintos, con diferentes víctimas y victimarios, casas de seguridad, circunstancias y temporalidades, pero que de entrada parecen el mismo caso, igual crimen e idénticas circunstancias, en un ejercicio de pretendido virtuosismo que acaba provocando confusión. Y es que detalles sólo visibles en el trazado argumental, revelado hasta el final, distancian los capítulos y consiguen despertar más interrogantes e interpretaciones sueltas que suspenso y misterio.

Aunque el gran protagonista sea el actor Tenoch Huerta, es acompañado por un amplio elenco coral: Carlos Bardem, Dolores Heredia, Kristyan Ferrer, Eileen Yáñez, Mario Zaragoza, José Sefami, Dagoberto Gama, Harold Torres y Gustavo Sánchez Parra, entre otros, para lograr integrar una compleja trama en la que se suturan y se imbrican personajes, tiempos y lugares de una similitud tal que juegan con la confusión del espectador.

Con estudios en el CUEC de la UNAM, en la Academia de Cine de Nueva York y el Instituto Cinematográfico de Hollywood, el director mexicano -sobrino del guionista y director Alberto Gout- ha producido cortometrajes, documentales, comerciales y videos musicales. Estrenada fuera de competencia en la Sección Oficial del 64 Festival de Cannes, Días de gracia, que le llevó cuatro años de trabajo, ganó el Mayahuel a Mejor Director y una Mención Especial por Música Original en el pasado Festival de Guadalajara.

La cinta se estrenó en cartelera el viernes 13 de abril.

-¿Cómo concibió y estructuró estas tres historias en torno a las Copas del Mundo del 2002 al 2010?

-Por lo mismo que afirmamos al inicio de la película: el Mundial de Futbol es un “tiempo santo donde todo vale”. Son 30 días en los que, según las estadísticas, la criminalidad baja 30 por ciento. Al final de cuentas, pasa un Mundial y luego otro y al final casi puedes brincar en el tiempo, pero siempre le irás a México y se va a enfrentar a los mismos equipos, te vas a apasionar y vas a estar inmerso en ese mundo. Entonces puedes jugar con la idea de que estás suspendido en el tiempo y subirte a esta idea universal de que estamos en tiempo de Mundial para luego aterrizar en la duda qué Mundial es, y otra vez para arriba y para abajo. Es una herramienta narrativa que a mí me funcionó mucho para contar esta historia.

-Se representan etapas distintas de un mismo personaje, pero el resto son historias en espejo de los otros personajes, lo cual es muy complejo a nivel narrativo y muy riesgoso…

-El riesgo era mayúsculo, pero teníamos el compromiso de meterle honestidad, dedicación y entrega. En ese sentido, todo se vale mientras te la tomes en serio y hagas tu investigación. Días de gracia no es una película que me encontré viendo un periódico, sino es un compromiso más profundo. Y de eso se trata. El crimen es como una hidra: le cortas una cabeza y salen cuatro. Así está pasando en México y en el mundo entero. Por otro lado están los ecos de las sensaciones, porque a final es una historia de sentimientos, de la textura, de la materia humana, del amor, de lo que ocurre cuando ese amor se ve confrontado a una situación extrema. De eso va la película, de la condición humana, más que de la violencia, y entonces encuentras ecos y espejos que al mismo tiempo son atemporales y luego son antagónicos. Me gusta que sea como un truco de magia, porque entras a la película viendo ciertas características en un género muy identificable, con protagonista y antagonista, y terminas viendo una película con otro género donde los personajes cambian de rol por las situaciones de la vida. Eso es riquísimo, porque puedes replantear las decisiones que tuvieron de una manera abstracta y filosófica.

-¿Qué tan amplia fue la investigación, qué tanto abarcó?

-Tengo más de cien horas de entrevista con todo tipo de personas que conforman este thriller y esta trama, además de mucha investigación escrita. De todo, figuras públicas y vecinos. Todo empezó cuando secuestraron a una persona que conozco y se logró autoliberar a fuerza de hablar con sus captores, los convenció de que la única manera de solucionar el asunto era dejándolo salir a él. Y eso me intrigó muchísimo: cómo es la relación humana entre personas que están de un lado y del otro de una pistola. De qué hablas y cómo le haces. Vimos a su esposa en esos días, y no se le notaba su angustia; me enteré varios días después de que su marido estaba secuestrado en el momento en que la vi. Me hizo reflexionar cuáles son los mecanismos morales y de protección que necesitas para salir adelante y buscar quiénes son las personas que logran sobrepasar eso. Piensas que tú estarías llorando en un cuarto, destrozado, durante 48 horas aunque el día tenga 24, una hora por cada ojo. Me di cuenta que es una lucha a tan largo tiempo que a fuerza necesitas lograr los mecanismos para salir. Es muy interesante.

Diferencias intuitivas y emocionales

Un velo de incertidumbre impide diferenciar por completo los tiempos cruzados en los que se relatan los sucesivos secuestros que comprende el argumento de Días de gracia. Tanto las familias como las bandas de secuestradores, la servidumbre, los corruptos cuerpos policiales y el transformado personaje principal se difuminan en un todo y solamente son detalles técnicos los que diferencian cada historia.

Cada una fue filmada por el cinefotógrafo Luis Sansans con tres formatos distintos: 16mm apaisado con lentes ana- mórficos rusos -de relación 4:16-; otro más con cámara de súper 8, con mucho movimiento y tomas fragmentarias, y el tercero en súper 35mm, con telefotos y profundidad de campo comprimida.

Además, se encargó música incidental para cada segmento a destacados compositores: Nick Cave y Warren Ellis -colaboradores de Wim Wenders y de cintas como The Proposition-; Atticus Ross, Leopold Ross y Claudia Sarne -Atticus ganó el Oscar en 2011 por La red social, junto con Trent Reznor-, y Shigeru Umebayashi -compositor japonés y colaborador regular de los cineastas de Yang Ximou y Wong Kar Wai-; además, el tema principal es un arreglo al “Summertime”, de la ópera Porgy & Bess, de George Gershwin, de Robert de Naja y Tim Goldsworth -integrantes de Massive Attack-, cantado por la estrella australiana Scarlett Johansson.

Y la edición final -que contiene escenas originales autorizadas por la FIFA y las televisoras- fue confiada al francés Hervé Schneid, quien ha sido responsable del montaje de filmes como Delicatessen, Amelie, La Ciudad de los Niños Perdidos y Alien, resurrección, para Jean Pierre Jeunet, con quien el director mexicano compartió largas jornadas de trabajo en París.

-La película fue creciendo sola y nos fue dictando lo que necesitaba -explica Gout-. Es raro pero muy bonito atestiguar cómo el proyecto va cobrando vida y señalando sus propias necesidades. Yo tenía claro que eran tres historias con tres estéticas y tres formatos de filmación, eso lo tenía muy planchado. En mi ideal quería tener tres músicas distintas, porque quería que se sintiera ese cambio temporal más en lo intuitivo y en lo emocional que en lo intelectual. No teníamos claro qué músicos, lo que sí sabía es que estos tres, en específico, me habían ayudado a la inspiración de la película y los compartía con el equipo. Más tarde todos se subieron en este barco ambicioso y me decían lo mismo, que nunca habían hecho una película con tres compositores en la que cada uno tiene las herramientas y la responsabilidad de llevar una parte de la película.

Este artículo se publicó originalmente en la sección de cultura del diario El Financiero (16/IV/2012).