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“Pánico 5 bravo”, thriller de acción de Kuno Becker

julio 18, 2014

Es un gran derroche de adrenalina

Por José Juan Reyes

Tras una prolífica carrera cinematográfica, en la que por igual ha representado una serie de galanes y héroes en la pantalla que personajes más demandantes y fuera de ese registro, el actor Kuno Becker debuta en la dirección con Pánico 5 Bravo, una película de suspenso y acción que involucra a un grupo de paramédicos de Arizona, asolados por un cártel de narcotraficantes en Matamoros, atrapados en el interior de una ambulancia.

Pánico 5

 

El largometraje de suspenso y acción Pánico 5 Bravo (México, 2013), es la primera película escrita y producida por el reconocido actor Kuno Becker (Ciudad de México, 1978), quien además la protagoniza. Se trata de una aventura siniestra en la que cuatro paramédicos arquetípicos, en servicio activo en la frontera entre Arizona y México, interceptan una llamada de auxilio procedente de Matamoros, Tamaulipas.

Luego de la llamada de auxilio los paramédicos dudan en responder, pero finalmente lo hacen con las mejores intenciones. Una vez en suelo mexicano, que cruzan de manera ilegal, tendrán que sobrevivir al ataque del crimen organizado, pues descubren que el herido que cargan dentro de la ambulancia significa un tesoro de gran importancia para ellos, y en la persecución quedarán atrapados en su interior.

Becker, originalmente realizó estudios de violín en el Mozarteum de Salzburgo, muy joven ingresó al Centro de Educación Artística (CEA) de Televisa, lo que le permitió variadas apariciones en telenovelas, aunque también se ha desarrollado en teatro y cine, pero dio el salto a la internacionalización al encarnar al futbolista Santiago Muñez en las cuatro entregas de la serie ¡Gol! (Goal!, Estados Unidos, 2005, 2007 y 2009).

En los últimos años, el actor ha consolidado una trayectoria creciente en el medio mexicano, lo mismo en Cabeza de Buda (México, 2009), de Salvador Garcini; Te presento a Laura (México, 2010) de Fez Noriega; La última muerte (México, 2011), de David Ruiz; El cártel de los sapos (México, 2011), de Carlos Moreno; Espacio interior (México, 2012), de Kai Parlange; Las paredes hablan (México, 2012), de Antonio Zavala Kugler, y Cinco de mayo: La batalla (México, 2013), de Rafa Lara.

El director y guionista, comentó en entrevista que la idea para esta historia tiene su origen en un trabajo documental que él realiza desde varios años, en el cual acostumbra viajar en una ambulancia para recopilar comentarios y anécdotas de los paramédicos.

“Pero desde luego este proyecto es completamente distinto a ese, que no se cuándo lo voy a terminar, porque no tengo prisa para hacerlo. El caso es que en Pánico 5 Bravo −que es la clave interna con la que ellos denominan a un herido de bala−, me interesó explorar las posibilidades de una anécdota llevada al extremo en un lugar tan reducido como una ambulancia, en un lugar de frontera, con personajes tan particulares como los paramédicos. En otro sentido −y este no es el propósito del filme−, también me pareció necesario abordar el tema del narcotráfico de una forma coyuntural”, advierte.

Acompañan en esta película a Becker, John Henry Richardson, Dan Rovzar, Shalim Ortiz, Sofía Sisniega, Genaro Hernández, Raúl Méndez, y Aurora Papile. La cinta estrenará el 18 de julio en la cartelera mexicana con distribución de Videocine.

“Pero el centro de todo es el género, es un thriller de acción. La propuesta es que el público se divierta, con un gran derroche de adrenalina, que no puedan ni respirar al verla. Mi segunda meta es hacer una película honesta, nada pretenciosa y con los mejores recursos, de acuerdo a nuestras posibilidades, sin querer hacer algo fuera de nuestro alcance. Me preocupaba equivocarnos en ese sentido, así que está película cumple con lo que propone: hace que el espectador se sorprenda, nunca es predecible, todo el tiempo necesitas adivinar qué va a pasar. Esto lo escribí para la gente… desde luego a partir de mi propio gusto por el género. Soy fan de Alfred Hitchcock, de cómo manejó el suspenso en sus películas. Como público, a mí también me interesa divertirme, me sorprende cómo la crítica alaba a algunas producciones que son aburridas, las cuales desde luego respeto, pero hay algunas otras comerciales bastante entretenidas y esa es una de las principales premisas del cine. Si después de verla me hace reflexionar, qué bien, pero en principio debemos divertirnos al verla”.

Gran secuencia de acción

En la historia, los paramédicos intentan regresar a Estados Unidos para escapar de los delincuentes mexicanos. Aceleran en su ambulancia, parece que van a lograrlo, pero nada. Se escucha un gran chasquido y de pronto se ven dando vueltas dentro del vehículo.

Se trata de una de las mejores secuencias de acción logradas en la filmografía mexicana hasta el momento, lo cual ha sido reconocido ya en varias partes del mundo, incluso por la prensa especializada. Uno de los aspectos más destacados es el elevado nivel técnico con que fue realizada, para lo cual incluso tuvieron que diseñar un modelo de la ambulancia para ponerlo a dar vueltas sin que nadie saliera lastimado y, sin embargo, lograr un efecto contundente de verosimilitud en ella.

“Antes del estreno la proyectamos en varios festivales, en México y en Estados Unidos, en los cuales al concluir platicamos con el público, un ejercicio que nos sirvió para acercarnos a la gente y conocer su opinión, la cual fue muy favorable, pues dijeron sentirse complacidos e impresionados con los efectos especiales y con la propia historia, la cual se fusionó de maravilla con los espectadores. Es cierto, este género tiene a sus propios seguidores, lo cual también es muy importante pues ellos están acostumbrados a ver y buscar este tipo de filmes, lo cual los convierte en la crítica más dura y especializada que hay”, apunta Becker.

La película tiene un equipo técnico de altos vuelos, comenzando por Juan José Saravia como director de fotografía; música de Terminal 3; Chris Terhune, en el sonido; edición de Ethan Maniquis y Cenia Nisker, junto con el propio Becker; en una producción de Fernando Pérez Gavilán, Pablo Martínez de Velasco, Jorge “Coco” Levi, Leonardo Zimbrón y Francisco González Compeán.

“En el contexto mexicano, hacer una película de género es algo muy bueno porque nos obliga a seguir las reglas que lo definen. En otro sentido, ha sido muy divertido que sea un actor como yo quien lo haga, pues me han comentado que esperaban algo distinto de mí, por las películas que he hecho hasta ahora. Pero esta cinta es más como soy en realidad, pues me encantan las cintas de los años 70, en las que el suspenso domina toda la historia, esas las disfruto muchísimo. Esta primera experiencia, hasta ahora va muy bien, tengo más proyectos, distintos a este, aunque creo que el siguiente será sobre el terremoto de 1985 en la Ciudad de México, de cómo la gente se solidarizó frente a la tragedia… pero aún lo se, por lo pronto quiero disfrutar de esta primera experiencia”.

Pánico 6

Este artículo forma parte de los contenidos del número 35 de la revista cine TOMAde enero-febrero de 2014. Consulta AQUÍ dónde conseguirla.

Pánico poster

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Los mundialistas “Días de gracia”, de Everardo Gout

abril 16, 2012

La relación entre personas de uno

y del otro lado de una pistola

Por Sergio Raúl López

Es tan vasta la alienación que puede provocar el futbol durante un encuentro mundialista que incluso coadyuva a la disminución de las acciones delictivas. Así de definitiva puede ser la influencia de un deporte transformado en espectáculo de consumo masivo. Elegido como motivo, la Copa del Mundo permite entretejer tres historias paralelas de secuestro.

Las desventuras y sufrimientos de la selección mexicana en las sucesivas Copas del Mundo de Corea- Japón en 2002, Alemania en 2006 y Sudáfrica en 2012, frente a las representaciones nacionales de distintas potencias del balompié, no sólo paralizan al país y enriquecen a las televisoras que las transmitieron, sino también provocan que los índices de criminalidad decrezcan.

El fenómeno, por supuesto, debe incluir a la boyante industria del secuestro, cuyas víctimas y victimarios acaban irremisiblemente atrapados por el melodrama ocurrido durante 90 minutos de frustraciones y desgracias sobre el pas- to, en la compleja y ambiciosa primera película del director mexicano Everardo Gout, Días de gracia (México-Francia, 2011).

Entrelazando de manera oscura tres casos paralelos de secuestro, ocurridos en momentos y Mundiales distintos, con diferentes víctimas y victimarios, casas de seguridad, circunstancias y temporalidades, pero que de entrada parecen el mismo caso, igual crimen e idénticas circunstancias, en un ejercicio de pretendido virtuosismo que acaba provocando confusión. Y es que detalles sólo visibles en el trazado argumental, revelado hasta el final, distancian los capítulos y consiguen despertar más interrogantes e interpretaciones sueltas que suspenso y misterio.

Aunque el gran protagonista sea el actor Tenoch Huerta, es acompañado por un amplio elenco coral: Carlos Bardem, Dolores Heredia, Kristyan Ferrer, Eileen Yáñez, Mario Zaragoza, José Sefami, Dagoberto Gama, Harold Torres y Gustavo Sánchez Parra, entre otros, para lograr integrar una compleja trama en la que se suturan y se imbrican personajes, tiempos y lugares de una similitud tal que juegan con la confusión del espectador.

Con estudios en el CUEC de la UNAM, en la Academia de Cine de Nueva York y el Instituto Cinematográfico de Hollywood, el director mexicano -sobrino del guionista y director Alberto Gout- ha producido cortometrajes, documentales, comerciales y videos musicales. Estrenada fuera de competencia en la Sección Oficial del 64 Festival de Cannes, Días de gracia, que le llevó cuatro años de trabajo, ganó el Mayahuel a Mejor Director y una Mención Especial por Música Original en el pasado Festival de Guadalajara.

La cinta se estrenó en cartelera el viernes 13 de abril.

-¿Cómo concibió y estructuró estas tres historias en torno a las Copas del Mundo del 2002 al 2010?

-Por lo mismo que afirmamos al inicio de la película: el Mundial de Futbol es un “tiempo santo donde todo vale”. Son 30 días en los que, según las estadísticas, la criminalidad baja 30 por ciento. Al final de cuentas, pasa un Mundial y luego otro y al final casi puedes brincar en el tiempo, pero siempre le irás a México y se va a enfrentar a los mismos equipos, te vas a apasionar y vas a estar inmerso en ese mundo. Entonces puedes jugar con la idea de que estás suspendido en el tiempo y subirte a esta idea universal de que estamos en tiempo de Mundial para luego aterrizar en la duda qué Mundial es, y otra vez para arriba y para abajo. Es una herramienta narrativa que a mí me funcionó mucho para contar esta historia.

-Se representan etapas distintas de un mismo personaje, pero el resto son historias en espejo de los otros personajes, lo cual es muy complejo a nivel narrativo y muy riesgoso…

-El riesgo era mayúsculo, pero teníamos el compromiso de meterle honestidad, dedicación y entrega. En ese sentido, todo se vale mientras te la tomes en serio y hagas tu investigación. Días de gracia no es una película que me encontré viendo un periódico, sino es un compromiso más profundo. Y de eso se trata. El crimen es como una hidra: le cortas una cabeza y salen cuatro. Así está pasando en México y en el mundo entero. Por otro lado están los ecos de las sensaciones, porque a final es una historia de sentimientos, de la textura, de la materia humana, del amor, de lo que ocurre cuando ese amor se ve confrontado a una situación extrema. De eso va la película, de la condición humana, más que de la violencia, y entonces encuentras ecos y espejos que al mismo tiempo son atemporales y luego son antagónicos. Me gusta que sea como un truco de magia, porque entras a la película viendo ciertas características en un género muy identificable, con protagonista y antagonista, y terminas viendo una película con otro género donde los personajes cambian de rol por las situaciones de la vida. Eso es riquísimo, porque puedes replantear las decisiones que tuvieron de una manera abstracta y filosófica.

-¿Qué tan amplia fue la investigación, qué tanto abarcó?

-Tengo más de cien horas de entrevista con todo tipo de personas que conforman este thriller y esta trama, además de mucha investigación escrita. De todo, figuras públicas y vecinos. Todo empezó cuando secuestraron a una persona que conozco y se logró autoliberar a fuerza de hablar con sus captores, los convenció de que la única manera de solucionar el asunto era dejándolo salir a él. Y eso me intrigó muchísimo: cómo es la relación humana entre personas que están de un lado y del otro de una pistola. De qué hablas y cómo le haces. Vimos a su esposa en esos días, y no se le notaba su angustia; me enteré varios días después de que su marido estaba secuestrado en el momento en que la vi. Me hizo reflexionar cuáles son los mecanismos morales y de protección que necesitas para salir adelante y buscar quiénes son las personas que logran sobrepasar eso. Piensas que tú estarías llorando en un cuarto, destrozado, durante 48 horas aunque el día tenga 24, una hora por cada ojo. Me di cuenta que es una lucha a tan largo tiempo que a fuerza necesitas lograr los mecanismos para salir. Es muy interesante.

Diferencias intuitivas y emocionales

Un velo de incertidumbre impide diferenciar por completo los tiempos cruzados en los que se relatan los sucesivos secuestros que comprende el argumento de Días de gracia. Tanto las familias como las bandas de secuestradores, la servidumbre, los corruptos cuerpos policiales y el transformado personaje principal se difuminan en un todo y solamente son detalles técnicos los que diferencian cada historia.

Cada una fue filmada por el cinefotógrafo Luis Sansans con tres formatos distintos: 16mm apaisado con lentes ana- mórficos rusos -de relación 4:16-; otro más con cámara de súper 8, con mucho movimiento y tomas fragmentarias, y el tercero en súper 35mm, con telefotos y profundidad de campo comprimida.

Además, se encargó música incidental para cada segmento a destacados compositores: Nick Cave y Warren Ellis -colaboradores de Wim Wenders y de cintas como The Proposition-; Atticus Ross, Leopold Ross y Claudia Sarne -Atticus ganó el Oscar en 2011 por La red social, junto con Trent Reznor-, y Shigeru Umebayashi -compositor japonés y colaborador regular de los cineastas de Yang Ximou y Wong Kar Wai-; además, el tema principal es un arreglo al “Summertime”, de la ópera Porgy & Bess, de George Gershwin, de Robert de Naja y Tim Goldsworth -integrantes de Massive Attack-, cantado por la estrella australiana Scarlett Johansson.

Y la edición final -que contiene escenas originales autorizadas por la FIFA y las televisoras- fue confiada al francés Hervé Schneid, quien ha sido responsable del montaje de filmes como Delicatessen, Amelie, La Ciudad de los Niños Perdidos y Alien, resurrección, para Jean Pierre Jeunet, con quien el director mexicano compartió largas jornadas de trabajo en París.

-La película fue creciendo sola y nos fue dictando lo que necesitaba -explica Gout-. Es raro pero muy bonito atestiguar cómo el proyecto va cobrando vida y señalando sus propias necesidades. Yo tenía claro que eran tres historias con tres estéticas y tres formatos de filmación, eso lo tenía muy planchado. En mi ideal quería tener tres músicas distintas, porque quería que se sintiera ese cambio temporal más en lo intuitivo y en lo emocional que en lo intelectual. No teníamos claro qué músicos, lo que sí sabía es que estos tres, en específico, me habían ayudado a la inspiración de la película y los compartía con el equipo. Más tarde todos se subieron en este barco ambicioso y me decían lo mismo, que nunca habían hecho una película con tres compositores en la que cada uno tiene las herramientas y la responsabilidad de llevar una parte de la película.

Este artículo se publicó originalmente en la sección de cultura del diario El Financiero (16/IV/2012).

 

 

“La última muerte” y los dilemas morales en David Ruiz

febrero 23, 2012

Un thriller psicológico en algún futuro lejano

Por Sergio Raúl López

Es el futuro, cierto, pero los habitantes de este lugar ubicado en algún sitio y en algún tiempo indeterminado enfrentan las mismas incertidumbres y problemas que la gente de cualquier otra época, pues los personajes de La última muerte, al final, simplemente están al la búsqueda de sí mismos.

El futuro no es, necesariamente, tan distinto del presente. Podrá haber trenes bala, computadoras que reaccionen al tacto o cartillas de identidad globales, pero eso no significa que las pasiones humanas serán distintas, ni que dejarán de existir crímenes, pobreza o desigualdad. Y tal pareciera ser la premisa que impera en La última muerte (México, 2012), el primer largometraje del neoleonés David Ruiz “Leche”, pues más que buscar apabullar al espectador con efectos especiales y proyecciones de lo que puede ser el porvenir tecnológico, intenta armar una cinta de acción y suspenso, en la que campean los giros de tuerca y la fragilidad de los juicios morales.

Pues aunque se trata de una producción más de Lemon Films, una de las compañías mexicanas que mejores resultados ha tenido en taquilla con sus lanzamientos de cintas de géneros variados –desde Matando cabos y Km 31 hasta Navidad S.A. y Salvando al soldado Pérez–, y la cinta es protagonizada por el actor trasnacional Kuno Becker (como Christian, un misterioso hombre amnésico), en realidad imperan los enigmas, desde el año y el sitio donde ocurren los acontecimientos, hasta las identidades y las historias personales de los protagonistas. Lo que no falta, por supuesto, son escenas de acción, violencia y persecución de buena factura y algunos muy logrados efectos visuales.

La aparición de un hombre escuálido, ya sin cabello, de ojos amarillentos y con permanentes dolores trepidantes en el cuerpo no va muy de acuerdo con la imagen de galán tanto cinematográfico como telenovelero que mantiene Kuno Becker, pero sí con la historia, en la que la aparición de un hombre sin registros ni identidad en el Banco Mundial de Información personal, desencadena no sólo el despropósito de salvarlo de Jaime (Álvaro Guerrero), un médico recién divorciado, sino que los sumerge en una acechante persecución por parte del poderoso consorcio que dirige el altruista Mateo Wilkins (Carlos Bracho).

Como apasionado de la música, David Ruiz incursionó en la dirección de videos musicales para artistas como Alejandro Fernández, Miguel Bosé, Control Machete, Kumbia Kings, Intocable o Elefante, para luego trasladarse a la producción televisiva en canales como Nickelodeon, Televisa y MTV, y luego a la publicidad para diversas marcas. En esta, su primera cinta, de la que habla en la siguiente entrevista.

Hay una ola reciente de cine mexicano con tema de ciencia ficción, ¿te consideras dentro de esta corriente que ha producido cintas como 2033, Depositarios o Seres: Génesis, entre otras?

Que padre que coincidimos haciendo este tipo de género, pero a diferencia de los demás, yo no considero que mi película sea futurista ni de ciencia ficción, creo que es meramente un thriller psicológico que sucede en algún futuro lejano y en algún lugar, nunca lo digo porque creo que no es relevante. Lo importante es lo que les sucede a los personajes, humanamente, y la empatía que puede haber entre la gente. Puede ser una película de Argentina, de Bolivia o de México, y prácticamente sería lo mismo porque no se refiere a la idiosincrasia mexicana ni a un tipo de gobierno ni nada, porque no lo creo relevante para la historia. Es meramente un thriller basado en descubrir quién es el personaje de Kuno Becker, al que el personaje de Álvaro Guerrero ayuda, porque de alguna forma él está buscándose a sí mismo.

Ahora, claro que mi película tiene pinceladas futuristas, pero no por eso yo diría que hice una película futurista. No quise contar cómo sería el futuro, la sociedad ni nada, la llevé un poco hacia allá por los temas que estoy tocando como la pena de muerte –que se volvió tema cuando un partido político ofreció que si ganaba se la daría a los asesinos– o la medicina biotecnológica, y son temas fuertes, morales, abstractos, que hoy en día, en general, la sociedad mexicana no tiene tan presentes como en otros países.

¿Qué tan necesario resulta desmarcarse de que esta sea una cinta de ciencia ficción?

Si yo la vendo como una película futurista, la gente va a querer ir a ver carros que vuelan o cosas muy espectaculares que no hay en esta película. Se ven dos o tres cosas, cuando ves el holograma es porque Ray (Alexandra de la Mora) le está explicando a los otros doctores qué tan mal está el personaje de Kuno, pues tiene hecho pedazos el estómago, el páncreas inflamado y era una forma muy didáctica de contarle a la audiencia sin entrar a una explicación demasiado científica. Son dispositivos que imagino que los médicos podrían tener en el futuro, pero no me los saqué de la manga.

Esta película le demandó mucho a Kuno Becker, no sólo cuestiones histriónicas sino también físicas, porque además de que bajó de peso, se le exige mucha acción y movimiento.

Fue una chambota que se aventó Kuno, tanto física como histriónica también, y fue algo que platicábamos mucho en las juntas que tuvimos para generar el personaje. Yo le decía que tenía que estar muy flaco, pero no tanto como Christian Bale en El maquinista, porque me tomé muy pocas licencias creativas, así que le dije que no podía estar extremadamente flaco porque en el momento en que lo pusieran en una plancha con anestesia se moriría. Hicimos una investigación muy grande en temas médicos e incluso el personaje de Helmut (Carlos Kaspar) existe, es un amigo mío, se llama Raymundo Leal –un cardiólogo que además es baterista que toca con Pato Machete y Quiero Club–, por eso es que este personaje es como roquero-médico-genio. Con él hicimos una investigación de los asuntos médicos, pues cuando en el clímax cuento qué es lo que le hicieron, quería evitar que los médicos que vieran el filme pensarán que es ilógico. También con el hígado, como fue uno de los órganos que se le echaron a perder, se te ponen los ojos amarillos, por eso es que Kuno los tiene así, y en el momento en que le están inyectando muchos químicos, como en una quimioterapia, pierdes el cabello, y por lo tanto tenía que perder las cejas.

¿De dónde fue gestándose la idea de la obra? ¿Cuáles fueron sus raíces, sus nutrientes? Noté una cierta influencia de la novela gráfica estadounidense.

Tanto en la universidad como en mis tiempos de ocio, antes de ponerme a chambear de tiempo completo, los canales que más me gustan son Discovery Channel, NatGeo, History Channel, me gustan mucho los reportajes y los documentales, y también me gusta mucho leer obras de ciencia ficción y suspenso. En algún programa y en algún periódico, me enteré de los tipos a los que les daban 450 años de prisión y yo me preguntaba cómo es que les dan esa condena pues no van a poder cumplirlos todos. ¿Por qué no mejor les dan prisión de por vida? Entonces empecé a escarbar en los motivos de por qué se aplicaba esto en las leyes. O por qué hay condenas de tres cadenas perpetuas, si la definición es prisión de por vida, cómo le das tres si nomás tiene una sola vida. Empecé con esos cuestionamientos y a elucubrar si alguien pudiera hacer que se cumpliera y cómo podría ser. Luego vi a un japonés clonando ojos en la espalda de una rana ciega y albina, con una célula madre, y en el momento en que se la implanta, la rana deja de ser blanca y se convierte en verde y reacciona ante estímulos visuales. Eso no es el futuro, es real porque lo estoy viendo ahorita. Lo mismo el que puso una oreja humana arriba de una rata o cuando clonaron a Dolly. Pensé que si la vida, en términos médicos, termina hasta que el corazón deja de latir, la muerte es cuando el cerebro deja de funcionar y por eso en la película planteo que tomo como muerte cuando se muere el cerebro y es imposible revivirlo. Entonces la venganza de este tipo era que todo el organismo viviera la experiencia de una muerte clínica para después revivirlo.

En base a esos temas, la pena de muerte, la cadena perpetua y la clonación de órganos, comencé a plantear la película, pues no dudo que un pinche loco por ahí ha de estar haciendo en la realidad lo que yo planteo como ficción.

Además vas creando historias cruzadas en las que la sensación de víctimas y villanos se derrumba por completo. Hay mucho juego con la moral y cuando deja de serlo.

Por eso es que dejo un poco abierto el final, porque toco mucho el tema de la moral: ¿qué está bien?, ¿qué está mal? Los dos pueden decirte que tenían la razón, depende del lado que lo veas. El que era para mí el personaje antagónico, que los persigue y les quiere hacer daño, no es malo cuando sale la verdad. Entonces quién tiene la culpa, con quién estás de acuerdo como público. Esos son los cuestionamientos que yo quería hacer aparte de entretener y de contar algo diferente.

Yo quise clavarme en eso. ¿Sabes?, la historia me queda bien clara pero quise jugar con un giro en la historia y cambiársela al público porque eso me encanta ver en el cine. A pesar de que mi película no trata de eso, la base es la búsqueda de los personajes por sí mismos. Christian, el personaje de Kuno, obviamente quiere saber quién es porque no sabe ni cómo se llama ni cómo llegó ahí, y Jaime lo comparte, porque ya no sabe si es el doctor comprometido con la vida y con su juramento hipocrático, cuya vida está en peligro, que está divorciándose, que debe atender sus asuntos, y ya no sabe si quiere redimirse porque perdió a su hijo o es el esposo que quiere recuperar a su mujer. Inclusive Mateo Wilkins, que es el personaje de Bracho, es el que quiere su revancha, el que se quiere redimir o el que quiere ayudar a millones de personas. Todo mundo está en la búsqueda de quién es, con esos rollos humanos, que son reales y bien empáticos.

Este artículo forma parte de los contenidos del número 20 de la revista cine TOMAde enero-febrero de 2012. Consulta AQUI dónde conseguirla.