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El terror y la angustia de cruzar el “Desierto” de Jonás Cuarón

abril 15, 2016

Ya es un muro lo suficientemente duro

Por Sergio Raúl López

No hay muro que alcance ni zona árida que detenga la férrea voluntad de los migrantes por encontrar mejores condiciones de vida y lograr ahorros yendo a trabajar a los Estados Unidos. Sin embargo, a la proeza de cruzar el territorio mexicano hay que sobrevivir el paso del desierto, árido, interminable e implacable, al igual que las persecuciones de la patrulla fronteriza y también la locura asesina de los habitantes de las poblaciones de la zona que, armados no sólo de rifles y escopetas, sino de un odio incontrolable contra los mexicanos, por lo que cazarlos se les ha vuelto un deporte.

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La frontera no es una línea divisoria, sino un limbo. No es una verja, una malla de alambre o un muro de altura excepcional que haya de cruzarse, sino la zona que lo rodea y lo circunscribe y que ha de recorrerse en un fatigante y agotador traslado. La frontera es el extenso erial tanto previo como posterior que existe en ambos territorios limítrofes. La frontera es la migración ilegal de trabajadores mexicanos y su tortuoso peregrinar como seres humanos fragilizados y en riesgo perpetuo, presas de una real angustia y en permanente amenaza, frecuentemente concluida en tragedia, sólo para transitar hacia el territorio vecino que les está vedado por leyes y regulaciones inhumanas e injustas.

Y en el caso del territorio en el que se dividen México y los Estados Unidos, es una árida región de calores y fríos extremos, poblada de cactáceas, de serpientes, de agentes de la Border Patrol. La frontera misma es algo similar al infierno mismo no una simple línea divisoria sino un desierto tan mortal como terrible, franca barrera para lograr emigrar, el mayor de los muros, peligrosa y forzosa vía de paso, interminable extensión de la nada, cruel y desgarrador, implacable, inhóspito.

Un desesperanzador desamparo es lo que vive un nutrido grupo de migrantes latinoamericanos en su intento por cruzar ilegalmente la frontera en el segundo largometraje de ficción, Desierto (México-Francia, 2015), del cineasta Jonás Cuarón (Ciudad de México, 1981), que ha decidido retratarlo de manera ampliada. Y los mexicanos y centroamericanos, asustados y desesperados, sin vuelta ni escapatoria posible, habrán de intentar cruzar esas planicies polvosas, esas arenas infinitas, como única vía para solventar su deseo por hallar mejores condiciones económicas cuando la camioneta de redilas que habría de atravesarlos se avería sin reparación posible, tal y como dictamina el mecánico-migrante Moisés (Gael García Bernal con sui generis acento norteño que recuerda al Cursi portero de hermano Rudo), que intenta volver por su hijo tras haber sido deportado.

Abandonados a medio camino, el grupo de viajeros ha de internarse en el desierto del título –en realidad filmado en locaciones bajacalifornianas: Mexicali, Tecate y San Ignacio–, bajo la ineficaz guía de los inseguros y poco comprometidos coyotes Lobo (un cruel Marco Pérez apresurándolos cual ganado al grito de “¡Arre!”, frase recurrente de Aurelio Casillas, en la teleserie El Señor de los Cielos, inspirado en el narco Amado Carrillo) y Mechas (un nervioso y acelerado Diego Cataño, con insólito corte de futbolista y no de pollero), solamente para descubrir que la insolación, la deshidratación y los animales ponzoñosos serán el menor de sus males.

En esa zona árida, donde ni la policía fronteriza desea realizar la menor vigilancia, aparece un solitario cuanto antisocial cazador de conejos, Sam (un Jeffrey Dean Morgan iracundo, tan envejecido como correoso), armado de una botella de bourbon, de un rifle de mira telescópica, de un cuchillo para desollar presas y de un perro pastor alemán entrenado para matar, que recorre la zona en su camioneta, oyendo música blue grass y country, quien decide cazar a los mexicanos indocumentados, por un añejo trauma que no queda claro.

De esta manera, Desierto pone distancia de las incontables producciones tanto mexicanas como estadounidenses que relatan el peregrinar de los mojados y que regularmente los retratan únicamente como víctimas de la pobreza, de la injusticia, de la xenofobia, para convertirse en un dinámico ejercicio de género de terror clásico, en tono de thriller, con un grupo de viajeros que debe escapar de la muerte a manos de un monstruo que amenaza las vidas de todos, un muy real y tangible minute men, empecinado con impedir que los mexicanos invadan la “tierra de los libres” –“The Land of the Free”, como reza su himno nacional.

Así, comienza una angustiante huida a través de planicies descubiertas, perfectas para el tiro al blanco en el que el propio desierto resulta el personaje principal de este drama de gran acción y suspense, con fotografía de gran esfuerzo físico de Damián García, música nerviosa y machacona de Woodkid –el francés Yoann Lemoine, encargado de la banda sonora–, en un filme de acción repleto de emociones, cuyo mayor mérito es justamente el mantener al espectador en una ruleta rusa emocional con criterios del cine de gran industria, algo inusual para una producción totalmente hecha en México.

Tras entregar un primer largometraje independiente, Año uña (México, 2007), del cortometraje documental La doctrina del shock (Canadá-Reino Unido, 2007), al lado de la ensayista Naomi Klein, y el cortometraje Domingo (México, 2014), Cuarón coescribió con su padre la multipremiada cinta Gravedad (Gravity. Estados Unidos, 2013, de Alfonso Cuarón) –ganador del premio Oscar–, y el cortometraje Aningaaq (Estados Unidos, 2013), como espejo a dicha historia no en el espacio sino desde Alaska.

Luego de estrenarse mundialmente en el cuadragésimo Festival Internacional de Cine de Toronto (tiff), donde fue reconocida con el Premio de la Federación Internacional de Críticos de Cine (fipresci), Desierto luego compitió en la Selección Oficial del Festival de Cine de Londres y tuvo su estreno en México en el décimo tercer Festival Internacional de Cine de Morelia (ficm). Producida por Esperanto Kino y el estímulo fiscal Eficine 189, en coproducción con Orange Studio, cg Cinema y ag Films, y en asociación con im Global, el filme estrenará en la cartelera mexicana el 15 de abril en 400 pantallas con la empresa Cinépolis Distribución.

Tu concepto de frontera no es el de una línea, sino todo lo que hay alrededor de ella. No es, en realidad, el límite entre dos países, sino un territorio ampliado en términos geográficos.

Es que eso es muy impresionante. Cuando empecé a viajar y a conocer distintos desiertos para conocer más a fondo el tema, lo que me impresionaba mucho de los desiertos fronterizos es que de repente ni te das cuenta que ya cruzaste. La frontera es una línea muy imaginaria y de ambos lados el desierto es el mismo. Al fin y al cabo los gringos están invirtiendo grandes cantidades para crear un gran muro cuando, al fin y al cabo, el desierto es ya un muro lo suficientemente duro. Cuando te enteras de todas estas historias, cruzar el muro es lo más fácil, lo difícil es cruzar el desierto y llegar a Phoenix o a Tucson.

Los migrantes son gente muy fuerte, son sobrevivientes.

Totalmente y eso a mí me interesaba mucho. Con Gael siempre platiqué de estas imágenes finales de él cargando a la chava en medio de la nada. Ya para llegar al desierto cruzaron uno aún más duro que es México, entonces sí es gente con mucha fuerza, por eso me interesaba hacerlos héroes como personajes, porque estamos acostumbrados a ver al Marine o al espía gringo como héroes y estos personajes que la gente nunca voltea a ver son mucho más fuertes y mucho más rudos que cualquier James Bond.

Además, es tan árido el clima que ni la Border Patrol tiene la voluntad de perseguir migrantes. Sólo un loco como un Minute Man, un vigilante, el que lo hace. Y el personaje de Jeffrey Dean Morgan es una contraparte terrorífica pero a la vez de una muy humana fragilidad enloquecida.

Desde que empezamos a escribir el guión, me impresionaba mucho del personaje de Jeffrey y de los mismos Minute Man, era que los vigilantes siempre me interesaron porque es gente que está loca: tomaron las armas y van a vigilar la frontera, pero llegaron a ese estado porque la situación económica en el sur de Estados Unidos está muy jodida y si además tienes a todos estos políticos que justifican esa crisis usando a los migrantes como chivo expiatorio, es cuando se les voltea. A mí me interesaba crear un asesino, porque sus acciones son las de uno, pero que sus emociones fueran humanas, no caer en un Freddy Krueger. Quizás de mis momentos favoritos es cuando Gael le grita y Jeffrey se rompe aterrado. Yo en la secundaria sufrí de mucho bullying, pero cuando por fin te volteas y reaccionas con tu bully, resulta que es igual de frágil que uno mismo.

El vigilante tiene una mascota, un perro entrenado para matar, al que aprecia más que la vida de cualquier migrante. Además, en una película filmada con luz natural, el animal protagoniza el único efecto especial de la cinta.

El fuego en el perro fue quizás nuestra preocupación más grande en el rodaje y volvimos a esa locación varias veces porque fue muy difícil de filmar. Después del rodaje fue muy difícil con los efectos prácticos que habíamos hecho fue muy complicado meterle efectos de postproducción para que quedara realista y, muchas veces, el de efectos me dijo que cortara a Gael. Pero para mí era importante enseñar la muerte del perro de la misma manera que mostré las de los migrantes porque había una cuestión en la que, al abordar esta temática en una película, quizás era hasta más peligroso ocultar la violencia porque es entonces cuando empiezas a romantizar las cosas en vez de mostrar que sí está rudo. Y la muerte del perro era muy interesante porque quizás es el único rasgo humano que tiene el personaje de Jeffrey. Era el momento donde lo pierde todo y tenía que ser muy cruel.

Con Gael tienes una gran relación de amistad, pero ¿cómo fue que Jeffrey Dean llegó a la película?

Cuando empecé a hacer el casting para el personaje de Sam ya me interesaba conocer a Jeffrey. Lo había visto en Watchmen: Los vigilantes (Watchmen, Estados Unidos, 2009, de Zack Sneider), pero más que eso me impresionaba la cuestión que tiene de que es muy rudo pero, a la vez, tiene un torbellino emocional adentro y eso me interesaba porque cuando gritaba en el set ya en personaje sí da miedito, es grande, fuerte, pero a la vez es una persona muy frágil. Cuando lo conocí, llegó a la junta en su pick up truck, tiene tatuajes de todos sus perros –es fan de ellos– y me di cuenta que ya era el personaje, pero a su vez cuando hablamos del tema migratorio, por más que parece gringo y asesino, entiende mucho de la temática y mi postura política. Aparte de ser perfecto para el personaje iba a ser uno de los pocos gringos que iba a entenderlo. Y empezamos a desarrollar su personaje porque filmamos muchas escenas que no estaban en la película, me interesaba que Jeffrey tuviera conocimiento de la vida personal de Sam, de todo lo que le condujo a ese momento, aunque el público no lo sepa. Como Jeffrey ya había actuado esas escenas, para cuando llegáramos a la escena, tras matar a los migrantes, para que tuviera su arranque emocional me servía que conociera a su personaje lo más posible.

Pese a que hay muchas películas sobre la migración, esta se diferencia por abordar el relato a partir de un género cinematográfico: es un thriller, es una película de acción e, incluso, podría ser de terror. ¿Qué pensaste primero, el género o el tema de la migración?

Lo primero fue el tema, a mí me interesó hablar del tema migratorio desde hace como nueve o diez años, cuando viaje por Arizona con mi hermano, el actor Diego Cataño, él estaba promoviendo Temporada de patos (México-Estados Unidos, 2004, de Fernando Eimbcke) y gracias al Festival de Cine Mexicano en Tucson, al que acudimos, nos llevaron al Consulado mexicano, ahí nos empezaron a contar muchas historias que me marcaron mucho y empecé a leer mucho sobre el tema. También se dio que en esa época en Arizona estaban empezando a intentar pasar leyes antimigratorias. El tema me interesó mucho pero no supe cómo abordarlo porque ya se había tocado mucho y no quería hacer una película que nada más diera cátedra a un público reducido.

Además, por mi parte, me clavé a ver mucho cine gringo setentero y me impresionó esta capacidad de lograr hablar de muchas otras cosas dentro de una máscara de género. Así se me ocurrió la idea de quizá hablar del tema migratorio a través de una película de género podía ser más interesante porque le llegas a un público más grande. Al fin y al cabo Desierto es una película de acción, que el público puede disfruta como una cinta de terror, pero a la vez generas una temática por el simple contexto de la historia y pues también me interesaba porque volteaba un poco las reglas del género: estamos acostumbrados a ver que el gringo es el que siempre está huyendo de los extranjeros. Me interesaba voltear esto. Por eso también me interesaba trabajar con Gael, porque más allá de ser un gran actor y de conocer perfecto el tema migratorio, me interesaba darle al migrante una cara reconocible que ayudara a generar empatía más rápido de lo que el público está acostumbrado.

La fotografía de la película es muy destacada, se inicia con planos panorámicos y con poco movimiento, pero de pronto hay se transforma: hay emplazamientos arriesgados de la cámara y una edición muy dinámica que aparece entre las rocas o retrata una persecución en los acantilados o en la planicie. Filmar en el desierto es muy complicado, ¿cómo lo planteaste?

Desde un principio, cuando me junté con Damián García que es un fotógrafo que admiro mucho y platicamos cómo íbamos a hacer para lograr traducir a la imagen lo dinámico que era el guión, con mucho ritmo y que no paras de leer pues te mantiene en una tensión constante, a la vez me interesaba lograr hacer una foto que estuviera con los personajes durante el viaje, especialmente el desierto, que sería un personaje importante. Entonces necesitaba estar lograr el balance entre estar muy cerca de los personajes pero también muy abierto para entender el contexto. A su vez, teníamos las limitaciones de que debíamos grabar con luz natural porque estábamos en el desierto a dos horas en terracería y de ahí había que cargar el equipo otra media hora, entonces había que ir con lo mínimo indispensable. Se volvió muy difícil en el sentido de que tienes pocas horas de luz natural que son buenas para la foto y en ese poco tiempo teníamos que filmar mucho porque yo sabía que para lograr el dinamismo que quería en la edición íbamos a necesitar desde planos muy cerrados en Gael hasta muy abiertos. Damián cuidó mucho su luz y estuvimos corriendo como locos.

Se nota que es una película muy fatigante, de mucha exigencia física, no sólo para los actores sino para todo el crew.

Y para el fotógrafo. Aunque lo conocía a él y a su trabajo, Damián me sorprendió en el set cuando lo vi agarrar la cámara y correr con los actores. Aunque no lo parezca pero sí es muy físico el muchacho.

La música es otro elemento que resulta muy apropiado para reforzar el tratamiento de género en el filme.

Desde que escribí el guión sabía que íbamos a necesitar mucha música. En este tipo de películas la música ayuda mucho a llevar el ritmo del género y, durante el rodaje, como nos transportábamos dos horas en terracería al set, escuchaba música para ir pensando lo que iba a ser y fue cuando localicé a este artista, Woodkid –nombre artístico del francés Yoann Lemoine– y su música me empezó a gustar mucho porque era como la mezcla perfecta entre la percusión fuerte pero con su voz, que es muy melódica, este contraste entre algo rudo pero también bello, que necesitaba para la película, y fue cuando me interesó trabajar con él. Le mandé el guión y empezamos a trabajar juntos, junto con el diseñador de sonido Sergio Díaz, para intentar crear una atmósfera en la que la música estuviera presente todo el tiempo pero que no fuera un score obvio sino más una sensación atmosférica.

¿Cómo piensas el tema migratorio siendo un mexicano que ha vivido en Canadá y en Estados Unidos mismo?

Me interesa el estreno en México y en Estados Unidos, pero también en todo el mundo, por eso la hice muy minimalista y sin diálogos, porque el tema es bastante universal. Creo que esta historia podía haber ocurrido en la frontera con Guatemala. Este año ha habido más deportaciones de centroamericanos en México que de mexicanos en Estados Unidos y, en ese sentido, el tema migratorio en la película es muy específico de México a Estados Unidos, aunque hay migrantes centroamericanos, pero me interesa por todos lados la reacción al tema.

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Este artículo forma parte de los contenidos del número 45 de la revista cine TOMAde julio-agosto de 2015. Consulta AQUÍ dónde conseguirla.

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Cine Toma 45: El roce público

marzo 3, 2016

 

Problemas y soluciones a la distribución de cine nacional

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El actor mexicano Gael García Bernal, en el papel de Moisés, un migrante ilegal que quiere volver a los Estados Unidos tras ser deportado, en la película Desierto (México-Francia, 2015), de Jonás Cuarón, ocupa la portada de la revista bimestral Cine Toma, que en su numero 45 ofrece el tema: El roce público.  Problemas y soluciones a la distribución de cine nacional, que circulará durante marzo y abril de 2016 en locales cerrados así como en la tienda digital de Sanborns.

El estreno de una película que aborda el tema migratorio, como la de Cuarón, pero con un tratamiento realizado desde distintos géneros cinematográficos populares como el thriller, el suspense o el terror, le permitirá salir con 400 copias y distribución directa de la cadena Cinépolis, es decir, un lanzamiento grande para una cinta mexicana. Y justamente, esta es la principal problemáticas que enfrenta el cine mexicano. El 2015 se produjeron más películas que nunca antes en la historia, 140, –rompiendo la marca de 135 establecida en 1958–, pero sólo se estrenaron 79 y fueron vistas por 17 millones de espectadores, apenas el 5.7% de los 296 millones de mexicanos que acudieron al cine durante 2015.

¿De qué sirve producir tanto si esas películas no son vistas por la gente? A contestar esa pregunta y otras más, se dedica el dossier central de la revista, congregando la opinión de investigadores y expertos en la materia. Primero con un texto del escritor y guionista José Revueltas, quien a mediados del siglo XX lanzó una campaña de denuncia contra el monopolio de William O. Jenkins en la exhibición y el resto de las partes de la cadena industrial. En seguida, Octavio Maya relata la distribución artesanal que realizó para el estreno de En el hoyo (México, 2006), de Juan Carlos Rulfo. En un reportaje regional, Cynthia García Calvo, de Latam Cinema, aborda la escasa circulación regional del cine latinoamericano. El investigador poblano Juan Carlos Reyes Vázquez aborda en un ensayo la distribución vía satélite, el siguiente paso tecnológico en la exhibición. Y otro especialista, Tonatiuh Lay, explica las mínimas reformas que se hicieron a la Ley Federal de Cinematografía a propósito de la creación de la Secretaría de Cultura.

Adelante, Mauricio Durán, vicepresidente para Latinoamérica de Universal Pictures repasa su trayectoria de 30 años y habla de la actual concentración del mercado como un fenómeno natural, en entrevista con Luis Carrasco, quien también charló con Juan Carlos Lazo, director de la 20th Century Fox México, advierte que el cine que habrá en el futuro ya existe hoy en día. En tanto, Mineko Mori, CEO de Latam Pictures, indica que, pese a los cambios tecnológicos, el contenido sigue siendo el rey. Adelante, Geminiano Pineda fundador de Cine Caníbal, opina que el Estado mexicano debería regular los rangos de los estrenos y los porcentajes de pantallas. Cierra el dossier una entrevista con Efe Cakarel, fundador y director de MUBI, la cineteca virtual de recomendaciones en línea.

En otros contenidos, Académicas presenta un ensayo del crítico Carlos Bonfil sobre El rebozo de Soledad, de Roberto Gavaldón, de la colección Ganadoras del Ariel. Desde la Filmoteca de la UNAM advierte de su inscripción en Memoria de la Humanidad de la UNESCO. Tonatiuh Lay entrega un ensayo sobre el espectro autista retratado por el cine.

En Festivales, Gerardo Salcedo Romero, reflexiona en torno a la dificultad de distribuir películas  que llegan a festivales, como el de Guadalajara, que celebra su trigésimo primera edición y del que es director de Programación; Elena Fortes, directora de la Gira de Documentales Ambulante, explica los cambios y mutaciones del festival en su décimo primera edición;  Fernanda Sarabia entrevista a Paula Chaurand, directora y fundadora del Riviera Maya Film Festival, que en abril celebra su quinta edición, y Cristian Calónico anuncia el noveno Encuentro “Contra el Silencio Todas las Voces”. En Estrenos, se incluye una entrevista con Jonás Cuarón en torno al tamaño inasible de las fronteras en su segundo largometraje, Desierto, y Max Zunino y Sofía Espinosa tocan el tema de la solidaridad de Los bañistas. Finalmente, en entrevistas, Luis Carrasco nos comparte una con el retratista social francés Laurent Cantet y Gonzálo Hurtado, desde Perú, otra con el documentalista colombiano Luis Ospina.

Cine Toma 45 circulará durante marzo y abril de 2016 por todo el país en locales cerrados como Sanborns y Educal, y en su versión electrónica, en la tienda virtual Sanborns.

“Los mejores temas”, de Nicolás Pereda, homenaje a Gael García y una nutrida participación mexicana en Locarno

julio 29, 2012

La sexagésima quinta edición del Festival de Locarno ­dirigido por Olivier Pere, antiguo programador de la Quincena de Realizadores de Cannes-, se llevará a cabo en dicha ciudad suiza del primero al 11 de agosto del 2012, ha seleccionado en su Competencia Oficial a la cinta Los mejores temas (México-Canadá-Países Bajos, 2012), sexto filme de Nicolás Pereda, con Gabino Rodríguez, Teresa Sánchez y Luisa Pardo, y que trata la historia de Emilio, un hombre que reaparece en su hogar , ante su esposa y su hijo, tras 15 años de ausencia.

En el concurso internacional de cortometrajes Leopardos del mañana (Pardi di Domani), se seleccionó otra producción mexicana, Ismael, de Sebastián Hofmann,  que narra la historia de dos niños que encuentran en la televisión la única vía de escape de la negligencia y el abuso que inundan sus vidas.

Además, el actor mexicano Gael García Bernal, recibirá el Premio a la Excelencia Moët & Chandon, previo a la proyección de su más reciente película, No (Chile-México), de Pablo Larraín, la noche del miércoles 8 de agosto en la Plaza Grande. Como parte del homenaje, se programaron dos de sus cintas emblemáticas La mala educación (España, 2004), de Pedro Almodóvar y La ciencia del sueño (Francia-Italia, 2006), de Michel Gondry.

Por último, la segunda edición de Carte Blanche (espacio dedicado a proyectos en postproducción de los nuevos talentos cinematográficos provenientes de Asia, África, Europa del Sudeste y América Latina), sólo México mostrará siete películas en proceso de postproducción, dirigidas por cineastas que están iniciando su carrera, y que buscarán un premio en efectivo de diez mil francos suizos a la mejor película.

 

Películas de la Competencia Internacional

Los mejores temas (México-Canadá, 2012), de Nicolás Pereda.

Jack and Diane (Estados Unidos, 2012), de Bradley Rust Gray.

Compliance (Estados Unidos, 2012), de Craig Zobel.

Image problem (Suiza, 2012), de Simon Baumann.

Une estonienne à Paris (Francia-Estonia-Bélgica), de Ilmar Raag.

Mobile Home (Bélgica-Luxemburgo), de François Pirot.

Berberian Sound Studio (Reino Unido-Alemania), de Peter Strickland.

The End of Time (Suiza-Canadá), de Peter Mettler.

Padroni di Casa (Italia, 2012), de Edoardo Gabbriellini.

A última vez que vi Macay (The Last Time I Saw Macao, Portugal-Francia, 2012), de João Pedro Rodrigues.

Der Glanz des Tages (Austria, 2012), de Tizza Covi.

Wo hau you hua yao shuo (When Night Falls, Estados Unidos, 2012), de Ying Liang.

Somebody Up There Likes Me (Estados Unidos, 2012), de Bob Byington.

Museum Hours (Austria-Estados Unidos, 2012), de Jem Cohen.

La fille de Nulle Part (Francia, 2012), de Jean-Claude Brisseau.

Leviathan (Francia-Reino Unido-Estados Unidos, 2012), de Lucien Castaing-Taylor y

Verena Paravel.

Playback (Japón, 2012), de Sho Miyake.

Polvo (Guatemala-España-Chile-Alemania, 2012), de Julio Hernández Cordón.

 

 

 

 


Adriana Barraza, cuatro décadas como actriz

mayo 15, 2012

Cada personaje es una creación conjunta entre director y actor

Por Sergio Raúl López

Asuntos del mundo mediático globalizado: bastaron dos apariciones en filmes de amplia difusión internacional para que Adriana Barraza no sólo fuese ubicada en el plano internacional y se convirtiese en la tercera actriz mexicana en alcanzar la candidatura al Oscar, sino para reactivar su carrera como intérprete y retornar a los foros cinematográficos.

Mientras el cambio de siglo la halló convertida, más que una actriz en activo, en una respetada y prestigiosa pedagoga y entrenadora del ámbito histriónico, sobre todo en Televisa donde solía además dirigir, dar clases de neutralización de acento y coach de actuación, y en la Universidad Autónoma de Chihuahua, además de actuar en algunas telenovelas, videoteatros y series diversas e incluso películas de la desaparecida productora Televicine  (en las cintas El resplandor, La primera noche, La segunda noche La paloma de Marsella)..
Bastó, empero, un llamado para integrarse al rodaje de Amores perros (México, 2000), primer largometraje del ex publicista y locutor Alejandro González Iñárritu, para reintegrarse a la actuación en activo y despegar su carrera cinematográfica. Pero si la aparición como madre de Gael García Bernal (Octavio) le granjeó un gran reconocimiento, la reunión de ambos como Amelia y Santiago en Babel (Estados Unidos-Francia-México, 2006), el tercer film del ahora internacionalizado mexicano, le depararía una nominación de la Academia Cinematográfica estadounidense como Mejor Actriz de Reparto -la tercera mexicana, luego de Katy Jurado y Salma Hayek-, y le permitiría en seis años aparecer en una veintena de producciones, además de formar parte de la élite actoral internacional y formar parte de la Academia de Artes Cinematográficas de Hollywood.
Actualmente afincada en Buenos Aires, donde ha fundado una escuela de actuación junto con su marido, el actor argentino Arnaldo Pipke, la actriz, originaria de Toluca (donde nació en marzo de 1956), celebra 40 años de carrera actoral y 30 como docente en la práctica del monólogo. Halló en el estilo unipersonal una forma afortunada para combinar sus compromisos en cine y televisión, pues le permite presentarlo en escenarios de Argentina, México y Estados Unidos, países en los que pasa buena parte de su tiempo.
-Nunca había hecho uno y se lo pedí a Erika Halvorsen, que escribe para teatro y para televisión, y es amiga mía. Se llama Me doy bel gusto y ella también me está dirigiendo. Y justamente cuando trabajamos lo último en Argentina para que yo me llevara mi montaje y trabajara en Miami, reafirmé lo necesario que es el director. Uno no puede mirarse solo, es sumamente complicado. Necesitas a alguien que te ayude a verte, para mí es una mancuerna necesaria y completamente útil para llevar a cabo un espectáculo como debe ser.

-¿Cómo mira el cine latinoamericano actual, especialmente las cinematografías mexicana y argentina?
-Fíjate que lo primero que descubrí cuando llegué a Argentina hace nueve años fue que hacían 70 producciones al año, cuando era un país con una economía caída, terrible. Sinceramente me sorprendí muchísimo. Eran finales de 2002, pero ahora sigue habiendo más, ya pasan de las cien películas anuales. Es una industria muy amplia y que debiera tener una mayor distribución en Latinoamérica, porque lo hacen mucho más a Europa. Es una pena, porque hay fenómenos cinematográficos bien interesantes; otros no, como todo, pero ojalá pudiéramos ver más cine argentino en México. La verdad es que a nivel latinoamericano los principales productores de cine son México y Argentina, pues las plazas que tendrían la posibilidad de hacerlo, como Colombia y Venezuela, tienen poca producción. Y considero que los mexicanos somos bien tratados en el mundo mientras que a los argentinos no los conocen tanto.

-La forma de actuación argentina, en general, tiene una gran relación con la técnica actoral que se requiere para cine, ¿es cierto?
-He trabajado con personas en toda Latinoamérica y puedo afirmar que la metodología y el tono actoral que han encontrado los argentinos es sumamente realista, a veces muy naturalista en cuanto a estilo y muy conmovedor, sin importar el género que aborden, sea teatro, cine o televisión. Me intrigó cómo es que podían actuar como si estuvieran en cine. Era un tono tan íntimo, tan real, tan naturalista, tan interno, que realmente me desconcertó; pero también me encantó, obviamente. Para trabajar con ellos como actriz también hay que entonarse con la veracidad y la profundidad que llegan a tener. Y justamente el naturalismo es así. El realismo consiste en mostrar lo que le ocurre al personaje, mientras que en el naturalismo consiste en mostrar lo que le sucede en el momento al actor, él es el personaje. Usualmente el tono actoral al que nosotros estamos acostumbrados a ver en el teatro es que el actor me muestre lo que le está pasando y no tanto la inmediatez de lo que le sucede. Es lo que no se debe tener en cuenta en el cine, hacer ese tipo de diferenciación en la actuación.

-A veces los directores, más que requerir de una cierta actuación, requiere al actor como parte del cuadro, lo que implica más una necesidad para la cámara y la escena que actoral.
-Eso ocurre en cualquier evento que esté dirigido. Como director uno necesita que el actor esté en la luz, de lo contrario no sirve, por muy buena actuación que sea. Pero no considero que el director use al actor como un objeto, sino tiene que llegar a un lugar en combinación con él. Como actor uno sabe que tiene que cumplir esas reglas: estar en la luz y en la posición necesarias, y aparte uno tiene que ser verídico e interpretar el personaje como el director quiere que se desarrolle. Hay de todo, desde directores-maestros, que lo acompañan a uno, hasta directores-tiranos, que piensan que el actor es una marioneta. Sinceramente, a partir de los roles que he hecho en cine nunca he tenido un director que no tome en cuenta este trabajo en conjunto que hacemos para poder crear un personaje. Necesariamente es una creación conjunta.

Juego e independencia

Una sucinta carta impersonal del director y actor inglés Kenneth Brannagh comunicó a Adriana Barraza que durante el proceso de edición había quedado fuera de la cinta Thor (Estados Unidos, 2011), sobre las aventuras del superhéroe de la Marvel. Para la actriz no fue sino uno de los gajes de este oficio, tan repleto de altas y bajas. Apenas en marzo, en el Festival de Guadalajara, su más reciente cinta, Mariachi gringo (Estados Unidos, 2012, de Tom Gustafson) había ganado el Premio del Público y el de Mejor Actriz para Martha Higareda (con quien ya había compratido créditos en Te presento a Laura, 2010). Y es que su carrera la ha llevado a las más variadas producciones, lo mismo Arrástrame al infierno (2009), del maestro del terror Sam Raimi o la actuación coral Rage, de Sally Potter, junto a un gran elenco (Judi Dench, Jude Law, Dianne Wiest, John Leguizamo y Steve Buscemi); que la comedia comercial Pobres divas (2010) o el cortometraje de autor Lindo y querido, de Patricia Rigen, para el largometraje Revolución (2010).

-Otra de sus facetas es enseñar acentos neutros, hacer coaching actoral con niños, o dar asesorías a gente sin experiencia actoral.
-En la televisión uno tiene la oportunidad de trabajar con personas que jamás han actuado. A mí el profesor Héctor Jiménez me enseñó una gran cantidad de bloques de trabajo para poder enseñar al actor inexperto y llevarlo a tener una mayor veracidad para que pueda transmitir, que es lo primero que busco como directora. Sin veracidad lo único que te queda es un oficio para que uno pueda cumplir con un personaje, lo que no quiere decir que ese oficio pueda hacerte famosísimo y hacerte ganar muchísimo dinero, pero una cosa es tener el oficio y otra es realmente ser un actor y poder interpretar.

-Cómo la ha ido conduciendo su carrera en torno a su propia forma de vivir tranquila, en paz y a gusto.

-Fíjate que esa es una cuestión muy importante. Uno tiene que trabajar mucho para luego poder darse momentos de tranquilidad como los que vivimos mi esposo, Arnaldo Pipke, y yo. Los dos somos maestros y a mediados del año pasado decidimos crear nuestra empresa y escuela de asesoría, justamente para ser independientes y no casarnos con nadie; claro, sin descuidar nuestras carreras. Lo construimos desde la base de hacer bien nuestro trabajo donde sea: en la televisión, el cine o en el teatro. Damos cursos normales, pero nos gusta dar asesorías a empresas, lo hemos hecho con Univisión, Venevisión y Telemundo.

-¿En estos 40 años de carrera ha cambiado su concepto sobre el significado de ser actriz?
-No, no ha cambiado. Significa ser una persona que juega; en inglés se dice to play. Es una persona que interpreta a otros para hacer soñar a otros y soñarse a sí mismo.

Este artículo se publicó originalmente en la sección de cultura del diario El Financiero (14/V/2012).

“Revolución”, en el teatro más porfirista de todos

octubre 28, 2010

El teatro, claro, abarrotado. 700 espectadores, con entrada gratuita, vitorearon prácticamente todo lo que aparecía en pantalla, en los diez cortos que integran el largometraje Revolución, que se presentó en una gala de cine en el Teatro Juárez de Guanajuato capital,  la noche del lunes pasado, 25 de octubre. La película, producida por Canana Films, tuvo una primera proyección en el país en la Cineteca Nacional el miércoles 13 de octubre y luego en el Festival Internacional de Cine de Morelia, donde tuvo diversas funciones, la primera de ellas, en Cinépolis Centro el domingo 17 de octubre, así como en la Plaza Benito Juárez y en el Teatro Emperador Calzontzin.

A Guanajuato, como parte de las actividades del 38 Festival Internacional Cervantino, llegaron a presentar la cinta el productor y director de uno de los cortos, Gael García Bernal (Lucio); otro de los productores, Pablo Cruz, de Canana; el cineasta guanajuatense Amat Escalante (El cura Nicolás colgado), con el elenco del mismo, Cirilo Recio y los niños Héctor Cortés y Ámbar Sixto; además de Cristina Prado, directora de Promoción Cultural Cinematográfica del Imcine.

Durante la presentación, el actor Gael García Bernal, contento y complacido con la efusiva respuesta del público, comentó, entre otras cosas, que le parecía muy curioso que una cinta en la que diez realizadores mexicanos ofrecen su punto de vista actual sobre la Revolución Mexicana a cien años de que estallara, se presentara en un teatro como el guanajuatense, que fue inaugurado en el apogeo de las fiestas del Centenario de la Independencia por el propio dictador Porfirio Díaz. Y claro, agradeció al público la tumultuosa y generosa recepción al filme, que se estrenó en la Berlinale y se ha proyectado en otros festivales internacionales como Cannes, Toronto y Biarritz, donde ganó los premios “El abrazo” y el del sindicato de críticos franceses.

La película se estrenará en cines alrededor del 12 de noviembre y, luego, cerca del 20 de noviembre, estará disponible en DVD, en Video on Demand en televisión por cable y se trasmitirá en televisión abierta por Canal 2.

Aquí les compartimos unas fotografías de Gael en Guanajuato, de la autoría de Francisco Morales de la agencia DAMM Photo.

Amat Escalante y Gael García se saludan. Debajo de ellos, Lydia Camacho, directora del FIC.

Gael García en la sala de prensa del Cervantino, durante la presentación de Revolución.


Ámbar Sixto, Amat Escalante, Héctor Cortez, Gael García y Alejandro Otaola en el teatro Juárez.

Gael García a su arribo a Guanajuato. Lo recibe, sonriente, Cristina Prado Arias.




 

Revolución, premiada en Biarritz

octubre 5, 2010

Revolución, el largometraje producido por Canana Films y compuesto por una decena de cortometrajes realizados por otros tantos cineastas mexicanos, fue galardonado con el Gran Premio “El Abrazo” y el Premio del Sindicato Francés de Críticos de Cine, en el Festival de Biarritz de América Latina / Cine y Cultura, en Francia, este fin de semana. Los directores involucrados en el proyecto son Carlos Reygadas, Amat Escalante, Gael García Bernal, Diego Luna, Mariana Chenillo, Patricia Riggen, Fernando Eimbcke, Rodrigo García, Gerardo Naranjo y Rodrigo Plá, quienes ofrecen su visión personal y libre en torno al centenario de la Revolución Mexicana.

La cinta, tuvo su estreno mundial este año en el Festival de Berlín y desde entonces ha participado en algunos otros como Cannes y Toronto. En México, será vista en unos días en el Festival Internacional de Cine de Morelia así como en el Festival Internacional Cervantino.

En otros premios, la boliviana Zona sur, de Juan Carlos Valdivia, ganó el Premio del Jurado.

El premio al Mejor Actor fue para el argentino Osmar Núñez, por La mirada invisible, de Diego Lerman.

El premio a Mejor Actriz fue compartido por  Nanda Costa, Amanda Diniz y Kika Farias, todas ellas participantes de la cinta brasileña Sonhos Roubados, de Sandra Werneck.

El Premio del Público fue para 5 x Favela, otra reunión de cortometrajes, esta vez cinco, de 20 minutos cada uno, producido por Carlos Diegues.

El premio El Abrazo al mejor cortometraje fue para Los Minutos, las Horas, de la brasileña Janaina Marquez Ribeiro.   Y El Abrazo al mejor documental fue para otra cinta brasileña Diario de Uma Busca, de Flavia Castro.