Posts Tagged ‘Ferrer’

“Guten Tag, Ramón”, relato migrante en Alemania de Jorge Ramírez-Suárez

agosto 21, 2014

Relacionarnos a pesar de los límites del idioma

Por José Juan Reyes

Las historias sobre los migrantes mexicanos que enfrentan la adversidad en el extranjero, lo mismo una lengua que no dominan que una cultura que desconocen, encuentran un punto de quiebre en Guten Tag, Ramón, filme en el que un adolescente, harto de sus infructuosos intentos por ingresar a los Estados Unidos, decide arriesgar el todo por el todo y trasladarse al norte de Alemania, donde a la lengua y a las costumbres ajenas, habrá de añadir el crudo invierno, en su lucha por la subsistencia.

Guten Tag 1

 

Podría afirmarse que entre la abundante producción cinematográfica mexicana, existe un subgénero que aborda el fenómeno de la migración, por lo regular desde su perspectiva más dramática, desde los tintes más trágicos. Pero existen excepciones. Como la del director mexicano afincado en Alemania, Jorge Ramírez-Suárez, quien realizó una aproximación distinta con el filme Guten Tag, Ramón (México-Alemania, 2013).

La película narra la historia de un joven mexicano que, ante la imposibilidad de cruzar la frontera con Estados Unidos −lo ha intentado cinco veces y siempre ha sido deportado−, decide probar suerte y viajar a Alemania, país al que también puede llegar como ilegal, sin tener que enfrentar a los agentes migratorios. Sin embargo, las cosas no resultan como lo había planeado y, tras fracasar en su intento de contactar con la tía de un amigo que lo iba a recibir y a conseguirle empleo, comienza para él un periplo casi tan dramático y complicado como los que ha sufrido en América, pues acaba por vivir en la calle.

El personaje de “Ramón” es interpretado por Kristyan Ferrer. El resto de los roles protagónicos recaen en Arcelia Ramírez (“Rosa”) y Adriana Barraza (“Esperanza”), por la parte mexicana y de Ingeborg Schöner (“Ruth”), y Rüdiger Evers (“Karl”), entre los alemanes.

Una vez caído en desgracia, Ramón intenta adaptarse a las circunstancias con lo que tiene a mano, enfrenta el tremendo frío invernal europeo y comienza, como todo buen migrante mexicano, a buscar una manera de encontrar la subsistencia. En esta empresa fallida, tiene la fortuna de conocer a Ruth, una anciana jubilada dispuesta a ayudarlo más por curiosidad que por compasión, pues un migrante mexicano en su país es tan raro como encontrar a un alemán en el centro de ciudad Neza.

El planteamiento de Ramírez-Suárez está repleto de sutilezas en su narración fílmica, que inician desde la ubicación del lugar donde se desarrolla el relato: un pequeño pueblo del norte de Alemania en el cual todos se conocen. Sin buscar el sentimentalismo y con un humor ligero más tendiente a la reflexión, el cineasta explora las posibilidades retóricas y dramáticas con que se puede abordar el fenómeno de la migración.

La película, filmada en Durango y en Wiesbaden y Fráncfort, Alemania, es una producción de Beanca Films y MPN Cologne Film 3, cuenta con apoyo del Fondo de Inversión y Estímulos al Cine (Fidecine) y del estímulo fiscal Eficine. Con distribución de 20th. Century Fox, estrenará en la cartelera mexicana el jueves 21 de agosto.

“Mi caso es casi como el de Ramón −nos dice el director en entrevista−, porque vivo en Alemania desde casi diez años y cuando llegué me pasó que el idioma era una verdadera barrera y limitante para comunicarme con las personas locales. Pero también encontré que ellos tienen una visión distinta respecto a los migrantes, que si bien a mayoría que llegan a sus tierras provienen de otras partes del mundo, no es una situación tan grave como lo que ocurre entre Estados Unidos y el resto de América Latina, lo cual sabemos es verdaderamente trágico en la mayoría de los casos, pero con en ocasiones tiene un lado agradable.

“Ese aspecto era el que me interesaba abordar en esta ocasión. Es cierto que de nuestra parte las referencias que tenemos del mundo germano están fuertemente vinculadas con el nazismo, tanto por la importancia de la Segunda Guerra Mundial en todo el mundo occidental, como por la manera en que el cine de Hollywood nos ha hecho creer que, luego de esa confrontación, los alemanes son los malos del mundo. Actualmente, la alemana es una sociedad llena de contrastes, como ocurre en todas partes del mundo, incluso en México, con problemas similares, con la migración como un fenómeno cotidiano, sólo que ellos tienen servicios de salud eficientes, programas de para pensionarse cómodamente −algo que no existe en nuestro país−, así que esa imagen que tenemos de ellos no es del todo acertada. De ahí que ubicar esta historia en ese contexto resulta creíble y abre la posibilidad de reflexionar acerca de la relaciones humanas en nuestra época”.

Nacido en la Ciudad de México, Jorge Ramírez-Suárez estudió Arte y Ciencias Políticas en la unam, además de fotografía en la Escuela Activa de Fotografía (EAF) y cine en el Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), donde inició como asistente de director y productor, antes de dedicarse a la dirección, con las películas Morena (México, 1995); Conejo en la luna (México-Reino Unido, 2004); Amar (México, 2009), y el cortometraje “Elevador”, uno de los cuatro que conformaron el largometraje Los inadaptados (México, 2011).

En su más reciente filme, el realizador hace que sus personajes enfrenten juntos las barreras idiomáticas a través de mímica, dibujos y gestos, para resaltar así la forma cómo los seres humanos comparten símbolos universales sin importar su género, raza o nacionalidad. De esta manera destaca el vínculo entre México y Alemania por medio de su música, gastronomía y baile, para dotar así a la cinta de momentos claroscuros que van del drama al humor en situaciones marcadas por el estilo nacional de resolver los problemas.

“Contar esta historia me parece oportuno, es una manera de resaltar que los seres humanos somos muy parecidos, sin importar en qué parte del mundo estemos, que las diferencias existen, pero no son como nos las presentan los medios en la actualidad, es decir, no todos somos malos ni todos somos buenos. Los alemanes desde luego tienen su propia forma de ser, contrastante con la nuestra en el sentido de que no son tan abiertos como nosotros; el racismo existe claro, pero también en México, sólo que nosotros no lo reconocemos. Lo importante aquí es la posibilidad de relacionarnos a pesar de los límites que implica hablar idiomas diferentes”.

Guten Tag 2

Este artículo forma parte de los contenidos del número 35 de la revista cine TOMAde julio-agosto de 2014. Consulta AQUÍ dónde conseguirla.

Guten-Tag-Ramón-poster

 

Anuncios

Los mundialistas “Días de gracia”, de Everardo Gout

abril 16, 2012

La relación entre personas de uno

y del otro lado de una pistola

Por Sergio Raúl López

Es tan vasta la alienación que puede provocar el futbol durante un encuentro mundialista que incluso coadyuva a la disminución de las acciones delictivas. Así de definitiva puede ser la influencia de un deporte transformado en espectáculo de consumo masivo. Elegido como motivo, la Copa del Mundo permite entretejer tres historias paralelas de secuestro.

Las desventuras y sufrimientos de la selección mexicana en las sucesivas Copas del Mundo de Corea- Japón en 2002, Alemania en 2006 y Sudáfrica en 2012, frente a las representaciones nacionales de distintas potencias del balompié, no sólo paralizan al país y enriquecen a las televisoras que las transmitieron, sino también provocan que los índices de criminalidad decrezcan.

El fenómeno, por supuesto, debe incluir a la boyante industria del secuestro, cuyas víctimas y victimarios acaban irremisiblemente atrapados por el melodrama ocurrido durante 90 minutos de frustraciones y desgracias sobre el pas- to, en la compleja y ambiciosa primera película del director mexicano Everardo Gout, Días de gracia (México-Francia, 2011).

Entrelazando de manera oscura tres casos paralelos de secuestro, ocurridos en momentos y Mundiales distintos, con diferentes víctimas y victimarios, casas de seguridad, circunstancias y temporalidades, pero que de entrada parecen el mismo caso, igual crimen e idénticas circunstancias, en un ejercicio de pretendido virtuosismo que acaba provocando confusión. Y es que detalles sólo visibles en el trazado argumental, revelado hasta el final, distancian los capítulos y consiguen despertar más interrogantes e interpretaciones sueltas que suspenso y misterio.

Aunque el gran protagonista sea el actor Tenoch Huerta, es acompañado por un amplio elenco coral: Carlos Bardem, Dolores Heredia, Kristyan Ferrer, Eileen Yáñez, Mario Zaragoza, José Sefami, Dagoberto Gama, Harold Torres y Gustavo Sánchez Parra, entre otros, para lograr integrar una compleja trama en la que se suturan y se imbrican personajes, tiempos y lugares de una similitud tal que juegan con la confusión del espectador.

Con estudios en el CUEC de la UNAM, en la Academia de Cine de Nueva York y el Instituto Cinematográfico de Hollywood, el director mexicano -sobrino del guionista y director Alberto Gout- ha producido cortometrajes, documentales, comerciales y videos musicales. Estrenada fuera de competencia en la Sección Oficial del 64 Festival de Cannes, Días de gracia, que le llevó cuatro años de trabajo, ganó el Mayahuel a Mejor Director y una Mención Especial por Música Original en el pasado Festival de Guadalajara.

La cinta se estrenó en cartelera el viernes 13 de abril.

-¿Cómo concibió y estructuró estas tres historias en torno a las Copas del Mundo del 2002 al 2010?

-Por lo mismo que afirmamos al inicio de la película: el Mundial de Futbol es un “tiempo santo donde todo vale”. Son 30 días en los que, según las estadísticas, la criminalidad baja 30 por ciento. Al final de cuentas, pasa un Mundial y luego otro y al final casi puedes brincar en el tiempo, pero siempre le irás a México y se va a enfrentar a los mismos equipos, te vas a apasionar y vas a estar inmerso en ese mundo. Entonces puedes jugar con la idea de que estás suspendido en el tiempo y subirte a esta idea universal de que estamos en tiempo de Mundial para luego aterrizar en la duda qué Mundial es, y otra vez para arriba y para abajo. Es una herramienta narrativa que a mí me funcionó mucho para contar esta historia.

-Se representan etapas distintas de un mismo personaje, pero el resto son historias en espejo de los otros personajes, lo cual es muy complejo a nivel narrativo y muy riesgoso…

-El riesgo era mayúsculo, pero teníamos el compromiso de meterle honestidad, dedicación y entrega. En ese sentido, todo se vale mientras te la tomes en serio y hagas tu investigación. Días de gracia no es una película que me encontré viendo un periódico, sino es un compromiso más profundo. Y de eso se trata. El crimen es como una hidra: le cortas una cabeza y salen cuatro. Así está pasando en México y en el mundo entero. Por otro lado están los ecos de las sensaciones, porque a final es una historia de sentimientos, de la textura, de la materia humana, del amor, de lo que ocurre cuando ese amor se ve confrontado a una situación extrema. De eso va la película, de la condición humana, más que de la violencia, y entonces encuentras ecos y espejos que al mismo tiempo son atemporales y luego son antagónicos. Me gusta que sea como un truco de magia, porque entras a la película viendo ciertas características en un género muy identificable, con protagonista y antagonista, y terminas viendo una película con otro género donde los personajes cambian de rol por las situaciones de la vida. Eso es riquísimo, porque puedes replantear las decisiones que tuvieron de una manera abstracta y filosófica.

-¿Qué tan amplia fue la investigación, qué tanto abarcó?

-Tengo más de cien horas de entrevista con todo tipo de personas que conforman este thriller y esta trama, además de mucha investigación escrita. De todo, figuras públicas y vecinos. Todo empezó cuando secuestraron a una persona que conozco y se logró autoliberar a fuerza de hablar con sus captores, los convenció de que la única manera de solucionar el asunto era dejándolo salir a él. Y eso me intrigó muchísimo: cómo es la relación humana entre personas que están de un lado y del otro de una pistola. De qué hablas y cómo le haces. Vimos a su esposa en esos días, y no se le notaba su angustia; me enteré varios días después de que su marido estaba secuestrado en el momento en que la vi. Me hizo reflexionar cuáles son los mecanismos morales y de protección que necesitas para salir adelante y buscar quiénes son las personas que logran sobrepasar eso. Piensas que tú estarías llorando en un cuarto, destrozado, durante 48 horas aunque el día tenga 24, una hora por cada ojo. Me di cuenta que es una lucha a tan largo tiempo que a fuerza necesitas lograr los mecanismos para salir. Es muy interesante.

Diferencias intuitivas y emocionales

Un velo de incertidumbre impide diferenciar por completo los tiempos cruzados en los que se relatan los sucesivos secuestros que comprende el argumento de Días de gracia. Tanto las familias como las bandas de secuestradores, la servidumbre, los corruptos cuerpos policiales y el transformado personaje principal se difuminan en un todo y solamente son detalles técnicos los que diferencian cada historia.

Cada una fue filmada por el cinefotógrafo Luis Sansans con tres formatos distintos: 16mm apaisado con lentes ana- mórficos rusos -de relación 4:16-; otro más con cámara de súper 8, con mucho movimiento y tomas fragmentarias, y el tercero en súper 35mm, con telefotos y profundidad de campo comprimida.

Además, se encargó música incidental para cada segmento a destacados compositores: Nick Cave y Warren Ellis -colaboradores de Wim Wenders y de cintas como The Proposition-; Atticus Ross, Leopold Ross y Claudia Sarne -Atticus ganó el Oscar en 2011 por La red social, junto con Trent Reznor-, y Shigeru Umebayashi -compositor japonés y colaborador regular de los cineastas de Yang Ximou y Wong Kar Wai-; además, el tema principal es un arreglo al “Summertime”, de la ópera Porgy & Bess, de George Gershwin, de Robert de Naja y Tim Goldsworth -integrantes de Massive Attack-, cantado por la estrella australiana Scarlett Johansson.

Y la edición final -que contiene escenas originales autorizadas por la FIFA y las televisoras- fue confiada al francés Hervé Schneid, quien ha sido responsable del montaje de filmes como Delicatessen, Amelie, La Ciudad de los Niños Perdidos y Alien, resurrección, para Jean Pierre Jeunet, con quien el director mexicano compartió largas jornadas de trabajo en París.

-La película fue creciendo sola y nos fue dictando lo que necesitaba -explica Gout-. Es raro pero muy bonito atestiguar cómo el proyecto va cobrando vida y señalando sus propias necesidades. Yo tenía claro que eran tres historias con tres estéticas y tres formatos de filmación, eso lo tenía muy planchado. En mi ideal quería tener tres músicas distintas, porque quería que se sintiera ese cambio temporal más en lo intuitivo y en lo emocional que en lo intelectual. No teníamos claro qué músicos, lo que sí sabía es que estos tres, en específico, me habían ayudado a la inspiración de la película y los compartía con el equipo. Más tarde todos se subieron en este barco ambicioso y me decían lo mismo, que nunca habían hecho una película con tres compositores en la que cada uno tiene las herramientas y la responsabilidad de llevar una parte de la película.

Este artículo se publicó originalmente en la sección de cultura del diario El Financiero (16/IV/2012).