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Ernesto Contreras, próximo presidente de la AMACC

septiembre 7, 2017

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Ernesto Contreras en la alfombra roja de la LVII entrega del Ariel. 

Foto: Pedro González Castillo.

El realizador veracruzano Ernesto Contreras fue electo por mayoría de votos como el siguiente presidente de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas A.C. (AMACC), en sustitución de la actriz sudcaliforniana Dolores Heredia, en la Asamblea General realizada el martes 5 de septiembre. De esta manera, el primero de noviembre iniciará su periodo de dos años en el cargo, entre 2017 y 2019.

Dolores Heredia fue presidenta de la AMACC desde el 2015 hasta ahora, en el cargo previamentehan sido presidentes del organismo Blanca Guerra (2013-2015), Juan Antonio de la Riva (2013), Jorge Sánchez Sosa (2012-2013), Carlos Carrera (2010-2012), Pedro Armendáriz Jr. (2006-2010), Diana Bracho (2002-2006) y Jorge Fons (1998-2002).

La incorporación de creadores cinematográficos a la AMACC ocurrió a partir de la reestructuración de la AMACC, en 1998, cuando el organismo dejó de ser regido por personas morales –representantes de instituciones gubernamentales como el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, el Instituto Politécnico Nacional, la Cámara Nacional de la Industria del Cine y el Instituto Mexicano de Cinematografía–, como ocurrió desde que fue reactivada durante el sexenio del presidente Luis Echeverría Álvarez, en 1972.

Debido a problemas internos, la Academia original había dejado de funcionar en 1958, a escasos 12 años de su fundación, el 3 de julio de 1946, por escritores (Celestino Gorostiza, Carlos Pellicer, Juan Manuel Torre), pintores (Dr. Atl), cinefotógrafos (Gabriel Figueroa), abogados (Carlos Carriedo Galván, César Santos Galindo, Eugenio Maldonado, Antonio Castro Leal), compositores (Ignacio Fernández Esperón “Tata Nacho”, Eduardo Hernández Moncada), periodistas (Oswaldo Díaz Rúanova, Fernando Morales Ortiz, José María Sánchez García), actores (Fernando Soler, Ángel Garasa Bergés), productores (Raúl de Anda,Jorge Fernández), escenógrafos (Manuel Fontanals, Jorge Fernández), profesores (Adela Formoso de Obregón Santacilia), directores (Alejandro Galindo, Adolfo Fernández Bustamante), entre otros entusiastas.

El próximo presidente de la AMACC, Ernesto Contreras, nació en Veracruz y egresó del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) de la  UNAM. Su trabajo de tesis Los no invitados (México, 2004), ganó el Ariel a Mejor Cortometraje de Ficción. Su primer largometraje Párpados azules (México, 2007), compitió por la Cámara de Oro en el sexagésimo Festival de Cannes y fue reconocido como Mejor Película Iberoamericana, Mejor Guión y con el Premio Mezcal en el vigésimo segundo Festival Internacional de Cine en Guadalajara, además del Ariel a Mejor Ópera Prima y el Premio Especial del Jurado del Festival de Sundance. A este seguiría el largometraje documental Seguir Siendo: Café Tacvba (México, 2010), en codirección con José Manuel Cravioto, sobre los veinte años de la banda de rock del título. Las oscuras primaveras (México, 2015), logró el Ariel a Mejor Edición, Sonido y Música Original, así como el Gran Premio del Jurado a la Mejor Película y Mejor Actuación en el trigésimo segundo Festival Internacional de Cine de Miami. Dirigió el episodio “El Erotismo” protagonizado por Irène Jacob, en el largometraje de ficción La habitación (México, 2016), de Machete Producciones. Su tercer largometraje de ficción, Sueño en otro idioma (México, 2017), ganó el Premio del Publico en el Festival de Sundance así como el premio Guerrero de la Prensa en el trigésimo segundo Festival de Guadalajara. Desde 2011 es Miembro Activo de la AMACC. Ha sido asesor de guión y realización para el Imcine  y el CUEC y ha participado como jurado en diversos festivales nacionales e internacionales.
EC-AMACC

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Murió Jorge Pantoja, ex coordinador del Cine Club de Guanajuato

abril 21, 2016

El maestro Jorge Rogelio Pantoja Merino murió el jueves 21 de abril, en la ciudad de Guanajuato Capital, donde se encontraba hospitalizado. Dueño de una amplia cultura fílmica y general, además de promotor y programador cinematográfico, ejerció la crítica –la recensión, solía precisar–, además de funcionario y escritor.

Sus restos serán velados en el Parque Funerario Guanajuato –velatorios del ISSEG–a partir de las 20:30 horas y se le realizará  una misa en la Basílica de Guanajuato mañana, viernes 22 de abril, a las 13:00 horas.

El maestro Pantoja Merino fue coordinador de Radio Universidad y del Cine Club de la Universidad de Guanajuato, así como del Área de Cine y de Relaciones Internacionales de Canal Once del Instituto Politécnico Nacional. Fue director general de TV-4 (2001-2006) y consultor de programación de Muestras y Foros de la Cineteca Nacional de México, así como coordinador del área de cine del Festival Internacional Cervantino (FIC). Además, fue asesor de programación de TV-UNAM, productor de la serie “La Música en el Cine”, en Radio Universidad de Guanajuato, y jurado del Festival Internacional de Cine Guanajuato (GIFF). Fue autor, entre otros libros, de Hojas de cine a vuelapluma, Alfaguara del cine silente y Trasuntos de cine.

Jorge Pantoja Merino 3

Para rendirle un modesto homenaje, reproducimos el texto que publicó en el número 32 (enero-febrero de 2014) de la revista Cine Toma: Los otros ojos. Historias en torno a los cineclubes y las salas alternativas.  

Tributo a don Eugenio Trueba Olivares en el 55 aniversario del Cine Club de la Universidad de Guanajuato

El Cine Club es Guanajuatense

Por Jorge Pantoja Merino

Durante largos años, el Cine Club de la Universidad de Guanajuato no sólo fue el único que poseía un proyector de 35mm en su sala emblemática, el Teatro Principal, sino que se constituyó como paradigma de la libertad, en su programación, y de la vanguardia, respecto a los filmes que presentaba. Con motivo de su quincuagésimo quinto aniversario, uno de sus directores emblemáticos, Jorge Pantoja Merino, aborda los orígenes del cineclubismo y su influencia en México.

Con celo y vigor, Eugenio Trueba Olivares —sinónimo de la cultura universitaria de Guanajuato—, en la década de los años cincuenta, se dio a la tarea de contemporizar nuestra casa de estudios con el siglo XX. Por poco sensato que parezca, se interesó en transfundir, es decir, inyectar sangre cosmopolita a una provincia somnolienta y acorchada, aun con el riesgo de sacudir sus rígidos estamentos.

Lo que para algunos —cuando fugazmente se planteaban la cuestión— era una entelequia, él la cristalizó rápidamente en aciertos: instituyó el Cine Club Universitario, como antes se erigió en fundador de la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato (OSUG) y de Radio Universidad de Guanajuato, e insufló la continuidad de la compañía de Teatro Universitario de Guanajuato. Lo suyo se tradujo en ruidos pasmados que llenaron y llenan los corros y corralitos universitarios de plumas y revuelo.

Cada periodo histórico produce una forma artística nacida de la tecnología del momento; el cinematógrafo es el icono del siglo XX, no obstante, no se hizo de la escena apenas aparecido. A través de halagos y engaños empezó a camelar el gusto y la voluntad popular; al tiempo que, con desdén, fue puesto a un lado, cual material de derribo o infecto, por los intelectuales y los letrados, a quienes en principio sólo propinó palos de ciego, aunque finalmente les echó el guante.

En México, no es ocioso señalar que el nombre de cine club no casa del todo bien con su verdadero origen. Para traer memoria únicamente de la producción silente, esta estructura, conformada por salas especiales, se expandió en Europa a partir de 1934, año en que este tipo de filmes dejó de proyectarse comercialmente. El año de 1929 marcó el advenimiento del cine sonoro, con Luces de Nueva York (Lights of New York, Estados Unidos, 1928), de Bryan Foy, hoy una reliquia arqueológica.

Por qué razón abandonó la Universidad de Guanajuato e, igualmente, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) la ascendencia original del cine club, es cosa clara: en el país no había acervo disponible de cine mudo, ya sea nacional o extranjero. El poquísimo, en manos de particulares, estaba en hibernación o, aún peor, en la morgue. Así que pareció más conveniente la poda que el pulido, aunque sigue sin rectificarse el equívoco.

Muy señorial, al más rancio estilo, es el cine club. Sin aspavientos, demuestra que su función es la de un carnero utilizado como semental. ¿Cómo es su nacimiento y desarrollo? En 1911, Ricciotto Canudo, poeta y crítico, señaló que el cine era “El Séptimo Arte” y fundó un club: Los amigos del Séptimo Arte.

Con el fin de la Gran Guerra (1914-1918) y la proyección de la filmografía de David W. Griffith, Thomas Ince y Mack Sennett, el cine se tornó de simple pasatiempo ameno y de solaz en una expresión universal.

Louis Delluc fue el primer crítico de cine, cuyo bagaje adquirió en los cine clubes; le entusiasmaba el cine, en especial el que no se prestaba a la distribución comercial, llamado otrora d´avant garde. En 1923, León Moussinac fundó El club francés del cine, así se establecieron las primeras salas de arte y ensayo. Con la égida, en 1924, Jean Tedesco convirtió el Théâtre du Vieux Colombier, en París, en sala de cine, proclive, entre otras cinematografías, a la soviética. En 1925, el Studio des Ursulines, de tradición teatral, se inauguró como cine club con La calle sin alegría (Die freudlose gasse, Alemania, 1925), de Georg Wilhelm Pabst.

En 1928, Studio 28 expresó la consigna de exhibir cine experimental, del que dio muestra con Napoleón (Napoléon, Francia, 1927), de Abel Gance. No dio tumbos en sus sesiones, atrapó público, ganancias y buena prensa; aunque no salió indemne de la proyección de La edad de oro (L’Âge d’or, Francia, 1930), de Luis Buñuel, que la derecha abacial y política recibió con mala leche, destruyendo en mucho el recinto, la pantalla y una exposición pictórica, colocada en el recibidor, con obras de Salvador Dalí —coguionista de la cinta junto con Buñuel— y de Max Ernst.

Jean-Paul Le Chanois, miembro del Groupe Octobre, patrocinado por Les Amis de Spartacus, tomó la iniciativa de darle cabida al cine soviético, prohibido entonces, y presentó El acorazado Potemkin (Bronenosets Potemkin, Unión Soviética, 1925), de Serguéi Eisenstein, cuya copia fue incautada por la policía en la primera función; fue hasta 1982 cuando este filme fue legalmente autorizado a tener corrida comercial en Francia. Tras los estropicios, Le Chanois, desafiante, se impuso otra carga pesada, un tártago, y exhibió La madre (Mat, Unión Soviética, 1926), de Vsévolod Pudovkin. De todos los títulos citados, la mayoría se ha proyectado en nuestro Cine Club Universitario.

La batalla final

Henri Langlois (1914-1977) provenía de una familia de militares y periodistas. Con la presión encima, a los 20 años aún no sabía por dónde jalar. En compañía de su amigo Georges Franju, más tarde crítico y cineasta, pasaba la jornada en los cine clubes, discutiendo lo que veía.

Ya entonces, hablaba de la fundación de una cinemateca en dónde poner a resguardo filmes de importancia histórica, poco o nada conocidos por la nueva generación de cinéfilos debido a su extracción silente. Se puso a buscarlos; algunos los encontró en estado calamitoso, otros eran cenizas y polvo, acumuló el resto. Creó una regla de oro: no sólo se debe rescatar del olvido a la filmografía consagrada, sino también a la despojada de este halo.

En 1935, Langlois y Franju crearon su propio cine club: El círculo del cine. Del mismo modo que una cuchara, que es la única que conoce el fondo de una taza, despojaron a su agrupación, por inútil, de la tarea de emprender un debate tras la proyección de una cinta. Enmendar es saber; esta decisión —la de prescindir del cinedebate— es la que hoy permea la actividad del Cine Club de la Universidad de Guanajuato y, entre otras, también la de la Cineteca Nacional.

Cada proyección giraba en torno a un tema específico y se informaba al público cuándo y cómo se había realizado el filme. Langlois cortaba los boletos y, a veces, conducía al espectador a su asiento. Para Henri Langlois, lo importante de un cine club no es el espectador o el cineasta, sino la calidad de la proyección, no siempre respetada por el cácaro —o proyeccionista— y, a veces, olímpicamente ignorada por el curador mismo. El cine club también debe ser laico.

Estas influencias del fundador de la Cinémathèque Française y otras similares son las que el Cine Club de la Universidad de Guanajuato ha heredado. Recala en unas y desatiende las demás, intentando siempre tocar una meta en que se deben tomar distancias. Sin embargo, la distancia que los cinéfilos no aceptamos es que se nos haya despojado de la sede cine clubista por antonomasia, el Teatro Principal de Guanajuato —actualmente, el Cine Club de la Universidad de Guanajuato proyecta películas en el Auditorio Euquerio Guerrero, ubicado en el antiguo Hospicio Jesuita. ¿Vivaldi y Wagner son más ambiciosos, relevantes e inteligentes que Jean Renoir, Carl Th. Dreyer, Michelangelo Antonioni, Luis Buñuel, Federico Fellini, Robert Bresson, Ken Russell, Béla Tarr y Michael Haneke? ¡Claro que no!

El cine, a decir de Susan Sontag, es francés. En México, con una sostenida propuesta desarrollada por la Dirección de Extensión Cultural de esta alma mater —ahora bajo la égida de Mauricio Vázquez—, el cine club es guanajuatense y, en su momento, superior en miras y realizaciones a su símil de la UNAM.

Por su nacimiento, desarrollo y permanencia, esta institución hoy reconoce a un santo patrono con vestiduras de seglar, don Eugenio Trueba Olivares. Asentemos: el maestro Trueba Olivares no sólo es un hombre de cine, es un hombre renacentista, sin exageraciones ni exégesis, que se ha plantado en medio de la vida para arrojar semillas de inquietud y, con ellas, formar y reunir feligreses de un evangelio: el de la cultura.

En esta fecha, nos toca remozar el fruto de una parte de su empeño, el cine club, en el que separamos el grano de la paja. Ese grano, esa mies, más pronto que tarde, ha de reunirse en una filmoteca.

Mi reconocimiento, maestro Trueba.

Nota bene: Discurso leído el lunes 7 de octubre de 2013, durante el acto conmemorativo del quincuagésimo quinto aniversario del Cine Club de la Universidad de Guanajuato —inaugurado el 4 de octubre de 1958, en el “Auditorium” (actual Auditorio General), con la proyección de la película El gran vals (The Great Waltz, Estados Unidos, 1938), de Julien Duvivier—, evento realizado en el Auditorio Euquerio Guerrero, de la Universidad de Guanajuato, en presencia del actual rector, doctor José Manuel Cabrera Sixto; del ex rector, el licenciado Eugenio Trueba Olivares, y de los ex coordinadores del Cine Club.

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Blanca Guerra es la nueva presidenta de la AMACC

agosto 3, 2013

Manifiesto y actividades para 2013 de la Academia Mexicana de Cine

diciembre 8, 2012

AMACC Man 2

La mañana del jueves 6 de diciembre, en la Casa Lamm, se presentó el nuevo Comité Coordinador de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas A.C. (AMACC), cuyo presidente es el productor Jorge Sánchez Sosa, quien será acompañado por el director Juan Antonio de la Riva, como secretario; el director Armando Casas, como tesorero; el documentalista Everardo González y la actriz Dolores Heredia como vocales, además de una Comisión de Fiscalización integrada por la productora Mónica Lozano, la directora de arte Lorenza Manrique y el director José Buil.

Esta renovada administración de la AMACC tiene variados y muy ambiciosos proyectos, el primero de ellos, proseguir con el aumento presupuestal mediante los etiquetados realizados en la Cámara de Diputados, que para el 2012 fue de 11 millones de pesos y se pretende aumente para el 2013 en 18 millones 750 mil pesos. Además de evitar que se repita que los recursos lleguen al organismo unos pocos días antes de la ceremonia de entrega de los premios Ariel, como ocurrió ahora en que el Conaculta liberó los recursos apenas tres días antes.

Además de la realización de la quincuagésima quinta ceremonia del Ariel, y de la nominación de los filmes que representarán a México en la octagésima sexta entrega de los premios Oscar de la Academia de Estados Unidos, así como de la vigésimo octava premiación del Goya, de la Academia Española, se planean muchas más actividades.

Entre ellas se encuentra la organización de un Foro por el cine mexicano en abril de 2013, además de un Foro de contenidos digitales, en septiembre de 2013; un Encuentro de Academias de Cine Iberoamericanas o Latinoamericanas enmarcado en el  vigésimo octavo Festival Internacional de Cine de Guadalajara, en marzo de 2013.

También se impulsará la impartición de Clases Magistrales y Talleres Educativos ofrecidas sus miembros, durante buena parte del año.

Quizá la parte más ambiciosa del programa sea la referente a la difusión de la cultura cinematográfica, pues además de planear un programa de radio y otro de televisión, planean digitalizar un conjunto de películas ganadoras del Ariel y editarlas en video en formato DVD (La barraca, Enamorada, Los olvidados, Los Fernández de Peralvillo, El Camino de la vida y Tizoc), así como ponerlas a disposición del público en Internet mediante el streaming. Además, se editará una Historia de la AMACC.

Se proseguirá la alianza con la Filmoteca de la UNAM para continuar el apoyo a la restauración de películas como ocurre este año con La mujer del puerto (México, 1933), de Arcady Boytler, así como con materiales poco conocidos del archivo Toscano así como de los Hermanos Alva. Además, se proyecta rescatar partituras de las piezas con que se han musicalizado filmes mexicanos.

A la reunión acudieron el cineasta Carlos Carrera, presidente saliente de la AMACC; Jorge Sánchez, Juan Antonio de la Riva, Mónica Lozano, Everardo González, Armando Casas, además de contar con la presencia de las actrices Diana Bracho, quien leyó el Manifiesto de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas, Blanca Sánchez y Arcelia Ramírez; el cineasta Ernesto Contreras, entre otros. Varios de estos miembros, lamentaron la escasa asistencia de sus compañeros a este acto de presentación del nuevo Comité Coordinador de la AMACC.

Por cierto que se estrenaron y presentaron los renovados logotipos de la AMACC así como la imagen del Ariel.

 

AMACC Man 1

 

Manifiesto de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas

Aquí estamos,

en la era de las multi pantallas,

aquí estamos.

En la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas participamos miembros de todos los sectores de la industria del cine nacional, desde 1947.

Es gracias a todos los integrantes del cine mexicano que éste sigue vivo y la gran paradoja es que muy pocas de sus películas llegan hoy en condiciones dignas a las salas cinematográficas de la República Mexicana.

El cine es arte de la memoria, testimonio de nuestro tiempo, identidad cultural, estética nacional, reflejo de la sociedad y visión de sus creadores.

Nuestras cámaras han registrado cada momento de la historia de México en el siglo XX, sin ellas, el país no tendría mirada.

México tiene una reconocida tradición cinematográfica, eso nos da sentido, pero el mayor activo de la industria somos sus creadores, dedicamos nuestra vida al cine.

Desde el origen del cine mexicano, tanto documental como de ficción, nuestras imágenes han conmovido y marcado el corazón de los espectadores. En 1896 nació el séptimo arte en México y en los siguientes años alcanzó tal importancia que llegó a convertirse en la segunda industria más relevante después del petróleo. No obstante, desde entonces el cine mexicano ha vivido un largo declive y grandes crisis.

En las últimas décadas el propio gobierno desmanteló la estructura de distribución y exhibición de películas y dejó al cine nacional sometido a los acuerdos del Tratado del Libre Comercio y a los intereses de empresas transnacionales con sede en Hollywood.

Se ha privilegiado a los sectores de la distribución y exhibición en detrimento de los productores y de la inversión económica del propio Estado Mexicano.

Las productoras nacionales, encabezadas por cineastas que ganan premios y prestigio para México en todo el mundo, casi nunca recuperan sus costos y, más grave aún, las obras no regresan a su destinatario principal: el público mexicano.

Necesitamos impulsar una nueva legislación y que se apliquen con rigor las leyes que hemos propuesto durante años para proteger la difusión y recuperación económica de las películas mexicanas.

Es necesario mantener y aumentar la producción de películas, pero producir más no consolida una industria. Necesitamos reconstruir el tejido de la distribución y exhibición del cine mexicano. Las actuales políticas públicas no propician el acceso mayoritario del público nacional a su propio arte cinematográfico.

Hemos estado aquí, en el oficio, los últimos cien años, el cine es arte e industria, se trata del rostro de la nación. Pasamos del cine mudo al sonoro, de la era analógica a la digital, del negativo al disco duro.

Por los que estuvieron,

por los que estamos,

por los que están llegando,

por los que vendrán.

En la era digital, nuestro cine exige más que nunca un lugar en sus propias pantallas, con su propio público.

Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas – AMACC.

Diciembre, 2012.

ESTATUILLA AMAC2

LOGO AMACC FINAL

Jorge Sánchez Sosa, nuevo Presidente de la AMACC

noviembre 3, 2012

Lo veo como un proceso de revitalización

Por Sergio Raúl López

Hace unas pocas semanas, la Asamblea General de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas eligió a Jorge Sánchez Sosa como nuevo presidente para un periodo de dos años. El sólo hecho llama la atención, pues rompe, de manera definitiva, el veto que había en el organismo hacia productores y funcionarios públicos, además de que ratifica la intención de abrir la institución que entrega el premio Ariel a la sociedad mexicana.

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La existencia misma de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas A.C. (AMACC) se encuentra plagada de vaivenes, de mutaciones y de modificaciones en su estructura y miembros e incluso en los distintos criterios con los que se designan a los ganadores anuales del premio Ariel, sin duda el más valioso reconocimiento con el que se reconoce al cine mexicano, por encima del que otorgan los festivales, las cámaras industriales, las asociaciones de críticos y las revistas del corazón y espectáculos, pues es otorgado por los propios creadores fílmicos, por el gremio de los profesionales que hacen las películas.

Es en ese contexto que resulta trascendente el nombramiento del productor y promotor cultural cinematográfico Jorge Sánchez Sosa como el nuevo presidente del Comité Coordinador de la AMACC, tras la votación realizada en Asamblea General el pasado martes 14 de agosto de 2012. De esta manera, relevará en el cargo al cineasta Carlos Carrera –quien presidía el organismo desde septiembre de 2010–, que había concluido ya el periodo lectivo para el que había sido elegido.

El asunto interesante en torno al arribo del ex director general del Festival Internacional de Cine de Guadalajara –cargo que ocupó durante cinco años, durante las ediciones de 2006 al 2010–, y que desde enero de 2011 es el director de la Casa del Cine MX, es que por primera vez que un productor cinematográfico arriba al cargo desde su la reestructuración que sufrió la AMACC en 1998, pues durante catorce años ni siquiera pudieron formar parte de los miembros del organismo y mucho menos votar. Actores, directores, diseñadores de arte, fotógrafos, músicos, sonidistas, editores, vestuaristas, eléctricos, asistentes de cámara, peinadores, guionistas, laboratoristas y hasta tramoyistas integraban la Academia Mexicana de Cine. Los productores, en resumen, habían quedado fuera, igual que los funcionarios.

Fue en agosto de 1998 cuando un grupo de 14 creadores cinematográficos sustituyeron a las personas morales que constituían la Asamblea General de la AMACC –que conformaban, por ejemplo, un representante del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, otro del Instituto Politécnico Nacional y uno más de la Cámara Nacional de la Industria del Cine, por citar algunos ejemplos–, cuya trayectoria y obra les avalara.

De este modo, los presidentes de la AMACC fueron, sucesivamente el realizador Jorge Fons, la actriz Diana Bracho, el recientemente fallecido actor Pedro Armendáriz Jr., y el citado Carrera, quien impulsó, finalmente, una apertura en la institución mediante la cual logró modificar sus estatutos e invitar a algunos productores como Mónica Lozano –de la Asociación Mexicana de Productores Independientes–, Jaime Romandía –de Mantarraya Films– y el propio Sánchez Sosa, además de Víctor Ugalde –como presidente de la Sociedad de Directores de Cine y Medios Audiovisuales– y de los directores de las instituciones que han ganado el Ariel de Oro: la Filmoteca de la unam, la Cineteca Nacional, los Estudios Churubusco Azteca, el Centro de Capacitación Cinematográfica y el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos.

Nacido el31 de mayo de 1950 en Córdoba, Veracruz, Jorge Sánchez cursó estudios de Sociología en la unam y de Cine en el Centro de Capacitación Cinematográfica (ccc), y ya para 1972 lo encontramos como coordinador del Cine Club Trashumantede la Universidad Veracruzana, en Jalapa, donde inició una trayectoria que le ha llevado a ser lo mismo cácaro que cónsul diplomático –en Río de Janeiro, Brasil–, pues ha desempeñado múltiples oficios y actividades en el séptimo arte. Además de productor de películas de afamados directores como Arturo Ripstein, Juan Carlos Tabío, Jorge Ali Triana, Guillermo del Toro, Alberto Cortés, María Novaro o Paul Leduc, fundó proyectos fundamentales para la cultura cinematográfica mexicana como Macondo, Zafra Video o el complejo de salas Cinemanía.

Si bien su cargo se hará oficial hasta la tercera semana de septiembre, cuando la votación sea validada ante notario, Jorge Sánchez Sosa accedió a perfilar brevemente algunos de sus proyectos y de sus opiniones en torno a la AMACC.

¿Qué opina tras atestiguar esta apertura en la AMACC hacia los productores, en la que por fin, luego de casi tres lustros, tienen voz y voto, y luego su elección como Presidente del Comité Coordinador del organismo?

La historia de la academia, que va a llegar ahora a los 55 años, ha sido muy accidentada, y yo creo que eso tiene que ver con esa exclusión que hubo en los últimos años relativa a los productores cinematográficos en su seno. Pero creo que se tomaron decisiones muy acertadas, tanto la Asamblea General, como su Presidente y su Comité Coordinador, que fue la de incluir a nuevos miembros, no sólo de la producción, sino también de instituciones muy prestigiadas de este país y que están relacionadas con el ámbito cinematográfico, tanto aquellas relacionadas con la formación hasta las abocadas a la preservación de la de la memoria audiovisual de este país, así como miembros de gremios relacionados con el cine, de los actores, las actrices, guionistas.

Yo lo veo como un proceso de revitalización de la Academia. Lo que Carlos Carrera hizo, junto con su Comité Coordinador, fue heroico –claro, es el director de El héroe (México, 1993), que ganó la Palma de Oro en Cannes, no esperábamos menos–, y esa revitalización tendrá que ver también con una actualización de la Academia frente a una realidad nueva, no muy clara, que consiste en este modelo económico en torno al cine que no se expresa, pero que puedes dilucidar a partir de analizar los datos de lo que está sucediendo. De esta manera concluyes que sin duda el ámbito de la producción ha crecido de una manera muy favorable, no es así en la distribución, la exhibición y la difusión.

Un problema persistente es que al Ariel se le denigra, se le considera un hermano menor y pobre del Oscar que otorga Hollywood y no como un premio importante en la región iberoamericana.

También creo que debemos tener una relación más activa con las academias iberoamericanas e incluso también con la Academia de Hollywood, por qué no; son modelos diferentes, pero tenemos que aprender también de esos procesos. Por otro lado la Academia no puede descuidar un objetivo fundamental, que es el de reconocer la calidad en el cine mexicano. Debemos convocar nuevamente a la comunidad cinematográfica a que valoremos juntos la importancia de un premio como es el Ariel. Ha habido situaciones problemáticas que se miran desde diferentes ángulos e intereses, relativos a esta premiación, que han sido muy significativas, a veces no tanto, pero sin duda debemos trabajar en darle la significación adecuada.

Incluso llegaba a tenerse la sensación de que la Academia se conformaba por una capilla muy cerrada de cineastas.

Primero vamos a proponer a la Asamblea General un Comité Coordinador que refleje esa pluralidad, que es la mayor virtud de la AMACC, para elaborar un plan de trabajo que someteremos a votación. También trataremos de regularizar esta relación que tenemos con las instituciones culturales y el Congreso de la Unión, para lograr la estabilidad económica que merece la Academia, de tal forma que se puedan implementar planes de trabajo relativos al proceso de selección y premiación al Ariel y por supuesto también para enviar el representante mexicano al Goya y al Oscar, además de que podamos profundizar en un trabajo de investigación, de formación y de difusión de aspectos relevantes del cine mexicano.

¿Cómo se imaginas la organización interna de la Academia bajo su presidencia?

Yo me imagino una Academia que tenga la agilidad y la claridad de propósito suficiente que nos permita asociarnos con terceros. No tenemos que crear un ogro inmenso al interior, pues hay instituciones, individuos, empresas que hacen un trabajo muy loable, muy respetable, en el ámbito del cine mexicano y no pretendemos duplicarlo, lo que además sería imposible, sino aliarnos para reforzar y trabajar juntos en esas actividades.

El Ariel, como premio principal en el cine mexicano, bien pudiera tener una mayor repercusión mercadotécnica. Este año las dos ganadoras principales, Días de gracia y Pastorela, reestrenaron en la cartelera comercial tras la entrega.

El principio del premio es el reconocimiento de la calidad cinematográfica y, a partir de esa base, creo que sin vergüenza alguna debemos procurar que tenga un impacto en el ámbito del público. Por gracia o por desgracia, esa relación con el público se establece a través de vías comerciales, que creo que pueden ser modificadas y, por otra parte, que las instituciones abocadas a difundir los bienes y los acervos culturales de este país, según lo dice la misma Constitución, cumplan de la manera más eficiente ese trabajo y creo que, a la vez, el Ariel puede dinamizar estas relaciones con el público al cual va dirigido nuestro cine.

Aunque ahora hay ciertos problemas, por ejemplo algunos productores, principalmente de animación, no inscriben sus filmes, y algunos miembros poco interesados en participar y menos en votar.

Otro objetivo es lograr que los procesos de participación ocurran de una manera más eficiente para todos y también lograr acercar a esos miembros de la comunidad cinematográfica, que por una u otra razón se han alejado de la misma. También poder reflejar esas intenciones, ese pensamiento, ese análisis que debemos hacer sobre nuestro trabajo en el ámbito cinematográfico y sobre la incidencia que tiene en el público, en el ciudadano, que es el que finalmente paga, por vía indirecta, sea a través de sus impuestos o pagando una entrada a un cine o suscribiéndose a un canal de televisión, y devolverle aquello que ellos han hecho posible, es decir, el cine nacional.

Este artículo forma parte de los contenidos del número 24 de la revista cine TOMAde julio-agosto de 2012. Consulta AQUI dónde conseguirla.

 

Carlos Carrera, presidente de la Academia Mexicana de Cine

mayo 7, 2011

La idea es hacer un sistema de elección más democrático

Por Guillermo Vega Zaragoza

La relación que el cineasta Carlos Carrera ha mantenido con la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas –ha ganado sus premios en siete ocasiones–, nunca fue tan cercana como ahora. Desde septiembre de 2010 es el nuevo Presidente del Comité Coordinador del organismo, en sustitución de Pedro Armendáriz, y busca democratizar y ampliar sus votaciones, difundir el cine mexicano y abrir el organismo al público.

Siete veces ganador del Ariel de Plata, cinco de ellas como director –la más reciente en 2010 por Backyard, el traspatio–, el cineasta Carlos Carrera (Ciudad de México, 1962), es el nuevo Presidente del Comité Coordinador de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas, A.C. (AMACC), que otorga año con año el máximo galardón del cine nacional, el premio Ariel. El realizador afirma que la AMACC es democrática y que ahora será más incluyente, con la ampliación de la participación en el proceso de selección y premiación no sólo a aquellos que hayan ganado el Ariel, sino también a los que hayan sido nominados por lo menos en dos ocasiones. Además, para analizar las cintas, los votantes se agruparán por especialidades.

Carrera llega a la presidencia de la AMACC, luego de que en septiembre de 2010 terminara el periodo de Pedro Armendáriz al frente de la institución. La Academia enfrentó en 2009 una acalorada polémica, cuando en la quincuagésima primera ceremonia de entrega del Ariel, el actor Daniel Jiménez Cacho leyó una carta presuntamente firmada por miembros de la “comunidad cinematográfica” en la que pedía a Armendáriz “refundar la Academia, acorde a los nuevos tiempos” y “revisar los mecanismos de selección de nominaciones”.

Fundada en 1946, en el momento cumbre del auge del cine mexicano –ese año se filmaron 85 películas–, la Academia agrupaba a los diversos gremios de la comunidad cinematográfica nacional, hasta que en 1998 fue reestructurada y pasó a estar integrada solamente por creadores cinematográficos.

En la siguiente entrevista, Carrera explica cuáles serán las novedades que integrará en su gestión al funcionamiento de la AMACC: “En 1998 –explica el director– cuando se reformó la Academia,  se hizo una consulta, salieron algunos nombres y desde entonces nos invitaron a participar. Empezó bien, sólida, con apoyo del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) en esa época. La AMACC siempre ha tenido proyectos diversos, los más visibles son las nominaciones al Ariel, que es el premio de mayor trayectoria histórica y uno de los más rigurosos. Hay otros proyectos que, si bien se han realizado a lo largo de su existencia, no han tenido la difusión suficiente, entre ellos ciclos de conferencias, colaboración con la UNAM, incluso una publicación que por motivos presupuestales no se ha realizado. Además de dar los premios Ariel y ser la institución que funciona como puente para enviar representantes mexicanos a los premios en España y Estados Unidos, la idea es convocar a proyectos de más largo plazo. Hacer, por ejemplo, un programa de radio y, eventualmente, buscar otra sede, que tenga un centro de atención y una sala de proyecciones abiertos al público en general”.

El tema de los Arieles es uno de los más polémicos para la Academia…

En relación con los premios, la idea es hacer un sistema de elección más democrático, si se quiere, pero conservando el rigor que ha caracterizado å la elección de los premiados. Si bien la Academia era antes un grupo reducido que decidía ternas y premios, después se abrió a que votaran todos los miembros que habían obtenido un Ariel, pero siempre ha habido esa sospecha de que los reconocimientos se deciden de manera muy cerrada. Lo que sí me consta es que la elección es muy rigurosa; todos los miembros que participaban en el proceso veían todas las películas, se hacia un estudio muy serio de las bondades de las películas, con la actitud de rescatar lo bueno y no tanto regodearse en los defectos. Eso me consta, pero no ha parecido ser suficiente para la comunidad y siempre ha habido polémica. Por eso, ahora la idea es incluir a más miembros de la comunidad para que también puedan ser parte del comité de premiación, además de los que han ganado un Ariel, que estén también los que han sido nominados por lo menos en dos ocasiones y que por razones diversas no lo han obtenido, pero que por su trayectoria y su conocimiento tienen la capacidad para participar en el análisis para decidir los premios. También, a partir de este año, el proceso de selección funcionará por especialidades, como sucede en otras academias del mundo; en el caso de los premios Ariel ya está organizado para ser así, pero para el representante al Oscar y al Goya se seguirá haciendo por votación directa de todos los miembros del comité de premiación.

Será un avance importante, porque se ha cuestionado que la selección y las premiaciones no han sido lo suficientemente plurales e incluyentes…

La selección ha sido tan incluyente que se toman en cuenta todas películas incluso las que tienen una distribución muy pequeña y se les reconoce por su calidad, no pesa cuál tiene más publicidad o más méritos de producción. Compiten al parejo películas con producción muy grande con películas independientes hechas de manera muy marginal. También se ha criticado que se califica como mejor película, por igual, a un documental y a una de ficción. En mi opinión, no hay un género mejor que otro, o menos importante que otro, y en esta época se están disolviendo las clasificaciones tan cuadradas.

Muchos creen el proceso de elección para el Ariel es similar al del Oscar, pero en realidad pocos saben cómo se hace. ¿Cómo es en la Academia Mexicana?

Por los estatutos se vota por las películas que se inscriben, que no necesariamente son todas las películas que se estrenan comercialmente, lo cual estaría bien, pero sólo se analizan las inscritas. Algunas películas importantes en su momento, como Y tú mamá también (2001, de Alfonso Cuarón), no se han inscrito, algunas en señal de protesta o algo así. Este año hay bastante participación, ya están en Internet las películas que se han inscrito. Es un trabajal, aunque algunos dicen que no hacemos nada. Somos 36 miembros activos y pueden votar alrededor de 600 que han obtenido el Ariel.

Pero también se dice que votan muy pocos…

A veces la participación es muy pequeña, por motivos de trabajo o lo que sea. Esperamos que este año sea mayor. La comunidad ha mostrado interés de participar en el proceso y ahora estamos abriendo la posibilidad de hacerlo de manera seria y rigurosa. En los premios siempre hay un ingrediente de subjetividad y es muy difícil ser totalmente justo cuando, una vez que se han cumplido ciertos criterios de calidad, se está premiando algo que depende de gustos personales.

¿Cómo es el proceso de votación?

Se hacen funciones de exhibición para que los miembros de la Academia vean las películas y se ponen a circular paquetes de DVD para los que no pueden asistir. Hemos insistido que es responsabilidad de los académicos ir viendo lo que se estrena de cine mexicano a lo largo del año. Desde el año pasado se puede votar por Internet, cuando antes se tenía que acudir a emitir el voto a la sede de la Academia. Subió un poco la participación, pero no tanto como debería ser.

¿Qué otros proyectos piensas impulsar?

Tenemos problemas de presupuesto, pero estamos buscando la manera de hacer más cosas. Es importante dejar claro que la Academia no pertenece sólo a los miembros activos sino a toda la comunidad cinematográfica y también al público. Por eso hay que buscar nuevas maneras para difundir el cine mexicano. Haremos un anuario de las películas que participen en las premiaciones de la Academia, porque no tenemos la capacidad de abarcar todo lo que se estrena. También sistematizaremos nuestro archivo y pondremos a disposición del público nuestra videoteca en cuanto podamos, porque nuestras instalaciones actuales no se prestan mucho para eso. A diferencia de otras academias, como la estadounidense y la española, la nuestra es una Academia muy joven, y al mismo tiempo que necesita ser independiente, necesita los recursos de las instituciones culturales. En España, el Ministerio de Cultura mantiene a la Academia de Cine, aquí en México cada año dependemos de la voluntad de las autoridades del Conaculta para otorgarnos recursos. Estamos buscando reestructurar el patronato para no depender de los dineros gubernamentales, pero ahorita está como en animación suspendida.

¿Cómo ves la renunciar de Alex de la Iglesia, presidente de la Academia Española de Cine, tras la promulgación de la Ley Sinde, que persigue a la gente que baje películas de Internet, llevó?

Es muy difícil controlar eso, por una cuestión práctica. Creo que pasados ciertos modos de distribución, las películas ya deberían pasar a ser de dominio público, pero sí es necesario algún tipo de regulación, aunque no sé cómo pueda implementarse. En Estados Unidos, cuando firmas un contrato, incluye cine, televisión y todos los medios habidos y por haber en el mundo, en la eternidad y en el universo (risas). Habría que considerar en los documentos legales todo el fenómeno audiovisual. Aquí estamos en pañales en los asuntos de nuevas tecnologías. En nuestra legislación es necesario ponernos al día para proteger los derechos de autor.

Este artículo forma parte de los contenidos del  número 15 de la revista cine TOMAde enero-febrero  de 2010. Consulta AQUI dónde conseguirla.