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El “Paraíso” con sobrepeso de Mariana Chenillo

julio 17, 2014

Encontrar a los actores es como conocer al amor de tu vida

Por Salvador Perches Galván

En el característico tono de comedia sutil y muy fino que caracteriza la filmografía de Mariana Chenillo, los conflictos y desventuras de una pareja que busca perder peso que propone su segundo largometraje, Paraíso, implicó un riguroso trabajo de maquillaje y prostéticos, que le permiten ofrecer una mirada crítica a la sociedad actual.

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El noviazgo de Carmen (Daniela Rincón) y Alfredo (Andrés Almeida) se remonta a la escuela secundaria, en la que fueron compañeros, y viven en Ciudad Satélite, una zona residencial periférica a la Ciudad de México, donde pueden mantener un buen nivel de vida y evitar las obsesiones urbanas por mantenerse en línea y presumir cuerpos perfectos. Su evidente obesidad no ha sido problema para ellos hasta que él cambia de trabajo y han de mudarse a la urbe, hecho que decide a Carmen a cambiar la fisiología y adelgazar a ambos, y los problemas de pareja iniciarán cuando uno sólo uno de ellos, Alfredo, consiga ir perdiendo kilos.

Esta es la premisa en torno a la cual se desarrolla el segundo largometraje de Mariana Chenillo, Paraíso (México, 2013), una comedia en torno a la creciente intolerancia de la sociedad contemporánea para con la gente gorda, en un ámbito de hiperconsumo y con modelos de conducta y de apariencia provenientes de la publicidad. Originaria de la Ciudad de México y egresada del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), Chenillo retorna a la comedia, un género que ya había explorado exitosamente en su ópera prima Cinco días sin Nora (México, 2008), merecedora de una veintena de premios, entre ellos Mejor Película en Biarritz y Mar del Plata, Mejor Director en Moscú, así como de seis premios Ariel a Mejor Película, Mejor Guión, Mejor Ópera Prima y Mejor Actor.

Luego de formar parte de la Sección de Largometraje Mexicano en la competencia oficial del undécimo Festival Internacional de Cine de Morelia, Paraíso, producida por Pablo Cruz y Canana, será estrenada en la cartelera comercial nacional, con distribución de Videocine.

Mariana, la comedia es un género que se te da muy naturalmente.

Creo que el humor es una herramienta para hablar de muchas cosas, entonces creo que sí, que las historias que quiero contar muchas veces tienen también esa necesidad de entrar al espectador por ese lugar.

Paraíso es una comedia inteligente, fina, no es el pastelazo o el chiste vulgar, que además sirve para criticar los vicios de la sociedad, además se torna medio ácida, medio amarga.

Esta película está basada en un cuento de una escritora mexicana, Julieta Arévalo, que Pablo Cruz, el productor, leyó hace muchos años, compartió conmigo y sobre el que empecé a trabajar, la verdad, sin tener muy claro hacia donde llegaríamos y el resultado final es muy diferente de lo que originalmente pensamos. Yo cambié varias cosas: el protagonista del cuento es él y en la película es ella, y creo que lo que empezó siendo algo que me compartieron, como una historia que no era mía, se volvió algo muy personal porque, cuando decidí que la mujer fuera la protagonista, empecé a tener que exponer cosas mías, a preguntarme sobre mis propios procesos, tanto profesionales como personales, cuando yo descubrí qué es lo que yo quería ser y cosas así, hasta elementos más íntimos de la pareja, de la intimidad, de la vulnerabilidad, de las cosas que son fáciles compartir y de cosas que son muy difíciles de compartir: el cuerpo, la imagen que uno tiene de uno mismo, la sensualidad y el sexo.

Sin que sea una película de género, el problema del sobrepeso es diferente para cada uno de ellos. A él no le preocupa la obesidad y logra enflacar muy fácilmente, a diferencia de ella. ¿Cómo conformaste tu elenco y a qué rigores sometiste al actor, para perder muchos kilos en pantalla?

En realidad sí fueron muchos rigores pero no para subir o bajar de peso, porque todo es un prostetico, es maquillaje, pero que requería mucho trabajo por parte de él, mucha disciplina, primero porque no podía subir ni bajar de peso nada, porque tenía un molde que se había hecho de su cara y no podía cambiar la forma y luego porque tenía muchas horas de maquillaje cada día todas las mañanas, primero para ponerlo y luego para quitarlo, eran muchas horas de trabajo extra porque también, a pesar de que el plan de rodaje tomaba en cuenta las horas de maquillaje, era imposible realmente trabajar con el sólo siete u ocho horas, que eran las que quedaban si restábamos el tiempo de maquillaje. Entonces Andrés si tuvo un trabajo muy riguroso y muy duro, físicamente. Y también ponerse, él mismo lo ha dicho, esta caracterización y este traje de mucho volumen también le significó ponerse en los zapatos del personaje de una manera muy vivencial, que creo que así como le estorbó, también le ayudo, y toda esa mezcla de cosas.

La protagonista me parece un gran descubrimiento, no creo haberla visto antes en cine.

Daniela estudió teatro en CasAzul y la encontramos por suerte, porque creo que no había nadie más que pudiera haber hecho ese papel y fue a través de un casting bastante masivo que se anunció en televisión y en Internet y luego ya con filtros, pero creo que acudieron más de mil mujeres y así llegamos a ella. Realmente creo que hace la película porque ella tiene algo hermoso, frente a la cámara es bellísima y su desempeño histriónico es inmejorable.

En tu primer largometraje, Cinco días sin Nora, tenías un reparto multiestelar , mientras en Paraíso, se trata de gente no muy conocida, aunque están José Sefami, Beatriz Moreno o Paloma Woolrich con pequeñas participaciones. ¿Por qué este cambio?

Creo que la historia lo necesitaba, sobre todo fue porque encontrar a los actores es como conocer al amor de tu vida, es como algo que crees que es una casualidad, que podía no haber pasado y que cuando ya pasó es como que no podía ser de otra manera. Entonces tener a Daniela y Andrés, es lo que la película necesitaba pero, por otro lado, también tenía la sensación de que si teníamos a figuras muy reconocibles, como que uno iba a decir: claro, el va a subir o bajar de peso, como que era más fácil saber leer de antemano hacia dónde iba a ir la historia y, en este caso, tener a dos actores que hicieran los personajes siento que ayudaba mucho a la historia. Creo que para que sean Carmen y Alfredo los personajes y no los nombres de los actores, aunque claro ellos tienen su trayectoria, Andrés es el actor de una serie de Televisa, Los héroes del norte y también tiene otras dos películas, tiene más experiencia.

Aunque sus partes son pequeñas, Luis Gerardo Méndez y Anabel Ferreira, están maravillosos también, en realidad si tienes muchos actores reconocidos.

Justamente los actores hacen estos papeles que son como apariciones de universos. Cuando estaba preparando la película me empecé a dar cuenta que eran como burbujas a los que uno se asomaba.

El universo de la mama judía con su hijo, que lo regaña por no haber ido a ver a la abuelita y por estar tan gordo. El universo del loco este, que es el maestro torturador del “¡pierde peso ya!”. O la otra que come pastel a escondidas; el universo de las mujeres gallegas, que en realidad son amigas y se juntan a cocinar y no son actrices, entonces para cada uno de estos universos había que encontrar los personajes que lo nutrieran y que fueran consecuentes en cada una de esas ventanas que quería contar.

En el Festival de Cine de Morelia estrenaste Cinco días sin Nora y Paraíso, además de La tienda de raya (México, 2010), cortometraje que formaba parte Revolución.

Morelia para mí es todo, porque todo lo que hecho en la vida se ha estrenado en Morelia, desde mis cortos de la escuela –el centro de capacitación cinematográfica– vinieron aquí y como que todos esos momentos te marcan el final de un ciclo y el principio de otro me han sucedido ahí, entonces es muy importante. También tengo otras experiencias, muchas expectativas que cumplir y espero que me traiga buena suerte ahora que la película se estrena.

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In Memoriam. Alfredo Joskowicz en el Centro Cultural Universitario

agosto 17, 2012

Con enorme cariño y agradecimiento la Universidad Nacional Autónoma de México y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, a través de la Filmoteca de la UNAM, del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos, el Instituto Mexicano de Cinematografía y el Centro de Capacitación Cinematográfica, le rinden homenaje al cineasta, educador y funcionario público Alfredo Joskowicz, fallecido el 6 de julio pasado. Su ejemplo de rigor y generosidad serán siempre un referente en la historia de nuestro cine.
A manera de homenaje se ha organizado un homenaje en el que participan Marco Julio Linares, Ángeles Castro, Flavio González Mello y Orlando Merino, con moderación de Armando Casas. La cita es el jueves 16 de agosto a las 18:00 horas en la Sala Carlos Chávez del Centro Cultural Universitario en Ciudad Universitaria (Insurgentes Sur 3000).
También los invitamos a leer una entrevista reciente con el maestro Joskowicz en el ENLACE.

Alfredo Joskowicz ha fallecido esta tarde

julio 6, 2012

Todos los integrantes de la revista cine TOMA, lamentamos profundamente el fallecimiento del querido maestro Alfredo Joskowicz, acaecido la tarde del jueves 5 de julio de 2012 en la Ciudad de México, quien fuera miembro activo del Consejo Editorial de la misma desde su fundación.

Hacía un sexenio que Alfredo Joskowicz Bobrownicki había abandonado definitivamente la administración pública para dedicarse de tiempo completo a la enseñanza, tanto en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) de la UNAM como en el Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) del Conaculta, y había retomado una de sus pasiones originarias: las artes pictóricas. Gracias a una beca se había adentrado en los vericuetos del arte contemporáneo y conceptual, que le desconcertaban, y sobre los cuales elaboraba un guión en que los contraponía con la pintura tradicional. No tuvo tiempo de ocupar nuevamente la silla del director, pues la leucemia que le atacó le causó la muerte, la tarde del 5 de julio.

Ingeniero en comunicaciones eléctricas y electrónicas por el IPN, Joskowicz  (Ciudad de México, 1937) ingresó como estudiante al CUEC en 1966 y ya nunca dejaría la institución, de la que fue profesor de tiempo completo, Secretario Académico y Director (entre 1989 y 1997). Y mantuvo una profusa carrera burocrática en la que dirigió el CCC (1976–1983), los Estudios América (1983-1985), los Estudios Churubusco-Azteca (1997-2000) y el Instituto Mexicano de Cinematografía (2000-2006).

Fue en el CUEC donde realizó sus primeros trabajos como cineasta. Fue parte del colectivo que filmó El grito (1968), del que fue encargado de sonido y asistente del director, Leobardo López Aretche; también realizó el documental La Manda (1968) y los largometraje Crates (1971) y El cambio (1971). Completan su filmografía las cintas Meridiano 100 (1976); Constelaciones (1980); El caballito volador (1982) y Playa Azul (1992). Incursionó además en la televisión educativa con series como Recordar es vivir, Es la UNAM o En las ciencias y en las artes.

Entre otros reconocimientos recibió la Medalla de las Artes y las Letras del gobierno de Francia en 2005 y el Premio Universidad Nacional 2008. Este año se le entregó el Mayahuel en el 27 Festival de Guadalajara y el Ariel de Oro 2012.

El servicio funerario se llevará a cabo el viernes 6 de julio en el Cementerio Judío, a las 9:30 horas, en avenida Constituyentes y Sur 138, sección Nueva.

Descanse en paz.


Alfredo Joskowicz: Ariel de Oro 2012

mayo 29, 2012

Ya no quiero administrar nada

Por Sergio Raúl López

La temporada de homenajes, a inicios de 2012, correspondió a Alfredo Joskowicz, una figura inseparable de las instituciones cinematográficas en México, pues su carrera como cineasta -e incluso como docente, aunque menos drásticamente- ha sido truncada con demasiada constancia, al dársele como encargo la conducción tanto de las dos escuelas oficiales, del par de estudios estatales y, para coronar todo ello, del principal organismo rector, a nivel federal, de todos los citados anteriormente: el Imcine.

Alfredo Joskowicz. Foto: Sergio Raúl López

Si bien han transcurrido casi cuatro décadas de su trabajo como docente en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) -donde ingresó como estudiante, en 1966, y más tarde fue secretario académico en 1973-, y luego en el Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) -al que llegó como director en 1976 y donde comenzó a impartir materias un año más tarde-, la faceta más conocida de este hombre que eternamente se acompaña por una aromática pipa que fuma con maestría, ha sido su ascendente y, podríamos decir, casi imparable carrera burocrática. Pues además de dirigir las dos escuelas citadas -estuvo al frente del CUEC entre 1989 y 1997-, ha ocupado el despacho de director en los Estudios América entre 1983 y 1985, así como de los Estudios Churubusco Azteca, de 1997 a 2000, pero sobre todo, por haber sido designado director general del Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine), el organismo rector de las políticas estatales durante el sexenio foxista. Así, su barba afilada, sus amplios lentes de pasta, sus rasgos imperturbables y su hablar pausado y preciso, convirtieron su rostro y presencia en la cara más visible del cine estatal, en el funcionario cinematográfico por antonomasia.

Aunque en este nuevo sexenio el cineasta y educador de origen polaco, si bien nacido en la Ciudad de México en 1937 -el primero de agosto, para ser precisos-, no ha ocupado cargo burocrático alguno, su sempiterna presencia en festivales, muestras, concursos y actividades académicas le han hecho permanecer como un referente en el medio cinematográfico mexicano y le han vuelto centro de diversos homenajes en este inicio de 2012, empezando por el Mayahuel de Plata por trayectoria, que se le entregó en el 27 Festival Internacional de Cine de Guadalajara, seguido por la edición del libro Alfredo Joskowicz: una vida para el cine, de Orlando Merino y Jaime García Estrada (CUEC / Imcine); la reedición de su obra fílmica completa -unas 20 obras, de las cuales, Recordar es vivir, de 1993 es la más reciente- en video, en un paquete de DVD realizado por Imcine; la inclusión de su primer largometraje: Crates (México, 1970) en la Muestra Fílmica CUEC 2012, y la entrega del Ariel de Oro, también por trayectoria, por parte de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas, mismo que recibirá la noche de este sábado 2 de junio en el Palacio de Bellas Artes.

Un destino poco probable para un ingeniero en comunicaciones eléctricas y electrónicas egresado del Instituto Politécnico Nacional con estudios de posgrado en Francia, cuyo interés artístico se concentraba en las artes plásticas, sobre las que ofrecía cursos en el Instituto de Cultura Superior de Las Lomas; escribía crítica en el suplemento cultural de El Heraldo, a invitación de Luis Spota -el único con impresiones a color de la época, finales de los sesenta-, y hasta tomó un curso de seis meses en la Academia San Carlos en el que descubrió su falta de aptitudes para el dibujo.

Y que hasta los 28 años, ya con dos hijos y trabajo estable, ingresó como estudiante al, en ese entonces, vespertino CUEC y arrancó una carrera por la que ahora recibe múltiples reconocimientos y que, curiosamente, le ha devuelto a su interés original por las artes plásticas, en un impensable retorno al primigenio objeto de su interés.

-¿Qué le atrajo de la educación universitaria del cine cuando usted andaba por otros terrenos técnicos y artísticos?

-No sé, me gustaba el cine; pero mi vocación cinematográfica fue muy tardía, porque ejercí mi profesión durante ocho años. Tenía un amigo y maestro, Juan Espinasa, hijo de refugiados españoles, que era un apasionado del cine; claro, como espectador. Alguna vez en los ciclos que íbamos a ver al Cine Roble pasaron Hiroshima mi amor (Hiroshima, mon amour, 1959), de Alain Resnais, en las famosas reseñas anuales, y descubrí el cine como medio de expresión autoral: tenía conocimientos técnicos, me gusta la parte plástica, aquí no tengo que dibujar, tengo que captar la imagen y componer con eso, me dije. Y el CUEC ofrecía cursar la carrera de seis a diez de la noche, podía trabajar por la mañana y entrar a tomar la carrera en la tarde.

-En este sexenio usted ya no ocupó cargo alguno, sino se concentró en sus clases…

-Ya terminé con mi ciclo administrativo. Ya no quiero administrar nada. Mientras estaba en el Imcine pedí una licencia por seis años en la UNAM, pero ya recuperé mi plaza de tiempo completo como profesor-investigador, y nunca dejé de dar clases porque aunque no me las pagaran sabía que ése sería mi refugio al final. Y estoy muy contento en la universidad. Doy clases también en el CCC. Recibo a los alumnos de primer ingreso en ambas escuelas, si bien tengo más carga académica en el CUEC porque doy tiempo completo. Aparte, entré a un programa de estímulos que me permite hacer investigación y algo de creación.

-Y por este estímulo ahora regresó su interés por el arte contemporáneo…

-Por el programa de estímulos empecé a hacer una investigación en la que recuperé mi interés por las artes plásticas y por lo que está pasando en el mundo del arte contemporáneo, las instalaciones y todo eso. Y convencí a dos colegas, colaboradores y exalumnos míos: Orlando Merino y Jaime García, también guionistas de Televisa, para que me ayudaran. Hicimos una investigación y estamos trabajando en un guión sobre lo que es el conflicto del arte contemporáneo y cómo no ha recuperado la narrativa, a diferencia de otras artes como la música, el teatro o el cine. La etapa de investigación ha sido muy rica. Entré en ese mundo a partir de un librito: Siete días en el mundo del arte, de Sarah Thornton (Editorial Edhasa), por cuya lectura me entusiasmé de nuevo por los ámbitos, los mercados, la comercialización, los altos costos que han alcanzado los productos audiovisuales o ya no sé qué son. Pero la investigación es parte de mi programa de estímulos y fuimos construyendo poco a poco el desarrollo del guión. Es difícil de decir ahora cómo será porque todavía está en proceso de construcción, pero trata de un artista más plástico, que todavía pinta, y otro que es más exitoso y mucho más joven, que hace instalaciones, y su conflicto para ir a la Muestra de Venecia. Básicamente esa es la idea, pero todavía estamos trabajando.

Presupuestos y otros conflictos

La quincuagésima cuarta ceremonia de entrega de los premios Ariel ocurrirá el 2 de junio en el Palacio de Bellas Artes en medio de una crisis económica de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas, pues el Conaculta no les ha entregado la partida de 11 millones de pesos que le fue asignada en el Congreso de la Unión para este año, lo que se ha traducido en que desde febrero trabajan prácticamente sin recursos, sueldos, Internet y los servicios básicos.

Lleno de obstáculos burocráticos y de barreras institucionales se encuentran los terrenos de la promoción fílmica en México. Y repleta de anécdotas se halla la carrera como funcionario de Alfredo Joskowicz.

-Cuando llegué a la dirección del CCC las cosas iban más o menos bien hasta que estalló el conflicto de 1979, cuando Margarita López Portillo, directora de Radio, Televisión y Cinematografía, decidió la liquidación del Banco Nacional Cinematográfico y el 26 de julio desencadenó una feroz cacería por la que encarcelaron a Carlos Velo, Bosco Arochi y Fernando Macotela, maltratan a todos los funcionarios, los extorsionan, los golpean. Luego intentan cerrar la escuela, pero me niego. Pasamos muy malos tiempos.

“Los dos primeros años en los Estudios Churubusco han sido los más duros de mi carrera burocrática. Entré en enero de 1997 otra vez a una circunstancia terrible, estaba a punto de arrancar la filmación de La máscara del Zorro [1998], se habían comprometido a revelar un millón 800 mil pies de negativo y el laboratorio no podía garantizarlo, y los traba- jadores deciden arrancar una huelga en medio de la filmación. Arreglamos el conflicto salarial en cuatro días y entonces empecé a hacer una transformación en el estudio para que hubiera responsabilidades y desarrollar un proceso de control de calidad en el laboratorio”.

“En el Imcine nos aventamos otra bronca: el peso en taquilla, que fue espectacular. Se vendían alrededor de 130 millones de boletos anuales y se cobraría un peso por butaca ocupada; cuando ya se estaba manejando, la Canacine se opone, los distribuidores y exhibidores decían que estaba contra el Tratado de Libre Comercio, que era proteccionismo, mandan desplegados. Dos semanas después viene el vicepresidente de Motion Picture Association of America con un despacho de abogados para impugnar por anticonstitucional. Nos echamos dos años en tribunales. Les sacamos como 70 millones de pesos, pero al final la votación llegó a la Suprema Corte y nos batearon diez a cero en nuestra contra. Y subieron el precio del boleto”.

Distribución y exhibición equitativas

“En la actualidad estamos produciendo alrededor de 68, 69 o 70 largometrajes anuales gracias a que se mantuvieron los fondos de apoyo a la producción Foprocine, Fidecine y el estímulo fiscal 226 (Eficine). ¿Qué falta ahora? Abordar la comercialización y la distribución, y eso hay que ir a pelearlo a la Comisión Federal de Competencia (Cofemer), la inequitativa distribución de la taquilla y de las condiciones de las temporadas en que se estrenan las películas mexicanas en cartelera. Pero ése ha sido el estilo de las majors estadounidenses de décadas atrás con las prácticas llamadas Blind booking y Block booking; es decir, tú me compras todo el paquete o no te doy los estrenos fuertes. Y, bueno, la exhibición creció de manera exponencial. ¿Qué haces a diario con dos mil 400 pantallas como tiene Cinépolis? Necesitas producto, y a eso es a lo que apostaron los estadounidenses. Son imperio y son muy arrogantes. Total, la condición actual es ésa. Pero existiendo volumen de producción se recuperó el prestigio internacional del cine mexicano, mejoró la calidad narrativa; digo, hay un abuso del cine de autor, pero hay industria, aunque desarticulada. Sin embargo hay volumen de producción, y eso mantiene los aparatos técnicos activos. Claro, lo que hay que buscar es distribución y exhibición equitativas”.

Este artículo se publicó originalmente en la sección de cultura del diario El Financiero (28/V/2012).

cine TOMA 22: MIRADAS NIÑAS

mayo 4, 2012

La formación audiovisual infantil y juvenil

Esta es la portada del vigésimo segundo número de la revista cine TOMA, que circulará durante mayo y junio de 2012 y que dedica su dossier principal a reflexionar en torno a la formación audiovisual y cinematográfica del público infantil y juvenil.

En el abordaje del tema, cine para niños, presentamos una serie de reflexiones sobre educación, análisis y aprendizaje a través del cine, del especialista español Enrique González-Salanova, director de la revista Comunicar de España; además, el especialista en pedagogía crítica estadounidense, Henry A. Giroux, analiza las estructuras del discurso de poder en las empresas de Disney; más adelante, el catalán Román Gubern advierte sobre la necesidad de ofrecer herramientas para la crítica de la imagen a los niños; en tanto que el investigador Rodrigo Chávez analiza como el cine para todo público y las animaciones son los segmentos de producción más rentables de la cartelera.

Como parte del dossier se incluye una historia sobre el cine para niños, realizada por la promotora y productora Liset Cotera de la asociación La Matatena; se incluyen sendas entrevistas con los cineastas mexicanos Patricia Arriaga (Bacalar) y Hugo Rodríguez (La leyenda del tesoro), en torno a la experiencia de dirigir cine infantil; en tanto que el crítico José Antonio Valdés Peña aborda el ciclo Cinemundi de la Cineteca Nacional, y Araceli Roldán, directora del festival Lo que veo de Save the Children nos explica el proyecto.

Además, incluimos un segundo dossier sobre uno de los funcionarios, pedagogos y cineastas más destacados de la escena cinematográfica nacional, Alfredo Joskowicz, quien acaba de recibir el Mayahuel del Festival de Guadalajara y se le otorgará el Ariel de Oro en junio próximo, con textos de Jorge Fons, José Woldenberg y Armando Casas, además de una larga entrevista con el homenajeado.

En la sección de Industria se aborda el complejo problema del impuesto por copia digital, en un estudio realizado por la economista Mariana Cerrilla y el periodista y realizador Gibrán Bazán plantea diez puntos para recuperar la memoria del incendio de la Cineteca Nacional, ocurrido hace tres décadas.

En Fotofijas, se ofrecen imágenes de la filmación del documental Cuates de Australia, de Everardo González, recientemente premiado en el Festival de Guadalajara. Y en los adelantos a Festivales, David Di Bona, nos habla de la segunda edición de Distrital. Cine y otros mundos, en tanto que Lucía Calvachini hace lo propio respecto al quinto Foro de Animación Contemporánea Animasivo del Festival de México y Alondra Montero habla de la quinta edición del Festival de Cine en el Campo.

Se incluye una nueva sección, Ejecutantes, en el que se presentan entrevistas con dos de los más destacados actores del cine mexicano, Adriana Barraza, nominada al Oscar que ahora radica en Argentina y Damián Alcázar que analiza la problemática situación que asola al cine mexicano. Y desde el rodaje de El ciudadano Buelna se presenta una entrevista con su director, Felipe Cazals. Finalmente, en Libros, se incluye un fragmento de Close up, antología de la crítica cinematográfica de Efraín Huerta. entre otros contenidos

Cine TOMA 22 circulará durante mayo y junio por todo el país en locales cerrados.