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Conversatorio “Ganadores actorales del LIX Ariel”

septiembre 5, 2017

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La Sociedad General de Escritores de México, Namaste Teatro, Cine Toma y Paso de Gato

Invitan al:

Conversatorio cinematográfico

Ganadores actorales del LIX Ariel

 

Martes 5 de septiembre de 2017.

19:00 horas.

 

Con:

José Carlos Ruiz

Adriana Paz,

Verónica Langer y

Hoze Meléndez.

Modera:

Sergio Raúl López

 

Desde su primera entrega, en 1947 –sí, hace 70 años–, el trofeo Ariel es entregado por la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas A.C. a lo más destacado de la producción anual en el medio nacional. La categoría actoral ha sido, sin lugar a dudas, una de las más destacadas y glamorosas. Sirva decir que en la primera entrega fueron Dolores del Río y Domingo Soler los designados como Mejor Actriz y Mejor Actor, y en 1948 serían Blanca Estela Pavón y Pedro Armendáriz los galardonados. Esta tradición de premiar actores eminentemente dramáticos de formación seria, académica, persiste hasta nuestros días. La quincuagésima novena ceremonia de entrega tuvo como Mejor Actriz a la actriz de origen argentino Verónica Langer por La caridad (México, 2016), de Marcelino Islas y reconoció a su compañera de elenco, la capitalina Adriana Paz, en Coactuación Femenina. Asimismo, Hoze Meléndez, oriundo de Mexicali, fue reconocido en la categoría de Coactuación Masculina por Almacenados (México, 2015), de Jack Zagha, en la que comparte créditos con el primer actor José Carlos Ruiz.

Ellos abordarán su formación actoral, su experiencia en los escenarios, su entrada a la industria fílmica nacional y sus próximos proyectos en un conversatorio sobre cine y sobre el arte de la personificación frente a la cámara.

 

La cita es en el Foro Rodolfo Usigli (cerrada de Eleuterio Méndez 11, colonia San Mateo Churubusco, en Coyoacán, entre Héroes del 47, División del Norte y Avenida del Convento).

Entrada libre. Cupo limitado.

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“La tirisia”, según Jorge Pérez Solano

septiembre 1, 2015

No hay nada más triste que una madre separada de su hijo

Por Salvador Perches

Enclavada en la mixteca baja, en un pequeño poblado repleto de salinas, órganos y cactus, viento polvoso, silencio y calor canicular, la segunda película de Jorge Pérez Solano es una aproximación preciosista de la tragedia mayúscula: los miles de casos de las mujeres que han de renunciar a los hijos con tal de mantener la estabilidad familiar, rota por la pobreza y por la tumultuosa migración que separa no sólo a las parejas sino a las comunidades. Todo en un entorno que se niega a dejar la magia y el ritual como parte de su cultura profunda y atávica.

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El actor Noé Hernández ha sintetizado la larga estancia en Zapotitlán Salinas, un pueblo agreste, situado en la sierra mixteca poblana, de manera sucinta y apabullante: “Ahí, todo te lastima, las espinas, el sol, el aire, el polvo”. Y fue justo en ese lugar, un valle de yeso y caliza, de temperaturas candentes y vista totalmente árida, rodeado justo de las salinas minerales que dan honor a su nombre, con un paisaje fuera de lo convencional: metros y metros de blancos residuos minerales secándose al sol.

Ahí se encontraba el sitio apropiado para que el director oaxaqueño Jorge Pérez Solano rodara su segundo largometraje de ficción, La tirisia (México, 2014), en el que retrata un hecho real y sumamente desgarrador: las historias de cientos de mujeres cuyos maridos partieron como inmigrantes ilegales, y que han debido elegir abandonar a sus hijos, concebidos fuera del matrimonio, cuando sus pareas regresan a casa, para mantener la estabilidad de sus familias. Dos son las mujeres que tomaron tan terrible decisión en la cinta: “Cheba” (Adriana Paz) y “Serafina” (Mercedes Hernández) y que acaban padeciendo la enfermedad de la eterna tristeza, a la que llaman tirisia.

Es el propio Pérez Solano quien define la tirisia como: “una enfermedad que no tiene base científica ni sustento etimológico, por muchos años ha sido asociada a la ictericia, pero sus síntomas tocan más el alma y el espíritu que el páncreas y la bilis. La enfermedad ataca cuando el espíritu huye porque se reciben sustos o sorpresas desagradables, pero en la mayoría de los casos, se presenta por la ausencia de un ser querido.”

Tan desolada y agreste como sea su geografía y abandonado y despoblado sea su entorno, empero, se preserva la cultura tradicional de los pueblos mixtecos y popolucas, sus rituales y formas de curar, sobre todo los varios remedios y fórmulas mágicas y naturales con los que “Canelita” (Noé Hernández) intenta que la tristeza abandone a Cheba; la esquiva manera de expresarse, aún con pocas, contadas palabras y frases una dureza y rudeza transparentes, pero, sobre todo, una muy bella reconstrucción de la tradición de los payasos que hacen maromas mixtecas sobre un trapecio o una cuerda floja, cuya música ha sido grabada en el disco Maroma por Pasatono Orquesta (Discos Corazón), con composiciones del director del grupo, Rubén Luengas.

Con dirección, guión y producción de Pérez Solano, la cinta, que cuenta con fotografía y producción de César Gutiérrez Miranda, y edición de Francisco X. Rivera tuvo su estreno mundial en el vigesimonoveno Festival Internacional de Cine en Guadalajara, donde compitió por el premio Mezcal y Gustavo Sánchez Parra ganó, por su papel de “Silvestre”, el premio a Mejor Actor, luego obtendría los premios el Alejandro de Oro a Mejor Película en Tesalónica, Grecia, y el Roger Ebert en Chicago, Estados Unidos, y el Premio del Jurado y el Público en Fresnillo, y en la quincuagésima séptima entrega del Ariel, recibió los correspondientes a Mejor Actriz para Adriana Paz y Mejor Coactuación Masculina para Noé Hernández. Luego de formar parte de la programación de la quincuagésima octava Muestra Internacional de Cine, La tirisia, recorre desde junio un amplio circuito de cinetecas y salas de exhibición en México.

¿Qué voz es la tirisia, qué lengua, qué significa?

La tirisia es una enfermedad que nos daba de niños cuando se nos escapaba el alma, que nos ponía a todos despasaguados, todos sonsos, decían nuestras mamás. Después, empecé a pensar en esta historia y me puse a investigar un poco de donde venía la palabra tirisia y encontré que se asemeja mucho a la ictericia, la ictericia que es una enfermedad del hígado por la que se pone amarilla la piel, la bilirrubina se sube y tiene una serie de consecuencias físicas parecidas…

… como la hepatitis…

…eso es lo que decían que es la ictericia. Cuando empecé a escribir la historia, me puse a pensar que la enfermedad tiene algo más allá de lo físico, es algo mental, es un estado de ánimo, entonces no necesariamente tiene que ver con la bilirrubina. Por eso mucha gente me dice que tirisia se escribe con “C”, cuando la asocias con la ictericia. Yo la asocie de una manera más mágica, por decirlo de alguna manera, me justifiqué diciendo que es una palabra que no tiene ningún sustento etimológico, ninguna basé científica, si no, se curaría con pastillas y con antidepresivos, pero la tirisia como tal, no se cura.

De ahí que la película sea tan ritual, tan espiritual, pues la cura no es con medicina alópata.

Es con las flores, un poquito con la música, con los colores, todo eso te va a llevar a la alegría, nuestras mamás, nuestros abuelos, nos decían que así se curaba la tirisia. Es coherente, todo aquello que significa alegría; la música, los colores, el vestuario, el maquillaje, cuando Canelita la maquilla es un poco también para cambiarle la cara y todo eso tiene un significado en la película, tú ves este paisaje desolado, lleno de órganos, donde solamente hay polvo.

Inclusive el trabajo sonoro esta ausenté o carente de la mayor parte de la fauna, del canto de las aves que existen en el lugar. Con el diseñador sonoro nos metimos a la tarea de quitar todos esos cantos y solamente dejar algunos cuantos para sentir que ese espacio tan vivo, tan lleno de plantas −porque la planta, a final de cuentas es eso, es la representación de la vida− estaba carente de ese canto.

¿En donde encontraste ese paisaje tan inhóspito?

La filmé en Zapotitlán Salinas, cerca de Tehuacán, en Puebla, está de camino para llegar a Huajuapan de León, que es donde filmé Espiral (México, 2008). Y es otra preocupación que tengo, la cuestión de la identidad. A final de cuentas vivimos en estados, como Puebla o Oaxaca, que se fundaron con la llegada de los conquistadores. Antes esos territorios estaban divididos por zonas culturales, tanto Zapotitlán como Huajuapan forman parte de la mixteca baja, dicen en Zapotitlán que ellos son popolocas, una cultura de la que poco sabemos pero que, a final de cuentas, fueron dominados por los mixtecos. Entonces por eso me atrajo, porque también está enmarcada dentro de lo que fue el territorio de la mixteca baja.

Aunque se trata de dos historias diferentes, Espiral y La tirisia tienen puntos de conexión, como el severo problema de que muchas comunidades se están acabando por la migración, las mujeres se quedan solas o se quedan viejos y niños, y terminan siendo pueblos fantasmas.

Siempre dije que La tirisia es el lado B de Espiral, pues mientras ésta termina en una fiesta, las mujeres solucionan sus problemas con los hombres, no tanto de la sexualidad ni vericuetos más personales, sino la situación social de la mujer que se está quedando sola dentro de un pueblo. Aquí, en La tirisia, sí me meto en la cuestión que ocurre más seguido: las mujeres obviamente tienen necesidades, igual que los hombres, y de alguna manera tienen que satisfacerlas. A veces, la ingenuidad en que se encuentran hace que no midan las consecuencias de sus actos.

En el momento que estaba levantando Espiral, una persona en Oaxaca me dijo que cuando sus sobrinas descubrieron el poder anticonceptivo de la Coca-Cola empezaron a ser felices. Y eso es lo que es Cheba, ella piensa que la gaseosa también la va ayudar a ser un poco feliz cuando ves estos lavados después del coito con Silvestre.

La película trata también el tema de la maternidad y a partir de ahí Cheba se enferma.

También es una posición personal. Yo creo que no hay nada más triste que la separación de una madre de su hijo, lo hacen por ciertos condicionamientos sociales que les exigen que siempre tengan la compañía de un hombre. Ellas buscan tener un hombre, un esposo que las apoye y las ayude y en la ausencia del hombre, ella satisface esta necesidad pero ve en peligro su estabilidad social. Eso para mí es bien triste, que tenga que deshacerse del hijo para poder continuar con su vida, mientras ves al esposo que acaba de pasar por un bar de mala muerte, le paga dinero a una chava para que le de unas cuantas caricias. Llega al día siguiente y nadie le dice nada y no va tener ninguna consecuencia de sus actos, en cambio la mujer sí.

Canelita, ese personaje hermoso, le dice: hay necesidades y ella no fue la que se fue.

Si, Canelita es un personaje que está entre ambos, porque también le dice a Cheba: “no te juzgo lo cusca, sino lo pendeja”. O sea, todos podemos andar cusqueando pero tampoco andes exhibiéndote, en esta doble moral que vivimos de señalar las cosas sin asumir que nosotros también estamos cometiendo las mismas equivocaciones. Canelita era el punto brillante dentro de toda esta historia de tristeza y me dio mucho gusto que un actor como Noé Hernández, que de pronto estaba cayendo en el estereotipo del hombre rudo, fuerte, matón, del indio malo, aceptara hacer este papel, lo afrontara. Nos costó un poco de trabajo a los dos, en primera a mí por aceptarlo físicamente y luego a él por aceptarlo dentro de la construcción del personaje, pero creo que fue un experimento que salió bastante bien.

Definitivamente, es un personaje muy humano, no es la loca desmecatada, además tiene su galán, un soldado. Es muy consentidor con Cheba, pero también la pone quieta, igual que al marido.

Es muy claro, él no quiere ser una mujer, no quiere ser un hombre, quiere ser un gay o, diríamos, un puto. Él quiere ser eso, no hay ni siquiera necesidad de decirlo, no quiero transgredir aquello que físicamente me está impedido, quiero ser lo que soy más lo que me permito ser. Eso es lo que yo buscaba en ese personaje, no renegar de mi hombría, ni aspirar a ser mujer. Cuando le dice: “¿dónde me ves las chichis para ser mamá? Yo no aspiro tener un hijo”. Ella o él, no sé cómo decirle, es feliz, es feliz como es.

Además está en feliz concubinato con su milico.

Sí, su historia es más fuerte. Algún día la escribiré. En mi cine las historias se van concatenando, de pronto eso está pasando. Ahorita tengo claro cuál es el nuevo proyecto que voy escribir, pero también ya está la historia de Canelita, que es un personaje que no terminó de ser todo lo redondo que debía de ser, porque no era su historia sino la de Cheba, un poco la de de Ángeles Miguel, era todavía un poquito aderezada con la mamá, que es Serafina, que me parece un personaje monstruoso, pero que la sociedad está llena de esas mujeres. Cuando estaba escribiendo esa historia, de pronto hablaba con muchas mujeres y se quedaban calladas. Pensaba: algo pasó y había situaciones muy parecidas: Mi hermano me toqueteo y mi mamá no dijo nada. Mi primo anduvo tras de mí, yo le dije mi mamá y no me creyó. ¿Qué tantas historias estamos ocultando en una familia que creemos que es decente o normal?

¿Por qué hay tan pocos diálogos?

¿Has estado en provincia? ¿Has hablado con la gente? Son de pocas palabras. También fue una cuestión de platicar con el editor y con el fotógrafo para utilizar un estilo más lento −a veces acelerábamos un poco más−, pero en general era así. Así es en provincia, de pronto podemos estar sentados, platicar o no decir nada: “bueno nos vemos”, “bueno nos vemos”. Sabemos lo que está pasando, son espacios tan pequeños que conocemos nuestras historias, son familias tan cercanas que también sabemos lo que está pasando uno con otro, por eso luego las cosas no se dicen tan directamente. La película está llena de eso, de espacios que el público o el espectador va a tener que llenar, de pronto el primer acto terminó en donde ves un padre muerto y no vuelvo a tocar ese tema, el público habitual se preguntará quién lo mató, ¿vino un asaltante? Eso no es lo importante, sino el significado de lo que está pasando. El segundo acto termina con el pinche político. ¿Qué pasó con el político? No nos importa todo lo que hay alrededor, sino lo que está pasando en esas pequeñas historias, en esas pequeñas vidas, que aparentemente son desechables, deleznables, nadie las pela, nadie las ve, pero están ahí recordándonos lo que somos, no porque para mí eso es lo que somos.

La película es absolutamente intimista en un paisaje hermoso y tan desértico como los personajes que lo habitan, casi no hablan y el contacto con la naturaleza es tan silente como lo es con sus congéneres.

Sí, así es, así debe haber sido todo el tiempo. De pronto no tenemos espacios urbanos, hay poquitos. ¿Cuántas camionetas ves?, ¿cuántos vehículos vez? Sólo Silvestre y su camioneta que anda por todos lados, los demás van caminando. Era recuperar la esencia de la naturaleza del ser humano, a mí me parece −no sé si lo leí o si llegué a la conclusión, ya no quiero ser tan pretencioso−, que de pronto nosotros estamos todo el tiempo luchando contra nuestra naturaleza brutal, que es Silvestre, que cando tiene una necesidad, va y la satisface con quien cree que debe hacerlo, que en este caso es el espécimen más joven, Cheba. Y ella, a su vez, satisface su necesidad con quizás el único espécimen pero que por lo menos lo ve fuerte. O sea, estamos satisfaciendo todo el tiempo nuestras necesidades, cuando creo que la función del ser humano es otra, es crear otro tipo de cosas.

Me parece una película redonda, y no pensé que hubieran pasado seis años entre Espiral y La tirisia, qué bueno ya hay otro proyecto en puerta.

Sí, lo que intento es acortar esos tiempos de producción. Después de Espiral deje año y medio sin escribir nada, ya sabes esta cuestión de los festivales, de ir a intentar vender la película, ir a presentarla y uno se queda medio pasmado. Ahora no quiero dejar pasar tanto tiempo, de por sí tenemos poca vida creativa y luego gastarla en flojeras como que no va.

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Presentación de “El cine actual, confines temáticos”, de Jorge Ayala Blanco, en la Casa Universitaria del Libro

mayo 2, 2015

Invitación JAB Confines

El más reciente volumen de la profusa obra de crítica y documentación cinematográfica emprendida por Jorge Ayala Blanco desde 1963 –cuyo primer volumen, los ensayos reunidos en La aventura del cine mexicano, apareció publicado en 1968−, se remite a su serie sobre cine extranjero y reúne crítica-ensayo en torno a 350 títulos recientes de cualquier nacionalidad excepto la mexicana –cuyas producciones aparecen seriadas en su muy conocido abecedario–, y se titula El cine actual, confines temáticos, mismo que fue editado dentro de la colección “Miradas en la oscuridad” por el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) y la Dirección General de Publicaciones y Fomento Editorial de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en octubre de 2014, y tendrá su presentación pública el miércoles 13 de mayo de 2013, a las 19:00 horas, en la Casa Universitaria del Libro (Orizaba 24 esquina Puebla, colonia Roma), con los comentarios de Adriana Bellamy, Carlos Bonfil, José Felipe Coria y Sonia Rangel, en precisa conmemoración del cincuentenario de Jorge Ayala Blanco como profesor del CUEC, pues ese mismo día, sólo que 50 años atrás, impartió su primera clase de “Corrientes estéticas del cine”, en sustitución de José de la Colina y ante alumnos como Jaime Humberto Hermosillo, Alberto Bojórquez, Martha Acevedo y Josefina Morales, entre otros, en la escuela de la que ahora es el decano y en la que se desempeña como profesor titular de tiempo completo “C”.

Es su propio autor el que explica en el prólogo del libro:

Por razones meramente taxonómicas y climáticas, nuestros confines temáticos se han clasificado en nueve apartados, empíricamente delimitados.Temas realistas, sean nucleares o sociales, a veces delictuosos, viajeros e incluso bélicos, que desean deslindar la aventura humana. Temas observacionales, en el límite del documental clásico o de lo docuficcional, testimoniales, de investigación, vividos o no, pero siempre recreados y proclives a lo ensayístico, que en cualquiera de sus formas se definen por su vocación verista o persecutoras de un realismo absoluto. Temas interiores, sean íntimos o definitivamente mentalistas, que establecen relación con la soledad final, radical y esencial de los seres. Temas distanciados, ya sea gracias al humor, a la ironía, al escarnio o al simple suspenso, que se componen de planteamientos fina o burdamente vueltos en contra de sí mismos. Temas trascendidos, a través de la abstracción, el dolor o la fascinación, que configuran alguna reflexión, alegoría o meditación particular. Temas fabulescos, sean sentimentales, románticos o idílicos en general, que parecen constituirse de manera mediata o inmediata en modelos de comportamientos relacionales encaramados. Temas fantásticos, sean por la maravillosa idealización intemporal o por cualquier forma prodigiosa o pródiga del horror genérico o visionario. Temas espirituales, ya sean vehiculados por motivos contemplativos, religiosos o apuntando a lo sagrado laico y sin Dios. Y temas carnales, bordando lo sacro merced al instinto, la sensualidad o el erotismo, que conforman una topografía pulsional de modo voluntario o involuntario. Dando lugar y ayudando, así en conjunto, a obtener una estructura flexible que quiere ser lo más clara y rigurosa posible, por lo menos nunca demasiado imprecisa ni rígida ni tiesa, para este libro de análisis cinefílicos de cine: una estructura que no elude, sino más bien concita, los vasos comunicantes; una estructura diseminante y diseminada.

Ayala Blanco 50-Ch


Adriana Barraza, cuatro décadas como actriz

mayo 15, 2012

Cada personaje es una creación conjunta entre director y actor

Por Sergio Raúl López

Asuntos del mundo mediático globalizado: bastaron dos apariciones en filmes de amplia difusión internacional para que Adriana Barraza no sólo fuese ubicada en el plano internacional y se convirtiese en la tercera actriz mexicana en alcanzar la candidatura al Oscar, sino para reactivar su carrera como intérprete y retornar a los foros cinematográficos.

Mientras el cambio de siglo la halló convertida, más que una actriz en activo, en una respetada y prestigiosa pedagoga y entrenadora del ámbito histriónico, sobre todo en Televisa donde solía además dirigir, dar clases de neutralización de acento y coach de actuación, y en la Universidad Autónoma de Chihuahua, además de actuar en algunas telenovelas, videoteatros y series diversas e incluso películas de la desaparecida productora Televicine  (en las cintas El resplandor, La primera noche, La segunda noche La paloma de Marsella)..
Bastó, empero, un llamado para integrarse al rodaje de Amores perros (México, 2000), primer largometraje del ex publicista y locutor Alejandro González Iñárritu, para reintegrarse a la actuación en activo y despegar su carrera cinematográfica. Pero si la aparición como madre de Gael García Bernal (Octavio) le granjeó un gran reconocimiento, la reunión de ambos como Amelia y Santiago en Babel (Estados Unidos-Francia-México, 2006), el tercer film del ahora internacionalizado mexicano, le depararía una nominación de la Academia Cinematográfica estadounidense como Mejor Actriz de Reparto -la tercera mexicana, luego de Katy Jurado y Salma Hayek-, y le permitiría en seis años aparecer en una veintena de producciones, además de formar parte de la élite actoral internacional y formar parte de la Academia de Artes Cinematográficas de Hollywood.
Actualmente afincada en Buenos Aires, donde ha fundado una escuela de actuación junto con su marido, el actor argentino Arnaldo Pipke, la actriz, originaria de Toluca (donde nació en marzo de 1956), celebra 40 años de carrera actoral y 30 como docente en la práctica del monólogo. Halló en el estilo unipersonal una forma afortunada para combinar sus compromisos en cine y televisión, pues le permite presentarlo en escenarios de Argentina, México y Estados Unidos, países en los que pasa buena parte de su tiempo.
-Nunca había hecho uno y se lo pedí a Erika Halvorsen, que escribe para teatro y para televisión, y es amiga mía. Se llama Me doy bel gusto y ella también me está dirigiendo. Y justamente cuando trabajamos lo último en Argentina para que yo me llevara mi montaje y trabajara en Miami, reafirmé lo necesario que es el director. Uno no puede mirarse solo, es sumamente complicado. Necesitas a alguien que te ayude a verte, para mí es una mancuerna necesaria y completamente útil para llevar a cabo un espectáculo como debe ser.

-¿Cómo mira el cine latinoamericano actual, especialmente las cinematografías mexicana y argentina?
-Fíjate que lo primero que descubrí cuando llegué a Argentina hace nueve años fue que hacían 70 producciones al año, cuando era un país con una economía caída, terrible. Sinceramente me sorprendí muchísimo. Eran finales de 2002, pero ahora sigue habiendo más, ya pasan de las cien películas anuales. Es una industria muy amplia y que debiera tener una mayor distribución en Latinoamérica, porque lo hacen mucho más a Europa. Es una pena, porque hay fenómenos cinematográficos bien interesantes; otros no, como todo, pero ojalá pudiéramos ver más cine argentino en México. La verdad es que a nivel latinoamericano los principales productores de cine son México y Argentina, pues las plazas que tendrían la posibilidad de hacerlo, como Colombia y Venezuela, tienen poca producción. Y considero que los mexicanos somos bien tratados en el mundo mientras que a los argentinos no los conocen tanto.

-La forma de actuación argentina, en general, tiene una gran relación con la técnica actoral que se requiere para cine, ¿es cierto?
-He trabajado con personas en toda Latinoamérica y puedo afirmar que la metodología y el tono actoral que han encontrado los argentinos es sumamente realista, a veces muy naturalista en cuanto a estilo y muy conmovedor, sin importar el género que aborden, sea teatro, cine o televisión. Me intrigó cómo es que podían actuar como si estuvieran en cine. Era un tono tan íntimo, tan real, tan naturalista, tan interno, que realmente me desconcertó; pero también me encantó, obviamente. Para trabajar con ellos como actriz también hay que entonarse con la veracidad y la profundidad que llegan a tener. Y justamente el naturalismo es así. El realismo consiste en mostrar lo que le ocurre al personaje, mientras que en el naturalismo consiste en mostrar lo que le sucede en el momento al actor, él es el personaje. Usualmente el tono actoral al que nosotros estamos acostumbrados a ver en el teatro es que el actor me muestre lo que le está pasando y no tanto la inmediatez de lo que le sucede. Es lo que no se debe tener en cuenta en el cine, hacer ese tipo de diferenciación en la actuación.

-A veces los directores, más que requerir de una cierta actuación, requiere al actor como parte del cuadro, lo que implica más una necesidad para la cámara y la escena que actoral.
-Eso ocurre en cualquier evento que esté dirigido. Como director uno necesita que el actor esté en la luz, de lo contrario no sirve, por muy buena actuación que sea. Pero no considero que el director use al actor como un objeto, sino tiene que llegar a un lugar en combinación con él. Como actor uno sabe que tiene que cumplir esas reglas: estar en la luz y en la posición necesarias, y aparte uno tiene que ser verídico e interpretar el personaje como el director quiere que se desarrolle. Hay de todo, desde directores-maestros, que lo acompañan a uno, hasta directores-tiranos, que piensan que el actor es una marioneta. Sinceramente, a partir de los roles que he hecho en cine nunca he tenido un director que no tome en cuenta este trabajo en conjunto que hacemos para poder crear un personaje. Necesariamente es una creación conjunta.

Juego e independencia

Una sucinta carta impersonal del director y actor inglés Kenneth Brannagh comunicó a Adriana Barraza que durante el proceso de edición había quedado fuera de la cinta Thor (Estados Unidos, 2011), sobre las aventuras del superhéroe de la Marvel. Para la actriz no fue sino uno de los gajes de este oficio, tan repleto de altas y bajas. Apenas en marzo, en el Festival de Guadalajara, su más reciente cinta, Mariachi gringo (Estados Unidos, 2012, de Tom Gustafson) había ganado el Premio del Público y el de Mejor Actriz para Martha Higareda (con quien ya había compratido créditos en Te presento a Laura, 2010). Y es que su carrera la ha llevado a las más variadas producciones, lo mismo Arrástrame al infierno (2009), del maestro del terror Sam Raimi o la actuación coral Rage, de Sally Potter, junto a un gran elenco (Judi Dench, Jude Law, Dianne Wiest, John Leguizamo y Steve Buscemi); que la comedia comercial Pobres divas (2010) o el cortometraje de autor Lindo y querido, de Patricia Rigen, para el largometraje Revolución (2010).

-Otra de sus facetas es enseñar acentos neutros, hacer coaching actoral con niños, o dar asesorías a gente sin experiencia actoral.
-En la televisión uno tiene la oportunidad de trabajar con personas que jamás han actuado. A mí el profesor Héctor Jiménez me enseñó una gran cantidad de bloques de trabajo para poder enseñar al actor inexperto y llevarlo a tener una mayor veracidad para que pueda transmitir, que es lo primero que busco como directora. Sin veracidad lo único que te queda es un oficio para que uno pueda cumplir con un personaje, lo que no quiere decir que ese oficio pueda hacerte famosísimo y hacerte ganar muchísimo dinero, pero una cosa es tener el oficio y otra es realmente ser un actor y poder interpretar.

-Cómo la ha ido conduciendo su carrera en torno a su propia forma de vivir tranquila, en paz y a gusto.

-Fíjate que esa es una cuestión muy importante. Uno tiene que trabajar mucho para luego poder darse momentos de tranquilidad como los que vivimos mi esposo, Arnaldo Pipke, y yo. Los dos somos maestros y a mediados del año pasado decidimos crear nuestra empresa y escuela de asesoría, justamente para ser independientes y no casarnos con nadie; claro, sin descuidar nuestras carreras. Lo construimos desde la base de hacer bien nuestro trabajo donde sea: en la televisión, el cine o en el teatro. Damos cursos normales, pero nos gusta dar asesorías a empresas, lo hemos hecho con Univisión, Venevisión y Telemundo.

-¿En estos 40 años de carrera ha cambiado su concepto sobre el significado de ser actriz?
-No, no ha cambiado. Significa ser una persona que juega; en inglés se dice to play. Es una persona que interpreta a otros para hacer soñar a otros y soñarse a sí mismo.

Este artículo se publicó originalmente en la sección de cultura del diario El Financiero (14/V/2012).

cine TOMA 22: MIRADAS NIÑAS

mayo 4, 2012

La formación audiovisual infantil y juvenil

Esta es la portada del vigésimo segundo número de la revista cine TOMA, que circulará durante mayo y junio de 2012 y que dedica su dossier principal a reflexionar en torno a la formación audiovisual y cinematográfica del público infantil y juvenil.

En el abordaje del tema, cine para niños, presentamos una serie de reflexiones sobre educación, análisis y aprendizaje a través del cine, del especialista español Enrique González-Salanova, director de la revista Comunicar de España; además, el especialista en pedagogía crítica estadounidense, Henry A. Giroux, analiza las estructuras del discurso de poder en las empresas de Disney; más adelante, el catalán Román Gubern advierte sobre la necesidad de ofrecer herramientas para la crítica de la imagen a los niños; en tanto que el investigador Rodrigo Chávez analiza como el cine para todo público y las animaciones son los segmentos de producción más rentables de la cartelera.

Como parte del dossier se incluye una historia sobre el cine para niños, realizada por la promotora y productora Liset Cotera de la asociación La Matatena; se incluyen sendas entrevistas con los cineastas mexicanos Patricia Arriaga (Bacalar) y Hugo Rodríguez (La leyenda del tesoro), en torno a la experiencia de dirigir cine infantil; en tanto que el crítico José Antonio Valdés Peña aborda el ciclo Cinemundi de la Cineteca Nacional, y Araceli Roldán, directora del festival Lo que veo de Save the Children nos explica el proyecto.

Además, incluimos un segundo dossier sobre uno de los funcionarios, pedagogos y cineastas más destacados de la escena cinematográfica nacional, Alfredo Joskowicz, quien acaba de recibir el Mayahuel del Festival de Guadalajara y se le otorgará el Ariel de Oro en junio próximo, con textos de Jorge Fons, José Woldenberg y Armando Casas, además de una larga entrevista con el homenajeado.

En la sección de Industria se aborda el complejo problema del impuesto por copia digital, en un estudio realizado por la economista Mariana Cerrilla y el periodista y realizador Gibrán Bazán plantea diez puntos para recuperar la memoria del incendio de la Cineteca Nacional, ocurrido hace tres décadas.

En Fotofijas, se ofrecen imágenes de la filmación del documental Cuates de Australia, de Everardo González, recientemente premiado en el Festival de Guadalajara. Y en los adelantos a Festivales, David Di Bona, nos habla de la segunda edición de Distrital. Cine y otros mundos, en tanto que Lucía Calvachini hace lo propio respecto al quinto Foro de Animación Contemporánea Animasivo del Festival de México y Alondra Montero habla de la quinta edición del Festival de Cine en el Campo.

Se incluye una nueva sección, Ejecutantes, en el que se presentan entrevistas con dos de los más destacados actores del cine mexicano, Adriana Barraza, nominada al Oscar que ahora radica en Argentina y Damián Alcázar que analiza la problemática situación que asola al cine mexicano. Y desde el rodaje de El ciudadano Buelna se presenta una entrevista con su director, Felipe Cazals. Finalmente, en Libros, se incluye un fragmento de Close up, antología de la crítica cinematográfica de Efraín Huerta. entre otros contenidos

Cine TOMA 22 circulará durante mayo y junio por todo el país en locales cerrados.