“Tesoros”, de María Novaro, en la Cineteca Nacional

El viernes 20 de julio se estrena, al fin, la película Tesoros (México, 2017), película para niños de María Novaro, en la Sala 9 de la Cineteca Nacional así como en La Casa del Cine.

La cinta relata, en voz de Jacinta, la llegada de los güeros, Dylan Andrea y Lucas, a Barra de Potosí, una comunidad de pescadores en las costas de Guerrero, que forman, con los niños de la comunidad, un grupo de caza tesoros que buscan con muchas ganas y una tablet con Internet, el que dejó escondido en la región el pirata Francis Drake en el siglo XVI. Y, como reza su sinopsis: “Con imágenes coloridas y emocionantes, estos niños, guiados por su propia inteligencia y curiosidad, encuentran el espacio de libertad indispensable para descubrir algo mucho más valioso que un cofre del tesoro, llevándonos a un mundo de optimismo, solidaridad e imaginación”.
La película tuvo su estreno mundial la sexagésima séptima edición del Festival Internacional de Cine de Berlín como parte de la sección Generation KPlus, concentrada en el cine para niños, y luego su estreno nacional en el trigésimo segundo Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG). Durante su recorrido por festivales, entre los que se cuentan Tel Aviv, FICUNAM y Ambulante, Tesoros ganó el premio a la Mejor Dirección en el XIII Festival Internacional de Cine para Niñas y Niños de China; el Premio Coral de Edición en el XXXIX Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana; el Premio de la Competencia Internacional del Festival Internacional de Mujeres en el Cine (FIM Cine), de Brasil.
Les compartimos un texto de la propia realizadora respecto a su sexto largometraje de ficción:

Los niños siempre han estado presentes en mis películas al igual que en mi vida. Siempre confié en mi intuición para dirigir a los pequeños y siempre me sentí muy a gusto haciéndolo. Del mismo modo en que disfruto vivir la vida rodeada de chavitos.

Nunca me había propuesto hacer una película infantil y mucho menos me había imaginado dirigir a tantos niños juntos. TESOROS fue un reto no solo porque eran muchos y de todas las edades. Lo fue también porque quería contar esta historia desde la propia mirada infantil; desde ese mundo suyo que se habita siempre desde la lógica del juego. Quería narrar el tiempo a su ritmo y construir mi relato desde su propia imaginación, que construye puentes constantes entre la fantasía y la realidad.

Para garantizar la frescura y la autenticidad de mis pequeños protagonistas decidí no imponerles personajes, ni nombres ficticios, ni un guión, y mucho menos diálogos escritos previamente. Creaba las situaciones para que ellos mismos pudieran reconocerse en ellas y apropiárselas. Busqué crear un espacio de libertad en el que el relato tuviera la dinámica que ellos mismos le fueran imprimiendo. Les susurraba ideas al oído, que podían tomar o dejar. Yo tomaba notas constantemente y los encaminaba. Jugaba con ellos siguiendo algunas reglas como se hace en cualquier juego (como la de que “quien mire a cámara, “pierde” en el juego de filmar).

Trabajamos, por supuesto, con algunas certezas. Filmar a dos cámaras y con luz disponible. No hacer ensayos ni mecánicas previas. Evité a toda costa que memorizaran los textos que les iba presentando sobre la marcha. Las cámaras serían operadas casi todo el tiempo a la altura de los pequeños. Se dice fácil, pero requirió de cierta técnica y mucha habilidad por parte de los fotógrafos. Si los adultos no entraban a cuadro no corregiríamos nuestro encuadre para ir a buscarlos. Muchos adultos no tendrían nombre: los llamaríamos como acostumbran los niños: “papá de…” o “mamá de…”. Agradecí en todo momento la paciencia y generosidad del sonidista y del resto del equipo de trabajo. Todos sabían que la prioridad eran siempre los niños, como debe serlo en la vida misma.

Dicen mis nietos, Jacinta, Dylan y Andrea, que yo sí sé jugar aunque sea grande. Escribí TESOROS porque quería hacer una película para ellos, y con ellos. Quería que conocieran este oficio de hacer cine al que se dedica su abuela. Quería atesorar con ellos el proceso de filmar.

Con TESOROS también quise hablar a los niños de nuestro hermoso país profundamente herido, desgarrado por la violencia, la corrupción y la impunidad. Con una desigualdad social y una pobreza lacerante que crece por las políticas de decenios basadas en el despojo. Eso ellos lo saben, porque lo viven. Pero quise decirles también que México tiene una enorme riqueza en su biodiversidad y en su gente. Habitado por comunidades sabias que saben convivir con la naturaleza porque se saben parte de ella. Con las que compartimos un rasgo cultural común que me emociona profundamente: una voluntad irrevocable para ser felices. Vivir la vida con alegría, sin olvidar que otro mundo es posible.

 

 

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