Oscar honorario a Alejandro González Iñárritu por “Carne y arena”

La Junta de Gobernadores de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de los Estados Unidos (AMPAS, por sus siglas en inglés), le entregó un Premio Especial, consistente un trofeo Oscar, al director mexicano Alejandro G. Iñárritu, por la creación, junto con el cinefotógrafo Emmanuel Lubezki, de la instalación virtual Carne y Arena (virtualmente presente, físicamente invisible) (Carne y Arena (Virtually Present, Physically Invisible)), “en reconocimiento a una experiencia visionaria y poderosa en el relato de historias” y por abrir nuevas puertas hacia la percepción cinematográfica, como explicó John Bailey, presidente del organismo.

La votación se efectuó el miércoles 25 de octubre y la entrega del premio se realizó el 11 de noviembre en la novena entrega anual de los Governors Awards, realizada el sábado 11 de noviembre en el Ray Dolby Ballroom en el Hollywood & Highland Center –centro en el que se encuentra también el Dolby Theater, recinto en el que se realiza la ceremonia de entrega del Oscar–, en una evento anual que también entrega el Premio Conmemorativo Irving G. Thalberg y  el Premio Humanitario Jean Hersholt, que este año recayeron en Charles Burnett, Owen Roizman, Donald Sutherland y la documentalista francesa Agnès Varda.

Quisiera agradecer a la Junta de Gobernadores de la Academia por este reconocimiento honorario que me conmueve profundamente. Como mexicano, como artista, pero sobre todo como ser humano, les agradezco desde lo más profundo de mi corazón por haberse tomado el tiempo de probar la experiencia de Carne y arena y de honrarla con este premio especial. Y es que no hay mejor premio en la vida que aquel que ganas sin tener que competir y sin pasar por ninguna temporada de premios, y compartir este espacio con grandes, grandes maestros como la señora Agnes Varda, Owen Roizman, Charles Burnett y Donald Sutherland. Es un sueño.

Este trabajo nació como un experimento creativo sin ninguna intención comercial o de lucro, y tanta gente simplemente confió en ella y dio tanto, pese a que no sabíamos cómo íbamos a hacerla o cómo resultaría, por eso quisiera agradecerles a ellos primero. Me gustaría agradecer primero a mi querido amigo y colaborador Emmanuel “Chivo” Lubezki, este proyecto no podría ser lo que es sin su genio. A Mary Parent, productora, amiga y ángel de la guarda de este proyecto. Mary, tú y Legendary (Entertainment) hicieron posible este proyecto, ¡gracias! A Miuccia Prada, que fue la primera co-conspiradora de esta idea hace cinco años y a su equipo en la Fondazione Prada; a Laurene Powell Jobs y al Emerson Collective por su apoyo y compromiso con la causa de los migrantes; a la productora Catie Calhoon y su pasión; al equipo (de Tim) Alexander (supervisor de efectos especiales) y al equipo de Eileen (Bai, de ILM), a Ethan Stearns (productor vr) por su devoción y a Philip Mesina (diseñador de producción) por su hermoso diseño; a mi hermano Martín Hernández (supervisor de diseño sonoro); Carsten Nicolai (nombre verdadero del compositor Alva Noto); Randy Thom (supervisor de diseño sonoro); Steve Colin, Neil Kellerhouse (diseñador del cartel), y el verdadero pionero de la realidad virtual (la periodista) Nonny de la Peña; a Arnon Milchan por hacer posible la instalación en el LACMA, y a Michael Goven (CEO del LACMA) y a su equipo en LACMA por seleccionarnos incluso cuando esto era sólo una idea; a Thierry Fremaux, Michael Mann y John Bailey por su apoyo y por creer en este proyecto; a Guillemo del Toro, Alfonso Cuarón por su amistad siempre sabia y consejos peligrosos; a Gustavo Flores (consultor de sonido), Edie Hedayat (productor ejecutivo), Javier Chapa, Eduardo Vázquez, Jorge Volpi, Ricardo Raphael en la Ciudad de México, la UNAM y el Museo de (Centro Cultural Universitario) Tlatelolco; a Alejandro Ramírez (director general de Cinépolis) por ayudar a hacer posible esta instalación en México; a Meyer Sound por su equipo y sus servicios; a mi esposa María Eladia (Hagerman), a mi hijo y mi hija, Eliseo y María Eladia, a quienes amo y con quien comparto la conciencia de inmigrantes. Y finalmente, pero no menos importante, a Federico Bustamante, director de Casa Libre, y a todos y cada uno de los migrantes que confiaron en nosotros y participaron en este proyecto, compartiendo sus historias con el mundo, hicieron de este proyecto algo suyo y realmente verdadero.

Ahora me gustaría decir y compartirles algunas reflexiones –y prometo hacer mi mayor esfuerzo para mejorar mi muy mal inglés–. Pero quiero decir que sólo las ideologías han jodido al mundo. No las personas pero las ideas que tenemos acerca de ellos. Y estas ideas. y las ideas que ellos tienen acerca de nosotros. Esas ideas van adjuntadas a palabras, palabras que sólo sirven para reiterar y reafirmar esas ideas. Nuestras ideas. Pero la idea de una cosa, lugar o persona, no es la cosa, el lugar ni la persona, es sólo una abstracción. Una palabra sólo es una interpretación que inevitablemente provoca encontrar defectos y reduce la compleja y verdadera realidad de aquella cosa, lugar o persona. Las ideologías, como lo indica su nombre, sólo se alimentan de ideas y de palabras, son las balas con las que disparamos hacia la realidad. Porque el más grande enemigo que tienen las ideologías es la realidad. Y la interpretación de la realidad únicamente a través de las ideas y de las palabras inevitablemente nos distancian, nos despistan, nos ciegan y evitan de verdaderamente ver la realidad.

Cuando el mundo, por poner un ejemplo, viola, o un extranjero ilegal es despedido, la realidad de una cierta vida humana o de una comunidad, toda la comunidad, es reducida a una idea. Y todo aquel que crea o que posea y dispare esa idea terminará empobreciendo, desviando y degradando su percepción de la realidad y la de aquellos que los rodean. Y no importan cuántos tuits a la derecha o a la izquierda o todos nuestros bla bla bla, la verdadera realidad permanecerá inalterada.

Hace diez años, mientras preparaba mi película Babel, tuve el privilegio de asomarme a la realidad de cientos de migrantes mexicanos y centroamericanos, la mayoría de ellos niños, mujeres y jóvenes cuyas vidas han sido devastadas por la extrema pobreza, violencia local, hambre, guerra, violaciones y amenazas de muerte de violentos cárteles y pandillas. Su situación era tan desesperada que estaban dispuestos en convertirse uno más entre los 6 mil migrantes que han muerto durante la última década mientras buscaban un refugio de vida, dispuestos a arriesgar sus vidas y a morir con sus hijos, antes que volver a sus países de origen, nuestros países, que les han fallado, traicionado y abandonado. Cada frase, cada historia, cada una de sus realidades, era profundamente emocionante y conmovedora.

Ignoro cuántas de las personas que muy pronto decidirán sobre el futuro de los 800 mil dakarianos o si al menos han tenido el privilegio de conocer a alguno en persona, mirarlo a los ojos o escuchar a sus historias. Pero estoy seguro que si lo hacen y observan la realidad de primera mano, la entenderan. Y si los entienden los amarán. Porque como dijo el maestro Thich Nhat Hanh: “Entender es otro nombre del amar. Si tú no entiendes, no puedes amar”.

Carne y arena es un humilde primer intento de explorar la condición humana y de expresar y compartir una realidad en el nacimiento de un nuevo arte. Sí, estamos parados ante el rostro de una nueva forma de arte cuyo lenguaje y gramática visual todavía intentamos entender. Y al cual las nuevas generaciones explorarán y descubrirán, llevándolo a lugares inimaginables. Nuestra intención, desde el inicio, era subordinar la tecnología a las emociones humanas. Explorar uno de los temas y conflictos más antiguos en la historia humana, con la tecnología más novedosa posible. Una tecnología que, dependiendo cómo se utilice, nos separará, alterará, reducirá o deformará nuestra percepción solamente con sueños vulgares de lucro o nos reunirá dándonos experiencias artísticas o incluso, y sólo virtualmente, rebanadas de nuestra compleja realidad para que podamos entendernos y, por tanto, amarnos más. En lo personal, no estoy interesado en la tecnología para reinventar o para escapar de la realidad, me interesa la tecnología como una herramienta para abrazar la realidad y como en el enorme océano, sumergirme y descubrir, transformar y apreciar la belleza y el gran misterio.

Hoy, justo aquí, miles de personas buscando refugio están virtualmente presentes aunque sean físicamente invisibles. Dedico este bello reconocimiento a nombre de todos los migrantes de México, Centroamérica, Asia, África y de todos los rincones del mundo cuyas realidades han sido ignoradas y se han mantenido rehenes por las ideologías y las definiciones que les niegan la posibilidad de ser comprendidos y amados.

¡Muchas gracias!

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