La siniestra cercanía emocional en “El último paciente: Chronic”, de Michel Franco

La enfermería para rescatarse a sí mismo

Por Gonzalo Hurtado

La profunda conexión emocional que los cuidadores de enfermos terminales desarrollan con sus pacientes puede llegar a extremos bastante obsesivos, como ocurre con el enfermero David, que desarrolla su oficio de manera pulcra, pero casi siempre problemática para los familiares, pues es su puerta de salida para la dolorosa muerte de su hijo, años atrás.

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Puede afirmarse que, recientemente, Michel Franco se ha erigió como un hijo dilecto del Festival Internacional de Cine de Cannes. Los tres largometrajes que ha dirigido hasta ahora han tenido presencia en la programación del evento así como un importante rebote mediático, sobre todo con Después de Lucía (México-Francia, 2012), que se hizo del León de Oro, el premio principal de la sección Una cierta mirada en su sexagésimo quinto Festival Internacional de Cine de Cannes. Este año, El último paciente: Chronic (México-Estados Unidos, 2015), mantuvo el buen paso al obtener el galardón a Mejor Guión en la Sección Oficial del certamen, lo que sitúa a este cineasta, nacido en la Ciudad de México, en 1982 en un lugar de privilegio, junto a otros compatriotas suyos que vienen dando la hora a nivel internacional como Alejandro González Iñárritu, Amat Escalante, Carlos Reygadas o Gabriel Ripstein. A pesar de que la película no consiguió galardones a su paso por la sexagésima tercera edición del Festival de Cine de San Sebastián, como parte de la sección Horizontes Latinos, su estreno de ninguna manera pasó desapercibido para el público y la crítica, y prueba de ello fue el lleno total en todas sus presentaciones.

Protagonizada por el actor inglés Tim Roth, la cinta está ambientada en Los Ángeles y nos presenta al hermético enfermero David, quien dentro de su extremo mutismo, suele conducirse mucho más allá de su deber, cuando está a cargo de enfermos terminales e intenta hacerlos sentir lo mejor posible antes de su inevitable partida. Sin embargo, su actuar será seriamente cuestionado cuando los hijos de un prestigiado arquitecto, encuentran en su tarjeta inteligente videos pornográficos con los que el hombre se entretiene y observan una erección cuando lo está bañando, por lo que amagan con demandarlo. Con un proceso judicial a cuestas, David persiste en dar atención y consuelo a otros, por lo que regresa a la localidad donde solía radicar y se acerca a su joven hija Nadia (Sarah Sutherland) y su ex esposa Laura (la mexicana Nailea Norvind), que lo hacen rememorar la dolorosa pérdida de su hijo, que le ha hecho perderse las sensaciones y los afectos familiares y sociales, a cambio de concentrarse e incluso perderse a sí mismo en su compromiso profesional.

La puesta en escena mantiene la continuidad estilística de las obras anteriores del director, privilegiando los planos medios y abiertos para graficar el punto de vista de un espectador distante, que se mantiene omnipresente en cada acto de su protagonista, de quien sabemos poco de su historia de vida y cuyo silencio es la clave que mejor lo refleja, ya que será en los actos más sutiles de su vida cotidiana donde obtendremos la certeza de su propia esencia. El último paciente: Chronic es una película contenida, cuyo ritmo más que percibirse en pantalla ocurre en el interior de sus personajes. Sus intenciones y manifiestos no están a flor de piel, se mantienen bajo la dermis de su protagonista para sugerir en vez de afirmar con vehemencia, mientras somos testigos de su comunión con la muerte. David ha aprendido a aceptar lo inevitable y a hacer que otros lo lleven con dignidad y le da fuerza para mantener su ética personal hasta el último momento.

En su ritmo interno y su propuesta visual con una cámara que se mantiene estática la mayor parte del tiempo, es que la cinta nos transmite con mayor fidelidad las incertidumbres y dudas de su protagonista. En esa economía de lenguaje, se construye la justificación visual para el sorprendente y casi inexplicable momento final con el que se resuelve la película, producida por Lucía Films que, con distribución de Videocine, estrenará en la cartelera mexicana el 8 de abril.

Tras la función de prensa de la cinta, en el teatro Kursaal, como parte de la sección Horizontes Latinos del sexagésimo tercero Festival de Cine en San Sebastián (Donostia Zinemaldia), es que ocurrió la siguiente conversación con Michel Franco.

¿Qué te motivó a cambiar la temática juvenil de Daniel & Ana (México-España, 2009) y de Después de Lucía, por los dilemas de un personaje adulto en Chronic?

Si bien mis dos primeras películas eran protagonizadas por personajes adolescentes, yo no las catalogaría en ese rango. Tal vez se debía a que yo era más joven y me sentía más cercano a esa generación, pero hago películas sobre temas que me llaman más la atención y en este caso la muerte y la enfermedad me parecieron ideales para llevarlos a la pantalla. Una película toma uno o dos años en hacerse y debe tener un tema lo suficientemente interesante para captar el interés del director durante ese tiempo para luego captar el interés y el tiempo del público.

 

¿Te intriga mucho el tema de la muerte? En Después de Lucía también aparecía ese componente.

Aprecio la pregunta porque mucha gente encasilla a esa película con el bullying, cuando la relación correcta es con la muerte. Podríamos decir que esa recurrencia me define mucho.

 

¿Qué tan personal ha resultado esta película para ti?

Todas mis películas tienen un tema personal. En este caso me inspiré en lo que le ocurrió a mi abuela, que estuvo enferma durante 2010 y tuvo una enfermera trabajando con ella por varios meses. Lo que me sorprendió es la relación de intimidad que nació entre esta persona y mi abuela. Entonces, me interesó mucho tratar el tema de cómo se inició ese vínculo, además de cómo es la vida de alguien que está muy cercano de la muerte.

 

¿Esa experiencia familiar no te decidió a contar la película desde un punto de vista femenino?

Al principio, había considerado tener de protagonista a una mujer, pero cuando conocí a Tim Roth, que tenía mucha curiosidad e interés por mi siguiente película, me propuso trabajar conmigo si cambiaba el papel principal de mujer a hombre para poder interpretarlo y así lo hice. Durante la etapa de investigación, Tim trabajó con varios pacientes de cáncer y constantemente me llamaba para contarme a quién había conocido y qué había vivido con esa persona. Al mismo tiempo yo comencé a conocer enfermeros en Estados Unidos y a entender un poco más de ese mundo.

¿Qué tan complicado resultó representar la parte más oscura del protagonista de Chronic?

Cuando decidí escribir el papel para Tim, opté por diseñar un personaje bastante complejo, porque él es un actor muy completo y no tendría problemas en darle forma a David, que si te fijas bien no es un papel nada fácil. No se trata solamente de un ángel que quiere ayudar a la gente, también tiene un lado siniestro que a mí me fascinaba explorar aún más. Además, alguien que está tan cerca de la vida y la muerte, de ninguna manera puede pretender ser un personaje sencillo. David ejerce la enfermería como un intento de rescatarse a sí mismo y quizás por eso miente y cambia constantemente de parecer.

¿Te sientes influido formalmente por una película reciente y muy exitosa Amor (Amour, Francia, 2010), de Michael Haneke?

Efectivamente, pero también siento que crecí influenciado por otros directores europeos como Krysztof Kieslowski, Ingmar Bergman o Luis Buñuel y siempre tengo la sensación que mis películas tienen alguna huella de ellos, pero tampoco puedo negar que me gusta mucho lo que hacen estadounidenses tan disímiles como Woody Allen o Paul Thomas Anderson.

Gabriel Ripstein comentó que siente una hermandad entre 600 millas y Chronic, por el hecho de compartir al protagonista y de que uno fue el productor del otro en sus respectivos filmes.

Con Gabriel somos amigos desde hace muchos años. El año pasado no solo produjimos su película y la mía, también trabajamos juntos con el venezolano Lorenzo Vigas, que ganó el León de Oro en el septuagésimo Festival Internacional de Cine de Venecia, la Mostra, por Desde allá. También hicimos Los Herederos, de Jorge Hernández Aldana, que compitió en el Festival de Morelia. Para mi resulta mejor hacer mucho y con la misma gente que trabajar de manera esporádica con distintas personas.

 

¿Cómo te ha sentado desempeñarte como productor?

Me gustó trabajar como productor aunque me gusta más dirigir. Mentiría si dijera lo contrario, pero aprendo bastante al entrar en otras facetas y al alternar con directores tan personales. Siempre asimilo mucho de ellos.

 

¿A qué atribuyes el hecho de que el cine mexicano tenga tan buena recepción tanto en festivales internacionales como en el Oscar?

Pues hay muchas voces en el cine mexicano que son fuertes y originales. Es un cine que viene de un país complejo y que está en una crisis constante, y creo que eso nos vuelve más interesantes al momento de concebir historias.

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Este artículo forma parte de los contenidos del número 45 de la revista cine TOMAde julio-agosto de 2015. Consulta AQUÍ dónde conseguirla.

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