Archive for 23 abril 2016

Abrió la convocatoria para el XIV FICM

abril 23, 2016

Propuestas Toma 46

La decimocuarta edición del Festival Internacional de Cine de Morelia se efectuará entre el 21 y el 30 de octubre de 2016, por lo que convoca a realizadores de cortometrajes, documentales y largometrajes a inscribir sus obras en las secciones competitivas: Sección Michoacana, Cortometraje Mexicano –que, de autorizarse, también conformará la Selección de Cortometraje Mexicano en Línea–, Documental Mexicano, Largometraje Mexicano y el Concurso Michoacano de Guión de Cortometraje. Se premiará un cortometraje de ficción, un cortometraje de animación, un cortometraje documental, un largometraje documental, un largometraje de ficción y un primer o segundo largometraje para las producciones mexicanas; un trabajo michoacano; a la Mejor Actriz y al Mejor Actor de Largometraje Mexicano, un trabajo de la Selección de Cortometraje Mexicano en Línea y un guión michoacano de cortometraje. El jurado puede otorgar, además, Menciones Especiales.

La convocatoria cierra el viernes 24 de junio de 2016.BANNER-WEB

Murió Jorge Pantoja, ex coordinador del Cine Club de Guanajuato

abril 21, 2016

El maestro Jorge Rogelio Pantoja Merino murió el jueves 21 de abril, en la ciudad de Guanajuato Capital, donde se encontraba hospitalizado. Dueño de una amplia cultura fílmica y general, además de promotor y programador cinematográfico, ejerció la crítica –la recensión, solía precisar–, además de funcionario y escritor.

Sus restos serán velados en el Parque Funerario Guanajuato –velatorios del ISSEG–a partir de las 20:30 horas y se le realizará  una misa en la Basílica de Guanajuato mañana, viernes 22 de abril, a las 13:00 horas.

El maestro Pantoja Merino fue coordinador de Radio Universidad y del Cine Club de la Universidad de Guanajuato, así como del Área de Cine y de Relaciones Internacionales de Canal Once del Instituto Politécnico Nacional. Fue director general de TV-4 (2001-2006) y consultor de programación de Muestras y Foros de la Cineteca Nacional de México, así como coordinador del área de cine del Festival Internacional Cervantino (FIC). Además, fue asesor de programación de TV-UNAM, productor de la serie “La Música en el Cine”, en Radio Universidad de Guanajuato, y jurado del Festival Internacional de Cine Guanajuato (GIFF). Fue autor, entre otros libros, de Hojas de cine a vuelapluma, Alfaguara del cine silente y Trasuntos de cine.

Jorge Pantoja Merino 3

Para rendirle un modesto homenaje, reproducimos el texto que publicó en el número 32 (enero-febrero de 2014) de la revista Cine Toma: Los otros ojos. Historias en torno a los cineclubes y las salas alternativas.  

Tributo a don Eugenio Trueba Olivares en el 55 aniversario del Cine Club de la Universidad de Guanajuato

El Cine Club es Guanajuatense

Por Jorge Pantoja Merino

Durante largos años, el Cine Club de la Universidad de Guanajuato no sólo fue el único que poseía un proyector de 35mm en su sala emblemática, el Teatro Principal, sino que se constituyó como paradigma de la libertad, en su programación, y de la vanguardia, respecto a los filmes que presentaba. Con motivo de su quincuagésimo quinto aniversario, uno de sus directores emblemáticos, Jorge Pantoja Merino, aborda los orígenes del cineclubismo y su influencia en México.

Con celo y vigor, Eugenio Trueba Olivares —sinónimo de la cultura universitaria de Guanajuato—, en la década de los años cincuenta, se dio a la tarea de contemporizar nuestra casa de estudios con el siglo XX. Por poco sensato que parezca, se interesó en transfundir, es decir, inyectar sangre cosmopolita a una provincia somnolienta y acorchada, aun con el riesgo de sacudir sus rígidos estamentos.

Lo que para algunos —cuando fugazmente se planteaban la cuestión— era una entelequia, él la cristalizó rápidamente en aciertos: instituyó el Cine Club Universitario, como antes se erigió en fundador de la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato (OSUG) y de Radio Universidad de Guanajuato, e insufló la continuidad de la compañía de Teatro Universitario de Guanajuato. Lo suyo se tradujo en ruidos pasmados que llenaron y llenan los corros y corralitos universitarios de plumas y revuelo.

Cada periodo histórico produce una forma artística nacida de la tecnología del momento; el cinematógrafo es el icono del siglo XX, no obstante, no se hizo de la escena apenas aparecido. A través de halagos y engaños empezó a camelar el gusto y la voluntad popular; al tiempo que, con desdén, fue puesto a un lado, cual material de derribo o infecto, por los intelectuales y los letrados, a quienes en principio sólo propinó palos de ciego, aunque finalmente les echó el guante.

En México, no es ocioso señalar que el nombre de cine club no casa del todo bien con su verdadero origen. Para traer memoria únicamente de la producción silente, esta estructura, conformada por salas especiales, se expandió en Europa a partir de 1934, año en que este tipo de filmes dejó de proyectarse comercialmente. El año de 1929 marcó el advenimiento del cine sonoro, con Luces de Nueva York (Lights of New York, Estados Unidos, 1928), de Bryan Foy, hoy una reliquia arqueológica.

Por qué razón abandonó la Universidad de Guanajuato e, igualmente, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) la ascendencia original del cine club, es cosa clara: en el país no había acervo disponible de cine mudo, ya sea nacional o extranjero. El poquísimo, en manos de particulares, estaba en hibernación o, aún peor, en la morgue. Así que pareció más conveniente la poda que el pulido, aunque sigue sin rectificarse el equívoco.

Muy señorial, al más rancio estilo, es el cine club. Sin aspavientos, demuestra que su función es la de un carnero utilizado como semental. ¿Cómo es su nacimiento y desarrollo? En 1911, Ricciotto Canudo, poeta y crítico, señaló que el cine era “El Séptimo Arte” y fundó un club: Los amigos del Séptimo Arte.

Con el fin de la Gran Guerra (1914-1918) y la proyección de la filmografía de David W. Griffith, Thomas Ince y Mack Sennett, el cine se tornó de simple pasatiempo ameno y de solaz en una expresión universal.

Louis Delluc fue el primer crítico de cine, cuyo bagaje adquirió en los cine clubes; le entusiasmaba el cine, en especial el que no se prestaba a la distribución comercial, llamado otrora d´avant garde. En 1923, León Moussinac fundó El club francés del cine, así se establecieron las primeras salas de arte y ensayo. Con la égida, en 1924, Jean Tedesco convirtió el Théâtre du Vieux Colombier, en París, en sala de cine, proclive, entre otras cinematografías, a la soviética. En 1925, el Studio des Ursulines, de tradición teatral, se inauguró como cine club con La calle sin alegría (Die freudlose gasse, Alemania, 1925), de Georg Wilhelm Pabst.

En 1928, Studio 28 expresó la consigna de exhibir cine experimental, del que dio muestra con Napoleón (Napoléon, Francia, 1927), de Abel Gance. No dio tumbos en sus sesiones, atrapó público, ganancias y buena prensa; aunque no salió indemne de la proyección de La edad de oro (L’Âge d’or, Francia, 1930), de Luis Buñuel, que la derecha abacial y política recibió con mala leche, destruyendo en mucho el recinto, la pantalla y una exposición pictórica, colocada en el recibidor, con obras de Salvador Dalí —coguionista de la cinta junto con Buñuel— y de Max Ernst.

Jean-Paul Le Chanois, miembro del Groupe Octobre, patrocinado por Les Amis de Spartacus, tomó la iniciativa de darle cabida al cine soviético, prohibido entonces, y presentó El acorazado Potemkin (Bronenosets Potemkin, Unión Soviética, 1925), de Serguéi Eisenstein, cuya copia fue incautada por la policía en la primera función; fue hasta 1982 cuando este filme fue legalmente autorizado a tener corrida comercial en Francia. Tras los estropicios, Le Chanois, desafiante, se impuso otra carga pesada, un tártago, y exhibió La madre (Mat, Unión Soviética, 1926), de Vsévolod Pudovkin. De todos los títulos citados, la mayoría se ha proyectado en nuestro Cine Club Universitario.

La batalla final

Henri Langlois (1914-1977) provenía de una familia de militares y periodistas. Con la presión encima, a los 20 años aún no sabía por dónde jalar. En compañía de su amigo Georges Franju, más tarde crítico y cineasta, pasaba la jornada en los cine clubes, discutiendo lo que veía.

Ya entonces, hablaba de la fundación de una cinemateca en dónde poner a resguardo filmes de importancia histórica, poco o nada conocidos por la nueva generación de cinéfilos debido a su extracción silente. Se puso a buscarlos; algunos los encontró en estado calamitoso, otros eran cenizas y polvo, acumuló el resto. Creó una regla de oro: no sólo se debe rescatar del olvido a la filmografía consagrada, sino también a la despojada de este halo.

En 1935, Langlois y Franju crearon su propio cine club: El círculo del cine. Del mismo modo que una cuchara, que es la única que conoce el fondo de una taza, despojaron a su agrupación, por inútil, de la tarea de emprender un debate tras la proyección de una cinta. Enmendar es saber; esta decisión —la de prescindir del cinedebate— es la que hoy permea la actividad del Cine Club de la Universidad de Guanajuato y, entre otras, también la de la Cineteca Nacional.

Cada proyección giraba en torno a un tema específico y se informaba al público cuándo y cómo se había realizado el filme. Langlois cortaba los boletos y, a veces, conducía al espectador a su asiento. Para Henri Langlois, lo importante de un cine club no es el espectador o el cineasta, sino la calidad de la proyección, no siempre respetada por el cácaro —o proyeccionista— y, a veces, olímpicamente ignorada por el curador mismo. El cine club también debe ser laico.

Estas influencias del fundador de la Cinémathèque Française y otras similares son las que el Cine Club de la Universidad de Guanajuato ha heredado. Recala en unas y desatiende las demás, intentando siempre tocar una meta en que se deben tomar distancias. Sin embargo, la distancia que los cinéfilos no aceptamos es que se nos haya despojado de la sede cine clubista por antonomasia, el Teatro Principal de Guanajuato —actualmente, el Cine Club de la Universidad de Guanajuato proyecta películas en el Auditorio Euquerio Guerrero, ubicado en el antiguo Hospicio Jesuita. ¿Vivaldi y Wagner son más ambiciosos, relevantes e inteligentes que Jean Renoir, Carl Th. Dreyer, Michelangelo Antonioni, Luis Buñuel, Federico Fellini, Robert Bresson, Ken Russell, Béla Tarr y Michael Haneke? ¡Claro que no!

El cine, a decir de Susan Sontag, es francés. En México, con una sostenida propuesta desarrollada por la Dirección de Extensión Cultural de esta alma mater —ahora bajo la égida de Mauricio Vázquez—, el cine club es guanajuatense y, en su momento, superior en miras y realizaciones a su símil de la UNAM.

Por su nacimiento, desarrollo y permanencia, esta institución hoy reconoce a un santo patrono con vestiduras de seglar, don Eugenio Trueba Olivares. Asentemos: el maestro Trueba Olivares no sólo es un hombre de cine, es un hombre renacentista, sin exageraciones ni exégesis, que se ha plantado en medio de la vida para arrojar semillas de inquietud y, con ellas, formar y reunir feligreses de un evangelio: el de la cultura.

En esta fecha, nos toca remozar el fruto de una parte de su empeño, el cine club, en el que separamos el grano de la paja. Ese grano, esa mies, más pronto que tarde, ha de reunirse en una filmoteca.

Mi reconocimiento, maestro Trueba.

Nota bene: Discurso leído el lunes 7 de octubre de 2013, durante el acto conmemorativo del quincuagésimo quinto aniversario del Cine Club de la Universidad de Guanajuato —inaugurado el 4 de octubre de 1958, en el “Auditorium” (actual Auditorio General), con la proyección de la película El gran vals (The Great Waltz, Estados Unidos, 1938), de Julien Duvivier—, evento realizado en el Auditorio Euquerio Guerrero, de la Universidad de Guanajuato, en presencia del actual rector, doctor José Manuel Cabrera Sixto; del ex rector, el licenciado Eugenio Trueba Olivares, y de los ex coordinadores del Cine Club.

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El terror y la angustia de cruzar el “Desierto” de Jonás Cuarón

abril 15, 2016

Ya es un muro lo suficientemente duro

Por Sergio Raúl López

No hay muro que alcance ni zona árida que detenga la férrea voluntad de los migrantes por encontrar mejores condiciones de vida y lograr ahorros yendo a trabajar a los Estados Unidos. Sin embargo, a la proeza de cruzar el territorio mexicano hay que sobrevivir el paso del desierto, árido, interminable e implacable, al igual que las persecuciones de la patrulla fronteriza y también la locura asesina de los habitantes de las poblaciones de la zona que, armados no sólo de rifles y escopetas, sino de un odio incontrolable contra los mexicanos, por lo que cazarlos se les ha vuelto un deporte.

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La frontera no es una línea divisoria, sino un limbo. No es una verja, una malla de alambre o un muro de altura excepcional que haya de cruzarse, sino la zona que lo rodea y lo circunscribe y que ha de recorrerse en un fatigante y agotador traslado. La frontera es el extenso erial tanto previo como posterior que existe en ambos territorios limítrofes. La frontera es la migración ilegal de trabajadores mexicanos y su tortuoso peregrinar como seres humanos fragilizados y en riesgo perpetuo, presas de una real angustia y en permanente amenaza, frecuentemente concluida en tragedia, sólo para transitar hacia el territorio vecino que les está vedado por leyes y regulaciones inhumanas e injustas.

Y en el caso del territorio en el que se dividen México y los Estados Unidos, es una árida región de calores y fríos extremos, poblada de cactáceas, de serpientes, de agentes de la Border Patrol. La frontera misma es algo similar al infierno mismo no una simple línea divisoria sino un desierto tan mortal como terrible, franca barrera para lograr emigrar, el mayor de los muros, peligrosa y forzosa vía de paso, interminable extensión de la nada, cruel y desgarrador, implacable, inhóspito.

Un desesperanzador desamparo es lo que vive un nutrido grupo de migrantes latinoamericanos en su intento por cruzar ilegalmente la frontera en el segundo largometraje de ficción, Desierto (México-Francia, 2015), del cineasta Jonás Cuarón (Ciudad de México, 1981), que ha decidido retratarlo de manera ampliada. Y los mexicanos y centroamericanos, asustados y desesperados, sin vuelta ni escapatoria posible, habrán de intentar cruzar esas planicies polvosas, esas arenas infinitas, como única vía para solventar su deseo por hallar mejores condiciones económicas cuando la camioneta de redilas que habría de atravesarlos se avería sin reparación posible, tal y como dictamina el mecánico-migrante Moisés (Gael García Bernal con sui generis acento norteño que recuerda al Cursi portero de hermano Rudo), que intenta volver por su hijo tras haber sido deportado.

Abandonados a medio camino, el grupo de viajeros ha de internarse en el desierto del título –en realidad filmado en locaciones bajacalifornianas: Mexicali, Tecate y San Ignacio–, bajo la ineficaz guía de los inseguros y poco comprometidos coyotes Lobo (un cruel Marco Pérez apresurándolos cual ganado al grito de “¡Arre!”, frase recurrente de Aurelio Casillas, en la teleserie El Señor de los Cielos, inspirado en el narco Amado Carrillo) y Mechas (un nervioso y acelerado Diego Cataño, con insólito corte de futbolista y no de pollero), solamente para descubrir que la insolación, la deshidratación y los animales ponzoñosos serán el menor de sus males.

En esa zona árida, donde ni la policía fronteriza desea realizar la menor vigilancia, aparece un solitario cuanto antisocial cazador de conejos, Sam (un Jeffrey Dean Morgan iracundo, tan envejecido como correoso), armado de una botella de bourbon, de un rifle de mira telescópica, de un cuchillo para desollar presas y de un perro pastor alemán entrenado para matar, que recorre la zona en su camioneta, oyendo música blue grass y country, quien decide cazar a los mexicanos indocumentados, por un añejo trauma que no queda claro.

De esta manera, Desierto pone distancia de las incontables producciones tanto mexicanas como estadounidenses que relatan el peregrinar de los mojados y que regularmente los retratan únicamente como víctimas de la pobreza, de la injusticia, de la xenofobia, para convertirse en un dinámico ejercicio de género de terror clásico, en tono de thriller, con un grupo de viajeros que debe escapar de la muerte a manos de un monstruo que amenaza las vidas de todos, un muy real y tangible minute men, empecinado con impedir que los mexicanos invadan la “tierra de los libres” –“The Land of the Free”, como reza su himno nacional.

Así, comienza una angustiante huida a través de planicies descubiertas, perfectas para el tiro al blanco en el que el propio desierto resulta el personaje principal de este drama de gran acción y suspense, con fotografía de gran esfuerzo físico de Damián García, música nerviosa y machacona de Woodkid –el francés Yoann Lemoine, encargado de la banda sonora–, en un filme de acción repleto de emociones, cuyo mayor mérito es justamente el mantener al espectador en una ruleta rusa emocional con criterios del cine de gran industria, algo inusual para una producción totalmente hecha en México.

Tras entregar un primer largometraje independiente, Año uña (México, 2007), del cortometraje documental La doctrina del shock (Canadá-Reino Unido, 2007), al lado de la ensayista Naomi Klein, y el cortometraje Domingo (México, 2014), Cuarón coescribió con su padre la multipremiada cinta Gravedad (Gravity. Estados Unidos, 2013, de Alfonso Cuarón) –ganador del premio Oscar–, y el cortometraje Aningaaq (Estados Unidos, 2013), como espejo a dicha historia no en el espacio sino desde Alaska.

Luego de estrenarse mundialmente en el cuadragésimo Festival Internacional de Cine de Toronto (tiff), donde fue reconocida con el Premio de la Federación Internacional de Críticos de Cine (fipresci), Desierto luego compitió en la Selección Oficial del Festival de Cine de Londres y tuvo su estreno en México en el décimo tercer Festival Internacional de Cine de Morelia (ficm). Producida por Esperanto Kino y el estímulo fiscal Eficine 189, en coproducción con Orange Studio, cg Cinema y ag Films, y en asociación con im Global, el filme estrenará en la cartelera mexicana el 15 de abril en 400 pantallas con la empresa Cinépolis Distribución.

Tu concepto de frontera no es el de una línea, sino todo lo que hay alrededor de ella. No es, en realidad, el límite entre dos países, sino un territorio ampliado en términos geográficos.

Es que eso es muy impresionante. Cuando empecé a viajar y a conocer distintos desiertos para conocer más a fondo el tema, lo que me impresionaba mucho de los desiertos fronterizos es que de repente ni te das cuenta que ya cruzaste. La frontera es una línea muy imaginaria y de ambos lados el desierto es el mismo. Al fin y al cabo los gringos están invirtiendo grandes cantidades para crear un gran muro cuando, al fin y al cabo, el desierto es ya un muro lo suficientemente duro. Cuando te enteras de todas estas historias, cruzar el muro es lo más fácil, lo difícil es cruzar el desierto y llegar a Phoenix o a Tucson.

Los migrantes son gente muy fuerte, son sobrevivientes.

Totalmente y eso a mí me interesaba mucho. Con Gael siempre platiqué de estas imágenes finales de él cargando a la chava en medio de la nada. Ya para llegar al desierto cruzaron uno aún más duro que es México, entonces sí es gente con mucha fuerza, por eso me interesaba hacerlos héroes como personajes, porque estamos acostumbrados a ver al Marine o al espía gringo como héroes y estos personajes que la gente nunca voltea a ver son mucho más fuertes y mucho más rudos que cualquier James Bond.

Además, es tan árido el clima que ni la Border Patrol tiene la voluntad de perseguir migrantes. Sólo un loco como un Minute Man, un vigilante, el que lo hace. Y el personaje de Jeffrey Dean Morgan es una contraparte terrorífica pero a la vez de una muy humana fragilidad enloquecida.

Desde que empezamos a escribir el guión, me impresionaba mucho del personaje de Jeffrey y de los mismos Minute Man, era que los vigilantes siempre me interesaron porque es gente que está loca: tomaron las armas y van a vigilar la frontera, pero llegaron a ese estado porque la situación económica en el sur de Estados Unidos está muy jodida y si además tienes a todos estos políticos que justifican esa crisis usando a los migrantes como chivo expiatorio, es cuando se les voltea. A mí me interesaba crear un asesino, porque sus acciones son las de uno, pero que sus emociones fueran humanas, no caer en un Freddy Krueger. Quizás de mis momentos favoritos es cuando Gael le grita y Jeffrey se rompe aterrado. Yo en la secundaria sufrí de mucho bullying, pero cuando por fin te volteas y reaccionas con tu bully, resulta que es igual de frágil que uno mismo.

El vigilante tiene una mascota, un perro entrenado para matar, al que aprecia más que la vida de cualquier migrante. Además, en una película filmada con luz natural, el animal protagoniza el único efecto especial de la cinta.

El fuego en el perro fue quizás nuestra preocupación más grande en el rodaje y volvimos a esa locación varias veces porque fue muy difícil de filmar. Después del rodaje fue muy difícil con los efectos prácticos que habíamos hecho fue muy complicado meterle efectos de postproducción para que quedara realista y, muchas veces, el de efectos me dijo que cortara a Gael. Pero para mí era importante enseñar la muerte del perro de la misma manera que mostré las de los migrantes porque había una cuestión en la que, al abordar esta temática en una película, quizás era hasta más peligroso ocultar la violencia porque es entonces cuando empiezas a romantizar las cosas en vez de mostrar que sí está rudo. Y la muerte del perro era muy interesante porque quizás es el único rasgo humano que tiene el personaje de Jeffrey. Era el momento donde lo pierde todo y tenía que ser muy cruel.

Con Gael tienes una gran relación de amistad, pero ¿cómo fue que Jeffrey Dean llegó a la película?

Cuando empecé a hacer el casting para el personaje de Sam ya me interesaba conocer a Jeffrey. Lo había visto en Watchmen: Los vigilantes (Watchmen, Estados Unidos, 2009, de Zack Sneider), pero más que eso me impresionaba la cuestión que tiene de que es muy rudo pero, a la vez, tiene un torbellino emocional adentro y eso me interesaba porque cuando gritaba en el set ya en personaje sí da miedito, es grande, fuerte, pero a la vez es una persona muy frágil. Cuando lo conocí, llegó a la junta en su pick up truck, tiene tatuajes de todos sus perros –es fan de ellos– y me di cuenta que ya era el personaje, pero a su vez cuando hablamos del tema migratorio, por más que parece gringo y asesino, entiende mucho de la temática y mi postura política. Aparte de ser perfecto para el personaje iba a ser uno de los pocos gringos que iba a entenderlo. Y empezamos a desarrollar su personaje porque filmamos muchas escenas que no estaban en la película, me interesaba que Jeffrey tuviera conocimiento de la vida personal de Sam, de todo lo que le condujo a ese momento, aunque el público no lo sepa. Como Jeffrey ya había actuado esas escenas, para cuando llegáramos a la escena, tras matar a los migrantes, para que tuviera su arranque emocional me servía que conociera a su personaje lo más posible.

Pese a que hay muchas películas sobre la migración, esta se diferencia por abordar el relato a partir de un género cinematográfico: es un thriller, es una película de acción e, incluso, podría ser de terror. ¿Qué pensaste primero, el género o el tema de la migración?

Lo primero fue el tema, a mí me interesó hablar del tema migratorio desde hace como nueve o diez años, cuando viaje por Arizona con mi hermano, el actor Diego Cataño, él estaba promoviendo Temporada de patos (México-Estados Unidos, 2004, de Fernando Eimbcke) y gracias al Festival de Cine Mexicano en Tucson, al que acudimos, nos llevaron al Consulado mexicano, ahí nos empezaron a contar muchas historias que me marcaron mucho y empecé a leer mucho sobre el tema. También se dio que en esa época en Arizona estaban empezando a intentar pasar leyes antimigratorias. El tema me interesó mucho pero no supe cómo abordarlo porque ya se había tocado mucho y no quería hacer una película que nada más diera cátedra a un público reducido.

Además, por mi parte, me clavé a ver mucho cine gringo setentero y me impresionó esta capacidad de lograr hablar de muchas otras cosas dentro de una máscara de género. Así se me ocurrió la idea de quizá hablar del tema migratorio a través de una película de género podía ser más interesante porque le llegas a un público más grande. Al fin y al cabo Desierto es una película de acción, que el público puede disfruta como una cinta de terror, pero a la vez generas una temática por el simple contexto de la historia y pues también me interesaba porque volteaba un poco las reglas del género: estamos acostumbrados a ver que el gringo es el que siempre está huyendo de los extranjeros. Me interesaba voltear esto. Por eso también me interesaba trabajar con Gael, porque más allá de ser un gran actor y de conocer perfecto el tema migratorio, me interesaba darle al migrante una cara reconocible que ayudara a generar empatía más rápido de lo que el público está acostumbrado.

La fotografía de la película es muy destacada, se inicia con planos panorámicos y con poco movimiento, pero de pronto hay se transforma: hay emplazamientos arriesgados de la cámara y una edición muy dinámica que aparece entre las rocas o retrata una persecución en los acantilados o en la planicie. Filmar en el desierto es muy complicado, ¿cómo lo planteaste?

Desde un principio, cuando me junté con Damián García que es un fotógrafo que admiro mucho y platicamos cómo íbamos a hacer para lograr traducir a la imagen lo dinámico que era el guión, con mucho ritmo y que no paras de leer pues te mantiene en una tensión constante, a la vez me interesaba lograr hacer una foto que estuviera con los personajes durante el viaje, especialmente el desierto, que sería un personaje importante. Entonces necesitaba estar lograr el balance entre estar muy cerca de los personajes pero también muy abierto para entender el contexto. A su vez, teníamos las limitaciones de que debíamos grabar con luz natural porque estábamos en el desierto a dos horas en terracería y de ahí había que cargar el equipo otra media hora, entonces había que ir con lo mínimo indispensable. Se volvió muy difícil en el sentido de que tienes pocas horas de luz natural que son buenas para la foto y en ese poco tiempo teníamos que filmar mucho porque yo sabía que para lograr el dinamismo que quería en la edición íbamos a necesitar desde planos muy cerrados en Gael hasta muy abiertos. Damián cuidó mucho su luz y estuvimos corriendo como locos.

Se nota que es una película muy fatigante, de mucha exigencia física, no sólo para los actores sino para todo el crew.

Y para el fotógrafo. Aunque lo conocía a él y a su trabajo, Damián me sorprendió en el set cuando lo vi agarrar la cámara y correr con los actores. Aunque no lo parezca pero sí es muy físico el muchacho.

La música es otro elemento que resulta muy apropiado para reforzar el tratamiento de género en el filme.

Desde que escribí el guión sabía que íbamos a necesitar mucha música. En este tipo de películas la música ayuda mucho a llevar el ritmo del género y, durante el rodaje, como nos transportábamos dos horas en terracería al set, escuchaba música para ir pensando lo que iba a ser y fue cuando localicé a este artista, Woodkid –nombre artístico del francés Yoann Lemoine– y su música me empezó a gustar mucho porque era como la mezcla perfecta entre la percusión fuerte pero con su voz, que es muy melódica, este contraste entre algo rudo pero también bello, que necesitaba para la película, y fue cuando me interesó trabajar con él. Le mandé el guión y empezamos a trabajar juntos, junto con el diseñador de sonido Sergio Díaz, para intentar crear una atmósfera en la que la música estuviera presente todo el tiempo pero que no fuera un score obvio sino más una sensación atmosférica.

¿Cómo piensas el tema migratorio siendo un mexicano que ha vivido en Canadá y en Estados Unidos mismo?

Me interesa el estreno en México y en Estados Unidos, pero también en todo el mundo, por eso la hice muy minimalista y sin diálogos, porque el tema es bastante universal. Creo que esta historia podía haber ocurrido en la frontera con Guatemala. Este año ha habido más deportaciones de centroamericanos en México que de mexicanos en Estados Unidos y, en ese sentido, el tema migratorio en la película es muy específico de México a Estados Unidos, aunque hay migrantes centroamericanos, pero me interesa por todos lados la reacción al tema.

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Este artículo forma parte de los contenidos del número 45 de la revista cine TOMAde julio-agosto de 2015. Consulta AQUÍ dónde conseguirla.

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Lista completa de candidatos y ganadores honorarios del LVIII Ariel

abril 13, 2016

Nominados Ariel58

Juan Manuel Bernal, Adriana Paz, Dolores Heredia, Adriana Castillo y 
Ernesto Contreras. Fotografía: Pedro González Castillo/Cine Toma.

Al mediodía del miércoles 13 de abril fueron dados a conocer los pormenores de la quincuagésima octava ceremonia de entrega de los premios Ariel, que coincidirán con el septuagésimo aniversario de la instauración de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC), a efectuarse la noche del sábado 28 de mayo en el Auditorio Nacional, que sustituirá a la sede tradicional –en años recientes– de estos premios, el Palacio de Bellas Artes.

El galardón emérito que se entrega a la trayectoria por una vida en el gremio cinematográfico, el Ariel de Oro, será para la actriz Rosita Quintana y para el realizador Paul Leduc.

Y para la competencia por el trofeo en las 26 categorías se inscribieron 151 películas – en 2015 fueron 134– entre las que hubo 67 largometrajes –41 de ficción, 22 documentales y cuatro de animación–, además de 71 cortometrajes –50 de ficción, 12 documentales y 9 de animación– además de 13 cintas en la categoría de Mejor Largometraje Iberoamericano. El Comité de Selección estuvo formado por 189 votantes, integrantes de la AMACC.

Esta es la lista de categorías y de nominados:

ACTOR 

Kristyan Ferrer por 600 millas.

Tim Roth por 600 millas.

Marco Pérez por Gloria.

Damián Alcázar por La delgada línea amarilla.

Tenoch Huerta por Mexican Gangster. La leyenda del charro misterioso.

ACTRIZ 

Geraldine Chaplin por Dólares de arena

Flor Edwarda Gurrola por El placer es mío

Sofía Espinosa por Gloria

Verónica Langer por Hilda

Jana Raluy por Un monstruo de mil cabezas

COACTUACIÓN FEMENINA 

Isela Vega por El Jeremías

Vanessa Bauche por Elvira, te daría mi vida pero la estoy usando

Adriana Paz por Hilda

Alicia Quiñonez por Las elegidas

Cassandra Ciangherotti por Tiempos felices

COACTUACIÓN MASCULINA 

Noé Hernández por 600 millas

Gustavo Sánchez Parra por  La delgada línea amarilla

Joaquín Cosío por La delgada línea amarilla

Silverio Palacios por La delgada línea amarilla

Emilio Echevarría por Un monstruo de mil cabezas

CORTOMETRAJE ANIMACIÓN 

Conejo en la luna, de Melissa Ballesteros

El último jaguar, de Miguel Anaya

Los ases del corral, de Irving Sevilla

Tictactópolis, de José Sierra

Zimbo, de Juan José Medina y Rita Basulto

CORTOMETRAJE DOCUMENTAL 

Ausencias, de Tatiana Huezo

El buzo, de Esteban Arrangoiz

Muchacho en la barra se masturba con rabia y osadía, de Julián Hernández

Por los caminos del sur, de Jorge Luis Linares

Tobías, de Francisca D’Acosta

CORTOMETRAJE FICCIÓN 

3 variaciones de Ofelia, de César Riqué

24° 51’ Latitud Norte, de Carlos Lenin

Esclava, de Amat Escalante

La teta de Botero, de Humberto Busto

Malva, de Lucero Sánchez

Trémulo, de Roberto Fiesco

DIRECCIÓN 

Gabriel Ripstein por 600 millas

Anwar Safa por El Jeremías

David Pablos por Las elegidas

Julio Hernández Cordón, por Te prometo anarquía

Rodrigo Plá, por Un monstruo de mil cabezas

DISEÑO DE ARTE 

Carlos Jacques por 600 millas

Bárbara Enríquez por El Jeremías

Julieta Álvarez por Gloria

Daniela Schneider por Las elegidas

Bárbara Enríquez y Alejandro García por Mexican Gangster. La leyenda del charro misterioso

EDICIÓN 

Gabriel Ripstein y Santiago Pérez Rocha por 600 millas

Adriana Martínez, Patricia Rommel por Gloria

Jorge Arturo García por La delgada línea amarilla

Miguel Schverdfinger y Aina Calleja por Las elegidas

Miguel Schverdfinger por Un monstruo de mil cabezas

EFECTOS ESPECIALES 

Alejandro Vázquez por 600 millas

Ricardo Arvizu por Alicia en el país de María

José Ángel Cordero por Familia Gang

Alejandro Vázquez por La delgada línea amarilla

Alejandro Vázquez por Mexican Gangster. La leyenda del charro misterioso

EFECTOS VISUALES 

Edgardo Mejía por 600 millas

Raúl Prado, Edgar Piña y Juan Carlos Lepe por El Jeremías

Raúl Prado, Edgar Piña y Juan Carlos Lepe por Gloria

Miguel de Hoyos, Ricardo Villarreal y Marco Rodríguez por La delgada línea amarilla

Edgardo Mejía, Francisco Castillo, Rodrigo de Gante, José Luis Gómez, José Ignacio Narváez, Ivonne Orobio y José Manuel Romero por Mexican Gangster. La leyenda del charro misterioso

FOTOGRAFÍA 

Martín Boege por Gloria.

Emiliano Villanueva por La delgada línea amarilla

Carolina Costa por Las elegidas

Tonatiuh Martínez por Mexican Gangster. La leyenda del charro misterioso

María José Secco por Te prometo anarquía

GUIÓN ADAPTADO 

Israel Cárdenas y Laura Amelia Guzmán por Dólares de arena

Andrés Clariond Rangel por Hilda

Luis Ayhllón por La extinción de los dinosaurios

Laura Santullo por Un monstruo de mil cabezas

Matías Meyer y Alexandre Auger por Yo

GUIÓN ORIGINAL 

Gabriel Ripstein e Issa López por 600 millas

Ana Sofía Clerici por El Jeremías

Sabina Berman por Gloria

Celso García por La delgada línea amarilla

David Pablos por Las elegidas

LARGOMETRAJE ANIMACIÓN 

El Americano: The Movie, de Ricardo Arnaiz y Mike Kunkel

La increíble historia del niño de piedra, de Miguel Ángel Uriegas, Miguel Bonilla, Jaime Romandía y Pablo Aldrete

Un gallo con muchos huevos,  de Gabriel y Rodolfo Riva Palacio

LARGOMETRAJE DOCUMENTAL 

El hombre que vio demasiado, de Trisha Ziff

El Paso, de Everardo González

Los reyes del pueblo que no existe, de Betzabé García

Made in Bangkok, de Flavio Florencio

Tiempo suspendido, de Natalia Bruschtein

MAQUILLAJE 

Thal Echeveste por 600 millas

Nayeli Mora por El Jeremías

David Gameros por Gloria

Adam Zoller por Las elegidas

Marco Antonio Hernández por Mexican Gangster. La leyenda del charro misterioso

MÚSICA ORIGINAL 

Jacobo Lieberman por El hombre que vio demasiado

Lorne Balfe por Gloria

Daniel Guillermo Zlotnik por La delgada línea amarilla

Carlo Ayhllón por Las elegidas

Andrés Sánchez Maher por Mexican Gangster. La leyenda del charro misterioso

ÓPERA PRIMA 

600 millas, de Gabriel Ripstein

El Jeremías, de Anwar Safa

Gloria, de Christian Keller

Hilda, de Andrés Clariond Rangel

La delgada línea amarilla, de Celso García

PELÍCULA IBEROAMERICANA 

El abrazo de la serpiente (Colombia), de Ciro Guerra

El clan (Argentina), de Pablo Trapero

El club (Chile), de Pablo Larraín

El lobo detrás de la puerta (Brasil), de Fernando Coimbra

Truman (España), de Cesc Gay

REVELACIÓN FEMENINA 

Yanet Mojica, de Dólares de arena

Karen Momo, de El Jeremías

Andrea Ortega Lee, de Ella es Ramona

Tatiana del Real, de Gloria

Nancy Talamantes, de Las elegidas

REVELACIÓN MASCULINA 

Martín Castro por El Jeremías

Óscar Torres por Las elegidas

César R. Suárez Morales por Los jefes

Alejandro Guerrero S. por Sopladora de hojas

Fabrizio Santini por Sopladora de hojas

SONIDO 

Alejandro de Icaza y Federico González Jordán por 600 millas

Matías Barberis, Jaime Baksht y Michelle Couttolenc por Gloria

Sergio Díaz, Jaime Baksht, Gabriel Coll, por La delgada línea amarilla

Alejandro de Icaza, Pablo Tamez, por Las elegidas

Alejandro de Icaza, Axel Muñoz, por Un monstruo de mil cabezas

VESTUARIO 

Gilda Navarro por Gloria

Mónica Neumaier por Hilda

Gabriela Fernández por La delgada línea amarilla

Daniela Schneider por Las elegidas

Gilda Navarro por Mexican Gangster. La leyenda del charro misterioso

PELÍCULA 

600 millas, de Lucía Films y Gabriel Ripstein

Las elegidas de Canana, Manny Films y David Pablos

Un monstruo de mil cabezas, de Buenaventura Producciones y Rodrigo Plá

Gloria, de Pelo suelto México Films, Río negro Producciones y Christian Keller

La delgada línea amarilla de Springall Pictures y Celso García.

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Juan Manuel Bernal y Adriana Paz, al dar a conocer la lista de nominados. 
Fotografía: Pedro González Castillo/Cine Toma.

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Juan Manuel Bernal y Adriana Paz, al dar a conocer la lista de nominados. 
Fotografía: Pedro González Castillo/Cine Toma.

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Dolores Heredia, presidenta de la AMACC. 

Fotografía: Pedro González Castillo/Cine Toma.

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La siniestra cercanía emocional en “El último paciente: Chronic”, de Michel Franco

abril 9, 2016

La enfermería para rescatarse a sí mismo

Por Gonzalo Hurtado

La profunda conexión emocional que los cuidadores de enfermos terminales desarrollan con sus pacientes puede llegar a extremos bastante obsesivos, como ocurre con el enfermero David, que desarrolla su oficio de manera pulcra, pero casi siempre problemática para los familiares, pues es su puerta de salida para la dolorosa muerte de su hijo, años atrás.

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Puede afirmarse que, recientemente, Michel Franco se ha erigió como un hijo dilecto del Festival Internacional de Cine de Cannes. Los tres largometrajes que ha dirigido hasta ahora han tenido presencia en la programación del evento así como un importante rebote mediático, sobre todo con Después de Lucía (México-Francia, 2012), que se hizo del León de Oro, el premio principal de la sección Una cierta mirada en su sexagésimo quinto Festival Internacional de Cine de Cannes. Este año, El último paciente: Chronic (México-Estados Unidos, 2015), mantuvo el buen paso al obtener el galardón a Mejor Guión en la Sección Oficial del certamen, lo que sitúa a este cineasta, nacido en la Ciudad de México, en 1982 en un lugar de privilegio, junto a otros compatriotas suyos que vienen dando la hora a nivel internacional como Alejandro González Iñárritu, Amat Escalante, Carlos Reygadas o Gabriel Ripstein. A pesar de que la película no consiguió galardones a su paso por la sexagésima tercera edición del Festival de Cine de San Sebastián, como parte de la sección Horizontes Latinos, su estreno de ninguna manera pasó desapercibido para el público y la crítica, y prueba de ello fue el lleno total en todas sus presentaciones.

Protagonizada por el actor inglés Tim Roth, la cinta está ambientada en Los Ángeles y nos presenta al hermético enfermero David, quien dentro de su extremo mutismo, suele conducirse mucho más allá de su deber, cuando está a cargo de enfermos terminales e intenta hacerlos sentir lo mejor posible antes de su inevitable partida. Sin embargo, su actuar será seriamente cuestionado cuando los hijos de un prestigiado arquitecto, encuentran en su tarjeta inteligente videos pornográficos con los que el hombre se entretiene y observan una erección cuando lo está bañando, por lo que amagan con demandarlo. Con un proceso judicial a cuestas, David persiste en dar atención y consuelo a otros, por lo que regresa a la localidad donde solía radicar y se acerca a su joven hija Nadia (Sarah Sutherland) y su ex esposa Laura (la mexicana Nailea Norvind), que lo hacen rememorar la dolorosa pérdida de su hijo, que le ha hecho perderse las sensaciones y los afectos familiares y sociales, a cambio de concentrarse e incluso perderse a sí mismo en su compromiso profesional.

La puesta en escena mantiene la continuidad estilística de las obras anteriores del director, privilegiando los planos medios y abiertos para graficar el punto de vista de un espectador distante, que se mantiene omnipresente en cada acto de su protagonista, de quien sabemos poco de su historia de vida y cuyo silencio es la clave que mejor lo refleja, ya que será en los actos más sutiles de su vida cotidiana donde obtendremos la certeza de su propia esencia. El último paciente: Chronic es una película contenida, cuyo ritmo más que percibirse en pantalla ocurre en el interior de sus personajes. Sus intenciones y manifiestos no están a flor de piel, se mantienen bajo la dermis de su protagonista para sugerir en vez de afirmar con vehemencia, mientras somos testigos de su comunión con la muerte. David ha aprendido a aceptar lo inevitable y a hacer que otros lo lleven con dignidad y le da fuerza para mantener su ética personal hasta el último momento.

En su ritmo interno y su propuesta visual con una cámara que se mantiene estática la mayor parte del tiempo, es que la cinta nos transmite con mayor fidelidad las incertidumbres y dudas de su protagonista. En esa economía de lenguaje, se construye la justificación visual para el sorprendente y casi inexplicable momento final con el que se resuelve la película, producida por Lucía Films que, con distribución de Videocine, estrenará en la cartelera mexicana el 8 de abril.

Tras la función de prensa de la cinta, en el teatro Kursaal, como parte de la sección Horizontes Latinos del sexagésimo tercero Festival de Cine en San Sebastián (Donostia Zinemaldia), es que ocurrió la siguiente conversación con Michel Franco.

¿Qué te motivó a cambiar la temática juvenil de Daniel & Ana (México-España, 2009) y de Después de Lucía, por los dilemas de un personaje adulto en Chronic?

Si bien mis dos primeras películas eran protagonizadas por personajes adolescentes, yo no las catalogaría en ese rango. Tal vez se debía a que yo era más joven y me sentía más cercano a esa generación, pero hago películas sobre temas que me llaman más la atención y en este caso la muerte y la enfermedad me parecieron ideales para llevarlos a la pantalla. Una película toma uno o dos años en hacerse y debe tener un tema lo suficientemente interesante para captar el interés del director durante ese tiempo para luego captar el interés y el tiempo del público.

 

¿Te intriga mucho el tema de la muerte? En Después de Lucía también aparecía ese componente.

Aprecio la pregunta porque mucha gente encasilla a esa película con el bullying, cuando la relación correcta es con la muerte. Podríamos decir que esa recurrencia me define mucho.

 

¿Qué tan personal ha resultado esta película para ti?

Todas mis películas tienen un tema personal. En este caso me inspiré en lo que le ocurrió a mi abuela, que estuvo enferma durante 2010 y tuvo una enfermera trabajando con ella por varios meses. Lo que me sorprendió es la relación de intimidad que nació entre esta persona y mi abuela. Entonces, me interesó mucho tratar el tema de cómo se inició ese vínculo, además de cómo es la vida de alguien que está muy cercano de la muerte.

 

¿Esa experiencia familiar no te decidió a contar la película desde un punto de vista femenino?

Al principio, había considerado tener de protagonista a una mujer, pero cuando conocí a Tim Roth, que tenía mucha curiosidad e interés por mi siguiente película, me propuso trabajar conmigo si cambiaba el papel principal de mujer a hombre para poder interpretarlo y así lo hice. Durante la etapa de investigación, Tim trabajó con varios pacientes de cáncer y constantemente me llamaba para contarme a quién había conocido y qué había vivido con esa persona. Al mismo tiempo yo comencé a conocer enfermeros en Estados Unidos y a entender un poco más de ese mundo.

¿Qué tan complicado resultó representar la parte más oscura del protagonista de Chronic?

Cuando decidí escribir el papel para Tim, opté por diseñar un personaje bastante complejo, porque él es un actor muy completo y no tendría problemas en darle forma a David, que si te fijas bien no es un papel nada fácil. No se trata solamente de un ángel que quiere ayudar a la gente, también tiene un lado siniestro que a mí me fascinaba explorar aún más. Además, alguien que está tan cerca de la vida y la muerte, de ninguna manera puede pretender ser un personaje sencillo. David ejerce la enfermería como un intento de rescatarse a sí mismo y quizás por eso miente y cambia constantemente de parecer.

¿Te sientes influido formalmente por una película reciente y muy exitosa Amor (Amour, Francia, 2010), de Michael Haneke?

Efectivamente, pero también siento que crecí influenciado por otros directores europeos como Krysztof Kieslowski, Ingmar Bergman o Luis Buñuel y siempre tengo la sensación que mis películas tienen alguna huella de ellos, pero tampoco puedo negar que me gusta mucho lo que hacen estadounidenses tan disímiles como Woody Allen o Paul Thomas Anderson.

Gabriel Ripstein comentó que siente una hermandad entre 600 millas y Chronic, por el hecho de compartir al protagonista y de que uno fue el productor del otro en sus respectivos filmes.

Con Gabriel somos amigos desde hace muchos años. El año pasado no solo produjimos su película y la mía, también trabajamos juntos con el venezolano Lorenzo Vigas, que ganó el León de Oro en el septuagésimo Festival Internacional de Cine de Venecia, la Mostra, por Desde allá. También hicimos Los Herederos, de Jorge Hernández Aldana, que compitió en el Festival de Morelia. Para mi resulta mejor hacer mucho y con la misma gente que trabajar de manera esporádica con distintas personas.

 

¿Cómo te ha sentado desempeñarte como productor?

Me gustó trabajar como productor aunque me gusta más dirigir. Mentiría si dijera lo contrario, pero aprendo bastante al entrar en otras facetas y al alternar con directores tan personales. Siempre asimilo mucho de ellos.

 

¿A qué atribuyes el hecho de que el cine mexicano tenga tan buena recepción tanto en festivales internacionales como en el Oscar?

Pues hay muchas voces en el cine mexicano que son fuertes y originales. Es un cine que viene de un país complejo y que está en una crisis constante, y creo que eso nos vuelve más interesantes al momento de concebir historias.

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Este artículo forma parte de los contenidos del número 45 de la revista cine TOMAde julio-agosto de 2015. Consulta AQUÍ dónde conseguirla.

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Abierta, la convocatoria al octavo CutOut Fest de Querétaro

abril 1, 2016

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La octava edición del Festival Internacional de Animación y Arte Digital CutOut Fest, de Querétaron se realizará del 17 al 20 de noviembre de 2016, por lo que se abrió su Convocatoria Internacional de Animación, en las categorías de Corto Narrativo, Corto Experimental, Corto Universitario, Videoclip, Spot de Publicidad, Títulos de Crédito y Gif. En 2015 se recibieron mil 143 cortometrajes –409 trabajos en la categoría de Corto Universitario–, provenientes de 69 países, cifra que se espera superar este año. La categoría de Gif Animado tendrá su la semifinal en TagCDMX los días 29 y 30 de junio y la final en el CutOut Fest el 19 de noviembre del 2016.

El plazo para inscribir trabajos vence el 3o de junio, excepto para la categoría de Gif, que es el 15 de junio 2016.

 

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Max Zunino y Sofía Espinoza, director y protagonista de “Los bañistas”

abril 1, 2016

Uno se llena más ayudando

Por Salvador Perches Galván

Ambientada en uno de los corazones actuales de la protesta civil en la Ciudad de México, el Monumento a la Revolución –ya que el Zócalo ha sido cancelado como tal−, Los bañistas reúne a dos personajes por completo opuestos: una joven estudiante sin escuela y un viejo vendedor sin tienda, a los que la crisis obliga a relacionarse y a encontrar salidas para el vacío existencial y la angustia económica que enfrentan, para lo cual habrán de integrar a su mundo a los manifestantes que han tomado dicha plaza.

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La cancelación de toda opción de futuro en un país en el que no sólo el progreso en la escala económica o social no existe, sino que ni siquiera se cuenta con la certeza de mantener estables las cosas tal y como existen, ni en el trabajo, ni en los estudios. En este contexto de negaciones permanentes, es que la instalación del plantón del sindicato de maestros en plena Plaza de la República de la Ciudad de México, no hará sino agravar la angustia que viven los vecinos de la zona, en los alrededores del Movimiento a la Revolución.

Y hará que, inopinadamente, un par de personajes de lo más disímbolo, Flavia Rivera una joven a la que una huelga impedirá entrar a la Universidad Metropolitana, y Martín, un envejecido vendedor de una vetusta camisería que está por cerrar, descubran gradualmente que el mundo de cabeza en el que se encuentran, aparentemente imposible de habitar, puede tener salidas inesperadas, cuando sus mundos particulares confluyan en una forzada convivencia no sólo entre ellos, sino con los manifestantes que les rodean que, vistos de cerca, son mucho más afables y simpáticos de lo que se miraban, observados de lejos en su campamento. Todo, gracias al baño rentado del departamento.

La sinopsis oficial de la película reza lo siguiente: “En un entorno dominado por la crisis económica y las protestas políticas, Flavia, una adolescente mimada y con aspiraciones artísticas, frustrada porque no fue aceptada en la universidad, conoce a su vecino Martín, un hombre maduro pronto, una serie de sucesos abrirán las puertas a una posible amistad. A partir de una trama sencilla, Max Zunino y la coguionista y actriz protagónica Sofía Espinosa, construyen una historia donde la generosidad y la solidaridad adquieren dimensiones universales.”

El director de origen uruguayo, pero radicado en México desde su niñez, Max Zunino, es licenciado en Ciencias y Técnicas de la Información y cursó estudios complementarios en la Escuela Internacional de Cine y Televisión (eictv) de San Antonio de los Baños, en Cuba. Ha trabajado como publicista y director de comerciales para diferentes firmas y dirigió el cortometraje Recuerdo del mar (México, 2005), que participó en más de una veintena de festivales internacionales. Ha dirigido series televisivas como Bienvenida Realidad (2011 a la fecha), producida por Argos Televisión y Sony Entertainment.

Su ópera prima, Los bañistas (México, 2014), fue coescrita junto con la actriz protagonista y coproductora, Sofía Espinosa (Flavia), y cuenta con actuaciones de Juan Carlos Colombo (Martín), Harold Torres (Sebastián) y Susana Salazar (Elba) y cuenta con fotografía de Dariela Ludlow, música de Sebastián Zunino y edición de Yoame Escamilla. Ganadora en el 2013 del premio Guadalajara Construye, del Festival Internacional de Cine en Guadalajara (ficg), donde un año después ganaría el Premio Guerrero de la Prensa a Largometraje de Ficción y también el fipresci a Mejor Ópera Prima en el Festival del Cine del Mundo en Montreal, la cinta, producida por Cornamusa, Películas Avestruz y Phototaxia Pictures, la película de 83 minutos de duración, luego de formar parte del trigesimoquinto Foro Internacional de la Cineteca, en el verano de 2015, llegará a la cartelera mexicana con distribución de Alfhaville Cinema.

El telón de fondo es un acto reciente que resultaba muy molesto para los capitalinos: el desorden generado a raíz del plantón de los maestros opositores en la Plaza de la República, aunque la historia sea mucho más personal.

Sofía Espinosa: Sí, queríamos contar esta historia de dos personajes sencillos que se ven afectados por este contexto ficticio −y no tan ficticio−, que los hace cambiar su forma de ver el mundo, con esta teoría de que en una época tan individualista y tan egoísta en la que de pronto sólo pensamos en uno mismo, en uno, podemos pasar sin ver lo que está pasando afuera de nuestra casa y de nuestro pequeño mundo, de nuestra pequeña burbuja. Estos dos personajes, al verse afectados personalmente por esta crisis que hay en el mundo de sus pequeños universos ficticios, tienen que salir a la vida, y aprender a relacionarse con esa crisis y con ellos mismos, entre ellos y con ellos encontrar el sentido de sus vidas otra vez.

Si bien la situación que se plantea es real y reciente, puede darse en cualquier lado: ante una crisis económica severa, como hemos podido ver en muchos países del mundo recientemente, de desempleo severo, cierres de escuelas, etcétera.

Max Zunino: De hecho, la semilla del guión está basada en una noticia que vimos en el periódico El País, de España, cuando fueron las manifestaciones de la Plaza del Sol, y ahí se hablaba de que los principales manifestantes eran jóvenes estudiantes menores de 25 o mayores de 60 años, en ese caso. Y no sólo eso, ha habido manifestaciones en todo el mundo: la Primavera Árabe, que vimos cuántos gobiernos caer hace unos años; manifestaciones en Chile. ¿En qué país no las hay? En el mismo Estados Unidos, en Brasil, en todos lados estamos viviendo una especie de colapso de este sistema económico que cada vez nos perjudica más de lo que nos ayuda como individuos.

Además, una situación masiva que afecta a muchísima gente se focaliza a un microcosmos. Flavia es odiosa al principio, parece una mala persona, es berrinchuda, hace cosas malas, y con el cambio que opera en los dos personajes es muy alentador.

  1. Queríamos, con eso, hablar de lo individualistas que somos en este tipo de sociedades, donde lo que impera es el dinero, lo aspiracional, alcanzar el éxito sin importar a quien te llevas y a quién tienes al lado, volteando a ver a los demás sólo para rebasar en esta competencia que nos han inculcado de que tú vas a ser exitoso si eres mejor que los demás. Ser mejor que los demás significa pelearte con el de al lado para ponerte por encima de él y, en ese sentido, creemos que la solidaridad humana es algo que debemos recobrar para hacer frente a este tipo de crisis.

S: Y el sentido de comunidad, de equipo, esta necesidad de relacionarse con el otro. También hoy en día que todo es mi teléfono, mi computadora, mi red social, yo, yo, yo, hablo de mí, de cómo me va, que de pronto es como tan apabullante y tan agotador, es como volver a lo más básico, el ser humano necesita del otro, necesita relacionarse, necesita reflejarse para darse cuenta de sus propios vacíos. Por eso era para nosotros tan importante contar la historia de estos dos personajes tan distantes en edad, tan distantes en objetivos, en experiencias, pero finalmente dos personajes solos, con miedos, con vacíos.

Esto que dices de Flavia es verdad, el personaje le cae muy mal a mucha gente, al principio, aunque a otros no, hay a quienes curiosamente les simpatiza mucho, pero claro, es este personaje caprichoso, individualista, egoísta, que sólo piensa en cómo va a salir adelante ella, pero creo que, en el fondo, hay un miedo, un vacío, una soledad que, al encontrarse con este otro personaje, el de Juan Carlos Colombo, te das cuenta de que no es tan distinto ese vacío y ese miedo que uno tiene a los sesenta y tantos que a los veintitantos, finalmente concordamos con que los seres humanos, todos, tenemos necesidades emotivas y carencias, qué mejor que llenarlas con el otro, conviviendo, ayudando. Uno se llena más ayudando que pidiendo ayuda.

Flavia está pasando por una crisis, queda despojada de todo y entre ambos se dan un apoyo mutuo, aunque ninguno de los dos quiera o se dé cuenta de ello, por eso es muy efectiva esta transición, Flavia prácticamente le devuelve la vida, y ella también aprende. Se enseñan cosas mutuamente, sin proponérselo.

M: Los caminos y arcos dramáticos que recorren estos dos personajes son muy sencillos pero profundos.

Uno de los mayores méritos de la película es que invita a la reflexión pero no es una película pretenciosa. Sale uno pensando que la vida no es tan mala cuando estamos pasando por una etapa tan complicada.

M: Qué bueno. Si logramos eso es fantástico. El objetivo está cumplido, es más de lo que pretendíamos y es una gran cosa poder transmitir ese mensaje.

S: No queríamos hablar como si esta fuera la neta y así se solucionaran las cosas. Queríamos planteara a dos personajes que, finalmente, puede que a nadie le importe lo que les está pasando, ni a ellos mismos, pero que se encuentran y logran dar un pasito en sus vidas, que les hace ver un poco más de luz y tener un poco más de ilusión de seguir viviendo, nada más. No resuelven su vida, sino que buscan otras salidas, Flavia con su final y Martín con el suyo. Creo que moverse de donde uno está estancado a veces es más que suficiente para cambiarnos la vida.

Rompen la telaraña en la que estaban envueltos, que era lo más grave.

M: Sí, rompen su estancamiento, verse solamente en el espejo y empiezan a moverse y exponerse a la vida y a tener la esperanza de vivir, que es el instinto de sobrevivencia que tenemos como seres humanos. Desde el principio teníamos claro que no queríamos contar una historia de grandes proezas. Ellos no iban a resolver el conflicto social ni le darían una solución al país entero o a la humanidad. Un asesor de guión que tuvimos nos contaba que mientras el cine hollywoodense cuenta la historia de un paralítico, un hombre en silla de ruedas que acaba ganando las olimpiadas; el cine latinoamericano o iberoamericano acaba contando la historia de ese mismo hombre que acaba moviendo un dedo y esa es la proeza, ese es el arco que recorre dentro de la historia.

Hay muchos cameos, la película está llena de actores maravillosos haciendo breves apariciones, lo que apuntala totalmente la película.

M: Tuvimos la fortuna de contar con muchos amigos que se sumaron a nuestro esfuerzo también en el elenco, se me va a olvidar alguno pero estuvieron Carlos Corona, Raúl Briones, Alejandro Reza, Alaciel Molas, Arcelia Ramírez, Laura Almela…

S: …sí, montones de actores y gente que nos apoyó con todo y la verdad sin pensar para nada en la retribución económica, sino en el placer de contar esta historia. Entonces, eso fue muy bonito.

Desde ahí empieza la solidaridad que se cuenta en la pantalla.

M: Sí, la solidaridad se salió de la pantalla y del guión, y permeó en la producción.

Las tomas del plantón las filmaron durante el mismo o fueron recreadas.

M: Del plantón no hay ninguna, todo está recreado por nosotros. Lo que sí es real son las manifestaciones en el Monumento a la Revolución y Paseo de la Reforma donde se ven granaderos y policías, hay algunos vidrios rotos y todo esto, ahí sí aprovechamos lo que estaba sucediendo.

Sofía, ¿cómo te sientes con Flavia? ¿Cómo la definirías?

S: Yo la definiría como una joven que está un poco perdida, que no se halla respecto a lo que quiere y a quién es, que está en una etapa de definirse a ella misma y que está muy sola, tiene un gran vacío por parte de su familia y en cuanto a los afectos. Es un personaje que también es caprichoso y que necesita aprender una lección para empezar a relacionarse con los demás. Creo que es eso.

El título de la película es lo que resuelve la parte anecdótica.

M: La clave está en el título. Cuando nos preguntan por qué Los bañistas, la respuesta casi siempre es: vean la película, porque si les cuento la razón, les cuento la historia de la película, vendemos la trama.

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Este artículo forma parte de los contenidos del número 45 de la revista cine TOMAde julio-agosto de 2015. Consulta AQUÍ dónde conseguirla.

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