La selección Iberoamericana y Mexicana del XXXI FICG y su distribución improbable

Entre el nicho y la invisibilidad

Por Gerardo Salcedo Romero

Los números no mienten: el número de películas inscritas a la trigésima primera edición del Festival Internacional de Cine en Guadalajara superó apenas al del año pasado pero confirma la buena salud en la producción fílmica de la región Iberoamericana. No así en la distribución, pues 2015 fue un gran año para Hollywood, lo que implica que los Multiplex persistan en ofertar cine para el consumo masivo y no una variedad de opciones. Así, pocas cintas de la región se estrenarán en México y buena parte de las películas nacionales tendrán un paso efímero o nulo con los grandes exhibidores.

Magallanes-del Solar

Se puede afirmar que 2015 fue el mejor año para las empresas productoras y distribuidoras de los Estados Unidos. Por lo tanto, y siguiendo la ley física que reza que a toda acción hay una reacción, el pasado fue el peor año para el cine que no utiliza efectos especiales y no tiene superhéroes de Marvel. A lo largo de esos 365 días, cinco películas entraron al registro histórico de las películas más taquilleras de la historia de la industria cinematográfica: Star Wars: el despertar de la fuerza (Star Wars: Episode vii,-The Force Awakens, Estados Unidos, 2015), de J.J. Abrahams, en tercer lugar (con 2 mil 48 millones de dólares de taquilla); Mundo Jurásico (Jurassic World, Estados Unidos, 2015), de Colin Treworrow, en cuarto (con mil 670.4 millones); Rápidos y Furiosos 7 (Fast & Furious 7, Estados Unidos-Japón, 2015), de James Wan, en sexto (con mil 516 millones); Avengers: La era de Ultrón (Avengers: Age of Ultron, Estados Unidos, 2015), de Joss Whedon, en séptimo (con mil 405.4 millones), y Los Minions (Minions, Estados Unidos, 2015), de Kyle Balda y Pierre Coffin en undécimo (con mil 159.4 millones). Asimismo, 2015 es el año en el que más dinero ha ingresado a través de la asistencia a los cines Estos blockbusters lograron un total de 7 mil 791 millones de dólares en todo el mundo, es decir que el 2015 fue canónico para Hollywood. El incremento de la asistencia fue del 10%, frente al 2014. No hay controversia: 2015 es la experiencia a repetir.

Frente a este hecho, los distintos dogmas y las políticas de programación que existen en las salas multiplex se reforzarán. Han triunfado los estrenos con miles de copias, han prevalecido grandes producciones hollywoodenses, la única ruta a considerar es la que busca la rentabilidad monetaria. La experiencia cinematográfica debe ser, en lo esencial, una experiencia de consumo.

Las políticas que las exhibidoras han adoptado son, en lo esencial, una ruptura ante la producción nacional. Ese vasto 90% de lo que se exhibe está destinado a ser mal exhibido, con carteles semi escondidos, copias digitales en dcp rechazados en el momento final de su exhibición, o programados con pocas funciones y sus trailers proyectados en una especie de gueto. Por ejemplo: previo a las películas mexicanas en cartelera se pasa el avance de las futuras películas nacionales a exhibir y si uno les pide ampliar la política de proyección, la respuesta es que “no tiene el perfil”, así que sólo quienes ven películas mexicanas sabrán de los estrenos de las otras películas mexicanas. Lo dicho, un gueto.

Escasa conexión regional

Antes de pasar al tema de la programación del Festival Internacional de Cine en Guadalajara (ficg), cabe añadir una reflexión sobre la globalidad de las películas habladas en español ya que el 2015 es ilustrativo de sus alcances. Fuera del mundo de los festivales cinematográficos, donde las películas tienen un notable ciclo vital, son pocos los títulos que alcanzan a brincar las fronteras. Podemos mencionar que El clan (Argentina-España, 2015), de Pablo Trapero, fue una de las pocas excepciones que logró una exhibición continental, si bien sus números fuera de Argentina resultaron bastante discretos: 16 mil 778 espectadores en su primer semana de exhibición en México y en el caso español –país coproductor– 95 copias produjeron más de 17 mil boletos –con un promedio de 200 boletos por copia.

Un caso similar de indiferencia lo ha sufrido la colombiana El abrazo de la serpiente (Colombia-Venezuela-Argentina, 2015), de Ciro Guerra, que a pesar de su exitosa carrera en festivales iniciada con el premio Cine Art Award de la Quincena de Realizadores en Cannes y su sorprendente nominación al Oscar en la categoría de Mejor Película en Lengua no Inglesa, desapareció de cartelera en Guadalajara a la semana de su estreno. Películas con indígenas y en blanco y negro siguen siendo una bizarra rareza a un público muy convencional que se ha nutrido de mutantes y seres de otras galaxias… pero que siempre hablan inglés. A pesar de ello, El abrazo de la serpiente tendrá una decente exhibición en varios de los países que conforman eso que se dice es el Primer Mundo y con la nominación ha obtenido su derecho de piso en las plataformas digitales en línea tipo Netflix.

Si bien el cine de Pedro Almodóvar no atraviesa su mejor momento, sigue siendo el único cineasta hispanohablante que, película a película, mantiene presencia internacional, con una filmografía estacionada entre el cine de culto y la comedia de Blake Edwards. Su ausencia revela las frágiles ramas de nuestras cinematografías. La creciente producción audiovisual iberoamericana encuentra su mejor nicho en los festivales de cine y en los circuitos alternativos. En muchos, casos la indiferencia que existe entre el público y el autor es brutal: de un lado sobra indolencia, del otro desprecio. En esa fenomenología tan propia, las cadenas exhibidoras tienen el camino abierto para ese futuro que ya hemos visto y cuyo porvenir se pronuncia así, en inglés: Avengers, Jurassic, Minions

La salida festivalera

El despliegue y consolidación de la producción audiovisual iberoamericana se percibe, más bien, mediante las inscripciones recibidas constantemente en festivales especializados. Una vez más, se abrió la convocatoria para la trigésimo primera edición del ficg en el mes de julio y cerró en noviembre de 2015. En números cerrados se recibieron alrededor de mil 600 películas, significativamente la mitad son cortometrajes; fueron evaluados unos 400 documentales y otros 400 largometrajes de ficción. Al cierre de la convocatoria, el número de inscripciones era ligeramente superior frente al de la edición pasada. El volumen de la producción por país se mantiene constante; siguen dominando México, España, Argentina y Brasil. Quinto y sexto lugar oscila entre el cine chileno y el colombiano –que en el 2015 tuvo su mejor desempeño internacional y cuyo gran logro es El abrazo de la serpiente– y, poco a poco, los cineastas portugueses empiezan a descubrir un nuevo continente.

Países Iberoamericanos con mayor representación FICG31

México            367

España            315

Argentina            189

Brasil            154

Colombia            83

Chile            78

Portugal            66

Venezuela            45

Cuba            32

Perú            30

Ecuador            18

República Dominicana            18

Uruguay            16

Costa Rica            15

Puerto Rico            7

Paraguay            6

El Salvador            5

Bolivia            5

Honduras            5

Nicaragua            4

Panamá            3

Guatemala            3

 

Nuestro deseo de no cerrarnos a una determinada corriente o forma de entender al cine provoca que la sección de largometrajes de ficción tenga un sabor diverso. Tenemos 14 trabajos, de los cuales sólo un par fueron dirigidos por mujeres: El olivo (España, 2016), de Icíar Bollaín y La puerta abierta (España, 2016), de Marina Seresesky. Vale la pena detenerse en el caso de Bollaín, una cineasta con nueve largometrajes –posiblemente la cineasta que tiene la trayectoria más destacada– y sólo con Te doy mis ojos (España, 2003), alcanzó exhibición comercial en México. En los casos de Alejandro Fernández Almendras –Aquí no ha pasado nada (Chile, 2016)– y Asier Altuna –Amama (España, 2015)– son directores que ya han tenido una presencia previa en nuestro festival, pero que se encuentran lejos de poder construir una convocatoria que rebase lo regional.

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El documental, lo mejor

En los documentales, y vale la pena seguirlo diciendo, se encuentra lo mejor del cine mexicano y de la región. En esta sección hay una cierta coherencia en cada una de las películas seleccionadas. Quisiera destacar que, de los 14 trabajos, cuatro son películas mexicanas y también cuatro trabajos son dirigidos por mujeres. En esta sección se encuentran muy personales registros de lo real a través de la experiencia propia: Paciente (Colombia-España, 2015), de Jorge Caballero; 35 y soltera (Argentina-Estados Unidos-España, 2015), de Paula Schargorodsky; Nosotras. Ellas (Argentina, 2015), de Julia Pesce; El legado (Alemania-Chile, 2015), de Roberto Anjari, o el registro de la vida cotidiana de un sujeto que ofrece un amplio reflejo amplio de nuestras mutaciones sociales: El charro de Toluquilla (México, 2016), de José Villalobos; El paso (México, 2015), de Everardo González; Margarita (México, 2015), de Bruno Santamaría; Damiana Kryygi (Argentina, 2015), de Alejandro Fernández; Dead slow ahead (España-Francia, 2015) de Mauro Herce, o el registro que fusiona reportaje cinematográfico y testimonio individual en District Zero (España-Jordania, 2015), de Jorge Fernández Mayoral, Pablo Tosco y Pablo Iraburu; Mi querida España (España, 2015), de Mercedes Moncada… En resumen el documental iberoamericano se encuentra ya muy lejos de los formatos televisivos: que demanda la voz en off, el comentario didáctico o el síndrome talking heads.

Por otro lado, nuestra selección de documentales de los últimos años, revela esa abismal ruptura que existe entre la sala de exhibición y la producción. De los documentales iberoamericanos recientemente filmados sólo se ha exhibido en México El botón de nácar (Chile-Francia-España, 2015), de Patricio Guzmán y sólo fue a través de la Cineteca Nacional.

Se han cerrado de tal manera las vías de acceso a las pantallas de Cinemex y Cinépolis, que ya un puñado significativo de películas, mediante sus distribuidores, han apostado por un reducidísimo circuito que encabeza la Cineteca Nacional: Obras como Viento aparte (México, 2014), de Alejandro Gerber y Seguir viviendo (México, 2014), de Alejandra Sánchez –ambas formaron parte de la programación de nuestra edición xxix–, donde a través de una narrativa de road movie, se describen las vivencias de un grupo de adolescentes, que descubren un México áspero, violento y contradictorio, lo mismo que documentales como Hasta el fin de los días (México, 2014), de Mauricio Bidault, sobre la rutina laboral en el Instituto de Ciencias Forenses de Jalisco han logrado encontrar un resquicio, pero literalmente es un resquicio, en el que la mejor experiencia de asistencia ocurre en la mencionada Cineteca Nacional. Literalmente, terminan siendo distribuidas siguiendo las rutinas del nicho y su escasa permeabilidad social.

Peores experiencias han sufrido los distribuidores de Levantamuertos (México, 2013) –presentada en la edición xxviii del ficg–, una de las mejores películas de ficción filmada en la frontera norte que hasta el momento no ha logrado rebasar a la exhibición en la pequeñísima franja fronteriza que hay entre Tijuana y Mexicali. Podemos ir acumulando títulos que, o se han confinado en el nicho que encabeza la Cineteca o que se quedan en el mínimo estreno regional.

Distribución para unos pocos

Para la edición trigésimoprimera, tenemos 19 películas mexicanas en competencia, algunas de las cuales no tendrán problema en hacerse una ruta normal de exhibición: Mr. Pig (México, 2016), de Diego Luna; Me estás matando Susana (antes Ciudades desiertas, México, 2016), de Roberto Sneider y La 4ª compañía (México, 2016), de Emir Galván y Vanessa Arreola. La ruta de las restantes se antoja complicada. Los diez documentales, la película tapatía y las cinco ficciones, una vez concluida su exhibición en Guadalajara, deberán haber conseguido distribuidor –internacional en algunos casos, nacional en todos–, gestionar los recursos del estímulo fiscal Eficine Distribución, ser presentadas ante las cadenas exhibidoras o, en su caso, en la Cineteca Nacional –a fin de ser seleccionadas en la Muestra o en el Foro Internacional. No quiero hacer predicciones, pero la estadística es reveladora: en estos momentos sólo tres de las 19 películas mexicanas que serán presentadas en el Festival tienen un futuro estreno comercial.

Si a esas 16 películas que deben de buscar un espacio propio, sumamos la decena de títulos mexicanos que acaba de competir del Festival Internacional de Cine unam (ficunam), tenemos casi 25 obras que batallarán para encontrar una exhibición digna. El panorama se complica cuando ya es evidente la crisis del video –tanto en formato dvd o Blu-ray–, que en su opción de renta ha desaparecido –quedando sólo la piratería y la compra–, un derrumbe al que se le opone el ascenso de las plataformas digitales, siendo Netflix la más famosa y FilminLatino la propuesta más interesante. En este caso, no conozco las estadísticas, pero es revelador que nadie ha exaltado estas plataformas en tanto solución al problema de la distribución. Por el momento, son opciones complementarias. Finalmente, el acto de ver cine es, en lo esencial, un ritual social.

Al fenómeno del blockbuster lo acompaña la tenacidad con la que funciona la maquinaria de Hollywood. Tomo como referencia aquellas películas que se producen pensando en los premios Oscar –de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas (ampas)– y que pueden dividirse en tres categorías –tomo sólo como referencia a los films nominados a Mejor Película:

1) Las películas a las que la nominación determina su valor a nivel global –el mercado doméstico es aproximadamente del 40%:

El renacido (The Revenant, Estados Unidos, 2015, de Alejandro González Iñárritu), cuyos ingresos fueron de 405 millones de dólares a nivel mundial, de los cuales 170 millones 169 mil son de su taquilla dóméstica, es decir, de los Estados Unidos

Puente de Espías (Bridge of Spies, Estados Unidos-Alemania-India, 2015, de Steven Spielberg), con 164 millones 367 mil dólares a nivel mundial, de los cuales 72 millones 264 mil son ingresos domésticos

2) Las consolida a nivel doméstico y las hace más atractivas a nivel mundial –el mercado local alcanza casi el 50%:

La gran apuesta (The Big Short, Estados Unidos, 2015 de Adam McKay), 124 millones de dólares a nivel mundial y 68 millones 120 mil a nivel local

3) El impacto es sobre todo local –Estados Unidos, Canadá e Inglaterra como principales consumidores:

Brooklyn. Un nuevo hogar (Brooklyn, Irlanda-Reino Unido-Canadá, de John Crowley), generó a nivel mundial 49 millones y en EUA obtuvo 36 millones 525 mil dólares.

En primera plana (Spotlight, Estados Unidos-Canadá, de Tom McCarthy), generó 61 millones 771 mil dólares, de los cuales 39 millones 121 mil corresponden a los Estados Unidos.

La habitación (Room, Irlanda-Canadá, 2015, de Lenny Abrahamson), generó 23 millones 516 mil dólares, de los cuales 13 millones 474 mil son de los EUA.

Es visible, con estos ejemplos, la concentración de los ingresos. Excluí los de Misión Rescate (The Martian, Estados Unidos-Reino Unido, 2015, de Ridley Scott) y de Mad Max: Furia en el camino (Mad Max: Fury Road, Australia-Estados Unidos, 2015, de George Miller), ésta con números similares a los de la celebrada película de G. Iñárritu.

Ante esta numeralia y, sobre todo, con las actuales tendencias de exhibición, cabe preguntar si hay modo de repensar las estrategias en la distribución de nuestras películas. Creo que la apuesta por el streaming o las plataformas en línea no es la solución: finalmente, ver una película es, en lo esencial, un acto social. Un hecho es seguro: nuestro cine se encuentra entre el nicho y la invisibilidad, y los festivales con sus limitaciones y posibilidades se siguen convirtiendo en la mejor ventana posible para el volumen de la producción.

Por el momento la respuesta del cinéfilo mexicano ha sido adoptar a Leonardo DiCaprio, un gesto muy revelador.

Ciudades desiertas-Sneider

Premio Mezcal 2016

Un total de 19 filmes, seleccionados en distintas secciones, aspiran a ganar el Premio Maguey, a la Mejor Película Mexicana, que otorga el Festival Internacional de Cine en Guadalajara.

De las muertas (México, 2015), de José Luis Gutiérrez Arias.

Derecho de playa (México, 2016), de Jorge Díaz Sánchez.

Distancias cortas (México, 2015), de Alejandro Guzmán.

El charro de Toluquilla (México, 2016), de José Villalobos Romero.

En el lugar de las flores (México, 2015), de Héctor I. Jiménez.

Enamor(d)ados (México, 2016), de Gabriel Retes.

La balada del Oppenheimer Park (México, 2016), de Juan Manuel Sepúlveda.

La carga (México, 2015), de Alan Jonsson Gavica.

La 4a compañía (México-España, 2016), de Amir Galván Cervera y Mitzi Vanessa Arreola Gutiérrez.

Maquinaria Panamericana (México, 2016), de Joaquín del Paso.

Margarita (México, 2015), de Bruno Santamaría Razo.

Mr. Pig (México, 2016), de Diego Luna.

Pies ligeros (México, 2016), de Juan Carlos Núñez Chavarría.

El buen cristiano (México, 2016), de Izabel Acevedo.

Nueva Venecia (Uruguay-México, 2016), de Emiliano Mazza De Luca.

Viviana Rocco yo trans (México, 2016), de Daniel Reyes.

FICG31-GIFF-01

Este artículo forma parte de los contenidos del número 45 de la revista cine TOMAde julio-agosto de 2015. Consulta AQUÍ dónde conseguirla.

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