Una década del DocsDF

Una declaración de principios

Al arribar a sus primeras diez ediciones, en Festival Internacional de Cine Documental de la Ciudad de México (DocsDF), ha comenzado los festejos desde muy temprano, con el ciclo conmemorativo Diez años mirando al mundo, fortaleciendo la gira Doctubre y emprendiendo una campaña en Fondeadora para financiar sus funciones al aire libre. En estas páginas, sus dos directores reflexionan sobre la historia del festival, sus orígenes, alcances, experiencias y prospectiva.

Life in a Day

Un gran abanico, un mosaico multicolor

Por Inti Cordera

La Maroma Producciones estaba a punto de cumplir diez años, siendo una empresa formada en 1995, que planteó como premisa desarrollar únicamente proyectos de documental, lo que respondía a nuestros intereses profesionales en ese momento y, poco a poco, fuimos desarrollando una carrera y proyectos para responder a estas inquietudes. Tiempo después, en el año 2005, conformamos otro grupo, más ligado a la exhibición, Cinemanía, donde surgió la idea de realizar una muestra dedicada exclusivamente al género.

También en ese año coincidimos quienes fundamos el festival: Pau Montagud y Karl Lenin González, al buscar desarrollar un proyecto de exhibición, una muestra exclusivamente de cine documental contemporáneo para nutrir la oferta de programación de las salas de Cinemanía, nos dimos cuenta que nuestro país carecía de un festival dedicado exclusivamente al cine documental: había festivales de gran tradición como Guadalajara o Guanajuato, otros que estaban naciendo y fortaleciéndose como Morelia y el de Cine Contemporáneo de la Ciudad de México (ficco), que le daban un lugar privilegiado, pero no existía un festival exclusivamente dedicado al cine documental. Ya existía Contra el Silencio Todas las Voces, el Foro Documental de Tijuana (BorDocs), pero no había un festival internacional de cine documental y fue el reto que se nos presentó. Primero en su concepción y luego en su diseño; supimos que queríamos hacer un festival de cine documental.

A tres pistas

¿Cómo queríamos que fuera el Festival de Cine Documental de la Ciudad de México (DocsDF)? Es un circo de tres pistas: la primera, la central y la más importante −y la que le da nombre− es el componente de exhibición, y consiste en generar una oferta para que nuestro público pueda gozar de lo mejor y más reciente de la producción nacional e internacional. La segunda, no menos importante, pero paralela, es la formación: acompañar el desarrollo de las nuevas generaciones de cineastas con actividades en las que puedan interactuar con realizadores de otros países que les ayuden a encontrar el camino. En la primera edición tuvimos la fortuna de poder invitar al realizador chileno Patricio Guzmán a dar un seminario, de tener una master class, además de una conferencia magistral del historiador y teórico Román Gubern; así se sentó la primera piedra de lo que hoy es el DocsForum.

La tercera es el componente de creación, el Reto DocsDF. La idea de este tipo de maratones de creación no era novedosa, ya existía el Rally Malayerba, y quisimos hacer nuestro propio maratón de creación y decidimos que no queríamos que fuera una carrera contra reloj sino otorgar el tiempo suficiente para que los participantes pudieran desarrollar y crear una obra de calidad. Nuestra apuesta era acotarla al formato de cortometraje de diez minutos, para que fuera fácil encontrar colaboraciones para su posterior programación en televisión, en salas de cine y que participarán en certámenes y encuentros cinematográficos, ya con la obra terminada.

Esta reflexión sobre el diseño del festival nos llevó a crear sus componentes esenciales, hoy hemos podido replicar el Reto DocsDF en colaboración con otros festivales: en Tepoztlán, con el Festival de la Memoria; en Zacatecas con el Festival de Cine Digital Fronteras Migrantes; con BorDocs, en Tijuana, y ahora también en Mexicali, y próximamente en Colima, con el Festival Zanate. Es un formato muy noble, porque estimula la creación y es una experiencia lúdica para los participantes. Siempre afirmaremos que no es un concurso sino un acto de creación colectiva y eso es lo que le da su valor y riqueza.

Aprendizaje y complicidades

Sabíamos que, para tener una convocatoria exitosa, debíamos tejer amistades y complicidades con otros festivales, sobre todo en aquel primer momento: sabíamos que teníamos que aprender a saber hacer un festival de cine, aprender a jugar, así que antes de comenzar nuestra primera edición, fuimos por primera vez juntos al Festival de Guadalajara y, por primera vez, lo vivimos con otros ojos, no del que participa sino del que lo hace. Los primeros dos años tratamos de viajar a festivales en nuestro país y en el extranjero, con el ánimo de aprender y emprender nuevas acciones, ver lo que nos gustaba de un festival como el de idfa, en Ámsterdam −que es el más importante del mundo−, pero también aprender de los componentes de industria del HotDocs, viajar al sur y ver que pasaba en Buenos Aires, en el bafici; en É Tudo Verdade, en edoc. Fue una experiencia de aprendizaje que conllevó a establecer lazos que resultaron sólidos lazos profesionales pero también en una gran amistad. Cuando lanzamos la convocatoria cada año y queremos recibir trabajos de América Latina, es obligado que escribamos a nuestros colegas de Cartagena, Buenos Aries o de Santiago, que nos ayudan a correr la voz −lo mismo que nosotros les ayudamos a ellos y a sus convocatorias.

Esos lazos han ido evolucionando hacia otros terrenos, el desarrollo de proyectos y la formación, al invitar y enriquecer nuestro festival con jurados, expertos, formadores, maestros, sabiendo las habilidades y experiencia que cada uno de nuestros colegas tienen en otras latitudes. Cada vez que participó en otro festival y conozco a un programador, pienso en él como un posible invitado para una próxima edición, de la misma manera que él también puede invitarme y podamos ir construyendo más lazos en el terreno del documental, pues nos liga un espíritu muy particular, distinto al de los festivales de ficción. Por alguna razón, la relación que guarda el cine documental con la realidad y la reflexión, con el compromiso, abre discusiones más profundas que las simples banalidades del estar al frente de un escenario o detrás de una cámara, y nos compromete, nos une y vincula. Ese es el espíritu que une a la colaboración entre festivales de cine documental.

Una declaración de principios

Nuestra selección de filmes tiene como premisa la convocatoria abierta y sin costo. Hay festivales que piden una cuota de inscripción y otros que basan más su selección en una curaduría ligada a su asistencia a otros festivales. Desde un principio, nosotros partimos de la premisa que nuestra fuente de selección y programación debía ser una convocatoria plural y democrática, abierta al mundo, que nos permitiera recibir el mayor número de películas y pudiéramos tener diferentes ángulos en cuanto a la geografía de la producción. Hemos trabajado mucho en que la convocatoria se difunda y el resultado es que en las dos recientes ediciones hemos recibido trabajos de más de 101 países. Eso ha supuesto un trabajo mucho más complicado de programación, no era lo mismo seleccionar entre 300 o 400 trabajos, como en los primeros cinco años, a seleccionar entre más de mil 700 como ocurre actualmente.

Diferentes dinámicas y estrategias se ejecutan: en una primera criba, el comité de programación decide qué película pasa a una segunda etapa, en la cual se ordenan y homologan los criterios, por ejemplo reordenamos la intención del que postula su película en cierta categoría y las dirigimos a otra sección más natural. De ahí pasamos a una segunda etapa de selección en la que descartamos probablemente una tercera parte de lo recibido, ahí ya tienes más claro las películas que pueden entrar a la parrilla de programación. Para la sección de Largometraje Internacional, por ejemplo, diez películas van a ser programadas, pero tenemos 40 películas compitiendo, ahí entran otro tipo de criterios: la combinación entre la calidad de la producción de la película y el valor de su contenido. No siempre la mejor película, no siempre la mejor producción, van a privilegiarse sobre el valor del contenido, hay películas que hemos seleccionado cuya calidad de producción no es tan alta como el valor del contenido que nos hace tomar la decisión de que se exhiba y es el mensaje que queremos dar.

La programación define la personalidad de tu encuentro fílmico, pero también es una declaración de principios, uno da cara al público y muestra su línea de programación. Nosotros hemos procurado que sea un gran abanico, un mosaico multicolor de historias, de contenidos, de temas, te va a llevar a una experiencia cinematográfica que no ofrece la cartelera comercial.

Invitados generosos

Hemos sido afortunados en poder tenido participantes de la talla de Lech Kowalski, Albert Maysles, Godfrey Reggio o Patricio Guzmán, quienes son grandes figuras del documentalismo internacional y nos han obsequiado un amor y generosidad sin igual. No ha habido uno que hubiera tomado un papel de diva. El maestro Maysles, a sus casi 90 años, pidió la única primera clase que hemos podido dar en la historia del DocsDF y estuvo presente en todas las funciones al aire libre de sus filmes, concedió todas las entrevistas que se le pidieron y conversó con todo aquel que se le acercara, fuimos muy afortunados. Román Gubern viajó a México para participar en otro evento fílmico, pero vio con tan buenos ojos lo que estábamos haciendo, que él se ofreció a dar la master class, sino que lo invitáramos. Como la personalidad del medio cinematográfico internacional que es, Patricio Guzmán tenía su pliego petitorio y cumplimos todos sus deseos. Pero todas las figuras que han sido parte del festival nos han enriquecido como personas y lo han hecho con amor y desinterés. Nos debemos sentimos muy afortunados de haber tenido a quien hemos tenido, los que aún están, los que se han ido y los que vendrán.

Si bien el DocsDF ya está consolidado como uno de los eventos cinematográficos más reconocidos e importantes de nuestro país y de nuestra ciudad, queremos seguir mejorando, es importante pensar que, para generar nuestra propia permanencia, tendremos que ir encontrando la forma de generar nuevos cuadros de elección, nuevas actividades que nos ayuden a diversificar nuestras fuentes de ingreso, contribuir de una forma más activa a la formación, tener la posibilidad de establecer lazos que nos vinculen y fortalezcan las iniciativas internacionales que ya hemos hecho. Tenemos el sueño de crearnos una nueva identidad, ser una iniciativa que promueva, difunda y estimule el documental tanto mexicano como internacional, desde México. Como cada año al concluir la decima edición, entraremos en un proceso de autoanálisis, autocritica y reflexión que empezará a perfilar lo que queremos hacer, tal vez no sólo en la próxima edición sino en la próxima década.

The Red Race di Gan Chao_docu_Cina_2008

No queremos historias que sean mentira

Por Pau Montagud

El Festival de Cine Documental de la Ciudad de México (DocsDF) se nos ocurrió a un grupo de documentalistas y periodistas, en ningún momento fue creado por profesionales de los festivales. Veíamos que no había ninguna ventana de producción y difusión del género documental en el país, cuando ya era una potencia internacional en el género documental.

La forma más valiosa de promocionar y darle luz a un género como este es realizar un festival que otorgue premios, tanto nacionales como internacionales. Esa es la razón por la que decidimos darle el formato inicial: queríamos crear una ventana ante la oferta audiovisual que había en aquel entonces y que sigue habiendo en el país. Esa es la razón del formato, porque si caes en lo mainstream, haces lo mismo que el resto y desde un principio sabíamos que no queríamos eso, esa es la razón de la convocatoria.

Redes y aliados

La mejor forma de trabajar, ya sea en el audiovisual, en los festivales, en el periodismo o en la actividad que sea, es tejer complicidades, trabajar en red, pues es una suma solidaria de voluntades, por eso empezamos a trabajar de inmediato con otros festivales. Entre nuestros primeros invitados como jurado estuvo Ally Derks, la directora del idfa, que es el festival de cine documental más grande del mundo en Ámsterdam. Desde el principio hemos trabajado, de arriba a abajo, no sólo con festivales, muestras, foros, asociaciones e incluso con cooperativas alternativas y comunitarias de comunicación, pues creo que es tan importante trabajar con unos como con los otros, desde los más grandes a los más alternativos y con lo que menos medios de difusión tienen.

Desde entonces hemos trabajado así y, como cualquier galería de arte, que siempre tiene artistas recurrentes, cada festival cuenta con sus invitados habituales, actores y actrices, pero en nuestro caso son personas como Raúl de la Fuente, Goran Radovanovich, Joan González, Arto Halonen, y tenemos muchos, muchos documentalistas que han tenido una gran recepción de su obra por parte del público mexicano, por eso recurrentemente su obra ha sido seleccionada y ellos han venido a presentar su obra, porque se sienten a gusto mostrando sus trabajos a la audiencia del Distrito Federal. Es una cosa reciproca, es otro trabajo en red: tú me das tu obra y yo te pongo una ventana, y quien siempre sale beneficiado es el público, que es nuestro objetivo máximo y supremo.

La no ficción

Teóricamente, el término documental ya está en desuso lo mismo desde mi opinión personal como programador. La premisa de que las fronteras entre el cine de ficción y el documental se están evaporando, es mentira, no han sido totalmente evaporadas. Las primeras obras cinematográficas son documentales pero ficcionados: la primera película de la historia documental Nanook el esquimal (Nanook of the North, Estados Unidos-Francia, 1922), en realidad es una ficción. Pero esas fronteras se han tornando difusas desde 1896. Nosotros creemos en la no ficción y en las historias reales, se cuenten como se cuenten. Estamos totalmente abiertos a las narrativas, desde el documental en estado puro hasta el reportaje televisivo, al docudrama, al fake, al mockumentary, incluso la animación y el videoclip, forma que se inventó en el año 1966 con un documental del cubano Santiago Álvarez.

Nuestro máximo valor es la no ficción, en cualquiera de sus géneros. No queremos historias que sean mentira, queremos historias que son reales y que no son verdad, pues la verdad tampoco existe. O sea, simplemente queremos contar historias desde el punto de vista desde la perspectiva del director que la hace.

Nuestra selección no tiene ningún otro criterio que el que acabo de establecer: primero que sea no ficción y, segundo, la calidad de las películas. Hemos tenido cintas nominadas o ganadoras del Oscar, y de festivales como Sundance, Tribeca, idfa, por supuesto, pero ese no es el criterio a priori para seleccionar una película, sino que sea no ficción, luego que tenga calidad, bien de continente o de contenido, de factura cinematográfico o de mensaje y, por último, que consideremos que es una película que puede ser de interés para nuestro público. Esos son los únicos tres criterios.

Entre las enseñanzas que nos han dejado nuestros invitados está que los grandes genios son los más humildes, los que menos divas son. Es el caso del serbio Goran Radovanovich o del finlandés radicado en Brasil Mika Kaurismäki; también es el caso del estadounidense Godfrey Reggio, del chileno Patricio Guzmán, del español Javier Corcuera, y de muchísima gente más. También nos han enseñado que las mejores películas se hacen desde la honestidad, no desde un gran plan previo de producción. Además, las jaimas, que son nuestras salas públicas gratuitas pero que tienen menos equipamiento técnico y ofrecen menos garantías técnicas, son las funciones más especiales para los invitados, incluso para los más renombrados.

El área formativa

Además de ofrecer ventanas de producción, sentimos la necesidad de fomentar su producción para que, año con año, recibas nuevas películas mexicanas y cada vez de mayor calidad. Para mí un festival que sólo exhibe películas no es un festival de cine, tienes que ponerte al servicio del productor, del realizar y del distribuidor, que al fin y al cabo son quienes te dan las películas y les tienes que ofrecer algo a cambio, además de la exhibición de sus filmes al público.

Por eso dividimos el DocsDF en formación e industria. En México, al igual que en todo el mundo, hay una carencia: lagunas en los planes formativos en comunicación y cine, específicamente en el cine documental, que son muy dramáticos, tanto en creación como en industria. En ese sentido, intentamos tapar el sol con un dedo y suplir esas carencias tras haberlas detectado a tiempo, de ahí ha devenido el éxito del DocsForum, también porque bajamos a la realidad, pues para hacer buenos documentales todos somos muy románticos, pero hace falta dinero, entonces ponemos en contacto al director con el público, al productor que necesita dinero con el inversor que lo tiene. La lógica es la misma: crear el espacio de encuentro, el nexo en común y que, a partir de ahí, los proyectos mexicanos consigan tener dinero y suplir las carencias que tenemos, por ejemplo que las televisoras públicas y privadas no financien al audiovisual nacional como ocurre en todo el mundo. Intentamos crear nuevas formas de financiamiento para que surjan nuevos proyectos se estrenen en México y salgan al exterior, esa es la lógica del DocsForum.

Los mayores productores

El Reto DocsDF nació porque no existe una convocatoria para la producción de cortometraje documental, lo cual es dramático, por ejemplo en el Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine), que financia el 70% de documental que se produce en el país, por eso nos pusimos a la tarea de hacer una convocatoria, que si bien es competitiva, para mí no lo es, pues los seleccionados ya ganan el premio principal, que es que la producción de tu primer cortometraje sea gratuita, pues te ponemos la producción del corto. Como suplimos una carencia, tristemente nos hemos convertido en los primeros productores de cortometraje documental del país, no es una cuestión para enorgullecerse porque no es nuestra labor, pero hemos suplido este vacío. En una década, hemos producido 57 cortometrajes que han ganado premios nacionales e internacionales, incluso un Ariel –Sólo pase la persona que se va a retratar (México, 2009), de Roque Azcuaga−, pero la razón es muy sencilla: el talento está lo que le faltan son medios. A los chavos les faltan medios y tal vez lo que intentamos es suplir esa carencia dándoles los medios pues el talento ya lo tienen, para que tengan una cámara y medios de post producción que nos están a su alcance económicamente, y los dejamos fluir. No en 24 horas como hacen otros festivales, eso es una salvajada porque no puedes forzar a nadie que demuestre su talento con unas condiciones de producción irreales o imposibles. A partir de ahí tenemos experiencias del Reto DocsDF, que se han convertido en largometrajes, como El árbol olvidado (México, 2009), de Luis Rincón, que surgió de un cortometraje llamado Nonoalco (México, 2006), así como Muchacho en la barra se masturba con rabia y osadía (a manera de apuntes) (México, 2014), de Julián Hernández, también se ha convertido en un largometraje, entonces los resultados están en la cartelera. Y creo que el formato inicial del DocsDF cumplió su objetivo y, bueno, los resultados están a la vista.

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Este artículo forma parte de los contenidos del número 42 de la revista cine TOMAde julio-agosto de 2015. Consulta AQUÍ dónde conseguirla.

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