A diez años de “Temporada de patos”, Fernando Eimbcke estrena “Club Sandwich”

Hay que escuchar a ese niño, jugar con él

Por Salvador Perches

Estrenar una película pequeña, en blanco y negro, sobre adolescentes, Temporada de patos, convirtió a Fernando Eimbcke en un director referencial en el cine mexicano, que arrasó con el Mayahuel en Guadalajara y con los premios Ariel. Desde entonces, con dos cintas más en su filmografía, Lake Tahoe y Club Sandwich, confirmaron a un realizador maduro que ganó, en 2013, la Concha de Plata a Mejor Director en San Sebastián.

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Pocos imaginarían que ese jovial y perenemente sonriente muchacho rubio, regularmente vestido de jeans y de camisetas blancas, de cabello corto y apariencia de bueno, que se transporta en su bicicleta con una mochila al hombro y que transita por esta vida con una gran apacibilidad y bonhomía, haya sido ganador de reconocimientos tan importantes como la Concha de Plata al Mejor Director en la sexagésima primera edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián por su tercer largometraje de ficción, Club Sandwich (México, 2012) o el premio de la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica (Fipresci), en la quincuagésima octava Berlinale, gracias a su anterior trabajo, Lake Tahoe (México, 2008).

Y ni hablar de su ópera prima, Temporada de patos (México, 2003), una cinta en blanco y negro que se estrenó en la décimo novena Muestra de Cine Mexicano en Guadalajara (el actual Festival Internacional de Cine), donde ganó el Mayahuel a Mejor Película y al Mejor Director, para posteriormente alzarse con 11 premios en la cuadragésima séptima ceremonia de entrega del Ariel (Película, Dirección, Actriz, Actor, Guión Original, Fotografía, Edición, Música Compuesta para cine, Sonido, Diseño de Arte, Vestuario y Ópera Prima Ficción), y volverse una de las cinco más premiadas de la historia de la Academia Mexicana de Cine.

Tras estudiar en la Escuela Superior de Fotografía y luego el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (cuec), de la unam, Eimbcke optó por trabajar en publicidad, así como en la industria de la música, realizando videos para grupos alternativos como Plastilina Mosh, Jumbo, La gusana ciega, El gran silencio o Molotov, que le merecieron algunos premios mtv.

Curiosamente, sus tres largometrajes abordan el mundo de la adolescencia, esa inestable etapa en la que los protagonistas están abiertos al mundo, expectantes del futuro, pero simultáneamente tienen abundante tiempo de sobra para la contemplación y el ocio, como ocurre con los tres muchachos y un pizzero atrapados en un domingo sin energía eléctrica en un departamento de Tlatelolco (Temporada de patos); la de un joven de Playa del Carmen que deambula por el minúsculo pueblo tras haber chocado el auto, aún obnubilado por la muerte paterna (Lake Tahoe), y finalmente, por el relato de una madre soltera cuyo hijo es su mejor amigo, pero cuya relación se ve interrumpida por el primer enamoramiento con una adolescente en el mismo centro vacacional (Club Sandwich).

Eimbcke celebra este año 20 años de su primer cortometraje, Disculpe las molestias (México, 1994); la primera década del estreno de Temporada de patos, además de estrenar Club Sandwich en la cartelera mexicana el 20 de noviembre, con distribución de Mantarraya.

Con Club sandwich vuelves a los temas de la pubertad y la adolescencia.

A mí es un tema que me interesa mucho porque es algo que nos acompaña siempre, siempre, podemos tener 40, 50 años pero siempre estamos regresando a ese momento de la infancia, a ese momento de la adolescencia donde nos estamos formando, donde cometemos muchos errores, donde tenemos muchas dudas pero también muchos aciertos, pero en esta peli el personaje principal que fui descubriendo fue el de Paloma, el personaje de 30 y tantos años que se sigue enfrentando a los mismos miedos que nos enfrentamos a los 14, a la soledad, a la búsqueda del amor, a la búsqueda de un amigo, es una historia de amistad, aquí Paloma y Héctor son amigos, son dos amigos.

Además ese miedo a ir perdiendo el afecto, a quedar desplazado.

Exacto, no a perderlo pero si a que quede desplazado, esta separación y esta falta de comunicación que se da en todas las relaciones, también entre madre e hijo hay un equilibrio que se da durante mucho tiempo y de repente pasa el tiempo y llega la madurez, llega la naturaleza, llega el sexo y dice: esto tiene que cambiar y las madres, yo creo que ninguna madre está preparada para eso y podrán leer muchos libros que hablen sobre el tema pero nunca están preparadas y lo más bonito es que las madres, digamos esta madre no está preparada y además lo que ha hecho, lo ha hecho por amor, todas las relaciones son conflictivas pero hay amor.

En Club sandwich el acento esta puesto, formalmente, en tomas muy cerradas, lo que permite apreciar toda la comunicación facial.

En las películas anteriores habíamos trabajado con muchos planos abiertos y esta es la primera en la que nos centramos en los planos cerrados y, bueno, fue un descubrimiento muy bonito para mí, encontrar la expresión, la atención, la sexualidad de los dos personajes en esos gestos, no tanto ver el cuerpo, la mano, sino estar en la cara, sentir ese movimiento de labios de Lucio o ese sorbidito. Saber que hay una tensión sexual tremenda, pero es en el close como puedes transmitirla, yo fui el primer sorprendido y los que te lo dan son ellos, los actores.

¿Eso a ti te descubrió otra forma de dirigir?

La historia lo va pidiendo. En Lake Tahoe era una cosa más voyeurista, más de lejos, aquí en Club Sandwich estás más metido con los personajes, como si estuvieras en el cuarto, en medio, viéndolos a los dos, como director y como espectador tienes ese privilegio de verlos de cerquita, a mi me fascinó.

Fernando, si eres ese niño que no te deja en paz, ¿seguirá viviendo en ti cuando hagas cine de adultos?

Sí, yo creo que sí, siempre, y lo ves hasta en las películas de adultos que te llaman la atención, también las de adultos son iguales, son como adolescentes, como niños. A lo mejor hay una película de gente mayor y seguimos siendo como niños, en general. Yo creo que a todos, ese niño no nos deja en paz y, si lo hace, qué horror. Hay que escuchar a ese niño, jugar con él también.

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