Sebastián del Amo y la biografía laudatoria de “Cantinflas”

Un homenaje desde el cariño y desde el respeto

Por Sergio Raúl López

El cine y las figuras de la Época de Oro del cine mexicano persisten no sólo en la memoria, sino que se mantienen en el gusto del público contemporáneo. Prueba de ello es la figura de Mario Moreno Reyes, “Cantinflas”, el popular cómico surgido de las carpas, protagonista de medio centenar de exitosos títulos de innegable vigencia, y del cual, luego de varios intentos inconclusos, se estrenará una cinta triunfalista y épica, que celebra sus triunfos y buscará consolidarse como un hito de taquilla, tal y como ocurre con las producciones en que intervino.

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El primer sueldo que Fortino Mario Alfonso Moreno Reyes recibió del teatro Follies Bergere, propiedad del empresario Pepe Fustemberg –tras su paso por las carpas como La Valentina, El Salón Rojo o El Mayab −, ya con su personaje de “Cantinflas” totalmente desarrollado, consistió en una pila de tostones de plata que el propio cómico había solicitado. Acto seguido, salió a la calle y los repartió personalmente entre los boleros y los voceadores de la zona, en la glorieta de Santa María la Redonda, en un acto que recuerda la parte central del mural ejecutado por Diego Rivera en el Teatro de los Insurgentes.

Ahí, en el justo medio de la composición, Cantinflas toma el dinero de la oligarquía, de los militares y del clero, para repartirlo entre los menesterosos y los desvalidos, si bien es una obra inaugurada en abril de 1953, una época ya muy lejana del año 1935 en que su popular figura debutara en el teatro de la zona de Garibaldi, sobre el actual Eje Central “Lázaro Cárdenas”, en la zona donde nació y creció el histrión. Acaso se referirá a las fundaciones filantrópicas que Mario Moreno Reyes dirigía, una vez encumbrado como una de las principales figuras del cine mexicano y y asociado con el productor y coleccionista de arte, de origen ruso, Jacques Gelman.

La anécdota, empero, resulta un claro ejemplo del proceso por el cual Mario Moreno Reyes se fue alejando a sí mismo, lo mismo que al personaje de Cantinflas, de los entornos barriales, de las zonas periféricas y del habla y las costumbres populares, para insertarse poco a poco en un discurso oficialista, plagado de moralejas y de códigos de buena conducta, muy a tono con los controles sociales del Estado, para acabar convertido, él mismo, en una institución respetable, lejos ya de la picaresca del peladito, del doble sentido de las clases bajas y de la sobrevivencia del día a día muy lejana de la legalidad.

Una transformación que no se retrata en Cantinflas (México, 2014), el laudatorio largometraje biográfico dirigido por Sebastián del Amo (El fantástico mundo de Juan Orol, México, 2012), sobre un guión de Edui Tijerina y de él mismo, pues hay más preocupación por relatar el imparable ascenso del cómico de orígenes humildes y habla enrevesada, que tras frustrados intentos de convertirse en boxeador y torero, acabaría protagonizando, junto a David Niven, La vuelta al mundo en 80 días (Around the World in 80 Days, Estados Unidos, 1957, de Michael Anderson), gracias a la ambición y a la tremenda bocaza del productor Mike Todd, pero sin mover un ápice a Mario Moreno del pedestal broncíneo en que acabó trepado.

Interpretado de manera convincente por el actor catalán Óscar Jaenada, aparecen una larga lista de personajes que incluye al estadounidense Michael Imperioli (Mike Todd); Luis Gerardo Méndez (Estanislao Shilinsky); Ilse Salas (Valentina Ivanova); Ana Layevska (Miroslava Stern); Ximena González-Rubio (María Félix); Julio Bracho (Jorge Negrete); Barbara Mori (Elizabeth Taylor); Roberto Cobo (Agustín Lara); José Sefami (Diego Rivera), y Adal Ramones (Fernando Soto “Mantequilla”), entre muchas otras breves apariciones de figuras mediáticas intentando cubrir los zapatos de estos mitos del cine clásico.

Si bien esta visión acrítica se cuida de no abordar los aspectos más controversiales de Mario Moreno, como su corporativismo al pelear por la dirigencia de la Asociación  Nacional de Actores (anda) o que su cine fuera distribuido por la Columbia Pictures –y no por Películas Nacionales− un importante engrane para la vuelta de Hollywood en Latinoamérica, entre otros puntos críticos, resulta una colorida fábula triunfalista que, más que intentar convertirse en una biografía épica, retrata con nostalgia el sabor de aquella época en la que el cine mexicano conectaba de manera natural con su público.

Producida sin fondos cinematográficos ni subsidios estatales por Kenio Films –con una meritoria inversión de riesgo de capitales privados–, Cantinflas estrenó el 29 de agosto en Estados Unidos y el 18 de septiembre lo hará en la cartelera mexicana con distribución de Videocine, en mil 250 pantallas.

En un lapso relativamente breve, has estrenado dos películas al hilo no sólo biográficas sino sobre el cine de la Época de Oro y en torno a dos de sus figuras emblemáticas, primero Orol y luego Cantinflas.

Fue un poco una coincidencia. La verdad es que el proyecto de Cantinflas llegó a mis manos de una manera un tanto azarosa: yo me encontraba promocionando El fantástico mundo de Juan Orol, y me entrevistaron de un portal de Internet, luego resultó que los productores de Kenio Films la leyeron, algo habré dicho que les hizo algún sentido y me llamaron para ofrecerme el proyecto. Ya tenía noticia de los dos intentos previos que hubo para llevar al cine la vida de Cantinflas y que se habían caído por diferentes razones, pero cuando pregunté, me dijeron que este era un proyecto nuevo, que ya tenían un guión de Edui Tijerina. Es de Monterrey y fue quien llevó el peso de la investigación, no sé cuánto tiempo se habrá demorado en hacerlo, porque el guión era más largo, iba desde la niñez de Mario Moreno hasta su muerte, implicaba una película de cuatro horas. Al final, por criterios de producción, decidieron condensarlo a este periodo y a esta anécdota completa. Lo leí y me pareció muy atinada toda la curva dramática, la manera en que se hilaban las dos historias, al final les hice algunas sugerencias, algunos cambios y adaptaciones ligeras, pero fue un proceso realmente bastante rápido. Habrá pasado apenas un año de que el proyecto llegó a mis manos a que ya lo estábamos preproduciendo e incluso presentando. Haber tropezado con Cantinflas fue un gran regalo por parte de Orol, estábamos colados en la fiesta y la verdad ahora estoy ansioso del estreno y de ver qué posibles regalos nos puede traer.

Es que Cantinflas es una de las figuras mediáticas más importantes de la América Latina. ¿Qué era para ti antes de la película?

Desde luego, era un personaje entrañable. Yo soy muy fan del cine de esta época, crecí viendo Cine Permanencia Voluntaria y uno de mis canales, de cajón, es De película. De niño todavía me tocó ir a las salas de cine de cotsa a ver El patrullero 777  (México, 1978) y El barrendero (México, 1981) −ambas de Miguel M. Delgado−, que no son películas muy afortunadas, pero alcancé a vivir parte del fenómeno al final y eran películas realmente muy vistas. El mérito histórico que tuvo Cantinflas es que fue el actor mexicano más conocido, que traspasó fronteras y logró imponerse al paso del tiempo, porque sigue vigente en toda América Latina y en España y Portugal. Nada más por darse una idea, si Cantinflas logró hacer dinero, su productor, Jack Gelman, logró ser uno de los principales coleccionistas de arte, tiene un ala completa en el Museo Metropolitano de Nueva York, con su colección personal. Nada más para darse una idea, porque de pronto perdemos la perspectiva de quienes llegaron a ser Cantinflas, María Félix o Agustín Lara en el mundo.

La verdad, revisar este periodo y este personaje fue una cosa muy gozosa. Es un honor tener la oportunidad de hacer la película, meterse un poco con el icono. La intención, desde antes que yo llegara, fue hacerle un homenaje desde el cariño y desde el respeto. En esos términos, y al ser una película de encargo, con capital cien por ciento de riesgo y sin ningún fondo público, ni incentivo fiscal, ni ninguno de los mecanismos de subsidio con los cuales se está produciendo la gran mayoría del cine mexicano, es una película que implicaba retos en muchos niveles. El primero, desde luego, es técnico, el tema del actor, de la época. Luego un tema logístico para llevar toda esta gran producción y hacer lucir este presupuesto en cuadro, el reto de presentar la película ante el público, y ahora viene la corrida comercial, estamos esperanzados de que la película funcione en medida de la respuesta que tuvimos en los festivales de Guadalajara y de Guanajuato, ojalá sea un estímulo para los empresarios de este país, para realmente empezar a invertir en el cine mexicano, para que esta industria no sea tan dependiente de los fondos públicos y de los estímulos fiscales.

Además de homenaje a Cantinflas, la cinta es un acercamiento a La vuelta al mundo en 80 días, con la que ganó el Globo de Oro.

Exacto, se utiliza como anécdota la preproducción de esa película de la United Artists, en la que Mike Todd, que era este productor enloquecido, blofea con los productores del estudio que ya consiguió al actorcito mexicano realmente sin saber quién es, y la usamos como excusa para contar toda la historia de Mario, hasta que luego se vuelven a cruzar los caminos de ambos. En su día fue un proyecto un tanto descabellado, en el que el productor quería meter a 45 actores de primer nivel haciendo extras y bits, un poco siguiendo este espíritu la intención de esta película.

Y un poco siguiendo el espíritu de esa película, y en la medida que estamos haciendo un homenaje a un icono del cine mexicano, la idea es que los papeles de todas las grandes estrellas que se codeaban con Mario lo hagan personajes icónicos o grandes actores del cine nacional. Era un poco un juego de espejos para intentar que entrara a esta convención, luego, cuando surgieron críticas a la nacionalidad de Óscar Jaenada, también hubo críticas a la elección de algunos actores para ciertos personajes, pero creo que era parte del juego, de esta convención, porque se trata un poco no sólo de un homenaje a Mario sino a todo el momento y al entorno del cine mexicano.

 

México ha estado y está plagado de imitadores de Cantinflas, lo mismo niños que cómicos albureros, pero eso no significan que sean intérpretes capaces para un filme. ¿Cómo te planteaste este problema?

Cuando el proyecto cayó en mis manos nos dimos a la tarea, nada fácil, de encontrar al actor protagónico. Empezamos a hacerle casting a varios actores mexicanos e incluso hubo amagos de acercarnos a actores muy conocidos y estuvimos a punto de decidirnos por uno no muy conocido y justo estábamos en ese proceso cuando apareció Óscar Jaenada, y lo encomiable del caso es que realmente se ganó el papel. Primero nos mando unas fotos, caracterizado de Cantinflas, porque había estado asociado a los dos proyectos anteriores que se cayeron, y realmente el parecido físico es realmente asombroso. Ya tenía esta inquietud muy grande y se agarró un avión, vino a México y la verdad hizo el mejor casting de todos, la verdad se ganó el papel a pulso por sus dotes actorales. Evidentemente todos tuvimos la preocupación del acento, pero cuando vimos lo que nos podía entregar y el momento que vive en su carrera, que sin duda es el actor español con más proyección internacional y estoy seguro que se va a consolidar. Entonces la decisión fue muy fácil, porque lo hizo muy bien y nos enamoró. Entonces, el tema de su nacionalidad realmente pasó a un segundo plano, asumimos la controversia como algo muy natural, pero nos sorprendieron tantas protestas y desplegados, que no las hubo ni cuando Antonio Banderas hizo a Pancho Villa ni cuando Marlon Brando hizo a Emiliano Zapata o Alfred Molina a Diego Rivera. Pero muchos detractores se van a terminar convenciendo porque hizo un trabajo espectacular.

Otra complicación, me imagino, fue ir sumando esa numerosa cantidad de personajes de la época que aparecen reatados en el filme.

El resto de la gente se fue sumando de una manera generosa, los actores entendieron muy bien este juego y muchos querían estar simplemente por estar, por el hecho de cruzar cuadro y yo estoy infinitamente agradecido con todos los que estuvieron. Tuvimos muchas complicaciones de logística como el día de la manifestación de las estrellas en la explanada del Palacio de Bellas Artes que sólo teníamos permiso para esa locación tal día y nada más, muchos no pudieron estar porque se nos cayeron de último momento y al final se nos sumaron otros, pero creo que fue uno de los momentos más entrañables de la película, sin duda, y tuvimos la suerte de tener 25 actores en 20 segundos de película, lo que es también increíble.

La escena del Teatro de los Insurgentes también fue complicada porque teníamos que esperar a que terminara de funcionar el Metrobús porque un emplazamiento era justo en el camellón de Insurgentes y el otro lado, lo hicimos un lunes en la madrugada, cuando pudiéramos controlar y limpiar un poco el cuadro de la modernidad que lo ensucia. Parte de la historia es que la Ciudad de México es otro personaje, aparece la Santa María La Redonda, que es donde nació; sale el Teatro de los Insurgentes que él inauguró –con la obra Yo Colón, de Alfredo Robledo y Carlos León–; sale Bellas Artes; recreamos los estudios de la United Artists en la Universidad Autónoma de Chapingo; recreamos Veracruz en el centro de la Ciudad de México, en fin, por temas ya de producción.

Es una producción abundante de actores, de vestuario, de locaciones. ¿Qué tantos lujos se permitieron con un proyecto tan grande?

A pesar de que contábamos con una producción importante, tomando en cuenta el promedio que lo se gasta en una película mexicana, que fue de 44 millones de pesos, la intención era intentar mantener un balance, no gastarse mucho pero hacerlo lucir, siempre tuvimos muchas limitaciones para el tipo de historia que estábamos queriendo contar, porque es multitudinaria, Mario siempre estaba rodeado de multitudes. Por ejemplo, la Plaza México la llenamos con 50 extras nada más, clonándolos y clonándonos. O la escena en el teatro con su discurso de “Si yo fuera diputado”, se veía la silueta de Óscar en los asientos del teatro Coyoacán de lo que no habíamos podido llenar de extras.

Fue un rodaje muy acotado, sólo tuvimos seis semanas y media para hacerlo, lo que fue una complicación añadida, por eso estoy muy contento con el resultado y con la manera como mi equipo de trabajo reaccionó. Fue una súper producción guerrillera, por decirlo de alguna manera.

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Este artículo forma parte de los contenidos del número 36 de la revista cine TOMAde septiembre-octubre de 2014. Consulta AQUÍ dónde conseguirla.

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