Ciclo “La Primera Guerra Mundial 1914-2014 a través del cine”, en la Filmoteca de la UNAM

El cine estadounidense de guerra se gestó durante la Revolución Mexicana

La noticia, el entretenimiento, el espectáculo y la propaganda

Por Juan Manuel Aurrecoechea

Aunque los camarógrafos estadounidenses ya habían empleado el cinematógrafo para registrar varios conflictos bélicos en el Caribe o en Sudáfrica, fue en la Revolución Mexicana que desarrollaron la tecnología y las formas narrativas que emplearían muy pronto en la Primera Guerra Mundial y que establecerían un modelo de patrioterismo, ideologización y propaganda que se mantendría vigente por tanto tiempo que sólo se renovaría hasta la invasión de Vietnam.

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El 29 de julio de 1914, Jay Darling publicó en el Des Moines Register and Dealer, el cartón editorial “Moviéndose al nuevo cuartel general” (Moving to New Headquarters). La caricatura describe cómo los corresponsales estadounidenses que atestiguaban la Revolución abandonaron el territorio mexicano atraídos por el estallido de la gran guerra europea. Como atinadamente afirma Aurelio de los Reyes: “tras los asesinatos del archiduque Francisco Fernando y su esposa en Sarajevo, la estrella cinematográfica de la Revolución Mexicana se apagó en los Estados Unidos”. La caricatura ilustra una idea comúnmente aceptada por la historia del cine documental: los camarógrafos de cine estadounidenses que retrataron la guerra europea partieron, literalmente, de México, con la experiencia de haber atestiguado la Revolución Mexicana. Aquí se habían fogueado técnicamente y habían desarrollado el modelo logístico y narrativo con el que acompañarían al Dios de la Guerra a lo largo de todo el siglo XX. En este sentido, lo que Darling documenta es un hecho incontrovertible: el cine bélico estadounidense aprendió a filmar y contar la guerra en México.

Quizá es demasiado rotundo afirmar que los noticiarios y los documentales estadounidenses de guerra nacieron con la Revolución mexicana, pero no hay duda de que aquí se profesionalizaron sus estrategias y su discurso narrativo. Ciertamente, la Revolución Mexicana no fue la primera guerra de la historia en ser filmada, ni siquiera por los camarógrafos estadounidenses. El cine había atestiguado la guerra hispano-estadounidense de 1898; la insurrección Bóer en Sudáfrica de 1900; la conflagración ruso-japonesa de 1905, o la de los Balcanes de 1912-1913; todas ellas anteriores a los registros más importantes de la Revolución Mexicana, que datan de entre 1914 y 1916. Sin embargo, también es cierto que en aquellas películas pioneras, prácticamente sólo se veía humo e imágenes borrosas. Cuando mostraban algo con cierta nitidez, se trataba de escenas posadas, anteriores o posteriores a las batallas reales o, ya en el colmo, de reconstrucciones filmadas en la comodidad de los estudios.
El newsreel o noticiero cinematográfico, que sería el principal impulsor y vehículo de los documentales de guerra, apareció en los Estados Unidos tan sólo unos cuantos meses después de la batalla de Ciudad Juárez, que marcó el inició de la Revolución Mexicana. La primera revista estadounidense de noticias filmadas fue el Pathé Weekly, que apareció en agosto de 1911. Para 1916, ya era inconcebible una función cinematográfica que no estuviera precedida de un noticiero. Los principales eran el mencionado Pathé Weekly, el Universal Animated Weekly, el Mutual Weekly, el Seling-Tribune y el Hearst Vitagraph News Pictorial. Persistían todavía el género de las “actualidades cinematográficas”, con el que nació el cine y, por supuesto, también abundaban documentales de mayor metraje, conocidos en los Estados Unidos como feature films. Todos estos newsreels enviaron camarógrafos a México para cubrir la Revolución Mexicana y todos estuvieron en los campos de batalla de la guerra europea de 1914-1918.
Algunos de los camarógrafos de estos noticieros, a los que la historia del cine ha reconocido por sus coberturas de la Primera Guerra Mundial, son: Edwin F. Weigle, Kerigan, Leland J. Burrud, Ariel Varges, Tracy Mathewson, Fritz Arno Wagner, Victor Milner, Gilbert Warrenton, Charles Rosher y Carl von Hoffman. Todos habían estado en México cubriendo distintos frentes de la Revolución Mexicana. Narrarían sus experiencias en México como grandes aventuras individuales en las que arriesgaron sus vidas internándose prácticamente solos en “territorio hostil”. Lo cierto es que contaron con todo el respaldo de una industria y una cuidadosa logística.
Para filmar las batallas de la Revolución Mexicana se desarrollaron adelantos técnicos que resultarían fundamentales en la cobertura de la Primera Guerra Mundial: laboratorios ambulantes de revelado; cámaras y aditamentos que permitían filmar con cierta seguridad las batallas; el novedoso telefoto que presumió haber creado la Kleervue Film Company en enero de 1914, así como todo tipo de artilugios de diseño especial, como el que mandó construir la Mutual Film Company para la cobertura de la Batalla de Torreón, que permitía al operador filmar desde una posición en la que no tuviera que exponer la vida.
Durante la intervenciones militares de Veracruz y Chihuahua los documentalistas estadounidenses se convirtieron claramente en soldados de la causa de las barras y las estrellas, y se asumían como tales sin problema. Las películas se transformaron en armas ideológicas cuyos ejes de narrativa fueron la exaltación de los soldados del Tío Sam y de la supuesta misión civilizadora que representaban. Las cámaras no sólo filmaban la guerra sino que la protagonizaban. Se puede decir que durante la ocupación del Puerto de Veracruz y la expedición punitiva los intereses militares son los que, metafóricamente, dirigían las películas. Y lo mismo puede decirse de los filmes estadounidenses de la Primera Guerra Mundial, para los que la experiencia mexicana resultó fundacional. Fue en México donde los estadounidenses aprendieron que las guerras se ganan conquistando territorios, pero también mentes y corazones. Y estos se ganan con imágenes.
En el cine estadounidense de la Revolución Mexicana se gestó ese formato tan sui generis de contar la guerra, en el que se mezclan, de manera indiscernible, la noticia, el entretenimiento, el espectáculo y la propaganda, y en el que el eje articulador son los intereses estratégicos, políticos y económicos de los grandes poderes estadounidenses. Y siguiendo este modelo, los estadounidenses filmarían, no sólo la primera sino las innumerables guerras en que han intervenido desde entonces.
Ese modelo que nació en México sólo entraría en crisis hasta la guerra de Vietnam (1964-1973).

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El ciclo: La Primera Guerra Mundial 1914-2014, se exhibirá en la sala José Revueltas a partir del 20 de agosto,  está integrado por las siguientes cintas:

La Batalla del Somme (1916), considerado el primer documental de guerra de la historia.

El Cinturón Mágico (1920), de Hans Brennert.

El camino hacia la Guerra: 1879-1914 (1999), de Scott Harris.

La Primera Guerra Mundial: las grandes batallas de los frentes europeos (2004), de Rino Salina.

Armas al hombro (1916), de Charles Chaplin.

Alas (1927), de William A. Wellman primer filme que ganó el Oscar como Mejor Película.

Sin novedad en el frente (1930), de Lewis Milestone.

La Reina africana (1951), de John Huston de 1951.

Al este del paraíso (1955), de Elia Kazan.

Patrulla infernal (1957), de Stanley Kubrick.

Lawrence de Arabia (1962), de David Lean.

Doctor Zhivago (1965), de David Lean.

El ciclo continuará en septiembre.

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