Un cuarto de siglo de “El secreto de Romelia”, de Busi Cortés

El Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) celebra los 25 años de nuestra primer cinta producida bajo el programa Ópera Prima: El secreto de Romelia (México, 1989), de Busi Cortés, con una función especial en Cineteca Nacional el próximo sábado 1º de enero de 2014, a las 20 horas, en la Sala 8 de la Cineteca Nacional (Av. México Coyoacán #389 Col. Xoco Del. Benito Juárez).

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Un melodrama femenino, atmosférico y literario

Por Perla Schwartz

El oprobio y la degradación provocados en una joven de profunda ingenuidad debido a la venganza de un hombre engañado, devienen, con los años, en traumas fantasmales difícilmente desarraigables en la cinta El secreto de Romelia, un melodrama en clave femenina y feminista, que este año celebra un cuarto de siglo de su estreno en pantalla.

Romelia's Secret

Existen ciertas presencias fantasmales que no son tan fáciles de ser vencidas, espectros que habitan en la interioridad ante los que llega el momento impostergable para confrontarlos, para vencer su compañía persistente, pues de otra manera, resulta imposible restablecer un equilibrio emocional. Esto le sucede a Romelia Orantes (Dolores Beristáin) , quién tras enterarse de la muerte de Carlos Román (Pedro Armendáriz Jr.), quien fuera su marido efímero en un pasado remoto, retorna cuatro décadas después al lugar donde fue víctima de una venganza perversa, de la que nunca se percató.

Ella es la mujer cinemática, protagonista de El secreto de Romelia (México, 1988), ópera prima de Busi Cortés (Ciudad de México, 1950), cineasta egresada del Centro de Capacitación Cinematográfica (ccc). Este largometraje de ficción se basa en una versión libre de la novela corta “El viudo Román”, incluida en el libro Los convidados de agosto (1964) de Rosario Castellanos. La película cumple 25 años de haber sido filmada en el 2013 y es ejemplo de un melodrama femenino que se apoya en el entretejido de atmósferas, así como de una sabiduría literaria.

No podría ser de otra manera, puesto que la cineasta siempre ha tenido una gran pasión por la literatura latinoamericana, según lo ha declarado en diversas entrevistas y como deja constancia en trabajos fílmicos anteriores, como ocurre con sus cortometrajes escolares Las Buenromero (México, 1979), basado en el cuento “Circe”, de Julio Cortázar; El lugar del corazón (México, 1984), que parte del cuento homónimo de Juan Tovar, mientras que en el mediometraje Hotel Villa Goerne (México, 1981), desarrolla un homenaje al universo onírico de Gabriel García Márquez.

En dichos filmes breves, lo mismo que en El secreto de Romelia, la directora busca concretar un cine de autora, que conjuga parte de sus experiencias vivenciales –ella proviene de una familia de origen provinciano–, aunado a una necesidad de autorrepresentarse y, por ende, trazar el mundo de las mujeres que buscan ser. Aquí cabe recordar una aguda reflexión de la cineasta belga Chantal Akerman, cuando apunta: “En el cine y las artes también debemos encontrar un lenguaje adecuado a nosotras que no sea ni blanco ni negro”.

Virginidad y (malos) recuerdos

Busi Cortés traza a Romelia, una mujer de la tercera edad que oscila entre la marejada de sus recuerdos, mismos que desea exorcizar, demonios interiores que durante años la han atormentado, y le han impedido llevar una existencia tranquila y estable, siempre ha permanecido maniatada a un misterioso pasado, del cual no se atreve a hablar. En algún momento de la película, ella dice: “Lo mejor es recordar, así se pasan por alto muchas cosas”.

Melodrama femenino por sus sutilezas, así como introspectivo e intimista, donde surgen varias pinceladas oníricas, el filme visibiliza los sentimientos encontrados de una mujer cinemática educada de manera tradicional, quien cuando joven fue humillada de modo injusto y en el presente –donde inicia la cinta–, busca una redención, alejarse de ese malestar que la torturado y que la ha empujado a estar entre en el ostracismo y un inacabable desasosiego.

En forma paralela, la realizadora da cuenta de la relación que Romelia sostiene con Dolores (Diana Bracho), su hija divorciada, así como con sus tres nietas, que son su adoración, en especial, la pequeña Romi (Nuria Montiel), a quien la siente como una prolongación de sí misma. En una entrevista que la directora le concedió a Márgara Millán, para el libro Derivas de un cine en femenino (1999), le dice: “Con El secreto de Romelia fui más consciente, leí mucho a Rosario Castellanos. Como el tema era la virginidad, pensé en la manera de verla desde tres diferentes generaciones: el tabú para la abuela, lo absurdo para la mujer liberada y el juego para las niñas.”

En lo personal, considero que en esta película, más que la virginidad, lo que está en juego en el desarrollo de su narración, es el enfrentamiento a un pasado que marca en forma inevitable, pues las vivencias dejan huella indeleble en la sensibilidad. Y esto lo presenta la cineasta a partir de imágenes con fuerte contenido poético, algo que no suele ser muy habitual en el melodrama en general y menos en el mexicano.

Es necesario destacar que todas las mujeres cinemáticas que Busi Cortés construye, cuentan con una perspectiva femenina-feminista y el ejemplo claro se encuentra en la Romelia vieja, quién toma conciencia de sí misma, de su circunstancia y de la necesidad imperiosa de indagar qué es lo que la afectó tan profundamente. Está a la búsqueda de un afianzamiento en su presente, no obstante el sufrimiento que la erosionó.

Certera, apunta la teórica fílmica feminista Mary Ann Doane (1984): “Un aspecto vital e importante del cine de mujeres que concierne a la construcción de un espacio narrativo, es porque a decir de Judith Mayne, éste envuelve una clase de negociación entre la esfera privada y la pública, porque actualiza un espacio donde existen diferencias sexuales, la mujer se apropia del ámbito doméstico y los hombres de los ámbitos de acción y poder.”

Subjetividad femenina

La vida de Romelia se encuentra reducida a una esfera privada, la doméstica, mientras que el viudo Román, quien fuera su esposo, tuvo la oportunidad de ejercer como médico hasta que su salud física se quebrantó. Para compenetrar a su espectador(a) con la tristeza de Romelia, Cortés recurre a varios flash backs que se tornan en parte del continuum de un presente, es decir, recuerdos y ensoñaciones se entretejen en la cartografía íntima de su mujer cinemática protagonista.

En una conversación con Isabel Arredondo (2001), Busi comenta: “Con El secreto de Romelia, trato de crear conciencia sobre qué es ser mujer y quién eres como mujer, y creo que la película sí logra transmitir esa conciencia.”

La cineasta ofrece una representación de la subjetividad femenina, misma que busca mantenerse limpia de las influencias que están a su alrededor. Romelia refleja en su rostro una cierta melancolía y conforme avanza el metraje, se erige como una especie de Antígona, fiera, valiente, cuando se dispone a indagar qué vivió en su pasado.

El mundo familiar y sus entretelones son la materia prima de una película que se maneja en dos niveles narrativos, los cuales se entrecruzan: el presente, cuando Romelia llega a la hacienda provincial en compañía de su hija y nietas, y un segundo –mucho más intenso–, que son las escenas y secuencias que conforman a su mente memoriosa, que parecieran ser fotografías de un desgastado álbum familiar.

Al respecto, la estudiosa Márgara Millán escribe: “Romelia anciana se ve de joven al estar en ciertos lugares donde la acción sucedió; basta con que mire y se desencadena la escena, por ejemplo, Romelia vieja se sienta en medio de los árboles de la hacienda y la cámara recorre el punto donde ella está ya de espectadora de la acción de remembranza, al mismo tiempo es acontecer para nosotros.”

Todo el filme de Cortés va entretejiéndose desde una temporalidad con tintes míticos. Por ejemplo, hay una secuencia en la que Romelia evoca el tiempo cuando era dueña de una inocencia y se casa con Carlos Román, en 1938, y a los pocos días es rechazada por éste, pretextando que no es virgen. Se trata de una acusación falsa, pero que es parte de una confabulación en la que el hombre reafirma su honorabilidad, puesto que Elena, su primera esposa, fue amante de Rafael, el hermano de Romelia.

Ella guardará, durante mucho tiempo, las sábanas maritales manchadas de sangre, prueba fehaciente de que sí llegó virgen al matrimonio. Durante los flash back, Romelia recuerda sus juegos cuando era niña, cuando gozaba al treparse en el duraznero, para tener otra óptica del mundo desde las alturas. Estos flash back le dan a este melodrama un toque de especial vitalidad.

Refleja su gran disfrute de dichas jornadas campiranas, cuando tenía la sensación de sentirse libre de ataduras. Resulta muy significativa la leyenda de la placa que se encuentra en la oficina de Joaquín, el notario: “El pasado es un lujo de propietario”. Dicha frase es de la autoría del filósofo existencialista francés Jean-Paul Sartre, la cual evidencia lo que la realizadora reafirma a lo largo de su película.

La memoria de la mujer cinemática creada por Busi Cortés va hilando a través de sus recuerdos y ensueños un proceso que es laberíntico e intrincado, y no obstante, por más esfuerzos que se realice, es imposible recordar con plena claridad lo que se ha vivido y ésta es una de las premisas centrales de El secreto de Romelia.

El antropólogo Marc Augé (2005), reflexiona en ese sentido: “Y nuestro presente se divide con frecuencia entre las incertidumbres del porvenir y las confusiones del recuerdo.”

El pasado como rompecabezas

Dentro de su caos emocional, Romelia aspira a lograr acceder a una auténtica redención, aún y cuando sabe de antemano que no será una tarea fácil. Para ello es imprescindible un ajuste de cuentas, ella ya no puede permitirse el lujo de seguir anclada a ese pasado que tanto la hirió, debe librarse, presiente que su muerte está cercana y antes de abandonar la residencia terrenal debe ser dueña absoluta de sus deseos y decisiones más íntimas.

Aquí vale la pena recordar la reflexión de la teórica fílmica feminista Claire Johnston (1972): “Si el cine de mujeres va a emerger, ello no sólo implica sustituir a protagonistas femeninas con un carácter positivo o enfocarse a una problemática femenina, etc. Ello va mucho más lejos, al impactar en la consolidación de una auto conciencia.”

En este melodrama femenino con apuntes feministas, la toma de conciencia de Romelia es clara, desde el momento en que regresa al lugar donde fue maltratada emocionalmente, al que va protegida en cierto modo, al ir acompañada de su hija y nietas. El filme transcurre en un tiempo lento, puesto que tienen más peso las acciones internas de los personajes que aquello que sucede en el exterior; los silencios tienen peso en la progresión de la acción dramática, pues acompañan las cavilaciones de la mujer cinemática protagónica, silencios propios de una mirada femenina en el séptimo arte.

En varios de esos momentos, ella pareciera estar suspendida en una especie de tierra de nadie, como si se encontrara en un trance y, para remarcarlo, Busi Cortés utiliza una cámara irreal, y así da ciertas pinceladas oníricas a algunas de las escenas y secuencias, como por ejemplo, el flash back de la boda de Romelia con el vengativo Carlos Román, con una toma en contrapicada, en la que los personajes parecieran ser muñecos de una maqueta y aparecen cercanos y distantes a un mismo tiempo ante el espectador.

La mirada de la realizadora se centra, sobre todo, en el uso de varios planos secuencia y ello le permite detenerse en los pequeños detalles, en objetos significativos, los cuales se conectan con el fluir emocional de sus personajes, sobre todo las mujeres. Así, tenemos a Romelia vieja, a la hora de descender una escalera que parece infinita, como el torrente de memorias que atesora.

A lo largo del desarrollo de la película, prevalece un aura de misterio y sigilo, impreso desde su título El secreto de Romelia, un sigilo que también es componente de esa doble moral que preside a la sociedad provinciana: una manera es cómo se actúa ante los otros, y una segunda lo que se siente y se piensa.

En cuanto a los objetos, uno de los más importantes es el relicario, el cual ha pasado de generación en generación en la familia Orantes, el cual Romelia obsequia a su nieta Romi, cuando presiente que muy pronto ha de morir, pues desea que la pequeña perpetúe su memoria, su paso por la residencia terrena, deseando que tenga un destino diferente, menos accidentado que el suyo propio.

Escribe la ensayista alemana Jutta Bruckner (1986): “Las películas de mujeres buscan claves y huellas del pasado. La consolidación de la identidad es su tema y a la vez forma parte del proceso de hacerlas. Son testimonio de la esperanza de una vida consciente en que el pensamiento esté vinculado al sentimiento.”

El secreto de Romelia sigue muy de cerca esta consigna, al ser una especie de rompecabezas para ser construido. La mujer cinemática protagonista se va develando en forma paulatina, como ocurre, por ejemplo, en sus diarios, que sus nietas descubren accidentalmente, arrumbados en un viejo armario, o a través de los diálogos entrecortados que sostiene con su hija Dolores, o bien, cuando recorre los lugares donde vivió cuando joven.

Busi Cortés ofrece el retrato melodramático de una mujer a su regreso –cuatro décadas después–, para confrontar los fantasmas de su pasado, se trata de un proceso de sanación emocional y espiritual. Ella anhela que el futuro de sus nietas sea más luminoso, que ya no sean víctimas de un opresivo sistema patriarcal. Sabe que, por fortuna, los tiempos cambian y es posible aspirar a la renovación.

Este artículo forma parte de los contenidos del número 31 de la revista cine TOMAde septiembre-octubre de 2013. Consulta AQUÍ dónde conseguirla.

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