María Elena Velasco aborda a “La India María”

Mi misión es hacerlos reír como sea

Por Salvador Perches Galván

Sra Velasco

Nacida en Puebla, en 1940, María Elena Velasco inició muy joven su carrera como bailarina en la Ciudad de México, específicamente, en el Teatro Blanquita y, más tarde, como actriz de radio. Pero fue su caracterización como María Nicolasa Cruz, una indígena mazahua originaria de San José de los Burros –a veces San José de las Lagartijas–, con la que logró su consagración definitiva como una de las figuras de la comedia cinematográfica mexicana más importantes, durante las décadas de los años 70 y 80. Pobre pero honrada y, sobre todo, muy claridosa, esta mujer alegre e ingeniosa, honesta, desenfadada y noble logra sobrevivir en las películas a una sociedad criolla que la discrimina.

Fue el director Miguel Morayta el que la ayudó en sus inicios, al darle papeles menores en sus películas; sin embargo, fue el puertorriqueño Fernando Cortés el que le propuso interpretar a una indígena llamada “Elena María” en El bastardo (México, 1968), personaje que, a la postre, se convertiría en su “India María”.

Tras haber sido un imán de las taquillas con su personaje y, muy probablemente, la directora e intérprete con más espectadores en la historia del cine mexicano —hubo años en que 450 millones de espectadores acudían a la cartelera nacional anualmente y no los 208 millones de 2012—, ahora vuelve al cine con La hija de Moctezuma (México, 2013), dirigida por Iván Lipkies, lista para enfrentar a las audiencias ya bien entrado el siglo XXI, dispuesta a descubrir si su personaje aún funciona entre el público popular mexicano.

Usted llegó desde su natal Puebla a la Ciudad de México muy joven. ¿A qué obedeció la mudanza?

A que mi papá vino a atenderse al Distrito Federal porque padeció de una enfermedad larga; con él nos vinimos toda la familia y aquí nos quedamos.

Muy pronto se incorporó al mundo del espectáculo en un género maravilloso, el llamado género chico, el teatro de revista, ¿cómo lo logró? ¿no tuvo dificultades para que la dejaran entrar a la farándula, dado el proverbial conservadurismo poblano?

Por un lado afortunadamente y por otro desafortunadamente, mi papá ya se había ido. Llegó aquí, se internó y partió de este planeta, yo creo que por eso tuve mayor facilidad. Él, seguramente, no me hubiera dejado, justamente por lo que usted dice, por venir de una ciudad extremadamente conservadora —aunque ahora ya todo es diferente, pero en aquel tiempo así era. Y bueno, pues sí, empecé a trabajar en teatros de revista, me gustó, le hallé el modo y pues hasta la fecha.

Y se integró muy jovencita, ¿a mediados de los años cincuenta?

Poquito más de los cincuenta. Así fue, y sí, estaba muy joven… hace tantos años, estaba yo joven.

Le tocó alternar con la crema y nata de la comedia de ese momento.

Fíjese que sí, había actores de comedia de primerísimo nivel y tuve la suerte de trabajar con ellos: Emilio Brillas, Eva Calvo, Carmen Guillén, ahorita se me van los nombres, estamos hablando de hace muchos años. Con Amparito Arozamena tuve el gusto de trabajar mucho en el Teatro Blanquita; también con actores de teatro de revista, cómicos como Adalberto Martínez “Resortes”, el señor Manuel Medel, figurones de esa talla; el señor Joaquín García “Borolas”, Armando Soto La Marina “Chicotito”. Me tocó alternar con todos los actores cómicos de esa época, no precisamente convivir o trabajar directamente con ellos, pero sí en el mismo lugar.

Seguramente a muchos de ellos los observaba desde las piernas del teatro y, sin duda, fue su escuela.

Magníficos maestros, sí, por supuesto que sí. Uno va aprendiendo mucho de ellos, del señor Oscar Ortiz de Pinedo, también del señor Jesús Martínez “Palillo”, y muchos que se me van ahorita. También trabajé con Fernando Soto “Mantequilla”.

¿De ellos, con quién sí tuvo la oportunidad de compartir el escenario?

De los actores que eran comediantes, con “Mantequilla”, con “Resortes”, con José Jaso, con “Medelito”, con todos ellos, hicimos grandes épocas. En esos tiempos uno trabajaba diario, toda la vida, hoy solamente se trabaja los fines de semana y es muy triste porque yo creo que la gente necesita divertirse, pienso que la diversión es necesaria.

La risa es sanadora, terapéutica.

Definitivamente, es justa y necesaria, así es.

¿Cuánto tiempo duró esta etapa, digamos de aprendizaje, antes que surgiera su gran personaje?

El personaje surgió, pero el aprendizaje no cesa. Aún sigo en esa gran escuela. El camino del conocimiento es infinito, nunca se termina de aprender. Cada día aprende uno más y se da cuenta de lo que es realmente la actuación. El personaje lo empecé por ahí de los años setenta, aproximadamente. La primera vez fue en Pachuca, pero en cine hice varias participaciones pequeñas al lado de actores como Eulalio González “Piporro”, con quien tuve el gusto de trabajar también.

¿Por qué encarnar a un personaje que representa a un sector de la sociedad mexicana que sigue siendo menospreciado y discriminado, los indígenas?

No sé, yo me fijaba en las Marías, que en ese tiempo estaban muy de moda y vendían su frutita por todo San Juan de Letrán —ahora Eje Central— y me inspiré en ellas. Yo veía que las correteaban y las subían a la camioneta, les quitaban su mercancía; no las dejaban vender con el argumento de que afeaban la ciudad.

Hace muy poquito se dio el caso del niño indígena al que una autoridad le tiró su mercancía y lo humilló en Tabasco. Estamos hablando, por lo menos, de 40 años y sigue ocurriendo lo mismo. Le tiraron su mercancía al niño chiquito y lo humillaron, yo creo que ahí sí está peor el asunto porque es un niño, no comprende; una persona grande sabe que se está exponiendo a que le arrebaten la mercancía y se lo lleven al bote, pero en una criatura es penoso y así fue.

O sea que la “India María” surgió de la observación de la realidad.

Me inspiré en las Marías porque, justamente, yo trabajaba en el Teatro Blanquita. En este teatro hacía de patiño a los comediantes; o sea, del personaje serio, que los va conduciendo en su sketch y siempre está pensando en qué cosas hacer de chiste o cómo estar creando. Se me ocurrió vestirme como una María para desempeñar el papel de una sirvienta en un sketch y gustó mucho, la gente se reía. La gente es muy noble y se ríe con la comedia muy sencilla, sencilla en su contenido, muy blanca. Me vestí así y a la gente le gustó mucho.

El empresario del mismo teatro sacaba caravanas a todo el interior de la república, se hacían recorridos permanentemente; entonces me ofrecieron ir yo sola haciendo ese personaje y quise aprovechar la oportunidad. Aunque sentía mucho miedo, lo empecé a hacer ahí, en el Teatro Blanquita. Sentía miedo porque no es lo mismo estar haciendo la parte seria, como ayudante del comediante, a dar la cara yo solita. Pero así soy, le eché valor al asunto y me dije: “pues es una oportunidad”, y mire, el personaje le gustó al público.

¿Alguna vez pensó, cuando nació el personaje, que iba a trascender de tal forma?

No, realmente nunca, no me lo imaginé, pensé que permanecería por algún tiempo en el teatro y que pasaría a otra cosa; pero no, afortunadamente, después tuve la oportunidad de ir a la televisión y luego al cine.

Me acuerdo que correteaba al “güerito” (Raúl Velasco, conductor del programa de variedades Siempre en domingo).

Sí, eran recursos de los que me valía para hacer reír; le he echado mucho valor al asunto, no se crea que es tan fácil hacer reír, pero la gente lo hacía, yo creo que de mis errores, de mis titubeos, de mis equivocaciones; bueno, lo importante era que se riera el público.

Entonces del teatro pasó a la televisión, con Raúl Velasco.

Estuve en Siempre en domingo, pero antes hice un programa en el canal Ocho que se llamaba Domingos espectaculares, con Neftalí López Páez, un conductor magnífico, regiomontano. Estaba Guillermo “Memo” Núñez de Cáceres como productor, un gran productor, un director muy querido y muy amado por todos. Hasta la fecha, los recuerdo con mucho cariño, a él y a muchísimas personas, como Neftalí López Páez y Raúl Velasco; en fin, a muchos.

¿Usted escribía todos estos sketches o se los escribían? ¿Participaba en su creación?

Mis monólogos siempre los he escrito yo, mis tonterías y mis babosadas.

Después da el gran paso a la gran pantalla.

¿Qué le parece? Sí, así fui ascendiendo a la pantalla grande.

¿Cómo dio el paso a la pantalla grande?

Me propusieron hacer una película con el señor productor Fernando de Fuentes hijo y yo pues no iba a decir que no, por supuesto. Esa fue la primera película en la que participé como la “India María”: Tonta, tonta pero no tanto (México, 1972, de Fernando Cortés).

 

María Elena Velasco fue creciendo paralelamente con el personaje de la “India María”, porque después se involucró tanto en la creación de guión como en la dirección, ¿es así?

Así es, le digo que soy muy decidida. Dicen que echando a perder se aprende y eso hice cada vez que la oportunidad se me presentó. Efectivamente, participé en los guiones y, ¡qué osada he sido!, después hasta dirigí en cine.

Pero, para dar ese gran paso, no nada más se “aventó como el Borras”, sino que se preparó, pese a que ya tenía mucha experiencia en el cine.

Sí, pero también hay algo de lo que usted dice, como el Borras: el que no se avienta no cruza el río. Hay una mezcla ahí, tal vez de inconsciencia y de conciencia, porque en el cine hay personas y directores muy preparados, muy cultos; yo quizá no tenía esa cultura ni esa preparación, pero tenía la práctica que da el teatro, como se trabaja ahí todo el año, sin descansar un solo día, pues adquiere uno experiencia; eso sin contar todas las películas filmadas. Iba un poco segura por la experiencia que uno adquiere en la práctica diaria.

Sus películas fueron exitazos de taquilla. Yo creo que la “India María” ha es uno de los personajes más taquilleros del cine mexicano.

Yo pienso que sí, he sido muy afortunada en ese aspecto, porque la gente acudía verdaderamente en masa, sobre todo en las salas más populares, que se llenan realmente con el público principal. Los cines parecían hangares. Al señor de Fuentes le gustaba mucho el cine Olimpia; hubo una película que aguantó diez meses ahí (en la calle 16 de septiembre, en el Centro Histórico de la ciudad de México). En ese entonces, no era ni consciente de lo que eso significaba; sin embargo, me daba mucho gusto y hasta el día de hoy sigo disfrutando de ese pasado, porque realmente la suerte y la fortuna me han favorecido siempre.

Muchas personas creían que sí era una indita, que era una María a la que habían llevado a trabajar en una película y ahora hacía otras. Mucha gente se quedó con esa idea, claro, porque era muy real cuando platicaba sus desventuras y muchas otras cosas.

Recibía muchas cartas que me mandaban, la verdad se los agradezco tantísimo, porque algunas yo creo que no las alcanzaba ni a leer. Me enviaban un billetito de cinco pesos para que me ayudara. Bueno, son experiencias que uno tienen en el alma, ¿dónde más? Me siento muy agradecida.

Todavía hace poco me escribió un señor que vive en Estados Unidos diciéndome, verdaderamente, palabras muy halagadoras que me hicieron sentir muy contenta. Esto ocurre hasta la fecha porque acabo de participar en una telenovela. Nada más trato de corresponderles a través de mi trabajo, de qué otra manera, y hacer lo mejor que pueda. Sé que tengo mis limitaciones en cuanto a que quisiera ofrecerles todavía más, pero como digo, el camino del conocimiento es eterno, es largo y, bueno, pues yo siempre he ofrecido lo mejor de mí.

Recientemente hice otra película, La hija de Moctezuma (dirigida y producida por su hijo, Iván Lipkies, filmada en 2011, que tendrá una función especial en el XI Festival Internacional de Cine de Morelia), que se terminó hace año y medio y estamos esperando que se estrene. Los tiempos han cambiado, la industria del cine es otra cosa hoy día, pero yo tengo mucha fe en el público; siempre hay gente sencilla a la que le gusta ese tipo de cine y espero que la vayan a ver. Estamos haciendo cola para exhibirla en la cartelera mexicana.

Es un tipo de cine que se descuido por completo, un cine popular, sin mayores pretensiones que la diversión, que tenía un público muy arraigado. Es probable que por eso el cine mexicano cayera.

Yo creo que también cayó por la televisión que está muy fuerte y ofrece espectáculos verdaderamente costosos, muy grandes; pero, efectivamente, se ha descuidado ese tipo de público. Hay gente en toda la república, de pueblos y lugares muy sencillos, que sigue conservando sus costumbres, su música, sus vestimentas; he tenido la suerte de presentarme en esos lugares y a la gente le gusta la diversión sana, sencilla, sin grandes pretensiones, como es lo que yo les puedo ofrecer. Lo que yo he visto es que la gente quiere reírse, quiere divertirse y, afortunadamente, todavía se divierten mucho con el personaje de la “India María”, de María Nicolasa Cruz.

¿María Nicolasa Cruz pertenece a una etnia específica o es una mezcla de varias?

Pues a veces es una mezcla de varias, se puede decir que es representativa de todas las etnias que existen en la república mexicana, pero su vestimenta es de las indígenas mazahuas, porque yo la tomé, justamente, de la vestimenta de las Marías y las que venían eran mazahuas; de hecho, todavía vienen a vender su mercancía. Inclusive una de ellas, una María, me hizo mis primeros vestidos y collares, todos los adornos me los proporcionó ella y todavía los conservo.

La “India María” hace reír y mucho, pero representa a un grupo indígena con una gran dignidad, nunca se burla ni los ridiculiza y creo que ahí radica, en mucho, el éxito del personaje.

Es que aparte de representar un personaje así, yo me identifico mucho con los indígenas y las personas humildes. Sé que he tenido mis fallas y las tengo, pero procuro guardarles el respeto que realmente merecen nuestros indígenas. Una señora dedicada a la política —de la que no quiero ni decir su nombre porque sería darle mucha importancia— declaró en una ocasión que el personaje es denigrante y que deberían de quitarlo de la televisión. Yo pienso que no es denigrante, nada más trato de divertir y hacer reír a la gente.

Hay mucha ingenuidad en el personaje, lo que provoca frecuentes situaciones cómicas.

Se dijo alguna vez que “la India no tiene la culpa, sino quien ve sus películas”. Tienen derecho de decirlo, lo que llegó a preocuparme en algún momento, personalmente, es que pudiera ser denigrante. ¿Me estoy burlando? ¿los estoy satirizando? ¿contribuyo a su degradación? Me hizo pensar un poco y creo que la respuesta es no; le suceden cosas, de repente, por torpeza, pero en las presentaciones en rancherías, donde hay etnias y tradiciones, las señoras van con su rebozo, con su mandil, con sus moños, y piensan que María existe de verdad, que es una señora como ellas. Entonces digo: “bueno, no creo que sea humillante porque de lo contrario esas personas la rechazarían”.

María no roba, no tranza, no es corrupta; es muy pícara, eso sí. Esta carrera tiene sus sinsabores y hacer este género también; porque así como me criticó esta señora —entiendo que hay la libertad de que lo hagan, pero sí duele—, comparado con todas las críticas que han exaltado al personaje, todo se compensa. Hubo un periodista muy serio que me criticó muy feo, dijo que cómo se le ocurría a la “India María” decir palabras en inglés; pero yo lo digo en broma, es decir, no se da cuenta de lo que estoy haciendo. Dijo que la “India María” era una presencia ofensiva.

Los gobernadores de mi tierra me invitaban, me distinguían de esa manera, al invitarme a sus campañas por el Estado, tenían esa deferencia conmigo. Entiendo que no es uno monedita de oro y, como hay libertad de expresión, pues está perfecto que digan lo que quieran.

Yo creo que si hubiera una actitud de burla, humillación o escarnio, los mismos indígenas serían los primeros en rechazar al personaje y no asistirían a las salas. Ahí acabaría la vida del personaje.

No, son los que más me quieren. Es más, estoy en deuda con ellos. He ido a trabajar a lugares así, muy lejos, a poblados totalmente aislados de las ciudades grandes y son los primeros que se concentran a aplaudir y a reírse. Yo creo que cualquier sociedad usa a sus miembros más desprovistos, más abusados, para muchas cuestiones dramáticas y de comedia. Chaplin con su personaje Charlot, que no era millonario. Hay muchos personajes de la literatura mexicana que representan a la autoridad: el policía corrupto, el juez.

¿No ha extrañado representar otros personajes y no sólo a la “India María”?

Sí extraño y me gustaría poder hacer muchos otros personajes, pero si me solicitan y quieren a la “India María”, bueno, por muchos aspectos me siento muy halagada y muy agradecida, porque ese es el personaje que me ha dado de comer y me ha permitido mantener a la familia durante muchos años. A veces es un riesgo cambiar el personaje que ya está establecido y conocido, porque corre uno el riesgo de que a la gente no le interese. Aunque no me interesa el aspecto económico, me interesa poder darme ese gusto y esa satisfacción; no necesariamente que sea un exitazo muy grande, con que lo vean mis amigos y mi familia me sentiría muy contenta.

Huapango (México, 2004, de Iván Lipkies), un proyecto en el que usted estuvo absolutamente involucrada, y que me parece una impecable e inteligente adaptación de Otelo, no tuvo éxito de taquilla, pero artístico sí.

Pienso que sí, porque exalta nuestro folclor, del que debemos de sentirnos orgullosísimos los mexicanos, de tanta cosa bella que poseemos y a la que no le damos su valor real. Nuestro folclor es precioso, lo que quise es que luciera parte de lo que es y fue un gusto poder hacerlo. A mí realmente me gusta mucho la música, el baile, el canto, todo lo que hay que hacer en el espectáculo. Efectivamente, no fue una película exitosa, económicamente hablando, tronamos como campechana; pero no importa, basta con que a usted, y a muchas otras personas que así nos lo han hecho saber, les guste. Son felicitaciones que considero fueron muy sinceras, con eso vuelve uno a cobrar fuerzas para seguir adelante.

Ya con la “India María” como un personaje absolutamente consolidado hizo una serie de televisión.

Efectivamente, después de regresar del cine y después de Siempre en domingo, hubo una serie llamada Su programa Nescafé, en los años 70. Era un musical semanal con la “India María”, acompañada por León Michel, Verónica Castro, Lucía Méndez y otras estrellas que empezaban su carrera en ese momento, eran el atractivo visual, las jovencitas hermosas en ese momento. Me acuerdo que esa vez me suspendieron de la televisión porque el locutor le preguntaba al personaje qué haría si de pronto fuera Presidente de la república; entonces, María contestó que lo primero que haría sería irse a pasear con toda su familia por el mundo entero, y justo el presidente en turno estaba en Moscú, lugar al que llevó de paseo a toda su familia y a sus amistades. Lo hice deliberadamente, sabiendo lo que sucedía.

Dice María: “siempre digo lo que pienso, pero pienso lo que digo”. Entonces me suspendieron; esa broma me costó, fue un acto de censura. ¡Qué me suspenden de la tele un buen rato! Finalmente, también les agradezco, me volvieron a llamar con ¡Ay María, que puntería!, en 1998. A veces así le dan a uno sus descansos, nada más que son muy largos, de muchos años; pero, afortunadamente, siempre existe la oportunidad de trabajar en otro lado.

En la telenovela en la que recién participó, ¿era el mismo personaje?

Sí, por supuesto. Ojalá algún día pueda yo hacer la abuela, la mamá de alguien, pero ya sin el personaje de la María. No le hace que no me anuncien, no importa, eso para mí sería lo de menos, a mí lo que me gusta es trabajar; poder encarnar a distintos personajes sería muy hermoso. Pero estoy feliz con la María, la verdad me ha dado muchas satisfacciones ese personaje, al igual que el público con su respuesta.

¿Se ha puesto a pensar que sería de la vida de María Elena Velasco sin la “India María”?

Si, me he puesto a pensar. Ese personaje me ha dejado contenta, seguiría disfrutando del recuerdo; pero, si no hubiera existido la “India María”, mi vida sería diferente. No sé por dónde anduviera, estaría dentro del espectáculo, porque esa es mi vida. Me inicié bailando en un ballet y hubiera continuado, estaría todavía dando guerra, pero sin el personaje. Considero que estaría contenta, también muy feliz.

La India hacia muchas piruetas, salía volando.

Son recursos que hacen reír a la gente y mi misión es hacerlos reír como sea, pues todavía en la película y en la telenovela que participe me caí de la bicicleta. Hace 50 años que no me subía una bicicleta, pero no me importa, ni los golpes. Una vez me colgué de un helicóptero, iba yo con un arnés, bien amarrada, pero qué osada, de veras. No usaba dobles, en algunas cosas sí, si era muy riesgoso, pero si al doble no le pasa nada ni a los pilotos, nada más amárrenme por si me suelto, por si me mareo con la altura. Qué no hace uno, sobre todo cuando estaba joven, pero no me arrepiento. Dios siempre me ha cuidado, hasta la fecha me cuida, y mis palabras no alcanzarían para agradecer a la vida, a Dios y al público.

Esperemos que muy pronto La hija de Moctezuma se estrene en salas y que dure muchas semanas, que vuelva a repuntar.

Sí, espero que le guste al público, ha sido una historia pensada en el público porque éste forma parte integral de lo que yo soy.

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Este artículo forma parte de los contenidos del número 31 de la revista cine TOMAde marzo-abril de 2013. Consulta AQUÍ dónde conseguirla.

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