Las orfandad y “Las lágrimas”, de Pablo Delgado

Quise contar un cuento pequeñito 

Por Sergio Raúl López

Dos hombres tan puramente jóvenes, en edades distintas, pero que aún no acaban por madurar, descubren que sólo cuentan con ellos mismos, con sus desavenencias y defectos, para superar una profunda crisis de abandono familiar, con el padre ausente y la madre deprimida. Tal es la historia que Pablo Delgado eligió para su primer largometraje, Las lágrimas, con una favorable respuesta en festivales de cine.Las_lagrimas5

Tan sencilla, la historia, no deja de enternecer. Dos hermanos, uno que ni siquiera llega a la adolescencia, Gabriel (Gabriel Santoyo), y el otro que la está dejando, Fernando (Fernando Álvarez Rebell), han de enfrentar el abandono paterno del hogar sin muchas más herramientas, que el alcohol y las fiestas, para el mayor, y los videojuegos y, en general, la pantalla televisiva, para el segundo, como las rutas evasivas más a la mano para lidiar con la pequeña crisis en la casa. Porque, además, la madre (Claudette Maillé), apenas y puede con ella misma y su depresión, como para hacerse cargo del hogar roto.

Una historia sencilla, concentrada en mostrar la complicidad, sí, pero también los desencuentros entre dos jóvenes varones cuyas edades ponen suficiente distancia entre sus intereses particulares, es el nudo sobre el que se desarrolla Las lágrimas (México, 2012), el primer largometraje de Pablo Delgado Sánchez y su trabajo de tesis para egresar del Centro de Capacitación Cinematográfica (ccc), tras un par de cortometrajes escolares previos, el de ficción Dorsal (México, 2010) y el documental Pia Mater (2011).

Las lágrimas fue uno de las siete películas mexicanas seleccionadas en 2012 para integrar la sección Carte Blanche para obras en postproducción, en el sexagésimo quinto Festival de Cine de Locarno, en Suiza, y ganó el premio principal, dotado con 10 mil francos suizos. Desde entonces, el largometraje, de 66 minutos de duración, ha competido en los festivales de Morelia, Rotterdam, Cartagena de Indias, Hong Kong, Tolouse –en el que mereció una Mención Especial–, Guadalajara, Riviera Maya y Urtrecht, entre otros. Y forma parte de la programación del trigésimo tercer Foro Internacional de la Cineteca, con el que recorrerá incontables cines de todo el país.

Y justo a propósito de este periplo es que sucedió la siguiente charla con Pablo Delgado.

 

Aunque este es un proyecto de transición y salida del aprendizaje escolar, posee una parte profesional que le ha merecido premios en festivales y la recepción favorable del público. ¿Qué tan arriesgado era presentar un largometraje de ficción como trabajo de tesis del ccc?

Creo que para el momento en que uno hace su trabajo de tesis en el ccc ya debe llegar con cierta ambición y con una completa claridad de lo que uno tiene que hacer, lleva encerrado ahí seis años y se tiene que sentir la diferencia entre el primer corto, que es terrible, y la tesis. En ese sentido, nunca hicimos la película con la intención de llegar a tal festival o ganar tal premio, no se hizo con esa meta pero sí se piensa en ello. Además, películas como Las lágrimas y el cine como el que hacemos la mayoría en el ccc, necesita del festival para llegar al público.

Con mi segundo cortometraje en la escuela me descubrí queriendo abarcar mucho, con un gran tema y una gran fotografía, y aunque afortunadamente le fue bien a Dorsal y estuvo en Morelia y otros festivales, tenía un cierto déficit, por eso es que con Las lágrimas quise bajarle tres rayitas y lograr hacer algo que pudiera estar en más contacto con el público. A los trabajos anteriores les había ido bien pero no tenían una proximidad tan contundente ni tan nítida con el público. Con Las lágrimas quise contar un cuento pequeñito de la forma más honesta y menos ambiciosa que pudiera hacer y nos bajamos mucho en el plano estético –a pesar de lo cual cuenta con una fotografía muy interesante–, pero me tenía que mostrar a mí mismo, como director que podía contar una historia, de principio a fin, con actuaciones reales, verdaderas, contundentes. Quise, para la titulación hacer algo más honesto, más sencillo, más simple, más aterrizado.

¿Consideras que es un ejercicio sintético? No sólo por la duración de la película, sino por contar sólo con tres actores y una anécdota bastante clara, un desarrollo limpio, sin complicaciones.

Justamente es eso, complicarnos menos en términos de producción, de dirección, de todo. Decidí no meterme con veinte personajes ni treinta locaciones, para hacer un primer largometraje. Además es un proceso distinto respecto a un cortometraje, son dos animales completamente diferentes, aunque ambos sean cine, son otras experiencias y métodos. No me quería complicar la vida sino encontrar algo muy íntimo y muy cercano que nos permitiera concentrarnos en el nivel que podíamos. No complicarnos tanto la vida para que la película saliera bien, sintetizar para buscar mayor concentración. Quizá para la próxima película podamos arriesgarnos un poquito más, pero siento que es muy importante que el estudiante de cine haga cosas más honestas en su primera película, no querernos comer el pastel de un solo bocado. Cada película conlleva un aprendizaje y de Las lágrimas me llevo uno muy importante para la película siguiente.

¿Cómo fue el proceso de trabajo para ir creando las ambientaciones y la paleta de color en la cinta, con una estética muy definida a la que los personajes aparecen muy integrados?

Justamente esa fue una cuestión que decidí junto con Juan Pablo Ramírez, que ha sido el fotógrafo de mis filmes desde el inicio de mi carrera, es uno de mis mejores amigos y tenemos un lenguaje común muy arraigado. Me ocurrió con el corto anterior, Dorsal, donde quiera que se proyectaba la gente me comentaba sobre la buena fotografía pero yo quería que me comentaran sobre la buena película, de manera integral. Por eso le propuse salirnos de todas las muletillas plásticas, de miel visual, que siempre hemos tenido, para salirnos de la sola imagen bonita y dejarnos llevar. Tomamos la decisión, previa al rodaje, de que la cámara funcionara en torno a los actores y que no importara si no lográbamos el plano más bello. Mis películas anteriores eran muy estáticas, con movimientos de dolly muy finos y esta es más sucia, cámara en mano, planos muy cerrados en la casa, porque lo que nos importaba era estar con los actores, estar con ellos y eso requería una construcción muy profunda de los personajes. En el caso de Gabriel no podía darle todo un discurso, pero con Fernando sí, quizá ensayamos dos veces previo al rodaje, pero hubo charlas larguísimas de cómo tenía que ser el personaje y le daba cierta carta blanca porque al final de cuentas yo estoy detrás de la cámara y ellos están dentro de la toma, y aunque ya se ensayó, quién sabe si se va a ir por otro lado, por eso le decía que él guiaba dentro del cuadro y yo fuera. Y eso fue muy rico.

Este artículo forma parte de los contenidos del número 28 de la revista cine TOMAde mayo-junio de 2013. Consulta AQUI dónde conseguirla.

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