“Heli”, de Amat Escalante o la vida no vale nada en Guanajuato

Son niños teniendo niños, moralmente desubicados

Por Sergio Raúl López

En los alrededores de Silao se han erigido, sucesivamente, una planta ensambladora de automóviles –y otras tantas maquiladoras– la Expo Guanajuato Parque Bicentenario y múltiples unidades habitacionales de interés social, además de los emblemáticos bares con variedad nocturna que funcionaban previamente como un escape al conservadurismo aparente de Guanajuato y León. En esos distintos poblados perdidos de esa periferia de las periferias, ocurren historias concentradas en asuntos de adolescentes, casi niños.

Amat B:N

El cineasta Amat Escalante. Foto: Sergio Raúl López/Cine TOMA.

El resto de la zona se compone de minúsculas localidades cuya única forma de sustento se encuentra, justamente, en enlistarse como obrero de la enorme planta automotriz o en alguna asociación armada, legal o no, y la inmigración, tanto a las capitales vecinas de León y Guanajuato, como la más radical: cruzar ilegalmente la frontera norte para hallar empleo en los Estados Unidos. Prácticamente abandonados de dios y del hombre, los habitantes del este trozo del Bajío subsisten, contradictoriamente, bajo la mirada permanente del enorme Cristo instalado en el cerro del Cubilete, una vista inevitable en toda la región.

Justamente es en este entorno, de caminos polvosos y sin pavimentar, salpicado de viviendas precarias en las que sólo abundan televisores permanentemente encendidos con programación ligera y la comida industrial, tanto de refrescos como de golosinas, en el que van creciendo un par de hermanos, entre aburridos y apresurados, que muy pronto han de dejar las ensoñaciones infantiles para enfrentar el despiadado mundo adulto repleto de violencia. Y es que Heli (México-Francia-Alemania- Países Bajos, 2013), el tercer largometraje de Amat Escalante, más que una denuncia en contra de la guerra intestina aún en marcha contra el narcotráfico o la impunidad de las fuerzas armadas, plantea las vidas apresuradas, inexpertas y atropelladas de ese par de menores, a quienes las condiciones de vida les llevan, irremisiblemente, a la tragedia.

Así, el protagonista de la cinta, Heli (Armando Espitia), ha de realizar jornadas obreriles para mantener al niño recién procreado con una menor duranguense aún menor de edad (Linda González), pero también ha de intentar cuidar a su hermana adolescente Estela (Andrea Vergara), de curvas apenas insinuadas y rostro aún infantil, ya novia de Beto (Juan Eduardo Palacio), miembro novel de la policía federal, a quienes la urgencia del deseo se les confunde con exóticos planes matrimoniales.

La cinta, filmada en nueve semanas de rodaje en Guanajuato –durante marzo, abril e inicios de mayo de 2012 – y luego editada en los estudios Splendor Omnia, de Carlos Reygadas –ganador del mismo premio en Cannes, el año anterior–, en Morelos, fue co escrita por Escalante junto con el escritor guanajuatense Gabriel Reyes, cuenta con fotografía de Lorenzo Hagerman, edición de Natalia López, decorados de Daniela Schneider y fue producida por Mantarraya producciones, de Jaime Romandía y del propio Reygadas, y Tres Tunas, de Escalante. Con este, su tercer trabajo luego Sangre (México-Francia, 2005, premio Fipresci) y Los Bastardos (México-Francia-Estados Unidos, 2008), ambas incluidas en la sección Una cierta mirada de Cannes, Heli formó parte de la Sección Oficial y le mereció al director guanajuatense el premio a Mejor Director en el 66 Festival Internacional de Cine de Cannes. Ahora, la cinta tendrá su estreno latinoamericano en el XVI Festival Internacional de Cine Guanajuato (giff), previo a su arribo a la cartelera nacional el viernes 9 de agosto.

–Pienso en Heli como una relato sobre la precocidad con que se vive en Guanajuato más que en una denuncia sobre la violencia o el narcotráfico, pues la vida comienza y concluye muy rápido ya sea con embarazos, alistamiento en el ejército o enrolarse de obrero en una planta ensambladora de autos.

–Sí, ese es el tema importante en la película y se remarca hacia el final. Esa es la inquietud que tengo en Guanajuato. Por ejemplo, la madre del bebé de seis meses que aparece en la película  tenía 14 años y lo tuvo a los 13. La actriz protagonista tiene 12 años aunque el personaje tiene 13. Al final, las cosas que pasan después, como la tortura y todo eso, son consecuencia de los niños que nacen así, casi como huérfanos, pero de otra forma. Son niños teniendo niños, moralmente desubicados. Como si a un cachorro lo entrenas de cierta forma, va a ser así de adulto también y es peor todavía con los humanos. Y creo que parte de los síntomas que ahora sufre México se deben a eso y por eso lo quisimos mostrar. En Los Bastardos los personajes también eran así, el chavo en la película tenía 15 o 16 años y esa era la idea, que a esa edad se van a Estados Unidos, muy jóvenes.

–También se relaciona con el personaje de su primer cortometraje, Amarrados, que enfrentar la vida dura de la calle desde sus muy escasos años.

–Pensé en los niños viendo Televisa y en las revistas súper violentas que hay y toda esa mezcla. Inclusive en la comida, había unas escenas en la película en las que tomaban Coca-Cola, lo que probablemente hace que no puedan pensar muy bien. Si no toman agua en la vida, sino pura Coca-Cola, y si sólo ven Televisa y las imágenes de violencia, pasan estas cosas.

–A lo que añadiría la presencia constante del Cristo del Cubilete y la sombra religiosa que representa.

–Eso fue accidente, pero no hay como evitarlo en Guanajuato: todos los ángulos dan hacia allá. De hecho, durante el rodaje, el Papa fue a Guanajuato y tuvimos que parar tres días. Pasó frente a mi casa, lo vi desde el techo y mi hermano grabó un poco. Aunque no fue mucha la gente que convocó ya que creían que iba a ser una multitud de ahí hasta el centro, uno no se podía mover en la ciudad. Pero en la tele, en Televisa, nada más enseñaban una acumulación de gente, cuando había fotos que mostraban que no había mucha. Yo fui ahí y no fue como todos creíamos que sería.

–Otro hecho curioso es que la misa masiva se realizó en el Parque Bicentenario, en Silao, junto a la General Motors, parte del área de este filme.

–Claro, y la película también está inspirada justo por esta zona, por la General Motors y lo que los rodea: por las nuevas casas y las nuevas familias que van ahí. Y están surgiendo generaciones de gente que llegaron ahí por la planta y, a la vez, viven muy aislados. De hecho, cuando hacíamos scouting, llegamos a un pueblo, no voy a mencionar cuál es, pero nos dijeron que si algún día estamos buscando que maten a alguien, nomás tenemos que ir ahí y encontraríamos mucha gente no que vive de eso, pero que eso hacen. ¡Ta’cabrón!

–Y es que el México bronco no se ha ido a ningún lado. La película, por cierto, no muestra a ningún narcotraficante, pese a que hay violencia, muerte y droga.

–No hay ningún narco, realmente. Hay militares y muchachos vulnerables, digamos. Y son vulnerables no sólo porque carecen de educación, sino económicamente. Y claro, si no tienes cómo vivir en la sociedad y te ofrecen dinero para torturar a otro, es muy probable que vas a hacer eso. Es por eso que en la secuencia de tortura, los que la inflingen no son exactamente lo que uno se imagina, fantasmas o monstruos, la realidad es que son humanos de todo tipo, niños incluso. Son gente normal y a mí me cuesta mucho trabajo entender qué puede llevar a alguien a cometer ese tipo de violencia, resulta un fenómeno difícil y no sencillo de explicar. Una cosa es decir que toda esta violencia existe por el tráfico y porque Estados Unidos consume toda la droga, pero el hecho de que alguien pueda llegar a hacer esas cosas con tanta crueldad es ya un misterio.

–El guión ganó el premio Sundance nhk en 2010, pero se retrabajó muchas veces. ¿Qué tan importante fue el oído del co guionista, en este caso Gabriel Reyes, para captar los usos locales del habla?

–Una cosa que me choca mucho cuando veo una película mexicana es este uso indiscriminado de las groserías en un tono chilango, llena de “guey” y no quisimos hacer Heli así. Por ejemplo, cuando la niña le dice a Beto que no se quiere embarazar, él le responde: “¿Ya tienes suficiente con el perrito, di?”, eso lo he escuchado mucho allá. Me gusta y no lo voy a quitar sólo porque no lo van a entender, es casi lo contrario. Beto tiene un acento muy local y usa muchas palabras de ahí, de hecho era como el dialogue coach, y, eso es interesante. En términos de diálogo, el guión se mantiene siendo una escaleta y ya en el momento de la filmación le doy una repasada, en el set lo tenía todo tachado, los diálogos están muy manipulados en el momento, lo cual no es muy práctico, porque todo se alarga más, pero es necesario porque no quiero meter unas palabras que yo me imaginé a alguien que ni siquiera las diría y cuya cara no da. Siempre hay un constante trabajo en los diálogos y en las escenas.

Este artículo se publicó originalmente en la sección de cultura del diario El Financiero (24/VII/2013).

HELI 4Escena de la cinta Heli. Crédito:  :ND/Mantarraya/Tres Tunas.

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Da click en el enlace para ampliar la imagen y consultar las salas en que se exhibe Heli:

Horarios Heli

 

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