Jorge Sánchez, director del Instituto Mexicano de Cinematografía

Recuperar al público y la rentabilidad

Por Luis Carrasco

En el trigésimo aniversario del organismo rector de las políticas federales de la cinematografía nacional, el Imcine, cuenta con un nuevo director, el productor y promotor fílmico Jorge Sánchez Sosa, quien plantea como sus ejes de trabajo el acceso del público a sus películas y lograr la rentabilidad de dichas producciones.

Jorge SánchezJorge Sánchez Sosa. Foto: Sergio Raúl López.

En vísperas de la conmemoración por los 30 años de existencia del Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine) –creado por decreto presidencial el 25 de marzo de 1983–,un nuevo director general del organismo fue designado, Jorge Sánchez Sosa. El 17 de enero de 2013, el presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), Rafael Tovar y de Teresa le dio posesión al productor y promotor cinematográfico en sustitución de la cineasta Marina Stavenhagen, quien ocupara el cargo a lo largo del sexenio anterior.

Nacido el 31 de mayo de 1950, en Córdoba, Veracruz, Jorge Sánchez cursó estudios de Sociología en la unam y de cine en el Centro de Capacitación Cinematográfica (ccc). Ya en 1972 lo encontramos como coordinador del Cine Club Trashumante de la Universidad Veracruzana, en Xalapa, donde inició su larga y profusa trayectoria, en la que ha fundado proyectos fundamentales para la cultura cinematográfica mexicana como las distribuidoras de cine Macondo, Zafra Video y el complejo de salas Cinemanía, además de La Casa del Cine.mx en la Ciudad de México, en 2011.

También ha sido Cónsul General de México en Río de Janeiro, Brasil; director del Festival Internacional de Cine en Guadalajara, entre 2006 y el 2010, y, desde agosto de 2012 fue elegido presidente de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (amacc), cargo honorario al que debió renunciar para asumir esta nueva responsabilidad.

Además, ha sido productor de una veintena de películas, entre las que se cuentan ¿Cómo ves? (México, 1986), de Paul Leduc; Lola (1989) y Danzón (1991), de María Novaro; Cabeza de Vaca (México, 1991), de Nicolás Echeverría; Cronos (México, 1993), de Guillermo del Toro; El evangelio de las maravillas (1998), El coronel no tiene quien le escriba (1999), Así es la vida (2000) y La perdición de los hombres (2000), de Arturo Ripstein.

En la siguiente entrevista, el nuevo director del Imcine no sólo habla del trigésimo aniversario de la institución fílmica –que celebrará con foros de reflexión y ciclos de cine mexicano por todo el país con seminarios y conferencias–, sino que perfila algunos puntos de lo que será su plan de trabajo, que planea presentar a más tardar en abril.

 

¿Qué diagnóstico puedes hacer de cuando empezaste a trabajar en el cine y lo que sucede ahora?

Lo que veo actualmente es que hay una conformación industrial mucho más clara: productores agrupados en distintas asociaciones y escuelas de cine que preparan y capacitan a jóvenes, quienes apenas saliendo o con su misma tesis, ya cuentan con una película de largometraje que, muy probablemente, podrá tener presencia en festivales internacionales. Veo una industria del cine mexicano más sólida a nivel internacional, pero, a la vez, una correspondencia con la exhibición y la distribución poco sana.

Si analizamos las cifras de lo que se invierte en cine mexicano y su correspondencia con los espectadores en la cartelera nacional, podríamos llegar fácilmente a la conclusión de una crisis, porque los números no son nada alentadores, ni favorables. Creo que ahí está, en buena parte, la encrucijada del cine mexicano de hoy. Sé que es un lugar común, pero no dejaré de mencionar que perdimos a nuestro público.

Y no sólo hemos perdido, sino que el público se ha ido por otras vertientes del mundo audiovisual, especialmente alrededor de las nuevas tecnologías, sean en las salas comerciales en 3D o en el consumo de producto audiovisual a través del Internet y de la vida digital.

¿Cómo piensas retomar tu experiencia en el ámbito cinematográfico, que abarca 40 años, para elaborar tu proyecto de trabajo en la dirección general del Imcine?

Hacer cine es una actividad colectiva pero que tiene una cabeza que debe tomar decisiones y responsabilizarse, junto con el productor, de los resultados. Me parece que es tiempo de escuchar, de conversar, de pensar. Tengo la impresión de que vivimos un ambiente especialmente ríspido y que, además, este instituto es un punto de tensión, lo ha sido y lo será. Cuando deje de serlo, no tendrá sentido su existencia.

Debemos responder a las necesidades y a las aspiraciones de la comunidad cinematográfica, pero también debemos estar muy concientes de lo que antes era palabra prohibida en este medio, el mercado. Y no me refiero solamente a las salas comerciales o a la forma de explotación tradicional en los cines, sino a las nuevas tecnologías de distribución y exhibición.

El Imcine debe estar atento a los intereses y aspiraciones de los jugadores en el campo comercial, es decir, de los distribuidores y los exhibidores, esencialmente. Queda claro que las salidas para una película son múltiples y si bien no hay que hacer a un lado la exhibición y distribución tradicional, es decir, del circuito comercial, debemos tener la inteligencia para entrar en otras dimensiones como el digital.

No creo que el Imcine deba convertirse ni en distribuidor ni en agente de ventas, tampoco en un ente exhibidor, pero sí en un organismo gestor que se apoye en la sociedad civil y en sus iniciativas, sean organizaciones gubernamentales o asociaciones de empresarios para tratar de llegar a acuerdos. Desde donde yo lo veo, el clima es ríspido artificialmente pero, al mismo tiempo, pleno de contradicciones.

¿La necesidad de dialogar es con exhibidores y distribuidores o existe algún otro sector en el que estés pensando?

Con todos, los exhibidores, los distribuidores, los productores y los creadores. Estamos viviendo una transición brutal, sobre todo si revisamos el funcionamiento de los fondos públicos o mecanismos de fomento, que corresponden a la década de los años 80, que fueron plasmados en los 90 y puestos en ejercicio en el 2000, pero resulta que hace 20 años que estamos en el mundo digital y ni cuenta nos damos. Entonces, ya son 40 años en que nos encontramos en otro contexto: los intereses del público son otros, es otra la conformación ciudadana, otras las vías de acceso, otros los formatos.

El problema ya no es la producción de cine, que promedia 70 películas anuales, sino la distribución y la exhibición, junto con los guiones. ¿De qué manera podría intervenir el Imcine?

Debemos ser corresponsables de nuestras acciones. Cuando se señala que el problema es de los guiones, es de pensamiento, de noción de ciudadanía y, en muchos casos, de talento, del reconocimiento de tus propias capacidades. Nos ponemos a hacer películas como si fueran fábricas de salchichas y no creo que deba ser así, los cineastas estamos despegados de la vida social y de la vida propia. Hay un vehículo fundamental para  la producción, el estímulo fiscal del Artículo 226 de la Ley del Impuesto Sobre la Renta –Eficine– que afortunadamente existe, pero que mucha gente asume con alta irresponsabilidad, basta ver los números de taquilla.

La gente no está yendo a ver nuestro cine y tampoco estamos la estamos invitando a hacerlo, es muy probable que no se sienta identificada con las historias, pero el chiste es que las vean, ya sea para repudiarlas o asumirlas. Si la gente no ve el cine mexicano, si no le gusta, entonces, dónde lo ponemos. El problema es muy complejo y esa noción de responsabilidad debe existir por parte de todos.

¿No será que el fracaso del cine mexicano radica, en parte, en la falta de rigor en la selección de guiones o de las historias que se filman?

En efecto, no hay rigor en los guiones. Pero más allá de eso, ¿hay interés por contar historias?, ¿qué historias?, ¿para quién? Sobretodo cuando entra en juego un elemento mercantil. Una obra cinematográfica no puede contaminarse de una manera tal vil, porque se te va a pique. La pregunta también es si sabemos escribir guiones o si nos interesa aprender a escribirlos.

Por otra parte, tenemos formación cinematográfica pero necesitamos realizar un proceso de inmersión en el mundo que nos rodea, sin que esto signifique menospreciar a algún tipo de género. La comedia puede ser de una inteligencia brutal, con la virtud de llegar a grandes sectores de la población, ojalá hiciéramos buena comedia como se hizo en Italia en la década de los años 50, 60 y todavía en los 70, y reírnos un poco de nosotros mismos. Eso no quiere decir que no nos tomemos en serio sino que nos conozcamos y enfilemos donde pareciera que hay más contradicción, más carnita.

¿Cómo debieran ampliarse las labores como promotor de la cultura cinematográfica del Imcine?

Deberíamos generar alianzas con el sector educativo –a través de plataformas o servicios dirigidos a la población escolar– que incluyan el conocimiento escolarizado del cine mexicano. Ojalá existiera la posibilidad de disfrutar, deleitar y recrearnos con el cine mexicano, así como con esos directores, productores y guionistas, para que exista una retroalimentación.

Vivimos en un cine subsidiado, como ocurre en casi la generalidad de los cines nacionales en el mundo, pero en países como España o Francia lo hacen de manera más inteligente. El Eficine es una copia bastante burda de los sistemas de incentivo de estímulo fiscal, particularmente del brasileño. Por su parte, los franceses empezaron a hacer, hace algunos años, el avance sobre taquilla, que posteriormente se replicó en España, no en términos de estímulo fiscal, sino con otras características.

En el caso de México, se hizo con fondos como el Fondo para la Producción Cinematográfica de Calidad (Foprocine) y el Fondo de Inversión y Estímulos al Cine (Fidecine), que son diferentes en esencia, pero los conceptos en que basan su evaluación ya no tienen el peso que solían tener y bajo este modelo de cine coproducido por el Estado, ahora hace pecado lo que en principio fue virtud. Además, el Imcine tiene que seguirle la vida a 262 películas y el mayor absurdo es que ese bien cultural producido a lo largo de los últimos seis años no regrese a quien lo pagó, es decir, al ciudadano de todos los días que subsidia a través del pago de sus impuestos o las exenciones fiscales.

¿Propondrás una revisión de las reglas de operación de los fondos del Imcine?

Sí, pero hay que hacerlo lenta y pausadamente, sin olvidar que el tiempo es implacable y nos vamos quedando atrás, sobretodo en un momento en que la vida se transformó a partir de la llegada del mundo digital. Hay que revisar sus reglas para evitar el gasto innecesario de entregar copias en 35mm, cuando la mayoría de los cines ya están digitalizados.

La idea sería ligarlo con los 30 años que cumplirá el Imcine en el mes de marzo y desarrollar una iniciativa general de revisión del cine mexicano, para saber qué pasó en este tiempo, debatirlo y tener la presencia de los diversos sectores y especialistas internacionales en una especie de foro, coloquio o semana de reflexión. Hay decisiones que se van a tomarse ahora que afectarán o propiciarán el desarrollo de nuestra capacidad de difusión y de encuentro con el público. Hay que oír muchas voces y decidirse, ya sea para acertar o para equivocarse.

 

¿Consideras que la labor del Imcine debe acotarse al apoyo a la producción cinematográfica nacional o debiera poseer atribuciones más amplias en el terreno audiovisual?

Creo que todas las opciones que propicien o generen la posibilidad de generar espectadores son válidas, pero también habría que pensar en políticas públicas que propicien ese encuentro del espectador con su cine, para que lo rechace, lo adore, lo idolatre o lo destruya. Es necesario desarrollar plataformas que garanticen el acceso mayoritario del público, en algunos casos gratuito, en otros con costos bajos o mínimos, accesibles a la mayoría de la población.

También deberíamos promover semanas de cine mexicano con la presencia de directores, actores y guionistas en asociación con estados y municipios. Pienso que la festivalitis actual es resultado de la carencia de oferta cinematográfica por lo que la gente de una región se organiza para llevar un cine diferente al de la cartelera comercial, pero no es la solución a la problemática que existe y tampoco se traduce en una mayor presencia del cine mexicano en las salas o en una mejor taquilla. Cada vez hay más festivales con menos perfil, si bien hay joyas.

¿Cuáles serán tus líneas de trabajo?

Serán dos ejes principales, en principio es muy injusto que la obra fílmica no llegue al público que la hizo posible. También pienso abordar la escasa o nula rentabilidad del cine mexicano, tanto la económica pero sobre todo la social. Sí genera empleos y existe cascada económica, impuestos, pero su rentabilidad, en términos de negocio, se terminó por allá de 1970. Espero ir afinando, empezar a tomar pequeñas medidas, junto con la comunidad cinematográfica, para desatorar esto.

¿Esa problemática se ha abordado en Brasil, donde viviste varios años?

Allá tienen asumido claramente que la del cine es una industria necesaria y estratégica, por lo que es subsidiada y crearon una Agencia Nacional de Cine de Brasil (Ancine, por sus siglas en portugués) que es equiparable, en importancia, a la Agencia Nacional del Petróleo (anp). Están muy claros que hay que tener producción y presencia audiovisual como parte de una política estratégica para el interior y exterior del país.

¿Consideras que las coproducciones internacionales pueden ser una salida?

Esta solución puede verse con una claridad apabullante en Argentina, aunque la gran mayoría de sus coproducciones se hacían con España, que atraviesa una fuerte crisis económica, pero también han iniciado una política de coproducciones muy fuerte con Italia. Brasil, por sus características de idioma, está mucho más abierto a Portugal, que también se encuentra en una situación económica muy crítica y Francia también posee interés pues Brasil, como organizador de los próximos Juegos Olímpicos y del Mundial de Futbol, tendrá un brillo especial.

El tema es motivo de preocupación en el caso de México, porque las coproducciones requieren dialogo y, vuelvo al principio, hacerse entender, llegar a acuerdos, que es uno de los bienes más preciados. Esto garantizará que tu película llegará con mayor fuerza a otros territorios.

¿Cuáles serían los principales logros y algunos de los pendientes del Imcine en estas tres décadas?

Entre los principales logros está el reconocimiento del cine nacional como una expresión artística-industrial de primer orden. Tenemos una cadena de producción que cuenta con escuelas de gran calidad como el Centro de Capacitación Cinematográfica (ccc) y el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (cuec), hasta una presencia importante en circuito internacional, como lo ejemplifica el reciente premio a Carlos Reygadas como Mejor Director en el pasado Festival de Cannes por Post Tenebras Lux (México-Francia-Países Bajos-Alemania, 2012).

Entre los pendientes, se encuentran generar un tejido económico y social que haga posible la retroalimentación entre el público y la comunidad cinematográfica; entre el público, el creador y el ciudadano; entre el espectador, el ciudadano y el creador, que nos haga avanzar en el entendimiento de nuestras aspiraciones y necesidades.

El mundo se transformó, el circuito de exhibición y distribución estatal que tuvimos con las empresas Compañía Operadora de Teatros (cotsa), Películas Nacionales (Pelnal) y Películas Mexicanas (Pelmex), como modelo de política pública de Estado, ya no procede. Cuando se creó el Imcine, se generó una alianza entre nuevos productores privados y el Estado, mediante mecanismos claros y transparentes. Ahora, estamos ante un reto inmenso, que es la llegada de las plataformas digitales en el mundo.

Basic CMYK

Este artículo forma parte de los contenidos del número 27 de la revista cine TOMAde marzo-abril de 2013. Consulta AQUI dónde conseguirla.

Anuncios

Etiquetas: , , , , , , , , , ,

Una respuesta to “Jorge Sánchez, director del Instituto Mexicano de Cinematografía”

  1. Looney Barbosa Says:

    tambien las siguientes son de 1997

    El agujero (1997) de Beto Gómez
    De noche vienes, Esmeralda (1997) de Jaime Humberto Hermosillo
    Elisa antes del fin del mundo (1997) de Juan Antonio de la Riva
    Katuwira, donde nacen y mueren los sueños (1997) de Íñigo Vallejo-Nágera
    Libre de culpas (1997) de Marcel Sisniega
    Por si no te vuelvo a ver (1997) de Juan Pablo Villaseñor
    La primera noche (1997) de Alejandro Gamboa
    ¿Quién diablos es Juliette? (1997) de Carlos Marcovich (documental)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: