“El Sueño de Lú” estrena en cartelera

Todo está en la pupila de los ojos: Úrsula Pruneda

Por Sergio Raúl López

Premio a una consistente carrera tanto en los escenarios teatrales como en los foros televisivos y los sets cinematográficos, la actriz mexicana Úrsula Pruneda ganó el Golden Goblet a la Mejor Actriz del décimo quinto Festival Internacional de Cine de Shangai, en China, por su trabajo en la cinta El sueño de Lú. Ahora la cinta se estrena en la Cineteca Nacional y en otras salas de la cartelera mexicana. Pretextando este suceso es que ofrecemos el siguiente acercamiento a su carrera, impresiones y pensamientos.

 

 

¿Cómo enfrenta una mujer el duelo maternal ante la muerte de su hijo, aún niño? El derrumbe, desastroso y terrorífico, equivale, no hay duda, al fin del mundo. La creación de la vida, interrumpida, desgarra a tal punto a la progenitora, que le hace intentar el suicidio y, ante lo fallido del acto, aislarse absolutamente de la sociedad. Enfrentar su vida cotidiana en un páramo vacío, pese a vivir y caminar las calles de una de las ciudades más pobladas del mundo, la Ciudad de México, harán que Lucía  Alfaro vaya gradualmente emergiendo de su introspección desolada para ir hallando sitios y personas que le hagan redescubrirse como una persona vital, sobreviviente a la tragedia.

Tal es el personaje que la actriz Úrsula Pruneda Blum (Ciudad de México, 1971), hubo de encarar para la creación del filme El sueño de Lú (México, 2011), con dirección y guión de Carlos “Hari” Sama –en su segundo largometraje tras Sin ton ni Sonia (2003)–, un filme intimista, en un tono absolutamente emocional que fue rodado en el propio departamento de la actriz y en locaciones tanto de la Ciudad de México como de Baja California.

Al lado de un elenco conformado por Gerardo Trejoluna, María del Carmen Farías, Emilio Echevarría, y María Deschamps, la cinta arriba a la cartelera de México el 9 de noviembre, en la Cineteca Nacional y otras salas de los Complejo Cinemanía, Cinemark Reforma 222, Lumiere Reforma, así como los complejos Diana, Plaza Satélite y Universidad de Cinépolis. El filme  compitió en la Sección Mexicana del noveno Festival Internacional de Cine de Morelia en 2011, donde ganó una Mención Especial del Jurado y, más tarde, este año fue seleccionada para conformar la Sección Oficial del décimo quinto Festival Internacional de Cine de Shangai, que se realizó entre el 16 y el 24 de junio, en China.

En última jornada del festival asiático de clase A, en una ceremonia realizada en el Grand Theatre de Shangai, se anunció que Úrsula Pruneda era la ganadora del Golden Goblet como Mejor Actriz, siendo la primera hispanohablante en hacerse con el premio. El presidente del jurado fue el director francés Jean-Jacques Annaud, y le acompañaron la directora, escritora y productora iraní  Rakhshan Banietemad; el productor chino-estadounidense Terence Chang; la actriz estadounidense Heather Graham; la actriz china Lee Bingbing; el cineasta húngaro Béla Tarr, y el director chino Zhang Yang.

Tras cursar la carrera de actuación en el Núcleo de Estudios Teatrales y en el Centro Universitario de Teatro de la unam, Úrsula Pruneda ha participado en diversas obras de teatro, películas, cortometrajes, piezas de videoarte y telenovelas. En el cine destacan sus participaciones en Las buenas hierbas (2010, de María Novaro, por la que ganó el Mayahuel a Mejor Actriz en Guadalajara), Abel  (2010, de Diego Luna), Quemar las naves (2008, de Francisco Franco), Sin ton ni Sonia y Ámbar (1994, de Luis Estrada).

Tengo la impresión que este tipo de resultados están abriendo las puertas al cine mexicano en muchos más festivales internacionales. ¿Cómo se ve este fenómeno desde la perspectiva de una actriz que trabaja continuamente en el medio local?

A mí me parece que es una maravilla y además hay algo en todo esto que me parece muy lógico, nos toca abrir camino en este festival con una película tan absolutamente mexicana que me parece algo completamente lógico y además me parece un privilegio inmenso. Porque Además de toda la relación personal, íntima, que tenemos el continente asiático, estrenar la película ahí es un sueño hecho realidad.

¿Qué tan difícil te fue abordar este relato tan trágico y desolado, siendo que estás acostumbrada a papeles muy demandantes tanto en cine como en teatro?

Son el tipo de papeles que a mí, la verdad, me hacen todo el sentido del mundo y me transforman. Tengo la personalísima teoría de que el arte es una especie de oráculo para mí, ¿sabes? Los personajes me llegan. Este no fue un proyecto que yo haya gestado, sino que un día que Hari estaba fuera de México me dijo que ya sabía qué iba a hacer y arrancó. Los personajes me llegan en momentos muy particulares y conectan inmediatamente con mi presente. En efecto es un personaje muy demandante, muy poderoso, muy transformador, es profundamente retador y requería de mí toda la concentración y la atención 24 horas, siete días a la semana. Yo estaba en eso de lunes a domingo, teníamos llamado los sábados en la mañana, dormía todo el domingo, medio iba al cine o iba a visitar a una amiga que tenía un problema bastante fuerte de cáncer. Pero era filmar y dormir, y me encantó. Para mí filmar es como irte de retiro espiritual, ir, aislarte, estar en ello, trabajar internamente cosas, darle a tu personaje lo que necesita de ti, tomar lo que tú necesitas, hacer una mezcla, vomitar, sudar todo lo que hay que hacer, hacer comunión con todos los demás, con todos.

En efecto, por ejemplo luchábamos con los vecinos, porque filmamos la película en mi casa. Una amiga me decía que cómo acepté si dicen que donde pasan las filmaciones no vuelven a salir las flores, por todo el jaladero de cables, las luces, el ventilador, la grúa y toda la banda que estábamos ahí todo el tiempo. Y teníamos a los vecinos que nos comían las orejas todo el tiempo, muchos muy pacientes, otros no tanto. Me tuve que ir de mi casa unos meses, luego esperé a que la arreglaran para regresar. Para que me entiendas, todavía en diciembre del año pasado seguía quitando props y escenografía que quedó de El sueño de Lú, discos cd que eran de a mentis, por ejemplo. Pero vale la pena y lo volvería a hacer, es la manera en la que a mí me gusta hacer las cosas.

¿Qué tanto paralelismo hay con el personaje y en qué se distingue de ti? ¿Es decir, en ese momento cómo te encuentras tanto como personaje que como persona?

Es muy hermoso porque es un momento de coincidencia muy particular. Pero al mismo tiempo no somos lo mismo. O sea, yo no soy Lucía. Lucía me pide cosas de mí y yo le tomo cosas, pero, por ejemplo, yo no soy guitarrista: tomé clases durante tres meses, aprendí ciertas cosas, monté ciertas piezas con mi maestro y luego se me olvidó, al grado que ayer fui a clase de jarana y no me acordaba ni cómo era un Do. Era volver a agarrar el instrumento y recordar cómo era que se rasgaba. Es muy chistoso lo que sucede con los personajes y muy hermoso. Lo que sí te puedo contar que me llevo de Lucía es su atrevimiento a enfrentar la pérdida en absoluta soledad, absoluta. En la escena que le dice a su mamá que necesita estar sola, que la deje sola. Eso me parece de una valentía, de una dignidad y de una entereza impresionante, la verdad. Entre otras cosas, pero eso en particular me lo lleva conmigo.

¿Qué tanta libertad tuviste para aportar elementos a la creación de tu personaje?

Nosotros hicimos mucho trabajo de mesa previo durante varios meses. Arrancamos la filmación en enero o febrero de 2011, pero empezamos el trabajo de mesa desde septiembre de 2010, primero Hari Sama y yo, luego empezamos a incluir a los demás actores que eran, básicamente, Gerardo, María del Carmen Farías y María Deschamps, los fuimos integrando. Hari es muy abierto al diálogo, es muy incluyente, nos dejaba darle de nosotros a los personajes, él tiene muy claro hacia dónde quiere llegar y de dónde quiere partir. A veces nos pasaba que juntos descubríamos que se rebasaba algo, pero para eso está un director, es fundamental. Y sin embargo da muchísima  libertad a la búsqueda, de qué manera llegar hasta donde quiere llegar. Lo tiene bien claro y eso es una delicia. Y es bien bonito el diálogo en la mesa, donde ponemos las reglas, de manera que cuando llegas al set ya sabes a dónde vas sin haber ensayado, porque no ensayamos propiamente sino hacemos trabajo de mesa. Era una delicia que Hari además de director fuera el guionista porque conocía a fondo la historia.

¿Qué tan diferente te resulta cambiar de la cámara al escenario de teatro?

Es un lenguaje absolutamente diferente. Fíjate que hasta ahorita ha sido una cosa bastante natural. Después de hacer El sueño de Lú, me di un clavado a hacer dos obras de teatro el año pasado. Una muy compleja, Bosques (de Wajdi Mouawad y dirección de Hugo Arrevillaga), y la otra porque hacía muchos personajes, Casi un pueblo (de John Cariani, con dirección de José Manuel López Velarde), y era muy demandante. Pero el salto me resultaba muy natural, la diferencia con el teatro, entre otras cosas, es la repetición diaria. En Casi, un pueblo llegaba a hacer dos funciones diarias, a la una y a las seis de la tarde, o a las siete y a las nueve, y otra a las ocho y a las diez, me aventaba siete funciones a la semana. Y de Bosques, que dura casi cuatro horas, me aventaba tres funciones a la semana.

Tengo entrenamiento teatral, soy una actriz hecha en el teatro y eso me permite tener un rigor y una capacidad de concentración. Para mí es como la imagen de meterme a bucear sin tanque de oxígeno. Me puedo sumergir y puedo salir, pero gracias al entrenamiento actoral. Y este cruce lo disfruto y me gusta muchísimo. Y la calidad del trabajo la da la proyección de la energía, de la mirada, de las emociones, la calidad necesaria es muy diferente en el cine y en el teatro. En el cine todo es mucho más chico, más contenido, más suavecito, todo lo hablas con los ojos, todo está en la pupila de tus ojos. En el teatro también, lo que pasa es que lo tienes que apoyar con otras cosas, pero si no hay esto, tampoco sucede.

Este es un papel absolutamente sobre la condición humana, la fragilidad y la entereza, que explora los abismos humanos. ¿Qué tanto te ha interesado en tu carrera sumergirte en este tipo de roles?

Me interesa mucho hablar de la dignidad humana, de cómo en la pérdida y el abismo uno resurge con entera y absoluta dignidad, y se reconstruye, y cambia la mirada y ve las cosas de una manera muy distinta a como las veías antes. Esos son los trabajos que a mí me apasionan, me interesan y me encanta compartir con la gente. Los dos personajes que hacía en Bosques resurgen y toman decisiones a partir de una profunda dignidad, de una entereza y una convicción muy particular.

Este artículo forma parte de los contenidos del número 23 de la revista cine TOMAde julio-agosto de 2012. Consulta AQUI dónde conseguirla.


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Una respuesta to ““El Sueño de Lú” estrena en cartelera”

  1. rogelio Says:

    Chequen los años del actor fermando casanova.
    en el titulo ponen 98 y en la nota dice 89.gracias

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