Bruno Dumont y la santidad campirana fuera de Satán

El cine puede ser un medio para la sacralidad

Por Sergio Raúl López

Un individuo enclenque, chueco de rostro y permanentemente inexpresivo, que vaga a la deriva por la campiña francesa haciendo milagros incógnitos en un permanente estado contemplativo, es el nuevo héroe místico del realizador francés Bruno Dumont, uno tan misterioso e incógnito como los amorales hechos extraordinarios que realiza, tan aparentemente sin sentido.

 

 

Y es que si podemos hallar una pregunta recurrente en la breve pero consistente filmografía de este director de cine bretón podría ser la siguiente: ¿cómo sería Jesús en el mundo actual? La respuesta que halló en su anterior filme Hadewijch (Francia, 2009) fue el enigmático David Dewaele, un musulmán de vida tan agitada que llega a ausentarse de las filmaciones pero que representó el papel de un albañil recién liberado de la cárcel que accidentalmente representaba el mesías que tan frenéticamente buscaba la católica protagonista Céline (Julie Sokolowski) en la escena final del filme. Y que ya había capturado el interés del realizador des- de que lo retrató en un pequeñísimo papel de Flandres (2006).
Ahora, convertido en figura principalísima de la representación sacra que es su nuevo filme Fuera de Satán (Hors Satan, Francia, 2011), presentado como “Le gars” (apócope de “el muchacho”), un vagabundo cuya principal actividad es habitar en descampado y realizar largas caminatas en compañía de “Elle” (“ella”, Alexandra Lemaitre), una joven irremediablemente atraída por este santón apocado, que prefiere alimentarlo y acompañarle que pasar las horas en casa con la madre que odia.
Filmada en el pequeño poblado de Ambleteuse, en la región norteña francesa de Nord-Pas-de-Calais, casi en la frontera con Bélgica, la cinta retrata nuevamente la sencilla vida aldeana a la que Dumont es tan afecto desde su primera película: La vida de Jesús (La vie de Jésus, 1997), que rodó justo en su poblado natal, Bailleul, en la región bretona. Dos veces ganador del Gran Premio del Jurado en Cannes por La humanidad (L’humanité, 1999) y por Flandres, y del Fipresci en Toronto por Hadewijch, el realizador, nacido en 1958 y dedicado largos años a la enseñanza de filosofía, visitó México para promover el estreno en cartelera de Fuera de Satán, bajo distribución de ND Mantarraya.

-Encuentro vasos comunicantes entre su Hadewijch y Fuera de Satán no sólo porque reaparece un actor, sino por el sentido místico relacionado con el bosque y la naturaleza.
-Yo pienso que Fuera de Satán termina y comienza con lo que Bresson llamaba “un mundo nuevo”. Si el sentido de Hadewijch era el fin de la creencia en Dios, en esta nueva película el sentido de lo sagrado se renueva a través de la naturaleza y eso es algo en lo que creo profundamente: en la posibilidad de una experiencia sagrada hallada no tanto en la naturaleza como en el cine. La experiencia de ver Fuera de Satán es una experiencia mística.

-Sin embargo, esa experiencia mística no sólo es interiorizada por el personaje, sino es exteriorizada para el cine mediante sucesos extraordinarios, casi milagrosos.
-Completamente: hay que bajar el nivel del cine donde el espectador es el equivalente de la película; es decir, que el espectador tiene una potencia de interpretación, de comprensión que es igual al filme. No es una película hollywoodense con muchos sentidos que enajena al espectador.

-En esta película el montaje se compone de escenas que se van fundiendo a negro para seguir con el siguiente cuadro.
-La primera vez hice el montaje yo mismo y, justamente al renovar el hábito del fundido a negro, reencontré una nueva escritura en el montaje. Es una manera de escribirlo, de mostrar las alegrías, las fallas, las decepciones.

-¿Cuándo pensó que el mismo actor que en Hadewijch hace de albañil, David Dewaele, podría ser el protagonista de este nuevo filme, ahora como un místico vagabundo?
-Esto viene tras haberlo visto en Flandres, donde tenía un papel menor, pero tiene una manera de ser que me conmueve mucho y tiene mucha potencia. Muy rápidamente demostró su capacidad para ser protagonista. Se siente su capacidad cinematográfica y usted puede verla.

-Construir un héroe a partir de un vagabundo es una idea bastante anticonsumista.
-Claramente, porque Hollywood todavía se sitúa en la pintura italiana y sus personajes son ideales, mientras yo me encuentro en la tradición flamenca y por eso mis personajes son así. Es un problema cultural. En Hollywood los héroes son ideales, son guapos, fuertes, son puros principios morales, cuando para mí es el hombre mismo, en su condición primordial, en sus debilidades. La devoción moderna consiste en dejar el cielo y afirmar que la realidad está aquí, que lo sagrado debe ascender desde lo terrenal. El cine puede ser un medio para la sacralidad, porque filma lo real y puede trascenderlo y extraer lo sagrado.

-Me parece muy importante que la película, si bien tiene que ver con hechos milagrosos o al menos extraordinarios, se haya hecho sin efectos especiales.
-Estoy completamente de acuerdo. Acabo de ver El planeta de los simios en el avión y me pareció muy pobre. Es espectacular, pero es pobre lo que queda tras los efectos especiales. Lo que pasa con mis películas es que no son espectaculares, pero lo que queda en el espectador es mucho más rico, y por eso los efectos especiales son vanos. El efecto especial es la alegría del espectador, es su felicidad, pero debe ocurrir adentro y no hacia afuera. Puede ver películas muy sencillas pero que transforman como si fueran un efecto especial. Cada vez vemos más películas en 3D y nos aburrimos: es porque el 3D está adentro de nosotros y no afuera, y eso es lo raro. Hollywood se está dando cuenta de esto, que el 3D no es la receta. El 3D en manos de Rosellini seguramente sería formidable. Lo que se nos dice es que el 3D es formidable, cuando lo formidable es el autor; pero confundimos el fin con los medios y hacemos de los medios la finalidad. Se filma en digital y en 3D, pero eso no importa si no está la magia de la visión del autor no hay milagro.

FILOSOFÍA
No intelectual 
Fue hasta los 38 años cuando Bruno Dumont apareció en el horizonte fílmico internacional con la contundencia de La vida de Jesús (Francia, 1997), que aborda la cotianidad de un puñado de muchachos desempleados que pierden el tiempo vagando en motocicleta y cometiendo abusos criminales contra musulmanes y mujeres. Previamente, además de realizar audiovisuales institucionales, se había especializado en las filosofías griega y alemana, y esa formación se manifiesta en los seis largometrajes que ha dirigido hasta la fecha, en los que realiza exploraciones del sentido de lo humano en la vida común y corriente.

-Usted comenzó a filmar a una edad madura tras dedicarse largos años a la disciplina de la filosofía. ¿Podría afirmarse que cada película suya es una exploración humana distinta proveniente de esa formación?
-Totalmente. Se trata de una experiencia filosófica que yo he tenido e intento encontrar expresiones nuevas en el cine, pero con relación a una filosofía que ya no es intelectual sino que justamente es una aproximación a la realidad del mundo mediante historias sencillas. Son medios de acceso a lo que la filosofía o la religión o la mística intentan entender y el cine deviene realmente en un medio de meditación para el espectador. El espectador se eleva. Y es importante ahora que el cine se ha vuelto un medio de entretenimiento, de distracción. Está bien que haya comedias, pero no solamente eso: creo que es algo embrutecedor, se requieren ambas cosas. Justo como en la Grecia antigua en cuyo teatro se tenían obras trágicas y obras cómicas, y eso es el equilibrio. Hoy en día ningún actor puede llamarse de tragedia: todos son de comedia.

-Al ver la película pienso que el arrebato místico no radica en los milagros ni en los hechos extraordinarios, sino en los largos recorridos de los personajes, siempre contemplativos.
-Sí, pero la mística está sobre todo en la retrospección del espectador que acude a ver la película. Y no se dará cuenta durante la película, pero la experiencia que le deja hace la mística. Es el fruto de lo que ha sido irradiado durante hora y media, y la modificación radica en él, no en la película.

-El sol intenso, que quema, está presente en la cinta como personaje.
-El sol es la potencia natural, es un medio muy fuerte para evocar las expresiones más oscuras e inaccesibles de nuestro ser, que sólo pueden alcanzarse al filmarse. El problema no es filmar un estanque sino arreglar la mirada del espectador, que al ver un estanque pueda, a la vez, ver otra cosa y ese es el milagro.

Este artículo se publicó originalmente en la sección de cultura del diario El Financiero (19/XII/2011).


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2 comentarios to “Bruno Dumont y la santidad campirana fuera de Satán”

  1. Evelyn Tlatilolpa Says:

    Una entrevista con mucho que pensar sobre el cine actual, gracias =)

  2. 1er encuentro con Bruno Dumont: Hors Satan (2011) | Cine Colegiales Says:

    […] https://revistatoma.wordpress.com/2011/12/20/bruno-dumont-y-la-santidad-campirana-fuera-de-satan/ […]

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