El general Calles documentado por su bisnieta, Natalia Almada

El martes 6 de septiembre, a las 22:30 horas, por Canal Once, se transmitirá el documental El General, de Natalia Almada, en la barra DOCS 360º.

Calles no es más contradictorio que el resto de nosotros

Por Sergio Raúl López

Las pequeñas e íntimas paradojas acompañan al poder sempiternamente. El ejemplo del presidente y general revolucionario Plutarco Elías Calles es emblemático: mientras deporta curas, cierra conventos y escuelas católicas, y enfrenta una numerosa rebelión armada, envía a su pequeña hija a estudiar a Estados Unidos precisamente a una primaria católica.

El profesor de escuela primaria, originario de Guaymas, acabaría siendo uno de los generales sonorenses que emergieron triunfantes de la terrible matanza que fue la Revolución Mexicana, logró convertirse durante largos años en el Jefe Máximo no sólo durante los cuatro años que fue presidente de la República -entre 1924 y 1928- y fundó el Partido Nacional Revolucionario, sino durante principios de la década siguiente, hasta que otro general, Lázaro Cárdenas, lo enviara al exilio, primero en junio de 1935 y luego, de manera definitiva, en abril de 1936. Pero no a los ojos de Alicia, su pequeña hija, para quien fue simplemente la querida, si bien distante, figura paterna.
Y como tal, desde la mirada del vástago admirado y amoroso, desde el ámbito privado, es que durante su vejez, Tita relató los recuerdos de su padre en una larga y amigable charla con el escritor y periodista Mauricio González de la Garza, en 1978, que -si bien nunca acabó conformando un pretendido libro sobre el militar conocido popularmente como el Quema Curas, o el Hombre de Acero- se preservaron en seis casetes que su nieta, la cineasta Natalia Almada, decidió adaptar audiovisualmente para crear una película.
El resultado es El general (México-EU, 2008), un documental que rehúye explicar la figura de Plutarco Elías Calles desde el solo ámbito histórico, sino que ofrece variadas lecturas, primordialmente desde ese primer relato en tono femenino y familiar, y luego desde la interpretación actual de la bisnieta del «padre del México moderno», que lo mismo recorrió el Zócalo capitalino durante las asambleas de protesta por la elección de 2006, convocadas por Andrés Manuel López Obrador, hasta los mercados y las calles repletas de comerciantes ambulantes, ofreciendo un recorrido por México en muy diversos tiempos.
El trabajo, que obtuvo la beca Gucci-Ambulante y que ganó el premio a Mejor Dirección de un Documental en el Festival de Sundance, a inicios del año pasado, ha llegado a la cartelera mexicana y da pie a la siguiente entrevista con la realizadora.

-Un elemento característico que le da una fuerza a este documental radica en que no es una narración del poder en México, sino un relato en clave femenina sobre un miembro de la familia.
-Es curioso, porque hay pocos que se dan cuenta de eso y para mí es muy importante. Si lo pensamos un poco, es raro escuchar a una mujer contar su historia y en las grabaciones de mi abuela lo sientes. De pronto le pregunta a Mauricio si está bien lo que dice, busca con él la reafirmación de sus propios recuerdos y duda mucho de sí misma. Yo siento que tiene mucho que ver con el hecho de que es mujer. No tengo cómo saberlo, pero es mi percepción. En algún momento, en el proceso, le pedí a mi papá, que tiene muy buena voz, leer unos textos de Calles para que se escucharan en el documental con voz de hombre. Lo probé y no me gustó para nada, así que acabé pensando que, dado que no era la voz de Calles, por qué no podía yo asumir su voz. A fin de cuentas son puras voces femeninas contando la historia: la de mi abuela y la mía.

-Es una historia de familia; dolorosa, claro. Cruzada por la tragedia revolucionaria mexicana.
-Uno puede juzgar bien o mal lo que hizo Calles como figura política, pero no hay duda que dedicó su vida al país, primero como revolucionario y luego como presidente. Entonces, imagínate qué fuerte debió resultar que lo exiliaran, aunque tampoco fue asesinado; pero sí marca ese momento en que la Revolución se acaba. Y ese es un gran mérito de Lázaro Cárdenas, aunque desde el punto de vista familiar sea difícil verlo o aceptarlo, porque exilió a Plutarco Elías Calles pero no lo mató.

-Curiosamente, alrededor de la historia del abuelo, figura preeminente del maximato, hay otros relatos del México cotidiano en distintas épocas, de la gente común y corriente, y no sólo las altas esferas.
-En ese sentido retrata más la relación de poder entre el pueblo y el gobierno, y esa relación se produce tanto en las elecciones (desde quién siente que su voto contó) como en los impuestos que prefieren no pagarlos, pero el hecho es que no cuentan. Sucede como con los ambulantes, que no se sabe bien a bien cuántos son ni cuánto ganan, pero todas esas son formas de borrar a alguien de su participación en la sociedad. Y el poder tiene un papel muy importante en este discurso de cómo se fabrica la historia y la memoria: esa gente tampoco tiene derecho a ser parte de la historia ni de la memoria colectiva del país.

-Además, muestra ciertas contradicciones del poder: que el presidente en plena Guerra Cristera mande a su hija a estudiar a un colegio católico fuera del país.
-Pues sí, pero si lo piensas bien estas contradicciones en las figuras del poder son muy normales. Los que estamos mal somos nosotros al intentar entender a esa persona en el poder con una imagen muy sencilla, pues se nos olvida que esa persona es muy diferente en casa o en otros ambientes. Eso es lo bonito de los casetes de mi abuela, que permiten darte cuenta de lo que ella vivió. En el caso de la Cristiada es el momento más fuerte, pues dice que la mandaron a una escuela católica donde las niñas le mostraban lo que estaba haciendo su papá en México. Imagínate cómo lo vives, cómo lo entiendes, cómo lo asimilas. Pienso que eso es lo que motivó las grabaciones, un poco querer entenderlo. Y no es porque Calles sea más contradictorio que el resto de nosotros, que los demás. Creo que eso pasa cuando vives con un papá que está en el poder.

-No es especialmente contradictorio, simplemente está más expuesto.
-Sí, y lo otro es que las decisiones que tomas en familia son diferentes a las que se toman para un país.

No nada más cada cien años

Nueva York es una ciudad en la que Natalia Almada vive buena parte del año. Por lo tanto, fue en territorio estadounidense donde cursó la licenciatura en artes visuales y luego la maestría en fotografía en la Rhode Island School of Design, además de que ha recibido apoyos y becas de institutos y fundaciones como la Guggenheim, MacDowell Colony, Tribeca Film, Sundance y PBS. En esa urbe fue también donde contactó a los músicos que compusieron la banda sonora de su documental El general: John Zorn, Marc Ribot y Shazahd Ismaili, con diseño y edición de Alejandro de Icaza.

-No es tan fácil que un documental tenga este tipo de músicos de la escena contemporánea del jazz.
-Son más accesibles de lo que uno imaginaría, pero además Marc es muy amigo mío. Yo buscaba música que se relacionara más con el tiempo que con el lugar. Podríamos haber hecho una música muy mexicana de la época de mi abuela o tratar de hacer una música de principios de siglo o de la Revolución, pero no me interesaba porque sentía que el documental ya tenía muchos elementos locales y quería una música que marcara al tiempo, y es lo que hace la música minimalista. Y tuve suerte.

-¿Qué tan complicado es conseguir los derechos y trabajar con ellos?
-Pues John Zorn tiene una forma muy interesante de trabajar, ve la película una sola vez y luego graba una hora de música, te la da y ya puedes ajustarla. No te da los elementos por separado, sino una mezcla de instrumentos que puedes editar. Hay poca conversación en el proceso y me gustó la idea, aunque los resultados no me funcionaron tan bien: hay dos o tres piezas que me encantaron y están en el documental, pero se fue por algo muy mexicano. En tanto, a Mark se le ocurrían ideas cuando veía el proceso, y cuando la música de Zorn no sirvió para todo el documental él me ayudó con Shazahd Ismaili, que es un compositor más joven que toca mucho con ellos, me ayudaron a acabar la música.

-La película no forma parte de las apoyadas oficialmente para celebrar el bicentenario, sin embargo es muy pertinente para el momento.
-Creo que sueno un poco cínica, quizás, porque está bien celebrar el centenario y el bicentenario, pero el ejercicio de mirar hacia atrás debería hacerse todo el tiempo y no nada más cada cien años, entonces eso se me hace un poco frustrante o triste. Y aunque nos apoyaron con el dinero para hacer la copia en 35 mm., fue cuando la película ya estaba hecha y ya había ganado premios, así que estoy muy agradecida pero a la vez con una reserva.

Este artículo se publicó originalmente en la sección de cultura del diario El Financiero (20/XII/2010).


2 Comments

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s