Paula Astorga y la Cineteca Nacional Siglo XXI

¿Cómo era posible que fuera un gran estacionamiento?

Por Sergio Raúl López

La palabra es ya un localismo, según la Real Academia. Cineteca es la variante mexicana  equivalente a filmoteca o a cinemateca, que es como se nombra generalmente a los archivos fílmicos en la América Latina. En el aparatoso echeverrismo, sin embargo, se prefirió importar el término, originariamente italiano –existen con ese nombre en Boloña, Milán, Roma–, por sobre las opciones francesa e inglesa para bautizar a la colección oficial del gobierno nacional.

Corría enero de 1974, cuando un foro de los Estudios Churubusco fue adaptado para albergar dos salas cinematográficas, una biblioteca y varias bóvedas para contener un catálogo inicial de dos mil 500 películas. Era la nueva Cineteca Nacional, a cargo de la dirección de cinematografía, una dependencia de la Secretaría de Gobernación, bajo el control del actor Rodolfo Echeverría (acreditado Landa en las películas), hermano del presidente en turno. Un proyecto cuya pretendida grandeza acabaría literalmente por explotar un sexenio más tarde, bajo la conducción de la hermana del siguiente mandatario, Margarita López Portillo. El 24 de marzo de 1982, un incendio consumió casi la totalidad del acervo que ahí se resguardaba, acabando con copias únicas, archivos completos y miles de documentos irrecuperables.
Un par de años más tarde, la Cineteca Nacional hubo de mudarse a unos centenares de metros al oriente, sobre la avenida Río Churubusco, a la Plaza de los Compositores, un conglomerado de teatros que pertenecía a la Sociedad de Autores y Compositores de México (SACM) y que desde el 27 enero de 1984 alberga las salas, bóvedas y oficinas de la Cineteca Nacional de México -desde 2006 tiene una homónima chilena-, y que desde 1997 fue desprendida de la Secretaría de Gobernación para incorporarse al conglomerado de organismos que conforman el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta).
En resumen, contada, así sea mínimamente, la historia de la Cineteca Nacional es más bien triste, de una grisura poco propia del mundo del cine. Porque de ser botín del primer hermano presidencial se tornó en despacho de diversas burocracias institucionales que sólo brillaban durante épocas de la Muestra y del Foro internacionales de cine. Pese a lo cual, curiosamente, año tras año mantiene un crecimiento constante de público. Basta mencionar que desde el 2007 su asistencia ha crecido 40 por ciento.
Hace poco más de un año ocurrió un relevo en la cabeza del organismo. El crítico de cine Leonardo García Tsao dejaba la dirección en manos de una activa promotora cinematográfica: Paula Astorga Riestra, ampliamente conocida como directora fundadora del Festival Internacional de Cine Contemporáneo de la Ciudad de México (FICCO), en la cadena Cinemex, y luego de diversas iniciativas impulsadas por la asociación civil Circo 2.12, como Cinema Planeta, Cinema Global, Distrital, la Sociedad Fílmica Tlatelolco y otras más.
A su llegada, impulsó variados cambios dentro del organismo fílmico y sobre todo promovió una mayor apertura para el gremio cinematográfico, pero de ninguna manera resultaba predecible el anuncio realizado el pasado 12 de julio. Acompañada por la plana mayor de funcionarios culturales del Conaculta, se anunció un proyecto ambicioso que se convertirá en una de las grandes obras de infraestructura cultural del sexenio: la Cineteca Nacional Siglo XXI, que implica la construcción de cuatro nuevas salas -para sumar diez pantallas-, dos nuevas bóvedas, un laboratorio de restauración digital y un estacionamiento de varios pisos, para añadir una sala al aire libre y áreas verdes; por cierto, todo techado bajo un espectacular domo blanco.
-Yo creo que la Cineteca es el centro del pensamiento del cine en México, no de la industria del cine -ataja Astorga, de entrada-. Creo que las cinetecas son los espacios sagrados del cine y creo que la de México, en especial, es una Cineteca diferente pues además de cumplir con sus funciones definitorias que son albergar el patrimonio fílmico nacional y divulgar y promover lo mejor del cine del mundo y el mexicano, además es un espacio de desarrollo cultural y de reflexión, investigación y de pensamiento a propósito de la creación cinematográfica.

-La Plaza de los Compositores fue una donación que realmente nunca se transformó de nuevo. ¿Qué tan necesario era hacer estos cambios?
-A la gente le gusta mucho, los usuarios lo tienen bien asimilado, es un lugar vivo. Pero la idea salió de observar. Yo empecé la reflexión en la época de lluvias. En agosto hay momentos en que llega a haber de mil 500 a dos mil personas en tránsito entre una función y otra. Y observando tanta gente que se sienta en el suelo a esperar, pero cuando llueve ni siquiera el suelo es su amigo. Otra imagen que me impactó mucho son todas estas personas que se quedan en el estacionamiento esperando en el coche a que empiece su función. ¿Por qué la experiencia de ir a la Cineteca Nacional equivale a quedarte atrapado 40 minutos en el Periférico en una tarde de lluvia? Luego, en una reunión con las autoridades de protección civil empecé a ver los planos desde arriba y me di cuenta que para exhibición se usa un 30 por ciento de los terrenos, otro 15 por ciento para las bóvedas y el 60 por ciento es un gran estacionamiento. ¿Cómo era posible que la Cineteca Nacional de México sea un gran estacionamiento en la puerta del siglo XXI?
“Paralelamente estaba la inquietud del resguardo de los materiales fílmicos que tiene el Instituto Mexicano de Cinematografía y de ahí salieron las dos bóvedas nuevas; también tenemos un tráfico de mil personas diarias que caminan hacia el Metro Coyoacán. ¿Por qué no tener, en el área que actualmente es de estacionamiento y un área verde, una infraestructura pública más importante? ¿Por qué no, si tengo tantos estudiantes, abrir la biblioteca los sábados, por qué no ampliarla, por qué no darle Internet? El espacio no se concibió para recibir a 600 mil personas al año como ahora ocurre. El edificio original, del arquitecto Manuel Rocha, ha tenido muchas intervenciones: le pegan techos, le pegan bancas, le abren ventanitas, le hacen nuevas oficinas, le suman y le quitan; es todo abigarrado y su calidad es muy dispareja, y creo que tiene que haber un esfuerzo por que haya un mínimo estándar de calidad”.

Cultura y obras sexenales

La renovación exhaustiva de la Cineteca Nacional costará 380 millones de pesos e implicará la construcción de 28 mil 897 metros cuadrados, de los cuales siete mil 110 serán áreas verdes y sus butacas crecerán a tres mil 50; sus bóvedas podrán resguardar 50 mil películas más (actualmente resguardan 15 mil títulos). Es el segundo gran proyecto de infraestructura cultural anunciado por la administración de Consuelo Sáizar en las semanas recientes, luego de la Biblioteca de Bibliotecas que remodelará las actuales instalaciones de la José Vasconcelos en la Ciudadela con un costo de 550 millones de pesos. La apuesta oficial cultural, a finales del segundo sexenio panista, es, de nuevo, a una biblioteca pública y, de forma inédita, una renovada infraestructura fílmica.
Por supuesto, no faltan las voces dubitativas e incluso discordantes respecto a los alcances de esta magna obra, los posibles desvíos de fondos en los meses previos al año electoral, la vocación que debiera tener una institución de resguardo y difusión cinematográfica, e incluso la alerta ante una privatización disfrazada. Habrá que esperar a que el proyecto inicie, en otoño y concluya, un año más tarde, en 2012, para descubrirlo.
Paula Astorga promete, por lo pronto, concluir las obras durante su gestión y, sobre todo, advierte que el proyecto es fruto de las necesidades que ha detectado en este año en el que ha sido directora de la Cineteca.

-¿No es peligroso plantear el proyecto al término del sexenio y no acabarlo a tiempo o entregarlo inconcluso, como suele suceder en este país?
-En cuanto a la agenda sexenal, yo siento que tengo el tiempo para hacerlo durante mi gestión. Desde que el proyecto se presentó en la presidencia del Conaculta fue muy bien recibido. Las razones y los argumentos de hacer un arreglo integral y no seguirla parchando fueron contundentes. La presidenta Sáizar decidió invitar al arquitecto Michel Rojkind junto con su socio Gerardo Salinas para realizarlo. Yo estoy convencida porque en mi trabajo cotidiano se me materializaron las necesidades y en ese sentido está su éxito y su viabilidad. Aunque el proyecto tiene esta visión espectacular, en realidad implica cuatro salas de 250 butacas, dos bóvedas cuyo destino es el material que actualmente custodia Imcine sin características de preservación y un estacionamiento de varios pisos. No vamos a construir siete pisos de salas de exhibición para quién sabe qué. Hay un público, hay una oferta cinematográfica, hay seis mil películas mal resguardadas, las bóvedas de la Cineteca están al 90 por ciento de su capacidad, tenemos capacidad para recibir filmes los próximos tres años. ¿De quién va a ser responsabilidad del patrimonio fílmico nacional si ya no hay espacio?

Este artículo se publicó originalmente en la sección de cultura del diario El Financiero (25/VII/2011).


 

 

1 Comment

  1. La verdad me cuesta trabajo asimilar este cambio y de alguna manera me deja cierta tristeza y nostalgia….Mi gusto por ir al cine en la Cineteca logre transmitirlo a mis nietos y el otro día mi nieta mayor, de 17 años, me pidió que la llevase al cine…”pero a la Cineteca porque me gusta la gente que va ahí…no te echan revisón y las personas te miran y te sonríen….y no es el rollo del consumo como en otros cines” Si ese es también mi temor….cuanto vamos a pagar para amortiguar los gastos? ¿ que tipo de ambientese generará

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