La autopsia fílmica de Salvador Allende

Cuando lo que se ve es verdadero, supera a la realidad: Pablo Larraín

Por Sergio Raúl López

La elucubración ha sido eje central de interminables e intensas discusiones a lo largo de casi cuatro décadas: durante el asalto militar al Palacio de la Moneda, el 11 de septiembre de 1973, ¿el presidente Salvador Allende se dio un tiro antes de ser capturado por los militares o éstos lo asesinaron? Una película chilena reconstruye su autopsia.

El mérito no es menor. Si bien el golpe militar comandado por el futuro dictador Augusto Pinochet y la trágica muerte del líder socialista, seguida por la de miles de chilenos simpatizantes de la izquierda y de los movimientos populares, ha sido motivo y fuente de innumerables documentales, ninguna película de ficción producida se había atrevido a poner en pantalla el cadáver de Allende ni a reconstruir el momento en que se redactó el dudoso certificado de defunción de la que se colige el suicidio del mandatario, ya con una junta de gobierno militar encima y con sus terribles bandos ya emitidos a la población en general.
Pero el mérito de Post mortem (Chile-México-Alemania) no es sencillamente ése. Sino el convertirse en una metáfora dura y sin concesiones del terrible cambio de circunstancias que ocurrieron en los días del golpe militar al gobierno socialista y la violencia militar efectuada sin miramientos desde la extrema derecha, a través del escribano de la morgue, encargado de redactar en una vieja máquina de escribir las necropsias dictadas por los médicos forenses. Curiosamente, el personaje de Mario Cornejo no sólo existió sino que fue precisamente el encargado de redactar dicho documento, puesto tantas veces en duda, y su testimonio fue recopilado por el director Pablo Larraín (Santiago, 1976), mediante su hijo, del mismo nombre. El hallazgo de esta historia inició una larga y abundante recopilación de datos y testimonios para recrear la época y no sólo tocar un tema tabú sino mostrarlo a cuadro.
Hijo del presidente del derechista partido Unión Democrática Independiente y de la exministra de Vivienda del actual gobierno, Larraín, empero, no ha tenido empacho en abordar el tema de la dictadura y sus secuelas, como pudo descubrirse en su anterior largometraje: Tony Manero (2008), por cierto protagonizada por el actor Alfredo Castro, quien encarna ahora al escribano Cornejo.
Ganadora del premio a mejor película iberoamericana, así como a mejor actor y mejor fotografía en la pasada edición del Festival Internacional de Cine en Guadalajara, la cinta se encuentra en la cartelera mexicana, con distribución de Canana.

-El largo plano secuencia final de la cinta me parece una gran metáfora de cómo la sociedad chilena tuvo que enfrentar el golpe militar: ocultar la violencia, el pasado, para poder continuar viviendo.
-Yo creo que, más que ocultar, la metáfora de la última escena de Post mortem tiene que ver con que los personajes, tanto en la película como en la época, no tenían conciencia de la violencia ni de todo lo que ocurría a su alrededor, ni de cómo los iba cambiando. Por lo tanto, es un plano que quiere mostrar cómo un tipo, desde el desconcierto, tiene una conducta no consciente. Es una analogía a la violencia del momento. Otro momento importante de la película es cómo, a partir de un hecho puntual, de un lugar específico, vemos un prisma de lo que ocurría en la sociedad chilena ese año: el cementerio de la violencia, de lo razonable, y nuestro personaje asiste involuntariamente a estos hechos y, desde su desconcierto, se va transformando en alguien que ni siquiera él conoce y desde su mirada somos testigos de este resumen del horror.

-Al personaje no sólo le toca ser testigo de la violencia sino sufrirla en carne propia con esta otra historia sobre su enamoramiento con la vecina bailarina de burlesque.
-Sí. Uno de los poemas más lindos del recién fallecido Gonzalo Rojas se llama “Cuando se ama”. Y un poco el amor de Mario por Nancy es esta duda de qué se ama cuando se ama, esta dimensión del amor que a ratos es obsesión, a ratos ternura, otros explosión y lo vemos desde una perspectiva del amor, una mirada de la soledad. Se habla de personajes particulares en el tono cotidiano, en el tono de vecindario y en amores inexplicables, porque al final todo esto no es parte de algo que podamos analizar con la razón.

-La película intenta ser una reconstrucción fiel de ese momento…
-Sí, es una reconstrucción fiel que no solamente intenta que sea real sino que el esfuerzo de arte, de dirección, de todo el equipo intenta lograr rehacer no solamente hechos reales sino hacerlos verdaderos. Cuando la mirada, cuando lo que se ve es verdadero, supera la realidad, supera todo, y cuando el cine te lo da es maravilloso. Y un poco el intento, el ejercicio de esta película, se trata de eso, de darle una mirada humilde, la opinión de un grupo de personas respecto a ciertos hechos y un poco contar una historia que los cruza buscando una mirada verdadera.

-Varias películas recientes del cine chileno y de cineastas jóvenes tocan, aunque sea de manera tangencial, esta cicatriz que sigue doliendo en el fondo: la dictadura pinochetista y el golpe del 11 de septiembre.
-Sí, es una herida para muchos todavía abierta donde quedan muchas historias por contar. Aún no hemos visto ninguna donde veamos a Pinochet como protagonista del régimen que impuso. Por eso siento que son las nuevas generaciones las que van a ir mirando los hechos del pasado, reinterpretándolos, dán- doles miradas y contando historias en el cine. Y es maravilloso cómo las películas viajan y se conectan con audiencias de diferentes lugares. Creo que ahí radica el fenómeno más lindo del cine.

Tony Manero es una película muy dura, cruel, como retrato de la alienación de un personaje. Y Post mortem mantiene esa línea.
-Claro, pero son cosas distintas. En Tony Manero era el personaje el que ganaba esa crueldad, pero no se modifica. En Post mortem el contexto es el cruel y mostramos personajes que se modifican ¡y vaya de qué manera!

ANCLAJES
Y miradas futuras

El escenario del desastre no son las calles, ni siquiera la zona céntrica de la capital, donde ocurrieron los combates y se terminó con un régimen democrático como el de Salvador Allende. Sino la intimidad de dos casas en un vecindario, habitadas por dos enamorados, y sus sitios de trabajo: la morgue y el cabaret Bim Bam Bum. La sensación opresiva permanece durante toda la película.

-Reconstruye, en la casa de la bailarina, las asambleas de intelectuales de izquierda.
-En la época, mucho más que ahora, asistíamos a una sociedad completamente polarizada, donde todos los individuos tenían una opinión muy formada, muy arraigada, a veces casi fundamentalista, en todos los sectores, lo que traía por consecuencia mucha conversación, mucha organización, y en ese contexto había muchas semillas, grupos que dialogaban, que calificaban, que querían cambiar a Chile. Ese grupo de la película es una observación de muchos más que existían en la época y en los que las ideas y la pasión jugaban un rostro fundamental, tanto en su defensa como su convicción.

-Nació justo entre las épocas que representa en sus dos películas recientes. ¿Cómo ve a su propia generación, que actualmente son los adultos de la sociedad chilena?
-En lo particular tuve una vida muy acomodada, nunca me faltó nada. Ya de mayor, cuando estuve en la enseñanza media, me tocó asistir, ver y reflexionar sobre todas las cosas que pasaban y habían pasado, y creo que la mirada generacional de los que crecimos entre los ochenta y los noventa tiene un anclaje al pasado muy fuerte pero a su vez una necesidad de mirar al futuro igual de fuerte. Y también de acercarse, mirar, contemplar, de tratar de darle una mirada aguda a estas cosas que aparentemente son claras.

-¿Cómo observa la realidad latinoamericana en general, tan variada pero nuevamente polarizada?
-Creo que hay una cierta estabilidad política, pero todavía hay muchos movimientos sociales que no se sienten representados, lo que produce inestabilidad. Todavía no se encuentra un mecanismo donde la gran mayoría de los ciudadanos se sientan representados, y Latinoamérica está en deuda con eso.

-Después del golpe y la dictadura, pese el milagro chileno, existe la desigualdad social.
-No solamente sigue, sino la brecha entre los ricos y pobres es cada vez más grande. Nuestro sistema hace que la riqueza se concentre en pocas manos y en mucha abundancia, y que la pobreza se extienda. Se ha avanzado en el acceso a la educación y salud, pero respecto a la repartición de la riqueza vivimos, en Latinoamérica, en una sociedad muy injusta.(SRL)

Este artículo se publicó originalmente en la sección de cultura del diario El Financiero (9/V/2011).


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