Carlos Carrera, presidente de la Academia Mexicana de Cine

La idea es hacer un sistema de elección más democrático

Por Guillermo Vega Zaragoza

La relación que el cineasta Carlos Carrera ha mantenido con la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas –ha ganado sus premios en siete ocasiones–, nunca fue tan cercana como ahora. Desde septiembre de 2010 es el nuevo Presidente del Comité Coordinador del organismo, en sustitución de Pedro Armendáriz, y busca democratizar y ampliar sus votaciones, difundir el cine mexicano y abrir el organismo al público.

Siete veces ganador del Ariel de Plata, cinco de ellas como director –la más reciente en 2010 por Backyard, el traspatio–, el cineasta Carlos Carrera (Ciudad de México, 1962), es el nuevo Presidente del Comité Coordinador de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas, A.C. (AMACC), que otorga año con año el máximo galardón del cine nacional, el premio Ariel. El realizador afirma que la AMACC es democrática y que ahora será más incluyente, con la ampliación de la participación en el proceso de selección y premiación no sólo a aquellos que hayan ganado el Ariel, sino también a los que hayan sido nominados por lo menos en dos ocasiones. Además, para analizar las cintas, los votantes se agruparán por especialidades.

Carrera llega a la presidencia de la AMACC, luego de que en septiembre de 2010 terminara el periodo de Pedro Armendáriz al frente de la institución. La Academia enfrentó en 2009 una acalorada polémica, cuando en la quincuagésima primera ceremonia de entrega del Ariel, el actor Daniel Jiménez Cacho leyó una carta presuntamente firmada por miembros de la “comunidad cinematográfica” en la que pedía a Armendáriz “refundar la Academia, acorde a los nuevos tiempos” y “revisar los mecanismos de selección de nominaciones”.

Fundada en 1946, en el momento cumbre del auge del cine mexicano –ese año se filmaron 85 películas–, la Academia agrupaba a los diversos gremios de la comunidad cinematográfica nacional, hasta que en 1998 fue reestructurada y pasó a estar integrada solamente por creadores cinematográficos.

En la siguiente entrevista, Carrera explica cuáles serán las novedades que integrará en su gestión al funcionamiento de la AMACC: “En 1998 –explica el director– cuando se reformó la Academia,  se hizo una consulta, salieron algunos nombres y desde entonces nos invitaron a participar. Empezó bien, sólida, con apoyo del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) en esa época. La AMACC siempre ha tenido proyectos diversos, los más visibles son las nominaciones al Ariel, que es el premio de mayor trayectoria histórica y uno de los más rigurosos. Hay otros proyectos que, si bien se han realizado a lo largo de su existencia, no han tenido la difusión suficiente, entre ellos ciclos de conferencias, colaboración con la UNAM, incluso una publicación que por motivos presupuestales no se ha realizado. Además de dar los premios Ariel y ser la institución que funciona como puente para enviar representantes mexicanos a los premios en España y Estados Unidos, la idea es convocar a proyectos de más largo plazo. Hacer, por ejemplo, un programa de radio y, eventualmente, buscar otra sede, que tenga un centro de atención y una sala de proyecciones abiertos al público en general”.

El tema de los Arieles es uno de los más polémicos para la Academia…

En relación con los premios, la idea es hacer un sistema de elección más democrático, si se quiere, pero conservando el rigor que ha caracterizado å la elección de los premiados. Si bien la Academia era antes un grupo reducido que decidía ternas y premios, después se abrió a que votaran todos los miembros que habían obtenido un Ariel, pero siempre ha habido esa sospecha de que los reconocimientos se deciden de manera muy cerrada. Lo que sí me consta es que la elección es muy rigurosa; todos los miembros que participaban en el proceso veían todas las películas, se hacia un estudio muy serio de las bondades de las películas, con la actitud de rescatar lo bueno y no tanto regodearse en los defectos. Eso me consta, pero no ha parecido ser suficiente para la comunidad y siempre ha habido polémica. Por eso, ahora la idea es incluir a más miembros de la comunidad para que también puedan ser parte del comité de premiación, además de los que han ganado un Ariel, que estén también los que han sido nominados por lo menos en dos ocasiones y que por razones diversas no lo han obtenido, pero que por su trayectoria y su conocimiento tienen la capacidad para participar en el análisis para decidir los premios. También, a partir de este año, el proceso de selección funcionará por especialidades, como sucede en otras academias del mundo; en el caso de los premios Ariel ya está organizado para ser así, pero para el representante al Oscar y al Goya se seguirá haciendo por votación directa de todos los miembros del comité de premiación.

Será un avance importante, porque se ha cuestionado que la selección y las premiaciones no han sido lo suficientemente plurales e incluyentes…

La selección ha sido tan incluyente que se toman en cuenta todas películas incluso las que tienen una distribución muy pequeña y se les reconoce por su calidad, no pesa cuál tiene más publicidad o más méritos de producción. Compiten al parejo películas con producción muy grande con películas independientes hechas de manera muy marginal. También se ha criticado que se califica como mejor película, por igual, a un documental y a una de ficción. En mi opinión, no hay un género mejor que otro, o menos importante que otro, y en esta época se están disolviendo las clasificaciones tan cuadradas.

Muchos creen el proceso de elección para el Ariel es similar al del Oscar, pero en realidad pocos saben cómo se hace. ¿Cómo es en la Academia Mexicana?

Por los estatutos se vota por las películas que se inscriben, que no necesariamente son todas las películas que se estrenan comercialmente, lo cual estaría bien, pero sólo se analizan las inscritas. Algunas películas importantes en su momento, como Y tú mamá también (2001, de Alfonso Cuarón), no se han inscrito, algunas en señal de protesta o algo así. Este año hay bastante participación, ya están en Internet las películas que se han inscrito. Es un trabajal, aunque algunos dicen que no hacemos nada. Somos 36 miembros activos y pueden votar alrededor de 600 que han obtenido el Ariel.

Pero también se dice que votan muy pocos…

A veces la participación es muy pequeña, por motivos de trabajo o lo que sea. Esperamos que este año sea mayor. La comunidad ha mostrado interés de participar en el proceso y ahora estamos abriendo la posibilidad de hacerlo de manera seria y rigurosa. En los premios siempre hay un ingrediente de subjetividad y es muy difícil ser totalmente justo cuando, una vez que se han cumplido ciertos criterios de calidad, se está premiando algo que depende de gustos personales.

¿Cómo es el proceso de votación?

Se hacen funciones de exhibición para que los miembros de la Academia vean las películas y se ponen a circular paquetes de DVD para los que no pueden asistir. Hemos insistido que es responsabilidad de los académicos ir viendo lo que se estrena de cine mexicano a lo largo del año. Desde el año pasado se puede votar por Internet, cuando antes se tenía que acudir a emitir el voto a la sede de la Academia. Subió un poco la participación, pero no tanto como debería ser.

¿Qué otros proyectos piensas impulsar?

Tenemos problemas de presupuesto, pero estamos buscando la manera de hacer más cosas. Es importante dejar claro que la Academia no pertenece sólo a los miembros activos sino a toda la comunidad cinematográfica y también al público. Por eso hay que buscar nuevas maneras para difundir el cine mexicano. Haremos un anuario de las películas que participen en las premiaciones de la Academia, porque no tenemos la capacidad de abarcar todo lo que se estrena. También sistematizaremos nuestro archivo y pondremos a disposición del público nuestra videoteca en cuanto podamos, porque nuestras instalaciones actuales no se prestan mucho para eso. A diferencia de otras academias, como la estadounidense y la española, la nuestra es una Academia muy joven, y al mismo tiempo que necesita ser independiente, necesita los recursos de las instituciones culturales. En España, el Ministerio de Cultura mantiene a la Academia de Cine, aquí en México cada año dependemos de la voluntad de las autoridades del Conaculta para otorgarnos recursos. Estamos buscando reestructurar el patronato para no depender de los dineros gubernamentales, pero ahorita está como en animación suspendida.

¿Cómo ves la renunciar de Alex de la Iglesia, presidente de la Academia Española de Cine, tras la promulgación de la Ley Sinde, que persigue a la gente que baje películas de Internet, llevó?

Es muy difícil controlar eso, por una cuestión práctica. Creo que pasados ciertos modos de distribución, las películas ya deberían pasar a ser de dominio público, pero sí es necesario algún tipo de regulación, aunque no sé cómo pueda implementarse. En Estados Unidos, cuando firmas un contrato, incluye cine, televisión y todos los medios habidos y por haber en el mundo, en la eternidad y en el universo (risas). Habría que considerar en los documentos legales todo el fenómeno audiovisual. Aquí estamos en pañales en los asuntos de nuevas tecnologías. En nuestra legislación es necesario ponernos al día para proteger los derechos de autor.

Este artículo forma parte de los contenidos del  número 15 de la revista cine TOMAde enero-febrero  de 2010. Consulta AQUI dónde conseguirla.

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