Verano de Goliat, a la cartelera mexicana y a competencia en BAFICI

Busco hallar en lo más simple la semilla de la humanidad: Nicolás Pereda

Por Sergio Raúl López

La gran pantalla difícilmente espejea las vidas convencionales, la cotidianidad del hombre común, la poco gloriosa supervivencia humana. Dichas historias no merecen la exultación del celuloide, pues como fenómeno industrial el cine ofrece ejemplos heroicos, moralmente impecables, extraordinariamente únicos para ofertarnos en la butaca evasión y ensoñación.

La gran pantalla difícilmente espejea las vidas convencionales, la cotidianidad del hombre común, la poco gloriosa supervivencia humana. Dichas historias no merecen la exultación del celuloide, pues como fenómeno industrial el cine ofrece ejemplos heroicos, moralmente impecables, extraordinariamente únicos para ofertarnos en la butaca evasión y ensoñación.

Pero ésas son las apuestas que arriesgan millonadas de dólares para recibir, en caso del éxito con la audiencia globalizada, una carretada aún más grande de ingresos. A cambio, hay quienes apuestan por el otro extremo, por experimentaciones más arriesgadas, por el cine como medio de expresión personal absoluta. Como el prolífico Nicolás Pereda, cuya reciente irrupción en el medio cinematográfico mexicano le ha convertido en uno de los realizadores más prometedores y reconocidos de esta nueva generación. Con estudios de licenciatura y maestría en la Universidad de Toronto, ya su primer largometraje:¿Dónde están sus historias? (2007), le mereció el premio Découverte en Tolouse, así como el de Mejor Largometraje en Morelia, al tiempo que ya tenía filmado el segundo: Juntos (2009), y un cortometraje: Entrevista con la tierra (2008).
Sus filmes resultan incómodos para el espectador, poco acostumbrado a mirar el devenir cotidiano, detallista, de personajes tan ordinarios y comunes como un mudancero o un soldado mal armado en un retén, pero convencen a los jurados de festivales importantes. Baste citar que en este 2010 Perpetuum Mobile (2009) ganó como Mejor Largometraje Mexicano de Ficción en Guadalajara y que Verano de Goliat (2010) se irguió con el Premio Orizzonti del sexagésimo séptimo Festival de Cine de Venecia.
Durante todo el mes de diciembre, la Cineteca Nacional exhibe Perpetuum Mobile, que hace unas semanas llegó a la cartelera mexicana, en tanto que Verano de Goliat forma parte de la 52 Muestra Internacional de la Cineteca y se estrenará en febrero, ambas distribuidas por Interior 13.

Ha radicado muchos años en Canadá, un país absolutamente multicultural. Pero filma en México, un territorio mucho más diverso y variado.
El multiculturalismo canadiense es disfrazado, en el sentido de que todos son de distintos colores, hablan distintos idiomas, son de razas diferentes; pero viven igual, más o menos. Ahora encontré una comunidad gitana que sí está en otro planeta, pero el resto, las comunidades hindúes que viven al lado mío, otros de Kazajstán, los latinos, todos se han integrado un poco al modus vivendi canadiense. En cambio, aquí todos somos, más o menos, la misma raza, la misma especie, pero cada quien se las arregla como puede y eso es muy atractivo para mí como cineasta. Yo siento más diversidad acá en México que allá en Canadá, pese a que no es una diversidad racial, sino para los gajes cotidianos de la vida. Y eso es interesante. Una película de mudanceros como Perpetuum Mobile, por ejemplo, allá sería con una empresa muy grande, todos con uniforme, pero en México cada mudancero es muy particular y hace las cosas a su manera: trabaja cuando quiere, tiene su propio método, sus opiniones, sus reglas y eso llama mucho la atención para el cine porque cada historia es única. Cuando vengo a México me parece que todo es interesante y todo es filmable.

Hace no mucho corría la consigna de que en el cine mexicano solamente había dos tipos de películas: la opera prima y la póstuma. Pero su caso rompe absolutamente con eso al filmar cinco largometrajes en pocos años.
Hay cineastas que hacen su primera película y tienen un universo que les funciona muy bien y que es muy admirable, porque les salió realmente muy bien. Yo siento que la primera película que hice no me dejó tan satisfecho y que la experimentación es muy natural para mí en ese sentido. Necesito experimentar porque no me voy a quedar con eso. Creo que cada una de mis películas ha sido muy distinta de la anterior, pese a que tengan elementos en común como las relaciones entre madre e hijo, y entre Gabino [Rodríguez] y Teresa [Sánchez], cada una son experimentos muy nuevos, no hay una línea tan clara, tan marcada. Creo que son muy distintas formalmente. Incluso la nueva película que voy a hacer es pare-cida a Perpetuum Mobile, en el sentido de que el mundo que retrata es muy similar: los mismos actores Teresa y Gabino, la relación madre e hijo, en un departamento y estamos pensando hasta quizá filmarla en el mismo departamento. Pero cuando leo el guión, las ideas que he escrito y las que tengo, resultan mundos opuestos, cinemáticamente parecen de directores distintos.
“En Perpetuum Mobile me gustó la escena que se repite en el camión, y lo retomé en Verano de Goliat con esa toma larga de la carta. No es chistoso, pero oyes la risa del público. Esa repetición es muy divertida. Y en la nueva será un mundo similar: mi interés es mostrar que en la repetición está la diferencia. Un poco lo que propone Gilles Deleuze en el libroDiferencia y repetición [1968], en el que propone que si uno no pensara que es diferente no podría vivir, y en eso radica la libertad. Entonces es muy importante la repetición para mostrar la diferencia, y ahí está la vida. Por eso me interesa mucho en las películas.”

Otra de sus preocupaciones formales es reflejar la vida cotidiana para que de ahí se revelen cosas extraordinarias.
Justamente es eso: encontrar en lo más simple de la cotidianidad la semilla de la humanidad, la condición humana; porque la humanidad es una serie de repeticiones. El dicho de que la historia se repite es tan trillado porque es verdad. No podemos, entonces, todo el tiempo hacer películas y hablar sobre cosas extraordinarias si tan poca gente tiene vidas así. Es tan poca gente la que vive esas circunstancias y por momentos tan pequeños que basarse nada más en esos momentos es un poco triste. A mí me interesa más la relación de unas personas que llevan 15 años que la de alguien que se acaba de conocer: el problema es todo ese pasaje cuando uno lleva viviendo muchos años con alguien.

No nos quejemos de los diputados

Críticos como Paul Julian Smith incluso han ubicado al “cine de festival” como un género cinematográfico más. Pero ante el control monopólico de las salas de exhibición y el apabullante dominio de la cartelera por parte de las producciones hollywoodenses, pareciera que buena parte de ese neogénero que es “el cine mexicano” se constituye como un peligroso sinónimo del primero citado líneas arriba.
El cine de Nicolás Pereda, más allá de ser cine mexicano o de festival, resulta un cine tan personal que ni siquiera está pensado en las grandes audiencias sino en un público local, muy reducido: sus maestros en Toronto, sus compañeros y las personas cercanas. Es decir, un ámbito cerrado, como el académico del cual proviene o el de la poesía, la filosofía o la composición musical, que le son cercanos.
-Yo nunca conocí otro cine -explica-. Nunca he estado en contra de ningún cine, pero no conocí la industria, nunca fui a una escuela de cine en México, ni me han llamado para filmar un comercial o un video de otro tipo. Los únicos dos proyectos que he hecho para el cine fuera de mis películas son unos de ópera y el documental [Todo, en fin, el silencio lo ocupaba, 2010, en torno a un monólogo de Jesusa Rodríguez sobre el “Primero Sueño” de Sor Juana].

Tengo la impresión de que forma parte de una corriente de cineastas que no filman con los costos estándar del cine mexicano, de dos millones de dólares, sin importar que van a taquilla a morirse económicamente.
Es que es muy raro. Hace como seis meses o un año me empezó a incomodar muchísimo que haya tanto dinero que se diluye quién sabe cómo. Llegué a solicitar apoyos al Foprocine con más presupuesto del que necesitaba porque los de la productora decían que si pedía menos de los cuatro millones de pesos no iban a creer que podía hacer una película con eso. Ya no nos podemos estar quejando de que los diputados ganan lo que ganan si nuestro cine cuesta lo que cuesta. Es necesario tomar una postura: te vas a estar quejando o vas a asumir la situación. En México está bien que el Estado invierta en la cultura, sobre todo con este sistema de Hollywood que avasalla, pero para todo hay niveles, y no puede ser que hagamos películas de diez millones en un departamento de la Condesa.

¿En verdad se necesita tanto?
Cuando yo veo la cantidad de dinero que hay para el fondo de producción en el artículo 226 de la Ley del ISR [500 millones de pesos de Eficine], es como para que todos los que solicitamos hagamos nuestra película… porque es muchísimo dinero. ¿Para qué quieres una película de diez millones de pesos?

Este artículo se publicó originalmente en la sección de cultura del diario El Financiero (27/XII/2010).

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