Carta abierta de cineastas sobre “Presunto culpable”

Desde este día circula una carta abierta firmada por decenas de personas, entre  cineastas-documentalistas, productores, editores, fotógrafos y sonidistas, que reflexiona en torno al caso del documental Presunto culpable, así como al linchamiento mediático que ha sufrido el demandante Víctor Daniel Reyes, tras reclamar por vías jurídicas su derecho a no aparecer en la cinta, pues no se le pidió permiso para usar su imagen. El texto completo, en las líneas que siguen:

A la opinión pública:
“Si se es una buena persona, se puede intentar comprender a los demás, sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades, sus tragedias y convertirse, inmediatamente, desde el primer momento, en parte de su destino”; escribía Ryszard Kapuscinski en Los cínicos no sirven para este oficio.
A lo que Kapuscinski se refiere no es otra cosa que a la cualidad que en psicología se denomina empatía.
Los cineastas que elegimos el género documental para expresar nuestra propia visión del mundo, sabemos que sin este ingrediente nuestro oficio pierde sentido. Dependemos de el otro, de la generosidad de su testimonio; y en ocasiones somos quienes terminamos lucrando con el dolor ajeno y con las historias que nos son prestadas.
Los abajo firmantes, cineastas-documentalistas, productores, editores, fotógrafos y sonidistas, queremos externar nuestra opinión con respecto a la polémica generada por la película Presunto Culpable.
Sin cuestionar la calidad formal del documental, ni detenernos en analizar aspectos ajenos a nuestro oficio; queremos externar que sabemos que el éxito de cualquier película mexicana debe ser celebrado. Sabemos que una imagen siempre es la imagen que eligió alguien y encuadrar es excluir, por lo tanto, el precedente que esta película sienta nos preocupa: se ha iniciado una campaña de linchamiento en contra de Víctor Daniel Reyes (testigo en la cinta) a partir del hecho de considerar esta película como una verdad absoluta por parte de la opinión pública, encabezada por los medios de comunicación masiva.
Pocos asuntos levantan tanto clamor público como el debate entre lo que puede mostrarse y lo que no debería mostrarse, escribía Susan Sontag en su extraordinario ensayo Ante el dolor de los demás. En él, Sontag refiere que esta decisión puede ser resuelta a partir de los derechos de los parientes, es decir, de los derechos de aquellos que son afectados por nuestro trabajo. Los documentalistas enfrentamos permanentemente estos desvelos, porque una decisión ética de este nivel siempre estará contrapuesta a nuestra libertad creativa y ese dilema debería ser siempre resuelto por los cineastas no por los abogados.
La opinión pública, alentada por el aparato mediático y por lo conveniente que a los productores y realizadores de Presunto Culpable les ha significado, nos coloca en una disyuntiva: ¿Es necesariamente la libertad de expresión más importante que el derecho de los seres humanos a decidir si quieren o no ser exhibidos o aparecer editados en una película?.
Se está dando por hecho que Víctor Daniel Reyes merece el escarnio público, adjetivos como cerdo, indio, pelos necios, prieto, mentiroso, ignorante, nos parecen realmente alarmantes en estos tiempos de una sociedad polarizada. y además pareciera que el ofendido tiene prohibido apelar al derecho de que la representación que de él se hace sea enmendada. Además de lo aberrante que resulta negarle este derecho a un individuo, resulta preocupante que esa determinación se tome a partir de un único documento que por utilizar fórmulas narrativas, construye la culpabilidad del resto de los actores para
declarar la inocencia del protagonista.
Esto, mas allá del caso individual, legitima el uso del cine documental como herramienta de linchamiento público y en un país en el que los medios de producción, distribución y exhibición son controlados por oligopolios, esto resulta muy riesgoso.
En ciertos casos resulta difícil determinar si el derecho a la información está por encima del derecho de las personas, es decir, si el interés público está por encima de la dignidad humana. Nos encontramos entonces, frente a un conflicto de derechos.
En este caso en particular está claro que para informar sobre los vicios del Sistema Judicial en México no es indispensable generar una representación tan mezquina del testigo, que además está poniendo en riesgo su vida, sin haber solicitado previamente una autorización por el uso de su voz y su imagen para la filmación de una película. Quienes nos dedicamos a este oficio, sabemos que ese documento es fundamental para poder explotar y difundir nuestro trabajo. ¿Puede alguien expresarse libremente frente a una cámara sin haber autorizado este escenario?
Sobre todo, esto es un asunto ético, no exclusivamente legal.
Desde hace algún tiempo la cámara se convirtió en un arma muy poderosa. Ahora que casi todos andamos armados, el peligro es inimaginable. Sabemos que al accionar el disparador estamos vulnerando a alguien. Antes de filmar el primer cuadro, antes incluso de haber pedido autorización a quien se va a filmar, el cineasta debe pasar largas horas analizando si la representación que hará de una persona puede o no resultarle lesiva. El montaje nos ayuda a reflexionar en calma si lo que haremos tendrá o no una posición ética ya que una película no puede valer más que la vida de un individuo, sea quien sea, o
incluso no vale más que el derecho de una persona a vivir en paz.
El documental no debería ser un instrumento para cobrar venganza, ni siquiera histórica. El documentalista no es un juez y la realidad no está hecha de buenos y malos.
Toda representación de la realidad es muy particular y no puede considerarse como verdadera. Ya sea por el emplazamiento de la cámara o por el montaje, cada cineasta fragmenta la realidad para construir su realidad. Ello no implica que el cineasta sea un mentiroso. Una cosa es tener una visión parcial y otra muy distinta es manipular los hechos para usarlos a favor de intereses que rebasan la creación cinematográfica.
¿Tenemos derecho los cineastas de filmar juicios para entregarlos como pruebas (editadas, seleccionadas y excluyentes) a los jueces de butaca?. Esto sin entrar en la discusión sobre el valor de los juicios video grabados para su uso en los tribunales.
Somos perfectamente concientes de la corrupción que impera en el Sistema Judicial y en general en el Sistema Político, por ello rechazamos el hecho de que un documental bien intencionado se vuelva bandera de la misma podredumbre.
La descalificación y el linchamiento generalizado, viniendo de los medios de comunicación masiva, y el establecimiento de la cámara documental como picota pública, más nos parece uno de los tantos intentos por lesionar el estado de derecho y de ocupar el terreno de quienes hacemos cine que no responde a los intereses monopólicos.
Los documentalistas quizá no seamos tan buenas personas como Kapuscinki quisiera, pero lo que es innegable es que nos convertimos en parte del destino de quienes han sido filmados por nosotros. Él decía: los cínicos no sirven para este oficio.
Hoy parece que se equivocó y nos toca vivir las consecuencias.
Creemos que el derecho de Víctor Daniel Reyes a no aparecer y a no ser identificado en la cinta debe ser respetado, o en su defecto, que los documentos que autoricen el uso de su voz e imagen para la realización de esta película sean formalizados.
La discusión de si el derecho a la libre expresión debe estar por encima del derecho de los individuos o viceversa, es un debate que necesariamente debe continuar.
Everardo González, Francisco Vargas, Emilio Maillé, Juan Manuel Sepúlveda, Carlos Bolado, Mercedes Moncada, Matías Meyer, José Manuel Cravioto, Alejandra Islas, Bruno Varela, Adriana Trujillo, Carlos Rossini, Nicolás Pereda, Rigoberto Pérezcano, Antonino Isordia, Jorge Sánchez Sosa, Luis Lupone, Iván Ávila, Ivonne Fuentes, Emiliano Altuna, Tatiana Huezo, Alejandra Sánchez, Víctor Ugalde, Antonio Zirión, Luis Rincón, Clementina Mantellini, Isabel Fregoso, Diana Cardozo, Martha Orozco, Roberto Fiesco, Ernesto Pardo, Inti Cordera, Luciano Larobina, Lucía Gajá, Nuria Ibañez, Julián Hernández, Erika Avila, Issa Guerra, Shula Erenberg, Carlos Taibo, Kenya Márquez, Héctor Zubieta, Alberto Cortés, Ana García, Jorge Michel Grau, Alejandra Moya, Anais Huerta, Sandro Halphen, José Luis Gutiérrez-Arias, Rafael Montero, Sergio Andrade, Ruben Imaz, Hugo Rodríguez, Gustavo Montiel, Agustín Tapia, Jaime Jiménez Pons, Rene U. Villarreal, Eduardo Lucatero, Antonio Chávez, Jorge Manrique, Juan Farré, Sergio Olhovich Green, Roberto Rodobertti González, Ismael Rodríguez, Alan Coton, Ramón Cervantes Audelo, Marcela Fernández Violante, Paul Jaubert.


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