Iván Trujillo Bolio, director del Festival de Cine en Guadalajara

Conservar y replantearse

Por Sergio Raúl López

El relevo en la dirección del Festival Internacional de Cine en Guadalajara mostró a un viejo conocido de la difusión y promoción cinematográfica, Iván Trujillo Bolio, quien durante una veintena de años condujera la Filmoteca de la UNAM. Ahora, en el festival fílmico tapatío promete consolidar muchos de los aciertos y corregir algunas falencias.

Hallarse a Iván Trujillo Bolio en cualquier actividad de difusión cinematográfica resulta una vista más que natural. Parte del paisaje cotidiano, podría decirse. La razón principal, por supuesto, es que pasó casi dos décadas como director de la Filmoteca de la UNAM –entre 1989 y 2008–, durante las cuales fue el rostro público de la institución universitaria. Y claro, además, al tiempo que llevaba las riendas de lo que oficialmente ahora se llama Dirección General de Actividades Cinematográficas de la UNAM –que por cierto acaba de conmemorar medio siglo de existencia– , fue el primer presidente de habla hispana de la Federación Internacional de Archivos Fílmicos (FIAF), entre 1999 y 2003. Pero eso no es todo, aunque su formación original fue la de biólogo, después estudió cinematografía en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) de la UNAM y un cortometraje documental suyo, Mariposa Monarca… adivinanzas para siempre, se alzó con el premio Ariel de su categoría en 1988. Otra de esas estatuillas cayó en sus manos cuando la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas reconoció a la Filmoteca de la UNAM con el Ariel de Oro, en el 2003, por su labor en la preservación y difusión del cine mexicano. Así, era común hallarlo como jurado, organizador, invitado especial, funcionario y muchas otras y muy diversas representaciones en festivales, muestras, premios, presentaciones de libros y películas, y demás actividades relacionadas con el séptimo arte.

Incluso recientemente, cuando pasó dos años en La Habana, como Agregado Cultural de la Embajada de México en Cuba tras su salida de la Filmoteca –entre 2008 y 2010–, era habitual hallarle sorpresivamente presente en una que otra proyección, presentación o premiación. Se aparecía de pronto, saludaba al gremio y se volvía para la isla caribeña.

Sirva toda la información previa para explicar el porqué no constituyó ninguna sorpresa el verlo designado, en el verano del 2010, como nuevo director general del Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG), el más antiguo y aún el más importante del país. Un cargo que le resulta, de nuevo, muy de su perfil, pues el objetivo final es el de impulsar, difundir y promover al cine mexicano, y también al iberoamericano; de un organismo ligado a una importante institución universitaria, y además, de un festival que no persigue solamente la industria de las ganancias sino los méritos culturales y artísticos de las cintas que acuden a su seno.

Y es por eso que su propósito inicial es claro, directo, seguro: “Quiero que mi festival esté muy bien organizado, que tenga una importante presencia de visitantes y que salgan encantados, que quieran regresar a Guadalajara”.

La cita ocurre en un concurrido café en el centro de Coyoacán. Los paseantes abundan en esta tarde soleada, así como los abundantes músicos callejeros que amenazan con ocultar la voz del entrevistado en la grabación. Relajados, ante dos humeantes cargas recién servidas, interrumpimos la charla apenas unos minutos después de iniciada por una curiosísima coincidencia: al momento en el que se apenas se menciona a su antecesor, Jorge Sánchez Sosa –quien fuera la cabeza del FICG durante un quinquenio, entre 2006 y 2010–, el productor y promotor aparece como uno de los paseantes del Jardín Hidalgo. Las señas y gritos son inmediatos. Y el abrazo entre ambos directores del Festival de Guadalajara es fraterno, confiado, de amigos de muchos años. Nada de rivalidades ni de enconos. Son viejos conocidos y, además, buenos colegas.

La respuesta, entonces, cuando se le inquiere a Iván Trujillo sobre los cambios y las modificaciones que planea realizar en la organización del festival, resulta predecible por lo tanto: “Lo revisé todo, desde el equipo de trabajo con ajustes a mi estilo hasta la conveniencia de la sede actual, además de los lineamientos generales del festival. Abundan las cosas que vamos a conservar, hay unas muy sólidas que hay que continuar y otras que replantearse”.

El resultado evidente es el cambio de sede. Todas las actividades de las secciones Mercado e Industria del 26 FICG se mudan del Hotel Fiesta Americana, donde ocurrían en años recientes, a la Expo Guadalajara, que es el sitio donde la Universidad de Guadalajara efectúa su otra gran actividad cultural del año, la Feria Internacional del Libro. En este recinto habrá funciones de cine, conferencias, encuentros, stands y demás actividad académica, económica y de difusión cinematográfica. Además, la cadena Cinépolis ya no será la sede de las proyecciones, sino salas de Cinemark en Metrocentro y Cinemas Lumiere en Plaza Acueducto.

El otro punto son las alfombras rojas y los invitados mediáticos. Desde la perspectiva de Trujillo: “El festival ha crecido también con la necesidad de glamour, paradójicamente quienes comenzaron a mostrarla fueron los miembros de la crítica, al seleccionar y premiar materiales, casi unilateralmente desde mi punto de vista, mucha gente se opuso en su momento. Y la contra es que quizá ahora se ha llegado a una cantidad de premios casi inmanejable, como ocurre en muchos otros festivales, porque llega mucho material y hay muchísimo que premiar. Pero es otra de las cosas que se tienen que revisar”.

Y en la búsqueda de ese glamour responden algunos de los platos fuertes del festival, entre ellos la filmografía completa del maestro alemán Werner Herzog, quien acudirá como uno de los invitados de lujo. El productor, director y ahora novelista tapatío Guillermo del Toro, volverá como hijo pródigo al festival que lo vio nacer como cineasta ahora como curador de un ciclo de vampiros que incluyen a tres Nosferatu –el de Murnau el de Herzog mismo y el de Elias Merhige–. Además, el español Fernando Trueba estrena su primer largometraje de animación, Chico y Rita. Y habrá un nutrido repaso a la filmografía israelí, especialmente a la figura del realizador Amos Gitai. Y las películas en competencia, en sus diferentes secciones, ascienden a 107, con directores tan respetados como Patricio Guzmán, Marysa Systach o Everardo González,

El nuevo director del FICG adelanta que sus actividades no se constreñirán solamente a los ocho días que dura, sino que podrán ampliarse a otras fechas: “La estructura misma del festival permitiría tener presencia a lo largo del año. Si un cineasta está disponible tres o cuatro meses después, puedes estrenar su película. Lo mismo puede ocurrir con alguna exposición. Siempre en asociación con alguna otra instancia, desde luego”.

La vigésimo sexta edición del FICG iniciará en Guadalajara el jueves 24 de marzo y concluirá el domingo tres de marzo de 2011. Y lo que sigue es el resto de la charla con su nuevo director.

Fue una larga estancia como funcionario universitario en la Filmoteca, pero ahora regresa a realizar actividades parecidas en un festival de cine.

Sin duda. Desde luego que se traslapan, afortunadamente. Te diría que no es raro, en los archivos fílmicos, el que los directores permanezcan mucho tiempo en su puesto, más bien lo extraño es lo contrario. La UNAM quizás es de las instituciones que permiten esa continuidad –en el tiempo que estuve conviví con una decena de directores de la Cineteca Nacional– y desde luego llegó un momento que era tiempo de retirarse y así lo plantee. Creo que había hecho muchísimo a mi estilo y ahora estoy muy contento de ver cómo se están haciendo más cosas. Esta máxima mexicana que al sucesor se le ve como un traidor y al antecesor como un estúpido, que dejó todo mal, es terrible, pero no sucede en la UNAM no sucede, yo respeto mucho a nuestros antecesores y a mi sucesora.

Vaya retorno al ámbito del cine, el Festival de Guadalajara es uno de los más grandes e importantes de habla hispana.

Al terminar mi periodo en la Filmoteca, me decidí probar en el servicio exterior, que me había interesado durante mucho tiempo, viajaba yo muchísimo al extranjero y muchas relaciones ocurrían en las representaciones diplomáticas de México. Me dirigí a Alberto Fierro, que era director de Asuntos Culturales en la Secretaría de Relaciones Exteriores que finalmente me propuso que ir a Cuba, donde estuve dos años. Pasé dos años muy intensos e interesantes que me permitieron tomar distancia del país. Al terminar mi segundo periodo tomé la decisión de regresar a México y fueron coincidiendo las cosas: acepté la invitación de Jorge Sánchez para participar como jurado en el 25 Festival de Guadalajara. Somos amigos y en Guadalajara, como todos me enteré de su renuncia en la clausura. Realmente estoy muy contento de sucederlo.

Me encuentro con un festival de dimensiones enormes, con una imagen muy importante al exterior, que no me era ajeno como director de la Filmoteca de la UNAM, pues participábamos tanto colaborando como parte del patronato. Pero ciertamente no es lo mismo meterte a las entrañas, verlo desde dentro y entender algunas políticas con más detalle.

Como primera condición para que haya un festival de cine mexicano tiene que existir producción nacional. Pero ahora, el FICG atiende además al cine iberoamericano.

En esencia, tenemos al menos dos festivales paralelos y muy marcados en Guadalajara, aunque podría decir que hay más. El primero de ellos es el de cine mexicano, heredero de lo que fue la Muestra, que surgió en un periodo de extrema crisis y que era muy agradable, muy íntimo y muy de amigos. Me parece que fui desde la tercera edición, no a la primera, y era un lugar muy valioso por ser un momento de introspección de lo que se producía,  diría yo hasta con un poco de desesperación. Las películas eran pocas y era muy interesante no preocuparte por premios, discutir y ver lo poco que se estaba haciendo y cómo se estaba haciendo, casi había un sentimiento de derrota total.

Sin duda, Guadalajara influyó desde ese momento en lo que ocurre actualmente. Se gestaron demandas, discusiones, debates y propuestas. Se fueron gestando películas que comienzan a llamar la atención de la gente, como Sólo con tu pareja o Danzón, en una nueva estructura del recién fundado Imcine , el mismo Cronos se estrenó aquí. Y empieza a renacer no sé si la industria, pero sí la producción, estamos viviendo la colita de ese impulso, mezclada con un cambio tecnológico grandísimo que desde luego influye, en las figuras en la distribución, y otras.

Aunque ya no enfrentamos el problema de buscar de dónde sacar las películas, sino que ahora hay que hacer una selección, creo que México requiere, todavía, de mayor producción, el número idóneo sería producir cien películas al año, pero de las sesenta o setenta que se producen ahora hay un material interesante para seleccionar. El objetivo es que estén las personas que pueden llevar sus películas a festivales del extranjero, porque internacionalizar nuestro cine seguirá siendo una prioridad y una de las metas del FICG.

Pero también surgió la posibilidad de catapultar un festival iberoamericano o latinoamericano que cubría un vacío, aunque  ya existían algunos, hacía falta en México. Con Jorge Sánchez este germen se magnificó totalmente y se hace otro festival, lo que creo que no está mal.  Creo que ambos festivales deben coexistir buscando lo positivo de ambos, de poder tender desde luego lazos comunicantes obvios entre los cineastas mexicanos y los latinoamericanos, sin privilegiarse uno sobre el otro, sino realmente exaltar ambos.

Luego esta la parte global,  del contacto con el cine que está realizándose. Creo que hay cosas muy sólidas y mi tendencia será consolidar lo hecho. Creo que es un momento de consolidación, de corregir deficiencias, que las hay, y enfrentarte a retos y complejidades como el hecho nada fácil de hacer un festival en una urbe, cuando los festivales exitosos son en pequeñas ciudades con mucha infraestructura. También se requiere una relación muy estrecha con los exhibidores, porque la proyección no puede fallarte, tienes que atender no sólo al espectador tapatío, también a la cantidad de visitantes que van con otros objetivos. Si proyectas las cintas en malas condiciones, te estás haciendo un harakiri, y si la sala no pertenece directamente a la organización te genera problemas. Lo peor que puede pasarte es que alguien no quiera regresar al festival, el objetivo es que quien vaya quiera estar presente en el siguiente.

Otra cosa que me hace  estar muy contento es que es un festival ligado a una institución pública como es la Universidad de Guadalajara, yo vengo del ambiente universitario, conozco lo que es trabajar con órganos colegiados, eso me entusiasma muchísimo, no me es ajeno y es uno de los factores que han permitido que Guadalajara llegue a las 26 ediciones.

Pero además de los estrenos, los premios y las alfombras rojas, el Festival de Guadalajara funciona como un importante mercado e incluso escuela.

En la parte latinoamericana lo que ha sido una gran idea y se sigue perfeccionando ha sido el mercado, las reuniones de industria con diferentes subproductos que se han ido dando. Se les ha llamado focos, creo que la palabra correcta es enfoques, es decir, explorar una cinematografía  o una región, con un país invitado. Son cosas que tienen que contemplarse, a veces incluso modificarse y dedicar más que a un país a revisar a la obra de un autor o una corriente. Pero es cierto que hay actividades importantes que, de pronto, por lo grandote del festival parecen marginales y valdría la pena moverlas unos meses para determinado público, es una cuestión de programación y de orden. Cosas que Jorge logró, como el Talent Campus, va bien. Lo interesante de un buen festival, y el de Guadalajara por eso lo es, es que incide en todas las etapas del fenómeno fílmico, en la producción, seleccionando y pidiendo una mejor calidad año con año, pero también en la distribución con la discusión de opciones que puedan benefician al cine mexicano y la exhibición, mostrando una parte alternativa a lo que está en la cartelera tradicional.

Otra de las cosas es que no pasemos del banquete a la inanición cinematográfica el resto del año. También incide en la preservación fílmica con los materiales de archivo que tiene, y en la capacitación o formación con actividades como el Talent Campus, el Doculab, y Guadalajara en Construcción, en colaboración con otros festivales como San Sebastián y Tolouse.

Los premios, pero sobre todo el contacto con productores y distribuidores, abren posibilidades para cineastas y filmes.

Todo mundo quiere ir a Guadalajara porque significa la posibilidad de comercializar un producto que de suyo es complicado, por razones muy poderosas. Y con el gran cambio tecnológico estamos viendo estas formas de distribución alternativas que ya serán hasta por el celular en muy poco tiempo, el acceso por Internet abre perspectivas muy interesantes que se consolidarán pronto.

Pero el objetivo principal son las nuevas generaciones como usuarios y espectadores, y en construir una programación atractiva tanto en lo que está en competencia como de lo que tienes oportunidad de mostrar, de revisar. Habrá generaciones de cineastas que tienen veinte años ahorita y no hayan podido conocer la obra de muchos realizadores que están vivos, por eso tenemos esos invitados.

No cabe duda que este festival se ha convertido en el punto de referencia de América Latina.

 

Este artículo forma parte de los contenidos del número 15 de la revista cine TOMA, de noviembre-diciembre de 2010. Consulta AQUI dónde conseguirla.


1 Comment

  1. Tengo varias historias que se prestan para hacer guiones de “cortometrajes” y “largometrajes”. Le agradeceré que me sugiriera nombres de personas honradas que se pudieran interesar en ellas. Mi teléfono es: (33) 38231855

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