El cineasta tailandés Apichatpong Weerasethakul en FICUNAM

Es necesario volver a las raíces, a cuando solíamos vivir en la selva

Texto y foto: Sergio Raúl López

La taxonomización de los distintos reinos de la naturaleza se extravía en las selvas en que suele filmar el recién encumbrado cineasta Apichatpong Weerasethakul. El artista tailandés no sólo es capaz de continuar con una película radicalmente distinta al terminar los créditos de un mediometraje homoerótico previo, sino subtitular los diálogos de los monos que protagonizan esa segunda parte.

Y de hacer desaparecer a uno de los enamorados, el campesino Tong, en la jungla y luego hacer aparecer una presencia mitológica a medias león, brujo y fantasma responsable de varias vacas degolladas, reactivando, así, viejas leyendas folclóricas y mitologías, casi prehistóricas, que conviven con la vida cotidiana en la Tailandia actual. O de hacer visible a la esposa difunta para cuidar amorosamente los últimos días del esposo desahuciado al tiempo que el sobrino extraviado vuelva en forma de distintas criaturas que habitan la parte salvaje, con la que pueden comunicarse. También puede reinventarse un icono occidental como lo es el imbatible agente secreto, personificado por una decrépita drag queen.
Ganador del Premio del Jurado del Festival de Cannes en 2004 por Malestar Tropical (Sud pralad, Tailandia-Francia-Alemania-Italia, 2004) y luego de la más reciente Palma de Oro por La leyenda del tío Boonmee (Loong Boonmee raleuk chat, Tailandia-Reino Unido-Francia-Alemania-España-Países Bajos, 2010), Weerasethakul es ya una presencia constante en festivales y muestras cinematográficas por todo el mundo, y buena parte de la sexteta de largometrajes que ha realizado se consideran obras maestras de inicios del siglo XXI.
Pero tan inclasificable la obra como el artista. De apariencia mucho menor que sus 40 años de edad (nació en Bangkok, en 1970) y mucho más humilde y sereno que el fervor que ha provocado tras el premio francés, sencillo para vestir y reposado para contestar, incluso tímido, es difícil imaginárselo enfrentando a sus vecinos, en la minúscula aldea del norte de Tailandia donde vive hace tres años.

-Me amenazaron con una pistola y les dije: «Está bien, dispárenme, si van a seguir esta mierda del karaoke». No hay nada malo con el karaoke, pero cuando usas con bocinas tan grandes que toda casa en el área tenga que escucharlo, bueno, eso no está bien. Así que les dije que no jodieran conmigo. Y hago ese tipo de cosas para hacer sentir mi presencia ahí. Soy muy determinado. Claro que quiero formar parte de la comunidad y contribuir a su cultura, pero también necesito tener una voz fuerte. Tengo límites.

Arquitecto por la Universidad de Khon Kaen, ciudad del nordeste de Tailandia donde creció, más tarde estudió una maestría en Bellas Artes y Cine en el Instituto de Arte de Chicago, para volver a Bangkok a los 27 años e iniciar su carrera como cineasta e instalador, se encuentra de visita en México, invitado por el Festival Internacional de Cine UNAM -que se realiza hasta el 3 de marzo-, donde se le programó una retrospectiva que incluye 20 cortometrajes, además de la instalación Primitive en el MUAC -con videos, fotografías y un libro sobre la aldea Nabua, donde vivió el Boonmee histórico- y una conferencia magistral suya -ocurrida el sábado pasado- como parte de la Cátedra Ingmar Bergman.

-El cine es un medio mucho más industrial, respecto a su forma de producirse, que el video arte o la fotografía. Pero en su caso los relaciona.
-Disfruto, simplemente, explorar las posibilidades de ambos. En mi caso, hacer películas me representa una oportunidad de conocer todo tipo de personas, desde diseñadores de vestuario hasta abogados, es un trabajo fantástico. Las instalaciones me dan otra oportunidad, ahora de adentrarme en mí mismo, de presentar un trabajo más abstracto, y, claro, también de conocer gente. En este último proyecto pasé mucho tiempo en la aldea, cosa que no puedes hacer en el cine, ni filmar todos los días con una cámara de video durante varios meses. Son experiencias y procesos distintos, casi como un performance. Me ha hecho apreciar más la vida, casi como una excusa, pues de otra manera me quedaría en casa.

-En su caso, combina usted los procesos de creación cinematográfica y de obras artística, aunque no los trabaje de forma simultánea.
-Siempre las combino porque es el mismo performance, digamos. Algunas veces realmente no es un asunto de si es un video o si es una foto, paso un tiempo en este pueblo y veo cómo los adolescentes cultivan arroz de una manera mecánica. Y para mí resulta similar, aunque no sé cultivar arroz es un trabajo mecánico. No estoy pensando en cómo voy a lograr una muy buena composición de la imagen; al final tengo miles y miles de fotografías, y entre ellas selecciono las más interesantes.

-¿Por qué está tan interesado en mostrar la selva y las pequeñas comunidades como un tema principalísimo de su trabajo?
-Creo que es necesario volver a las raíces, a cuando solíamos vivir en la selva o en cuevas, cuando solíamos entender el lenguaje de la selva, lo que significan los animales, las aves, cosas que ahora no sabemos ni entendemos. Estas películas son un intento por regresar a las raíces. No diría que es posible, pero es sólo un símbolo. Puede ser que la película engañe y despierte nuestro pasado oculto, que nos dé la sensación de que estamos familiarizados con ello, aunque no lo entendamos. Son las cosas simples en las que no reparamos o simplemente ignoramos.

-Pero incluso al tratarse de filmes de bajo presupuesto presentan efectos especiales y elaboradas escenografías.
-Bueno, pienso que eso es la vida. Esa es la belleza que posee. Cuando la experimentas de una forma no lógica te encuentras con algo que de pronto se transforma de manera distinta y eso pasa muy frecuentemente cuando viajas a otros países. Cuando miras pinturas como si fueran figurativas te enfocas en ellas de manera distinta, pero yo quiero eliminar eso: ¿por qué necesitas entender tal pintura cuando no tiene significado ni figuras, es abstracta? Puedes apreciar, por ejemplo, los golpes del pincel. ¿Por qué no aplicar al cine esta forma de percibir? Ese es mi propósito.

APEGOS

Y otras trampas.

Describir a Apichatpong Weerasethakul como un cineasta tailandés es decir bien poco. Lo mismo ocurre al querer ubicarlo en el ámbito del arte contemporáneo. Su obra es particularísima y, más que con la experimentación de nuevas formas narrativas o de la búsqueda de la vanguardia, obedece a la expresión personal. No pertenece a la industria de cine tailandés ni a alguna escuela o corriente de teóricos.

-En el cine tailandés, lo mismo que en arte, tengo mi propio mundo, ni siquiera de forma local sino para el resto del mundo. No tiendo a relacionarme con lo que sucede en la actualidad, tengo mi propio paso y mis propias referencias, mis propios intereses y una lógica personal para hacer cine.

-Todo ha cambiado desde Cannes, supongo que la Palma de Oro ha impulsado sus filmes; pero, ¿no es, a la vez, un obstáculo para su búsqueda personal?

-Creo que me ha hecho sentir más confiado y he tenido la oportunidad de conocer más gente de Hollywood y estas cosas, y estoy agradecido por ello. Creo que una vez en la vida que este río fluye así y yo fluyo con él. Lo mismo con mi película: no espero nada, simplemente la hago; pero no me exacerbo por haberla acabado, simplemente estoy contento, pues las cosas siguen. Si te mantienes atado a este premio, a la fama o a lo que sea, para mí es una trampa, no lo disfrutas, siempre estoy pensando cómo trabajo y cómo vivo con menos apegos a las cosas y eso también afectará mi forma de trabajo. Esa es una de mis metas.

-La industria cinematográfica tailandesa no retrata ese fondo mítico que existe en su trabajo, no van tan profundo hacia las selvas, las tradiciones o las formas de pensamiento.

-Tengo que admitir que nosotros no tenemos un trabajo con los estudios: tenemos en mente el mercado local, trabajamos con presupuestos realmente bajos, así que las condiciones de trabajo no son muy buenas. Es por eso que filmamos solamente por 20 días, con lo que no logras un buen detalle en el guión ni cosas por el estilo.

-¿Le ha ayudado el proceso de salir de su país y hallarse frente a la escena del arte contemporáneo internacional, así como el medio fílmico?

-Lo encuentro muy enriquecedor porque puedes ver que el mundo es muy amplio y tienes todo este misterio que, de nuevo, tiene que ver con el significado. No intentas resquebrajar los significados de todas las cosas en el mundo, pero en ver- dad es encantador darte cuenta que el mun- do es grande. Con las redes sociales se afirma que el mundo se ha hecho más pequeño, yo no uso Facebook ni Twitter, así que mi mundo todavía es muy amplio. (SRL)

Este artículo se publicó originalmente en la sección de cultura del diario El Financiero (28/II/2011).

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