Cefalópodo, de Rubén Imaz, en la cartelera

Hay que ponerle un hasta aquí a los clichés heredados

por Sergio Raúl López

Un periplo desde el país vasco hasta el mar que se toca con el desierto en Sonora, le permite repensarse y redescubrirse en México a un pintor español sumergido en crisis tras sufrir una pérdida amorosa. Pero sirve también como metáfora del recambio generacional que experimenta el cine contemporáneo nacional que busca nuevas rutas y alejarse de los clichés heredados.

El oleaje de refresco en la creación cinematográfica mexicana no sólo significa la llegada de una generación más joven, como es natural, sino además de nuevas actitudes, de otras búsquedas, de manera alternas de reinventarse la realidad ante el deprimido circuito de espectadores de la producción actual de cintas nacionales. Crece el número de filmaciones, pero no el de los espectadores que tienen acceso a ellas y son estos noveles cineastas los que han conscientizado el fenómeno y buscan –aún sin hallarlas con claridad– salidas desde su propia realidad.
El caso de Rubén Imaz es proverbial, pues la exploración de la pérdida de una persona cercana y el recurrir al ámbito de la propia familia como detonador de motivos dramáticos han sido elementos recurrentes de los dos largometrajes que ha dirigido hasta la fecha. En su opera prima: Familia Tortuga (2006), un aniversario de la muerte de la madre de una familia desata la posibilidad de la disolución de sus miembros, y los intentos desesperados de un tío, parecen reafirmar el peligro de disolución. La cinta se filmó, casi enteramente, en la casa de la propia abuela del cineasta, ya fallecida.
Y ahora, en su segunda película: Cefalópodo (México, 2009), Imaz explora la posibilidad del viaje en solitario, del cambio de continente y de entorno como vía para repararse ante la muerte de la pareja en un ejercicio de estilo en el cual el protagonista aparece prácticamente en toda la película. A través de un sólo personaje: Sebastián -interpretado por el actor vasco Unax Ugalde-, el cineasta escarba, de nuevo, sus raíces familiares, pues una rama está formada de exiliados provenientes de la región euskera.
La cinta, producida por Canana Films y ganadora recientemente del premio a Mejor Ópera Prima y Mejor Actor (Ugalde) en el pasado Festival Internacional de Cine en Guadalajara, forma parte de la programación del 30 Foro Internacional de Cine, en la Cineteca Nacional, que inició sus proyecciones el jueves 6 de mayo.

-¿Qué cambios ha experimentado su cine de la filmación de Familia Tortuga a la de Cefalópodo, en su búsqueda de contar historias humanas?
-Me gustaría pensar que, en vez de cambiar, se va reforzando. La intención es rebuscar en el hígado, platicarnos cosas del corazón y tratar de mejorar nuestra conciencia. Espero que eso no haya cambiado y espero mantenerlo. Respecto a la técnica y la profesionalización cinematográfica, en esta cinta hubo más precisión y menos improvisación que en Familia Tortuga. Y mejores herramientas: las cámaras han cambiado y mejorado. En el primer filme usamos una cámara Sony, que todavía grababa en HDV y en cinta; ahora lo hicimos con su modelo más reciente que ya es HD [alta definición], ya no es en cinta y sí graba a 24 cuadros por segundo. Ese tipo de detalles levanta mucho la calidad de la imagen y ayudan a que tomen en serio la película. Aunque la tecnología sigue, esa cámara con que filmamos Cefalópodo ya es obsoleta, y la de Familia Tortuga ya está para tirarla por la ventana. Es un fenómeno muy interesante. Ahora, para Cefalópodo, logramos conseguir el apoyo del Foprocine [Fondo para la Producción Cinematográfica de Calidad], y si bien no significó la gran exuberancia de dinero, por lo menos estábamos tranquilos: la gente cobró por su trabajo.

-Siguiendo el tema de las cámaras digitales, la luz de la Ciudad de México y la que encontraron en Sonora son muy distintas. ¿Cómo lo resolvieron?
-Hablé mucho con el fotógrafo [Gerardo Barroso] y comprendimos que íbamos a buscar un DF más deslavado, que los negros fueran un poco más sólidos y pensamos seguir trabajando en video. Pero la película cambia cuando se va a Sonora. Cambia la luz, el digital trabaja muy bien con menor luz, registra mejor los oscuros; pero las luces altas parecen cielos mágicos, como si estuvieras en el limbo. En el celuloide, al revés: pierdes la oscuridad, pero en la luz mantiene una latitud mucho más grande, así que decidimos cambiar, trabajar con película de 16 mm en Sonora, hacer una película dentro de la película, pues el personaje se libera de la opresión y la oscuridad.

-Además es un cine que busca despojarse de los clichés de la filmografía mexicana de años recientes.
-El cine y la sociedad van pegados. Está muy bien que te guste usar zapatitos con brillantes, andar encuerado en la playa, ser un poco frívolo; pero también ya va siendo hora de saber dónde está lo pesado en nuestra sociedad, lo que nos hace falta. Está bien que quieras ser una estrella, un héroe, tener dinero; pero no debes olvidar que eres un ser humano, que tienes tu corazoncito, que el de al lado también, que el jodido de allá también, que el que te oprime acá también. Hay que ponerles un hasta aquí a los clichés heredados. Los aceptamos por costumbre, sí; pero hay que deshacerlos ya.

-Si en Familia Tortuga empleó en el elenco a un familiar suyo, ahora lo encabeza el más afamado actor vasco…
-En la primera reinaron mi inexperiencia y la necesidad de trabajar con gente a la que le tengo mucha confianza. Pero ahora fue diferente porque el personaje era vasco (tengo familia exiliada vasca) y quería poner su catarsis en un contexto que no es el suyo: trae un problema personal, un duelo, una historia de amor. Tenía por lo tanto que ser un actor vasco, porque iba a hablar euskera en la película. Y aparecer en todas las secuencias. Unax Ugalde estaba muy emocionado con la película; tanto, que le dijo a su agente que filmaba aunque no le llegáramos a los precios: él y yo nos aferramos contra viento y marea, y creo que fue un acierto. La película es él.

*Entrevista publicada originalmente en la sección de cultura del diario El Financiero, el 10 de mayo de 2010.

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