Análisis de la distribución y la exhibición fílmica en México

El reino de la incertidumbre

por Víctor Ugalde*

El dominio casi monopólico de las tres grandes cadenas exhibidoras del país, así como la gran presión de las distribuidoras hollywoodenses que apabullan la cartelera, plantean un muy difícil panorama para los productores de cine mexicano, cuya actividad está en gran riesgo.

Consulta la versión completa de este artículo en el número 12 de la revista cine TOMA. Consulta los siguientes enlaces para saber cómo suscribirte o dónde conseguirla en locales cerrados.

Una versión extendida de este ensayo (Certezas fílmicas en la distribución) puede hallarse en la revista electrónica Corre cámara, que dirige Hugo Lara.

En materia de cine, todo proyecto fílmico nos causa incertidumbres varias: ¿Le gustará la película al público? ¿Obtendrá premios? ¿Recuperará lo invertido? ¿Es buena? ¿Es mala? ¿Con que distribuidora se debe firmar? ¿Cuál es la mejor fecha de estreno? ¿Con cuántas copias hay que lanzarla? ¿Cuánto debe invertirse en su publicidad? ¿La exhibirán las grandes cadenas? ¿La trataran bien? ¿Es bueno el reparto? Y así, hasta el infinito.

La única certeza es que las trasnacionales de la comunicación actualmente controlan económicamente el mercado fílmico mexicano por su forma de operar como un cártel, mismo que perjudica y pone en condiciones ruinosas a las cinematografías del mundo y a las empresas que les compiten.

En el 2009, el mercado cinematográfico mexicano llegó a las 4 mil 568 pantallas, aglutinadas en 510 complejos fílmicos ubicados en 143 ciudades, mismas que obtuvieron ingresos por  7 mil 768.5 millones de pesos, producto de la asistencia de 178.6 millones de espectadores a los 340 títulos que se estrenaron en ese año, más las colas de algunos más, estrenados en el 2008. Aunque el número de asistentes se redujo en un 0.82%, respecto al 2008, los ingresos de taquilla se incrementaron 9.58%, gracias al incremento de 10.48 % en los precios de la taquilla,. Se construyeron 69 pantallas nuevas y el número total de copias que circularon aumentó de 52 mil 113 a 54 mil 303, es decir, aumentaron 4.20%; pero el número de asistentes por pantalla se redujo de una media de 40 mil 200 a 39 mil 93, una disminución de 3.76%; lo mismo que el promedio en el número de asistentes por copia, que pasó de 3 mil 282 a 3 mil 123, también una reducción de 4.85%. Estas tendencias se iniciaron desde hace varios años y se consolidaron aún más en el 2009.

Sólo tres cadenas exhibidoras poseen 3 mil 944 pantallas, es decir 86.34% del total. Cinépolis las encabeza con 2 mil 137 ubicadas en 199 complejos fílmicos; les sigue el grupo México –que incluye a las empresas Cinemex y MM Cinemas– con mil 507 pantallas, en 153 complejos, y Cinemark con 300 pantallas, en 31 complejos.

Los ingresos de estas tres empresas sumaron ingresos de 7 mil 281millones 505 mil 406 pesos, que representa el 93.73% del total nacional, gracias a que captaron a 163 millones 760 mil 288 asistentes, el 91.70% del total. El resto de las 624 pantallas, agrupadas en 127 complejos con cinco mini salas, sólo obtuvieron el 6.27% de los ingresos, ya que los grandes distribuidores les proporcionan las cintas dos o tres semanas después de su estreno, cuando ya pasó la gran demanda de asistentes por la novedad.

El número de pantallas y el número de funciones es finito y se puede controlar con cierto número de estrenos y cierto número de copias. Entre menos pantallas existen en las ciudades, más se reduce la presencia del cine mexicano. En la mayor parte de las salas no se cumple la garantía  del diez por ciento de tiempo en pantalla para las cintas nacionales de estreno.

El modelo actual de exhibición favorece a los exhibidores, ya que el estreno por fin de semana impone un excesivo número de copias siempre con cargo al productor. Las empresas trasnacionales pueden hacerlo, ya que muchas de sus copias vienen usadas y luego las llevan a otros países para explotarlas allá. Por el temor a la piratería, se trabaja un esquema que sólo beneficia a los exhibidores y a los grandes grupos de la comunicación, perjudicando al productor y al consumidor.

Cuando se puso de moda el modelo de explotación neoliberal, se afirmaba que la finalidad de los complejos multipantallas era proporcionar una mayor variedad de opciones, tanto de horarios como de títulos. Pero no sucede así, no hay respeto a los espectadores y los exhibidores cancelan funciones sin previo aviso, imponen de manera concertada el precio de admisión, impiden la entrada de alimentos y obligan a consumir sus productos muy por encima de los precios del mercado, no informan de manera fidedigna la hora de inicio de las funciones y un largo etcétera.

Las empresas trasnacionales ofrecen sus productos a precios bajos, de acuerdo al lugar de origen, realizando actos cotidianos de dumping, a los que hay que agregar la presencia dominante de sus empresas y la saturación publicitaria de sus productos.

Como sucede con el resto de las cinematografías del mundo, el único mercado que realmente ve y consume el cine mexicano, es el de su propio país. Pero la condición de dependencia de los productores nacionales, les obliga a aceptar condiciones ruinosas que afectan de manera seria el futuro económico de su producción (malos porcentajes de ingresos, malas fechas de programación, recortes arbitrarios de horarios, suspensión de funciones, reportes de ingresos que no corresponden a la realidad, etc.).

Desgraciadamente, el incremento de los niveles de producción de los últimos tres años está creando un rezago en relación con los estrenos, ya que se han producido 206 largometrajes, pero en el mismo periodo sólo se han estrenado 146.

Si se desea contar con una cadena productiva sana en la que todas las partes resulten beneficiadas, es urgente y necesario elaborar una política pública para impulsar  la distribución de las películas mexicanas. De manera paralela, será necesario hacer cumplir las Leyes de Cinematografía, la del Consumidor y la de Competencia Económica, para evitar las prácticas contrarias al libre comercio que actualmente tienen a nuestro cine  en condiciones de amenaza, y de daño serio a través de una competencia ruinosa. De lo contrario, en poco tiempo veo a los productores nacionales solicitando las salvaguardas establecidas en el capitulo de emergencias del Tratado de Libre Comercio para América del Norte.

* Presidente de la Sociedad de Directores de Cine y Medios Audiovisuales.

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2 comentarios to “Análisis de la distribución y la exhibición fílmica en México”

  1. Rafael Bonilla Says:

    La distribución un monopolio. La creación se multiplica. Frente a cada vez menos opciones de distribuir nuestras películas por la vía comercial y ante el incremento de las obras de ficción, el videoarte, los documentales, las animaciones y otras. los creadores los distribuidores y productores han de tener la imaginación de construir nuevos circuitos de difusión y exhibición. Porque no pensar en las Universidades del país, las Casas de Cultura, bibliotecas. los bares, antros, teatros y toda sala de cine que lo permita.

  2. Virtual Print free | Annotary Says:

    […] revistatoma.wordpress.com […]

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